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Diana Uribe
Buenas. Hoy vamos a hacer un viaje pues a la esperanza, a la reconciliación, a la metáfora de la vida, a un país distinto, a un lugar impresionante. Vamos a ir a la reserva de Suriquí, en el Urabá antioqueño. Por Turbo. Vamos a salir desde San José de Apartadó, vamos a pasar por Nueva Colonia, vamos a llegar a ver todo el Golfo de Urabá y luego vamos a entrar a ver el río Suriquí. Y es un viaje a la esperanza, una metáfora de la vida, una historia de la reconciliación y de muchas formas de paz. Sube viento, viene la brisa la brita viene frente un sereno y la cama Sube viento, viene la brita. Es una historia maravillosa. La historia no empieza en Suriquí, termina en Suriquí, porque la historia de cómo llegué yo hasta allá, después de haber conocido muchas veces esta historia, después de haber sido muchas veces invitada, pero haber podido cumplir el sueño solamente hasta el comienzo de este año 2026. Entonces resulta que la historia empieza en un viaje a Belfast. Empieza yendo a Irlanda del Norte se cumplen los 20 años del acuerdo del viernes Santo, The Good Friday Agreement, la paz en Irlanda. Y para ese acuerdo los irlandeses quisieron celebrarlo invitando a todos los pueblos que habían hecho diferentes procesos de paz en la tierra para compartir las experiencias de la paz. Entonces resulta que en ese vuelo a Belfast me voy a encontrar con la gran protagonista de esta historia, ella y su familia, Enilda Jiménez. Resulta que Enilda Jiménez y yo nos habíamos encontrado antes en una fiesta en un sancocho costeño, pero vamos a hablar un seguras durante todo el viaje a Belfast. Y ahí me va contando su historia, y me va contando la historia de cómo su familia fue desplazada en el conflicto armado, como mataron a su padre. Todos van a tener que desplazarse, les quitan las tierras, van a durar mucho tiempo tratando de regresar a este territorio y van a emprender una larguísima cruzada familiar, personal, histórica, de perdón y de todo, para volver en el año 2018. Enilda va porque trabaja mucho tiempo en cooperación internacional. Ella iba, en ese momento trabajaba con el Consejo Noruego, yo iba como observadora por el British Council. Ella en su carácter de trabajadora humanitaria por causas de derechos humanos en el mundo, y en su carácter de víctima, porque también es víctima del conflicto armado en Colombia, ella y su familia, en ese doble carácter iba a presentar su testimonio en esa conmemoración de los 20 años del acuerdo del viernes Santo de los irlandeses. Eso lleva a que Nilda y yo creemos una amistad. La amistad se va dando durante el tiempo y se va consolidando. Enilda va viniendo, me va contando historias y por lo tanto la ruta de todo ese retorno yo la voy siguiendo a través de la amistad de Nilda. Entonces ella sueña en ese momento, ella sueña con dejar la cooperación internacional con la que se había dedicado muchos años y poder retornar a la selva y poder llegar a Suriki y poder construir allá la vida que les fue arrebatada por el desplazamiento que produjo el conflicto armado. Entonces ella tiene en ese momento un sueño. Ella me cuenta la historia, me cuenta la historia del testimonio que va a dar, me cuenta la historia del sueño que ella va a tener. Y estamos en esas. Pero a lo largo del tiempo en que nuestra amistad se fue consolidando, la historia también fue avanzando. Entonces finalmente se empieza a dar el retorno. Y cuando se da el retorno, esto es una reserva de 500 hectáreas, que para llegar allá hay que salir de San José de Apartado, llegar a Nueva Colonia, en Nueva Colonia coger una lancha, atravesar el Gulfo de Urabá, llevar al río Suriquí, y todavía del río Suriquí, después de una hora atravesando el Golpo de Urabá, falta una hora más para llegar propiamente a la reserva. Así que ese retorno es bien difícil y ese retorno es agreste, y ese retorno es a un territorio que no saben que se van a encontrar. Entonces este retorno es realmente el verdadero poema de todo lo que va a pasar. Pero la historia arranca mucho tiempo atrás. Resulta que el papá de Nilda tuvo 20 hijos, 10 hijos con la mamá de Nilda, con Doña Negra, que es un personaje absolutamente central en esta historia, siete hijos con Magali y otros tres hijos de diferentes mujeres. El papá de Nilda era un hombre macondiano, fantástico, alegre, desbordado, muy anguero, un hombre de fiesta, un hombre de parranda, un hombre de tierras. Era un hombre así como Aureliano cuando estaba casado con Fernanda del Carpio, un personaje de los de Macondo, colorido, tropical, caribeño, bacano. Este hombre construyó un mundo, un mundo completo. Él construyó todo ese mundo. Hacía fiestas de cuatro días. Ella se acuerda de cuando chiquita levantarse y acostarse en la fiesta y ver cómo llegaba gente de todas partes a verlo y a convidarse, y de una generosidad increíble y maravillosa. Doña Negra es una mujer de estas mujeres tremendas en Colombia. Y ella ¿Qué es lo que va a hacer que va a ser tan poderoso? Ella va a ser un entrenamiento del perdón. Como hay una familia paralela, ella considera que los hijos de esta familia paralela son tan hermanos y tan hijos como los suyos. Ella dice no hay medio hermanos, el día que alguno de ustedes necesite una transfusión, no le van a dar media sangre, le van a dar toda la sangre y todos son hermanos. Ella constituye una unidad familiar y no distingue entre los hijos nacidos de ella y Samuel y los hijos que Samuel tuvo con Magali o los otros hijos que estaban ahí. Todo lo repartió siempre en mitad, entre los de Turbo y los de Apartado. Y así ella fue consolidando un vínculo familiar en el cual todos eran una cofradía, todos se reconocían como hermanos y aprendían a manejar sus diferencias y aprendían a manejar todas las distintas desavenencias familiares. Ellos van a tener una metodología que Doña Negra hizo y es que el poder hablar de las cosas, el poder dirimir las cosas, el poder transitar los desacuerdos, el tener conversaciones incómodas, pero poderse encontrar siempre en el amor y en la posibilidad de realizar cosas juntos. Este espíritu va a ser la clave de la historia, porque es con este espíritu que ellos van a poder retornar. Es un espíritu muy diferente a cualquier espíritu de venganza en una tierra donde ha habido más de 100 masacres, esto es otra cosa. Entonces ella los cría dentro de este canto al amor y a la hermandad, y ella acepta, acepta la condición de vida que significa estar con su esposo y acepta una familia paralela ahí nomás. Esto ya es una aceptación muy grande y no tan frecuente. Entonces resulta que un día, los días transcurrían en esta vida, digamos, maravillosa que ellos tenían, y un día matan al papa de Nilda, a Samuel. Los paramilitares llegan al territorio, Samuel no va a colaborar con ellos, lo matan, lo matan en Nueva Colonia. Y pasa el tiempo, bueno, ellos se tienen que ir, pues quedan desplazados completamente de esta reserva, de esta tierra y de la tierra que también habían apartado. Quedan desplazados de esta región, de este mundo, de este lugar. Y ahí quedan con el sueño de retorno, quedan con el sueño de volver. Y resulta que cada uno hará lo propio para que este sueño sea posible. Pasan muchas cosas en Colombia, es una larguísima, larguísima travesía para que judicialmente ellos puedan volver, para que se reconozca que les quitaron las tierras, para que se las puedan restituir, para que haya diferentes procesos de paz. Cuando van a encontrar el carro donde fue asesinado el papá de Nilda, ahí empieza la historia. Encontramos una camioneta donde mataron a su papá. Y cuando empieza la camioneta, empieza la investigación y ellos empiezan a saber lo que no siempre ni todo el mundo sabe quién fue. Y esto nos va a llevar a quién fue la persona. Y todo esto va a atravesar este relato. Todo esto va a atravesar este relato porque eventualmente en Hilda va a poderse encontrar con el hombre que mató a su papá. Y eventualmente ella va a ser un perdón con ese hombre. Y ellos como familia lo van a hacer. Y se van a encontrar que este victimario fue una víctima cuando chiquito, que fue un niño al que le mataron los sueños, que era un raspachín, que sus oportunidades en la vida fueron muy pocas y que él era también el reflejo de un país, en palabras de Nilda, el reflejo de un país que no puede proteger los sueños de sus niños. Por eso lo que significa cuando los niños lo reclutan, que les quitan los sueños y la posibilidad de realizarlos. Ese perdón va a ser definitivo, porque le va a abrir un camino diferente a esta historia. Y es ese perdón lo que ella iba a testificar en Irlanda cuando nosotras nos encontramos. Ese era el testimonio que ella iba a dar, junto con otros muchos testimonios de perdón que se habrían de escuchar en ese evento de la conmemoración de los 20 años del acuerdo de paz en Irlanda. Entonces empezamos por ahí. Es larguísimo el camino para regresar, van a pasar muchas cosas. En medio de todo lo que sucedió, uno de los hermanos fue llevado a la guerra, y había que traerlo de la guerra y volverlo a la familia, y había que hacer una paz en la familia muy grande también, porque todos tenían que ponerse de acuerdo en el retorno a qué iban a retornar para qué. Y haciendo qué en el tiempo ya la mamá alcanza a morir doña Negra, así que le toca a toda la familia ponerse de acuerdo sin ella, pero con todas sus enseñanzas y con todo su espíritu y con toda su fuerza, y ponerse de acuerdo para la foto. Veinte hermanos que ya no tienen los papás, o sea que ya no hay quien medie, les toca a ellos mismos ponerse de acuerdo. En Isla tiene unas hermanas mayores extraordinarias, mujeres de un temple y de una tenacidad, ya no se sabe quién es más héroe. Entonces, una vez que ellos atraviesan todos los sistemas, todas las restituciones, el sistema legal, el perdón, todo lo que tuvieron que vivir para regresar, llega el día del retorno, regresan a Suriquí, y en Suriquí se van a dar cuenta que la naturaleza ha avanzado, que la selva se ha recuperado, que están los monos araña que empiezan, digamos, mi viaje se enmarca entre el avión a Belfast y los bonos araña, porque los bonos araña y los monos aulladores y los monos care blancos y los perezosos, van a ser mi punto de encuentro con esta historia, cuando finalmente pude llegar a vivirla con mis propios ojos. Ellos llegan y ven que hay todos los animales en la selva, y entonces hay la propuesta, cómo se va a ser sustentable esta tierra una vez que vuelve a ser de ellos, que van a retornar con el sueño hecho a sus padres y la promesa hecha a ellos de volver. Entonces los hermanos, algunos de los hermanos no, pues tumbémosla y hagamos monte. Entonces las mujeres lo miran y muéntico, le vamos a hacer a estos animales lo mismo que nos hicieron a nosotros. Los vamos a desplazar, los vamos a sacar de aquí, vamos a tumbarle sus árboles, vamos a secarle sus aguas, vamos a hacerlos irse para otra parte. ¿Y para dónde se irían ellos? Entonces deciden lo más poderoso de todas las paces que están llevadas en este proceso, la paz con la naturaleza. No, lo que hay que hacer es una reserva. Lo que hay es que aprovechar lo que la selva nos dio. Enilda dice que la selva los escogió. Enilda dice que la selva los esperó y que los esperó muchos años hasta que regresaran, porque sabía que la podían cuidar, y que incluso escogió