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Hola, ¿Qué tal? Seguro que estás esperando un nuevo derroteros, pero ya sabéis que de vez en cuando nos gusta sorprenderos con algo o enseñaros los podcast que hacemos con nuestra productora, La República Independiente de la Radio.
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Y este viernes traemos los tres capítulos del podcast que hicimos para la Universidad de Granada llamado Compra a conciencia sobre compra pública responsable.
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Hablamos desde comprar un ordenador o un lápiz hasta contratar a una empresa de limpieza que respete a sus trabajadores.
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Porque estamos hablando de dinero público y de la universidad, que como vanguardia debería ser un un referente sobre cómo hacer las cosas.
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A ver, si tú miras las etiquetas de los productos para apoyar el comercio local e intentar mejorar el mundo, ¿Por qué no lo hacen las instituciones? Este podcast responde a esa pregunta.
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Es verano, hace sol y te quedan dos meses para volver a las clases de la universidad. Ha sido un curso duro, pero aquí está cogiendo fuerzas para septiembre. No puedes desconectar del todo porque todavía te falta saber la nota del último examen que hiciste. Te metes en la oficina virtual, pero la página se queda colgada y no sabes si es culpa de tu cobertura o del servidor de tu universidad. Así que guardas el móvil y sigues intentando desconectar. A 11.000 kilómetros de distancia, otro estudiante universitario como tú también ha visto llegar el verano. Él desde la ciudad de Xan, en China. Pero no está en la playa. Está sentado en la mesa de una fábrica, obligado a pasar sus vacaciones trabajando 12 horas al día, 6 días a la semana. Tiene que hacerlo o no podrá graduarse en su universidad. Son prácticas, entre comillas, obligatorias. Ellos lo llaman prácticas, pero es explotación laboral. Junto al resto de sus compañeros y compañeras, fabrica los servidores que luego comprarán las grandes universidades europeas y que servirán para que tú puedas ver tu nota desde la playa. Esta fábrica China, investigada en 2015, tiene como clientes a grandes marcas tecnológicas que todo el mundo conoce. Pero las universidades europeas no tenían ni idea de que estaban comprando servidores que explotaban laboralmente a estudiantes en China. A veces las declaraciones de las instituciones se llenan de buenas intenciones sostenibles, pero tienen una llave mucho más potente para cambiar el su dinero. Las universidades y el resto de los organismos públicos tienen grandes presupuestos y un gran volumen de compras al año. Eso les da un poder, una palanca para exigir a las empresas que trabajan con su institución que deben respetar los derechos humanos y el medio ambiente. Todo esto tiene un nombre poco atractivo como compra pública responsable. Pero ha sido clave en la historia de los derechos humanos. En Sudáfrica, por ejemplo, sirvió para contratar a personas negras en la era post apartheid. Y Estados Unidos lo usó para incorporar a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial al mercado laboral. Ay, no me he presentado. Soy Juan Bermúdez, aunque todos me conocen en Internet como Kaos. Soy ilustrador, escritor y youtuber. Graduado en Bellas Artes en la Universidad de Granada, y junto a ella, a la que fue mi universidad. Vamos a desgranar ese poder de la compra pública en España.
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COMPRAS a CONCIENCIA Compras a conciencia El poder de la universidad para cambiar el.
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Mundo.
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Capítulo 1 ¿Qué es una compra pública responsable?
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La tecnología es básica para una universidad. Compra ordenadores, invierte en servidores. Sin embargo, estos productos, los tecnológicos, son uno de los más difíciles de rastrear. Me refiero a saber de dónde procede cada elemento con el que se ha fabricado. Pero como dice la ley, el desconocimiento no exime de su cumplimiento. Bueno, no exime de ser responsable con lo que compramos. Vamos a hacer una prueba. Vamos a ver qué pasa si la universidad compra un ordenador solo mirando el precio. Y luego qué ocurre si hace una compra pública responsable. Vamos con la opción bueno, bonito y barato. Empezamos en la mina, a unos cuantos miles de kilómetros de la Universidad de Granada. Allí se extraen los metales para fabricar el ordenador.
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Litio, oro, paladio, que son tierras raras. Cobre, plomo, plata, aluminio, hierro, mercurio, cadmio. Todo eso por no hablar de los minerales no metálicos, que evidentemente también hay, como son el fósforo, el vidrio. También tenemos plástico. Es decir, un poco de todo.
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Adriana Espinosa es responsable de recursos naturales de la ONG Amigas de la Tierra. Estos metales tienen dos el primero es que su extracción es muy contaminante en CO y dióxido de azufre. Además de erosionar el suelo, no solo contamina el medio ambiente, también vulnera la salud de las personas trabajadoras que no están en las mejores condiciones laborales. El segundo problema tiene que ver con la globalización de estos materiales.
