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Tyler Reddick
Tyler Reddick here from twenty three eleven racing. Another checkered flag for the books. Time to celebrate with Chumba. Jump in at Chumbacasino dot com. Let's Chumba. No purchase necessary. BTW group avoid work.
Santiago Albarrigo
Prohibited by law.
Tyler Reddick
CTNC Twenty one sponsored by Chumba Casino.
Javier
Adiós, Eva. Igualmente. Derrotero, camino, dirección, medio tomado para llegar al fin propuesto.
Narrator/Host
Conjunto de datos que indican el camino para llegar al fin. Lugar.
Javier
Bueno, qué nos vamos.
Narrator/Host
Dirección que se da por escrito.
Javier
Para María, pues hay buen fin de
Narrator/Host
libro que contiene un derrotero.
Javier
Línea marcada en el mapa de mareas para guiar a los pilotos.
Narrator/Host
Derroteros, derroteros, derroteros. Pensar. Paseando con Santiago Albarrigo.
Javier
Hola, Santi, ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Santiago Albarrigo
¿Qué tal, Javier? ¿Cómo estáS? ¿Qué me cuentas?
Javier
Pues la semana ajetreada, como todas las últimas semanas desde hace ya demasiado tiempo. Por eso son tan necesarios estos derroteros más tranquilos, este paso más sensato y más sereno que todos necesitamos.
Santiago Albarrigo
Veamos si es más sensato y más
Javier
sereno, por favor te lo pido.
Santiago Albarrigo
Sí sereno será sensato, pues dependerá de mi situación neuronal y de cómo me afecta el mundo, como a todos, en cualquier caso. ¿Sereno? Espero que sí. En todo caso, como te digo, creo que es muy inevitable que estos derroteros nuestros acaben de alguna manera asumiendo la tensión de estas semanas en las que estamos viendo un momento, sin duda, de cambio civilizacional, de orden mundial, etc. ¿Y
Javier
de eso quieres hablar?
Santiago Albarrigo
Bueno, sí, quería proponerte hablar de una cosa que me preocupa, pero solo al final. Me gustaría llegar hasta ahí por una vía algo más tortuosa y en cualquier caso, de reflexión. Lo que me preocupa, como yo creo, como a todos, es en realidad qué podemos hacer por los pueblos que en estos momentos están sufriendo en el mundo la embestida de Trump y de Israel, si podemos hacer algo. En todo caso, ¿Qué debemos querer? Esa es la última pregunta que me haría. Pero para llegar hasta ahí te propondría que hiciéramos una reflexión sobre lo que se llama realismo. Realismo en política y realismo en general. Yo hace unas semanas escribía en el diario, es un artículo que se llamaba así, contra el realismo, y que partía de una reflexión general sobre la vida y la muerte. Yo partiría de una pregunta, de una pregunta general para ti, Javier. ¿Cuál es el momento de la verdad?
Javier
Uf, qué pregunta más difícil. ¿El momento de la verdad en general, en la vida, en la vida de uno? Bueno, el momento de la verdad es el momento decisivo, el momento en el que las cosas se definen o se concretan, o en el que uno tiene que tomar una decisión determinante.
Santiago Albarrigo
¿Y dónde colocarías tú ese momento decisivo cuándo se decide la vida de uno?
Javier
Bueno, en el paso de la juventud a la adultez.
Santiago Albarrigo
Me gusta mucho que lo plantees así porque es como me gustaría que en general lo abordáramos. Pero date cuenta de que el momento de la verdad, por ejemplo, en el toreo, en los toros, es obviamente la muerte. Es ese momento en el que el torero, el matador, y por si llama matador, blande el estoque contra el toro y en el que, digamos, los dos en condiciones muy desiguales, se juegan la vida. Así que de alguna manera, el momento de la verdad, el momento decisivo, se asocia a la muerte.
Javier
Ya cuando has hecho la pregunta lo he pensado, pero si el momento de la verdad fuera la muerte, ya no hay tiempo para rectificar.
Santiago Albarrigo
Exacto. Y por eso a mí me gusta mucho que tú, Javier, y por eso me gusta tanto hablar contigo aquí y fuera de De carne cruda, pues me gusta quedar respondido así un poco en contra de lo que mucha gente reconoce como el momento de la verdad y que a mí me gustaría desmentir. Porque aceptar que el momento de la verdad es la muerte es aceptar que el resto de los momentos de la vida no son verdaderos y que la vida es menos verdadera que la muerte y que, por ejemplo, la fuerza y la violencia son más verdaderos que que el amor. Y bueno, pues es cierto. Quiero decir que podemos pensar que si todo puede ser destruido, aquello que destruye lo que amamos es más verdadero, más real o impone una realidad superior a aquello que realmente amamos. Pero a mí me gustaría resistirme contra esta idea.
Javier
Es que yo creo que te he dicho ese paso de la adolescencia, de la juventud a la adultez, porque es el momento en el que todo se puede construir, es decir, el momento en el que uno decide la vida que quiere tener o la vida que le gustaría tener y lo intenta con todo ahínco. Por eso creo que para mí ese es el momento de la verdad, el momento en el que quieres decidir tu vida y aún puedes.
Santiago Albarrigo
Pues sí, creo que en efecto es así. La idea que yo abordaba en este artículo al que me refería antes era un poco la idea de aplazamiento. Y me refería a una anécdota curiosa que contaba Stephen Jaywood, el paleontólogo al que nos hemos referido a menudo en estas conversaciones, sobre el uso que habían hecho de un pasaje de una obra suya unos malvados empresarios inmobiliarios que querían destruir un bosque para construir en su lugar un montón de edificios. Y entonces, para combatir los argumentos de los ecologistas, estos empresarios citaban un pasaje de la obra de Gould en el que éste recordaba que todas las especies, las animales y las vegetales, duran entre un millón y diez millones de años. Es decir, que en cualquier caso las especies, por mucho que duren, también se extinguen, y se extinguen de una manera natural, incluso si no interviene el ser humano, como ocurre en el Antropoceno. Entonces, claro, decían los empresarios, si se van a extinguir, ¿Para qué hay que proteger a las ardillas rojas que estaban amenazadas por la tala de ese bosque? Y claro, pues Jay Wood retaba a esos sofistas a que utilizaran ese argumento con unos padres que tienen un hijo con cáncer, que quieren curar de cáncer esto, decir, bueno, pues no vamos a curar a nuestro hijo de nada, ni siquiera de una gripe, porque en cualquier caso es frágil y es mortal, y tarde o temprano, pues se morirá. Y ahí está la cuestión, que ese tarde o temprano es lo que llamamos vida. Y en ese tarde o temprano nos ocurren muchas cosas que queremos proteger, entre otras, desde luego, los propios hijos, pero otras tantas amamos, viajamos, le escribimos, tratamos con amigos. Si ese fuese el criterio, pues no haríamos nada, ni siquiera acudiríamos esta tarde a la cita que tenemos con un amigo muy querido, ni siquiera comeríamos, ni siquiera nos pondríamos los zapatos. Ese tarde o temprano es la vida. Y todos queremos aplazar el momento de la muerte. Y lo que ocurre durante ese aplazamiento no puede ser menos verdadero que lo que lo pone fin, diría yo. Me parece que es importante que no abordemos la cuestión en términos de verdad o falsedad, como si fuese más verdad lo que más poder destructivo tiene. Creo que eso es un error. Pero todo caso, fíjate tú que sí que hay dos. Dos actitudes extremas ante la muerte. De una hablamos ya hace unos programas en un derrotero en el que hablábamos de la sed de inmortalidad de los technobros de Silicon Valley, es esta cosa de creer que la vida, o al menos la vida de algunos privilegiados, tendría algún derecho sobre la muerte. Y la otra, en cambio, que tiene más que ver con los fanatismos religiosos, una visión muy sombría de la vida, pero luego veremos también la visión muy sombría de la política y de la geopolítica que tienen algunos, pues la otra tiene más que ver con la consideración de que la muerte, en efecto, es el momento verdadero, y frente a ella todo lo demás es una mala noche, una mala posada, como decía Santa Teresa, o todo son sombras y fantasmas, como en La vida es sueño. Y bueno, pues creo que esas dos visiones de la vida y la muerte, pues dejan a un lado el hecho de que en realidad la vida y la muerte entre sí no mantienen ninguna relación jerárquica, sencillamente se suceden, primero la vida y después la muerte, y que tenemos que protegernos de la muerte y tratar de aplazarla lo más posible, sin por un lado empeñar toda nuestra vida, como veíamos el otro día, en evitarla por cualquier medio, pero tampoco en juzgar todo lo vivido, todas nuestras experiencias, todos nuestros placeres, a partir de ese momento en que se pone punto y final a la vida.
