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Javier
Adiós, Eva, hasta el lunes.
Santiago Albarrío
¿De cuál fin?
Javier
Igualmente.
Narrator/Host
Derrotero.
Javier
Camino, dirección, medio tomado para llegar al fin propuesto.
Narrator/Host
Conjunto de datos que indican el camino para llegar a un lugar.
Javier
¿Para qué nos vamos?
Narrator/Host
Dirección que se da por escrito para marea.
Javier
Para seguir buen fin de libro que contiene un derrotero. Línea marcada en el mapa de mareas para guiar a los pilotos su derrota o rumbo.
Narrator/Host
Derroteros, derroteros, derroteroS. 2. Pensar. Paseando con Santiago Albarrío Hola Santiago, ¿Qué tal?
Javier
¿Cómo estás?
Santiago Albarrío
Muy buenos días, Javier. Muy contento de escucharte de nuevo.
Javier
Lo mismo te digo. Además, nuestro último paseo vino muy al caso de los acontecimientos que la actualidad nos trae habitualmente, porque ha habido mucho debate en torno al velo islámico por razones que interesan a la ultraderecha.
Santiago Albarrío
En efecto, tenemos que procurar situarnos entre el Islam fanático y la islamofobia criminal.
Javier
Pero hoy tenemos que pasear por otros derroteros. ¿Hacia dónde nos llevas?
Santiago Albarrío
Pues mira, voy a aprovechar que hace dos semanas mantuve una conversación pública con Marta Peirano, a la que supongo que todos los oyentes conocen porque sus artículos sobre tecnología, tecnobrós, inteligencia artificial son además de particularmente instructivos, están muy bien escritos y yo disfruto mucho leyéndola. Y el otro día mantuvimos una conversación pública sobre la obsesión de los tecnobrós, en general, de los millonarios, por la inmortalidad, este deseo de vivir para siempre. Y me gustaría que habláramos un poco de esto, asociándolo desde luego a las ambiciones elitistas de estos grandes millonarios. Pero bueno, pues ya aprovechamos y damos una vuelta por este tema que no deja de tocarnos siempre interpelarnos de manera muy decisiva.
Javier
¿Y realmente queremos vivir para siempre?
Santiago Albarrío
Pues yo creo que no, pero quizá a esta pregunta vamos a intentar contestarla al final. El otro día, fíjate, hablando con Marta Pirano. Marta Pirano presentaba la conversación citando el caso de Brian Johnson, del que yo no había oído hablar antes. Es un magnate, otro de estos millonarios, que tiene 48 años, pero que aspira a tener 18. ¿Y como es millonario, Javier, pues se gasta una media de 2 millones al año tratando de conseguirlo? Y va siempre rodeado de una cohorte de científicos, enfermeras y médicos que van registrando todos sus parámetros biológicos ininterrumpidamente Fíjate tú qué vida tiene este hombre. Se levanta a las cuatro y media de la madrugada y se acuesta a las ocho y media de la tarde. A las once de la mañana hace su última comida del día, Sigue una dieta vegana hipocalórica, toma 50 suplementos nutritivos diarios, hace una hora de ejercicio al día, se injerta pelos, se da paños de sol, se hace transfusiones de médula ósea, terapias genéticas experimentales y se inyecta, en una práctica que combina el incesto, el canibalismo y el vampirismo, el plasma de su propio hijo. También ha probado el intercambio de total de plasma sanguíneo. Y bueno, pues está convencido de que si sus marcadores epigenéticos se mantienen siempre jóvenes, pues él va a ser joven siempre y además nunca va a morir. Lo primero que te llama la atención de este caso es que es una persona que para no morir nunca ha dejado de vivir a vivir. ¿Vale la pena vivir siempre si tu vida consiste en esto? Yo creo que de entrada hay un malentendido y es porque como los seres humanos, y sobre todo, digámoslo así crudamente, sobre