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Javier Gallego
Quiero leeros un mensaje que nos acaba de llegar al programa y que nos ha parecido precioso. Hola, soy Berta y os escribo desde Bilbao para daros las gracias. Soy restauradora de arte y las horas se hacen menos largas frente a las obras. Escuchándoos desde que os descubrí hace ya un par de años, siento que he ganado mucho en ganas de saber lo que pasa en el mundo con vuestra manera de trabajar. La cruda realidad resulta, aparte de muy cruda, muy humana y llena de puntos de vista súper enriquecedores. Hace un par de meses por fin logré algo parecido a una estabilidad laboral y decidí hacerme productora. Ahora, cada vez que lo recordáis al inicio del programa, ya soy toda orgullosa. Me he animado a escribiros porque he flipado al escuchar la colaboración en el Reina Sofía. Me ha encantado. Gracias. Bueno, pues queridos, queridas, ya sabéis, podéis seguir el ejemplo de Berta y haceros productores o productoras en Carnecruda es. Y también podéis aprovechar y escuchar los programas que hemos hecho para la Reina Sofía, que son, como dice Berta, una maravilla. Como el programa de hoy.
Berta
Cuchicheos de mejillón. Escuchadme, criaturas sordas, escuchadme porque apenas, apenas me deja tiempo y a la mar en el norte. Lamar es una madre que ahoga a sus hijos para verlos crecer. La mar es un padre que arropa a sus hijas que tiemblan de miedo. La mar es un recuerdo que arrastra a un hombre y lo hunde por dentro. En el norte, la mar es un dios, si es que existiera un dios en el norte.
Luis Mario Crudos Díaz
Calabobos, Luis Mario.
Javier Gallego
Escuchadme, criaturas oyentes, porque hoy hablamos de una lluvia fina que cala hasta los huesos y un mar que se traga a los hombres. De niñas que nacen de conchas de mejillón y de mejillones que cuchichean. Hablamos de mujeres oso y de hombres pez y de urracas, urraquitas, urraquititas. De viejas que se sientan a esperar la muerte. De mujeres que paren gallinas y cerdos que son parte de la familia y de nietas que son tan pequeñas como una motita de pimienta. Hablamos del pueblo de los abuelos, del pueblo de la memoria, el que se vuelve para desenterrar las historias de los muertos. Hablamos de un pueblo blanco, azul, y de un pueblo estival al que se vuelve todos los veranos. Hablamos de realismo mágico y de realismo sucio y de realismo íntimo. Hablamos de leyenda y de cuento, de cruda realidad y de realidades sencillas. De la vuelta de los libros al pueblo. Hablamos de un nuevo ruralismo que está calando en nuestra literatura. Desde el arrollador éxito de Uclés con La península de las casas vacías hasta las novelas que hoy os traemos a ustedes. ¿Les gusta la naturaleza? Ya no se han detenido a mirarla.
Luis Mario Crudos Díaz
La naturaleza, amigos míos, es el espectáculo
Javier Gallego
más sorprendente que puede mirar el hombre. Hablamos del espectáculo más sorprendente que podemos admirar como humanos.
Elena Medel
Anda, no me cuentes cuentos, cuentista. Puro cuento. ¿Qué te cuentas? Vaya cuento.
Javier Gallego
Puro, puro cuento.
Luis Mario Crudos Díaz
¿QuÉ cuento tienes?
Elena Medel
Cuéntame un cuento.
Luis Mario Crudos Díaz
Qué me cuento.
Elena Medel
Puro cuento.
Luis Mario Crudos Díaz
Anda, cuentista.
Javier Gallego
Los pueblos vuelven al libro y los libros vuelven al pueblo. Y nosotros volvemos con libros que son un espectáculo literario de poesía y de maestría. Novelas llenas de cuento. ¿Así que quién mejor para contarlo que nuestra cuentista habitual, Marta Jiménez Serrano? Crudos días.
Elena Medel
Crudos días.
Silvia Tejada
¿Qué tal?
Javier Gallego
Bueno, lo rural cada día es más reivindicado por el inevitable avance urbanita. Tiene una larga tradición en nuestra literatura.
Elena Medel
Sí, ya sabes que todo lo que parece nuevo no lo es. Así que aquí, desde las églogas de Garcilaso, donde el campo era un locus amoenus, un lugar de descanso, paz y alegría, hasta el mundo rural de los Santos Inocentes de Delibes, por ejemplo, donde la cosa se ponía más chunga. El caso es que la literatura nunca ha abandonado el retrato de su ex extenso y variado campo. Está el Jarama de Sánchez Ferlosio, donde nos contaba cómo unos madrileños se iban a pasar un día al río, el clásico encontronazo campo ciudad, sorprendente y bonito, pero también duro, hostil y violento, como contaba Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte, dos novelones, o como relataba Jesús Carrasco en Intemperie, esa especie de western extremeño moderno también muy recomendable. En La lluvia amarilla, julio Llamazares ya nos hablaba de lo que estamos viviendo hoy, un pueblo en el que queda un único habitante.
Javier Gallego
Bueno, acaba de citar Cuatro librazos. Como los cuatro librazos que traemos hoy y ahora vuelve s de muchas maneras muy distintas, como reflejo también de nuestra realidad social urbana, claro.
Elena Medel
Las ciudades se están gentrificando, se están haciendo invivibles y estamos mirando de nuevo a esos pueblos que no nos quedan tan lejos. Porque hace tan solo dos generaciones España era fundamentalmente rural. Es lo que Sergio del Molino llamó la España vacía y María Sánchez la España vaciada. Emigramos masivamente del campo a las ciudades para estudiar carreras universitarias y encontrar otro tipo de trabajos. Y dos generaciones después los pueblos están vacíos, o vaciados en el sentido de que muchos han sido prácticamente abandonados y cuentan con muy pocas infraestructuras.
Javier Gallego
Pero como paralelamente las ciudades nos están expulsando, estamos echando la vista al pueblo y al mundo rural.
Elena Medel
Y todo esto que parece nuevísimo, como suele suceder, ya pasó. En literatura existe el tópico de menosprecio de corte y alabanza de aldea, que de hecho es el título de un libro de Antonio de guevara del siglo XVI, pero que se puede rastrear ya en Virgilio y en Horacio, y que básicamente consiste en ensalzar la sencillez de la naturaleza como un ideal de tranquilidad y casi de moralidad.
Javier Gallego
Porque en la ciudad es donde se dan las envidias, la competitividad, la corrupción, la hipocresía de la vida cortesana, vaya. Y en la naturaleza, sin embargo, todo el mundo vive feliz y despojado de
Elena Medel
su ego, por supuesto. ¿Cuándo habéis visto vosotros a alguien pelearse por unas lindes en un pueblo?
Javier Gallego
Jamás.
Elena Medel
¿Cuándo habéis visto rencillas? ¿Cuándo haBéis visto infidelidades, líos entre primos?
Javier Gallego
Nunca.
Elena Medel
Puerturraco ¿Os suena?
Javier Gallego
Hoy vamos a cargarnos el tópico corrupción
Elena Medel
y nepotismo en un pueblo. Jamás.
Guillermo Aguirre
En hemos ganado los de siempre o yo, alcalde, de cura Don Andrés, de maestro no se ha presentado nadie, o sea que sigue Don Roberto de puta Mercedes.
Elena Medel
Escuchamos estas palabras de Amanece, que no es poco, del siempre surrealista José Luis Cuerda. ¿Por qué se está recuperando ese surrealismo, lo mágico y onírico en los retratos del pueblo? Explorar lo rural desde la magia, pero claro, también desidealizarlo, desromantizarlo, desbrozarlo. Los pueblos y quienes permanecen en ellos, guardianes de la memoria, refranes, leyendas, historias.
Javier Gallego
Así que hoy, amigos, amigas, hablamos de ruralismo mágico y de ruralismo sucio. De la vuelta del tremendismo español y del regreso a las raíces del campo.
Elena Medel
Y vamos a empezar por la magia y la leyenda.
Berta
La casuca nuestra está encima de un acantilado desde el que también podemos ver el mar, aunque apenas lo miramos. Yo nunca lo miro más que cuando quiero bajar por percebes y mejillones y entonces sí que lo miro, pero esperando verlo bien lejos. Yo nunca lo miro, aunque sí lo escucho. Cago en Dios. Ni para no escucharlo.
Jaime Rivarango
Es escandaloso este mar, cago en Dios.
Javier Gallego
Como para no leerlo.
Elena Medel
Luis Mario es autor de las novelas El rastro que dejan las gotas, Cadencia de estornino, Bello trozo redondo de mar y Ha dado un triple mortal con calabobos, publicada por Reservoir Books, de la que acabamos de escuchar un fragmento. Una novela calada. Yo la leía y de verdad parecía que me iba entrando la humedad en el cuerpo.
Javier Gallego
Sí acabas tiritando, la verdad. Es una novela húmeda que nació como historia mitológica y que ha demostrado que Cantabria es mucho más que las anchoas y Revilla. Tiene historias, ritos y mitos propios, tiene una dureza propia y tiene, por supuesto, un lenguaje, una lengua propia. Luis Mario Crudos Díaz, bienvenido y enhorabuena, Crudos Días.
Luis Mario Crudos Díaz
Muchísimas gracias por invitarme.
Javier Gallego
Bueno, en la novela hay un retrato claro y sucinto de Cantabria, del charco, la casa, el prao, el talle, el acantilado, la fábrica. ¿Que hay en tu tierra y por qué es tan desconocida?
Luis Mario Crudos Díaz
Yo creo que lo que hay en mi tierra son muchas cosas de las que aparecen en la novela y muchas otras que me he dejado como que me van viniendo a la memoria después de haberlo escrito. ¿Y por qué es tan desconocida? Yo siento, o al menos es el ejercici personal y subjetivo que he hecho, que es porque en cierta forma creo que nos avergonzamos de la mayoría de cosas tradicionales de nuestra región porque están intrínsecamente relacionadas con lo rural. Y fuera de Madrid, de Barcelona, nos han enseñado que lo rural o lo de pueblo no tiene nada que ver con lo intelectual, con lo académico. Yo siempre pongo el mismo ejemplo en todas las charlas que doy a raíz del libro. Les pregunto a la gente que quién de la charla es pueblerina o pueblerino y nadie levanta la mano al principio de la charla, que es normal, porque según la RAE. Ser pueblerino es ser bruto, ser tosco. Entonces es normal que se nos construya como este complejo hacia lo rural y por tanto hacia las tradiciones, que en Cantabria tiene mucho que ver con esto rural. Yo mismo antes escribí el libro Renegaba de Cantabria, era el primero que renegaba de Cantabria y de todo lo que tenía que ver con Cantabria. Y el libro casi que nació más que desde la oda hacia la región, casi que desde el rencor. Y a medida que iba escribiéndolo me daba cuenta que no solo había rencor, que había una admiración y que había toda una serie de cultura propia, tradiciones y incluso forma de ser que era digna de mencionar y que era digna de estar orgulloso de ella.
Elena Medel
Para admirar bien hay que desidealizar también. A mí me ha gustado mucho cómo el libro no hace un retrato idealizado de lo rural. Hablas por ejemplo de la relación con el mar, tan alejada de la que tiene el turista o de la que tiene el esteta. Hablas de un mar lleno de mierda, de la fábrica de jabón.
Luis Mario Crudos Díaz
Claro, realmente creo que el norte también tiene la parte negativa que puede tener el norte también construido la identidad de alguna forma. Yo crecí en un pueblo en el que teníamos una playa en la que no nos podíamos bañar porque el nivel de toxicidad era, se sabía y estaba evidenciado que era altísimo. Son cosas que afortunadamente fueron cambiando y que desafortunadamente están volviendo hacia atrás, como tantas otras cosas que también se hablan en la novela, como la sobreexplotación urbana, etcétera, etcétera. Entonces sí, a mí no me interesaba para nada hacer un retrato idílico porque siento que ningún sitio es idílico. Muchas veces se ha interpretado el libro tanto como una oda a lo rural como una crítica, pero si hubiese sido de una ciudad habría hecho lo mismo, una oda a una ciudad y una crítica a la ciudad. Siento que incluso lo rural, lo que ocurre en un pueblo, se puede trasladar de forma universal a cualquier otro ámbito, incluso más allá. En el libro que se menciona mucho el patio de un colegio. Yo siento que el patio de un colegio en un pueblo no es más que una reducción de lo que es la humanidad en sí. Entonces siento que sí que era imprescindible dar una mirada veraz, creíble, tanto las cosas buenas como las cosas malas.
Javier Gallego
Sí, una mirada veraz, pero también una mirada muy mágica, como hemos dicho antes, y también muy tremendista. A mí me ha parecido una novela que recupera el tremendismo de Pascual Duarte, es decir, de esa España profunda, dura, llueve todo el tiempo, el mar también tiene algo de mítico, de esotérico. Me ha gustado mucho también esa violencia contenida y al mismo tiempo muy expresiva y muy expresa que tiene la novela.
Luis Mario Crudos Díaz
Pues a mí me ha enseñado mucho esta novela, de hecho, en darme cuenta que lo poético, que muchas veces relacionamos con lo estético y lo bonito, y que lo poético se puede encontrar incluso en la violencia. Y de hecho el claro ejemplo es lo que yo me he ido encontrando. Ver algo como el mar del Norte, que es el ejemplo más claro que has puesto, es algo bellísimo y que da lugar a cualquier tipo de imaginación poética, pero al mismo tiempo es algo muy violento y muy peligroso. Y asimismo ocurre resiento con la propia violencia que siento, que es lo que yo también aprendí a raíz de echar esta mirada hacia atrás y ver mi experiencia naciendo y creciendo en un pueblo como Cantabria. Siento que incluso de este ámbito tan violento también se puede sacar como una lectura poética o un aprendizaje de alguna forma para llevarlo hacia esta belleza que estamos más acostumbradas.
Elena Medel
Y hablas de lo poético en Calabobos es central la oralidad, que a mí me ha recordado también un poco a la propuesta de Andrea Breu en Panza de burro. Y voy a hacer un comentario de madrileño insoportable. Pero bueno, algo que me ha hecho gracia es que creo que en el resto de España uno no diría que en Cantabria hay una lengua tan particular, así como hay otras zonas de la península en el que claramente sabemos que hay a veces directamente otra lengua, pero muchas veces un acento más marcado. Creo que Cantabria, que tiene esa cosa de bueno, aquí veraneaban los reyes, no la tenemos tan asociada a unos localismos tan concretos y me ha encantado leer esta lengua en la novela.
Luis Mario Crudos Díaz
Yo creo que fuera de Cantabria no se tiene esta concepción, pero ni siquiera dentro de Cantabria.
Elena Medel
Sí, sí, sí, totalmente.
Luis Mario Crudos Díaz
A mí me ha ocurrido de lectoras de Cantabria que me han comentado, yo cuando empecé a leer el libro yo pensé que estabas exagerando con los cago en Dios. No nos cagamos tanto en Dios. Y cuando acabé de leer la novela y salí a la calle, no hacía otra cosa más que escuchar ese cago en Dios. Ese cago en Dios que reivindico además como algo muy propio y algo de lo que estar orgullosos y orgullosas, así como ha hecho Nacho Vegas, por ejemplo, hace poco en su nuevo tema, también reivindicar el cago en Dios, que en Xishón también, como en la boca, y que es algo exacto, así como otros componentes orales que se ponen en la novela, es algo de lo que cuesta mucho. Incluso a mí a la hora de escribir el libro, me costaba mucho rememorar y refrescar este acento y esta forma de hablar que yo tanto había repudiado. Incluso yo, no sé si os lo vais a creer, pero hasta que escribí este libro yo nunca me había cagado en Dios de forma oral, que era algo que me sorprendió cuando me di cuenta y era simplemente porque lo asociaba incluso después de escribirlo. Al principio me costaba cagarme en Dios porque me resonaba a lo que toda la vida me habían dicho, que era rural y era burdo y era tosco. Y a raíz de este libro, bueno, cada día me cago en Dios al menos una vez, como reivindicando la tierra. Puedo hacer otra cosa más que recomendarlo.
Elena Medel
Te iba a decir, ¿Lo recomiendas?
Luis Mario Crudos Díaz
Siento que me faltaba esa palabra en el diccionario.
Elena Medel
Hablando de esta oralidad. Claro, hay algo muy vinculado a esto, que quién cuenta las historias en los pueblos, ¿Cómo se sabe verdaderamente qué ha
Azahara Palomeque
pasado
Berta
que en esta historia, como en todas las de los pueblos, era difícil llegar a una única verdad? No son como las historias que se cuentan en los libros, las de aquí, de los pueblos.
Elena Medel
Estamos hablando de las historias heredadas, las historias orales de una generación que muchas veces no sabía escribir y que estamos
Javier Gallego
escribiendo los nietos, lo cual a la vez es un clásico de los pueblos. Leyendas contadas de mil maneras distintas según
Elena Medel
quien las cuenta o que las cuenta la misma persona, y aún así no encajan. Siempre mi abuela decí allí está quien lo vio y aquí quien lo cuenta, para expresar esa desconfianza de las historias transmitidas, que siempre tienen algo de teléfono escacharrado. Y de hecho, el libro de nuestro siguiente invitado empieza con una nota que
Luis Mario Crudos Díaz
dice así mi abuela nos contaba historias sobre nuestro pasado familiar, todas disparatadas, inciertas e imposibles. Las fechas no encajaban los datos, hacían aguas, los personajes eran en ocasiones anacrónicos. Si esas historias eran ciertas o no, poco me importa.
Elena Medel
Ventaquemada es un pueblo de Almería en tiempos pretéritos indeterminados, donde Doña Urraca Alcolea, sentada bajo un naranjo y con el azahar ya por los tobillos, ha decidido que morirá el 15 de octubre.
Luis Mario Crudos Díaz
Lo que te decía, ya se comenta y mucho, que no es poco. A mí no me gusta ir con la boca embuchada de mentiras, ya lo sabes. Yo no cotilleo, porque para que sea cotilleo tiene que ser mentira o tener parte de.
Elena Medel
Pero antes narrará la historia de su estirpe, una de gigantes, mujeres que convierten su deseo, hombres que solo saben irse y acequias que escriben el futuro de los niños.
Javier Gallego
Y lo ha escrito, y muy bien, Jaime Rivarango, que antes de escritor era actor, en uno de los debut más apreciados de los últimos tiempos. Urraca, Urraquita, Urraquitita. Publicado por Dos Bigotes. Jaime Cruz, dos días. Enhorabuena.
Jaime Rivarango
Muchas gracias.
Javier Gallego
Pedazo de libro que como el de Luis, es una maravilla. ¿De dónde sale esta historia tan bestial, tan cruda?
Jaime Rivarango
Bueno, creo que nace de las historias que nunca me terminaron de contar, porque esta nota aclaratoria del principio, que no deja de ser un fruto de la inseguridad de no poder personarte cuando abren tu libro. Las historias que me contaba mi abuela eran otras mucho más anacrónicas, de hecho. Pero sí es verdad que nos sentábamos mucho mi abuela y yo y hacíamos ese ejercicio de contarnos mentiras. Entonces, a día de hoy, con 33 años, yo soy un gran defensor de la mentira que te ancla al suelo, sobre todo como actor que soy.
Elena Medel
También vamos a contar mentiras, Tralará.
Jaime Rivarango
Totalmente.
Javier Gallego
¿Y quién es Doña Urraca Alcolea? ¿Y quién es la Ternerona? ¿Y Quién es Motita? ¿Quiénes son estos personajes? ¿Tiene algo que ver con los personajes de tu pueblo, del pueblo de tus abuelos?
Jaime Rivarango
Sí, por supuesto. Tiene que ver sobre todo con los personajes de mi pueblo, pero de un pueblo que yo no he conocido en sí, porque mi pueblo, que es Vera, es un pueblo ya de 18 mil habitantes donde convive el turismo, los ruralismos, donde está la piscina de agua salada al lado de un descampado de gallinas. Pero siempre digo que es como los resquicios de la Vera de hace muchos años. Entonces, claro, la gente mayor de mi pueblo son las pruebas de esos resquicios.
Javier Gallego
¿Y cómo empezaste? ¿Cómo nació? ¿Cuál fue el germen de la historia que dijiste, aparte de esas historias de la abuela qué te hizo voy a ponerme a escribir esto, voy a contar la historia de la Urraca?
Jaime Rivarango
Bueno, me hacía mucha gracia imaginarme una señora que se sentaba debajo de un naranjo como un acto reivindicativo en. Y a partir de allí decidí que me iba a comprometer solo con la escritura, con dos personajes, que eran esa doña Urraca y la nieta. Sí, empecé a escribir y nada más empezar a escribir me fallé a mí mismo, porque empecé con la Chochovaca, que
Javier Gallego
es la primera que empieza a contar la historia.
Jaime Rivarango
La primera que empieza a contar la historia, como el corifeo del coro de vecinas.
Elena Medel
Tiene algo esa señora debajo de un naranjo que decide que se va a morir. Los diálogos también, la oralidad. Yo lo he visto muy lorquiano esto en un punto.
Jaime Rivarango
Sí, claro, es que yo siempre digo que Lorca no ha sido el autor que he tenido como referencia, pero que evidentemente está. Pero me ha pasado con muchísimos autores, por ejemplo con Luis, que lo tengo aquí al lado, por suerte, y que nos conocemos también por suerte desde hace unos meses. Yo leí Calabobos muchos meses después de terminar Urraca, Urraquita, urraquitita, pero sentía que también me había influido de alguna manera Panza de burro, que también lo habéis nombrado. Son novelas que leí después, pero yo decía, pero son referencias directas a lo que yo estoy escribiendo, porque hay algo que apela, que habla, que dialoga.
Javier Gallego
Claro. Y porque hay este espíritu. Tuve los tiempos os está llevando varios escritores en la misma dirección.
Guillermo Aguirre
Pues no sé, yo es que creo
Jaime Rivarango
que miro lo rural, como decíais, desde una desidealización, pero como con una vista analítica de la violencia, que quizá se ejerce también en estos espacios. Y no me gusta decir que lo miro con nostalgia, porque la nostalgia sí es verdad, que es una mentira en la que yo no creo, porque te predispones a pensar que el tiempo pasado fue mejor y por lo tanto el actual es peor, y no es cierto. Pero sí la miro con esta infancia, con esta niñez, con la sensación de haber sido engañado, con promesas de vas a ir a la ciudad, todo va a ser perfecto, maravilloso, vas a conseguir tus objetivos, e incluso cuando los consigues, Dios, lo bien que estaba yo en el pueblo sintiéndome desarraigado.
Javier Gallego
Sí, pero al mismo tiempo también se habla de un pueblo real y duro, no es un pueblo para nada idealizado. Y yo no sé si tiene que ver algo también con tu otra faceta como actor y como dramaturgo, que es un libro muy teatral.
Jaime Rivarango
Sí, tiene mucho de teatro, los actores escribimos también cada función. Yo ahora estoy con una gira que es La barraca de Blasco Ibáñez, también una obra muy, muy rural, y siento que cada vez que me subo al escenario es una manera de reescribir el texto que ha escrito una dramaturga, Marta Torres, en boca de Blasco iba. Y tiene mucho del trabajo de la palabra entonces. Sí, por supuesto, mis textos son teatrales sin pretenderlo siquiera.
Elena Medel
Oye, hay algo que aparece en los dos libros que a mí me ha interesado muchísimo leer, y os lo pregunto a los dos, es esta cosa de convertirse en un hombre, que es muy importante en los pueblos. ¿Cómo se convierte uno en un hombre o en uno defectuoso, como el tío Terio, por ejemplo, que era maricón, quiero decir? ¿Claro, hay que ver, Me interesa mucho cómo se construye esta masculinidad de los pueblos, cuál es la normativa? ¿Hay una diferencia entre ser un hombre en la ciudad y ser un hombre en el pueblo? ¿Es más violento en el pueblo? Todo esto me ha interesado muchísimo.
Jaime Rivarango
Pues sí, es cierto que creo que hay muchas diferencias entre lo que es ser un hombre o una mujer o cualquier tipo de elemento en una ciudad y un pueblo, y a la vez están muy relacionados. El cambio viene para mí, a veces de los elementos más simples. Para mí en el pueblo eras un hombre cuando te dejaban llevar una navaja, parecía que si no llevabas una navajilla para cualquier cosa, no te convertías en un hombre. Y era simplemente eso. Ya cuando tú como niño te dejaban portar un trozo de pincho para a lo mejor cortarte un trozo de queso, si estabas en el campo, cortar una seta, ¿Que veías? Pues ya era el hombre lo que se consideraba ser un hombre.
Luis Mario Crudos Díaz
Sí, bueno, yo siempre he tenido como esta dificultad a la hora de narrar esta faceta, sobre todo porque yo me veía a mí mismo.
Elena Medel
Dificultad ninguna. Perdona Luis, o sea, tienes frases como me alegro yo de que Mariuca siempre sería feliz. Si es que así se ha librado de que se la monte uno de esos hijos de puta.
Javier Gallego
Buena frase.
Elena Medel
Esa dificultad ninguna, ¿No?
Luis Mario Crudos Díaz
Como asumir de alguna forma que yo había estado ahí, en ese lugar. En ese lugar. Y que siento que además, como la mayoría de personas que teníamos una orientación sexual diferente a la que en teoría te estaban contando que era la que tocaban. Creo que me ha costado más sincerarme en ese aspecto, porque yo mismo me avergonzaba de haber intentado ocultar o intentar aparentar algo que no era. Y yo siempre, esto lo cuento, que al final, como hablábamos antes, que al final el pueblo o el patio del colegio, yo me acuerdo, siempre cuento el mismo ejemplo de mi pueblo, que la única referencia que yo podía tener de alguien homosexual o de un hombre que se salía en este aspecto de la norma o de la normatividad hombre, era porque la habían descubierto, tal y como cuenta el tío Terio, le habían pillado teniendo relaciones con otro hombre. Mientras que en los patios, en el patio de mi colegio, cuando dos chicos se peleaban, se hacía un corrillo para ver esa pelea. Que es algo que a mí me llevó mucho a reflexionar sobre cómo la figura del hombre, como se cuenta en uno de los poemas, se pegan en público. La violencia es pública, pero el amor o todo lo que se parezca es privado, tiene que ser escondido. Entonces sí, yo siento, por supuesto, que ni mucho menos ser hombre es más difícil que ser mujer en un pueblo. Creo que en ese aspecto también tenemos este privilegio de que no es tan duro, también se narra muchas violencias en la novela, pero que sí afecta mucho como esa masculinidad en un pueblo. Quizás lo que no cuentas es con el anonimato que puedes contar en una ciudad, que quizás te hace poder tener la alternativa, que no deja de ser una alternativa terrible, que es la de pasar indiferente hacia el resto. En el pueblo tienes como esta sobreexposición que te hace quizás sufrir más justamente lo que tú te infliges también, que es como intentar encajar en esa masculinidad que te han impuesto.
Javier Gallego
Sí, y de hecho es cierto que las mujeres lo tienen más difícil. En vuestras propias novelas, las mujeres al final son reivindicadas muchas veces, son las protagonistas de la novela y son las que sufren más violencias.
Jaime Rivarango
Es que creo que desde mi experiencia y viendo a las mujeres que quizá me han rodeado, que a lo mejor no solamente mi madre, mi abuela, sino mis amigas o las abuelas de mis amigas, siempre se han visto obligadas a la acción al hacer, pese a que tenemos esta idea quizá completamente machista, de que el hombre es el que hace y en cambio la que levantaba la casa era la mujer, pero la casa va más allá de las paredes de la vivienda. Yo siempre recordaré a la abuela de mi amiga María Esther, los Portillo de toda la vida de Vera, que la veías con 80 años y con una chepa bastante pronunciada, llevando los sacos cargados para los caballos y llegabas ¿Dónde está tu abuela?
Guillermo Aguirre
Ah, pues subía al árbol.
Jaime Rivarango
Entonces la veías como una mujer vestida de luto, con los mantones, subida a un árbol y con un elemento súper anacrónico que eran las Converse viejas de amiga. Yo lo veía y yo decí pero si esto es narrativa pura.
Javier Gallego
Y luego está la madre que sale a buscar a la pobre Mariuca en mitad de la lluvia por el miedo a que suba la marea. Esa señora recia que se enfrenta a los elementos.
Luis Mario Crudos Díaz
Sí, lo mismo yo en ese aspecto. Y siempre aprovecho para mencionar esta mención obligatoria de mi abuela Conchita, que para mí es prácticamente coautora del libro. Yo siento que antes también, cuando hablábamos de esta casualidad, aparente casualidad, de que varias voces ahora estén volviendo a estos orígenes o estas voces de nuestras abuelas, yo siento que no es tanto que ahora estemos volviendo, sino que ahora nos están dando voz o nos están permitiendo dar las voz a ellas. Yo llevo escuchando narrar a mi abuela desde que era pequeño y justo ahora da la casualidad que editorialmente, por lo que sea, estamos dispuestas a escuchar nuevas voces y entonces ha tenido de repente como cabida las voces de nuestras abuelas en los entornos rurales. Pero siento que lo que es casualidad simplemente es que haya confluido en una moda editorial, pero no que no hayan estado ahí durante toda la vida.
Javier Gallego
¿Y el recurso a lo fantástico, a lo surrealista, al cuento, a la leyenda? ¿Por qué los dos habéis coincidido en esto?
Jaime Rivarango
Pues no puedo hablar por Luis, pero creo que tiene que ver con que no distamos tanto la realidad de lo que es lo fantástico, sino que el mito, la leyenda, como decía, es una mentira que tiene unas consecuencias reales y que se cuenta como si fuera verdad. A mí los mitos, las leyendas, cuando me las contaban, incluso cuando las vivía en sí, estos elementos, una señora de luto con una escomber subida en un árbol, es un elemento mágico, o la lluvia de barro que cae en Almería, que se pone el cielo rojo, son elementos maravillosos que ocurren en la realidad, no dista tanto, incluso la oralidad tiene que ver con esto. Entonces a mí las historias no me las contaban como había una mujer en las montañas, no hay una mujer en las montañas y si vas a las montañas te va a pasar esto, esto y esto.
Luis Mario Crudos Díaz
Totalmente lo real maravilloso que hablaban. Y es exactamente eso, como la sensación de que lo que nos han contado es que no puedo estar más de acuerdo con este ejemplo de Jaime, de cuando te llevaban al bosque y te decían cuidado que está por ahí el tren, y te lo decían como si estuviese ahí, que en algunos aspectos era como muy mágico, en otros aspectos era bastante traumático, según qué criatura, pero esto también siento que es muy intrínseco de. Yo siempre tiro para Cantabria, en este caso como de Cantabria, pero sí de los pueblos, como esta convivencia con lo místico, con lo mágico, con lo real maravilloso que hablaba Carpentier. Y en ese aspecto siento que también estas personas, como nuestras abuelas, que han pasado también tiempos y dificultades, creo que también han desarrollado esta faceta. Mi abuela, siempre cuento un ejemplo que aparece en el libro, que es aquel hombre que se mata al intentar ahorcarse, que suena muy mágico, suena muy fantasioso y que es real, y a mí siempre me lo ha contado mi abuela de un familiar suyo que quiso dar un susto, o sea, toda una soga para dar un susto. Al final se rompió la soga con tan mala suerte que se cayó, se dio con taburete en la cabeza y se mató. Y ahí es cuando yo le pero abuela, ¿Cómo sabes que era para dar un susto? ¿Cómo sabes que no era real lo que iba a decir? No, no, no, porque lo sé yo, lo sé yo, cómo realmente en las tragedias incluso se tintan de una pátina de magia y de fantasía como para
Javier Gallego
poder sobrellevarlas, o como decía mi abuela siempre, esto podría haber ocurrido y no se, ¿Verdad? Bueno, pues por esa magia oral con la que habéis devuelto el pueblo español a sus orígenes mitológicos y fantásticos, hemos querido teneros a los dos hoy aquí Jaime Riva, autor de Urraca, Urraquita, Urraquitita y Luis Mario, autor de Calabobos. De verdad, enhorabuena. Muchísimas gracias por haber venido a contarnos vuestros libros.
Jaime Rivarango
Muchísimas gracias.
Javier Gallego
Y de lo real maravilloso. Del ruralismo mágico a lo real real al ruralismo realista.
Marta Jiménez Serrano
Es pura fantasía. Y sin embargo te dicen que estuviste allí en el largo verano de tu más tierna infancia, de ese modo informe en el que está lo que no es consciente, sentado sobre los azulejos de terracota de la cocina que exudan la tierra que trabajó tu tatarabuelo, donde las raíces empeñadas en el esfuerzo de la huerta y el polvo que son los ancestros y que es terreno, enfrían de humedad el forro de tus pañales. Algún día todo esto, esto será tuyo.
Elena Medel
Guillermo Aguirre es escritor y profesor de escritura creativa y autor de novelas como Electrónica para Clara, Un tal Cangrejo y Estival, estas dos últimas publicadas por Sexto Piso. En Estival decidió narrar todos los veranos en el pueblo, en la vida de su protagonista, cada capítulo un verano. Empezamos en el verano cero y terminamos en el futuro. Y arranca con estas palabras que acabamos
Javier Gallego
de escuchar, esas hermosas palabras que son las que atraviesan todo el libro en esta reivindicación del pueblo, sumergirse en los veranos del pueblo. Guillermo, gracias por darnos este regalo.
Guillermo Aguirre
Hola, buenos días. Gracias a todos.
Javier Gallego
Hablas de un pueblo que se parece al tuyo, pero llamas al libro estival. ¿El tiempo y el espacio son lo mismo?
Guillermo Aguirre
¿El tiempo y El espacio son lo mismo? Vaya por Dios. ¿De verdad son las 10 de la mañana?
Javier Gallego
Ya, ya. Perdóname por esta pregunta. Es la culpa de Marta. Yo me limito a leer el guión,
Guillermo Aguirre
me dedico a la escritura, no tanto la ciencia. ¿El tiempo y el espacio son lo mismo? Yo sé que en mi caso el pueblo es un lugar del año, es el verano, inevitablemente, al menos para mí, que soy veraneante, con lo bueno y con lo malo, porque veraneante tiene ese punto también de insulto, en cierta medida. Entonces, para mí el pueblo está vinculado a una estación muy específica que es la del verano y que es en la que se regresa al pueblo de tus ancestros o al lugar en el que en el que ha sido feliz, sobre todo en la infancia, porque el final de los veraneantes era ese momento en el que el niño regresaba al pueblo en el que estaban sus abuelos, y disfrutaba de un universo de aventuras que en la ciudad era prácticamente imposible de tener, y una especie de posibilidad de ser adulto antes de tiempo, de internarse en lo desconocido o en lo prohibido, mucho antes que en la ciudad. Y yo empiezo por eso, y empiezo en ese punto, la novela, y mi personaje queda un poco prisionero de esas aventuras.
Elena Medel
Has hablado de volver al pueblo como veraneante, pero tampoco es lo mismo ser un urbanita que va a un pueblo cualquiera, que volver al pueblo de tus abuelos. Nos conforma lo rural desde antes de saberlo. Somos niños que, aunque hayamos vivido en la ciudad, estamos ahí. Como que veraneantes. Sí, pero también somos un poco de ese pueblo. Si. Toda nuestra familia era de ese pueblo. Si. Hemos pasado ahí tres meses en verano.
Guillermo Aguirre
Sí. Es lo que yo llamo la regambre, que decía mi abuela. Tener raigambre en un sitio, tener muertos enterrados en un pueblo. Cuando vuelves a tu pueblo, tienes tus muertos enterrados allí. Formas parte de la comunidad de una manera mucho más clara, aunque seas veraneante, aunque no residas todo el año. Quiero decir, hay una memoria de tus ancestros que te vincula directamente. Y por otro lado, eres de pueblo allá donde vas. Yo soy un poco Jekyll y Hyde. Quiero decir, a veces me siento incluso más. Más calmo en el entorno más tuerzo y delirante y medievalista de mi pueblo, que en la propia ciudad. Incluso decían antes ellos, yo incluso, que en el universo intelectual, me siento quizás más vinculado a mi yo rural, por así decirlo.
Elena Medel
Y hablabas de ser adulto antes de tiempo. ¿Es también el pueblo el lugar de libertad, un lugar en el que los adultos relajan sus normas? Se supone que esto es interesante. También se supone que no hay peligros, porque por aquello de que no te puede atropellar un coche, no hay peligros, y entonces te dejan ir.
Guillermo Aguirre
Yo creo que el pueblo, al menos en la infancia, en esa primera infancia, es el lugar de la anarquía y del caos, que es algo que un niño agradece muchísimo, porque son elementos que yo creo que son inherentes al infante, al pequeño, el caos y la anarquía. Y luego yo sigo regresando a mi pueblo todos los veranos. Y esa aventura se mantien. Se sostiene también cuando te haces adulto. Quiero decir, la idea de vamos a robar leña a no sé dónde vamos a buscar balas en las trincheras.
Elena Medel
¿Quieres confesar algo más aquí, por lo que luego puedas tener problemas en verano?
Guillermo Aguirre
Quiero decir que hay ese punto de aventura que se mantiene a lo largo del tiempo y es enriquecedor para el adulto que a menudo vive abotargado en el día a día invernal de la ciudad y la sacrosanta rutina económica del trabajo.
Javier Gallego
¿Y qué papel juega el tiempo? Porque esos veranos en el pueblo son un tiempo sin tiempo. Y luego tú, al mismo tiempo, has querido hacer todo un relato temporal de cómo vas pasando la vida en esos veranos.
Guillermo Aguirre
Yo quería escribir una novela sobre toda una vida. Yo creo que todas las novelas quieren escribir una vida, aunque sea en un momento muy pequeño, climático, toda una vida. Yo quería la vida completa, pero sí me iba a muchas páginas, entonces había que seleccionar. Y verano, pueblo, que tiene esa parte de placer que a mí me gusta mucho. Y a través de todos los veranos, llegó hasta el año sesenta y pico, incluso al futuro. Llegamos al 2046 en la novela, creo, al 2040 y algo, con unas proyecciones del futuro. Y por otro lado, el tiempo sí que está detenido en los veranos, porque el verano, acudir, regresar al pueblo, es todo lo contrario al turismo. Quiero decir, es profundidad y no global, lo banal que es el turismo de masas. Cuando tú regresas al pueblo, digamos que el pueblo te guarda memoria de ti en todas las etapas de tu vida. Te ves de niño de repente, te ves de adolescente, te ves de. Porque casi no cambia físicamente un pueblo. En la ciudad no pasa esto, ni aunque te quedes en tu barrio. Tú te quedas en tu barrio y te lo tiran abajo, te construyen otra casa, te lo cambian. No puede guardar esa memoria del lugar en los propios elementos, por así decirlo, arquitectónicos, las campas, los árboles. Entonces, un pueblo siempre te devuelve en todas las imágenes, tu existencia, siempre te devuelve tu propio reflejo. Y eso también te permite criticar tu vida o la del resto, en cierta medida, o medirla desde el presente con el pasado.
Elena Medel
Hablas del contraste con la ciudad. Tu novela anterior, Un tal cangrejo, se desarrollaba en Bilbao, y ahí casi, si ponemos las dos novelas al lado, tenemos este contraste, el niño de campo y el niño de ciudad. ¿Qué aporta este contraste? Somos un poco todos niños de campo y de ciudad.
Guillermo Aguirre
A ver, yo creo que, no sé qué porcentaje, pero muchos han perdido el pueblo de sus ancestros por diferentes ventas de casas familiares, desacuerdos entre primos, etc. Pero en el fondo, gran porcentaje de personas que hemos acabado en las ciudades o de hijos primos de pueblos de España. Por eso España, se habla de España, está vacía, porque en algún momento dado estuvo llena, todos esos pueblos estuvieron llenos de personas que emigraron a las ciudades. Entonces, en cierta medida, yo creo que ese pasado sí que resuena todavía en el carácter de todos nosotros y de nosotras, aunque residamos en las ciudades o aunque estemos en las ciudades, si tienes la suerte de poder regresar porque la casa persiste a tu pueblo, todavía resonará más. Pero incluso en aquellos hay una añoranza del pueblo. Yo hablo con gente que no la ha tenido, gente que ha leído la novela y no tiene pueblo, y me hablan de la casa que sí que hubo, que sus padres todavía iban o que pisaron, aunque fuera en un primeros años de su vida y luego se perdió, y me hablan con la añoranza de aquella casa perdida. Yo creo que respirar entre los dos espacios es la mejor de las posibilidades, si Puedes permitirte la ciudad pueblo, ciudad puebloNo, así no consigas envilecerte del todo con lo malo de cada uno de los sitios, si puedes cabalgar entre uno y otro.
Javier Gallego
Añoranza del pueblo, de los ancestros tiene nuestra siguiente invitada, una escritora sin la que no podíamos terminar este recorrido. Ensayista y amiga de este programa, fue colaboradora climática. Su mirada literaria ha mirado recurrentemente al pasado, no para ensalzarlo, sino para buscar soluciones a nuestros traumas presentes.
Marta Jiménez Serrano
Yo podía tacharme los ojos e imaginar aquellas cohortes de muertos celebrando un aquelarre, pero jamás había subido al cementerio. Podía verlos danzar, prestarse unos a otros los huesos como castañuelas un día de verbena y hasta propinarse besos de tornillo con sus lenguas de viaje. Pero no lograba pensar los quedos y ocultos tras los muros ni debajo de la tierra, Porque mis muertos, el conjunto óseo que yacía en aquel montículo, y no sólo mis familiares, eran culebrillas inquietas, siempre a punto de colárseme por los poros del cuerpo.
Elena Medel
Elaya regresa al pueblo de sus abuelos, Villasueño de las Flores Secas, topónimo fantástico para un pueblo real de la provincia de Córdoba, a escribir una novela sobre sus vidas reales y ocultadas, marcadas por la guerra, la dictadura y las penalidades del campo andaluz.
Javier Gallego
Tras los libros Vivir peor que nuestros padres y la lorquiana Huracán de negraspalomas, Azahara Palomeque regresa con su poesía rocosa con Pueblo blanco azul, publicado por Cabaret Voltaire, que tiene también resonancias lorquianas en el lenguaje, y algo también de Gómez Arcos, del que hablamos aquí, que publica la misma editorial Azahara, Crudos Díaz.
Azahara Palomeque
Crudos Díaz.
Elena Medel
Javier, ¿Qué tal?
Javier Gallego
Y también enhorabuena, como el resto, por la novela que acabas de publicar. ¿Por qué vuelve Elaya a Villasueño y qué se encuentra allí?
Azahara Palomeque
Elaya vuelve a Villasueño.
Javier Gallego
Elaya que se parece bastante Azahara.
Azahara Palomeque
Claro, porque Azahara vuelve a España, Zahara vuelve a España, Zahara vuelve a Andalucía y entonces Elaya vuelve La Villa, desde Estados Unidos, precisamente. Y Elaya vuelve a Villasueño porque quiere descubrir el pasado de sus ancestros, particularmente sus abuelos, Luciana y Antonio, durante la Guerra Civil y la primera posguerra, que era una época que me interesaba especialmente. Lo que pasa es que al volver, ella intenta meterse en ese pasado de cabeza y que no la molesten con el presente. Y luego se da cuenta de que no se puede vivir en el pasado completamente porque pasan cosas en el pueblo que la obligan a no poder escribir esa novela. Nosotros asistimos al proceso de escritura de Laia y de no escritura, de no poder meterse en esa ficción para entrar en ese pasado.
Elena Medel
Te sumerges en los archivos, en las tapias del cementerio, en las huellas de toda esa crueldad que hubo antes, incluso asesinatos de varias generaciones. ¿Qué persiste de aquella crueldad, en esa relación pasado presente? ¿Qué queda en el presente de todo eso?
Azahara Palomeque
Yo creo que queda mucha desmemoria. Precisamente todo este proceso de documentación que yo hago, que se ve en el trabajo que Laia hace, la periodista que lee archivos, documentos del pasado, que visita una fosa común, ese trabajo se ha hecho, pero muy poco. Lo que persiste del pasado quizás sea un dolor que está ahí, unas rencillas, unos silencios de estos silencios que yo los llamo elocuentes, porque tú sabes que el silencio está pesando de alguna manera, pero no se ha hecho demasiado trabajo de investigación o de arqueología como el que yo intento hacer en esta novela.
Javier Gallego
¿Y a ti qué te lleva ahí? Me has preguntado a todos los que han pasado por aquí, ¿Por qué esta añoranza de pueblo, de los abuelos, por qué la vuelta a lo rural y en tu caso? ¿Por qué?
Azahara Palomeque
Bueno, lo decía el compañero Guillermo, yo fui muy feliz en este pueblo cuando era niña. Iba siempre, todos los veranos, Semana Santa, vacaciones. Tenía un amor especial con mis abuelos. Y luego los 13 años que pasé viviendo en Estados Unidos, echaba mucho de menos ese pueblo, echaba de menos a la familia, echaba de menos ese paisaje, ese paisaje que no se mueve casi. Aunque el olivar haya cambiado tanto y ahora sea de regadío, sí que ha habido cambios. Y necesitaba entender de dónde venía, entender esos orígenes, que son los orígenes de muchos, porque somos hijos del éxodo rural y qué había pasado durante mi ausencia todo este tiempo. Y necesitaba también sanar el duelo porque yo no pude asistir a los entierros de mis abuelos. Entonces ahí se quedó una herida abierta que yo tenía que cicatrizar.
Javier Gallego
Una manera de despedirte de ello.
Azahara Palomeque
Exacto.
Elena Medel
Hablábamos antes con Luis y con Jaime del papel de las mujeres que siguen marcando el regreso a los pueblos. La abuela Luciana aquí es la encarnación de quienes nos cuidan. Y de hecho sus manos creo que son las que aparecen en la portada. ¿Quiénes son esas Lucianas que querías retratar?
Azahara Palomeque
Esas Lucianas, Las manos son muy importantes. Es una ilustración de Virginia Bersabé, que es una artista sevillana, y ella pinta siempre mujeres mayores. Mujeres mayores además, que hacen algo, que cosen, que cuidan, que cocinan. La abuela Luciana de alguna manera es esa mujer. Ella no estaba mucho tiempo en la casa, así que cuidaba de los hijos, pero se cuidaba en comunidad, con la tribu de la familia, porque pasaba mucho tiempo vendiendo pescado en el mercado de abastos. Era de las pocas mujeres que trabajaban fuera de casa. Entonces ahí hay una reivindicación también de todas estas mujeres que lo hacían todo, que un día estaban con los bebés, que un día estaban en la cocina, pero que otro día también estaban trabajando. Y de hecho mi abuela era como súper emprendedora y sabía perfectamente llevar un negocio, aunque no lo pudiera poner a su nombre.
Javier Gallego
Y lo cuentas con un estilo muy adornado, más que oral, dramático, como si el pasado quisiera declamar la injusticia letra a letra. Yo decía una poesía muy rocosa. ¿Cómo has construido esta narración a camino entre dos é pasado y presente? ¿Y por qué ese estilo tan duro, tan rocoso, tan trabajado, tan barroco?
Azahara Palomeque
Bueno, está trabajado y no parte. Es mi estilo que se ha desarrollado un poco en el exilio de otro país. Veo mucho de Lorca, la influencia de Lorca está. Está ahí. Y creo que hay una mezcla entre el registro oculto de Laia y todo el trabajo poético que yo he hecho antes. Tengo cuatro poemarios publicados. Entonces eso está ahí. Y también me interesaba mucho rescatar esta oralidad de los personajes, que puede ser muy poética. También el habla popular. Cuando yo iba haciendo este proceso de documentación e iba poniéndole voz a la narradora, tenía como un vocabulario en mente. Hubo un vocabulario que tuve que buscar, que es rural, que no era propio. Pero luego también hubo mucho vocabulario que me lo dieron los personajes. Si tú tienes un personaje que no ha estudiado, como la abuela Luciana, o como el abuelo Antonio, que nunca ha ido a la universidad ni al instituto, al final tienes que ver, para dignificar a esas personas, cómo se habla dentro del pueblo. Y eso también es poesía.
Elena Medel
Te he preguntado antes por el papel de las mujeres y le he preguntado antes a Luis y a Jaime por esta cosa de convertirse en un hombre en el pueblo, de la que también habla Guillermo. Tu abuela decía que debías ser valiente, que no es nada, comportarte como un hombrecito, decía. ¿Qué es hacerse un hombre en el pueblo?
Guillermo Aguirre
Bueno, en mi pueblo se valora una cosa que es echarle huevos a todo.
Javier Gallego
En tu pueblo y en muchos, Guillermo,
Guillermo Aguirre
hay que echarle huevos a todo. De hecho, es feo decirlo, pero en mi pueblo han perdonado. Hay gente a la que han echado del pueblo, literalmente, por diversas razones o por no echarle huevos a las cosas. Quiero decir, es tremendo, pero ocurre. Y han perdonado a otros con las mismas tendencias por las decirlo, por el mero hecho de echarle huevos. Luego, hacer cosas con las manos es algo muy importante. Leer, por supuesto, no, pero hacer cosas con las manos sí que es importante, tanto en el caso de ellas como de ellos. Pero aquel que no es capaz de aportar con sus manos, digamos que ni se convierte en una buena mujer, ni se convierte en un buen hombre. Y bueno, los pueblos son. Desde mi punto de vista, las mujeres siempre han llevado la casa. También se han encargado mucho de la prensa del lugar, que es llevar el boca a boca y mantener lo que se sabe de los demás, lo que se sabe de los que estaban antes de los difuntos. Pero también ellas han alimentado mucho cierta masculinidad. Quiero decir, la que tenía que ordenarse, el modo en el que. Y luego los pueblos, si tienes bar, el mío es muy pequeño. Si hay bar, son terriblemente masculinos, por el mero hecho de que el bar lo ocupa a los hombres. Entonces lo que ves es una caterva de hombres arremolinados en torno a una barra, bebiendo. Y casi casi no ves a las mujeres. Así que hacerse hombre quizás sea también hacerse alcohólico. Probablemente.
Javier Gallego
Bueno, pero también hay otras imágenes del hombre, por lo menos también en la novela de Azahara. Tú hablas de Luciana, tu abuela, pero también hablas de tu abuelo, un hombre trabajador que precisamente por su ideología, sufrió las consecuencias después de la guerra civil, y aún así salió adelante con esas manos.
Azahara Palomeque
Sí, sí, sí. De hecho, yo creo que en Pueblo blanco azul hay varios modelos de masculinidad. Está mi bisabuelo, el padre de Luciana, que era un señor bastante autoritario, que es como el pescadero. Claro, el empresario, porque controlaba varios puestos en el mercado. Y luego el abuelo, Antonio, que realmente era lo contrario, era un ser bastante bondadoso, muy generoso, muy desprendido con el dinero. De hecho era un desastre. Y eso es algo que se trata en la novela, el toma y daca que tienen. Siempre vamos a ser pobres. En parte porque era tan generoso. Y luego es un abuelo que fue represaliado, republicano. Él siempre decí soy republicano de Azaña, y preservó en la memoria esos ideales de la II República.
Elena Medel
Azahara, tú hablas de un pueblo que se topa con unos enormes cortes de agua, símbolo del abandono de la comarca. Y en Estival, según avanzamos hacia el futuro, tenemos una serie de incendios, y vemos cómo va aumentando el calor en ese pueblo. ¿Qué pasa con los pueblos y la crisis climática?
Guillermo Aguirre
Yo creo que la crisis climática pasa por los pueblos y por todas partes. No deja nada.
Javier Gallego
Sí, pero el abandono
Guillermo Aguirre
sí. Bueno, y luego el pueblo tiene su razón de ser. El clima es el eterno enemigo. Quiero decir, sin él. Si no ayuda desde siempre el funcionamiento. El fuego, el agua, son enemigos del pueblo, de las cosechas, quiero decir, son lugares que viven atentos a su espacio natural, y su espacio natural vive del clima. Entonces se hace mucho más señalado. Cualquier amenaza de ese tipo se convierte en algo mucho más importante, mucho más profundo que en la ciudad, que parece que puede llover, pero al final se empapa más o menos, o hace sol. Hace sol, pero sobre el mismo cemento, sobre el mismo ladrillo. No sé cómo explicarlo. La relación con el espacio natural es menor. En la ciudad no viven de ese clima.
Azahara Palomeque
Bueno, pasa otra cosa, que los pueblos también se convierten a veces en territorios, en zonas de sacrificio, o sea, que están ahí disponibles para los recursos que necesita la ciudad. Entonces también sufren mucho más.
Guillermo Aguirre
Ocurre más probablemente en tu zona que la mía es de minifundio, entonces es incapaz de producir latifundios.
Elena Medel
Esto está bien, no todos los pueblos son el mismo pueblo.
Guillermo Aguirre
Por supuesto, de latifundio, donde realmente se pueden producir desde alimentos a energías solares, a veces caen en una desgracia mayor. El mío, que es de minifundios, algo menos. Lo que más le acecha, por ejemplo, al mío, en verdad, es que se convierta en un. Está cerca de Bilbao, Es que se convierta en un. Al final, en una barriada de la ciudad, que eso también a veces con los pueblos cercanos a las ciudades también pasa y acabas viviendo en un barrio en vez de en un pueblo.
Javier Gallego
Pero al tuyo, Azahara, sí que le pasa, que la sequía y ese cambio climático le afecta. Y teniendo tú las preocupaciones climáticas que siempre has tenido, fue inevitable que yendo a buscar la raíz histórica, acabase encontrando tu raíz también climática.
Azahara Palomeque
Claro, porque yo Decía, ¿Qué hago? ¿Escribo una historia cerrada en el tiempo, donde todo es pasado y no pasa nada? Digo, no, si es que no podemos mirar al pasado ya de esa manera. Cuando tenemos una emergencia a las puertas de casa, que es la emergencia climática. Elaya va al pueblo y le cortan el agua. Y ella si no tengo las condiciones necesarias para la existencia medianamente cómoda, ¿Cómo voy a centrarme en el pasado?
Javier Gallego
El agua riega de distintas formas las dos novelas de Guillermo y Azahara. No todos los pueblos son el mismo pueblo. Ha sido un placer teneros con nosotros. Y a nosotros nos gustaría ir a tu pueblo, así que ya sabes, si quieres llevar, no tienes más que pedirlo.
Luis Mario Crudos Díaz
Carne Cruda tiene su propio estudio de
Marta Jiménez Serrano
radio, pero no ha parado de viajar. Hemos estado en Barcelona.
Javier Gallego
¿Barcelona comesteu, Bilbao para Chalmer,
Silvia Tejada
Valencia, tú saldres?
Javier Gallego
¿Cómo es Teu? Las Palmas, Gran Canaria, Crudas Tardes, Saúl, ¿Cómo estáis?
Luis Mario Crudos Díaz
Pamplona, A Coruña, Cáceres, Pontevedra, Teruel. Espera, ¿Y qué pasa con Sevilla, León, Albacete, Málaga, Santander, Badajoz, Murcia?
Silvia Tejada
¿Qué no nos llaman?
Luis Mario Crudos Díaz
Si celebráis un congreso, jornadas, charlas o cualquier evento en el que pueda sonar Carne Cruda, llamadnos.
Marta Jiménez Serrano
Haremos un programa en directo con público en el que hablaremos de lo que os importa en vuestra ciudad, pueblo o
Luis Mario Crudos Díaz
barrio con entrevistas, humor y actuaciones musicales.
Marta Jiménez Serrano
Escribe a publiarnecruda es y pídenos presupuesto.
Luis Mario Crudos Díaz
Queremos una gira, Carne cruda, Salud y república.
Javier Gallego
Y que la radio. Y después de estar con el presente de nuestras letras y hablar de algo del pasado, ahora llega el futuro.
Marta Jiménez Serrano
Estás entrando en.
Luis Mario Crudos Díaz
El oráculo de Silvia.
Javier Gallego
Bueno, qué maravilla de sintonía. Es que de verdad, por favor, ya estoy yo oliendo a incienso aquí.
Silvia Tejada
Sí, estamos ya en mi gabinete esotérico.
Javier Gallego
Me he puesto la posición del loto para escucharme.
Silvia Tejada
Bueno, pues aquí. Aquí estoy. La pitonisa de tus estanterías. Que sí, soy yo. Voy a abrir mi bola mágica y vais a saber lo que vais a leer sin vosotros saberlo.
Javier Gallego
Tres el inmediato, el intermedio y el lejano recuerdo.
Silvia Tejada
Aviso que hoy lo noto a la bola que algo le pasa. Tiene una energía así como.
Javier Gallego
Country, ¿No? Igual de pueblo. Vas a hablar Claro. Una energía campestre.
Elena Medel
Muy bien.
Javier Gallego
Muy bien traído. Muy bien. Fenomenal.
Silvia Tejada
Es como si quisiesais lejos. Si quisiera ir acá.
Elena Medel
Entonces cuéntanos, Cuéntanos qué ves en el futuro inmediato, querida pitonisa.
Silvia Tejada
Pues mirad, veo palabras, palabras y palabras. Muchísimas palabras. Ninguna existe, son palabras inventadas. Veo un diccionario que llevaba circulando 10 años entre un blog, un canal de YouTube y un libro en inglés que ha sido mi súper favorito los últimos años y que por fin acaba de ser editado en castellano por la editorial Capitán Swing. Gracias, Capitán Swing. Por fin.
Javier Gallego
Ya, pero ¿Qué es?
Silvia Tejada
Pues es el Diccionario de las tristezas sin nombre de John Koenig, traducido por Magdalena Palmer. Y lo que hace este señor es maravilloso. Inventa palabras para emociones que todos sentimos, pero que nadie había nombrado nunca.
Elena Medel
Oye, pero qué maravilla. Es como una real academia de las emociones.
Silvia Tejada
Totalmente, totalmente. Y cuando empezó a publicarlas, las palabras, empezó a escribirle gente. Oye, que esto que describes lo he sentido yo también, o sea que el diccionario se convirtió en una especie de archivo colectivo de melancolías humanas.
Javier Gallego
¿Cómo te quedas? Me parece una cosa preciosa. Muy apropiada para el día de hoy, que tiene que ver mucho con usted, además. Pero cuéntenos alguna de esas palabras.
Silvia Tejada
Pues a ver, en Nahuel aparece ahora mismo una de sus palabras más famosas, que es sonder. Y Connie cuenta que se le ocurrió parado en un semáforo, mirando los coches que pasaban. Y se dio cuenta que durante dos segundos veía a alguien cantar, alguien discutir, alguien pensar, mirando a lo lejos, mirando el móvil. Y luego desaparecían. Y entonces pensó cada una de estas personas vive una vida tan compleja y profunda como la mía, pero yo nunca la conoceré.
Javier Gallego
Qué vértigo, ¿No?
Silvia Tejada
Qué sonder.
Javier Gallego
Qué son, Marta.
Silvia Tejada
Luego está otra palabra muy buena, que es kenopsia, que describe la atmósfera inquietante y extrañamente vacía de un lugar que normalmente está lleno de gente. Por ejemplo, un bar de pueblo cerrado en invierno, una estación rural sin trenes, una escuela abandonada.
Elena Medel
Se está poniendo esto muy España vaciada. Muy rural, como viene a la bola.
Silvia Tejada
Le hemos dicho que tenía que ponerse un poco ruralista.
Javier Gallego
Muy kenóptico, te diría. Estoy utilizando bien el lenguaje.
Marta Jiménez Serrano
Y.
Silvia Tejada
Y luego está una palabra que es mi favorita de todas, que a mí me afecta muchísimo, que en inglés era gau, como de sonido de agua.
Elena Medel
Qué bien lo has hecho.
Silvia Tejada
Y Magdalena Parmer lo ha traducido como gloop, que es de tragar, ¿No? Es exactamente lo mismo. Y dice así un vacío en la psique que nunca puede llenarse. Un hambre sin fondo de más comida, más elogios, más atención, más afecto, más alegría, más sexo, más dinero, más horas de sol, más años de vida. Un estado de pánico a que todo lo bueno no sea arrebatado demasiado, lo que hace que queramos tragarnos el mundo antes de que él acabe tragándonos a nosotros.
Javier Gallego
Pues oye, igual por eso es mejor irse al campo.
Silvia Tejada
Eso, que no nos entre un otra vida. Igual.
Javier Gallego
Que no nos dé el gloop. Suenan otra vez las campanillas. Sí, estoy viendo otro futuro ahora.
Silvia Tejada
Ah, se me aparece el futuro intermedio.
Javier Gallego
A ver qué le dice. ¿Qué le dice?
Silvia Tejada
Veo un lugar tranquilo, tranquilo. Un país lejano, una calle silenciosa.
Javier Gallego
Bueno, no tan silenciosa.
Silvia Tejada
Es verdad, estamos en Corea. Lo que aparece. Lo que aparece en la bola es una novela que va a llegar en español dentro de unos meses, en mayo, y que se titula El taller de los dulces sueños hoy, de la autora coreana china.
Javier Gallego
Que vaya titulazo. Soy Diccionario de la tristeza sin nombre. El taller de los dulces sueños.
Silvia Tejada
Es que estoy así. Estamos así. Estamos así mismo.
Javier Gallego
¿Y de qué va esto?
Silvia Tejada
Pues la novela transcurre en un barrio escondido en Corea, donde existe un taller muy peculiar, que es un lugar al que acuden personas que no pueden dormir. Y lo regenta un hombre que ama dormir y que tiene el talento de poder hacerlo en cualquier momento.
Elena Medel
Qué envidia.
Silvia Tejada
Pues sí. Junto a él vive un búho muy simpático que tiene una habilidad muy rara. También se puede entrar en los sueños de las personas. Así que cuando alguien llega agotadísimo al taller, una estudiante con ansiedad, un oficinista que no deja de pensar, una mujer que no soporta su vida, se le ofrecen tres cosas muy 1 sillón cómodo, una taza de té y una conversación tranquila, sin prisas, sin estreses. Y poco a poco, mientras hablan de lo que les preocupa, los ojos se les empiezan a cerrar. Y es que este tipo de novelas están teniendo muchísimo éxito en Asia. Se llaman Healing Fiction o literatura sanadora y son libros donde no pasa nada, pasan muy pocas cosas, pero donde el lector encuentra calma.
Jaime Rivarango
Claro.
Elena Medel
Ideal para antes de dormir, por ejemplo.
Silvia Tejada
Exacto. Es verdad. Porque lo bonito de esta historia es que mientras lees sobre gente que no consigue dormir, tú te acabas relajando y durmiendo.
Javier Gallego
¿Y funciona?
Silvia Tejada
A mí sí.
Elena Medel
Libro perfecto para irse a la cama.
Javier Gallego
Uy. Una tercera campanilla.
Guillermo Aguirre
A ver, ¿Qué pasa?
Javier Gallego
¿Qué está pasando? ¿Qué ve?
Silvia Tejada
A ver. Me cuesta, me cuesta.
Javier Gallego
No, no. Inténtelo, inténtelo. Haga un esfuerzo, haga un esfuerzo. Venga. Agua. Agua. Vale.
Silvia Tejada
Tormenta. Mapas. Veo una isla que se ha transformado y estamos en el año 2119, o sea, un futuro lejano, lejano, muy lejano. Y en la bola me aparece uno de los grandísimos narradores británicos de las últimas décadas. Y ni más ni menos. ¿A qué os gusta? Bueno, pues autor de novelas como Expiación solar o Máquinas como José Beach.
Elena Medel
Dilo que me encanta.
Silvia Tejada
Chesilvich. Mi alamida favorita es Expiación. En estas novelas se suele mezclar sus temas con ciencia, política o ética. Y hace pocos meses ha publicado su última novela, que se llama What we can know. Lo que podemos saber.
Elena Medel
¿Y de qué va? Lo podemos saber.
Silvia Tejada
Lo podéis saber.
Javier Gallego
Lo que podemos saber hasta ahora.
Silvia Tejada
Por un lado, estamos en 2000. 2119, en un reino Unido donde el cambio climático ha transformado el paisaje y hay costas desaparecidas, territorios nuevos y un país que ha tenido que reaprender a vivir con el agua. Y allí vive un profesor obsesionado con encontrar un Poema perdido es el poema que un famoso poeta leyó en una cena en 2014 y que después desapareció. Así que este profesor pasa su vida investigando este misterio literario y de paso se pregunta por algo más grande. ¿Qué queda del mundo que conocíamos?
Javier Gallego
Una gran pregunta, de hecho, una pregunta que se ha planteado en el día de hoy. Y muy buena pinta el bueno de Iwan. ¿Cuándo podemos leerla?
Silvia Tejada
Pues si la abuela no se equivoca, que rara vez lo hace, lo normal es que termine llegando a España dentro de unos meses, probablemente en Anagrama, que es la lectura que suele publicar a McEwan. Y yo diría que en torno a septiembre, pero no está anunciada todavía.
Elena Medel
Que no descuajaringue su calendario editorial, que la abuela tiene que acertar.
Javier Gallego
Bueno, así que la abuela hoy ha
Silvia Tejada
dicho que en el futuro inmediato vamos a sentir una nostalgia tremenda que requiere de palabras inventadas, El diccionario de las
Javier Gallego
tristezas sin nombre de John Koenig.
Silvia Tejada
Y que en el futuro intermedio la literatura imagina pequeños refugios contra el ruido
Elena Medel
del mundo, El taller de los dulces sueños de Cho Eun Park.
Silvia Tejada
Y que en el futuro lejano la ficción seguirá preguntándose cómo queremos vivir en el planeta que viene en una nueva
Javier Gallego
novela de Ian McEwan, What We Can Know, a quien podéis ir leyendo mientras esperáis, por ejemplo, Expiación o Chesil Beach.
Silvia Tejada
Porque al final todas estas historias, las palabras inventadas, las casas para dormir, el cambio climático, giran en torno a una misma ¿Cómo queremos habitar este mundo?
Javier Gallego
Una pregunta muy ruralista, ahora que lo pienso. Silvia Tejada, pitonista de las estanterías. Hasta la próxima Evidencia. Y Evidencia. Y Marta Jiménez Serrano. Hasta el próximo cuento.
Elena Medel
Hasta el próximo.
Javier Gallego
Gracias por este trabajo de campo. Guau, guau. Impresionante.
Elena Medel
Es de esas tan malas que hacen gracia porque son malas, ¿Sabes?
Javier Gallego
Bueno, y a ti, si quieres habitar en un mundo en el que siga existiendo carne cruda, no te lo pienses más. Entra en Carnecruda es y hazte productor con lo que quieras o lo que puedas, que todo suma. Es el momento de que si no lo has hecho hasta ahora, lo hagas. Lo estamos necesitando más que nunca. Y hoy han venido a vernos cuatro yentas. ¿La habéis pasado bien? A ver, que no Se ha oído. ¿Lo habéis pasado bien? Un aplauso muy fuerte para despedir. Pues eso, volvemos mañana. Hasta entonces, salud y república y que
Silvia Tejada
la radio os acompañe.
Podcast: Carne Cruda
Host: Javier Gallego, con Elena Medel, Silvia Tejada, Marta Jiménez Serrano
Fecha: 16 marzo 2026
Este episodio de Carne Cruda explora el resurgimiento del "neorruralismo" en la literatura española contemporánea: la vuelta literaria (y vital) al pueblo, al mundo rural y a la memoria, plasmada en nuevas novelas y poesías. El programa analiza cómo los autores jóvenes revisitan, desmitifican y reescriben la nostalgia del campo, abordando temas de identidad, memoria oral, tradición, género, y pertenencia. Se presentan algunos de los libros y autores clave del movimiento, con entrevistas y lecturas de fragmentos. El episodio se mueve entre el realismo mágico y el realismo sucio, la leyenda y la dura realidad rural, y reflexiona sobre lo perdido, lo recuperado y lo que implica habitar —física o literariamente— un pueblo en la España contemporánea.
“Los pueblos vuelven al libro y los libros vuelven al pueblo. [...] Hablamos de realismo mágico y de realismo sucio y de realismo íntimo.” (Javier Gallego, 03:38)
Luis Mario Crudos Díaz (“Calabobos”)
"Siento que nos avergonzamos de lo tradicional porque está intrínsecamente relacionado con lo rural, y nos han enseñado que lo rural es tosco." (Luis Mario Crudos Díaz, 08:11)
"Lo poético se puede encontrar incluso en la violencia. El mar del Norte es bellísimo y a la vez violento." (Luis Mario, 11:33)
Jaime Rivarango (“Urraca, Urraquita, Urraquitita”)
"A día de hoy soy un gran defensor de la mentira que te ancla al suelo." (Jaime Rivarango, 16:31)
“En el pueblo eras un hombre cuando te dejaban llevar una navaja.” (Jaime Rivarango, 20:54)
Guillermo Aguirre (“Estival”)
“Hay una memoria de tus ancestros que te vincula directamente. [...] El pueblo te devuelve tu existencia en todas sus imágenes.” (Guillermo Aguirre, 31:31)
Azahara Palomeque (“Pueblo blanco azul”)
“Lo que persiste del pasado quizás sea un dolor que está ahí, unos silencios elocuentes.” (Azahara Palomeque, 39:19)
“Hay que reivindicar a todas estas mujeres que lo hacían todo, dentro y fuera de casa.” (Azahara Palomeque, 41:14)
Masculinidad y feminidad en el pueblo:
El papel de la oralidad y la memoria colectiva (“teléfono escacharrado” de las historias familiares).
El choque entre la magia y la crudeza, la "desidealización" del pueblo, frente a la visión romántica.
Crisis climática y abandono:
"Los pueblos se convierten a veces en territorios de sacrificio, disponibles para los recursos que necesita la ciudad." (Azahara Palomeque, 47:25)
Luis Mario Crudos Díaz sobre el idioma y el orgullo local:
“Cada día me cago en Dios al menos una vez, como reivindicando la tierra. [...] Siento que me faltaba esa palabra en el diccionario.” (13:10–14:28)
Jaime Rivarango sobre la memoria y la mentira en la tradición oral:
“A día de hoy soy un gran defensor de la mentira que te ancla al suelo, sobre todo como actor que soy.” (16:31) “La nostalgia sí es una mentira en la que yo no creo, porque te predispone a pensar que el tiempo pasado fue mejor y el actual es peor.” (18:59)
Sobre el papel de las abuelas como coautoras invisibles:
“Mi abuela Conchita, que para mí es coautora del libro… Hemos estado siempre escuchando narrar a nuestras abuelas, solo que ahora las editoriales nos están permitiendo darles voz.” (Luis Mario Crudos Díaz, 25:07)
Sobre la construcción de la masculinidad rural:
“En el pueblo eras un hombre cuando te dejaban llevar una navaja” (Jaime Rivarango, 20:54) “La violencia es pública, pero el amor, o todo lo que se parezca, es privado” (Luis Mario Crudos Díaz, 22:41)
Sobre la memoria y el espacio:
“Hay una memoria de tus ancestros que te vincula directamente. [...] El pueblo te guarda memoria de ti en todas las etapas de tu vida.” (Guillermo Aguirre, 31:31)
Las mujeres rurales según Azahara Palomeque:
“Mujeres que cosen, que cuidan, que cocinan, pero también trabajan fuera. [...] Mi abuela era súper emprendedora.” (Azahara Palomeque, 41:14)
Sobre la crisis climática y el abandono:
“Los pueblos también se convierten en zonas de sacrificio, disponibles para los recursos que necesita la ciudad.” (Azahara Palomeque, 47:25) “El clima es el eterno enemigo. El fuego, el agua, son enemigos del pueblo… la relación con el espacio natural es mucho más profunda que en la ciudad.” (Guillermo Aguirre, 46:45)
“Inventa palabras para emociones que todos sentimos, pero que nadie había nombrado nunca.” (Silvia Tejada, 51:39)
En suma: Un viaje coral, apasionado y rico por la nueva literatura rural, rescatando tanto la belleza y la dureza del pueblo, y poniendo en el centro la voz de quienes nunca la tuvieron: abuelas, mujeres, emigrantes, detenidos en el tiempo y el espacio.
“¿Cómo queremos habitar este mundo?” (Silvia Tejada, 58:25)
Para profundizar: