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Diana Uribe
Este programa viene a ustedes gracias al patrocinio de los Patreons. Patreons es una plataforma en donde la gente dona desde $5,200 mil pesos mensualmente para que un proyecto sea posible y que hacen posible los programas de libre creación del podcast de dianauribe FM. Entonces, lo primero es contarles que estos programas existen gracias a los Patreons. Lo segundo es invitarlos a que continúen ayudándonos, a que las personas que todavía no saben que esta posibilidad existe se unan y nos ayuden y nos colaboren. Agradecerle a las personas que han sido tan firmes con nosotros en todo este tiempo y a invitarlos a que crezca. Invitarlas también a que crezca esta comunidad cada vez más y con ella todas las posibilidades de la libre creación. Buenas. Hoy vamos a hacer uno de varios programas de nuestra serie de años 6. Vamos a hablar hoy de los 30 años de la publicación del libro de William Ospina y Dónde está la franja amarilla. También otro de los programas del año vi que vamos a hacer es sobre el centenario del nacimiento del gran Miles Davis. También vamos a hablar en nuestro año vi de la película Metrópolis de Fritz, porque el imaginario de la película era el dos mil veintiséis. También vamos a hablar de los doscientos cincuenta años de la independencia de los Estados Unidos. También vamOS a hablar de la memoria de la Guerra Civil española. También vamos a hablar de la dictadura argentina. También vamos a hablar de los poetas de la Guerra Civil Española, porque es una época muy impresionante. Entonces vienen, digamos, los programas del año 6 como hacemos todos los años que hicimos el año 5 y el año 4. Entonces el primero es el de la franja amarilla. Y resulta que hace 30 años el escritor William Ospina, que es el que ha escrito la trilogía de las novelas de la Conquista, Urzúa, el país de la canela Premium, Rómulo Gallegos y la serpiente sin ojos, también El país del viento, también Las auroras de sangre, En busca de la Colombia perdida, una de mis favoritas, El verano que nunca llegó, que es como surgieron los monstruos en la literatura europea, Los románticos y El futuro, es uno de nuestros grandes escritores y hace 30 años escribió un libro que fue publicado en marzo de 1996 y que se divide en cuatro ensayos lo que le falta a Colombia, Colombia, el proyecto nacional y La franja amarilla. Y sobre Estanisla o Zuleta, otro de nuestros grandototes, La amistad y el saber de esos que estamos hablando hoy, de ese libro, para que lo lean, el Ochismo 100, que salió una edición de 30 años conmemorativa. El texto tiene un contexto muy complicado, porque pues hace 30 años Colombia estaba en 1996 y era una época bien, bien complicada, porque era la época, estábamos en el proceso 8.000, que fue todo este cuestionamiento histórico de la legitimidad del gobierno de Ernesto Samper por dinero del narcotráfico, que fue un proceso muy complicado en su campaña presidencial. También fue la época en que la comunidad internacional nos aisló y quedamos fuera, mejor dicho, fuera del mapa. También era la época en que los grupos armados estaban en un altísimo nivel de confrontación de todos los lados, tanto los grupos, pues todos los grupos alzados en armas y todos, las FARC, el ELN, los paramilitares, el ejército, el desplazamiento masivo. Era una época en que el país no podía mirarse sino desde la exacerbación de la violencia como forma de tramitar las diferencias. Y eso llegaba a ser una narrativa tan angustiosa que parecía la única narrativa de país que podíamos tener. Porque además, noticiosamente hablando, en esa época yo estaba en los noticieros, era una cosa totalmente agobiante,
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de caña, de las cañas de mis valles. Y era ni caña, no me den trago extranjero, que es caro y no sabe bueno, porque yo siempre prefiero lo de mi tierra primero.