Javier
Claro, porque la gente normal donde vive es en la vida, no es en la muerte, valga esta redundancia. Así es, Vive por tanto esta obviedad que algunos obvian.
Santiago Albarrigo
Sí, en efecto, porque quiero decir que vivimos en un aplazamiento, y si tiene sentido la política es sólo si aceptamos que que la política sirve también para aplazar lo más posible la muerte, y sobre todo la muerte común y colectiva, pero también, en cualquier caso, para cargar de sentido ese aplazamiento, para que tenga un poco de sentido ese aplazamiento. Entonces, yo lo que decía en ese artículo era que a la doctrina considera que lo peor es siempre lo más verdadero, que el más es inevitable, que la muerte es la verdad de la vida, es a lo que llamamos realismo, o así lo voy a llamar yo, si te parece contigo, Javier. Llamemos realismo a esta visión que sostiene que el momento de la destrucción es siempre superior o más verdadero que el momento de la creación y el de la fuerza más verdadero que el del amor, que la vida, por lo tanto, es una sombra, que el derecho es un palillo que se lleva el viento, y en consecuencia esa visión deja muy poco lugar a la construcción de vínculos, de asideros y de alguna forma de medios para aplazar lo más posible ese momento final de la destrucción. ¿Y entonces, no sé, yo me preguntaría cuántos realismos hay?
Javier
¿Hay un realismo de izquierda? ¿Es un realismo de derechas?
Santiago Albarrigo
Pues eso diría yo. Sí, Javier, yo diría que hay un realismo de derechas y hay un realismo de izquierdas. El realismo de derechas es el realismo que de una manera desvergonzada considera que soberano es solamente aquel que puede crear la realidad y que naturalmente la puede crear a través de medios de destrucción, porque tiene más poder, porque tiene más armas, etc. Este es un poco el caso que estamos viendo ahora, desinhibición de la violencia, en virtud de la cual el creador de la realidad es aquel que es dueño de más armas atómicas, de más drones y demás misiles. En este caso obviamente es Donald Trump o Netanyahu atacando Irán. Este realismo consiste fundamentalmente en contar con los medios para crear la realidad. Yo soy realista en la medida en que mis gestos y la realidad misma coinciden, puedo identificarlos en un gesto. Ese es el primer realismo de derechas que hay. Es un derecho de élites, de élites privilegiadas que en definitiva consideran que todo el universo tiene que estar a merced de su fantasía y de los límites, como decía hace poco Trump, de lo que a mí me gusta y de lo que a mí no me gusta. Pero creo que hay otro realismo de derechas que es más común porque este lo comparten, digamos, tanto los vasallos de los poderosos como los votantes modestos que se adaptan a cualquier cosa que les sobrevenga con tal de poder seguir viviendo. Por ejemplo, un realismo de derechas de adaptación, adaptativo o sumiso, es este que pudimos comprobar hace poco en la frase de Von der Leyen en los primeros días del ataque sobre Irán, que creo que incluso ya citamos a Von der Leye en la última conversación, pero era esto que decía, que en definitiva el mundo ha cambiado y hay que aceptar lo que hay y Europa tiene que manejarse geopolíticamente en los términos que dicta Trump, o sea, que dicta el creador de la realidad, el que da nombre a las cosas, el que fija los límites de nuestros actos. Pero claro, fíjate, lo más preocupante es que yo creo que hay una coincidencia en algunos aspectos entre este realismo de derechas, ya sea creativo o adaptativo o resignado, digamos, y un realismo de izquierdas de un cierto sector de la izquierda que acaba de alguna manera aceptando también el mundo tal y como viene en nombre del realismo político, de la realpolitik, de la de la razón de estado, de la relación de fuerzas en un tablero geopolítico, geoestratégico, internacional. En cualquier caso, fíjate que tanto el realismo de derechas como el realismo de izquierdas consideran que en política el momento verdadero es el de la violencia, el de la exhibición de poder