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El litio viene principalmente del mal llamado Triángulo del litio en Argentina, Chile, Bolivia. Aunque luego se procesa ese metal en Australia. China tiene casi el monopolio del procesado de las tierras raras de países como República Centroafricana o República Democrática del Congo vienen minerales de sangre, o llamados minerales de sangre, como sería el cobalto, vienen de fuera.
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Así que su transporte por el mundo también amplía la factura de emisiones de Co. Y después de la extracción, toca ensamblar. Y de nuevo tenemos que hablar de vulneración de derechos de las personas trabajadoras, esta vez en las fábricas de ensamblaje.
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Trabajo forzoso, discriminación, restricción a la libertad de asociación, exposición a materiales peligrosos, a productos químicos peligrosos, salarios injustos. Hay problema también de horas laborales extensas.
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Lo cuenta Marisol Bernal, responsable de relaciones con los afiliados de Electronics Watch, una organización que monitorea las fábricas de las grandes tecnológicas para denunciar la falta de condiciones dignas. Así que si la universidad compra solo mirando el precio tenemos un buen ordenador, pero que ha dejado en papel mojado los derechos humanos, además de un rastro de contaminación importante. Y eso antes de que el ordenador llegue al contenedor de reparto. Y es paradójico en una universidad, no.
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Una institución cumple con el objetivo de la eficiencia económica, que es lo que de alguna manera siempre está prevalente, pero ignora las consecuencias sociales y derechos humanos que tienen esas decisiones de compra.
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Además es un lugar que forma a las futuras generaciones que están llamadas a cambiar estas dinámicas tan destructivas. Pero miremos más allá. David Comet es investigador del Instituto de Estudios Sociales Avanzados del CSIC con la.
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Explotación laboral de personas de otras partes del mundo que, por ejemplo, migran porque están sumidas en la miseria y en parte por el sistema económico global que condena a muchísimas personas a trabajar en condiciones de insalubridad de muchísimas horas, incluso en los peores casos de explotación laboral. Todas las migraciones y todo lo que está asociado a las migraciones también está asociado a nuestras formas de consumir.
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Así que veamos qué pasa en el segundo caso. Si la compra es consciente y responsable, empezamos de nuevo en la mina.
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La minería sostenible no existe. La única mina sostenible es la que no se abre. Es cierto que para tener un ordenador necesitamos minerales. Ahí no hay otra vuelta de tuerca posible.
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Pero hay alternativas, como alargar la vida de ese ordenador o apostar por ordenadores reacondicionados.
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Recuperar los residuos sigue siendo la opción prioritaria.
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¿Y es ahí, en el vertedero de ordenadores donde está la mina alternativa?
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Son numerosas empresas, pequeñitas, muchas veces de la economía social y solidaria, que se dedican a coger lo que ya son residuos porque se han desechado, a reacondicionarlos, a dejarlos preparadísimos.
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¿Y qué pasa en las fábricas? ¿Que exigir condiciones laborales dignas mejora la vida de la gente? Te lo cuento con un caso real. En 2022, en una fábrica de Malasia de la que se nutren tres grandes empresas, un trabajador migrante nepalí se queja de las condiciones que están sufriendo él y sus compañeros y compañeras.
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Entonces habían tasas de contratación excesivas, falsas promesas salariales y costos adicionales que los trabajadores tenían que incurrir, como exámenes médicos, pruebas de Covid, transporte, pasaportes, Todo esto ellos tenían que incluir para poder ingresar al trabajo. Y algunos de ellos inclusive tuvieron que firmar préstamos que no has empezado ni a trabajar y ya estás en deuda.
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El trabajador se queja y es secuestrado y deportado por los representantes de la fábrica. Pero su queja acaba en la mesa de varias organizaciones, como Electronics Watch, de la que forma parte Marisol Bernal.
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Alertamos a nuestros afiliados. Ellos también ejercen su influencia con las marcas y también activistas de derechos humanos dentro de Malasia.
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Los afiliados de Electronic Watch son grandes instituciones que quieren saber si la tecnología que están comprando está libre de la llamada esclavitud moderna. Cuando hay un caso así, su presión a los proveedores es clave para que las cosas empiecen a cambiar. Y cambian.
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La fábrica acepta devolver las tasas de.
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Contratación, un total de 4.000 euros. Y no solo eso, localizan al resto de sus compañeros y compañeras para devolverles también el dinero. En total unas 200 personas. Y se inicia una investigación en otra fábrica para devolverle el dinero a otras 178. Una denuncia, 380 personas beneficiadas. Y te preguntarás, ¿Eso es porque las instituciones compran responsablemente o por la presión de las ONGs? En realidad es un trabajo de todas.
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Compra bastante. La Universidad de Granada, por ejemplo, compra miles de ordenadores, pero no compra en el volumen suficiente para poder hacer palanca para cambiar todo un sistema de industria y de suministro. Sin embargo, todas las universidades sí. Todos los hospitales sí.
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Olga Martín Ortega es catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Greenwich y también forma parte de Electronic Watch.
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Cuando Electronic Watch conoce de una situación de abuso, contacta a sus afiliados y les tus proveedores te están proporcionando, por ejemplo, semiconductores que están producidos con una situación que puede ser considerada de trabajo forzado en Malasia. Pregúntale a tu proveedor, pon presión en tu proveedor. Si todo el mundo pone presión en ese suministrador, ese a su vez pone presión en el siguiente eslabón de la cadena y acaba en la fábrica en la que están produciendo estas violaciones.
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Y así se consigue que más de 300 personas reciban justamente el dinero que se merecen. ¿Sabes lo sorprendente de todo? Que esta fábrica no ensamblaba ordenadores, fabricaba impresoras. Pero es aplicable a cualquier empresa de tecnología. Así que volvamos a los ordenadores. Estamos otra vez en la universidad de Granada. ¿Cuánta presión podrían ejercer? ¿Cuántos ordenadores compran?
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Fueron 100 en el 2024 y 170 y tanto en el 2025. Pero la suma económica de eso nos.
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Llegaron a 100.000 euros. José Ramón España es director del Centro de Servicios Informáticos y Redes de Comunicación de la Universidad de Granada. En la compra de servidores que utilizan muchos de los materiales que ya incorpora un ordenador se gastaron más casi un millón de euros en 2024 y 700.000 en 2025. Servidores, ya sabes. Para dar cobertura a todo el campus. José Ramón redacta el llamado acuerdo marco para comprar ordenadores los próximos años. Es decir, qué características básicas deberían tener los que lleguen a la Universidad. Y en los temas medioambientales tiene claro que debe pedir equipos y servidores energéticamente eficientes. Aplicar criterios sociales parece más complicado, pero se puede. Seguimos viajando. Ahora estamos en Reino Unido, donde se han tomado muy en serio esto de la compra pública responsable.
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Tenemos un marco regulatorio que impide que se compren productos en los que se encuentra presencia de esclavitud moderna o trabajo forzado.
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La ley de 2015 de Reino Unido exige a las empresas privadas que facturan más de 36 millones de libras que comuniquen qué están haciendo para asegurarse de que no hay esclavitud moderna en sus cadenas de suministro. Olga forma parte del consejo de administración del London University Purchasing Consortium, una organización sin ánimo de lucro que engloba universidades, museos o teatros que se unen para comprar juntos.
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El director del consorcio se me acerca y me oye, Olga, nosotros tenemos obligación de cumplir con la ley de esclavitud moderna. Yo decí mira, como entidad pública no necesitáis hacer este informe. Sin embargo, ¿Por qué no lo hacemos? Y entonces es el primer paso. Bueno, ¿Y cuál es mi cadena de suministro? Yo lo que conozco es a el proveedor, que no es ni siquiera la marca. Y entonces así se empieza pensar ¿Qué compró? Y después ¿Qué compro? ¿Qué tiene riesgo? ¿Lo primero que identificamos fueron ordenadores, pero después que identificamos? Muchas otras cosas más. Desde limpieza y seguridad hasta las togas de las ceremonias de graduación, por ejemplo. Porque nos preguntamos, bueno, ¿Y no sabemos de dónde vienen las togas?
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Olga habla de limpieza y seguridad, pero la lista de los productos y servicios de una entidad pública es muy larga. Desde el café de la cafetería hasta el material de oficina. ¿Realmente se puede ser responsable en casa cada uno de los contrato? Te voy a hacer spoiler. Sí se puede hacer una compra responsable de un lápiz y hasta de un bisturí. Te lo cuento en el siguiente episodio. Por cierto, Olga, ¿De dónde eran las togas?
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Durante la guerra en Siria hubo un apogeo enorme de la industria textil en Turquía porque muchísimos de los refugiados de Siria trabajaban en fábricas llamadas underground, pero underground total, vamos, en los sótanos de las casas de la gente. Por lo tanto, resurgió muchísimo la industria textil turca y mucha de la producción se fue a Turquía también.
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Un doctor en otorrinolaringología opera en un hospital público de Londres. Será la última operación del día. Después se marchará de vacaciones hacia Alcort, en Pakistán, la ciudad donde creció su familia y desde donde emigraron en 1970 a Reino Unido. Paseando por las calles de esta ciudad pakistaní, entra en un pequeño taller. Lo que encuentra allí va a marcar un punto de inflexión en su carrera. Niños y niñas de entre 7 y 10 años fabricando los bisturíes y el resto de material quirúrgico que él y sus colegas de Londres utilizan cada día. La ciudad de Sialcourt es la ciudad de su familia, pero también el centro mundial de la fabricación del instrumental quirúrgico. El 80 se hace aquí y se envía al extranjero. Cuando este doctor vuelve a Reino Unido, funda el grupo de trabajo Medical Fair and Ethical Trade para intentar erradicar el trabajo infantil en las cadenas de suministro del material médico. Desde ese momento, desde 2007, el servicio público de salud de este país mira con lupa qué compra y quién lo fabrica.