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Y resulta que justamente en esa época, cuando las cosas parecían tan difíciles, tan complicadas, en ese momento es cuando también están los terciopelados. Es el rock en español, es cuando se estrena la película La estrategia del caracol, que abre la puerta al gran cine que nosotros estamos haciendo hoy día. Es la época de la telenovela más exitosa de todos los tiempos en nuestra historia, Café con aroma de mujer, que hasta la pasaban en la radio para que no se la perdieran en el Congreso, cuando había reuniones. Fue cuando empezamos a hacer nuestras historias propias, siempre las hemos hecho, pero cuando empezaron a verse a nivel mundial. Y entonces aquí se plantea una paradoja, y es cómo un país puede producir tanta belleza, tanto talento, tanta creatividad, pero no los puede traducir en un proyecto político y social colectivo. William Ospina se da a la tarea de tratar de explicar esa paradoja y más allá de explicarla, buscarle una salida histórica posible. Por eso es como tan interesante este
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texto en esta tierra es una maravilla que hay Tan galando que es Finilla Bruno, Cumbia Escuadinas, Te vas, te vas y no la vida, Los malos del cartel, Virgen del Carmen, gringos, go Regina 11 Pobre Colón de reventa desnuda, Fría y hambrienta, A diario tan descontenta con la crisis turbulenta también Germina ya Para el bien, Germina ya.
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Lo primero cuando hablo, hablaba de lo que le faltaba a Colombia, era esta búsqueda permanente de identidad. Entonces decía ¿Colombia quién es? Entonces decía Colombia es hija de la revolución francesa, reivindica, es herencia, pero al mismo tiempo tiene una sociedad con una cantidad de herencias señoriales y coloniales de las épocas del imperio español. Dice que es una confusión identitaria y habla de una serie de conceptos. Uno es la impostura. La impostura en William Ospina, en La franja amarilla quiere decir el tomar modelos de otros pueblos, de otras sociedades, sin hacer una reflexión propia sobre cómo esos modelos pueden implementarse en Colombia. Entonces eso dice que nos acerca a fórmulas ajenas que aquí podrían o no implementarse pero tienen que adaptarse a contexto que nosotros somos. Entonces dice que eso nos ha impedido muchas veces encontrar una voz propia. También hablaba de cómo había habido un personalismo, una forma de individualismo que hacía que los intereses privados primaran sobre los intereses colectivos y que por eso no podíamos mirar por encima de nuestro nicho más inmediato. También hablaba, y esto lo hemos dicho varias veces, de las negaciones y de la fatalidad colectiva. Lo hemos dicho varias veces porque digamos, cada colombiano cree que individualmente la logra toda, que eso le va a pasar de todo, que eso, mejor dicho, la maravilla, pero que como la colectividad no somos capaces de grandes logros. Entonces él habla también de la negación de los problemas de la diversidad y la negación del otro y de los problemas colectivos hace que sea mucho más difícil resolver los ciclos y que se perpetúan los ciclos de crisis. Entonces dice que esto está ligado, que esa negación del otro genera una desconfianza no solamente del otro, sino de nosotros mismos como sociedad y como tejido social y que eso hace que no tengamos la capacidad, no hayamos desarrollado todavía la capacidad de confiar colectivamente en nosotros como país y como sociedad. Luego habla de la exclusión histórica, de la exclusión de relato hasta 1991 cuando hicimos esa tremenda Constitución en época de conflicto y a partir de una cosa tan impresionante como la séptima papeleta y un encuentro de todas las diferentes fuerzas históricas del país para crear una Constitución que nos representara, que eso es un hecho muy importante y nosotros tuvimos un programa sobre eso también en nuestra serie de años. Entonces resulta que ahí, en esa Constitución es donde nos reconocemos por primera vez como un país pluriétnico y multicultural, un reconocimiento muy, muy tardío, pues se estaba acabando el siglo XX y nosotros desde el principio somos así, sino que habíamos tenido una Constitución que solamente consideraba una única voz, que creía representar a todo el mundo y en realidad era una única voz. Entonces decía que esta esta exclusión sistemática de la historia de los pueblos indígenas, que son nuestros antepasados, de la historia de los pueblos afrodescendientes, que son el 25% de la población del país, y donde viene una gran fuente, casi infinita de nuestra creatividad cultural, musical, poética, histórica de las mujeres que hemos tenido un largo camino, que yo les conté cuando, estimados señores, el larguísimo camino que hemos tenido nosotras para poder llegar a votar y a ser elegidas como ciudadanas. Entonces dice, esta exclusión sistemática de diferentes grupos ha perpetuado muchas formas de injusticia, de injusticia moral y de injusticia social, que hace que sea difícil una construcción de propia valía. Y en eso es cheverísimo ver uno como las comunidades afro en los Estados Unidos, a partir de Stoke Carmichael decía está muy bien que cambien las leyes, está muy bien que hagamos el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King, pero complementariamente a eso tenemos que crear un sentido de propia valía para podernos creer lo que somos, porque si no nos vemos solamente en el relato de haber llegado esclavizados América y no de los grandes reinos africanos y de la gran cultura africana que quedó atrás en ese proceso tan doloroso. Entonces se dan a la recuperación de eso en todo, en las telas, en la música, en los afros y en el movimiento musical del soul. Entonces ese sentido de una identidad que genere propia valía, de un espejo que nos haga sentirnos, digamos, contentos con nosotros mismos y nuestra propia identidad, es una construcción histórica de largo plazo en la que todavía estamos. También habla del estado paradójico, porque dice que es un Estado que no logra proteger a los ciudadanos, pero que sí puede llegar a generar persecuciones, entonces no termina de cumplir su función que dice en la Constitución que debe proteger a todos los ciudadanos. Entonces él empieza a analizar diferentes aspectos de esta reflexión que él hace y nos va a llegar a la propuesta de la franja amarilla que es a la que estamos mirando hoy, 30 años después, en nuestro año 6. Resulta que la bandera de Colombia tiene una franja amarilla, que es la más grande, tiene una franja roja y una franja azul como muchas otras banderas del continente. Pero entonces resulta que el nivel de polarización de la cultura política que se ha construido en Colombia en diferentes períodos de su historia hace que haya habido permanentes enfrentamientos durante mucho tiempo entre el partido conservador y liberal, que eran enfrentamientos acérrimos pues nos llevaron a niveles de violencia muy grave y a la guerra de los mil días, después entre el comunismo y el Estado, diferentes formas de enfrentamiento. ¿Entonces la metáfora que hace él es que el rojo y el azul son la polarización que hemos tenido durante tanto tiempo en Colombia, le hace partidista o de diferentes fuentes, pero que en la mitad debería haber una franja amarilla, dónde está la franja amarilla? El punto de encuentro donde podamos hablar. Y esa idea es tan interesante y en la franja amarilla es la metáfora de todo lo positivo y lo maravilloso que nos enorgullece de Colombia. William Ospina decía en esa época que en lo único que hay un acuerdo absoluto entre todos los colombianos es en la belleza de nuestro territorio, o sea, nadie puede discutir que este país es divino, divino, pues un país que tiene dos océanos, selvas, bosque tropical seco, bosque tropical húmedo, tres cordilleras, llanuras enormes, ríos gigantescos, que tiene la diversidad más grande de aves, toda la biodiversidad de nosotros, segundo país más biodiverso en la tierra, que tiene páramos que son unas formaciones rarísimas que muy pocos países en el mundo tenemos, que usted coge una carretera y en cuatro horas de carretera le ha pasado de todo, ha cambiado de climas, de aromas, de olores, de flores, de vegetación, de alimentación, de pueblos, de culturas. Entonces empieza a mirar por ahí. Nosotros hicimos dos temporadas de ferias y fiestas contando la diversidad de nosotros, desde el Carnaval de Barranquilla, el Carnaval de Blancos y Negros, pasando por el Festival Vallenato, por el Mono Núñez, pasando por los tambores de Palenque. Nosotros hicimos también temporadas de Mitos y Leyendas del Mohán, que nos recorre de un extremo a otro de Colombia, y hablamos de la Patasola y de la Madre Monte, y hablamos de todas estas leyendas que son tan importantes en nuestro relato colectivo. Eso también es parte de la Franja Amarilla. Y entonces hablamos de la literatura, porque es que nosotros somos. Aquí fue donde nació Gabriel García Márquez y los grandes escritores que hoy Juan Gabriel Vázquez, Laura Restrepo. Nosotros tenemos escritores de un tamaño, y también tenemos gente como Doris Salcedo, y también tenemos gente como el maestro Fernando Botero, que nos ha puesto en el mapa del mundo. Y nosotros tenemos en el arte y una gran cantidad de exponentes, y tenemos en la ciencia a Diana Trujillo en la NASA. También tenemos entre las comunidades indígenas cientos de naciones y de lenguas que tienen cosmovisiones y saberes que hoy son saberes vivos y que tienen muchísimo que aportar y que no han sido tenidos en cuenta en el relato colectivo ni en la escolaridad. Eso debería saberse, o sea, nosotros deberíamos estudiar todas las lenguas de los pueblos, de los Kogi, como relato colectivo de país, saber que es la línea negra, dónde están los NASA, donde están los Misak. Uno de los rasgos culturales más significativos es nuestra amabilidad y nuestra hospitalidad y nuestra capacidad para acoger a quienes llegan a esta tierra.
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Solo un planeta tenemos. Mi corazón se levanta por él. Una tierra, un corazón Todas las luchas por su liberación. Paz con la naturaleza La Casa Grande celebra.
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Entonces él nos plantea un lugar, un lugar donde está todo esto, toda la Colombia que sí hicimos, toda la Colombia que sí construimos, toda la Colombia de las comunidades científicas, de las universidades, de los pueblos, en los territorios que han desarrollado tantas formas nuevas de entender la tierra y ayudarnos a entenderla. Hay una Colombia donde nosotros estamos de acuerdo en lo maravillosos que somos. Y esa Colombia queda en la Franja Amarilla. Entonces la idea es que nuestras diferencias no se diriman en el terreno de la violencia, porque en el terreno de la violencia nosotros no hemos sacado absolutamente nada. Cada uno de los ciclos de violencia que hemos vivido nos lleva al mismo resultado, una gran cantidad de víctimas, un montón de heridas históricas que pasan a las siguientes generaciones y no cambia nada, ni se entiende nada, ni se conceptualiza de una mejor manera. Porque si todas esas formas, esos momentos de crisis nos hubieran servido para hacer otro tipo de lectura que nos llevara a otro lugar y que nos hiciera otro tipo de análisis, pues uno dice bueno, pues aprendimos de nuestros errores, pero cada ciclo de violencia perpetúa las exclusiones sin que eso nos lleve a ninguna parte. Entonces ¿Cómo escapar de esos ciclos? Y es traducir a lo político lo que tenemos tan claro a nivel cultural, que es la Franja Amarilla, o sea, la Franja Amarilla es un punto de diálogo, un punto de encuentro,
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una tierra para cuidar
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una vida para sembrar
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una tierra para cuidar
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una vida para sembrar
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paz con la naturaleza.
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La mayor revolución, dice William Ospina, es reconocer al otro, es entender que el otro tiene el mismo derecho de existir, de pensar, de creer que yo tengo, que su origen histórico o cultural es tan válido como el mío, que su manera de ver el mundo es tan importante como la mía. El reconocimiento del otro es la base de poder construir un modelo diferente de país, de encontrarnos a dialogar, de podernos mirar el uno al otro y darnos otro tipo de referentes históricos. Entonces él decía que el proyecto de la Franja Amarilla tendría que reemplazar la lógica del beneficio individual por una lógica de beneficio colectivo. Colectivo quiere decir que todos los sectores se sientan representados en lo acuerdos que podamos hacer y que cada uno asuma la responsabilidad de un destino propio. Dice que no se trataría de imitar modelos externos, o por lo menos no imitarlos sin realmente reflexionar y apropiarnos desde nuestra propia cultura. Dice que la propia valía no es arrogancia, es el punto de partida de toda transformación genuina. Y eso históricamente es muy importante porque los pueblos que han logrado llegar a conocerse han construido un sentido de propia valía a partir del cual pueden llegar a un relato colectivo que los incluya, los refleje y los empodere. La falta de propia valía nos hace terriblemente vulnerables frente a nosotros mismos y frente a las comunidades internacionales. Porque si usted llega al aeropuerto con una conciencia de inferioridad histórica, pues a ver cómo lo van a tratar, pues como lo tratan. Pero es que usted lleva eso en la cabeza, que era lo que nos decía la gente del Black Power en Estados Unidos. Si usted mismo se la cree, pues así mismo lo ven. Entonces el sentido de propia valía es una construcción histórica urgente y necesaria para nosotros. Entonces él habla de tramitar las diferencias políticas regionales con diálogos y no con violencia, porque hay sociedades que han logrado tramitar sus diferencias en un terreno de la discusión política, pero no de la violencia no se eliminan, las contradicciones se tramitan de otra manera. La gente es diversa, pero esa diversidad no tiene que llevarnos ni a la violencia ni a la intolerancia. La diversidad enriquece y la biodiversidad de este país y la diversidad cultural es absolutamente increíble hoy por hoy, cuando viene gente del mundo entero. ¿Porque ahora viene gente del mundo entero? Porque en estos pasamos del aislamiento tan grande en que llegamos a estar en los años 80 y 90, que por aquí no venía nadie, a ser uno de los corazones de Latinoamérica, a ser uno de los países que recibe la mayor cantidad de turismo, a que la gente quede asombrada de nuestros páramos. Hicimos un proceso de paz importante, hicimos los acuerdos de La Habana y en los acuerdos de La Habana se despejó, primero nos sentamos a dialogar y pudimos hablar y medio país es posible por esos acuerdos, una gran cantidad de lugares que antes no podíamos conocer, hoy los podemos ver, hoy los podemos recordar y hoy el mundo entero viene a mirar nuestra diversidad. Estamos en un proceso. La idea es poder escuchar al otro sin etiquetarlo, porque cuando tú etiquetas al otro no lo estás escuchando, estás poniéndole la máscara de lo que tú crees que el otro va a decir, por eso no te permite escucharlo, digamos, es como la polaridad generalmente es como una máscara, una máscara que se le pone a la otra persona, que no nos permite ver el rostro de la otra persona, ni su opinión, ni lo que cree, sino la máscara que nosotros tenemos de la otra persona. Es una yuxtaposición de identidad sin conocer la identidad del otro, a partir de mi propia idea de lo que es el otro. Entonces la idea de poder escuchar sin etiquetar, de poder establecer una relación directa y que la negación de la diversidad no sea la manera como perpetuamos los ciclos de violencia que se han multiplicado en diferentes ocasiones, porque siempre se etiqueta al otro como aquel distinto a mí, aquel que no piensa como yo, pero el otro son los amigos, la familia, el parche, o sea, es que el otro no es el otro el alienígena por allá, no, el otro es el amigo, es la mamá, es el hermano, es el primo, en la mera misma familia donde hay que aprender que la gente puede pensar como quiera dentro de un mismo núcleo familiar. Y eso no lo hace ni menos hermano, ni menos primo, ni menos tío. Los lazos biológicos no están determinados por las condiciones ideológicas de los miembros de una misma familia. Entonces la idea es poder establecer este tipo de vínculos y de lazos. Y Colombia, digamos, de esa época ahora pues hemos hecho un avance infinito. La Colombia que sí hicimos, las universidades que sí construimos, las figuras como Piedad Bonet, todos nuestros grandes María Isabel Urrutia que se ganó la primera medalla de oro, ganamos la primera Copa América en el 2001. Los escarabajos Nairo Quintana, Rigoberto Urán y Edgar Bernal conquistaron los grandes tours. En esa época era imposible, nosotros apenas nos habíamos ganado una Vuelta a España, pero ya nos ganamos un Tour de Francia, ya nos ganamos un Giro. Mariana Pajón ganó la medalla olímpica en BMX. Katherine Wargüenz, Corinó en el Mundial de Atletismo. Nuestra selección deslumbró y sigue deslumbrando, afortunadamente. Shakira es conocida a nivel mundial, abre los mundiales, por ejemplo, J. Baldwin rompe todos los récords de streaming. Karol G nombrada la mujer el año en el Billboard del 2024. Diana Trujillo en la NASA con la misión Perseverance en Marte. Liliana Villarreal que es directora de aterrizaje y recuperación para la misión Artemis II de la NASA. Entonces nosotros seguimos construyendo país y seguimos construyendo una gran cantidad de relatos, pero el haber estado enfrascados tanto tiempo en los relatos de la violencia hacía que no pudiéramos ver más allá de esos horizontes y que el hablar de todas estas cosas que nos unen sonara como que estábamos rehuyendo hablar del verdadero conflicto. A nosotros nos unen muchas cosas. La rumba está en todas partes y está en todos los carnavales. La gastronomía que es una marca de identidad para nosotros de lo más fuerte y es lo que más extraña a la gente cuando vive en la diáspora, es la papa criolla. Si, esto es de las cosas que más hace falta. Es también todo eso. Son todos los rasgos culturales que nos unen y que nos identifican los unos a los otros y que nos convocan. Muchas veces parecía así, que sonaba superficial hablar de nuestros logros y soñaba realista y presente hablar de nuestras violencias. Resulta que nuestras violencias no son nuestro único relato, ni es el único lugar que hemos habitado. Y hay muchas más historias de países. Y esas muchas más historias de país es donde está la franja amarilla.
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Voy a crear un canto Para el cielo respetar Para mover las raíces de este campo y hacerlo brotar Para mover las aguas y el veneno verde que hay por ahí Para el espíritu elevar Y dejarlo vivir en paz. Yo no nací sin causa, Yo no nací sin fe. Mi corazón pega fuerte para gritar a los que nos mienten. Así perseguí a la felicidad Y así, perdón. Perseguir a la felicidad, que es un derecho de nacimiento, es el motor de nuestro movimiento. ¿Por qué reclamo libertad de pensamiento? Si no la pido es porque estoy muriendo. Es un derecho de nacimiento. Mira los frutos que dejan los sueños En una sola voz, un sentimiento Y que este grito limpie nuestro viento. Voy a crear un canto para poder exigir.
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Entonces, 30 años después, William Ospina nos hizo una ¿Y dónde está la franja amarilla? Y esa pregunta es una invitación. Esa pregunta es una invitación a que construyamos la franja amarilla. ¿Dónde está el sentido de nuestra propia valía? ¿Donde está lo que nos une a los colombianos? ¿Donde está Lo que nos convoca? Nosotros tenemos unos caracteres culturales, colectivos que son absolutamente nuestros y que se notan en cualquier parte del mundo. La gente cree que nosotros, los colombianos, nosotros creemos que no tenemos identidad y tenemos una identidad muy poderosa y muy fuerte. He trabajado muchísimo en esta época en la diáspora y la gente se lleva una Colombia en una nostalgia increíble, independientemente de que les vaya muy bien en otros países y en otras sociedades. La nostalgia de esta colombianidad, de esta amabilidad, de esta manera de tratarnos, de que si descansaste, que si dormiste buena noche. Yo trabajado, he viajado muchos años con grupos de colombianos por el mundo y resulta que cada vez que viajo con grupos de colombianos siento la calidez, el respeto, la alegría de viajar con colombianos. Y como somos distintos a las diferentes culturas de la tierra, a partir de una alegría inherente y de una amabilidad y de una manera de tratarnos que es muy propia y muy particular, la manera como nos saludamos, la manera como nos miramos. Entonces hay muchas cosas que son comunes a la colombianidad. Una construcción de identidad que cada día nos muestra más la riqueza de lo diverso. Nosotros tenemos cosmovisiones muy complejas, como la línea negra de la Sierra, nosotros tenemos chiribiquete, eso no lo habíamos descubierto y esa sí es el protagonista de la Franja Amarilla, Chiribiquete, que porque eso cambia la historia y el relato de este continente. Nosotros tenemos San Agustín, nosotros tenemos un mundo por explorar, porque cada vez aparecen más y más informaciones sobre el mundo prehispánico, que son absolutamente vitales para poder empezar a construir cada vez más una historia de quiénes somos y quiénes son nuestros ancestros. ¿Cada vez más los pueblos afrodescendientes nos revelan toda la riqueza cultural en todo sentido, riqueza de conocimiento, de saberes, de cultura, de música, que nos genera una identidad colectiva, o sea, uno habla de Joe Arroyo, habla de Totó La Moposina, uno habla de Herencia de Timbiquí, uno está hablando de todos esos grupos que a nosotros nos han representado y nos representan, y también de gente tan innovadora como Sistema Solar o como digamos, o como Bombesterios, todo eso seguimos siendo nosotros, y que es sin una representación musical de nuestra diversidad en todos los ámbitos y en todos los diferentes ritmos? ¿Entonces, 30 años después, la pregunta sigue siendo válida, la construcción sigue siendo válida? Y el sentarnos a hablar desde reconocernos en el otro y en nosotros mismos, esto que dicen los africanos, que hemos hablado eso en otras ocasiones, que se llama el ubuntu, que es la base del proceso de paz en Sudáfrica, con la caída del apartheid, porque el apartheid en Sudáfrica se trataba del desconocimiento total, absoluto, radical del otro, hasta llegar a leyes que lo apartarán de la sociedad y que lo segregaran y que lo confinaran. Entonces para desbaratar el apartheid había que hacer el país del arco iris, y para hacer el país del arco iris había que reconocer al otro. Entonces hay una vieja tradición de los pueblos swahili, de los pueblos del África, y es el ubuntu, y el ubuntu lo que significa es que la dignidad es algo compartido. Mi dignidad no es solamente un acto individual, sino que mi dignidad se verifica en la medida en que yo reconozco la dignidad del otro. La manera como yo trate al otro, es la manera como yo me considero digna a mí misma. Ese principio de la identidad compartida fue el principio con el cual empezaron el reconocimiento del otro en el apartheid, porque el desconocimiento del otro los había llevado al extremo del extremo, del extremo del relato más racista, excluyente que hubo en la historia del planeta en la era moderna, que era el régimen de la parte de Sudáfrica. Pero los surafricanos después de tanto tiempo metidos en esa dinámica, descubren que eso no los va a llevar a ninguna parte y que eso no puede generar un proyecto de país y se sientan a mirarse y al mirarse se encuentran ellos tienen 11 lenguas oficiales, o sea, eso sí que es un país diverso, que ni siquiera se entiende los idiomas, cada vez que uno sale de una región uno cambia de etnia, cambia de geografía, cambia de lenguaje y cambia de cultura y se sentaron a mirarse desde su propia diversidad y por eso dijeron que es el país del arco iris, pues entre el arco iris y la franja amarilla hay una serie de similitudes porque nos lleva a un lugar comunicado en donde podemos reconocernos en nuestra diversidad y en nuestra diferencia. Entonces, 30 años después, el relato de William Ospina que fue hecho en un contexto muy particular, en un momento muy particular y si uno lee el texto se encuentra inmerso en la Colombia de esa época, en el lugar y en el momento donde él escribió eso, con los referentes, con lo que los escribió y con las categorías con las cuales él se muestra en los los cuatro ensayos que constituyen el libro. Pero la pregunta 30 años después sigue siendo tan válida y se ha venido construyendo en el tiempo que nos parece muy interesante empezar nuestra serie del año 6 con una pregunta dinámica en movimiento, una pregunta en construcción y una pregunta que nos convoca a sentarnos en un lugar diferente a los colores que nos polarizan, en un lugar diferente a que la razón esté exclusivamente de un lado o exclusivamente del otro, o que sólo un proyecto sea válido y el otro no, o que ningún proyecto que no sea aquel que yo considere puede tener ninguna validez en ningún sentido, sino encontrar ese lugar y ese lugar es la franja amarilla. Entonces nos ha parecido interesante 30 años después celebrar este análisis de William Ospina y mirarnos en la franja amarilla, en nuestra diversidad, en nuestra riqueza, en nuestra capacidad para querernos, para amarnos, para ser amables, para ser hospitalarios, para ser amorosos los unos con los otros y aprender de estas historias y de estas preguntas para plantearnos otro tipo de país y otro tipo de encuentro a partir del diálogo de todas las diferencias y de todas las diversidades. Por eso empezamos con nuestra serie del año 6 hoy contándonos la pregunta que hace 30 años nos dijo William Ospina, pero es que nadie la había hecho antes y no la han hecho después. ¿Donde está la franja amarilla para ir construyéndola y para ir pintándola primero que todo en nuestros corazones, en nuestros primeros y principales núcleos familiares y hacerla extensiva a toda esta Colombia diversa, pluralista que nos caracteriza y que nos enriquece? Entonces desde los espacios de los encuentros, del diálogo, del reconocimiento del otro, de la diversidad, de la pluralidad, de la riqueza de nación, de pueblos y de culturas y desde la construcción histórica cultural de la franja amarilla en la narración de Ana Uribe y para ustedes, buen día, cualquier día que ese sea. Este podcast fue grabado en Los Gatos Estudios y fue posible gracias al equipo de dianauribe FM, que está integrado por Diana Uribe, Diana Suárez, Milena Beltrán y la edición y musicalización de Eduardo Corredor Fonseca en la investigación Arturo Jiménez.
Host: Diana Uribe
Date: June 27, 2026
This episode commemorates the 30th anniversary of William Ospina’s seminal essay collection ¿Dónde está la franja amarilla? (Where Is the Yellow Stripe?), a profound meditation on Colombia’s identity, the persistent cycles of violence, and the elusive quest for a cohesive national project. Diana Uribe revisits the historical context in which the book was published, unpacks its key metaphors and proposals, and reflects on how its core questions remain urgent and necessary for Colombia today. The episode is both an homage to Ospina’s work and a call to action for national dialogue, collective pride, and recognition of Colombia’s rich diversity.
Crisis and Disillusionment ([00:00–05:39])
"Era una época en que el país no podía mirarse sino desde la exacerbación de la violencia como forma de tramitar las diferencias." (Diana Uribe, [03:30])
Cultural Paradox and Artistic Flourishing
"Cómo un país puede producir tanta belleza, tanto talento, tanta creatividad, pero no los puede traducir en un proyecto político y social colectivo." (Diana Uribe, [05:39])
Permanent Search for Identity ([07:31–10:30])
“Cada colombiano cree que individualmente la logra toda ... pero que como colectividad no somos capaces de grandes logros.” (Diana Uribe, [08:30])
Historical Exclusion and the Constitution of 1991
“Esta exclusión sistemática de diferentes grupos ha perpetuado muchas formas de injusticia, de injusticia moral y de injusticia social..." (Diana Uribe, [10:55])
The Central Metaphor: The Yellow Stripe
“La franja amarilla es la metáfora de todo lo positivo y lo maravilloso que nos enorgullece de Colombia.” (Diana Uribe, [13:50])
“En lo único que hay un acuerdo absoluto entre todos los colombianos es en la belleza de nuestro territorio.” (Diana Uribe citing Ospina, [13:50])
Dialogic Project, Not Violent Polarization ([18:53–21:02])
“La mayor revolución, dice William Ospina, es reconocer al otro...” (Diana Uribe, [21:02])
Building ‘Propia Valía’ (Self-Worth) and Collective Identity
“El sentido de propia valía es una construcción histórica urgente y necesaria para nosotros.” (Diana Uribe, [22:50])
Listening without Labels
“La idea es poder escuchar al otro sin etiquetarlo, porque cuando tú etiquetas al otro no lo estás escuchando..." (Diana Uribe, [24:55])
“¿Dónde está la franja amarilla para ir construyéndola y para ir pintándola primero que todo en nuestros corazones, en nuestros primeros y principales núcleos familiares y hacerla extensiva a toda esta Colombia diversa, pluralista que nos caracteriza y que nos enriquece?”
— Diana Uribe ([36:20])
For further exploration: Diana encourages listeners to revisit Ospina’s essays and to take up the challenge of painting their own yellow stripe—cultivating dialogue, diversity, and pride within their communities.