desnudo, ese de la guerra como comadrona o motor de la historia. Y a mí, frente a eso, creo que es importante recurrir a las voces de eso que a mí no me gusta mucho, pero vamos a llamarlo así para entendernos, de eso que se llama el sur global. Yo he leído hace poco un libro, el último libro, Sur la liberté, sobre la libertad, de un gran intelectual sirio, que también hemos hablado alguna vez, que se llama Yasin Al Has Saleh. A mi juicio es uno de los grandes intelectuales del planeta en estos momentos, y desde luego lo conoceríamos mucho más si fuese estadounidense o francés, o coreano, alemán, lo conoceríamos muchísimo, muchísimo más. Y Yasin, que es un hombre que estuvo 18 años en las cárceles de la dinastía Assad, que cuando salió de la cárcel se sumó a la revolución, a cuyos amigos llamados llamadas, ha asesinado, bien el régimen de Bashar el Az, bien los islamistas radicales, pues este hombre, refugiado primero en Turquía y después ahora en Berlín, no ha dejado de llamar la atención sobre algo que a él le preocupa, y es este realismo de izquierdas que acaba llevándonos a un binarismo, a un régimen de oposiciones binarias muy metafísico, en virtud del cual hay un solo mal, que en este caso sería Estados Unidos, y frente a ese mal, cualquier cosa que le ofreciese resistencia sería un bien. Ese es un marco geopolítico típico de una cierta izquierda, que se corresponde en realidad a un mundo que ya no existe, que es el mundo de la Guerra Fría, y que acaba considerando, dejando fuera de juego de la ecuación del realismo, dejando fuera a los pueblos, como decía Yasin Alh Saleh, que es muy interesante, contra el concepto de soberanía. Él hablaba de la soberanía entendida como la entendía Carl Schmitt, soberano es el que decide el estado de excepción, decía Schmitt, pero también contra esa visión de Foucault, que era muy parecida, el soberano es el que decide sobre la vida o la muerte del otro. En este caso, obviamente, pensemos en Trump, pensemos en Netanyahu, pensemos en Putin, todos aquellos que están decidiendo sobre la vida y la muerte de otros seres humanos. Y lo que dice Yasin Al Has Saleh es que precisamente la vida digna es lo contrario de esta vida superior o soberana. Una vida superior, soberana, que encarna las fuerzas más siniestras y más destructivas del planeta. Los colonizadores, los estados dictatoriales, el fanatismo islamista. Estos son los verdaderos soberanos, las fuerzas soberanas que deciden sobre la vida o la muerte de los otros. Y en este sentido no podemos de ninguna de las maneras nosotros aceptar esa lógica. Para empezar, por una cuestión de puro pragmatismo, no tenemos armas, no tenemos fuerza suficiente como para oponernos a ese realismo entendido como soberanía capaz de decidir sobre la vida o la muerte del otro. Pero también porque creo que volviendo a la cuestión del momento de la verdad, no es la verdad del mundo esa. Y la verdad del mundo tiene mucho más que ver con ese aplazamiento, con lo que ocurre entre el día y la noche, con lo que ocurre en ese tarde o temprano que conforma nuestra vida. Yo creo que en alguna otra ocasión, Javier, hablando contigo, he puesto este ejemplo. Considerar que el momento de la verdad es el de la violencia, es considerar que la verdad de la gastronomía es el hambre. Claro que el hambre hay que tenerla en cuenta. Sin hambre nadie cocinaría. Cocinamos porque damos por supuesto que vamos a tener hambre. Pero en algún sentido, fíjate, no solamente la gastronomía no se agota en el hambre como presupuesto ontológico de esa actividad, sino que de alguna forma es su contrario. Cada vez que cocinamos hemos ya superado el hambre, porque contamos con ciertas materias primas, ciertos artículos, ciertas verduras, ciertos ingredientes más o menos modestos, más o menos refinados, y sólo a partir de esa garantía material tiene sentido la gastronomía. Pero la verdad de la gastronomía no es el hambre, y la verdad del mundo no es el momento de la destrucción, es la política, es el derecho internacional.
Javier
Claro, porque si se le da toda la soberanía a quien puede imponer la fuerza, a quien tiene la capacidad de destrucción, pierde toda soberanía. El pueblo soberano, es decir, la democracia el diálogo, el conflicto, la palabra priva de agencia a todo aquel que no tenga ese poder de los misiles.
Santiago Albarrigo
Exactamente. Eso es lo que dice Yasin Al Hassález, que lo que le irrita del antiimperialismo de izquierdas occidental es que, por un lado, priva de agencia a los pueblos que resisten, a los pueblos que luchan, a los pueblos que quieren democratizar sus países. Y por otro lado también priva de agencia a sus propios dictadores, a sus propios palvados. Podemos formularlo así de una manera, si quieres, provocativa, paradójica. Digamos que los pueblos tienen derecho a sus propios dictadores, a sus propios malvados, al mismo tiempo que derecho a sus propias luchas de resistencia. Y lo que hace este antiimperialismo de izquierdas es, de alguna manera, privarles de las dos cosas, de la doble la agencia para el bien y la agencia para el mal. Es tratar a los otros pueblos con una cierta condescendencia colonial, por mucho que lo hagamos en nombre de la democracia. Exacto. ¿Y entonces a qué conduce esto, Javier? Nos conduce a una hipocresía equivalente a la de ese realismo de derechas que estábamos denunciando, a una hipocresía que consiste en invertir la de nuestra hipocresía, esta que denunciamos siempre con mucho fundamento, a la de la Unión Europea, por ejemplo, a la de Von der Leyen. Esta hipocresía consiste en decir Ucrania sí, pero Palestina no. Nosotros hacemos exactamente al revés. Acabamos diciendo que Palestina sí, pero que en Ucrania el contexto, la guerra fría, la OTAN, no sé qué, y acabamos olvidándonos del pueblo agredido, de los muchos muertos que por culpa de una agresión se producen. Y aquí, por lo tanto, no tenemos más recurso que ese que es muy frágil, pero que por ser frágil no es menos verdadero, del que hemos hablado ya muchas veces, que es el derecho internacional, por lo menos.
Javier
Sí, porque ese realismo de izquierda binarista del que estás hablando es el mismo que también dice Basar Al Assad, Gaddafi, los ayatolás. Sí, porque Estados Unidos no.
Santiago Albarrigo
Exactamente. Yasin siempre habla de este americocentrismo o estadounidense centrismo,
Javier
todo se explica a la contra del imperialismo estadounidense. Pero eso hace que se acepten otros imperialismos, otras tiranías, otras dictaduras, que son igualmente execrables de otra manera, por distintos motivos, pero que exactamente lo mismo de de repugnantes.