todo los hombres, los varones, pues los seres humanos tendemos a confundir sentido y tamaño. Nos parece que una vida más larga, vida más provista de sentido. A mí personalmente, yo no sé qué piensas tú Javier, pero a mí la idea de más allá, como la conciben los cristianos, siempre me ha parecido un poco inconsistente, en el sentido de que nunca he entendido por qué una vida más larga iba a estar más provista de sentido que una vida más corta. Al mismo tiempo, fíjate tú qué ocurre. Estos mitos, tanto cosmogónicos como escatológicos, en los que se imaginan más allá, después de la muerte, vidas eternas. ¿Que ocurre? Que la felicidad somos incapaces de imaginarla duradera. Lo único que funciona en estos mitos es siempre el infierno. ¿Y por qué? Porque en el infierno están los cuerpos. Pero claro, asociar el cuerpo y la inmortalidad es un oxímoron. Y pues al mismo tiempo, si lo piensas bien, este hombre, Brian Johnson, no está interesado en en vivir para siempre, aunque sí está interesado en vivir para siempre, pero esto como dilatación de una juventud ilimitada. Entonces aquí esta búsqueda de la eterna juventud, que es muy propia del capitalismo, un capitalismo que se piensa a sí mismo en términos de renovación permanente de las mercancías, pero que en términos de élites económicas, en términos de poder, pues tiene una larga historia, si lo piensas, desde el alquimismo medieval hasta la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, que es un mito griego, pero que se traslada, por ejemplo, a la conquista de América.
Javier
Ponce de León.
Santiago Albarrío
Ponce de León. Buscando la eterna juventud. Pero fíjate tú que en el caso del capitalismo lo que ha ocurrido algo muy singular, y es que nos ha prometido una juventud eterna a través de una serie de prácticas higiénicas, quirúrgicas, en rivalidad con la renovación permanente de las mercancías. Y lo que nos ha dado al final, lo hablábamos ya cuando conversábamos de la vejez, es una larga vejez y solitaria. Yo el otro día, hablando con Marta Peirano, me acordaba de ese mito, de ese mito que me gusta citar porque creo que permite reflexionar en torno al tema, que es el de Eos y Titonio. Eos era la aurora de esos rosáceos dedos, según el epíteto de Homero, que como el padre de los dioses, Zeus, era muy aficionado a tener aventuras eróticas con los mortales, y en efecto frecuentaba el trato sexual de mortales, a los que conducía fugazmente al Olimpo, con los que se acostaba y a los que luego devolvía a su condición previa mortal. Pero un día se enamoró de un mortal que se llamaba Titonio, y se enamoró tanto, y además hasta tal punto era correspondida, que ambos desearon que su amor durara para siempre. Lo que ocurrió es que Eos le pidió a Zeus que por favor le concediese la vida eterna a su enamorado, pero se le olvidó pedirle también la juventud eterna. De tal manera que lo que le ocurrió a Titonio es que empezó a envejecer eternamente, de tal manera que fue encogiendo y encogiendo y encogiendo de tamaño, hasta que Zeus, viéndolo tan pequeño y expuesto a ser pisado, lo metió en una caja convertido en un grillo. Y no puede terminar de manera más trágica y también más instructiva una historia de amor como esta. No conviene aspirar a la vida sin límites, a la inmortalidad, porque nos podemos encontrar de pronto encerrados en una caja, que es como en definitiva muchos de nuestros ancianos mueren en Occidente, encerrados en esas cajas que llamo residencias, donde puede ocurrir encima que llegue una pandemia y una política criminal los condene a morir de la manera más terrible.
Javier
Oye, ¿Y hay alguna diferencia entre eternidad e inmortalidad?
Santiago Albarrío
Qué pregunta interesante. Yo creo que sí, debe haberla. Fíjate, decía esto William Blake, este maravilloso poeta, místico y pintor inglés del siglo XIX, pues decía que un pensamiento cabe en la eternidad, al revés también, podríamos decir que la eternidad cabe en un pensamiento, cabe también en un cuerpo, la eternidad, diría yo, cabe en distintos sitios, pero la eternidad tiene que ver, sobre todo, me parece, con la contemplación de las estrellas. ¿Por qué? Porque cuando levantamos los ojos hacia el cielo y contemplamos las estrellas, que son eternas, tildan eternamente. Nosotros, en cambio, nos sentimos muy frágiles y mortales. Pienso en esa película de Kurosawa, que una prostituta que no ha podido nunca levantar la cabeza una noche, pues la levanta y ve ahí este universo titilante, y a través de él se da cuenta de que su vida, de que su vida es una mierda, su vida es muy frágil, y de que su vida, ceñida en los límites de su terrible oficio, es muy frágil o me acuerdo de esa escena que recuerdo que sí que hemos citado en alguna conversación al final de Guerra y paz, en el que se han volteado las relaciones de fuerza entre los rusos y los franceses, los franceses están intentando huir de Rusia, muchos de ellos caen prisioneros en manos de las tropas rusas, pero es un invierno inmisericorde y todos sufren por igual el frío, y todos por la noche, sometidos a esta igualdad de la penuria, se reúnen en torno a un fuego, y allí son completamente iguales, son sobre todo completamente iguales, cuando medio del hielo y la nieve, levantan la cabeza hacia el cielo estrellado y se frotan sus respectivas fragilidades. Piensa en ese maravilloso poema de Leopardi, el canto nocturno de un pastor errante de Asia, que empieza con nasio luomo fatica de rischio di morte, il nacimento, que nace el hombre con trabajo, y es ya riesgo de muerte el nacimiento, en el que un pastor que está cuidando a las ovejas, levanta la cabeza hacia el cielo y dice eso etale la vita mortale. Es así la vida mortal. La vida mortal, él la interioriza a través de la contemplación de las estrellas y por ligar esto con la vocación de inmortalidad de los grandes Techno Bros. Pues fíjate tú, el último proyecto de Elon Musk, este, de alguna manera combinar su proyecto espacial con la inteligencia artificial, porque se le ha ocurrido que uno de los problemas que tenemos es que es verdad que los centros de datos en la Tierra ocupan mucho espacio y consumen mucha energía, entonces, ¿Por qué no trasladarlos al espacio? ¿Y sabes lo que quiere hacer Javier? Este hombre quiere mandar un millón de satélites en los próximos 10 años.
Javier
No sabía que eran tantos. Sabía que tenía el proyecto de mandar satélites, pero no sabía que quisiera cubrir el cielo por completo.
Santiago Albarrío
Pues exactamente quiere sustituir de alguna manera la eternidad por la inmortalidad. Quiere que cuando miremos al cielo solo veamos sus satélites, que ya vemos de vez en cuando, por cierto, esa especie de procesionaria del pino de color verde que a veces vemos pasar en verano por encima de nuestras cabezas uno de los satélites de Elon Musk. Bueno, pues sí, creo que en efecto hay una diferencia entre la eternidad y la inmortalidad. Eso que pasa en el cuerpo, cuando lo hemos hablado otras veces, escuchas el movimiento número 2 del trío número 2 de Schubert, pues es una eternidad, pero cuando acabas de oír la han pasado siete minutos y estás de nuevo en tu cuerpo. Tenemos que defender todas las eternidades que caben en un cuerpo mortal. A mí me parece que eso es fundamental. Y desde luego una de ellas tiene que ver con el amor. Fíjate, yo te diría aún más, hemos hablado de inteligencia artificial aquí largamente y yo creo que hay que aceptarlo. Y si hablas con Marta Peirano, pues bien te dice que esa es una batalla perdida. Son ya más inteligentes que los seres humanos. Ninguna inteligencia humana, ni siquiera las de estos tecnobros que se jactan de sus coeficientes intelectuales, se pueden medir con las que han desarrollado sus propias creaciones. La inteligencia artificial. La inteligencia artificial ya lo hace casi todo mejor que nosotros. Pero te diría que solo hay una cosa que nosotros hacemos mejor que la inteligencia artificial, que solo hay una cosa que nosotros podemos hacer y que la inteligencia artificial no puede hacer, morirnos. Alguna ventaja tendrá que tener morirse si realmente es lo único que podemos hacer mejor que la inteligencia artificial. Yo diría que son tres cosas que nos proporcionan una ventaja comparativa, que una es el pensamiento, otra el amor y la otra la risa. Por separado hemos hablado ya un poco de estas tres cosas, del pensamiento por oposición, decíamos, a la inteligencia artificial. El pensamiento es algo que ocurre en un cuerpo, en un cuerpo situado, que por lo tanto se hace preguntas, que está lleno de vacilaciones. El pensamiento es siempre un pensamiento desde las estrellas. Arreglo a la famosa frase de Kant, esa de que las dos cosas que le fascinan son cielo estrellado encima de mí y la ley moral en mí. Bueno, pues la ley moral, la búsqueda de una ética, la aceptación de los límites, tiene que ver sin duda con el pensamiento y por lo tanto con ese pensamiento que elaboramos a partir de las estrellas. Luego está el amor. El amor es indisociable de la mortalidad. Hablamos de Romeo y Julieta como de los amantes inmortales. Pero ¿Por qué son inmortales? En realidad porque son eternos. Y son eternos porque se mueren, se mueren muy jóvenes, de una manera muy trágica. Y es esa muerte, que creo que también alguna vez lo hemos hablado, esa muerte la que de alguna manera introduce también la política, la que hace que se reconcilien las familias. Y fíjate por ejemplo, que otra historia preciosa, que es la historia de Ulises volviendo a casa. Es un granuja, naturalmente, se lo pasa muy bien por el camino. Primero está 10 años en guerra. Bueno, es verdad, primero intenta no acudir a la guerra, eso sí, para eso, acuérdate que pone a Telémaco delante del arado para que los que van a buscarle nombre de Agamenón lo consideren loco. Primero intenta evitar la guerra, porque él quiere seguir en Ítaca, pero luego se va a la guerra y pasa 10 años en guerra. Y después, de vuelta de la guerra, siempre intenta intentando volver, digámoslo en su descargo. Sin embargo, el camino se lo pasa muy bien, tiene muchas aventuras de todo tipo, incluso muchas amorosas, y la más importante, la que quizá recordamos todos mejor de Ulises, es la de Calipso, el enamoramiento de esta ninfa, que por tanto es inmortal. Tienen ahí incluso hijos durante, no sé si son tres o cuatro años, y Calipso le ofrece la inmortalidad a Ulises, a Odiseo le dice que si renuncia definitivamente a volver a su casa y se queda con ella para siempre, pues era inmortal como ella. Y Ulises se lo piensa y como sabemos todos, porque aquí podemos hacer un spoiler sin ningún problema, acaba prefiriendo volver a casa. Y cuando piensa en casa, piensa obviamente en tres amores. A su vez piensa en su mujer Penélope, que entretanto ha estado trabajosamente obteniendo tiempo para él, con la estrategia de hacer y deshacer la mortaja de su marido. El amor a su hijo Telémaco, que entre tanto ha crecido mucho y que ha pasado años buscándolo por el Mediterráneo. A su vez también el amor a su patria, el amor a su casa, el amor a su Ítaca, que se expresa con esta imagen del humo, del humo que sale de la casa. Él piensa en el humo. Volver al humo que sale de la chimenea de su casa. Eso es la mortalidad. El amor de Penélope, el amor de los hijos y el amor a ese humo de la chimenea. Y la tercera cosa es la risa. Todo esto que sólo los plebeyos nos permitimos, porque como hemos hablado otras veces, también los ricos, los poderosos, se toman a sí mismos muy, muy en serio. Aquí la cuestión es. Acuérdate de la famosa frase que decían los gladiadores cuando iban a combatir delante del César o de sus representantes. Se acercaban a la tribun te salutan. Pues no. Los que vamos a morir nos reímos de ti. No tenemos ninguna protección frente a la ambición de inmortalidad del emperador que recordarle su mortalidad. Y le recordamos su mortalidad riéndonos. Riéndonos de él. Cada vez que nos reímos asumimos nuestra. Nuestra mortalidad y le recordamos a los que pretenden huir de ella la suya. Y por eso creo que no hay que poner ningún límite al humor. También hemos hablado de esto. Creo que es fundamental porque tenemos derecho a reírnos. El derecho que tenemos a reírnos procede de esta objetiva condición mortal de la que nos damos cuenta frente a las estrellas.
Javier
De hecho, la muerte es lo que da sentido a la vida. Yo recuerdo cuando estabas hablando, estaba recordando a José Luis Aranguren, cuando yo estudiaba filosofía, que decía esto, que es la muerte la que en un momento y para siempre da sentido a toda la vida. Es el cierre de la obra lo que hace que entendamos cuál ha sido nuestro propósito y el porqué de nuestra estancia en este mundo. Pero claro, a nadie le gusta desaparecer de este mundo y por eso todos aspiramos a convertirnos en esas estrellas eternas que vemos en el firmamento de ahí que las religiones nos propongan un más allá al que trascender, total, nadie quiere morirse.
Santiago Albarrío
Yo creo que la diferencia entre las religiones y lo que siente un plebeyo cuando siente miedo a la muerte es. Las religiones nacen en un periodo de la historia en el que la vida humana es fundamentalmente frágil, áspera y no siempre apetecible. Es como el reverso, la vida eterna en el más allá es como el reverso de esa vida que sería, según la frase de Santa Teresa, una mala noche en una mala posada. Pero es verdad que a lo largo de la historia nuestra vida ha ido un poco mejorando, o sea que lo que queremos ahora cuando pensamos en no morirnos es prolongar los momentos bellos, los momentos bonitos, naturalmente que casi siempre van asociados a la juventud, es decir, no nos parece suficiente. Yo creo que morirse con esta sensación también es bueno, la sensación de no haber vivido lo suficiente. Nadie tiene nunca la sensación de haber vivido lo suficiente, salvo vidas muy desesperadas que entienden que ya han tenido suficiente dolor. Y yo creo que, fíjate, siendo trágico de alguna manera eso es lo bonito, morirte con la idea de que lo que has tenido de bello no ha sido suficiente. Y una cosa que he dicho que es muy importante, ¿Por qué esto de Aranguren, que también ya lo decía Aristóteles, cómo se cierra la vida hacia atrás desde el último gesto? Porque en definitiva es un relato y los relatos tienen que tener un término, tienen que tener un final, el final puede ser mejor o peor, pero tienen que tener un final para que se puedan contar como un relato. Una vida sin límite, una vida para siempre, es una vida que no se puede relatar y que en realidad al final, como ves, está vacía, está llena de de gestos médicos, clínicos, higiénicos, absolutamente narcisistas y que expresan una desesperación que vacía por completo de sentido. Pero yo creo que en realidad, fíjate, no sólo las religiones, sino los mitos en general, los seres humanos en nuestras pequeñas vidas sublunares hemos considerado siempre la muerte una maldición, pero la única alternativa a la maldición también nos ha parecido una maldición esa vida eterna, ten en cuenta que la hemos asociado siempre a figuras trágicas como la del judío errante, como la de los en el propio Fausto, la tradición al menos no sólo occidental, porque en la China hemos contado alguna vez algún cuento está muy presente esto de que la inmortalidad, en definitiva, es una maldición aún peor que la
Javier
mortalidad, aunque todo el mundo quiere quitarse el cuerpo por un momento, aunque sea al menos un rato. Es incómoda esta sensación de envejecer, de que vas a morir, de la finitud del cuerpo. A todos nos pasa.
