Santiago Albarrío (12:07)
Pues exactamente quiere sustituir de alguna manera la eternidad por la inmortalidad. Quiere que cuando miremos al cielo solo veamos sus satélites, que ya vemos de vez en cuando, por cierto, esa especie de procesionaria del pino de color verde que a veces vemos pasar en verano por encima de nuestras cabezas uno de los satélites de Elon Musk. Bueno, pues sí, creo que en efecto hay una diferencia entre la eternidad y la inmortalidad. Eso que pasa en el cuerpo, cuando lo hemos hablado otras veces, escuchas el movimiento número 2 del trío número 2 de Schubert, pues es una eternidad, pero cuando acabas de oír la han pasado siete minutos y estás de nuevo en tu cuerpo. Tenemos que defender todas las eternidades que caben en un cuerpo mortal. A mí me parece que eso es fundamental. Y desde luego una de ellas tiene que ver con el amor. Fíjate, yo te diría aún más, hemos hablado de inteligencia artificial aquí largamente y yo creo que hay que aceptarlo. Y si hablas con Marta Peirano, pues bien te dice que esa es una batalla perdida. Son ya más inteligentes que los seres humanos. Ninguna inteligencia humana, ni siquiera las de estos tecnobros que se jactan de sus coeficientes intelectuales, se pueden medir con las que han desarrollado sus propias creaciones. La inteligencia artificial. La inteligencia artificial ya lo hace casi todo mejor que nosotros. Pero te diría que solo hay una cosa que nosotros hacemos mejor que la inteligencia artificial, que solo hay una cosa que nosotros podemos hacer y que la inteligencia artificial no puede hacer, morirnos. Alguna ventaja tendrá que tener morirse si realmente es lo único que podemos hacer mejor que la inteligencia artificial. Yo diría que son tres cosas que nos proporcionan una ventaja comparativa, que una es el pensamiento, otra el amor y la otra la risa. Por separado hemos hablado ya un poco de estas tres cosas, del pensamiento por oposición, decíamos, a la inteligencia artificial. El pensamiento es algo que ocurre en un cuerpo, en un cuerpo situado, que por lo tanto se hace preguntas, que está lleno de vacilaciones. El pensamiento es siempre un pensamiento desde las estrellas. Arreglo a la famosa frase de Kant, esa de que las dos cosas que le fascinan son cielo estrellado encima de mí y la ley moral en mí. Bueno, pues la ley moral, la búsqueda de una ética, la aceptación de los límites, tiene que ver sin duda con el pensamiento y por lo tanto con ese pensamiento que elaboramos a partir de las estrellas. Luego está el amor. El amor es indisociable de la mortalidad. Hablamos de Romeo y Julieta como de los amantes inmortales. Pero ¿Por qué son inmortales? En realidad porque son eternos. Y son eternos porque se mueren, se mueren muy jóvenes, de una manera muy trágica. Y es esa muerte, que creo que también alguna vez lo hemos hablado, esa muerte la que de alguna manera introduce también la política, la que hace que se reconcilien las familias. Y fíjate por ejemplo, que otra historia preciosa, que es la historia de Ulises volviendo a casa. Es un granuja, naturalmente, se lo pasa muy bien por el camino. Primero está 10 años en guerra. Bueno, es verdad, primero intenta no acudir a la guerra, eso sí, para eso, acuérdate que pone a Telémaco delante del arado para que los que van a buscarle nombre de Agamenón lo consideren loco. Primero intenta evitar la guerra, porque él quiere seguir en Ítaca, pero luego se va a la guerra y pasa 10 años en guerra. Y después, de vuelta de la guerra, siempre intenta intentando volver, digámoslo en su descargo. Sin embargo, el camino se lo pasa muy bien, tiene muchas aventuras de todo tipo, incluso muchas amorosas, y la más importante, la que quizá recordamos todos mejor de Ulises, es la de Calipso, el enamoramiento de esta ninfa, que por tanto es inmortal. Tienen ahí incluso hijos durante, no sé si son tres o cuatro años, y Calipso le ofrece la inmortalidad a Ulises, a Odiseo le dice que si renuncia definitivamente a volver a su casa y se queda con ella para siempre, pues era inmortal como ella. Y Ulises se lo piensa y como sabemos todos, porque aquí podemos hacer un spoiler sin ningún problema, acaba prefiriendo volver a casa. Y cuando piensa en casa, piensa obviamente en tres amores. A su vez piensa en su mujer Penélope, que entretanto ha estado trabajosamente obteniendo tiempo para él, con la estrategia de hacer y deshacer la mortaja de su marido. El amor a su hijo Telémaco, que entre tanto ha crecido mucho y que ha pasado años buscándolo por el Mediterráneo. A su vez también el amor a su patria, el amor a su casa, el amor a su Ítaca, que se expresa con esta imagen del humo, del humo que sale de la casa. Él piensa en el humo. Volver al humo que sale de la chimenea de su casa. Eso es la mortalidad. El amor de Penélope, el amor de los hijos y el amor a ese humo de la chimenea. Y la tercera cosa es la risa. Todo esto que sólo los plebeyos nos permitimos, porque como hemos hablado otras veces, también los ricos, los poderosos, se toman a sí mismos muy, muy en serio. Aquí la cuestión es. Acuérdate de la famosa frase que decían los gladiadores cuando iban a combatir delante del César o de sus representantes. Se acercaban a la tribun te salutan. Pues no. Los que vamos a morir nos reímos de ti. No tenemos ninguna protección frente a la ambición de inmortalidad del emperador que recordarle su mortalidad. Y le recordamos su mortalidad riéndonos. Riéndonos de él. Cada vez que nos reímos asumimos nuestra. Nuestra mortalidad y le recordamos a los que pretenden huir de ella la suya. Y por eso creo que no hay que poner ningún límite al humor. También hemos hablado de esto. Creo que es fundamental porque tenemos derecho a reírnos. El derecho que tenemos a reírnos procede de esta objetiva condición mortal de la que nos damos cuenta frente a las estrellas.