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Compras a conciencia Compras a conciencia. El poder de la universidad para cambiar el mundo. Capítulo 2 Un uniforme, un lápiz y.
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Un café Hola, soy Juan Bermúdez, aunque todos me conocen en Internet como Kaos. Soy ilustrador, escritor y youtuber graduado en Bellas Artes en la Universidad de Granada, junto a la que fue mi universidad. Te invito a que me acompañes en este camino sobre cómo la compra pública responsable puede ser una palanca de cambio, cómo puede mejorar la vida de niños y niñas a miles de kilómetros de distancia. Hablar de compra pública suena etéreo, difícil, así que vamos a aterrizarlo un poco. Dejamos Pakistán y Reino Unido y volvemos a España. Aquí, en 2023, la contratación pública supuso un 25 del total del gasto público. Es decir, que de todo el dinero que se gastan las instituciones en pensiones, ayudas y demás, el 25 fue a parar a empresas privadas para suministrar productos o servicios.
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Desde los ordenadores y las mesas para un ayuntamiento a guantes de látex para un hospital o contratar la construcción de autopistas hasta complejos contratos militares, por ejemplo.
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OLGA MARTÍN ORTEGA Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Greenwich Las entidades.
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Públicas son grandes agentes de influencia del mercado porque suelen tener contratos muy largos y además es muy prestigioso proporcionar bienes y servicios a la entidad pública. Les interesa a las empresas tenerlas como clientes.
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Cuando hablamos de compra pública responsable hablamos de compras con criterios medioambientales y gestión sostenible del agua, reducción de gases de efecto invernadero, promoción del reciclado, incorporación de personas con discapacidad, eliminación de la desigualdad de género, el fomento de la conciliación o el respeto de los derechos humanos. Pero todo puede convertirse en compra pública responsable. Todo, Todo. Un caso, una universidad tiene que contratar a una empresa de vigilancia y seguridad. Para ello saca a concurso una licitación y especifica qué necesita. ¿Aquí también se puede hablar de contratación pública responsable? Sí, se puede. Solo hay que ir al detalle. Por ejemplo, puntuando mejor a quienes hayan formado a su personal en igualdad, prevención del acoso y violencia de género o contratando empresas cuyos uniformes estén confeccionados con fibras naturales, de agricultura ecológica. Otro el servicio de limpieza. Aquí se puede apostar por empresas que usen productos ecológicos. Pero hay más.
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Nos sorprendería la cantidad de veces que ese servicio, los órganos de coordinación y dirección, están ostentados exclusivamente por hombres que en muchas ocasiones, cuando toman decisiones, no lo hacen atendiendo a lo mejor a las necesidades de las mujeres que están desarrollando esa labor.
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David Comet, investigador del Instituto de Estudios Sociales Avanzados del CSIC Por ejemplo, una.
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Medida que se puede aplicar en un contrato es que esos órganos de coordinación o de dirección o bien estén formados por mujeres o bien haya participación de mujeres para incorporar la perspectiva de género.
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Y que las decisiones que se tomen.
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También sean acordes con las necesidades, sobre todo de las mujeres en servicios tan feminizados.
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David fue uno de los redactores de una guía de compra pública para la Universidad de València, un documento completísimo sobre este asunto que además está redactado para que otras entidades copien y peguen sus textos en los contratos públicos. Literal. En esta guía se aplican aspectos sociales y medioambientales a contratos muy a los de cafetería, pidiendo que el café que se sirva venga del comercio justo a los de las máquinas de vending, poniendo como requisito que haya alimentos ecológicos al mantenimiento de los edificios, puntuando mejor en el concurso a aquellas empresas que fomenten la eficiencia energética, promuevan la concilia familiar o la inclusión laboral de personas en situación de vulnerabilidad o al mobiliario, valorando mejor a quienes ofrezcan muebles con materiales reciclados. La compra pública responsable se puede aplicar hasta en el material de oficina. Mira, te leo los lápices, a menos que se compren portaminas, deberán ser de madera sin lacar y los bolígrafos que se compren se podrán recargar o podrán ser de material reciclado o compostable, como papel, madera o fécula de maíz. A todo se puede aplicar la ética y la sostenibilidad. Nos vamos a la Universidad de Granada. Vamos a ver el potencial económico que tiene mi universidad para entender el impacto que tendría su forma de comprar. Estamos en 2023, ahora te cuento por qué. Ese año la universidad tuvo un presupuesto total de 772 millones de euros y realizó 73 contratos públicos y más de 36.000 contratos menores. 1 contrato menor es aquel que no supera la cantidad de 15.000 euros si es un suministro o un servicio. Una cifra que se eleva a 50.000 euros si hablamos de investigación. Si el contrato se refiere a una obra, el contrato menor no puede superar los 40.000. A partir de estas cantidades hay que sacarlo a licitación, es decir, a concurso.
