
Muchos crecimos pensando que los préstamos estudiantiles eran simplemente parte de ir a la universidad. Nos dijeron que tomáramos el máximo disponible, que ya habría tiempo para pagarlos después. Ese dinero financió un estilo de vida que, en muchos casos, nunca estuvo respaldado por nuestros ingresos. En este Medio Pocillo conversamos sobre cómo esa experiencia marcó a toda una generación y cómo la normalización de vivir con dinero prestado puede seguir afectando nuestras decisiones financieras muchos años después.