Santiago Albarrío
Yo creo que sí, que esto es inevitable, además. De hecho, fíjate, yo de alguna manera he escrito un libro sobre esto y doy un máster todos los años en todo este tema. Creo que la condición humana es una huida del cuerpo. Lo que pasa es que esa huida ha llegado demasiado lejos y desde luego, en figuras como esta, de las que hemos empezado hablando y que disponen de medios, pues se convierte en una fantasía muy destructiva. Pero hay maneras nobles y maneras innobles de quitarse de encima el cuerpo. Ya hemos hablado algunas nobles, el movimiento número 2 del trío de Schubert, quitarse el cuerpo en el otro. También hemos hablado a veces de sexualidad y de amor en el erotismo, quitarte el cuerpo en el cuerpo del otro, lavarte el cuerpo en el cuerpo del otro, algo muy lustral en un abrazo, en un abrazo consecuente y apasionado, o en el ritmo. Tú te dedicas a la poesía y a la música y sabes cómo a través del ritmo de pronto nos liberamos de nuestro cuerpo.
Javier
Qué bien cuenta eso el cuento de Cortázar, El perseguidor.
Santiago Albarrío
Claro, por ejemplo. Pues eso, fíjate. Y ahí está. Pero volvemos luego.
Javier
Volvemos a caer al cuerpo. Sí, efectivamente, volvemos a caer, Afortunadamente también.
Santiago Albarrío
Afortunadamente. Lo que es una ilusión es esta idea de que podemos mantenernos siempre fuera de él. Esa es una ilusión que pone en peligro el pensamiento, el amor, el humor y la democracia.
Javier
Claro, porque es una utopía totalitaria.
Santiago Albarrío
Es una utopía totalitaria. Es una utopía que implica además la eugenesia, el descarte de una buena parte de la humanidad. Y eso es terrible, imaginar la inmortalidad, pero vivir, recordar que la inmortalidad es más bien una maldición. Está bien, Mira, la única cosa que me ha gustado de la De la película de Guillermo del Toro, Frankenstein, no
Javier
me ha gustado nada a mí.
Santiago Albarrío
Nada. Me ha parecido estética y narrativamente. Me alegra que coincidas conmigo. Ha parecido un verdadero horror esa estética gótica con ese final que no vamos a desvelar aquí, por si alguien no la ha visto con ese doble final completamente con contrario a lo que es el relato, pero tiene dos cosas buenas. Por un lado que desplaza la monstruosidad de la criatura, el monstruo, al propio creador. Eso le obliga a hacer piruetas con el guión, que a mí, que soy como muy fiel siempre a los relatos originales, me molestan. Pero bueno, está bien, es importante porque eso está en el Frankenstein. Y la otra cosa que no te das cuenta es que en el Frankenstein de Mary Shelley también, pero también en el de Wall de la película de 1931, lo que interesa enfatizar como una hybris, como una desmesura, como un exceso, este querer equipararse con los dioses, tiene que ver con el acto de la creación, del renacimiento, no con la mortalidad. Mientras que Guillermo del Toro ha desplazado también del acto de la creación, la hybris a la inmortalidad, pero para de alguna manera representarla como una maldición. Acuérdate de que una de las cosas terribles que le ocurre a Frankenstein en la versión de Guillermo del Toro es que no se puede morir. Y es bonito pensar que deja ahí entrever, y está también en el texto de Mary Shelley, la única salvación posible para Frankenstein, que consiste en el amor, en compartir su vida con alguien, ¿Por qué si es posible que de pronto consiga sobreponerse a la inmortalidad y recaer en la muerte a través del amor de un igual, de una criatura que lo considere querible y no un monstruo?
Javier
Pues Santi ha recordado, mientras hablabas, dos obras que me gustaría recomendar de dos muy buenos amigos. La primera, al hilo de Frankenstein, un libro del ensayista y novelista José C. Vales, que se llama Enseñar a hablar a un monstruo, que habla de cómo aprendemos el lenguaje y utiliza la anécdota del monstruo de Frankenstein, criatura que nace sin lenguaje, y cómo va aprendiendo a hablar a lo largo de la novela de Mary Shelley. Y el otro es un libro que recomendamos recientemente en un tomo y lomo, es de nuestra querida Silvia Herreros de Tejada, mi buena amiga y además colaboradora como tú del programa que ha escrito Juvencolía, un libro dedicado precisamente a analizar todos esos mitos de la eterna juventud y como ahora el capitalismo nos obliga a ser eternamente jóvenes.
Santiago Albarrío
Así es, Javier, yo no he leído esos dos libros que anoto inmediatamente, porque puedes imaginarte que me interesan muchísimo. Y creo que sí, que la conclusión debe ser tenemos que luchar contra el tiempo desde los cuerpos y luchar contra el cuerpo sólo lo podemos hacer a través de salidas provisionales que tienen con eso que ver con el pensamiento, con el amor, con la risa, con el arte, para luego volver a nuestros cuerpos y afrontar la vejez como podamos. No es agradable envejecer. El mercado también nos quiere hacer creer que hay alguna ventaja comparativa en la vejez, pero en realidad es sencillamente porque el mercado contempla la vejez como todas las franjas de la vida, como un nicho mercantil explotable. Y bueno, pues estaría bien que alguien nos enseñara a amar y alguien nos enseñara a morir. Y no sabemos, no sabemos morir. Y el miedo que uno tiene a una cierta edad es justamente el de no haber aprendido a morir en una sociedad mercántica.
Con Santiago Alba Rico
Emitido: 27 de febrero, 2026
Tema central: Un profundo diálogo sobre la obsesión contemporánea (especialmente en los tecnobros y élites capitalistas) por la inmortalidad y la eterna juventud, contraponiéndose al sentido de la mortalidad y la importancia de aceptar los límites de la vida humana.
En este episodio de la sección “Derroteros”, Javier Gallego (host) pasea filosóficamente junto al pensador Santiago Alba Rico a través del mito contemporáneo de la vida eterna y la obsesión por la juventud perpetua, desgranando sus raíces históricas, culturales y éticas, sus implicaciones políticas y existenciales, confrontando los delirios tecnocráticos y capitalistas con lo esencialmente humano: la conciencia de la muerte, el amor, el humor, el arte y el relato.
[01:14–06:10]
[06:10–08:42]
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[12:10–15:20]
[18:51–19:30]
[22:20–24:14]
[24:12–26:13]
[26:13–End]
“Lo primero que te llama la atención de este caso [Brian Johnson] es que, para no morir nunca, ha dejado de vivir...”
— Santiago Alba Rico [03:00]
“Si lo piensas bien, este hombre, Brian Johnson, no está interesado en vivir para siempre... está interesado en una juventud ilimitada. Esta búsqueda es muy propia del capitalismo...”
— Santiago [05:00]
“No conviene aspirar a la vida sin límites, a la inmortalidad, porque nos podemos encontrar de pronto encerrados en una caja, que es como... muchos de nuestros ancianos mueren en Occidente, encerrados en esas cajas que llamo residencias...”
— Santiago [07:31]
“Tenemos que defender todas las eternidades que caben en un cuerpo mortal. Y desde luego una de ellas tiene que ver con el amor.”
— Santiago [12:58]
“Solo hay una cosa que nosotros podemos hacer y que la inteligencia artificial no puede hacer: morirnos.”
— Santiago [13:20]
“El derecho que tenemos a reírnos procede de esa objetiva condición mortal de la que nos damos cuenta frente a las estrellas.”
— Santiago [17:14]
“Una vida sin límite... es una vida que no se puede relatar y que en realidad al final... está vacía, llena de gestos médicos, clínicos, higiénicos, absolutamente narcisistas...”
— Santiago [21:41]
“Enfrentar la vida mercantilizada, que incluso explota la vejez como nicho de mercado, exige aprender a morir, y no sabemos. El miedo que uno tiene a una cierta edad es justamente el de no haber aprendido a morir en una sociedad mercántil.”
— Santiago [27:36]
Santiago Alba Rico y Javier Gallego articulan una crítica lúcida contra la fantasía tecnocrática de la inmortalidad, defendiendo la dignidad filosófica, política y existencial de la finitud humana. La mortalidad habilita los relatos, el amor, la ética, el sentido y el humor: “Tenemos que defender todas las eternidades que caben en un cuerpo mortal.”
Un episodio para pensar, con generosidad y lucidez, sobre cómo (y para qué) queremos vivir.