al papá de ella para que le diera tanta vida. Cuando uno está en la selva se imagina que todas estas cosas pueden ser, porque la selva tiene sabidurías, lógicas y formas muy distintas a las que uno se puede imaginar. Entonces empieza la paz con la naturaleza. Esto es una decisión heroica, impresionante, porque toca meterse en este lugar primero con unos plásticos y empezar a conocer la reserva y a conocer la naturaleza y aprender a habitar con ella y aprender a vivir con ella, y aprender a respetarla y aprender a conocerla. Entonces eso es un proceso durísimo, Empezar a construir una casita donde se puedan quedar a dormir y empezar a mirar toda la selva que está alrededor de ellos y a descifrar ese mundo tan impresionante en el cual ellos crecieron, pero al cual ellos retornan de una manera ya con la idea de que ese es el territorio que los ha estado esperando desde siempre. Entonces ellos empiezan su proyecto de paz con la naturaleza, la creación de la reserva de Suriquí. Esto implica una cantidad de conectividades. Y un día hay un caballo que todos querían mucho, amarillo, entonces todos contentos y tal con su caballo y tan el jaguar se come el caballo, el caballo que más querían. Entonces uy, ¿Qué hacemos? Entonces bueno, había quien tenía la tentación de dispararle al jaguar. Pues si le disparan al jaguar, le disparan a toda la reserva y a todo el plan y a todo el sueño. El jaguar además estaba con una novia jaguara y tenía jaguar. La buena noticia es que la selva está bien porque se está reproduciendo los jaguares. La mala noticia es que se comieron al caballo. Entonces ¿Qué vamos a hacer? Entonces tiene que aprender a vivir con el jaguar, porque llegaron a la tierra del jaguar. Entonces ahí el que manda es el jaguar, y los que tienen que adaptarse y entender eso son ellos que fueron los que retornaron. Entonces, ¿Cómo se va a vivir con el jaguar? Lo primero es no cazar nada de lo que el jaguar se come para no cercarlo, para que él pueda caminar libremente por todas partes y encuentre alimento. Eso es lo primero, la conectividad. Esa reserva se tiene que conectar con la reserva de Manatí, que es una reserva muy grande que hay alrededor, porque el jaguar tiene que ir por toda la selva, no solamente por un pedacito. Entonces eso implica que todo el área tiene que estar conectada para que el jaguar pueda caminar libremente. Lo que quiere decir que con los vecinos tiene que haber una relación armoniosa, pacífica, bonita, de amistad, para que pueda caminar el jaguar. Poner las trampas, las cámaras trampas que van a permitir conocer el comportamiento del jaguar. Y ahí van a ver en una cámara trampa, en una parte del cuerpo del jaguar pintado perfectamente claro, un corazón. Ningún jaguar tiene las mismas manchas, son irrepetibles como los cheetahs y como los leopardos, y cada uno es único. Ese en particular se llama corazón y es el corazón de Suriquí. Entonces empiezan a caminar con el jaguar. A medida que ellos van haciendo la reserva y la van construyendo y la van adaptando y van adaptándose a la reserva, empiezan a llegar investigadores de todas partes del mundo. Entonces empiezan a llegar los primatólogos. Significa que ellos van a seguir junto con los primatólogos a los primates durante un mes entero, a toda hora, con el agua en la cintura, día y noche, para aprender cómo son los comportamientos de los primates. Van a llegar los que saben de reptiles y esto les toca ir detrás de la gente de los reptiles para que les enseñen cómo es que se manejan los reptiles allá. Aprender a hacer la paz con la naturaleza implica un conocimiento, una espiritualidad y un viaje por todos los viajes que la naturaleza hace para lograr entenderla. Entonces toca seguir a los jaguares, toca seguir a los reptiles, toca seguir a los monos y entender cuáles son las mariposas para poder vivir como ellos viven y poderlos entender. Hoy por hoy, cada uno de ellos es un experto absolutamente impresionante en todo, porque ya han pasado mucho tiempo entendiendo la naturaleza y tienen la ruta del jaguar y tienen la ruta de la vainilla. Entonces toda la cantidad de caminos que se les abren a ellos tratando de entender la naturaleza, los hijos que vienen aprendiendo a entender la naturaleza, todo lo que se va uniendo, y mientras se va uniendo la reserva, se van uniendo ellos. ¿Entonces ellos como familia se vuelven cada vez más orgánicos, no? En sus diferencias, que las tienen todas, son muy distintos unos de los otros. Van cambiando de vida. Uno era guardaespaldas y ahora es el que le hace a uno la ruta de los primates y la ruta del jaguar. Y la reserva va trayendo a todos, y el traerlos a todos va trayendo el espíritu de la mamá, que a todos los hace hermanos. Jurídicamente hablando, esto está milimétricamente creado para que todo el mundo se sienta parte de esto. Entonces ellos empiezan a crear una metáfora maravillosa de lo que son todas las posibilidades de paz. De paz y de perdón. Entonces ellos van construyendo este sueño tan absolutamente maravilloso. Y este sueño está lleno de asombro, porque eso está lleno de una cantidad de ríos y de caños y de afluentes y de aguas. Y hay un bosque inundado que parece sacar de uno de los cuentos más impresionantes, porque allá en ese bosque hay unos reflejos en el agua que hace que los árboles se dupliquen entre el reflejo del agua y el árbol que está sobre el agua. Y es ahí donde surgen esta gran cantidad de aves, y hay todas las diferentes especies de garzas, las garzas de todos los colores, y la famosa garza mora que le da trabajo a un río, como decía Simón Díaz. Y están todos los animales que uno puede ver, y hay animales nuevos, porque siempre que se recorre