Jordi Moreras (45:33)
Bueno, primero nos afecta por todo lo que representa el hecho de que haya un accidente puntual en una parte del mundo y que nos deje a todos parados. Es decir, a mí, porque yo estoy acostumbrado, los ciudadanos catalanes estamos muy acostumbrados a que pasen cosas en cercanías, eso ya lo sabe todo el mundo. En ese sentido estamos ya preparados, estamos ya como entrenados. Lo que pasa es que ciertamente no deja de ser algo que, como suele pasar, si ha habido un gran accidente en un lugar y vuelve otra vez a replicarse en otro sitio, uno empieza a decir ayayay, ¿Qué pasa? Que este mundo que se nos está volviendo loco. Y entonces, claro, a ver, cuando se produce un proceso de muertes colectivas, los duelos tienen, por decirlo así, una necesidad de ser gestionados de otra manera, más allá de lo individual. Cuando uno es víctima de una situación traumática, como bien se ha dicho, ciertamente eso implica una reformulación de pensar cómo fue y cómo va a ser mi vida a partir de ahora. Y algunas personas incluso pueden llegar a dec suerte que tengo que lo he podido pasar. ¿Pero cuando es una cosa colectiva, claro, volvemos otra vez a pensar en torno a los resortes sociales que tenemos para hacer frente a algo que nos impacta, Claro, nos impacta por qué? Porque ha habido muchos fallecidos, muchas víctimas, muchos heridos, porque ha sido una cosa trágica, porque ha sido algo que nos ha afectado en la cotidianidad. No estamos hablando de que yo que sé, que haya habido un proceso que nos haya dejado descolocados, pero fuera de nuestra fronteras o algo que ciertamente no sabemos bien bien dónde ha sido, cómo ha sido, nos ha tocado cerca. Entonces claro, lo primero que se plantea, y eso las ciencias sociales lo han estudiado muy bien, es todos los procesos que se activan y nosotros estamos, por decirlo así, en la primera fase, entrando en la segunda. Esas fases a las cuales me quiero referir, primero estamos consternados, conmocionados por lo que ha pasado. Segundo, necesitamos, se necesita, es decir, estamos llamando la atención y esto a ver quién lo tiene que gestionar, la gestión de ese proceso, luego pasamos a la conmemoración y por último al olvido. Y perdonad que lo diga así tan, tan, tan a lo loco y tan crudamente, pero tan crudamente justamente porque precisamente digamos eso es lo que ha sucedido y sigue sucediendo. Pasó la pandemia, pasará con este accidente, pasó con Angroise, con la única cuestión que todavía estaba pendiente, digamos la resolución, como ahora ha dicho la compañera, hasta que no ha habido la sentencia parece que no podamos hacer limpio y ciertamente nos encontramos en este momento en el proceso de la consternación y lo típico, servicios de emergencia, condolencias, apoyo a los familiares, solidaridad. Una de las cosas que nos angustia y que parece que ahora ya está alguna mente un poco más clara, es que el número de víctimas no va a crecer, no se va a tal y personas todavía desaparecidas. Pero bueno, parece que se está gestionando bien, pero necesitamos saber cuánto y sobre todo necesitamos saber que algo que nos pasa hoy en día, decíais los jóvenes que van a trabajar de un sitio a otro, claro, lo hemos incorporado dentro de nuestra vida y además también hay una cosa que importante decir, la alta velocidad es la joya de la corona y ahora ha pasado también en cercanías, que dices, ostras, a ver si vamos un poco a compensar los esfuerzos que hacemos en el tema de infraestructuras ya estamos empezando y los bulos están facilitando siempre que eso se accede en la necesidad de la gestión burocrática que empieza planteando qué es lo que ha pasado, hay que ponerle nombre a la cosa, un accidente, un error humano, una alteración, un sabotaje. Bueno, todo eso tiene que ponerse nombre para que la gente lo entienda. Se empieza a gestionar desde el punto de vista de haber investigaciones, vamos a hacer lo que tengamos que hacer, vamos a clarificar al máximo toda la información, que ese ha sido, por ejemplo, uno de los ítems importantes en este caso, intentar hacer que todo el mundo sepa lo que está pasando para evitar los bulos. Y también empieza el runrún político, más allá del de un posicionamiento absolutamente deleznable y repugnante por parte de un partido político nacional. Empezará dentro de poco la cuestión de decir, bueno, pero esto estaba bien, estaba mal, la gestión se ha hecho bien, etc. Y para precisamente acallar todo ese rumor, estoy pensando sobre todo, no sé si lo recordaréis, en todo lo que pasó en la pandemia, quizás se nos ha olvidado, pero que fue muy revelador también de cómo nosotros como país hicimos frente al duelo colectivo. Para aplacar esa cacofonía política y mediática de ay, qué pasado, culpable no sé qué, no sé cuántos, se apela a la conmemoración. Ostras, es que a ver, tenemos que hacer un acto de homenaje a las víctimas, los minutos no, sino los días de duelo en los que estamos, etcétera, etcétera. Porque la idea fundamental es dejar bien claro de que las víctimas son lo más importante. Y es cierto, las víctimas son lo más importante, objetivamente es así, pero sabemos también que estamos intentando procurar que toda la sociedad que se siente conmocionada pase progresivamente por ese duelo para llegar a un punto final. ¿Los puntos finales nunca pueden ser de un día para otro, se tienen que escenificar y se escenifican como? Pues una ceremonia, un monumento y una efeméride. Y si os fijáis, todo esto se hizo en la pandemia en diferentes partes del país, se ha hecho con otras situaciones dramáticas que hemos vivido recientemente. Se hará en este caso porque fundamentalmente necesitamos entender, creo que lo he dicho muy bien la compañera psicóloga, que podamos cerrar el duelo socialmente hablando, me refiero, no me refiero a lo personal de las víctimas, sino socialmente hablando, porque fundamentalmente no podemos estar permanentemente pensando en la tragedia, en el desequilibrio que implica el saber que ahora vamos a entrar a saber, a entrar en tren y qué va a pasar, o un avión o lo que sea.