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Los expedientes de licitación los planificamos en el presupuesto, denuncia Granada. Esos gastos están planificados. Intentamos hacer contratos lo más largo posible. La ley limita la duración de los contratos de servicios y de suministros, pues es una duración máxima de 5 años.
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Este es José Antonio López, director del área de Contratación de la Universidad de Granada.
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La mayoría de los contratos de manera muy planificada porque son recurrentes. ¿Las nuevas necesidades, como hacen un aulario nuevo? Es porque te han dado una subvención o si tienes una reforma de un edificio, pues porque te han dado dinero para reformarlo.
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¿Y en qué se gasta el dinero la universidad? El CICODE, el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad, hizo un informe para ver cómo y qué se contrataba analizando el año 2022 y 2023. Por eso te he traído a los presupuestos de 2023. En ese informe se contabilizó que el gasto realizado a través de las licitaciones se concentraba en cuatro á limpieza, obras, vigilancia y equipamiento científico. Aunque si hablamos del número de contratos y no de cantidad de dinero, la mayor parte se destina a comprar equipamiento científico y equipos y servicios informáticos.
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Todas las unidades de la universidad tienen capacidad de hacer esas compras y hay 900 compradores. Imagínate una universidad del tamaño de la Universidad de granada. Hay como 900 o 900 y pico potenciales compradores, que son departamentos, centros, grupos de investigación, proyectos de investigación.
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La contratación pública en 2023 supuso para la universidad el 10% del presupuesto total. Lo que identificó el CICODE en su informe es que hay mucho camino por hacer dentro de la universidad para alcanzar un buen nivel de contratación responsable. Es decir, que hay muchos retos pendientes para que cada uno de esos contratos incluya criterios sociales y medioambientales.
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Identificábamos hasta 25 recomendaciones de mejora. No se trata de querer implementarlas todas de golpe, porque eso es muy abrumador, ni tampoco se trata de una lista de puntos a seguir, sí que pensamos que se pueden ir haciendo diferentes pasos en paralelo en varias líneas.
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Te contaré esas recomendaciones en el siguiente episodio antes de implementarlas. Xenia Domínguez, técnica de proyectos del CICODE, explica que primero hay que hacer un cambio de chip, es decir, dejar de apostar por el bueno, bonito y barato y después elaborar una política de compras responsables.
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La creación de esta política de compras responsable implicaría que la universidad reconoce su responsabilidad en la sociedad, asumiendo el poder que tiene como agente de transformación tanto hacia la comunidad universitaria como en las relaciones con los actores externos, como son los proveedores, y hacia la sociedad en general.
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Si hablamos de impacto en la sociedad, la Universidad de Granada no tiene competidor.
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Es la universidad que tiene más impacto de España. Es la universidad que tiene más impacto en términos de lo que representa su actividad sobre el PIB de la provincia.
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Concretamente la institución representa el 12,7% del PIB de la provincia. Teodoro Luque es catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados en esta universidad, porque.
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Ahí incluimos lo que es la actividad de la universidad propiamente dicha a través de su presupuesto. Pero además es importante el impacto del gasto que realizan los estudiantes, más aún de los estudiantes que vienen de otras provincias o SICUE y Erasmus, y también del impacto que tiene las visitas de amigos, familiares a los estudiantes y del impacto de la actividad de reuniones, congresos, etc. Que se celebran en Granada.
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Teodoro Luque ha dirigido el tercer estudio que se ha hecho desde 2009 sobre el impacto que tiene la universidad en la provincia. Esta institución da empleo a más de 31.000 personas, es decir, un 8,5% del empleo de toda la provincia.
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Granada está muy necesitada de ese impacto en empleo, porque no olvidemos que Granada está a la cola o a la cabeza, según se mire, en tasa de desempleo.
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Así que el impacto de la universidad es indiscutible. Si todo ese impacto empieza a convertirse en sostenible y socialmente responsable, imagínate cuánto podría cambiar la vida de las personas de aquí y de allí, de aquellos y aquellas que trabajan en Granada y de quienes suministran productos a la universidad. Aunque seguro que te estás ¿Pero esto no es más caro? ¿No es más caro comprar de manera ética y responsable? Porque no es lo mismo comprar café de comercio justo que café que no lo es. Le pregunto a Javier Mendoza, economista, y lo primero que hace es contestar con.
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Una cita como decía Machado No hay mayor necio que el que confunde valor y precio.
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Y después con un lo que pasó en el aeropuerto del Prat En Barcelona.
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En 2019 entró una empresa de seguridad nueva. Es una baja temeraria. Y entonces al final se pusieron en huelga los trabajadores porque cobraba una miseria. Y tuvo que estar la Guardia Civil que los controles a precio ahora de Guardia Civil, con lo cual que es más caro al final.
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¿Pero cómo una institución como la Universidad de Granada puede asumir el cambio hacia una compra pública responsable? Te lo cuento en el siguiente episodio. Estoy en Malmo, Suecia. Concretamente en el Ayuntamiento. He ido a su cafetería a por un café con leche. No es un café cualquiera. Tiene certificación de café de comercio justo. Y no es solo porque estoy dentro del Ayuntamiento. Si me fuera a otra institución pública, el café seguiría siendo responsable y sostenible. Malmo cuenta con la certificación de Ciudad de Comercio Justo desde 2006. Desde entonces, y después de un gran trabajo, el café de comercio justo dentro de las compras municipales ha pasado del 0,5 al 99%. Malmö ha conseguido ser referente en ciudades de Comercio Justo. Tiene 318.000 habitantes. La Universidad de Granada, entre el estudiantado y las personas trabajadoras, menos de 100.000. Así que si Malmö puede, las universidades pueden.
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La obligación de los compradores públicos adquiere un producto o servicio más ventajoso económicamente. Ello no significa el más barato. Significa que el producto que se necesita a un precio que garantice su uso en el momento en el que se necesita. Y yo añadiría, y esto es lo que llevamos muchas sin violar los derechos humanos del medio ambiente.
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Recojo lo que dice Olga Martín Ortega, catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Greenwich. Ahora nos toca ver a qué reto se enfrenta la universidad para cambiar sus prioridades. Veamos si un transatlántico como este puede cambiar de rumbo y apostar por compras justas y sostenibles. Soy Juan Bermúdez, aunque todos me conocen en Internet como Caos. Soy ilustrador, escritor y youtuber graduado en Bellas Artes en la Universidad de Granada. Bienvenido y bienvenida al último episodio de este podcast sobre compra pública responsable.
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Compras a conciencia. Compras a conciencia. El poder de la universidad para cambiar el mundo. Capítulo 3 Reorientar el rumbo de un transatlántico.
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La Universidad de Granada parte de una buena base para convertirse en referente. Ha sido reconocida como una de las diez universidades españolas con más compromiso social y medioambiental. La Fundación Conocimiento y Desarrollo destaca algunas de sus iniciativas como la instalación de 41 puntos violeta para la prevención de violencia machista, el protocolo institucional de acoso o el programa de becas del CICODE para personas refugiadas. El CICODE, ¿Te acuerdas el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo que ha elaborado un informe sobre cómo compra la universidad? Este centro pertenece al Vicerrectorado de Igualdad, Inclusión y Compromiso Social y lleva desde 2001 impulsando iniciativas y actividades para fomentar la cooperación universitaria al desarrollo. El CICODE también busca sensibilizar a la comunidad universitaria, es decir, al estudiantado, al profesorado y al personal técnico de gestión, administración y servicios. El objetivo es fomentar en ella su responsabilidad en la defensa de los derechos humanos. Y cuando hicieron el informe de compra pública quisieron saber si esta comunidad entendería ese cambio, que su universidad empiece a comprar de otra forma. Xenia Domínguez, Técnica de Proyectos del CICODE.
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Pensamos que la sociedad en general no sólo lo entendería, sino que cada vez lo exige más. Durante la realización del informe llevamos a cabo una encuesta en la que claramente la comunidad universitaria demandaba mayor implicación y responsabilidad en la promoción del consumo responsable.
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¿Y si aumenta el gasto por ese cambio, ¿Qué pasaría?
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¿Y si una institución pública gasta un poco más en un producto que garantiza un trabajo decente, la inserción de personas vulnerables o el impulso de productos ecológicos? Ese gasto extra se percibe como una inversión social.
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El respaldo de la comunidad ya lo tienen. Entonces, ¿Por dónde empezar para alcanzar el objetivo? Primero, como ya te conté en el capítulo anterior, con un cambio de mentalidad, entendiendo que las compras son inversión social y ambiental, la universidad tiene que redactar y adoptar una hoja de ruta a largo plazo sobre este asunto.
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Existe la urgencia de que, una vez convencidas del cambio de paradigma, haya una voluntad para elaborar una política de compras responsable. Este sería el punto de partida esencial, ya que la política de compras no solo reafirmaría el compromiso, sino que en ella se definirían también los objetivos, principios y criterios a seguir en todas las decisiones de compra.
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Segundo, hay que reforzar el servicio de contratación y darle formación al personal. La legislación actual aprobada en 2017, obliga a cambiar la forma de contratar para que sea sostenible. Si tiene que cambiar la forma de comprar, las personas funcionarias encargadas de ello necesitan saber cómo hacerlo. José Antonio López, jefe del Servicio de Contratación de la Universidad, ya lo está.
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Pidiendo porque esto es una unidad de 14 o 15 personas y casi todos están provisionales, son funcionarios de formación genérica.
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Provisionales, van pasando por aquí, la formación ya se ha empezado a impartir y las personas responsables vinculadas a las compras, como José Ramón España, desde el Centro de Servicios Informáticos y Redes de Comunicación, lo agradecen.
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Viene muy bien que te digan cómo incorporas cláusulas, porque no somos tampoco abogados. Entonces yo sé lo que quiero y sé lo que podría ser bueno para.
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Nosotros, pero ¿Cómo lo materializas, ¿Cómo lo pones, ¿En qué parte del contrato en la ejecución puedo ponerlo ahora lo pongo y se queda desierto el contrato porque.
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Lo he hecho mal?
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Francisco Blanco, experto en contratación pública, les invita también a perder el miedo y a ser flexibles.
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Ahora se habla mucho de la profesionalización o se nos hacen falta profesionales de compra bien preparados. Y realmente eso es así. Bien preparados no quiere decir bibliografía, estudiosos de la norma, ratas de biblioteca, no, flexibles que sepan adaptar la norma, que tengan esa alegría y se quiten ese miedo en el cuerpo de que como no apliqué la letra del artículo del apartado, seguramente después de eso viene el precipicio y no es verdad.
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Y apoyarse entre las personas, conocer el.
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Mercado, apoyarte de gente técnica que está a tu alrededor, saber dirigir equipos multidisciplinares, todo eso a veces en deficiencia de eso le echamos la culpa a la ley. Es que la ley, es que la norma, es que el procedimiento, es que los trámites.
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Más aspectos a mejorar. Saber qué criterios sociales y medioambientales son importantes para cada contrato. El CICODE detectó en su análisis que la Universidad incluía criterios casi de manera mecánica, y está bien tener buenas intenciones, pero a veces no basta e incluso son criterios erróneos. Javier Mendoza, economista y profesor de la Universidad de La Laguna, pone un yo.
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Siempre tenía una vez una discusión con un órgano de contratación que querían poner en un contrato de servicios informáticos igualdad entre Mujeres y hombres, 50% de la plantilla.
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Igualdad. Bien, no es un criterio. Claro, no tanto.
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Tú te vas a eso y dices oye, pero es que en el sector el porcentaje de mujeres es el 10%. Se le está pidiendo al mercado cinco veces más de lo que hay en el sector. Vamos a ser racionales, vamos a ver cuál es el porcentaje del sector y entonces premia a las empresas, por ejemplo, que te lo doble o te lo tripliquen. Vale, perfecto. Y viceversa, sectores fuertemente feminizados. Lo que no puedes hacer tampoco es 50-50, porque al final tú dices, oye, estás destruyendo empleo por el otro lado.
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Siguiente, el seguimiento. Porque no sirve de nada hacer una buena contratación si luego nadie controla que la empresa cumple con lo que prometió. José Antonio López, Director del área de Contratación de la Universidad de Granada Pone.
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Un sistema para el archivo de una colección que nos han donado y luego al final nos gastamos el dinero, hacemos el expediente y al final el software que hemos comprado y los ordenados al final no cumplen con el fin principal, no ya de los criterios sociales o medioambientales, sino el fin principal del objeto del contrato, que era poder documentar el archivo audiovisual de una donación que tuvimos. Pues estamos teniendo problemas, verdaderos problemas para que se cumpla el objeto del contrato.
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El seguimiento no solo permite controlar que todo esté haciéndose bien, sino también planificar.
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Te permite tomar decisiones que ahorran muchísimos recursos, sobre todo en personas en tiempo. Y ponen dinero, claro.
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Javier Miranda es jefe de la Unidad de Supervisión y Seguimiento de la Contratación de la Universidad de Córdoba. Es una unidad en la que se miran otras universidades, entre ellas la de Granada.
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A mí eso de la planificación cuando entré aquí era como planiqué. Eso de planificar no estaba dentro del lenguaje administrativo.
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Pero consiguieron ponerlo en marcha en 2019 y empiezan a verse los resultados.
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Hemos desarrollado también una comisión de contratación estratégica en la que anualmente establecemos ciertos objetivos en función de lo que vamos a hacer. Y eso es lo que permite planificar a la unidad, que se centre en un tipo de contrato, en otro, o en un tipo de objetivo ambiental, social o lo que sea. Eso es vital y es algo que era inalcanzable sin la unidad de supervisión.
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Y un último aspecto a mejorar dentro de la compra pública responsable, que podríamos destacar entre otros, sería la de desarrollar la economía local. Esto parece de los retos más fáciles, ¿No apostar por empresas granaína? Pues no tanto. Trabajar exclusivamente con productos locales no garantiza que estén respetando el medio ambiente o que compren a proveedores que respeten los derechos humanos o no tienen los sellos y certificaciones que una institución como la Universidad necesita para garantizar que sus productos sean sostenibles. José Antonio López Te enfrentas con que.
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Hay seis proveedores del Acuerdo Marco de Material de oficina que gastamos bastante, gastamos un millón y algo de euros, pero bueno. Pero los cinco proveedores o los tres proveedores locales, además de estas dos multinacionales que también nos venden, tienen todos estos sellos. Ostras, a lo mejor no compran a empresas de estas, pero no tienen el sello.