aparecen nuevas especies. Y hay búhos, y hay absolutamente todo lo que la selva puede dar. Entonces hay atardeceres que son increíblemente inimaginables, porque los atardeceres allá parece que uno estuviera realmente en el mayor de los paraísos. Entonces esto se va volviendo una cosa cada vez más poderosa y cada vez más tremenda, y ellos se van conociendo y van conociendo la naturaleza, y todo va articulando una posibilidad histórica de otro país que nosotros podríamos tener y que ellos tienen y donde viven, y que es aquí mismo. Yo sentía como si estuviera viajando a Sudáfrica, porque me encontré las mismas cosas que me encontré en Sudáfrica, la reconciliación el perdón, el retorno, la transformación. Y, digamos, yo sentía como que era otra parte del viaje a Sudáfrica. Entonces me empiezan a invitar y siempre me decían que cuando iba, que todo estaba listo. Que todo estaba listo para llegar allá. Y el día llegó. El día llegó en que cumpliéramos este sueño, esta palabra tantas veces dada con Enilda, que era encontrarnos allá. Este es el espacio de la pauta comercial. Una de las películas más bellas, más poderosas, más sutiles, es Valor sentimental. Valor sentimental nos lleva a un viaje profundo, pero increíblemente sutil. Todos los rasgos más conmovedores y más poderosos de la película son sutiles. No hay nada que nos lleve a una conmoción, sino a una participación emocional de la película. La película realmente recrea los valores de lo que es la recuperación de un afecto. Stellan Skargur, que es un tipo que lo hemos visto en todas partes, un super actor aquí es un director de cine que en su película quiere recuperar el amor de sus hijas, que sienten que por haber llegado a ser una estrella semejante como las estrellas del cine escandinavo, sacrificó el amor por ellas. Entonces la película literalmente, o sea, la película que se está filmando dentro de la película, trata de rescatar ese amor y demostrarle a ellas que él nunca las dejó de querer. Uno de los personajes más entrañables es la casa misma. La casa narra la película, porque la película transcurre en una casa donde ha ocurrido no solamente la historia familiar, sino que han ocurrido historias por generaciones. Entonces vienen y van personajes de otras épocas. Hay quienes dicen también que hay otra trama ahí. Y es que la actriz que va a ser el personaje es una actriz de Hollywood. Y como Hollywood no cabe ahí, no puede narrar y no puede entender lo que los escandinavos, y en este caso, una película noruega, saben narrar con esa sutileza tan absolutamente increíble. Con que han desarrollado una forma de cine tan particular y tan propia. Y unos relatos verdaderamente únicos y originales. La manera como ellos narran tiene niveles de relato. Tiene capas, tiene personajes del pasado, del presente. Tiene la casa como escenario. El amor paternal como el marco general donde se abriga la recuperación del amor familiar. La casa. Que le preguntan si a la casa le duele cuando las cosas se rompen, Si la casa siente cuando está sola o cuando la casa tiene mucha gente y la casa opina. Entonces es una película para recrear el alma. Una obra maestra que realmente recrea los sentidos del alma. ¿Dónde la pueden ver? En movie. Com dianauribe. Ahí entran, se registran, tienen 30 días gratis para ver esta y otras maravillosas películas que hay en este catálogo. Y continuamos con nuestro relato.
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Diana Uribe
Cuando nos encontramos allá finalmente, pues primero, esto parece una cosa verdaderamente soñada. Los hermanos han llegado una parte son 6, pero pues es que son 20, entonces son 6 de los que estaban allá. Y Enilda ha convocado a unas personas maravillosas para que nos visiten al otro día y hagamos entre todos un encuentro cósmico que uno no se puede imaginar el nivel de energía y de movimiento tan maravilloso. Yo me voy con mi amigo Carlitos, con el viajero con el que fui a Cuba por primera vez, con el que fui a Marruecos y a Jamaica, y ahora vamos a Suriquí. Todo lo que ustedes están viendo, todo, todo este material que están viendo, lo filmó y lo recolectó Carlos Hernández, que es un cineasta y documentalista, que es mi amigo Carlitos, con el que viajamos por los lugares más increíbles de la tierra. Y él, mi compañero de viajes, naturalmente tenía que ser mi compañ de esta maravillosa historia. Entonces ella me anuncia que al otro día viene mucha gente en el río. Yo todavía no me imagino la gente que va a venir en el río. Todavía no tengo idea, todavía no tengo manera. Ella me dice que va a haber una rueda de bullerengue por la paz. Y esto suena maravilloso. Entonces llegamos allá esa noche nos vemos, esa noche nos abrazamos, esa noche empezamos a comer la comida de la selva. Y la comida de la selva dicen ellos que cero kilómetros porque todo ocurre ahí, todo está ahí. Está la yuca morada y está todo lo que el río da de pesca. Y el primer atardecer y todas las garzas que empiezan a volar cuando estamos llegando a la reserva. En el momento que estamos llegando a la reserva parecía como que un telón mágico se abriera porque empiezan a volar una cantidad de garzas de todos los colores alrededor de la embarcación, como si fuera una especie de bienvenida de una entrada a ese lugar mágico. Se pide permiso, se pide respeto. Siempre pido permiso, siempre pido respeto cuando voy a entrar a los lugares porque como me enseñaron en el Amazonas, todo tiene dueño. El agua tiene dueño, el aire tiene dueño, todo tiene sus dueños y sus espíritus guardianes. Y uno pide a los espíritus guardianes el permiso y el respeto para entrar en ellos. Y ellos le brindan toda esta cantidad maravillosa de atisbamientos de aves y de todo esto tan bello. Y está toda la cantidad de aves que van sonando en el momento que uno va entrando. Entonces llegamos allá y cuando llegamos hay una entrada. Siempre ellos son muy rituales y siempre hacen de toda entrada un rito, una bienvenida, una magia. Se ve el jardín que se ve cuando uno va entrando. Ya han llegado algunas de las personas, están ya empezando a reunirse. Esta historia yo la conté cuando hicimos las series de Los procesos de paz. En el último capítulo de Los procesos de paz yo conté esta historia desde lo que me la habían contado. Ese video que yo hice lo tienen allá y se lo muestran a la gente, lo que me da un gran. Me honra enormemente que de alguna manera uno pueda de alguna forma contribuir a esta historia tan absolutamente maravillosa. Entonces van llegando y al otro día empieza lo que va a ser las actividades fundamentales. Va a llegar un sacerdote que se llama el Ecobio, El Ecobio o'. Neal. Este personaje lleva todas las sabidurías y todas las espiritualidades del Chocó. Este personaje tiene una mezcla de conocimientos de ancestros, de yorubas, de Orishas. Detiene toda la mística, conoce la selva, un humor maravilloso, una sonrisa increíble, una gran sabiduría, una sabiduría de las plantas, de la naturaleza, de la espiritualidad. Es un mediador, es uno de los hombres de paz, uno de los grandes hombres de paz. En el Chocó uno conoce gente absolutamente impresionante y este es uno de esos. El otro era el padre Antún, que también lo conocí en Quibdó y cada vez que voy quedo asombrada de la gente tan maravillosa que hay. Ahí viene Braulio, un gran líder mediador. Estas personas son personas que median, que son capaces de entrar en los contextos más polarizados y despolarizar, que es una cosa que es muy importante ahora, porque la polarización es una trampa de falsas identidades. Pero ellos no van solos, ellos van con un combo, la cosa más impresionante, que son los que van a dar todo el feeling a esto y que le van a dar la mística y que le van a dar la oración, que es la música. Aquí va a haber una rueda de bullerengue. Y la rueda de bullerengue es una cosa impresionante porque son los cantaores. El cantaor principal que se llama Happy, viene de una estirpe antigua de cantadores y trae absolutamente toda la. Toda la ancestralidad en su voz. Su voz absolutamente estremece. Entonces este personaje empieza a cantar. Ellos son voluntarios del Centro Pastoral Afrocolombia Urabá Darien y tienen un compromiso con la pertenencia y con la paz. Está o', Neal, el Ekovi o', Neal, el afro sacerdote, que es el coordinador de la CEPAC. Está Hapi Bullerengue, un heredero de la gente más impresionante. Él es tamborero, es cantador, es el que dirige el grupo. Y el grupo es el grupo del Tambo Turbo, Antioquia, corazón de todo esto. Está Brian Steven, que es otro cantador y es otro miembro del grupo del renacer ancestral de los corregimientos de Uberos en San Juan de Urabá. Está Yuli González, tamborera, directora del colectivo de mujeres en el Tambo y del grupo de bullerengue Danzas de Ayer de Chigorodó, Antioquia. Está José Aymar Sumaquey González, tamborilero, bairador de Chigurodó. Karen Dayana Palacios Luna, directora de la Corporación Etnocultural Ecuela del grupo de danzas. Cada uno de ellos tiene su propio grupo de bullerengue, pero al encontrarnos se arma un solo grupo, como una especie de Basurto All Stars, o sea, los que están ahí eran las grandes estrellas del bullengue. ¿Qué hace el bullerengue allá? Salva a los chicos de la guerra. Una de las personas que estaba allá, cuando empezamos ya a cantar la paz, cuenta como a ella le habían matado el hermano, y eso la había llenado de una rabia terrible, y la estaban convenciendo a través del odio, de un reclutamiento que le iba a desbaratar la vida. Y ella se mete en el bullengue, y el bullengue le salva la vida. Y en el tambor ella resuelve la bronca y la rabia de la venganza de la muerte de su hermano, la vuelve tambor. Y el bullengue se vuelve alquimia del corazón que reza con la música y transforma.
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Cuando nos referimos a paz, yo me imagino la paz como yo siempre me he soñado, cuando me han contado los mayores, como les digo en Cosmo, como lo contaba mi mamá y papá, de cómo fue el territorio antes de que llegara toda la violencia, de cómo era la naturaleza, cómo había la abundancia, cómo se encontraban nuestras comunidades, cómo era el uno feliz con el otro, cómo eran de grande las familias. Eso es paz. Volver a vivir así, en esa tranquilidad donde no había llegado ni siquiera la guerrilla, ni siquiera el paramilitarismo, donde apenas estaban llegando nuestros padres, los ancestros a este territorio, cuando todavía no conocía la maldad, digo yo acá, cuando no conocía nada de esa guerra que se ha vivido, todo eso que ha vivido la comunidad, todo eso que hemos vivido todas las personas que han estado acá, y también las personas que ya no están. Yo creo que eso sería la paz más linda que podríamos volver a vivir en el territorio. El territorio pudiera volver a ser el mismo de antes, todo el mismo cauce del Caño de los Mangos, que no hayan tenido que hacer nada, lo que hicieron los empresarios, nada por esas grandes economías, por toda esa devastación que hicieron en la naturaleza, eso sería paz para nosotras las familias y también para una futura generación de nuestros hijos. Y pensar en el mañana, eso sería tener paz, tener tranquilidad, vivir en el campo para mí siempre será lo mejor, siempre esta brisa, disfrutar del hermoso paisaje y ver como Dios hizo las cosas como tan perfectas. Es maravilloso de pensar e imaginar esa paz.
Diana Uribe
Y ellos tocan y conversamos, y ellos tocan y conversamos, conversamos de lo que nos soñamos, de cómo nos imaginamos la paz, de las experiencias que hemos vivido, contamos las historias de cada uno. Y las historias son absolutamente asombrosas, porque todo el mundo viene de los lugares más remotos, de las historias más impresionantes. Este bullerengue mantiene la vida, mantiene la paz, y mantiene el espíritu de una oración en música. Así como los derviches hacen de su danza una oración en movimiento, el bullerengue hace de la música una oración de la vida, de la alegría, de la paz. Y empezamos, ellos empiezan a tocar y nosotros hablamos, y ellos empiezan a tocar y nosotros hablamos. Y esta conversación se va llenando del espíritu del bullerengue, y se va llenando de la sabiduría de la paz, y se va llenando de todas las historias que hacen posible el tejido más delicado del mundo. La esperanza entonces se va haciendo de una manera tan absolutamente hermosa. Y hay gente en la cocina clavada, cocinando manjares, y se huelen esas maravillas de guisos, de todo suero y suero envenenado, que es uno que le echan un ajo y le echan cebolla y el sabor al suero, y está la papa morada. Y cada vez que se pone esa gran mesa, esa gran mesa que significa la paz y la esperanza, hay unos sabores más impresionantes, más tesos, más poderosos. Hay unos pescados que vienen de ahí, porque uno cuando va se va encontrando al hombre que está cazando, los que está pescando, los pargos que no alcanzan a tocar la tierra. Cuando de una vez llegan a la reserva, todo lo da la naturaleza, todo está ahí. Es la gran generosidad de la selva que permite que todo esto exista. Entonces vienen esos platos y esos banquetes y esos sabores y esos olores, este batallón de gente cocinando, porque cocinar para este combo, que en ese momento éramos veinte, y de la familia seis, pero éramos veinte todos. Y esto es un combo para mantener ahí grande, que a ella le recordaba las fiestas que hacía el Papá, era la sonrisa, era la alegría, era el sueño de podernos encontrar allá y poder compartir esta esperanza maravillosa. Y entonces eso fue el primer día. En la conversación del Bullerengue por la Paz. Se hacen varias rondas, y cada una de esas rondas viene la conversación, y entonces hablé a Braulio, y entonces habla el Ecobio, y entonces hablan los hermanos de Nilda, y entonces hable Nilda, y entonces hablamos todos y. Y cada uno comparte un pedazo del corazón, de la experiencia y del sueño y de lo que significa la paz que se vive. Por eso les digo que esto es una metáfora muy impresionante, porque es una historia de la vida real que estamos viviendo mientras la contamos. Pero es una historia que ocurre en este país y es una historia que ocurre en un lugar donde ha habido mucha guerra, mucho dolor y mucha tristeza. Y es un lugar donde había quedado en la memoria de la gente como en la época del conflicto armado. Hay un país que es el país de los 90s, en donde la gente nos quedamos congelados en las imágenes de los territorios más sufridos, donde venían las noticias más escabrosas y el alma se nos congelaba en el dolor de todo lo que atravesamos y sufrimos como pueblo. Porque nosotros tenemos dolores colectivos. El hecho de que una u otra persona haya vivido una situación de guerra en Colombia no lo hace individual. La guerra nos tocó a todos, aunque no fuera directamente, o aunque fuera directamente el dolor es una un dolor de todos. Lo que los colombianos tenemos es un dolor colectivo y no lo hemos mirado como tal. La que nos hablaba de los dolores colectivos es Doris Salcedo, que entiende que es un pueblo entero el que ha sufrido tanto dolor y es un pueblo entero el que tiene que sanar. Eso también lo entienden los africanos. Los africanos tienen sanaciones colectivas porque entienden que el dolor de la guerra le da a las colectividades. Entonces nos hacemos conscientes del dolor y de la sanación, porque además todos los perdones que tuvieron que llevarse a cabo para llegar a la reserva de Suriquí, para que la protagonista de esta historia sea Suriquí, son los que van dando el pie de sanación para que podamos tener estas conversaciones con la rueda de Guillerencia. Vimos chigüiros, vimos sinzontes, vimos turpiales, ahí también hay ocelotes que van caminando, diferentes formas de felinos maravillosos que se van viendo y los osos perezosos de tres especies diferentes, porque entre una cosa y otra hay avistamientos. Entonces salimos, íbamos avistando los atardeceres y ahí fue cuando vi una familia entera de moros araña, todos uno detrás de otro, atravesando la selva con esa naturalidad y con esa alegría. Otra de monos aulladores. Los aulladores son de un colorcito diferente cada uno de ellos y la de los perezosos, de tres especies distintas de perezosos, perezosos con sus bebés. Entonces esto de mirar en los árboles el universo y sentir en el canto la alegría de la vida, y escuchar en la palabra la experiencia de la paz, genera una transformación cósmica que es difícil de narrar, aún contándola, es difícil de expresar lo que ese momento fue. Y al otro día viene lo propio, lo tremendo y lo impresionante, si esto no les parece propio, tremendo e impresionante. El canto al río. Entonces al otro día nos vamos al bosque que les conté, donde nace el espejo que hace ver el alma de la selva. Ahí en una de las lanchas de una de las barcazas están los músicos, y en la otra estamos nosotros que hacemos de público. Entonces empieza el canto del bullerengue. El bullerengue siempre tiene un canto que invita, que llama, luego viene un tambor, y luego entran todas las voces y los tambores. Entonces hay que agradecerle al río, porque el río hace posible todo. Entonces el egobio da las palabras al río, Enilda da las palabras al río. Llevamos las ofrendas al río, llevamos las ofrendas de flores al río, para agradecerle, para saludarlo, para cantarle, para hacerle un concierto, porque el río es el más generoso de todos, porque el río hace todo posible, porque el agua de la reserva es la que hace posible que todo exista. Ese canto al río fue un momento absolutamente impresionante, con esa luz, con esa música, con la vibración, con la energía de ancestralidad que cada uno de estos cantares tiene en ese momento, en ese bosque inundado, cuando estamos todos inmersos en una especie de hechizo, un hechizo de paz con la naturaleza y con la vida que existe y es posible vivir y que nosotros lo vivimos en ese momento. Tiempo para navegar. Entonces se pide permiso al río para ir a cantarle, se le pide permiso a la selva para que nos deje entrar. El día que fuimos a recorrer la ruta del jaguar, nos paramos frente a la selva con los ojos cerrados, escuchamos todos los sonidos de la selva y los imaginamos antes de que nos permitiera entrar y poder entrar. Así en todos los lugares se pide el permiso y el respeto, porque estamos en un lugar completamente sagrado que nos prodiga toda su belleza y toda su maravilla con el solo hecho de existir. Entonces ahí en el corazón del Urabá vivimos el canto al río y el bullerengue que trae desde la ancestralidad de todas las diferentes comunidades que vienen de tantos lugares, les digo de dónde venían cada uno para que sepan lo que significa venir de todos lados, de Chigurod, del San Juan, de todo, para llegar ese día, a esa hora, en ese momento, a cantar el bullerengue al río. Entonces ese encuentro que llevaba a cabo nuestro sueño con Enilda, que aún no se había cumplido cuando nos conocimos, todas las historias que fuimos viviendo juntas el día que llegamos allá, toda esta gente que venía de lugares tan apartados solamente para cantarle bullerengue al río, ese era el objetivo de todo. Y después de que pasa todo esto tan absolutamente maravilloso, nos empezamos a preparar para la retirada. Se van los músicos, cuando se van los músicos esto queda tristísimo, nomás ver la lancha de los músicos irse ya da un vacío muy grande, porque se van los músicos y eso queda en silencio y ese bullerengue se va con ellos y se queda metido en el centro de nuestro corazón. Se va el Ecobio con toda su magia, se va Braulio con ese temperamento dulce, temperado, poderoso, silencioso, observador y sabio que él tiene, se va Happy, se van todos ellos y nos quedamos nosotros, los hermanos de Nilda, Carlitos y yo, pensativos y pensando todo lo que vivimos y todo lo que pensamos, y se va completando este cuadro tan absolutamente maravilloso. Afortunadamente el retorno va a ser largo, porque si uno se viniera inmediatamente de un lugar como eso, el alma no podría manejar esa velocidad, entonces pues hay que salir las mismas tres horas, salir de la reserva, que es bien duro, porque la reserva se le queda a uno adentro, o sea, uno no puede ir a una experiencia de estas y volver el mismo, como tampoco podía yo ser la misma cuando regresé de Sudáfrica. Así como en Sudáfrica veíamos que allí donde estuvo el apartheid también nació la no violencia, así en este Urabá, donde hubo más de 100 masacres, está sucediendo la historia que les cuento. Y pues lo viví, o sea, lo vi, eso que le estoy contando realmente lo vi hace muy poco tiempo. Entonces nos venimos despacito, primero uno tiene que llegar otra vez a Nueva Colonia, de Nueva Colonia entonces tiene que llegar a San José de Apartadu, pero de nosotros nos vamos a ir también a un lugar maravilloso antes de eso, que es un lugar en Turbo, un lugar que se llama Simona, donde unas mujeres hace 20 años compraron una finca ganadera y la convirtieron en un paraíso. Y ahí hay una playa. Esa playa tiene el agua, como decir, de un pozo dulce, pero es mar. Y el agua no es densa, aunque tenga una salinidad, pero es. Es como un pozo, porque son tantos, tantos, tantos los ríos que están alrededor del Golfo de Urabá, que en ese punto de Turbo el agua es un agua de pozo, es un agüita como de. Pero es mar. Pero es un mar dulce, un mar que apenas acaricia, donde la salinidad no es espesa ni fuerte, como es la sal del mar, porque la naturaleza aquí es una cosa absolutamente impresionante. Y ahí vamos a emprender el largo viaje de regreso. Y el largo viaje de regreso, pues, hasta llegar otra vez a San José de Apartado, que es una ciudad chévere, normal, como cualquier ciudad del Eje Cafetero. Una ciudad con oferta gastronómica, con centros comerciales, con exposiciones artísticas, una ciudad. La idea de los pueblos congelados en el dolor del momento en que eran noticias, no es la realidad de muchos de esos lugares hoy día, y no es la realidad de San José de Apartado. Suriquí es una metáfora de Colombia, es una metáfora de la posibilidad, de todos los posibles caminos que la paz puede llevar a poder imaginar y vivir una cosa completamente diferente a la narrativa que hemos tenido durante tanto tiempo. Llegar allá y verlo, un sueño que se hizo, que se forjó en Belfast, es una circularidad cósmica impresionante, porque es llegar a vivir con los bonos araña, lo que uno se soñaba en esa cantidad de murales tan fuertes que se veían en las calles de Belfast. Entonces, cuando uno finalmente llega Apartado y toma el avión de regreso a casa, hemos vivido una experiencia de una transformación indescriptible, pero sobre todo hemos vivido el sueño de la paz. Y hemos vivido el sueño de la paz como una realidad familiar, natural, cósmica, posible, con el perdón, con la vida, un pacto distinto que es posible. Entonces, el viaje que yo hice fue un viaje a una reserva, pero también fue un viaje a la esperanza, pero fue un viaje a la naturaleza, pero fue un viaje a la tierra del jaguar y a donde se ven los chigüiros. Y fue un viaje a la posibilidad real de que la gente pueda tratarse de otra manera. Y lo que dicen, me contaba en Hilda, los que los han estudiado, porque ellos son objeto de estudio, porque Pues esto es una historia absolutamente increíble. Es que ellos tienen la capacidad de atravesar las dificultades sabiendo que son parte del proceso. La capacidad de tener conversaciones incómodas, sabiendo que son necesarias para poder arreglar las cosas. La capacidad de asimilar las diferencias, porque son muy diferentes los unos y los otros, y de no tenerle miedo a los desacuerdos y a las desavenencias, y a discutir desde puntos de vista totalmente distintos. Es precisamente todo lo contrario a la polarización. Porque la polarización lo que hace es que inhibe al uno para entender lo que dice el otro. Y esto que vimos en Suriki es todo lo contrario. Cuando la gente mira al otro, entiende que toda la diferencia es válida, entiende que toda la diversidad enriquece, y entiende que la incomodidad no es el fin de nada, sino solo circunstancias que se deben atravesar con la frecuencia que se necesite para poder llegar a acuerdos. Ellos llegan a acuerdos, cumplen sus pactos, respetan los acuerdos, respetan la diversidad y aceptan la diferencia del otro, porque son muy diferentes entre sí. Y cada uno tiene historias distintas, muy distintas, a pesar de ser de una misma familia. El sacrificio que hizo el Papá para sacarlos a todos de la guerra. Si se hubiera metido en la guerra, todos hubieran muerto uno por uno. Él sacrificó su vida para que ellos no estuvieran en la guerra. Doña Negra les enseñó el perdón, el retorno. Les enseñó la paz de su uriquí y de la selva. Y uno los ve a ellos. Ve los monos, ve al jaguar, ve las mariposas y ve los chigüiros, y ve el agua y ve el río y ve el bosque y escucha el willerengue. Y el alma, de una manera o de otra, cambia profundamente ante la posibilidad de la esperanza. ¿A dónde fui yo cuando fui a Suriki? Ni siquiera lo puedo decir. ¿Qué clase de viaje es este? Probablemente es uno muy distinto a todos los otros viajes que yo les he contado. Pero sigue siendo un viaje. Un viaje a través del río al corazón de la esperanza. Entonces, desde los espacios de Belfast, del avión de la selva, del jaguar, de los monos araña, de los monos aulladores, de los perezosos del río, de los hermanos que retornan, de Doña Negra en su corazón, de Samuel, que creó toda esta tribu fantástica y fiestera, desde la sabiduría de la selva, desde la amistad, que es la que me lleva a poder entender este milagro y desde la misma metáfora que es la protagonista de esta historia, que es el suriquí, la reserva de suriquí en la narración. Diana Uribe Y para ustedes, feliz día, cualquier día que sea. Aquí queremos agradecer a toda la gente del bullerengue. Queremos agradecer a Le Cobio o'. Neal. Queremos agradecer a Yarli Happy. Queremos agradecer a Brian, a Yuli, a José Aymar, a Karen. Queremos agradecer a todos los que cantaron con nosotros. Queremos agradecer a Braulio, a todos los hermanos de Enilda, a Enilda misma, porque es Enilda la que hace posible este sueño y la que me lleva allá. Y sus hermanos, los que estaban allá, los seis que estaban allá, que son los que nos abren las puertas de su corazón y su esperanza. Y a Carlitos, que registró todo esto de principio a fin en las imágenes que ustedes están viendo y que ilustran lo que estaba sucediendo en el corazón y en la selva. It's so weird. This app shows that my credit score's pretty good, but I couldn't get the car loan.
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Host: Diana Uribe
Date: February 28, 2026
En este episodio, Diana Uribe invita a los oyentes a un viaje emotivo y transformador a la reserva de Suriquí, ubicada en el Urabá antioqueño de Colombia. Esta narración es mucho más que un recorrido geográfico: es la historia del retorno de una familia desplazada por el conflicto armado, la construcción del perdón, la reconciliación con antiguos victimarios, y la poderosa relación de paz entre seres humanos y la naturaleza. A través de relatos personales, encuentros comunitarios y la celebración del bullerengue, se teje una metáfora sobre todas las formas de paz posibles en Colombia.
“El bullerengue se vuelve alquimia del corazón que reza con la música y transforma.”
— Diana Uribe (36:30)
“Eso sería la paz más linda que podríamos volver a vivir en el territorio.”
— Miembro de la comunidad local (38:59)
“El sacrificio que hizo el Papá para sacarlos a todos de la guerra. Si se hubiera metido en la guerra, todos hubieran muerto uno por uno. Él sacrificó su vida para que ellos no estuvieran en la guerra. Doña Negra les enseñó el perdón, el retorno. Les enseñó la paz de su uriquí y de la selva.”
— Diana Uribe (59:23)
El episodio pinta, con la voz inconfundible de Diana Uribe y testimonios conmovedores, un mosaico de dolor, sanación, diversidad, resistencia y esperanza. Suriquí emerge como un símbolo de los muchos caminos de paz posibles en Colombia: el perdón, la reconciliación, el retorno, la protección de la naturaleza, el poder de la diferencia y la inmersión en la riqueza cultural y musical. Es una invitación para imaginar y construir un país distinto, donde las heridas colectivas se sanan en comunidad y donde la paz es una realidad cotidiana, viva y profundamente sentida.