Transcript
A (0:00)
Hola, ¿Qué tal? Seguro que estás esperando un nuevo derroteros, pero ya sabéis que de vez en cuando nos gusta sorprenderos con algo o enseñaros los podcast que hacemos con nuestra productora, La República Independiente de la Radio.
B (0:11)
Y este viernes traemos los tres capítulos del podcast que hicimos para la Universidad de Granada llamado Compra a conciencia sobre compra pública responsable.
A (0:20)
Hablamos desde comprar un ordenador o un lápiz hasta contratar a una empresa de limpieza que respete a sus trabajadores.
B (0:27)
Porque estamos hablando de dinero público y de la universidad, que como vanguardia debería ser un un referente sobre cómo hacer las cosas.
A (0:33)
A ver, si tú miras las etiquetas de los productos para apoyar el comercio local e intentar mejorar el mundo, ¿Por qué no lo hacen las instituciones? Este podcast responde a esa pregunta.
C (0:51)
Es verano, hace sol y te quedan dos meses para volver a las clases de la universidad. Ha sido un curso duro, pero aquí está cogiendo fuerzas para septiembre. No puedes desconectar del todo porque todavía te falta saber la nota del último examen que hiciste. Te metes en la oficina virtual, pero la página se queda colgada y no sabes si es culpa de tu cobertura o del servidor de tu universidad. Así que guardas el móvil y sigues intentando desconectar. A 11.000 kilómetros de distancia, otro estudiante universitario como tú también ha visto llegar el verano. Él desde la ciudad de Xan, en China. Pero no está en la playa. Está sentado en la mesa de una fábrica, obligado a pasar sus vacaciones trabajando 12 horas al día, 6 días a la semana. Tiene que hacerlo o no podrá graduarse en su universidad. Son prácticas, entre comillas, obligatorias. Ellos lo llaman prácticas, pero es explotación laboral. Junto al resto de sus compañeros y compañeras, fabrica los servidores que luego comprarán las grandes universidades europeas y que servirán para que tú puedas ver tu nota desde la playa. Esta fábrica China, investigada en 2015, tiene como clientes a grandes marcas tecnológicas que todo el mundo conoce. Pero las universidades europeas no tenían ni idea de que estaban comprando servidores que explotaban laboralmente a estudiantes en China. A veces las declaraciones de las instituciones se llenan de buenas intenciones sostenibles, pero tienen una llave mucho más potente para cambiar el su dinero. Las universidades y el resto de los organismos públicos tienen grandes presupuestos y un gran volumen de compras al año. Eso les da un poder, una palanca para exigir a las empresas que trabajan con su institución que deben respetar los derechos humanos y el medio ambiente. Todo esto tiene un nombre poco atractivo como compra pública responsable. Pero ha sido clave en la historia de los derechos humanos. En Sudáfrica, por ejemplo, sirvió para contratar a personas negras en la era post apartheid. Y Estados Unidos lo usó para incorporar a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial al mercado laboral. Ay, no me he presentado. Soy Juan Bermúdez, aunque todos me conocen en Internet como Kaos. Soy ilustrador, escritor y youtuber. Graduado en Bellas Artes en la Universidad de Granada, y junto a ella, a la que fue mi universidad. Vamos a desgranar ese poder de la compra pública en España.