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La Universidad no busca poner palos en la rueda a las pequeñas iniciativas empresariales locales, busca cambiar la sociedad. No se trata de dejar de trabajar con sus proveedores de siempre, sino de ayudarles a que también entren en la rueda de la responsabilidad. Esta es Xenia Domínguez.
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Estos cambios sabemos que no se hacen de un día para otro y en este sentido es importante que la Universidad también acompañe a los proveedores mediante la facilitación de herramientas en las que se permite alinear con los objetivos de gestión pública sostenible y responsable.
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Una de esas herramientas es, por ejemplo, el Balance Social de la Economía Solidaria, un instrumento que ayuda a identificar los impactos sociales, ambientales y económicos de una empresa. Así pueden demostrar frente a la Universidad su nivel de coherencia y responsabilidad social y ambiental y de los productos que ofrece o también pueden publicar en sus páginas webs la trazabilidad de sus productos. Los aspectos a mejorar están claros. Ahora vamos a ver las recomendaciones. Xenia Domínguez del CICODE nos habló en el capítulo anterior de 25 recomendaciones, pero hoy te traigo aquí solo algunas. ¿Qué tendría que hacer la Universidad de Granada para convertirse en referente de la compra pública responsable? Además de crear una hoja de ruta y fortalecer el personal, es imprescindible ayudar a los proveedores locales, establecer con ellos un diálogo e informarles sobre cuál es el código ético y las políticas de compra de la Universidad de Granada y acompañarles en la adaptación para que no se queden fuera del proceso de cambio. También es importante que participe la comunidad universitaria, o sea el estudiantado, el profesorado y el personal técnico de gestión, administración y servicios que puedan opinar no solo sobre el café o el menú, sino de cómo contrata la Universidad. Apoyarse en la comunidad para cambiar el rumbo de un transatlántico en el que todas van subidas más alcanzar el 5 de contratos reservados te la universidad, como institución pública, debería asumir el compromiso de dedicar un mínimo de un 5 de los contratos a fomentar la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social. Hoy en día no alcanza ese 5% y podrían ser contratos claves en áreas como limpieza, hostelería o catering. Seguimos. Otra recomendació contratar a más entidades de la economía social y solidaria y fomentar el comercio justo. La universidad podría comprar café, jabón o detergentes ecológicos sin demasiada dificultad a estas entidades. También afiliarse a organizaciones como Electronics Watch, de la que te hablé en el primer episodio, para vigilar las cadenas de suministro de los productos electrónicos y trabajar juntas. Promover un foro de contratación responsable de todas las universidades públicas de España porque, como decía Olga Martín, una universidad sola no puede, todas las universidades juntas sí. La Universidad de Granada tiene un gran potencial para convertirse en un referente en contratación pública responsable. La Ley de Contratos del Sector Público se aprobó en 2017 y desde entonces las entidades públicas tienen que contratar de otra manera, no solo mirando el precio. Cambiar las dinámicas de transacción atlánticos tan grandes como estas instituciones no es fácil, pero no quiere decir que sea imposible, solo que cuesta algo más de tiempo.
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17, 23, tarjeta o efectivo.
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Porque si tú miras cada etiqueta cuando vas al supermercado, si intentas apoyar al comercio de barrio con tarjeta, por favor, ¿Por qué no lo van a hacer? Las instituciones tienen más gente, más presupuesto y más capacidad de cambiar las cosas. Cada decisión cuenta. Las de las instituciones públicas multiplican. Eso es la compra pública responsable. Gracias por escuchar.
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Compras a conciencia es un podcast del Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada, producido por la República Independiente de la Radio. Guión y entrevistas Ángela Sepúlveda. Narración Juan Bermúdez. Diseño de Kelu Robles. Imagen del podcast Lorca Comunicació Producción Paz Galeana. Este podcast se enmarca dentro del Proyecto Universidades, ejecutado por el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada con el apoyo financiero del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
Podcast: Carne Cruda
Host: La República Independiente
Fecha: 30 de enero de 2026
La serie de tres episodios "Compras a conciencia", producida para la Universidad de Granada, explora el poder transformador de la compra pública responsable. A través de ejemplos concretos, testimonios de expertos y casos internacionales, se analiza cómo las universidades y otras instituciones públicas pueden, y deben, orientar sus decisiones de compra para contribuir a la sostenibilidad, el respeto de los derechos humanos y el bienestar social, tanto local como globalmente.
"Compras a conciencia" es una llamada a la acción para las instituciones públicas: cada euro que gastan es una herramienta poderosa de transformación social y ambiental. Inspirada por experiencias internacionales, la Universidad de Granada se coloca como ejemplo en un proceso de cambio cultural, apoyada en formación, visión estratégica, colaboración y compromiso con la sociedad para que sus decisiones de compra contribuyan a construir un mundo más justo y sostenible.