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Buenas. Hoy vamos a hacer un programa, es un programa de arte, de conciencia, de una mirada profunda de nosotros mismos, de nuestros duelos, de nuestras vivencias. Hoy vamos a ver un artista que entrañablemente nos ha mostrado los duelos que hemos atravesado y al hablar de nosotros se ha hecho universal. Es una mujer de una visión contemporánea, probablemente una de las artistas más importantes que hemos tenido y tengamos hasta la fecha, o sea, digamos, es un personaje además de mi más profunda admiración, Doris Salcedo, la maestra Doris Salcedo. Ella es una mujer que es capaz de entender el tiempo, la historia, el mundo en el que vive, es capaz de transmitirlo y es capaz de reflejarlo y es capaz de llevarnos a un nivel diferente de conciencia al hacerlo. Y esa es la grandeza del artista y esa es la grandeza del arte. Ella dice que el arte no puede explicar, pero que puede revelar cosas, que por eso es tan importante y tan necesario. Esta mujer, Doris de Alcedo, nació en Bogotá y ella va a tener un carácter universal, que es capaz de explicar el mundo y el planeta en el que vivió, en el que vive y en el que estamos y en el que estamos caminando mientras hacemos este relato. Ella es una de las figuras más importantes del arte contemporáneo y ella se ha dedicado a trabajar y elaborar el tema de la violencia política y el trauma social y el trauma colectivo a través de una estética muy suya, muy propia, muy particular, Entonces ella más que recurrir a una representación explícita de las cosas, ella combina de tal manera los objetos cotidianos, los espacios arquitectónicos, el vacío que dejan las víctimas y va convirtiendo en actos que buscan restablecer la presencia de la víctima en el tiempo presente, dice ella, y recurre a una gran cantidad de recursos tan detallados como gigantescos que nos permite mirar en diferentes escalas y dimensiones lo que en la vida cotidiana no podemos apreciar por estar tan apabullados viviéndolo como lo hemos estado en tantos momentos. Entonces ella recurre a la violencia en Colombia, pero hace conciencia del dolor humano, de las tragedias, de los conflictos del mundo contemporáneo, cómo están interrelacionados todos. Y ella tiene intervenciones a gran escala que vamos a entrar a detallar en este programa, una que se llama Chibolet o el contra monumento de fragmentos, que son procesos de duelo colectivo, que son sumamente importantes. ¿Por qué? Porque los colombianos ante la cantidad de sucesos que vivimos en los años 80 y 90, ante lo terrible de cada día, de cada realidad, de cada suceso que venía y era más grave o más dramático que el otro, pues no teníamos tiempo de elaborar duelos, apenas si teníamos tiempo de sobrevivir y poner la esperanza en el nuevo día que amanecía, porque no podíamos ni siquiera sentarnos a reflexionar, solamente tratar de nombrar lo que estábamos viviendo ya era una cosa muy difícil, porque es que nos tocó de todo, nos tocó la época de las guerras, del narcotráfico a través de las bombas, nos tocaron una serie de asesinatos políticos, nos tocaron muchas cosas. Terrible toma del Palacio de Justicia, hablaremos de eso en uno de sus monumentos. Entonces estábamos tan supremamente atribulados por la dinámica tan absolutamente terrible y los esperales de violencia que nosotros estuvimos viviendo, que no teníamos tiempo para elaborarlo colectivamente, cosa que por ejemplo, los africanos sí tienen. Claro, ellos entienden que los duelos son colectivos, porque cuando han pasado para una sociedad completa, la sociedad en sí misma es la que queda herida. Doris Salcedo entiende eso y lo va a mostrar en sus obras. Esta mujer nace en Bogotá en 1958 y dice de su padre Mi padre era un pequeño empresario con poco éxito y mi madre confeccionaba vestidos para bodas. Dice que su madre era una mujer increíble, una feminista de su época culta y que la animó a dedicarse a lo que ella quisiera. Hay una cosa la vida privada de Oris Salcedo es privada y ella espera que sea su arte el que hable por ella. Y su arte habla por ella, por nosotros, por el mundo y por nuestro tiempo. Así que este es un recorrido por su obra, por su arte, por aquello que ella quiere que sea, lo que se hable de ella misma, que su obra. Entonces ella se interesa en el arte desde muy jovencita y empieza a hacer acercamientos al dibujo, a la pintura, al teatro. Entra a la Universidad Tadeo Lozano, pero su paso por la Tadeo no es lo que la definir como artista. Ella eso hizo que allá no sintiera lo que estaba buscando. Entonces ella con este sentimiento como de frustración, se fue para Nueva York y allá realizó un posgrado y se va a formar en los Estados Unidos de los años 80. En el movimiento artístico de allá, ella va a ser un máster en escultura y va a conocer otros referentes y otras posibilidades en un lugar donde se da encuentro el mundo entero. Porque también el carácter cosmopolita de Nueva York le permite a los artistas tener una visión de conjunto de muchas cosas. Entonces allá ella va a entrar en contacto con Joseph Beuys, un artista chamánico de la posguerra alemana, que es uno de los momentos más sensibles y más profundos en donde el arte alemán, desde la más profunda tragedia, habla al mundo. Y ella empieza a ver en la carga sociopolítica de los materiales de Joseph Beuys una manera de encontrar una profunda influencia de él. También ella se identifica como más que una escultora, ella dice que es una hacedora de cosas. Y de pronto Oris regresa a Colombia, se gradúa de su posgrado y cuando llega a Colombia y le cae encima toda la historia que nosotros habríamos de vivir en ese momento, en los años 80, y en esa sensación de desesperanza, nosotros vivíamos en ese momento la sensación de que cada una de las cosas que vivíamos iba a quedar para siempre y no iba a tener remedio ni iba a tener reversa. Entonces, si llegaba la guerra del narcotráfico, íbamos a vivir el resto de la vida. Si llegaba después de la toma del Palacio de Justicia, nosotros sentimos que se había acabado el país y que quedaría acabado. Entonces siempre tenemos la idea de que. De que no habría. Digamos, nosotros somos muy esperanzados en la vida cotidiana y somos muy optimistas en nuestra vida personal y en nuestro impulso y en nuestras ganas de vivir. Y las ganas de vivir que tienen los compost que tenemos los colombiano, le digo que son de las más grandes que tiene alguien en la especie. Pero a nivel colectivo perdíamos cada vez más esperanzas de tener una salida. Y cada cosa que nos parecía era como si lloviera y no fuera a escampar, como si nevara y no llegara nunca más la primavera. La sensación de que lo que nos agobiaba era eterno hacía que nos sintiéramos en una asfixia histórica permanente. Por eso buscáramos tanto, por eso la rumba, la música, la alegría como resistencia siempre ha sido una cosa que nosotros los colombianos hemos tenido. Y la necesidad absoluta de que lleguen las navidades. Y en esa época las navidades eran unas treguas muy importantes porque el resto la cosa era muy grave.
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Verde esperanza Teñidas de sal y selva les dijo La vida es nuestra También es nuestra la tierra y las palabras que traigo son semillas también nuestras. Son semillas también nuestras. Son semillas también nuestras
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Nosotros tuvimos una intensificación del conflicto armado en esa época Tuvimos el asesinato de cinco candidatos presidenciales en una misma elección. Nosotros tuvimos un conflicto intensificado en el campo pero todo a la vez.
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Ricardo murió este día siendo Vi sus quehaceres gallos sembrando semillas de nuevos amaneceres La vida es nuestra, muy nuestra También es nuestra la tierra y las palabras que traigo Son semillas también nuestras. Son semillas también nuestras. Son semillas también nuestras.
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Doris llega a este país en este momento y empieza a trabajar en el Banco de la República y ahí entra en contacto con una de las grandes influencias que ella va a tener, que es una gran maestra de Bucaramanga que se llama Beatriz González. Y ella va a ser un referente para Doris. Y cuando Doris regresa ella se da cuenta que está en Colombia y que es aquí donde ella tiene que desarrollar su obra y que es desde aquí donde ellos nos va a narrar. Ella se va a dar cuenta que ella es una artista de la periferia, que es una artista de un mundo que ha sido colonizado. También se va a dar cuenta de muchas cosas. Porque digamos, frente a la prepotencia y al prejuicio que los artistas nacidos en el primer mundo obtienen frente a nosotros y a todas las realidades que nosotros vivimos y que ellos siquiera pueden imaginar Entonces ella entra en contraste con todo eso y sucede lo más terrible. En Asterix y Obélix siempre hay un miedo, que es que el cielo se desplome sobre sus cabezas. Eso es una de las, digamos, los grandes dichos de esta obra de cómic que hacen Goshini y Uderso sobre una pequeña aldea gala que resistió 250 años la dominación del Imperio Romano. Siempre dicen que lo único que temen ellos es que el cielo se derrumbe sobre sus cabezas. El 6 y el 7 de noviembre de 1985 el cielo se derrumbó sobre nuestras cabezas. La toma del Palacio de justicia. Y el 13 de noviembre de ese mismo mes fue lo de Armero. Entonces lo que queda de cielo se acabó de derrumbar sobre nuestras cabezas. Entonces nosotros quedamos en un estado atontados por la dimensión de lo que estábamos viviendo. La toma y la retoma del Palacio de Justicia, que fue una secuencia de dos días donde murieron 280 personas, muchas de las cuales aún siguen desaparecida, donde murieron los magistrados, murieron todos quemados, asesinados en un holocausto terrible que nos rompió el alma y nos dejó sin ningún piso jurídico institucional en donde basarnos como país y como democracia. Cuestionó todo el valor mismo de la vida, porque si no valía la vida de ellos, ¿La de quién iba a valer? Entonces semejante golpe tan aterrador que se están cumpliendo 40 años de cuando eso ocurrió, ella estaba trabajando en ese momento en el Banco de la República, que geográficamente quedaba muy cerca dentro del marco de la Plaza de Bolívar, donde fue la toma del Palacio. Entonces ahí eso a ella le cae encima de una manera pues como a todos nosotros y empieza a ver pues que la violencia aquí puede llegar. Fue el primer hecho de violencia que ella presenció directamente y es cuando siente que de pronto la violencia podía perder toda dimensión en Colombia. Podíamos vivir una cosa inimaginable. Y entonces hay un momento en que en que nosotros no podemos, digamos, como ni siquiera concebir lo que estábamos viviendo. Y eso va a ser un golpe de realidad brutal para ella. Entonces ella a partir de ahí empieza a tener un compromiso tremendo con Colombia, con la narrativa de nosotros y de lo que nos está pasando. Y entonces empieza a viajar por Colombia y a visitar los pueblos abandonados, sitios donde ha habido ejecuciones, campos de concentración, fosas comunes y empieza a entrevistar a los familiares de las personas que han desaparecido. No solamente en el Palacio de Justicia desaparecieron muchas personas que aún no aparecen, pero en el conflicto colombiano mucha gente ha desaparecido y está actualmente desaparecida. Entonces ella empieza a acercarse a las víctimas, dice que quiere estar lo más cerca posible de las víctimas y dice que ella hace un intento por aprender absolutamente todo sobre sus vidas, sus trayectorias, como dice, como si fuera un detective reconstruyendo la escena del crimen. Y ella desarrolla un proceso de profunda empatía, un proceso personal. Realmente no puedo describir lo que me sucede porque no es racional. En cierto modo me convierto en esa persona. Hay un proceso de sustitución. Su sufrimiento se vuelve el mío, dice Doris Salcedo respecto al lugar de creación, al lugar de enunciación.
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La violó frente a los noticier llorando lágrimas de fuego. La justicia re. Como un tonto caballo de Troya con sus soldaditos revienta el portón y desata un infierno que no imaginó ni el más cruel. Hay que sacar ese tanque del tanque que nunca salió. El día que lo saquemos tal vez sanemos la herida abierta en el corazón. El día que lo saquemos tal vez echemos la guerra.
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Entonces, a partir de este momento de la toma del Palacio, ella dice, este es el lugar de enunciación y decide vivir en Bogotá, desde donde estamos haciendo el relato, decide vivir en Bogotá porque este es un mundo, se asume como un artista del tercer mundo, de la periferia, respecto a estos artificios coloniales que han hecho los europeos y los Estados Unidos acerca de quién es el primer mundo y cuáles son las periferias. Y ese lugar como los miran con cierta condescendencia en el mejor de los casos. Entonces ella mira esa periferia donde nosotros estamos, no como una desventaja, sino como la elección de un lugar propio en el mundo. Y esa elección ella la aprende de Beatriz González. Y entonces empieza a crear esta visión desde la víctima y toma el concepto de Miguel León, la visión de los vencidos, la mirada invertida. Ella ve las ruinas y el sufrimiento que el progreso y la modernidad han ocultado. Entonces resulta que empieza a contar, esto es muy importante, es muy importante porque entonces como ahora tiende a hacerse toda una resaltación de los victimarios y se resaltan los asesinos en serie, los grandes criminales, y no las víctimas ni los costos que estos personajes funestos tienen sobre la sociedad, sobre la vida, sobre la esperanza, sobre el amor. Las historias de los vencidos que ya habían intentado, que ya han abordado. Los pueblos en los Estados Unidos contando historia negra. Y los pueblos indígenas contando sus historias. Ella cuenta esas historias desde nosotros. Y empieza a mirarnos de otra manera. Cuando llegue el quinto centenario. 1992, se cumplen los 500 años de la llegada de los europeos. América, pues, como lo llaman, El descubrimiento. Como si nosotros estuviéramos inertes, esperando ser vistos. Como si su mirada denominar el mundo. Entonces ella empieza a mirar eso y dice no, no, esto es un planteamiento muy grave. Es colonialista y es imperialista. Porque es como si nuestra existencia fuera definida por la mirada de los europeos. Entonces, en tanto no nos conocieran ellos, no existíamos nosotros. Y además, esto fue un proyecto imperial, un proyecto de un imperio en toda América Latina. Tema de colonización y de imperio. Entonces ella empieza a situarse históricamente. Era el gran debate del Quinto Centenario. En ese momento todo el mundo estaba mirando eso. Porque pues hay una gran cantidad de narrativa que se ha construido sobre. Y otra que se llama Atraviliarios. Estas dos obras son aterradoras, porque Atraviliarios empieza a construir nichos excavados en la pared. Donde está usando zapatos de las víctimas de la desaparición forzada. Que están metidos detrás de una membrana de vejiga de animal. Que está suturada quirúrgicamente. Ella ha visitado muchísimos monumentos del Holocausto en el mundo. Monumentos de los zapatos que se ven desde los museos del Holocausto. Hasta las calles de Budapest, ahí frente al Danubio. Entonces, ella utiliza muchos de los elementos que ha conocido en el mundo. Para contar las historias que ella va a ver acá. Esa es una de las obras. Y entonces ella se apoya en la memoria del Holocausto. Su compañero Adriel Vibriovich, es un personaje también muy importante. Dentro de la comunidad judía en Colombia. Y ella ha estado en los memoriales. Y también ella se apoya en la poesía de Paul Celan. Un poeta rumano judío que sobrevive a los campos de concentración. Y muestra influencias que lo llevan hacia el lugar de la víctima. Y desde un respeto y desde la empatía. Y no desde la apropiación de la experiencia directa. Sino del vacío que deja el olvido y lo que pasó. Entonces ella hace La casa viuda, que es una fusión de muebles domésticos. Eso es en 1992 a 94 de muebles domésticos con cemento, que el artista materializa para mostrar la inhabilidad del hogar y el duelo tras la violencia, que simboliza la ruptura de una familia después de que la guerra ha llegado a sus casas. Más adelante, de aquí va a sacar un concepto muy poderoso, que es el del domicilio, que es lo que pasa cuando la guerra te roba la casa, el lugar donde tú vives. Y ahí es donde ella empieza a utilizar uno de los elementos que va a ser recurrente en su obra, que son las casas. Luego, en 1997, aparece la túnica del huérfano, que es una obra en la cual fusiona dos mesas de madera dispares, cosiéndolas con cabello humano y seda a través de miles de huequitos, materializando la unión forzosa y dolorosa que inspira el trauma de un poema de Paul Celan. Finalmente, después del asesinato de Jaime Garzón, cuyo capítulo dedicamos aquí con todo amor, y después del impacto tan aterrador que eso fue, ella hace una línea de rosas unidas desde la casa de Jaime Garzón hasta el lugar. Ahí a la entrada de Radionet, la emisora donde trabajábamos, que fue donde en la esquina, antes de entrar al noticiero, lo mataron.
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Para el viento, una cometa. Para el lienzo, un pincel. Para la siesta, una hamaca. Para el alma, un pastel. Para el silencio, una palabra. Para la oreja, un caracol.
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Ella va a tener una gran figuración con una obra que se llama 6.7.67. La va a hacer en el 2002, con lo del Palacio de Justicia. Ella va a hacer una instalación, es una obra coreográfica. Ella dice que todos sus trabajos son colectivos, que ya no sería nadie sin su equipo. Esta escultura es una intervención en el edificio del Palacio de Justicia, donde hace descender 280 sillas por los muros. La acción se tiene que extender las 53 horas exactas que duró la toma en 1985, cuando el M 19 se toma el Palacio de Justicia. Entonces ella empieza a descolgar un asiento por cada una de las víctimas que va muriendo dentro del Palacio, simbolizando la silla que no volverá a ser ocupada por la persona que está muriendo ahí.
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Bicicletas y burbujas de jabón. Un abrazo para la risa. Para la vida, una canción. Para la guerra, nada para la guerra, nada. Para el viento. Ringlete para olvidar.
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Para abrigarte una ruana y una vela para esperar un trompo para la infancia y una juego.
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Entonces ella recuerda la intensidad de ese proceso y eso se va haciendo en una secuencia que parece como una partitura. Es un complejo de casi 400 páginas milimétricas como una partitura, donde ella interpretaba con instrucciones desde las alturas cómo iban a tener que bajar cada una de esas sillas y cómo las poniendo una sobre otras desde la toma y la retoma que empezó a las 11 y 35 am. Y ella dice que en esa época los límites de la violencia en Colombia parecían haberse perdido. Entonces a partir de ahí ella va conmemorando cada una de estas cosas. Ella tiene monumentos que no son estáticos, que son actos de memoria performática. Las sillas vacías, suspendidas, son el vacío que dejan las personas asesinadas, superponiendo el tiempo de la batalla, entre comillas batalla, porque esto lo que fue un holocausto sobre la presencia del silencio de la historia oficial frente a lo que estaba pasando en ese momento. Entonces esto de las sillas es una cosa muy brava porque pues toma la herida 17 años después de ocurridos los hechos y la representa de una manera en que nosotros podamos tener un impacto e imagen de lo que vivimos, que todav 40 años después sigue siendo para nosotros una cosa muy difícil. Este es el espacio de la pauta comercial. Algunas voces y sonidos de los protagonistas de la historia son muy importantes, pero imagínense encontrar todo un archivo documental sonoro lleno de ellas. Pues no es sino dirigirse a escuchar algunas de esas voces de la historia de nuestro país y del mundo presentes desde la inauguración misma de la radio en Colombia en 1940. Allí encontrarán un sinnúmero de documentos sonoros catalogados que fácilmente pueden buscar según su interés, a través de un catálogo en línea. No se pierdan esta oportunidad que el Archivo Señal Memoria de RTBC nos brinda de ir directamente a las fuentes de la historia y comprender un poco más de lo que somos. Después la artista va a tener un momento muy importante de su obra y es en Londres. Allá en Londres, en la Tate Gallery, que es una de las galerías más importantes del arte moderno que hay en el planeta Tierra. Allá ella construyó una turbina en una ala completa de la galería. Y la turbina tenía una grieta, una grieta enorme de 168 metros y de 70 centímetros de profundidad. A eso lo llama Cibolet. Esto es entre el 2007 y el 2008. Y resulta que aquí ella va a entender un drama que en ese momento ella denuncia y que hoy es una catástrofe humanitaria. El tema de los emigrantes, el tema de la otredad, el tema de ellos y nosotros. Entonces resulta que ella ve que esa esa grieta. Ahí empezamos un poco con la idea del contra monumento, porque ella dice que en lugar de ver las paredes, los muros o las estatuas, ella ve las grietas y es como por debajo, en lo profundo de la tierra, se hunden las heridas de todas las cosas que nosotros vivimos. Entonces ella empieza a construir eso como una metáfora de todas las formas de segregación, de toda la otredad, de toda la forma como se va a segregar a los emigrantes. Hacemos un énfasis en los emigrantes porque lo que ella ve como una otredad, como una desigualdad, como una forma de alejar la humanidad del otro y lo quiere representar en esa grieta que es donde están todas las diferentes formas de discriminación. Y la obra se llama Cibolet porque está basada en un relato bíblico del libro de los jueces, en donde los galaditas le dicen a la tribu de Efraín que repitan la palabra, y si no la pronuncian como ellos la pronuncian, significa que son otros, que son extranjeros y los ejecutan. Algo parecido a lo que pasó con la matanza del perejil en República Dominicana, donde le pedían a los haitianos que dijeran la palabra perejil, y si no la decían, como la decimos en español, los mataban, porque no podían distinguirlos de los dominicanos. Entonces, este tipo de cosas tan absolutamente terribles, ella los denuncia con esa grieta. Y esa grieta va a mostrar en Londres y ante los ingleses, esa otredad. Y eso que ella ve en esa época, hoy día es una catástrofe y una epidemia global, y es toda la segregación contra los emigrantes y el nivel de barbarie que estamos viendo ahorita en las calles de Estados Unidos y de humillación contra la población latina, digamos, es. Eso se ha exacerbado a niveles de una pesadilla que ella ya preveía como algo aterrador en la construcción del otro, en la deshumanización del otro, pero que hoy estamos viviendo con una contundencia difícil de imaginar aún entonces, que ella ya veía que había una grieta muy grande entre las personas de este centro del mundo y las personas de la periferia, entre todas las diferentes formas de clasificar a unos humanos y a otros, sobre conceptos de discriminación, de racismo y de todas estas formas, de todas las heridas que dejó el colonialismo también, porque estos extranjeros, pues no son ni más ni menos que aquellas personas que vienen de los pueblos, que fueron colonizados por los imperios, por los ingleses, por los franceses, por los españoles, y que luego regresan a los países, los colonizaron después de las condiciones y las heridas económicas que el colonialismo genera y sigue generando, y son rechazados de las maneras más aterradoras, eludiendo cualquier responsabilidad histórica de lo que el colonialismo y el imperialismo han hecho sobre tantas partes del planeta. Entonces, esas exclusiones, ella la representa en la metáfora de esta grieta, en la turbina de la Teide Gallery. Y eso va a mirar, va a dar una mirada muy importante en el mundo. Y ella. Ella no ve la. Digamos, ella cuando empieza a pensar en las piezas, ella llama la atención sobre como la gente caminaba en el espacio, todos miraban para arriba y sentían que era un espacio asombroso. Yo decía, no es tan extraordinario el espacio es un espacio industrial, modernista, digamos, como tantos otros. No era un espacio tan poderoso como entrar a Hagia Sofía en Turquía, ni las pirámides de Egipto, pero la gente miraba era para arriba y donde tenía que mirar era para abajo. Lo que yo quería hacer era dar la vuelta a esa perspectiva y en lugar de mirar para arriba, obligar a la gente a mirar para abajo y de esa manera escribir en los edificios y que la gente mirara dentro de los edificios. La imagen de esa fuerza caótica y de ese espacio negativo. Entonces Civil la pone a ella en un lugar muy importante dentro de la narrativa artística mundial en Londres. Y empieza a mostrar todas las brechas que hay entre diferentes formas de sociedades. Esto se va poniendo más barato todavía. En el 2011 y 2012 ella hace una obra que se llama A flor de piel. Es una obra de la fragilidad extrema, con una ofrenda floral y una mortaja. Se trata de una enfermera que fue torturada y asesinada por los grupos paramilitares, Doris Salcedo. Hace una sábana o una túnica creada a partir de miles de pétalos de rosa que los sutura entre sí y va creando una mortaja para trasladar la belleza, digamos, toda la fragilidad en una belleza dolorosísima, dolorosísima. Y la pone sobre. Sobre un material. Y la pone sobre pétalos de rosa, solo pétalos de rosa cosidos de una manera que dejan ver la belleza que existe en una mujer que fue sometida a semejante brutalidad. Entonces ella va creando todas estas formas de mirar la realidad desde una perspectiva del duelo colectivo y desde la víctima. Y va a ser una cosa increíble. Las últimas dos obras que tienen que ver con el proceso de la paz en Colombia, hay una que se hace en pleno proceso de paz, es la que está ahorita, es una obra permanente. La obra se llama Fragmentos. Es en el 2018, mientras está haciendo todos los diálogos del proceso de paz, y se están empezando ya realmente a ver los resultados. Ella siente, como sentimos muchísimos en ese momento, que por primera vez la paz está realmente al alcance de nuestro mano. En el pasado hubo procesos de paz en los que no creía, pero cuando se dio este nuevo proceso, creí de verdad que íbamos a lograr la paz. Creí de verdad que era el primer momento en plena esperan de mi vida. Pensé en la idea de transformar estas herramientas de muerte. Entonces aquí lo que va a ocurrir es que hay un desarme general. Las FARC van a entregar sus armas como parte del proceso de paz. Entonces, ¿Qué se va a hacer con esas armas? Se le encarga a Doris Salcedo como artista, trabajar con el desarme. Entonces nosotros aprendimos en los procesos de paz de todos los demás procesos. Entonces, en Irland, cuando se dio la entrega de las armas, esas armas están entregadas en un lugar donde nadie sabe dónde están. Y solo la ONU vio. Lo que le hace al pueblo irlandés tener una sensación de que no vieron ese desarme. Entonces, un poco en el aprendizaje de esa experiencia irlandesa. Aquí se decidió que las armas se iban a entregar a la vista de todos los colombianos ante la ONU. Esas armas fueron llevadas a Indumil. En Colombia hay monopolio de las armas y el Estado es el que tiene el monopolio a través de Indumil. Allá en Indumil fueron fundidas. Una vez que las armas fueron fundidas, se transformaron en láminas. Esas láminas fueron martilladas por las mujeres víctimas de la violencia sexual de los conflictos en Colombia. Y el martillar esas láminas que antes fueron armas, estaban sacando la ira y el dolor de la violencia que había caído sobre sus cuerpos. Y esas láminas se van a constituir en el piso de un espacio hecho en unas ruinas, como ella trabaja las ruinas, Unas ruinas restauradas, restablecidas entre los cristales y una vegetación bellísima entre el adobe y el bareque. El piso es el contramonumento. Esas armas no deben ser glorificadas, sino que deben ser, digamos, mostradas como algo que ya nunca más volverá a hacer daño, porque ya no tiene la forma en que podía hacer daño. Por supuesto, esto tuvo toda clase de críticas porque pues de todos los sectores que tenían en las armas la manera de llevar a cabo el conflicto. Entonces, el hecho de que eso esté en el piso y que haya que pisarlas cuando se entre, generó muchísima polémica. Pero la idea era que las armas tramitaran el dolor de las mujeres a través del martilleo, no pudieran hacerle daño a nadie más y generar un espacio lo suficientemente amplio y poderoso para que simplemente fueran el lugar donde se pueden contar muchas historias. Por eso se llama el antimonumento y se llama Fragmentos. La idea es que va a durar 53 años. La idea es que además esto va cambiando porque es una obra viva. Las láminas que están cerca del sol tienen un desarrollo distinto a las que están en la sombra. Las grietas se mueven de una manera u otra, o sea, nada es estático, están ahí, son una forma de entender que ese es un espacio para narrar muchas formas de paz. Y ahí hay exposiciones temporales, y cada una de esas exposiciones nutre los relatos de una manera cada vez más poderosa, sobre lo humano, sobre lo posible, sobre la delicadeza de la paz, y sobre la posibilidad de que esto siga de muchas maneras avanzando. Nosotros creímos en ese país del 2017, logramos hacer una cantidad de cosas, sabemos cómo se hacen, conocimos un camino, y ese camino todavía está, todavía está en proceso. Ha tenido todos los tropiezos que tienen los caminos de la palabra, pero en ese momento hubo una especie de euforia, y ahí, en ese momento es que se hace ese contramonumento. Es un espacio horizontal, y es vacío, y es silencioso, porque muestra la ausencia del dolor y de la guerra, y cede el protagonismo a las víctimas y no a los guerreros. Y eso es una de las cosas que lo hace más polémico, porque precisamente el espacio está para narrar el vacío que deja la guerra, precisamente para dejar todo aquello que queda después de la devastación de un conflicto, para toda la gente que tuvo que vivir y afrontar un conflicto de esos, y no a la glorificación de la guerra, que suele ser uno de los relatos más recurrentes y más comunes en los conflictos. La glorificación de la guerra, la glorificación de los guerreros. Ella glorifica a las víctimas, dándoles un espacio para, a través de la transmutación y de la alquimia del dolor en esperanza. Y eso no deja de tener un ambiente muy poderoso y muy fuerte. Es muy importante visitarlo. Cada vez hay exposiciones más impresionantes, y ahorita hay una sobre los emigrantes, hecha en la corteza de una mortaja, con la que se usa en Uganda para llevar a la gente a la última morada. Pero la última morada es el mar. Esa es una de las muchas, como las voces de las mujeres, convertidas en una manera de contar. Una voz que se va reproduciendo en miles de voces. Es lo que son las cosas que están pasando por ahí, pero han pasado muchísimas.
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Porque no tiene conciencia. Porque no tiene conciencia y menos temor de Dios. Te trajeron a mi tierra porque eras la solución Solo dejarte más guerra Solo dejarte más guerra Miseria y desolación Dime la verdad, solo la verdad, no hay reparación ni justicia y no hay con verdad los que llegaron primero, los que llegaron primero decían cosas como tú te debiendo del gobierno, te debiendo del gobierno su olvido y su ingratitud destrozaron nuestro pueblo, secuestraron juventud, algunos jamás volvieron, algunos jamás volvieron,
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dime la verdad. Entonces ella lo que hace es esto y también hubo un momento en que la paz estuvo atravesando uno de sus momentos más terribles, que fue después de que hubo un plebiscito y el plebiscito no pasó para ratificar los acuerdos, entonces ella hizo una cosa increíble y es que ella convocó a la ciudadanía bogotana a ir a la Plaza de Bolívar, donde una gran cantidad de tiras blancas iban a ser cosidas por toda la gente que fue a la plaza. Fueron miles de personas con el nombre de 1900 Víctimas en una instalación que se llamaba Sumando Ausencias, hasta que la Plaza de Bolívar quedó cubierta, totalmente cubierta de blanco, mirado desde arriba, entendiendo la dimensión del conflicto para esto es lo que está en juego, esto es lo que no puede volver a pasar. Entonces cuando Doris Salcedo hace una cosa de esas, el nivel de conciencia, de espejo, de narrativa, de duelo colectivo, de mirada del mundo que nos genera es tan profundo, tan abismal, tan poderoso, tan humano y tan compasivo a la vez, que realmente su arte nos guía en el camino del alma, hacia luz, lugares mejores a través de la compasión y la profunda sensibilidad.
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Vinieron para que hubiera, vinieran para que hubiera nuevamente orden y paz. ¿Dije pa acaba la fiera, di que pa acaba la fiera? Que no querían gobernar y aquel que no lo siguiera era otro enemigo igual. Y el remedio que nos diera, Y el remedio que nos diera, guay, peor que la enfermedad. Dime la verdad, solo la verdad, no hay reparación ni justicia.
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Entonces ahora ella habla de los domicilios, los domicilios son las cosas que están pasando en este momento en Gaza, que están pasando en este momento en Ucrania, en Sudán, que siguen pasando en partes de nuestro país, a pesar de que es un país muy distinto al de la desesperanza de los 80 y los 90, o sea, ese ya no es nuestro país. Esa sensación abrumadora de que todo lo inevitable era permanente ya no la tenemos. Después del proceso de paz tenemos otra mirada del mundo de una u otra manera. Y ella rescata también en el documental que hay allá un poco el sentimiento de esperanza que todo eso ha suscitado, es toda la forma como ella nos ha mostrado. Entonces, hoy por hoy ella habla del domicilio, del domicilio como un crimen contra una memoria, una familia, una comunidad. Y es cuando a ti una bomba, un combate te destruye tu casa, que tú estás en tu casa y viene una bomba y te la destruye, y destruye todo lo que tú eras, tu vida, tus recuerdos, tus imágenes, todas tus referencias. Y eso es el día a día de cada guerra, porque las guerras empiezan por destruir los domicilios de las personas. Entonces, esta idea del domicilio, porque ella habla de las arañas que producen desde sus propias entrañas, ellas producen su propia casa. Su casa es hecha de un hilo que ellas mismas producen en sus propias entrañas. Y al tejerla, ellas tienen sus casas. Y esas casas son frágiles, pero ella las vuelve a construir. Un poco sobre eso ella está haciendo un proyecto. Y este tema de las casas la va a llevar a un suceso también muy fuerte, que fue una obra que ella va a ser entre el 2020 y el 2022, que es una casa titulada Uprooted. Y Uprooted es una estructura totalmente inhabitable de una casa erigida el 84 de árboles muertos. Esa casa, ella se inspira en una de las tragedias más aterradoras que ha pasado también, es el huracán Iota. La pasada del huracán Iota por la isla de providencia en el 2020 arrancó de cuajo la capa vegetal de la isla y mató a los árboles y mató. Y los animales volaban y un apocalipsis inimaginable fue vivido por los providencianos, que de una manera absolutamente milagrosa murieron cuatro de cinco mil personas en la devastación más grande que uno se pueda imaginar. Y afortunadamente ellos sobrevivieron a eso gracias a múltiples milagros de la vida. Pero las escenas de devastación y de todo lo que pasó en el Iota, como se veía Santa Catalina a oscuras, con los manglares muertos, con todo eso destruido, ella toma las imágenes de Providencia y Nicaragua y el Caribe azotado por este huracán terrible, y las convierte en estos árboles, del cual va a ser una casa que no se puede habitar, no solamente por los árboles muertos en el huracán Iota, que es un espectáculo de devastación y de tristeza, muy grande, sino por nuestro propio planeta, que en la medida en que lo estamos tratando como lo tratamos, se va convirtiendo también en árboles muertos de nuestra propia casa que se va hacia inhabitable por nosotros mismos mientras terminaba la pieza. Esto es más para todos nosotros. Estamos perdiendo nuestro hogar al destruir el planeta. La mayor parte de mi trabajo es una respuesta de algún tipo a la guerra. Dice en una entrevista en The si estás en un país como Colombia, no hay forma de estar alejado de lo político. La guerra siempre estuvo ahí. Así que cuando decidí convertirme en artista, estaba claro que iba a ser una artista política. Tengo esa capacidad, dice ella sobre el proceso creativo, de ponerme en el corazón de la víctima y de mirarme a mí misma desde afuera como si realmente me sucediera a mí. Investigo profundamente y en algún momento siento el dolor. Tengo ese conocimiento. Entonces, a diferencia de un periodista, trato de olvidar eso e intento establecer algo que no tenga nada que ver con la narración verdadera. Creo que la única palabra que tengo para eso es una especie de poesía. Siento que mi trabajo es un trabajo colectivo todo el tiempo, porque si estuviera sola, no existiría. Entonces ella entiende toda tejido entre el dolor, entre también la reparación, entre la esperanza y la sensibilidad. Ella dice que ya no quiere ser una Casandra del arte. Es decir, el aludiendo al personaje que fue condenada Casandra, cuando Apolo la requirió sexualmente y ella lo rechazó, la castigó prediciendo la verdad y que nadie le creyera. Esa es la maldición de Casandra. Entonces ya no quiere ser una Casandra del arte, que no quiere que sus obras anticipen cosas que después se van a volver más trágicas. No es su papel. Ella simplemente siente lo que ve y lo expresa de una manera absolutamente increíble. Entonces, cuando ella ve todo lo que pasa, cuando ella ve esos discursos que acusan a los inmigrantes de envenenar la sangre como si existiera la sangre pura y los pueblos que venimos de muchos orígenes envenenaramos hambres, curas y un poco de historias verdaderamente horribles que exacerban las diferencias entre los seres humanos en un momento tan álgido como el que estamos y en un escenario tan supremamente volátil y terrible como el que estamos viviendo ahorita, ella dice, y en eso yo no estoy completamente, digamos, de corazón, de acuerdo con ella que ante un escenario como el que estamos viviendo, ante la tentación de la desesperanza que producen las narrativas caóticas y amenazantes, sentencia que la única respuesta posible es seguir trabajando más duro que nunca. Y eso es de lo que se trata, seguir creyendo, seguir trabajando por la esperanza, por la construcción de mundos mejores, por las posibilidades históricas de futuros y presentes distintos. Eso es lo que hace Doris Salcedo en su obra, eso es lo que ha hecho por nosotros y eso es lo que hace de ella una de las más grandes, sino la más grande artista contemporánea viva en nuestro relato de país, de pueblo y de planeta. Por eso, con todo cariño, hacemos este homenaje desde lo más profundo del alma a la maestra Doris Salcedo, celebrando su vida, celebrando su obra, su compasión, su lucidez, su arte, su capacidad de manejar los espíritus para mostrar lo profundo del corazón humano. Entonces, desde los espacios de la esperanza, de la compasión, del sufrimiento humano, de los dolores colectivos, de las proyecciones enormes sobre el mundo, de la entrañable presencia de lo humano a través de los espacios, los materiales, el arte, las visiones y las formas en que una sociedad puede elaborar los duelos de su propio corazón ante los grandes embates de la historia, puestos en la escultura monumental y maravillosa de Doris Salcedo, en la narración de Ana Uribe. Para ustedes, feliz día, cualquier día que desea. Este podcast fue grabado en Los Gatos Estudios y fue posible gracias al equipo de dianauribe FM que está integrado por Diana Uribe, Diana Suárez, Milena Beltrán y la edición y musicalización de Eduardo Corredor Fonseca. En la investigación, Arturo Jiménez y Daniel Mesa.
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Fecha: 13 de marzo de 2026
Host: Diana Uribe
En este profundo y emotivo episodio, Diana Uribe nos guía a través de la vida y obra de Doris Salcedo, reconocida artista colombiana cuya producción se centra en transformar el dolor, la violencia y la memoria colectiva de Colombia y del mundo en instalaciones conmovedoras e inolvidables. El programa recorre desde los orígenes personales y profesionales de Salcedo hasta sus obras más emblemáticas, destacando no solo su relevancia artística, sino también su papel esencial en la elaboración del duelo colectivo, la visibilización de las víctimas y la construcción de esperanza en escenarios de conflicto.
Diana Uribe construye un homenaje sentido y lúcido a Doris Salcedo, resaltando cómo su arte transforma el duelo privado y colectivo en memoria, espacio, y posibilidad de sanar. Salcedo da voz a las víctimas, confronta la historia oficial y eleva el arte a un proceso colectivo, político y espiritualmente reparador. La narrativa de Uribe invita a mirar y a no olvidar las heridas—personales, nacionales y del mundo—reconociendo en Salcedo a una de las grandes voces artísticas de nuestro tiempo.
Escuchar este episodio es sumergirse en la memoria, la resiliencia y el arte como acto de sanación y resistencia.