
Buenas. En este capítulo vamos a responder algunas de las preguntas que varias personas nos han hecho sobre los rumores en torno al libro Mujeres a través de la historia. Queremos compartir con ustedes, desde nuestra experiencia y perspectiva, lo...
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Diana Uribe
Buenas. En el día de hoy les voy a contar algo que yo no sé exactamente qué es. No sé si es un episodio, una nota de actualidad, un chisme, un cuento. Yo misma estoy confundida sobre cómo denominar esta conversación que estoy teniendo con ustedes hoy, pero me parece importante tenerla. Yo leo los comentarios que ustedes me escriben y muchos me están pidiendo que responda explícitamente, que les cuente, que les comente, que les hable acerca del asunto, y otros no tienen idea cuál es el asunto. Igual vamos a hablar de esto porque no hay una forma de contarle solamente a los que me están preguntando y que los otros no se enteren y no agrandar el tema, pues así pasa con las redes. Bueno, así sucede. Total, vamos a entrar en materia. ¿Cuál es el asunto? El más reciente libro que yo he publicado, después de ocho libros, se llama Mujeres a través de la historia, que es un proyecto bellísimo. Ahora les voy a contar por qué es tan bonito. En ese libro trabajamos muchas personas. Una de ellas no quedó contenta con el resultado final. Y no solamente no quedó contenta, sino que emprendió una campaña en redes, tuiteó varios días seguidos, dio entrevistas. Fue el día de la presentación en Bogotá, en el Gimnasio Moderno, con la boca sellada y con pancartas en contra del libro. Construyó una narrativa en la cual nos acusaba de violar los derechos de autor de ella cuando, cosa que no es cierto, que ella había hecho el 90% del libro, cosa que vamos a ver que tampoco es verdad. Y además que el libro, como quedó escrito, era una deformación de los textos originales que ella había entregado. Al hacer todo esto, generó una dinámica en la que otras personas, porque así pasa en las redes sociales, se dedicaron a insultarme, a inventar cosas, a poner en entredicho toda una vida de trabajo, de mi trabajo en las universidades, en la radio, en las redes, en el podcast, insultándome a mí y a mi hija Alejandra Espinoza, que escribió los textos de la versión final del libro. Entonces, les voy a contar el chisme, no solamente por el chisme mismo, sino porque esto nos lleva a la posibilidad de hablar de muchas cosas y de hacer una serie de reflexiones a propósito de todo lo que ha pasado. Un buen lugar para comenzar esta historia es en el 2008, cuando me llamaron de Santillana y me dijeron que querían hacer un libro conmigo. Y yo le ¿Conmigo? ¿Y eso? Pero si yo no escribo. Yo nunca he escrito. Mi trabajo es la oralidad. Sí, yo sé. Tatiana Grosch me yo sé que usted no escribe, pero resulta que hay una cosa muy interesante. Últimamente está llegando gente a las librerías a preguntar por libros que hacía mucho tiempo nadie preguntaba por ellos, como Los reyes malditos o El amante de Lady Chatterley o El Cuarteto de Alejandría. Y nos dimos cuenta que la gente entraba a las librerías era porque esos libros estaban citados por usted en el programa de Historia del Mundo. Y eso nos llamó la atención. Usted hace que la gente lea, que a la gente le interesen las historias. Por eso queremos hacer un libro con usted. Y tenemos una idea, ya sabemos cómo, cómo convertir su oralidad en un objeto editorial, que es de lo que se tratan las editoriales. Entonces, la idea del primer libro, Historia de las civilizaciones, que empezó con Tatiana Gros y lo terminó Carolina López, era yo grabando audios sentada frente a un micrófono, horas y días. Grababa sobre historias que había leído, sobre análisis que había hecho durante mucho tiempo, sobre viajes que había realizado, como cuando me invitaron los japoneses a estudiar la historia y la religión del Japón. Y así tuve la oportunidad de ir a Hiroshima. Y entonces esos audios, que son exhaustivos porque implican muchísimo tiempo de trabajo alrededor de esos audios. Se van a crear notas de pie de página, información que no alcanza a quedar contenida en los audios, pero que es bien importante también. Fotografías, mapas, líneas de tiempo, películas, para convertir un audio en un objeto editorial. Porque en 2008 uno no entraba a una librería a comprar una USB. Había CDs, y de hecho esos libros son CDs. El primero tiene 6 CDs y hay unos que llegaron a tener hasta 10 y luego llegaron a tener MP a medida que iba avanzando la tecnología. Pero el soporte era un soporte físico, que es lo que convierte el audio en un objeto editorial. La gente que ha comprado todos mis libros y ha visto la evolución sabe que el objeto físico ha ido cambiando de un libro a otro, pero que siempre hay una los audios. Yo siempre grabo horas y horas y horas de audio. Pero hay un punto, hay un momento de cambio en que lo que fue mi tesis de Filosofía y Letras, que se llamaba La nación de Wutstadt y la construcción de una utopía, luego se volvió un curso que dicté durante 10 años en la Universidad Externa de Colombia, que se llamaba Contracultura y posmodernidad, y luego se volvió un libro. El libro se llama La contracultura. Y resulta que ahí, en ese momento, mi hija, Alejandra Espinoza, que es literata, entra a escribir conmigo ese libro. ¿Qué quiere decir eso? Que el libro va a tener el audio, todas las horas de audio y unos textos escritos sobre el tema. No es que yo lea en voz alta lo que ella escribe, ni que ella transcriba lo que el audio dice, sino que el libro empieza a tener una textualidad y ahí hay un diálogo entre lo que ella escribe y lo que yo voy contando. Hay muchas más cosas porque hay gente en la musicalización, hay diseño. Estos libros siempre tienen una gran cantidad de trabajo y hay mucha gente detrás de un libro de estos. Siempre. Siempre hay una colectividad trabajando con estos libros y alrededor de estos libros. Y Alejandra entra y empezamos a trabajar juntas y aquí encontramos un dueto dinámico muy chévere, porque nos entendíamos muy bien, porque había un diálogo entre las dos, porque había una sintonía respecto al tema y a su importancia, porque ella iba aprendiendo cada vez más el oficio de la escritura. Desde Contracultura, pasando por La brújula para entender el mundo contemporáneo, que es un libro de alta geopolítica para entender bases del presente a las revoluciones, que además narra una cantidad de cambios y procesos que tuvimos que consultar con muchos expertos y era un trabajo de textos muy fuerte. Ese ya es un punto muy importante en nuestro proceso de elaborar libros juntas. Ahí les estoy contando un proceso que arrancó en el 2016 y hay un momento ya para el 2021 en que Alejandra me dice que no quiere seguir escribiendo conmigo porque ella quiere hacer su propio camino, la novela de ficción es lo suyo y en lo que quiere trabajar. Entonces digo, bueno, entonces toca encontrar otros caminos y otras vías para hacer el siguiente libro, que es el de Mujeres a través de la historia. ¿Entonces, ante esta nueva etapa nos preguntamos, bueno, entonces cómo vamos a hacer con los textos? Pues yo hago los audios como siempre, pero ¿Qué hacemos con la parte editorial? Entonces, para el libro de revoluciones habían trabajado varios investigadores, Arturo Jiménez, Sebastián Calderón y María Emilia Gouffré. María Emilia Gfré se ofreció para hacer investigación y textos en este nuevo trabajo. Y la idea de este nuevo trabajo era que fuera polifónico, intergeneracional, que involucrara diferentes puntos de vista y que todos los puntos de vista fueran contenidos en esta nueva etapa, porque es un proceso vivo, en plena evolución, que es el relato de mujeres. Entonces la idea de esto era que fuera un proyecto colectivo y eso se dijo desde el principio, un proyecto colectivo donde entró María Emilia Gouffré, Civil Lorena Sanabria, tiene muchísima experiencia en género, Arturo Jiménez, que siempre ha trabajado conmigo en los últimos años, y yo para hacer la parte de textos y la parte de audios. Y así arrancamos retrospectivamente hablando y desde el futuro había una ambigüedad. Por un lado estábamos apostándole a la idea de la pluralidad, que quedaran las voces, la de María Emilia, la de Civil Lorena Salabria, la de Arturo Jiménez y la mía, todos como una polifonía dentro del proyecto. Y las personas que fuésemos a consultar, que si las hubo y las consultamos durante el proyecto, en el futuro los demás que pudieran o las demás que pudieran entrar a participar de este proyecto. Esa era nuestra línea de presentación y de trabajo. Pero en la práctica María Emilia era la única que tenía responsabilidad de redacción. Todos los demás estábamos en la investigación y yo me preguntaba si durante el resto del proceso ella sería la única que seguía teniendo la responsabilidad de redacción o entrarían más personas. Era algo que me estuve preguntando a lo largo de esta primera etapa, pero era algo tan nuevo y tan experimental que seguimos adelante. Y aquí es donde empieza el conflicto, porque María Emilia sostiene que a ella se le había prometido que iba a ser la nueva Alejandra, que iba a aparecer conmigo en los textos y que iba a aparecer conmigo en las presentaciones. ¿Y es correcto que ella haya interpretado eso? Quizás sí, quizás no. Pero hay que tener en cuenta tres cosas. Primero, que María Emilia estaba escribiendo su primer libro y se le estaba dando una oportunidad. Era una nueva dinámica de trabajo, y como todo proyecto que se emprende por primera vez, pues puede o no dar el resultado esperado o llevarlo a uno por otros caminos. Segundo, que el editor, por temas de su vida personal, estaba ausente del proceso de trabajo, lo que generaba un permanente vacío y súbitamente, sin que sepamos qué alcanzó a hablar o o no con María Emilia, salió del proyecto. Y tercero, yo suelo evadir los conflictos. Toda la vida he sido una persona que evade los conflictos, lo que llaman conflict avoider. Y yo no fui lo suficientemente clara para decirle que los textos necesitaban un refuerzo. ¿A qué me refiero con esto? María Emilia fue entregando capítulo por capítulo y a mí me parecía la investigación muy interesante, los textos no tanto. Y ahí no estaba quedando lo que Civil y Arturo estaban investigando. Nosotros teníamos discusiones acerca de cómo se iban a hacer los capítulos. Lo tuvimos antes de cada capítulo, y cuando los capítulos estaban, las voces de Civil Arturo no se contenían ahí, pero en cambio la mía tampoco. Yo en ese punto ya había grabado una buena parte de los audios y la idea era que los capítulos establecieran ese diálogo con los audios que ha sido característico en mis proyectos. Pero veíamos que no, que cuando se entregaban los capítulos, los audios no se veían conectados con la narrativa de los capítulos. Es como si ella no los hubiera escuchado. Una posible interpretación es que María Emilia estaba escribiendo el libro que ella quería escribir y nosotros estábamos esperando a que sus textos reflejaran todas las polifonías que nosotros queríamos que el proyecto contuviera. Y hablando del texto mismo, tampoco era agradable de leer porque tenía una enumeración infinita de una cantidad de datos que se repetían y se repetían capítulo tras capítulo a medida que cronológicamente avanzaba el recuento de las historias. Yo, mientras tanto, estaba sintiendo muchas cosas. Estaba sintiendo que más adelante íbamos a encontrar el punto medio o el equilibrio o el tono que yo quería para el libro y que era cuestión de que el proceso nos llevara allá. Estaba pensando que había sido un trabajo muy grande el que ella estaba haciendo y yo no quería herir sus sentimientos o desconocer el esfuerzo que había detrás de cada entrega de capítulo, planteándole mis inquietudes y mis inseguridades al respecto del libro, porque creía que esto lo podíamos ir resolviendo en el camino. Y estaba buscando también una dirección editorial que me encaminara a resolver estas dudas. Pero ahí era cuando sentía la ausencia del editor. Por un lado, yo tenía mucho miedo de confrontar a María Emilia y decirle que no me estaba gustando su trabajo, y cuando las correcciones que ella nos traía no llegaban a la meta, pues se volvía muy desgastante estarle todo el tiempo diciendo las cosas. Y por otro lado, yo seguía creyendo en que hablando con el editor íbamos a llegar un diálogo productivo que nos pudiera sacar del atolladero. Yo le pedía y le pedía orientación y le pedía guianza y no la tuvimos, no la tuvimos durante el proceso. Entonces, cuando cambian de editor y él sale súbitamente del proyecto y llega Carolina López, Carolina López llega a recoger todo el mantel y a mirar cómo es que está el proyecto en su conjunto y a tener una visión de paneo que era la que necesitábamos. Y en ese momento llega el tiempo en que María Emilia se va para Londres a hacer una maestría que tenía desde hace rato programada, y entonces se pierde el contacto del tinto, de la conversación, de la mesa redonda, de la discusión, y ella se vuelve un personaje virtual. Ahí hay un. Una brecha, o sea, el problema no era que ella se hubiera ido a hacer una maestría, eso estaba programado con la debida anterioridad. El problema es que justo cuando ella se va del país es que entramos en la etapa donde se tiene que mirar cómo se va a hacer con los textos, y las conversaciones incómodas que hubiéramos podido tener frente a frente y en una mesa con un café, tratando de llegar a arreglos y a soluciones, se volvieron conversaciones virtuales en una cámara que además uno puede dejar apagada. Entonces tuvimos muy mala suerte porque todo nos pasó al tiempo. Coincidió el momento en que María Emilia se fue del país con el hecho de que el editor hubiera salido del proyecto con que fuera necesario claramente y de manera irrevocable transformar esos textos. Todo ocurrió simultáneamente. Y es que el capítulo 6 de la estructura que se tenía en aquel entonces era el punto de quiebre, era el más importante. Es cuando Llega el siglo XX, cuando se dan los feminismos, cuando se va a transformar toda la situación. Es el capítulo en el que yo he trabajado mucho tiempo, porque en el libro de Contracultura desarrollamos eso ampliamente con Alejandra. Aquí era donde había que meterle toda la ficha. Pero el borrador que nos entregó María Emilia dejaba mucho que desear. No aclaraba lo fundamental, no conectaba las ideas, seguía con las enumeraciones y no llevaba el rumbo definitivamente de lo que queríamos señalar y resaltar en el relato. Y ahí es cuando nos damos cuenta que eso no va a mejorar y que tenemos que encontrar una solución diferente. ¿Y cuál fue la solución? Pedirle cacao a Alejandra por segunda vez, porque ya el editor lo había intentado en el comienzo del libro y ella le había dicho que no, pero la volvimos a llamar y le dijimos como la caballería, venga y rescate esto y dele la forma que nosotras sabemos hacer. Alejandra aceptar. Y Carolina entra ya con Alejandra a bordo, con María Emilia en Londres y conmigo diciendo bueno, esto necesita tener lo que tienen los libros de Diana Uribe, es decir, un tono pedagógico, reflexivo, comprensible, analítico, como los demás proyectos que hemos hecho. Obviamente yo soy la directora del proyecto y pues yo soy la que digo dónde va el maní. Creo siempre en los trabajos en equipo, en las puestas en común, en las decisiones que se toman comunitariamente y más que en imponer, esto es así. Y eso también es parte de lo que hace que cuando se le comunique a María Emilia el cambio en el giro del proyecto, ella lo entienda de la manera como lo entendió. Hay una escena clave, nosotros ya habíamos tenido una reunión con el director general, ya habíamos comunicado que Alejandra entraba en el proyecto, íbamos a hacer un diagnóstico de cuál era el camino a seguir, pero luego vamos a tener la reunión con todo el equipo de trabajo, ya toda la gente que está en el equipo, Juan Guillermo en la música, Valentina en el piano, Alejandra en el canto, todos, todos, todos diseñados, todo el mundo está ahí. Y en ese momento todavía teníamos la idea que este borrador se podía corregir en términos de estilo, en términos de forma, entra Alejandra y Alejandra lo que va a decir es que el emperador está desnudo. Es decir, todo lo que no habíamos dicho de frente, todo lo que no habíamos formulado claramente, ella lo dice así yo opino que hay que reestructurar el libro y yo sé cómo. Y ella lo que quiere es entrar a solucionar el proyecto y entrar a trabajar y escribir su parte. Y se ganó la rifa el tigre porque quedó como la villana del paseo y a lo único que dijo fue que el emperador estaba desnudo, que nadie se había atrevido a decir esto es una videollamada, ella está en Londres, todos estamos en la mesa y en ese momento pues hay una votación. Carolina, ¿Quién vota por reestructurar el libro? Y todos y todas votamos que sí. Y ahí en ese momento María Emilia queda muy dolida porque lo siente como una emboscada, porque la votación fue unánime y ella se retira de la cámara y queda muy compungida. Y claro, yo entiendo lo doloroso que debió haber sido para ella la manera como se dio eso, y yo le pido disculpas porque por no herirla, por no confrontarla, no le dije lo que yo estaba pensando. Y aquí comparto con ustedes una reflexión. Muchas veces a uno le da miedo decirle a alguien una verdad que siente que le va a doler porque no sabe cómo decirla, y resulta que si no la dice a tiempo, con la claridad con que debe decirse, uno termina generando una deuda por lo que no dijo a tiempo. Siento realmente que ese es un motivo de reflexión, porque ella en ese momento se sintió desolada, pero no hubo ninguna mala fe, no hubo ninguna mala intención. Mi intención no fue nunca generarle ningún tipo de sentimiento herido con respecto al proceso del libro, ni tampoco sabíamos que la reunión iba a terminar con ese giro. Pues claro, yo entendí que después uno a veces necesita dos días para pensar mejor, y bueno, no, pensándolo bien, no estoy de acuerdo. Eso sigue siendo algo a lo que uno puede tener todo derecho. Pero luego yo tengo una llamada con ella, y tengo una llamada amable, amorosa, cariñosa, porque pues éramos amigas, y le digo que acepte esta nueva etapa que pues ella hizo y entregó su trabajo y que ya viene otro momento que el libro va a ser un libro Diana Uribe, con toda la estructura que nosotros tenemos, y la invito a que acepte la nueva situación. Y ella dice que sí, que le duele un poco, pero que lo va a superar. Hablamos de su estadía en Londres, de la gente con la que ella se encuentra, las mujeres que está conociendo allá y que pueden ser interesantes para conocer, y todo queda bien. Segundo, las emociones humanas son tan raras y tan incomprensibles y tan difíciles. Al otro día llega un correo hostil, brusco, de ruptura, con jerga de abogado, en el que utiliza las palabras que hablamos amistosamente en contra mía, poniéndonos en una situación de confrontación como una persona completamente diferente a aquella con la que yo había sostenido una conversación personal antes. Yo pierdo la confianza de seguir comunicándome con ella porque no sé con cuál de las dos estoy hablando. Todas, Carolina López, Alejandra y yo, intentamos hablar con María Emilia amablemente y todas conseguimos una conversación amigable que luego se ha traducido en cartas furiosas a la editorial. Entonces aquí se establece un punto de no retorno. Y les digo que empieza la etapa epistolar, porque a partir de eso la editorial empieza a proponerle y a proponerle distintas alusiones y ella no acepta ninguna. Cada vez se pone más hostil, se va formando un muro, cada vez exige más condiciones, se va haciendo mucho más difícil la comunicación y la cosa se vuelve imposible. A partir de ese momento. Incluso hay la sensación de una amenaza con armar un escándalo en redes. No es que explícitamente no lo haya dicho, pero la manera como fue escalando y el lenguaje que usaba nos daba la sensación de que detrás de eso había como una amenaza que o aceptábamos los términos o nos ateníamos a un show en redes sociales. Para ser claros, el comportamiento de María Emilia era impredecible. A veces nos mandaba correos que no tenían nada que ver con lo que estábamos hablando y que exigían y exigían nuevas cosas. A veces. En una ocasión llegó a hacerle muecas a Carolina López en una videollamada. En un momento dado, el editor general de Random le dijo que los textos de ella no estaban aprobados para ser publicados como ella los entregó, y que él, como editor general, estaba dando esa instrucción. Y sin embargo, ella seguía y seguía insistiendo. Cada vez escalaba, cada vez pedía más cosas y empezaba a exigir condiciones cuando no había contestado ni siquiera a lo que se le estaba proponiendo. En ese punto se hizo muy difícil llegar a tener un diálogo con ella. Ella empezó a insistir muchísimo en estar presente en las presentaciones públicas del libro. Y eso lo convirtió en una condición que nos parecía rarísima. En la medida en que el libro ya había cambiado significativamente con respecto a los textos que ella había entregado al borrador original, cambios con los que ella se había mostrado profundamente en desacuerdo, que le parecían terribles, y en la medida en que toda la hostilidad de la correspondencia pues ya descartaba la idea de que nos pudiéramos sentar juntas en escena a presentarlo. En este punto nos vamos al tema legal.
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Diana Uribe
Award information visit jdpower Dot Com awards, awards, maybe show. Terminamos el contrato. Y resulta que el contrato no tiene ningún misterio. El contrato es una obra por encargo. Una obra por encargo significa que uno forma parte de un proyecto de otra persona. Y ese proyecto es como esa persona quiera. Lo que nosotros hagamos con los textos es potestad de la editorial y de la directora del proyecto. Porque así funciona. Si tú vas a hacer los efectos especiales para una película y una escena no la usan, tú no eres la película, tú eres parte de lo que pasa en la película, y esa escena puede ir o no. Bueno, y hablemos del nombre en la portada. ¿Nosotros al principio habíamos acordado que su nombre iba a ir en la portada, cosa con la que yo siempre he estado muy tranquila, pero en este momento, si los textos del libro son totalmente distintos a los que ella originalmente entregó como borrador y está en total desacuerdo con la manera como quedaron, entonces cabe la aún así sigue existiendo la idea de que su nombre está en la portada? Entonces malo si sí y malo si no. Si ponemos el nombre, ella puede decir que está en total desacuerdo con todo lo que está contenido en esa nueva versión del libro, y si no lo ponemos, ella puede decir que la invisibilizamos en su trabajo con el libro. Lo que no nos imaginamos era que iba a decir ambas cosas, que deformamos sus textos originales y que además la invisibilizamos, lo cual es una contradicción, porque su nombre sí está en la portada, porque su biografía sí aparece, y de hecho le con este texto como está, tú si quieres salir en la portada, o. También había otra alternativa de diagramación en la que no aparecía como textos de investigación, sino como colaboración. Le dimos esas dos posibilidades gráficas de escoger antes de que el libro fuera llevado a imprenta, y ella dijo que sí quería aparecer en la portada, explícitamente lo dijo, y que quería quedar al mismo nivel de Alejandra, pero nos mandó un fragmento del libro con una cantidad de correcciones, diciéndonos que eso era apenas un abrebocas y que todo el libro sería corregido por ella, y que esas correcciones tendrían que estar incorporadas al libro para poderlo publicar. Mejor dicho, María Emilia, ella actúa como si nos hubiera entregado una obra terminada, lista para ser impresa y una coautoría. Y en el marco de un contrato por encargo, nosotros recibimos un borrador cuya investigación utilizamos para una parte del proceso final del libro. Una cosa es la investigación y otra cosa son los textos definitivos con los que un libro sale a la luz. Escribir, estructurar, darle un estilo, hacer toda una presentación semántica, gramática, ideológica, histórica, eso es otra cosa que lo que significa sacar un libro, sacarlo al aire. Y eso fue lo que hizo Alejandra durante el siguiente año. La salida de María Emilia en la entrada, Alejandra implicó un año de retraso en la publicación del libro. ¿Tercer sale el libro publicado? Sale precioso el libro. El libro sale todo bonito, con sus 13 horas de audio, con su código QR para poderlo reproducir, con una edición increíblemente bella, con los colores más bonitos y escrito como queríamos. Lo que originalmente era una estructura solamente cronológica que saltaba de una etapa a otra en el mismo término, se convierte en una narrativa analítica en la cual una gran cantidad de ideas de profundidad se van a expresar y se van a conectar. El libro empieza con las diosas arquetípicas y cómo se concebía la humanidad y la creación y el cosmos en esos términos y cómo se va formando poco a poco, en una segunda etapa, el discurso patriarcal y como la representación de lo femenino va a empezar a cambiar. Y luego cuando viene la Edad Media y luego la cantidad de diferentes culturas que van a ser representadas y analizadas. Luego el proceso de colonización y conquista y lo que eso tuvo que ver en los cuerpos y en los roles y luego la descolonización y el papel de la mujer en la descolonización. Y luego los movimientos feministas que ya van a articular los grandes discursos y nuestra participación en las revoluciones. El libro realmente enlaza una gran cantidad de ideas que llevan muchos debates detrás, que tienen una gran investigación y que de verdad hacen un recuento muy importante, un análisis muy importante de la idea de lo que ha sido la representación de lo femenino a lo largo de la historia, desde antes de la agricultura hasta las épocas presentes. Eso era exactamente lo que queríamos hacer y era lo que queríamos lograr. Y las ideas que están en el libro son importantes y poderosas. Y los invitamos y las invitamos a que lo lean, lo escuchen, lo degusten, lo miren, porque es una obra multimedia, es para escuchar la música, las canciones, los audios y degustar el trabajo de muchas personas. Llega el gran día, el lanzamiento en el High Festival en Cartagena y pasa lo que nos temíamos. María Emilia empieza a hacer un escándalo en redes. Ella sale a decir que el libro es suyo casi completamente y al mismo tiempo sale a decir que todo lo que está escrito en el libro está mal y que ella se va a poner a corregirlo renglón por renglón en redes. Entonces, ¿Dónde queda el trabajo de todos los que participamos en el proyecto desde el día uno y en todo el año que pasó después de que ella se fue? Eso es lo que realmente queda invisibilizado en esa afirmación. Pero no es solo el tema de la invisibilización, es el lenguaje. Utiliza palabras como violaciones, como abuso, como abuso a los derechos, que son cosas muy serias y que son totalmente infundadas. Cuando uno empieza a utilizar este tipo de palabras que son tan ofensivas y que van contra el trabajo de una vida entera, ahí ya está pasando a la difamación, está pasando a la calumnia, está pasando el maltrato, está pasando al daño de mí buen nombre, del trabajo de toda una vida, de más de 40 años, de los cuales he pasado 30 en los medios, donde lo que he hecho es trabajar por la paz, la tolerancia, la democratización de la educación y los derechos humanos. Otro utilizar la palabra deformación para referirse al trabajo que hicimos todos de reescritura y redireccionamiento del texto para el trabajo final, es muy ofensivo, es una manera de pensar que solo lo que ella escribió era lo único que se podía publicar, y que cualquier variación sobre eso era un atentado y una violación a sus derechos, o sea, ella simultáneamente desconoce la naturaleza del contrato que tenía y del que todos estábamos enterados, y descalifica el trabajo de todos los demás. ¿Qué piensa la gente cuando lee estas cosas en las redes? Pues se hace una historia a toda velocidad, ¿Como se le ocurre? Toda la gente dice que Izquierdiana no escribe sus propios libros. ¿Escándalo editorial? Por supuesto que no. Mi trabajo son audios, y eso está claro desde el principio, cada uno de mis libros Tiene más de 10 horas de audio, y dentro de los libros están los créditos de todas las personas que han participado en cada uno de los proyectos. Entonces, en redes se pueden inventar la historia de la gran escritora fantasma, cuando en el libro aparece el nombre de Alejandra Espinoza y María Emilia Gouffré, y el de los investigadores en la parte de atrás. Entonces cada uno empieza a armarse una historia, una historia de arquetipos, donde yo quedo la que me atribuye el trabajo de ella, donde Alejandra queda como la villana que le usurpó un puesto que ella se había ganado, y empieza una fabulación cada vez más agresiva y más terrible además, sobre el hecho de que la gente no está viendo el libro, no lo está mirando, no lo está leyendo, porque todo está ahí. El otro arquetipo David y Goliat imagínate, yo llevo 28 años trabajando en la radio, en los medios públicos, en podcast he publicado ocho libros, pues tengo una vida encima. Entonces yo quedo como Goliat por los logros de toda una vida de trabajo y ella queda como David porque es una persona joven que está empezando y se está enfrentando a una figura de poder. El poder mío es la pedagogía. Es el que siempre he tenido. María Emilia sale en redes hablando de violaciones a derechos de autoridad y la gente se imagina que estamos en un proceso legal y en una demanda, y no estamos en ninguna demanda. Nada de eso está pasando. Y de nuevo, esto fue una obra por encargo, lo que quiere decir que nosotros contratamos a María Emilia para que nos entregara algo que habría de ser parte de un proyecto mucho más grande. El uso que se haga de eso, una vez que se lo recibimos y se lo pagamos, ya va a discreción mía como directora del proyecto y de la editorial Penguin Random House. Y si nosotros le aprobamos y le recibimos los textos a María Emilia, no porque estuvieran perfectos ni listos para publicar, sino para pasar la página, continuar con el proyecto y buscarle una nueva dirección y un nuevo rumbo, pues a mí me duele mucho que duden de las capacidades de Alejandra simplemente por ser mi hija. Ella vino a rescatar este proyecto y ella es una literata y ella es una mujer que ha demostrado en la estructura de tres libros de qué es capaz. Yo creo en las capacidades de mis hijos y de mi esposo y en el proyecto familiar que ha constituido mi vida. Yo trabajo con mi familia. Todo el proyecto que hicimos en Radionet, en Caracol, era con mi esposo. Trabajábamos los dos, Ricardo Espinosa y yo, con Alejandra. Escribimos tres libros con Santiago. Cuando yo lancé el podcast, Santiago vino y me ayudó a hacer el podcast desde el puro principio. Ustedes lo escuchaban tantas veces en los créditos y con la ayuda fuerte y poderosa de Santiago Espinosa Uribe y Laura Rojas Aponte. Cosas de Internet. Yo creo en mi familia, trabajo con mi familia. Me siento muy orgullosa de todo lo que hemos hecho, de los años en que yo trabajé con mi esposo mientras vivió y construimos tantos relatos juntos de los libros que he hecho con Alejandra mientras ella escribía de cabo a rabo. La totalidad del libro y del podcast que hemos construido con Santiago es algo de lo que me enorgullezco. Y aquí quiero compartir con ustedes una reflexión y es el tema de la paz en las redes. Ustedes saben que yo soy pacifista y que eso para mí es una condición de posibilidad para la vida humana. Pero la paz no es solamente un tema de diálogos o de mesas, también es de las redes, también es de la vida cotidiana, también es del día a día y de la manera como nos dirigimos hacia los otros y de la manera como hablamos de los otros. En eso también hay una necesidad muy grande de paz. Las redes facilitan que la gente dé rienda suelta a su imaginación y a las palabras de las cuales no se hace cargo. Entonces en las redes la gente replica lo que ve sin cuestionarlo. Me parece muy asustador que esto vaya cogiendo como una bola de nieve y todo el mundo vaya añadiendo lo que le vaya pareciendo. Una cosa es la pelea que María Emilia pueda tener conmigo, de la que les hemos estado hablando, pero entonces empiezan a aparecer personas que no me conocen, que nunca me han visto en la vida, que no tienen ni idea quién soy yo, a inventar toda clase de falsedades totalmente irreales y pueden llegar a ser peligrosas. Y uno entiende ¿Pero de dónde? ¿Pero por qué? Y entonces otros replican y otros se meten en los debates y otros se inventan debates e historias alrededor de mi vida y alrededor de mi trabajo sin que yo tenga ninguna idea de por qué hacen eso o que me hayan visto escuchado jamás. Y es que esto genera un fenómeno de atención. Ha habido periodistas que han hablado con nosotros, les hemos explicado la situación y listo, Esto no vale la pena darle más aire a esto. Ha habido otros que sabiendo la verdad y teniendo la evidencia, deciden conscientemente contar historias que son escandalosas y generan grandes titulares. Hay un fenómeno de atención alrededor de la invención de lo que se puede atribuir a alguien, y eso es muy peligroso porque ahí, ahí vamos en contra del sistema probatorio. Nos hemos gastado 200 años y buena parte de la obra de Michel Foucault tratando de establecer el sistema probatorio para no volver a la época en que si a la gente le picaban la lengua y no le sangraba era porque era bruja, o alguien ponía una carta anónima en un buzón de la Inquisición en Cartagena diciendo que vio a fulanita en el cementerio a las dos de la mañana y era suficiente para que llegaran a interrogarla y a torturarla. Cuando la gente se le acusaba al ojo, cuando si no se hundían, las sacaban y las quemaban por brujas, no había ninguna necesidad de probar nada para establecer una acusación. Es muy grave que retrocedamos en el tiempo a la época en que la culpabilidad o la inocencia es lo que me parece o no me parece, sin ningún tipo de base. Es muy peligroso. Y eso me lleva a la reflexión que me parece más importante la paz en las redes. La paz es la empatía con las personas, el derecho de las personas a poder explicar, a poder replicar, a tener el derecho al sistema probatorio. La paz es poder creer en el otro y poder verificar algo antes de compartirlo, sin compartirlo automáticamente. Esto es muy importante y esto es una propuesta que yo tengo como una reflexión aquí. Paz en las redes es el primer lugar donde debemos buscar la empatía y la comprensión y el entendimiento del otro. Eso es fundamental. Yo quería hacerles esa reflexión, por ejemplo, reflexionando sobre lo que nos pasó con María Emilia, el hecho de que cuando ya se hayan roto los mecanismos de conversación, la disputa se traslade a las redes. Cuando ella ya volvió Colombia, en lugar de decir, bueno, tomémonos un café, hablemos, discutamos nuestras diferencias, se traslada la disputa a las redes. Es como una amenaza, ¿No? Venga, venga, nos damos, camine, salimos y nos damos. Entonces, cuando una cosa se lleva a las redes, ese es el lugar menos propicio para dirimir una disputa, porque ahí no se dirime nada, ahí sólo se aumenta, se magnifica, se hace enorme y se llena de una cantidad de cosas polucionantes que ya no tienen que ver con el problema en sí. La amenaza de lo llevo a las redes como las redes como tribunal, las redes como amplificador, o sea, eso no tiene sentido y hace las cosas muchísimo, muchísimo más difíciles. Podríamos habernos tomado un café en lugar de llevar esto a las redes. Y eso hace parte de lo que les digo, pasen las redes, arreglen las diferencias con las personas y no las trasladen a las redes, porque las redes tienen una serie de consecuencias que no son previsibles ni siquiera para la persona que traslada un conflicto a las redes sociales. Eso para mí es doloroso y es una cosa muy difícil de imaginar que haya un escenario donde las cosas se diriman de esta manera, que no arregla nada. Pero así hace todo infinitamente más complicado y más terrible. Y hoy estoy aquí contándoles esta historia que dos meses después de que empezó todo esto, y es tal la velocidad de las redes sociales y la presión para reaccionar inmediatamente que parece que me he quedado callada los últimos dos años. Eterno silencio. No responde nada, no dice, no cuenta, no nada. Pasaron dos meses, un tiempo en el que uno reflexiona. Mi trabajo es un trabajo de reflexión, no es un trabajo de reacción. Si ustedes se dan cuenta, yo siempre me tomo un tiempo para hacer análisis sobre la inmediatez de la realidad. Y nunca reaccionen caliente, eso es otra de mis características. Pero si uno no sale corriendo a responder inmediatamente, entonces es que no está respondiendo. Entonces es que el silencio se ha tomado el escenario. No, los tiempos no tienen que ser los tiempos de la velocidad de reacción, son los tiempos de la reflexión. Bueno, y aquí terminó esta historia que empecé a contarles que ni siquiera sabía cómo nombrar. Y les invito a que miren el libro, lo disfruten, lo escuchen, lo reflexionen. Hay ideas muy importantes que se dicen ahí y que dan nuevas miradas sobre lo que estamos viviendo ahora. Que lo disfruten, que lo lean, que se formen su propio criterio sobre el libro y sobre los audios, sobre la base de que lo miren personalmente y no lo que le cuenten que dice el libro ni lo que le cuente que dicen los audios. Escúchenlos ustedes, léanlo ustedes y piensen lo que quieran pensar del trabajo, pero sobre el libro mismo, no sobre el metarrelato que hay alrededor del libro. Porque es mucho trabajo y es para que lo disfrutemos y para que lo comprendamos y para que lo debatamos y para que lo pensemos. Y con esto los invito también a que pasemos la página de los chismes, continuemos con las historias que siempre les contamos. Muchas gracias por escucharme, todas estas historias, todo este chisme que les he contado. Muchas gracias por escucharme y seguirme escuchando desde hace 25 años, por comprar el libro, por mirarlo, por disfrutarlo, por acompañarme, por su calidez también en las calles y todo el cariño que me dan y por sentirlo cerca y por apoyarme. Y feliz día, cualquier día.
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DianaUribe.fm – “Mi nuevo libro y una reflexión sobre las redes sociales”
Host: Diana Uribe
Date: April 14, 2025
En este episodio, Diana Uribe comparte en detalle la polémica que envolvió la publicación de su más reciente libro “Mujeres a través de la historia”. Aprovecha el contexto para ofrecer una reflexión profunda sobre los procesos colectivos de creación, los retos de la comunicación honesta en los equipos, y, especialmente, sobre los daños y dinámicas que las redes sociales pueden provocar cuando los conflictos se trasladan allí. Con su tono característico, Diana revisa su propia trayectoria y ofrece perspectivas sobre la paz, la empatía y la responsabilidad en la era digital.
Cita destacada
“Yo leo los comentarios que ustedes me escriben y muchos me están pidiendo que responda explícitamente… Y otros no tienen idea cuál es el asunto. Igual vamos a hablar de esto porque no hay una forma de contarle solamente a los que me están preguntando y que los otros no se enteren...”
— Diana Uribe (01:13)
Cita destacada
“Estos libros siempre tienen una gran cantidad de trabajo y hay mucha gente detrás de un libro de estos. Siempre. Siempre hay una colectividad trabajando con estos libros y alrededor de estos libros.”
— Diana Uribe (11:44)
Cita destacada
“Alejandra lo que va a decir es que el emperador está desnudo. Es decir, todo lo que no habíamos dicho de frente, todo lo que no habíamos formulado claramente, ella lo dice así: ‘yo opino que hay que reestructurar el libro’ y yo sé cómo.”
— Diana Uribe (23:49)
Cita destacada
“Utiliza palabras como violaciones, como abuso, como abuso a los derechos, que son cosas muy serias y que son totalmente infundadas... ahí ya está pasando a la difamación, está pasando a la calumnia, está pasando al maltrato, está pasando al daño de mi buen nombre, del trabajo de toda una vida...”
— Diana Uribe (32:40)
Cita destacada
“Las redes facilitan que la gente dé rienda suelta a su imaginación y a las palabras de las cuales no se hace cargo... Me parece muy asustador que esto vaya cogiendo como una bola de nieve y todo el mundo vaya añadiendo lo que le vaya pareciendo.”
— Diana Uribe (39:52)
Cita destacada
“La paz no es solamente un tema de diálogos o de mesas, también es de las redes, también es de la vida cotidiana, también es del día a día y de la manera como nos dirigimos hacia los otros y de la manera como hablamos de los otros.”
— Diana Uribe (44:19)
“Las redes tienen una serie de consecuencias que no son previsibles ni siquiera para la persona que traslada un conflicto a las redes sociales.”
— Diana Uribe (47:33)
Cita destacada
“Formen su propio criterio sobre el libro y sobre los audios… piensen lo que quieran pensar del trabajo, pero sobre el libro mismo, no sobre el metarrelato que hay alrededor del libro.”
— Diana Uribe (49:40)
“La paz es la empatía con las personas, el derecho de las personas a poder explicar, a poder replicar, a tener el derecho al sistema probatorio. La paz es poder creer en el otro y poder verificar algo antes de compartirlo…”
— Diana Uribe (44:50)