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España ha calcinado unas 130.000 hectáreas en solo siete meses, más de lo que quemaba en un año entero durante la última década, y todavía queda verano por delante. Más de 70.000 personas han salido de sus casas en la mayor evacuación reciente del país, y el Gobierno ha tenido que activar el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea porque nuestros medios no daban abasto. No busco aquí un culpable con nombre y apellido para el debate de la semana. Busco el origen, y el origen no está en esta ola de calor. Está en cuatro décadas de decisiones económicas que vaciaron el campo, sustituyeron el pastoreo por el pienso y la leña por el butano, y convirtieron un monte que antes era una despensa en un almacén de biomasa que hoy arde sin control. El cambio climático existe y acelera el fuego, pero actúa como multiplicador sobre una base que construimos nosotros: el abandono del territorio. Analizo por qué España gasta el grueso de su presupuesto en apagar y una fracción mínima en prevenir, por qué la prevención invisible nunca gana elecciones frente al hidroavión fotogénico, y quién se beneficia realmente del espectáculo televisivo que rodea cada gran incendio. Recupero a Frédéric Bastiat y a la Nobel de Economía Elinor Ostrom para entender por qué lo que no vale nada en la economía real termina ardiendo. El fuego se apaga en verano, pero el monte se salva o se pierde en invierno, cuando no mira nadie. La pregunta incómoda es si de verdad queremos resolverlo, o solo discutirlo cada agosto. Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

Cinco días. Ese es el tiempo que pasó entre que Hugging Face detectó y contuvo una intrusión en sus servidores de producción y el momento en que OpenAI descubrió que el intruso era suyo. El 21 de julio de 2026 OpenAI publicó en su blog corporativo que dos de sus modelos, GPT-5.6 Sol y un prototipo sin lanzar, habían provocado ese incidente. La cobertura fue inmediata y unánime: la inteligencia artificial se había escapado. Fortune habló de alarmas en toda la industria. Un investigador de la Universidad de Louisville declaró que estos sistemas son impredecibles e incontrolables. El expediente técnico cuenta algo menos cinematográfico. Los modelos estaban siendo evaluados en un benchmark interno de capacidades ofensivas de ciberseguridad llamado ExploitGym. Para esa prueba, OpenAI desactivó deliberadamente los filtros que impiden a sus sistemas ejecutar operaciones de alto riesgo. El entorno aislado tenía una única vía de conexión al exterior, un proxy de caché de paquetes documentado por la propia empresa, y ese proxy tenía una vulnerabilidad que nadie conocía. El modelo dedicó horas de cómputo a buscar una salida, la encontró, y encadenó fallos hasta llegar a los servidores de Hugging Face, de donde extrajo las respuestas del examen que debía resolver por su cuenta. El fundador de Trail of Bits lo llamó un fallo de contención con las salvaguardas apagadas. En 2019, con GPT-2, la misma empresa anunció que su modelo era demasiado peligroso para publicarse y meses después resultó que no lo era. Analizamos qué ocurrió realmente, por qué se eligieron esas palabras y qué tenía OpenAI en el calendario esa misma semana. La próxima vez que leas que una máquina decidió algo, prueba a preguntarte quién necesita que lo creas. Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

33.700 millones de euros. Es la mayor inversión tecnológica anunciada nunca en España y una de las mayores de Europa. No es un plan ni una promesa electoral: hay hectáreas asignadas, declaraciones de interés general aprobadas y grúas que ya se mueven. Y mientras eso ocurre, el debate público está en otro sitio, discutiendo si todo esto es una burbuja que va a estallar. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y confundirlas sale caro. Una cosa son las valoraciones bursátiles: múltiplos que solo se sostienen si todo sale perfecto, dinero especulativo persiguiendo la próxima gran historia, Goldman Sachs y JP Morgan advirtiendo de una euforia inversora mientras lideran las salidas a bolsa de las empresas que la protagonizan. Otra cosa distinta es el capex: centros de datos, subestaciones eléctricas, semiconductores, refrigeración, fibra. Hormigón y silicio. La historia ya nos dio esta lección y la olvidamos rápido. En marzo de 2006 Amazon lanzó un servicio para almacenar datos en servidores remotos y algunos de los ejecutivos más poderosos del sector lo despacharon en público como una moda pasajera. Veinte años después, esa moda pasajera es la capa invisible sobre la que funcionan Netflix, Airbnb, Uber y más del 75% del IBEX 35. La fibra óptica que arruinó a decenas de operadoras durante la burbuja puntocom fue exactamente la infraestructura que hizo posible internet barato. Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

Un ejército romano y otro napoleónico se movían a la misma velocidad: treinta kilómetros al día, con dieciocho siglos de diferencia entre ambos. Ese dato, aparentemente trivial, es la clave para entender por qué el presente se siente tan vertiginoso. Analizamos la curva que mide el intervalo entre rupturas tecnológicas de gran escala: nueve mil quinientos años entre la revolución neolítica y la imprenta de Gutenberg, apenas veintisiete entre la aparición de internet y la inteligencia artificial generativa. Karl Polanyi advirtió que el ritmo del cambio puede importar tanto como su dirección, y esa tesis se pone a prueba con tres rupturas que están a punto de llegar: la fusión nuclear comercial, que sustituiría el control geológico de la energía por uno tecnológico, la inteligencia artificial general, que el consenso de los grandes laboratorios sitúa entre 2030 y 2045 y que persigue objetivos en lugar de solo ejecutar instrucciones, y el salto de las interfaces cerebro máquina desde el uso médico hacia la mejora electiva, con todo lo que eso implica para la privacidad de los propios pensamientos. John Maynard Keynes ya hablaba de desempleo tecnológico hace casi un siglo, sin imaginar la magnitud de lo que vendría después. La condición humana no ha cambiado: seguimos digiriendo el mundo a la misma velocidad biológica que un campesino del año 980. Lo que se ha acelerado es todo lo demás, y nadie va a frenar esa curva por nosotros. ¿Cuánto tiempo queda antes de que la distancia entre lo que somos y lo que nos rodea se vuelva insalvable? Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

Los hogares europeos acumulan más de 10 billones de euros en depósitos bancarios, y Bruselas ha decidido que una parte de ese dinero está "dormida". La Unión del Ahorro y la Inversión, el plan que la Comisión quiere tener operativo hacia 2027, pretende movilizar en torno a medio billón de euros al año desde las cuentas corrientes hacia los mercados de capitales. El argumento oficial es impecable: Europa necesita financiar su reindustrialización, su defensa y su transición tecnológica, y ese dinero parado no rinde ni para el ahorrador ni para la economía. Pero conviene leer la letra pequeña. El paquete incluye cambios en las reglas bancarias, una revisión del sistema de garantía de depósitos y una arquitectura que desplaza la protección nacional del ahorro hacia estructuras europeas cuyo funcionamiento en caso de crisis nadie ha probado todavía. La hucha protegida tal y como la conocemos en cada país empieza a transformarse en otra cosa. La historia ya vio algo parecido. En 1720, John Law convenció a Francia de que concentrar el dinero del reino en un único sistema financiero era la vía hacia la prosperidad. El experimento terminó siendo una de las mayores quiebras de la historia. No porque la idea fuera absurda, sino porque la concentración de todo el ahorro en una sola dirección elimina los cortafuegos. Nadie dice que el plan europeo vaya a terminar igual. Pero cuando alguien diseña un mecanismo para mover tu dinero, la pregunta relevante no es si el objetivo es legítimo. Es quién asume el riesgo si algo sale mal. Y la respuesta, de momento, no aparece en ningún comunicado oficial. Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

Cuando Alemania ganó el Mundial de 2014, el gasto de sus aficionados subió un 75% al día siguiente de cada victoria. Con ese dato, cualquiera firmaría que el fútbol es un motor económico. Pero hay otro dato que lo desmonta todo y que apenas se cita: dos horas. Exactamente lo que duró, medido por investigadores, el subidón de felicidad de los alemanes tras cada triunfo. España acaba de ganar su segunda estrella y, como en cada Mundial, ya suenan las promesas de siempre: que si el consumo, que si medio punto de PIB. En 2006 el Gobierno italiano llegó a poner esa cifra sobre la mesa tras la victoria de su selección, en pleno ajuste presupuestario con Bruselas. Un estudio publicado en 2024 en el Oxford Bulletin of Economics and Statistics comprobó la promesa con datos de la OCDE, y el resultado incomoda: los campeones del mundo tienden a crecer menos al año siguiente de la victoria, y con frecuencia menos que el país al que derrotaron en la final. Hay más. Un trabajo clásico del Journal of Finance analizó las bolsas de 39 países y encontró que caer eliminado hunde el mercado un 0,5% al día siguiente, pero ganar no lo mueve prácticamente nada. El fútbol opera sobre el ánimo, no sobre el bolsillo. Lo que Keynes llamaba espíritus animales. España ya vivió esto: levantó la copa en 2010 con el paro rozando el 20% y dos años después pedía el rescate bancario a Bruselas. Entonces, si el consumo es gasto adelantado, el PIB ni se inmuta y la alegría dura una sobremesa, ¿qué es exactamente lo que gana un país cuando gana un Mundial? Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

🏆 Este vídeo esta apadrinado por Trade Republic. Infórmate aquí: https://trade.re/marc3 La tarifa estatal del IRPF español lleva congelada desde 2015. Once años sin tocar los tramos, con una inflación acumulada superior al 12% solo en el último ciclo. La AIReF calcula que por esa vía las administraciones ingresan unas seis décimas de PIB extra cada año, más de 10.000 millones de euros que jamás han pasado por el Congreso. En 2025 la recaudación cerró en 325.000 millones, récord histórico, sin reforma fiscal y sin una sola votación. Desde 2008 hemos tenido una pandemia que cerró la economía mundial, una guerra en Europa con shock energético y la caída de varios bancos americanos y de una entidad suiza con 167 años de historia. Cualquiera habría bastado hace dos décadas para provocar una depresión global. No se ha hundido nada. La frase oficial ya no es que esto se acaba, es que tenemos herramientas. Y las tienen. Lo que no se explica es quién paga la factura cada vez que se usan. Alguien la paga siempre, solo que el cobro está diseñado para que no aparezca en ningún recibo. En este episodio desmonto las tres piezas. La ilusión nominal, que Keynes describió en 1919: mediante un proceso continuado de inflación los gobiernos confiscan de forma secreta e inadvertida parte de la riqueza de sus ciudadanos. La progresividad en frío, que Francia corrige por ley y España no. Y el socio necesario: la propuesta de la Comisión Europea de esta semana para rebajar los requisitos de capital a la banca y aflojar justo la norma que impedía a un banco llenarse de deuda pública. Estados Unidos hizo lo mismo el 1 de abril y Reino Unido va detrás. Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

El 38% de las páginas web que existían en 2013 ya no son accesibles. Más de una de cada tres. Y cuando una página desaparece, no queda hueco ni nota del editor: solo un error 404 que no distingue entre lo que se borró por descuido, por dejadez o por encargo. Nos han repetido mil veces que internet nunca olvida. Es falso. Internet olvida constantemente: por abandono, cuando nadie paga el servidor; por rediseño, cuando un medio migra su web y deja atrás veinte años de hemeroteca; y por encargo, cuando alguien con recursos suficientes decide que una parte de su pasado ya no debe ser localizable. En 1953, borrar a Beria de la Gran Enciclopedia Soviética exigía cuchillas, pegamento y un ejército de bibliotecarios, y aun así quedaba la cicatriz. Hoy basta un clic y no queda ni eso. En este episodio: la historia del multimillonario que consiguió que The Guardian, The Times y el Independent retiraran de sus archivos artículos sobre su condena por corrupción, sin juicio y sin avisar a los lectores. Los más de 8.000 sitios web y 3.000 conjuntos de datos públicos retirados o modificados por las agencias federales de Estados Unidos desde enero de 2025. Y el motivo por el que la inteligencia artificial convierte cada borrado en algo prácticamente definitivo: el 404 era la nada visible; la respuesta fluida de un chatbot que nunca vio la fuente es la nada invisible. Un dato que desaparece no se puede rebatir. ¿Quién tiene el dedo sobre ese botón? Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

El 92% de los europeos dice priorizar la protección de menores en internet. Con ese respaldo, la Comisión Europea presenta el 13 de julio las recomendaciones de un grupo consultivo creado por Ursula von der Leyen, y en septiembre podría anunciar restricciones de edad para toda la Unión. La herramienta ya existe: una aplicación gratuita, apodada oficialmente "mini cartera", que demuestra que eres mayor de edad sin compartir más datos, según Bruselas. El detalle que casi nadie menciona es que esa mini cartera comparte arquitectura técnica con las EUDI Wallets, las carteras europeas de identidad digital que se despliegan a finales de 2026 en todos los Estados miembros. Dos proyectos, un mismo esqueleto técnico. Chat Control, el reglamento que pretendía escanear las comunicaciones privadas de todos los ciudadanos, no desapareció tras la contestación pública de 2025: mutó hacia la verificación obligatoria de edad para correo electrónico y mensajería. Si tu proveedor de correo debe verificar quién eres, el anonimato deja de existir sin necesidad de romper ningún cifrado. Mientras tanto, la relatora especial de Naciones Unidas Gina Romero publica un informe con datos de 84 países que documenta, por primera vez con rigor clínico, el daño psicológico de la vigilancia digital permanente: estrés postraumático, autocensura crónica, una industria terapéutica dedicada a reparar sus secuelas. Europa se prepara para aplicar preventivamente a 450 millones de personas la misma exposición que ese informe acaba de tasar como perjudicial. ¿Protegemos a los menores del contenido o los entregamos, desde la adolescencia, a la infraestructura que los identificará durante el resto de su vida? Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

Cada robot industrial instalado en Estados Unidos destruye 5,6 empleos. La cifra procede de un estudio del MIT y la Universidad de Boston, y lleva años alimentando el debate sobre el futuro del trabajo. Pero hay otro dato que casi nadie pone al lado: cuando la banca estadounidense desplegó los cajeros automáticos, el empleo bancario no se hundió. Se duplicó. Ese contraste es el corazón de este episodio. Por un lado, la evidencia de que la automatización sustituye tareas de forma medible y acelerada. Por otro, la historia documentada de una tecnología diseñada para eliminar cajeros que acabó multiplicando las oficinas y transformando el puesto en lugar de borrarlo. Entre ambos extremos se mueve el relato dominante, ese que promete que las habilidades blandas serán el refugio universal con apenas un 9,8% de riesgo de automatización. Un relato que conviene revisar, porque la automatización no compra profesiones enteras: compra tareas, y quien controla la recomposición de esas tareas se queda con el valor. David Ricardo ya advirtió en 1821 que la máquina podía perjudicar a la clase trabajadora sin dejar de enriquecer al país. Keynes puso nombre al paro tecnológico un siglo después. Y Acemoglu sostiene hoy que la dirección de la tecnología no es un destino, es una decisión. De gobiernos, de instituciones, de empresas y de cada trabajador que elige entre mirar el proceso desde la grada o intervenir en él. La pregunta que queda abierta no es si la automatización llegará a tu empleo. Es quién estará decidiendo por ti cuando llegue. Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices