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Diana Uribe (1:05)
Buenas. Hoy vamos a contarles unas historias que son fantásticas, que son maravillosas, con las que estamos muy familiarizados porque forman parte de nuestro relato colectivo, porque también forman parte del país de la Costa que García Márquez nos dejó a lo largo de sus obras, porque están en nuestro corazón. Hoy nos vamos a las leyendas de el Caribe, de la tierra de nuestro litoral, de la Costa Atlántica. Hemos estado en el Caribe cuando estuvimos en San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Ese es el Caribe insular. Pero como nosotros somos tan tremendos y tan diversos, tenemos un Caribe insular y un Caribe litoral. Entonces hoy nos vamos para el Caribe litoral. Y resulta que el Caribe está lleno de paisajes naturales que van desde playas, ciénagas, manglares, montañas y ríos. Ese es el territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta. El territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta, por la altura de la Sierra, es lo que hace que nosotros no tengamos huracanes a pesar de estar en el Caribe, porque genera un clima que desvía el paso de los ciclones, con lo cual nos deja fuera de unos peligros permanentes que el Gran Caribe tiene que enfrentar año a año. Allá en estas tierras donde están las grandes ciudades de arquitectura colonial, como Cartagena, como Barranquilla, como Santa Marta, que son tremendas ciudades de nuestra historia y de nuestra geografía, allá también en la Sierra Nevada está la línea negra Y la Línea Negra es un concepto profundamente espiritual y ancestral para los pueblos indígenas Cogí, arhuacos, wiguas y cancuamos, que están todos divididos alrededor de esa Línea negra. Esa línea no es una demarcación geográfica, aunque también, sino un tejido sagrado que conecta los diversos sitios espirituales formando un mapa de la cosmovisión indígena. Esta está desde tiempos inmemoriales. Dicen que la Sierra Nevada es el corazón del mundo. La Línea Negra, también conocida como Seshisa, representa el hilo que estos lugares sagrados tejen y garantiza la armonía y el equilibrio entre la naturaleza, la cultura y la espiritualidad. Es como si cada punto en esta línea fuera un latido del corazón de la tierra, manteniendo viva la conexión entre los seres humanos y el universo. Entonces, no es solamente una frontera en el sentido cartográfico en que los occidentales conciben los mapas. Lo que es, es una demarcación cósmica para un concepto del universo y de la vida que es completamente distinto al concepto occidental, que es el mundo en el que comparten el universo los wiwas, los arhuacos, los kogius y los kankuamos. Y es una manera de respetar todas las formas de la vida y del latido del universo. En esta región litoral nosotros tenemos pueblos muy distintos y tenemos pueblos de orígenes muy diferentes. Uno de los pueblos más poderosos que nosotros tenemos es el pueblo del Palenque de San Basilio. Resulta que los palenques fueron estructuras de resistencia que se hirieron durante la época de la esclavitud, en la cual varios habitantes pudieron huir de la esclavización y crear lugares fuera y aparte. Eso se llamaba cimarrones y el lugar que crearon se llamaba en Colombia, palenque. En el Brasil se llama un quilombo. En diferentes lugares tiene distintos nombres. El palenque más reconocido fue el de San Basilio, porque Bencos Viejos logró pactar con la corona española una autonomía para que su reino tuviera una viabilidad. Y la tuvo hasta que Bencos Viejos fue engañado, apresado y asesinado. Pero el palenque se mantuvo. En el mundo del Palenque de San Basilio hay tres diferentes universos. Hay un mundo donde habitan los muertos. Es el del más allá. Hay un mundo donde están los vivos. Es el del más acá. Hay un mundo por debajo de donde están los vivos, por debajo de la tierra. Es el mundo del Mohán o el mundo de la Mojana. Ese es un mundo acuático. La mayoría de las historias que vamos a contar hoy son acuáticas porque estamos hablando de culturas anfibias que viven entre los ríos y entre las ciénagas y entre los mares. En ese mundo debajo del agua hay una réplica del mundo en el que ellos habitan cotidianamente, pero bajo el agua están los cuerpos del agua. Ese mundo acuático que replica el mundo donde ellos caminan diariamente, es una mediación entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Entonces por eso es que se habla del mohán. Ellos tienen una quebrada donde se encuentran habitualmente para compartir, pero al final de la tarde no pueden ir porque al final de la tarde sale el mohán y se lleva a las chicas, entonces nadie se baña en la quebrada a las seis de la tarde, porque esa es la hora del mohán, o sea del espíritu del agua, que también lo canta Totó la Momposina en Espíritu del agua, espíritu burlón, cuando nos habla también de La Mojana. Ahora es muy importante, a la entrada de San Basilio de Palenque está el cementerio. El cementerio protege a los habitantes, los muertos, los que están en el cementerio siguen teniendo una conexión después de muertos con la gente de Palenque, se presentan en sueños, les hablan, les opinan. Para ellos no hay una tajante diferenciación de planos entre el plano de los vivos y el plano de los muertos, porque todos están conectados y además están conectados a través del mundo del agua también. Entonces el cementerio es la garantía de protección de los habitantes de Palenque. Inclusive durante épocas muy duras del conflicto colombiano, los ancestros les decían que si ellos conservaban sus costumbres tal y como eran, estarían libres de los peligros del conflicto, y así fue. Ellos estuvieron libres de lugares donde pasaron cosas terribles y cuentan que la única vez que estuvieron en peligro fue cuando se apartaron de las costumbres, como por ejemplo poner un billar en el pueblo. Ese día tuvieron dos muertos, entonces quitaron el billar y en la medida que se mantuvieran dentro del espacio sagrado en el cual ellos habitan y dentro de la cosmovisión en la cual ellos estaban a salvo de un conflicto que en esa zona cobró un terrible horror, ellos tienen una ceremonia de la muerte que se llama el Lumbalú, y el lumbalú es una ceremonia fúnebre que dura nueve días y que tiene unos cantos absolutamente impresionantes y que es el rito que permite que los difuntos transiten de un mundo al otro, de un plano al otro. Entonces allá es donde van a llegar finalmente al cementerio. Después del Lumbalú, y una vez que hayan hecho el tránsito al otro mundo, están en situación de descansar, pero también de proteger a los vivos. Es como funciona la cosmovisión de los palenqueros en el mismo litoral atlántico. Tenemos la cosmovisión de la línea negra de los arhuacos, tenemos la cosmovisión del mundo de los palenqueros, que son afros. Tenemos también la mitología del Sinú. El río Sinú es un río tremendo también de la costa, está trenzado en caña flecha. La caña flecha es un material, tiene un dios creador, pues, que es Mexión, el dios creador. Sinú tomó las cañas flechas y las entrelazó para crear el mundo como lo conocemos hoy. Cada diseño, cada trazo, cada tejido cuenta una historia sobre la naturaleza, la casa, la pesca, las cosechas, el arroz, y refleja una observación detallada de los ciclos de la vida. Hoy en día, el conocidísimo y famoso entre nosotros, Sombrero Wiltiado, recupera gran parte de las tradiciones llegadas de los tejidos de la caña flecha. Es decir, es también una réplica del universo y de los tejidos que muestran el mundo de ellos. Entonces, en el Sinú también hemos hablado en otra época de los niños cruzados. Es el aceite, es una gota de aceite de un pez que está en el Sinú, que las brujas pueden sacar del río, abrir la muñeca de una persona, introducir esa gota de aceite que tiene forma de sangre, y eso se llama un niño cruzado. Dicen que eso genera una fuerza descomunal, o que protege de las balas, o que protege de la muerte. Y eso que es una. Digamos, es una. Es una leyenda de la que se habla común y corriente hoy en Montería, eso lo sabe todo el mundo. Allá también nos apareció en Cien años de soledad, cuando os arcadio, después de haber sido raptado por los gitanos, regresa todo bordado en punto de cruz. Y dicen que había tenido niños cruzados. Es parte de los poderes secretos del río Sinú. Ay, todo lo que siente. Ay, si no hay panelita, Ay, si no hay chocolate. También dicen que hace mucho, mucho tiempo, había un joven cazador que se llamaba Irun y que encontró a una niña huérfana en el bosque y la vio indefensa y decidió llevarla a la casa para que las hermanas la cuidaran. Pero las hermanas, en lugar de cuidarla, le tenían envidia, le tenían celos, la maltrataron, no la aceptaron, la hacían dormir fuera de la casa, no le daban de comer, y entonces ella lloraba en medio de la indefensión y de la soledad. Y de pronto ocurrió algo mágico, y es que se transformó en una hermosa doncella, y empezaron a salirle hilos de la boca. Y con los hilos de la boca, ella empezó a tejer fajas, chinchorros wayucos. Y al amanecer, las hermanas encontraron estos tejidos tan maravillosos y estos chinchorros tan bellos. Y entonces, por un lado se asombraron por la belleza, pero quisieron hacer pasar esos ingenios y esas habilidades como suyas, robándole a ella su creatividad. Y decidieron quedárselas y decirle al hermano que eso lo habían hecho ellas. El hermano no les creyó, se quedó observándola sin ser visto. Y cuando de pronto Irunú empezó a ver que la niña de noche se transformaba y le salían hilos por la boca, entonces cuando ella fue descubierta, huyó y se convirtió en araña, y se fue para el bosque para estar a salvo de las hermanas. Entonces la diosa araña le reveló a Irunú el secreto. La misión de ella era enseñarle al pueblo Wayúu de la Alta Guajira a tejer, que son los mayores tejedores de mochilas, de chinchorros, de las mantas, que es una cosa maravillosa. Él prometió no revelar la identidad de esta prodigiosa criatura, pero fue engañado por los espíritus malignos, rompió su promesa. Entonces la diosa araña, cuando se vio descubierta, se transformó definitivamente en araña y desapareció en el bosque. Desde entonces, los Wayúu honran a Walekeru, que es como se llama la diosa que les enseñó a tejer, y la honran cada vez que tejen, recordando las habilidades que provienen de la diosa araña que les enseñó a crear belleza con sus manos. Los tejidos Wayúu no solamente son útiles para la forma de vida de la Guajira, sino que son símbolos de identidad y resistencia cultural. Y la leyenda de Gualequerú nos muestra cómo el arte del tejido entrelaza las historias, los pueblos, es un recordatorio de su origen, de su identidad. Es un tejido que significa muchas más cosas que la urdimbre misma, porque lo que está uniendo es el universo de los Wayuu. Es una conexión profunda entre los seres humanos y la naturale. La leyenda de la Mojana está por todas partes, está en el mundo de los palenqueros, pero está en otros lugares de la costa. Y la leyenda tiene muchas versiones y por eso es que digo que Totó la Moposina nos canta Mohana, espíritu del agua, espíritu burlón. Es un espíritu acuático femenino, de cabellos largos, que vive en una casa de piedra debajo del agua y que emerge en los ríos y se peina, se peina la enorme cabellera. En algunas versiones es bajita y en otras se salta. En una es una anciana que quiere raptar los niños, en otra es una joven que se lleva a los muchachos despistados. En cualquiera de los dos casos se llevan a alguien, a los jóvenes o a los niños, según dice la leyenda. Y por eso está asociada al peligro que tienen las aguas profundas. Es una manera de mostrarlo en las criaturas acuáticas que van llegando de allá. Y otro de los personajes que tiene una gran, gran importancia en la costa y de las leyendas favoritas son las que tienen que ver con el caimán. Hay una que es el Caimán de Oro, que es una historia de la cultura Sinú que está profundamente arraigada con las tradiciones de ellos en Córdoba y en Sucre, porque es que el litoral nuestro tiene una parte de sabana y otra parte de playa. Entonces cuando estamos hablando del Sinú, estamos hablando de Sucre, estamos hablando de Córdoba, estamos hablando del litoral sabanero y cuando estamos hablando de Barranquilla, de Cartagena, estamos hablando de la playa misma. Entonces, según la leyenda del Caimán de Oro, era una criatura mística que protegía el territorio de los Inú en San Andrés de Sotavento. Cuenta la historia que el cuerpo del caimán está repartido en varios lugares. Su cola está en el cerro de Tefonte, su pecho está en San Andrés, sus patas alcanzan diferentes pueblos como Sampués, Palmito, Ciénaga de Oaxaca y Chiná. Y esto nos cuenta las ricas tradiciones de los Zenú. También hay un pueblo en África, en el país de Mali, que es el pueblo Dogón, donde todo el territorio de Ogón tiene la forma de una mujer. Hay una parte que tiene la forma de la cabeza, otra parte que tiene la forma de las piernas, otra parte que tiene la forma del cuerpo. Son tradiciones similares. Estos son pueblos indígenas, pero la representación de su universo está dada en la forma del cuerpo del calle. Pero hay otro caimán que es el que nosotros conocemos muchísimo porque es el que se va. Resulta que la leyenda cuenta que había un hombre que le fascinaba ver a las mujeres bañándose en el río. Entonces se metía en la población del Plato en Magdalena. Él era un pescador, pero andaba obsesionado con ver a las mujeres mientras se bañaban. Entonces él trataba de no ser visto, pero pues alguna vez lo descubrieron porque era un voyeurista aficionado. Y entonces pues nada gravísimo. Entonces él, para poder seguirlas espiando, se fue a la Alta Guajira a buscar un brujo. Y el brujo le preparó dos pó una roja que lo convirtió en caimán y otra blanca que lo devolvía la forma humana. Con estas dos pócimas en la mano, el pescador empezó a transformarse indistintamente en caimán para espiar a las mujeres sin ser visto. Y luego salía como hombre y nadie sospechaba él. Entonces el plan funcionó mucho tiempo. Pero en el encantamiento, los planes siempre tienen fallas. Entonces un día. Un día se fue. No con el parce, él. No con el pana, no con el que su compadre, con el que siempre iba, que era el que conocía la profundidad del secreto, sino que se fue con otro amigo. Y el otro amigo no entendía muy bien cómo era la vuelta. Entonces el amigo, cuando lo vio transformarse en caimán, se asustó. Entonces botó las dos botellas al agua. Y entonces al caer los dos líquidos y mezclarse, él quedó mitad hombre y mitad caimán. Y no se pudo salir ni de la una ni de la otra. Entonces pues él quedó aterrado y se fue donde la mamá. Y la mamá trató de salvarlo. Se fue para la Alta Guajira a buscar el brujo. No encontró el brujo. Y como no encontró el brujo, pues el man se quedó así, mitad hombre, mitad caimán. Entonces pues esto no le daba ninguna situación favorable en ninguno de los dos mundos. Y él pues se fue quedando solitario. Y la mamá era la que le llevaba queso, yuca, pan mojado con ron. Era la única que se metía con él y le llevaba. Los demás le tenían terror por esa forma híbrida que tenía. Cuando la mamá se muere, este ma se queda solo. Solo, solo como tal.
