Santiago Albarrigo (12:12)
Pues eso diría yo. Sí, Javier, yo diría que hay un realismo de derechas y hay un realismo de izquierdas. El realismo de derechas es el realismo que de una manera desvergonzada considera que soberano es solamente aquel que puede crear la realidad y que naturalmente la puede crear a través de medios de destrucción, porque tiene más poder, porque tiene más armas, etc. Este es un poco el caso que estamos viendo ahora, desinhibición de la violencia, en virtud de la cual el creador de la realidad es aquel que es dueño de más armas atómicas, de más drones y demás misiles. En este caso obviamente es Donald Trump o Netanyahu atacando Irán. Este realismo consiste fundamentalmente en contar con los medios para crear la realidad. Yo soy realista en la medida en que mis gestos y la realidad misma coinciden, puedo identificarlos en un gesto. Ese es el primer realismo de derechas que hay. Es un derecho de élites, de élites privilegiadas que en definitiva consideran que todo el universo tiene que estar a merced de su fantasía y de los límites, como decía hace poco Trump, de lo que a mí me gusta y de lo que a mí no me gusta. Pero creo que hay otro realismo de derechas que es más común porque este lo comparten, digamos, tanto los vasallos de los poderosos como los votantes modestos que se adaptan a cualquier cosa que les sobrevenga con tal de poder seguir viviendo. Por ejemplo, un realismo de derechas de adaptación, adaptativo o sumiso, es este que pudimos comprobar hace poco en la frase de Von der Leyen en los primeros días del ataque sobre Irán, que creo que incluso ya citamos a Von der Leye en la última conversación, pero era esto que decía, que en definitiva el mundo ha cambiado y hay que aceptar lo que hay y Europa tiene que manejarse geopolíticamente en los términos que dicta Trump, o sea, que dicta el creador de la realidad, el que da nombre a las cosas, el que fija los límites de nuestros actos. Pero claro, fíjate, lo más preocupante es que yo creo que hay una coincidencia en algunos aspectos entre este realismo de derechas, ya sea creativo o adaptativo o resignado, digamos, y un realismo de izquierdas de un cierto sector de la izquierda que acaba de alguna manera aceptando también el mundo tal y como viene en nombre del realismo político, de la realpolitik, de la de la razón de estado, de la relación de fuerzas en un tablero geopolítico, geoestratégico, internacional. En cualquier caso, fíjate que tanto el realismo de derechas como el realismo de izquierdas consideran que en política el momento verdadero es el de la violencia, el de la exhibición de poder desnudo, ese de la guerra como comadrona o motor de la historia. Y a mí, frente a eso, creo que es importante recurrir a las voces de eso que a mí no me gusta mucho, pero vamos a llamarlo así para entendernos, de eso que se llama el sur global. Yo he leído hace poco un libro, el último libro, Sur la liberté, sobre la libertad, de un gran intelectual sirio, que también hemos hablado alguna vez, que se llama Yasin Al Has Saleh. A mi juicio es uno de los grandes intelectuales del planeta en estos momentos, y desde luego lo conoceríamos mucho más si fuese estadounidense o francés, o coreano, alemán, lo conoceríamos muchísimo, muchísimo más. Y Yasin, que es un hombre que estuvo 18 años en las cárceles de la dinastía Assad, que cuando salió de la cárcel se sumó a la revolución, a cuyos amigos llamados llamadas, ha asesinado, bien el régimen de Bashar el Az, bien los islamistas radicales, pues este hombre, refugiado primero en Turquía y después ahora en Berlín, no ha dejado de llamar la atención sobre algo que a él le preocupa, y es este realismo de izquierdas que acaba llevándonos a un binarismo, a un régimen de oposiciones binarias muy metafísico, en virtud del cual hay un solo mal, que en este caso sería Estados Unidos, y frente a ese mal, cualquier cosa que le ofreciese resistencia sería un bien. Ese es un marco geopolítico típico de una cierta izquierda, que se corresponde en realidad a un mundo que ya no existe, que es el mundo de la Guerra Fría, y que acaba considerando, dejando fuera de juego de la ecuación del realismo, dejando fuera a los pueblos, como decía Yasin Alh Saleh, que es muy interesante, contra el concepto de soberanía. Él hablaba de la soberanía entendida como la entendía Carl Schmitt, soberano es el que decide el estado de excepción, decía Schmitt, pero también contra esa visión de Foucault, que era muy parecida, el soberano es el que decide sobre la vida o la muerte del otro. En este caso, obviamente, pensemos en Trump, pensemos en Netanyahu, pensemos en Putin, todos aquellos que están decidiendo sobre la vida y la muerte de otros seres humanos. Y lo que dice Yasin Al Has Saleh es que precisamente la vida digna es lo contrario de esta vida superior o soberana. Una vida superior, soberana, que encarna las fuerzas más siniestras y más destructivas del planeta. Los colonizadores, los estados dictatoriales, el fanatismo islamista. Estos son los verdaderos soberanos, las fuerzas soberanas que deciden sobre la vida o la muerte de los otros. Y en este sentido no podemos de ninguna de las maneras nosotros aceptar esa lógica. Para empezar, por una cuestión de puro pragmatismo, no tenemos armas, no tenemos fuerza suficiente como para oponernos a ese realismo entendido como soberanía capaz de decidir sobre la vida o la muerte del otro. Pero también porque creo que volviendo a la cuestión del momento de la verdad, no es la verdad del mundo esa. Y la verdad del mundo tiene mucho más que ver con ese aplazamiento, con lo que ocurre entre el día y la noche, con lo que ocurre en ese tarde o temprano que conforma nuestra vida. Yo creo que en alguna otra ocasión, Javier, hablando contigo, he puesto este ejemplo. Considerar que el momento de la verdad es el de la violencia, es considerar que la verdad de la gastronomía es el hambre. Claro que el hambre hay que tenerla en cuenta. Sin hambre nadie cocinaría. Cocinamos porque damos por supuesto que vamos a tener hambre. Pero en algún sentido, fíjate, no solamente la gastronomía no se agota en el hambre como presupuesto ontológico de esa actividad, sino que de alguna forma es su contrario. Cada vez que cocinamos hemos ya superado el hambre, porque contamos con ciertas materias primas, ciertos artículos, ciertas verduras, ciertos ingredientes más o menos modestos, más o menos refinados, y sólo a partir de esa garantía material tiene sentido la gastronomía. Pero la verdad de la gastronomía no es el hambre, y la verdad del mundo no es el momento de la destrucción, es la política, es el derecho internacional.