Santiago Albarrigo
Y más ahora, Javier, en un momento en el que ya ese marco de la Guerra Fría no existe, ha periclitado, no explica absolutamente nada. Imagínate ahora con la Rusia de Putin, con la China de Xi Jinping, con todas las subpotencias del Medio Oriente, que cada una juega sus propias bazas, hay un caos geopolítico que exigen miradas más finas que esta binaria de oposiciones binarias que nos permitirían siempre reconocer de qué lado están los nuestros. Pero los nuestros al final no están nunca del lado de los que luchan sobre el terreno, no estamos del lado de los pueblos. Acabamos tomando partido frente al imperialismo estadounidense por otros dictadores que están sojuzgando a otros pueblos. Y esto ya lo hemos vivido a lo largo de la última década con las revoluciones árabes, lo vivimos desde luego con Siria y lo hemos vivido de alguna manera en esta hipocresía, en este doble rasero que invierte el de la Unión Europea con Ucrania y Palestina. Y ahora un poco no sabemos muy bien qué hacer con Irán, Javier, no sabemos qué tenemos que querer en el caso de Irán.
Javier
Bueno, ya lo hemos dicho muchas veces, lo que tenemos que querer es la libertad de los pueblos para decidir que tengan las herramientas para emanciparse, pero no a base de masacrar a esa población o para sustituir un poder por otro manejado a través de unos hilos. Es verdad que es una dificultad muy grande conseguir que pueblos oprimidos tengan las herramientas para vencer esa opresión, pero evidentemente no se la va a dar otro poder opresor.
Santiago Albarrigo
Claro, es una dificultad muy grande porque el sufrimiento ahora mismo de muchos pueblos, en los libaneses, en los palestinos, en los cubanos acosados por Trump, y desde luego en los iraníes, que en los últimos meses han sufrido primero una represión feroz en los levantamientos de principio de año, cuyas víctimas pues no sabemos a qué cifras llegan, pero probablemente entre 4.000 y 40.000 personas. Esto con dos periodos de bombardeos, esa llamada guerra de los 12 días, ahora ya más de dos semanas bajo las bombas de Israel y de Estados Unidos. Entonces que cualquier cosa que pueda querer un iraní sometido a estas circunstancias, por un lado de represión feroz interna y por otro lado de agresión externa, pues debe ser escuchado y comprendido. Nos debemos poner en nuestro en nuestro pellejo, pero podemos hacer pocas cosas, podemos hacer dos cosas, ponernos en el pellejo de los que sufren, por un lado, y la otra es saber al menos qué queremos, qué podemos, qué debemos querer. Y una, tú lo has dicho, una, o mejor dicho, vamos a plantearlo en negativo, No podemos querer que se prolongue la tiranía de los ayatollahs sobre el pueblo iraní, por supuesto, y al mismo tiempo, tampoco podemos querer que por cualquier medio obtengan su libertad. Porque ese por cualquier medio, paradójicamente, implica que el daño no solamente, probablemente no se alivie realmente en términos de la propia población iraní, es que el daño que hace el utilizar medios contrarios al derecho internacional para presuntamente liberar a un pueblo que sufre, ese es un daño que se extiende al resto del mundo. No podemos creer que se libere un pueblo por cualquier medio. Hay que volver a esto que decía Yasin al Hash Saleh. Tenemos derecho a nuestros propios malvados y a nuestras propias luchas de resistencia y liberación. Yo estos días estaba escuchando una larga entrevista con una antropóloga instalada en Francia, pero iraní, que se llama Soura Makaremi. Acaba de publicar un libro muy interesante, precisamente sobre levantamientos. En esa larga entrevista, que recomiendo a los oyentes que la busquen y la escuchen, una mujer realmente muy preparada y que conoce obviamente muy bien su propio país, y que además es claramente de izquierdas, pues se planteaba esta cuestión y lo difícil que es para ella, estando en París y teniendo a su familia en Irán, pues no entender de alguna manera, incluso las voces de los que quieren que vuelvan los Palevi para acabar con eso, que en algún momento piensan que a ver si de una vez las bombas que están matando a sus vecinos y poniendo en peligro su vida, no acaban también con el régimen iraní. Pero aquí yo creo que es muy importante recordar cómo ella hace que en realidad, de algún modo, en Irán, como se ha jugado antes en otros sitios, en Irán nos estamos jugando algo más que el destino solamente de los iraníes. Que no lo comprendan los iraníes es perfectamente comprensible y nos debe producir mucho dolor. Pero nosotros no podemos querer que Irán sea liberada de cualquier modo, y menos si ese cualquier modo implica precisamente la erosión o la destrucción, como estamos viendo, de aquello que nos debe proteger a todos por igual, incluidos los iraníes, que es ese derecho internacional que debe estar concebido justamente como una renuncia, al mismo tiempo a la fuerza, a esa fuerza, momento verdadero con la que empezamos hablando. Y también a la resignación, que debe ser concebido como una dejación de soberanía en favor de los pueblos del mundo y de los individuos del mundo.
Javier
Claro, porque ese derecho es precisamente el que aplaza el momento de la destrucción. Y no he dejado de pensar en toda esta conversación que teníamos en ese concepto que acuñó Mark Fisherman, el pensador británico, que es lo mismo aplicado al capitalismo del realismo capitalista, que daba título a uno de sus más famosos libros y que precisamente decía más o menos lo mismo. Hemos asumido que el capitalismo es la única alternativa posible, que no existe mundo fuera de esa realidad, que el capitalismo es el que crea la realidad. Pero eso, si te parece, lo dejamos para otro derrotero.
Santiago Albarrigo
Sí, y entre tanto sigamos aplazando lo más que podamos.
Bubba Wallace
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Podcast: Carne Cruda - PROGRAMAS
Host: La República Independiente / Javier
Guest: Santiago Alba Rico
Date: 26 de marzo, 2026
Tema: Una crítica profunda al realismo político y existencial, discutiendo cómo la visión dominante de la realidad, asociada al poder destructivo, limita tanto la política mundial como nuestra vida cotidiana. Reflexión sobre la necesidad de una ética y política que prioricen la vida, el derecho internacional y la dignidad de los pueblos frente a los discursos de fuerza y destrucción.
“Aceptar que el momento de la verdad es la muerte es aceptar que el resto de los momentos de la vida no son verdaderos, y que la vida es menos verdadera que la muerte y que, por ejemplo, la fuerza y la violencia son más verdaderos que que el amor.” — Santiago Alba Rico (04:20)
“Si tiene sentido la política es sólo si aceptamos que la política sirve también para aplazar lo más posible la muerte, y sobre todo la muerte común y colectiva, pero también, en cualquier caso, para cargar de sentido ese aplazamiento.” — Santiago Alba Rico (10:39)
Realismo de derechas:
Realismo de izquierdas:
Alba Rico introduce a Yassin al-Haj Saleh (intelectual sirio) y su crítica al binarismo de la izquierda y la noción de soberanía entendida como poder de vida o muerte (Carl Schmitt, Foucault).
“La vida digna es lo contrario de esta vida superior o soberana. Una vida superior, soberana, que encarna las fuerzas más siniestras y más destructivas del planeta... No podemos de ninguna de las maneras nosotros aceptar esa lógica.” — Santiago Alba Rico (18:50)
Metáfora clave: la verdad de la gastronomía no es el hambre, sino lo que se construye a partir de la garantía material y social (20:00).
“No podemos querer que se libere un pueblo por cualquier medio... ese daño que hace el utilizar medios contrarios al derecho internacional para presuntamente liberar a un pueblo que sufre, ese es un daño que se extiende al resto del mundo.” — Santiago Alba Rico (28:10)
“Sí, y entre tanto sigamos aplazando lo más que podamos.” (30:45)
Este episodio propone desafiar la idea, común tanto en derecha como en izquierda, de que la violencia y el poder destructivo son el único “realismo” posible en política y en la vida. Santiago Alba Rico invita a reivindicar la vida, la agencia de los pueblos y la defensa del derecho internacional por encima del binarismo y la resignación. El derecho internacional, la ética y la búsqueda de futuros posibles son vistos como vías para aplazar la destrucción—no como ingenuidad, sino como la única alternativa verdaderamente realista frente a la crudísima realidad global.