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Paco Arias
Los misioneros siempre llegan con fe, con la esperanza de llevar la luz a lugares más olvidados. Pero hay sitios donde la fe no alcanza, donde las oraciones no se escuchan y donde el silencio parece responderte. Estos chicos estaban impactados. Una de ver el joven que estaba como poseído y que aquella pobre mujer realmente era otra cosa. Muchos han contado historias que la iglesia prefiere callar, hostias que sangran, voces dentro de las capillas vacías y miradas que lo siguen desde los montes.
Mariana Lóbanos
El cuerpo de Diego estaba flotando en el mar, sin ojos y como si algo lo hubiera chupado.
Paco Arias
Porque no todos los espíritus que habitan en esos pueblos son santos. Algunos fueron despertados y todavía están esperando a quien se atreva a volver. Bienvenidos. Qué tal amigos, Sean bienvenidos a un capítulo más de Podcast Extranormal. Mi nombre es Paco Arias y estoy feliz de estar nuevamente en un capítulo con todos ustedes. Familia, les traemos un súper tema cargado de muchas historias de terror. El tema de las personas que se dedican a andar de un lugar a otro, llevando una sola misión, llevar la palabra de Dios a cada rincón del mundo. Esas personas que abandonan literalmente todo, todo lo dejan atrás y llevan esta fe tan firme para poder llevar el evangelio de persona a persona, hacer obras buenas, obras de caridad, pero que en este lapso, en este tiempo en el que ellos se encuentran visitando cada rincón del mundo, se topan con cosas que no tienen explicación. Para hablar de estas historias me acompaña una persona muy especial y que me da muchísimo gusto que esté con nosotros, Mariana Lóbanos. ¿Cómo está?
Mariana Lóbanos
Muy bien, gracias. Muy contenta con la invitación.
Paco Arias
Gracias por aceptar la invitación, la verdad estoy muy entusiasmado de poder platicar estas historias. Para las personas que la están conociendo por primera vez, me gustaría que por favor se presente quién es, a qué se dedica.
Mariana Lóbanos
Claro que sí, Soy Mariana luévanos, tengo 17 años en la docencia aquí en Tuxtepec, Oaxaca, aunque tengo 27 años en la docencia en educación universitaria, educación superior y es mi pasión. Me encanta.
Paco Arias
Perfecto. Oiga, ¿Qué opina del tema que vamos a hablar esta noche?
Mariana Lóbanos
Muy interesante, porque dentro de mi educación estudié siempre en escuela Jesuita y estamos relacionados con las misiones y conocemos más o menos ese tema. Lo comentaste muy bien, Perfecto.
Paco Arias
Antes de empezar quiero mencionarle a toda la gente que está escuchando este episodio que por favor se suscriban a este canal. Mucha gente está llegando aquí por primera vez o es el segundo o el tercer episodio que ven de este podcast y a aquellas personas quiero invitarlos a que se unan ¿Como? Suscribiéndose a este canal, activando la campanita. Si escuchas esto en medios de podcast como Spotify, allá también nos puede seguir. Y recordarte que nuestra querida invitada y su servidor ha reservado una historia que podrán encontrar en nuestro sitio web que es Allá los espero. Terminando este episodio ahora sí, después de dar estos anuncios tan importantes, yo quiero platicarle de una historia que de verdad me impactó muchísimo y conocer su punto de vista. Esta historia se llama La pobre mujer, la comparte una persona de nombre Nicolás y él nos cuenta algo que vivió cuando formó parte de un grupo de jóvenes que se dedicaba a esto de andar de un lugar a otro llevando la palabra de Dios. Él nos dice que perteneció a este grupo de la parroquia de su colonia y llamado Jóvenes Misioneros de la Fe Mariana y pues ellos se reunían personas jóvenes para poder hacer muchas cosas, muchas dinámicas, llevar ropa, llevar medicinas, llevar comida a lugares que necesitaran este apoyo y viajaban por gran parte de la república. Ellos nos dicen que uno de sus destinos fue Santiago Tuxtla en Veracruz, dice que fueron con el sacerdote local, fueron algunas hermanas de la iglesia y fueron varios amigos. Cuando llegan fueron junto con un camión cargado de comida, de ropa, un montón de víveres y las personas del pueblo poco a poco se van acercando, llegaron por ahí algunas familias, niños, ancianos y ellos empezaron pues a ayudar, a repartir todo esto con amor como siempre lo decían. Menciona Nicolás que también iba con ellos un doctor que se dedicaba a darle atención médica a cualquier persona que tuviera algún problema y que no tuviera la posibilidad de pagar ese servicio médico. Dice que ellos empezaron, oraron por las personas, predicaron el evangelio, estuvieron con los niños y que ya más o menos como eso de las seis, siete de la noche se acercó una mujer, una mujer de la tercera edad que al parecer venía de muy lejos, o sea venía caminando un buen tramo, traía un rebozo, tenía una pierna vendada y le costaba mucho trabajo caminar. Esta mujer cuando se acerca lo primero que dice hijitos todavía alcanzo algo, Ellos rápido se levantan, la atienden y le dice sí, que lo que necesita, tome lo que usted necesite. Dice que la señora de su brazo saca una bolsa y metió un kilo de arroz, un kilo de frijol y por ahí algunas cositas más. La señora agradece, los bendice, se da la vuelta y se dispone a caminar rumbo a su casa. Los jóvenes se quedaron platicando y les dio bastante nostalgia o tristeza ver la situación de esa mujer y entre ellos se ponen de acuerdo y dicen sería bueno darle más cosas, a lo mejor no se llevó más porque no puede cargarlas, vamos a armar entre todos como una canasta llena de comida y de cosas, vamos a seguirla para llevársela a su casa. Todos de volada jalan pues bolsas, canastas, la llenan de más comida, arroz, atún, frijoles y la empiezan a seguir para llevarle más cosas. La señora se da cuenta de que la van siguiendo y se siente agradecida y van caminando hasta su casa que está arriba de una colina, mencionan que el tramo que esta señora camina todos los días es un tramo bastante largo y esta señora les va contando que ella por las mañanas tiene que salir a cortar leña, se la echa al hombro, a la espalda y la señora carga un montón de kilos de leña todos los días desde un bosque hasta su casa, entonces la señora ya tenía pues estos rasgos de que pues su cuerpo ya no está en condiciones de hacer todo esto. Los jóvenes se sienten bastante pues tristes por esta situación, llegan a su casa, la señora les dice que si quieren pasar, ellos pasan y se dan cuenta de que vivía en una casita de madera con un techo de lámina, que ya la lámina era muy vieja y adentro era todo oscuridad, tenía unos cuantos cuadros ahí de la virgen, un crucifijo, pero estaba muy oscuro. Uno de ellos describe que dentro de la casa se sentía un ambiente extraño, el clima de este lugar era bastante caluroso, pero que dentro de la casa de esta señora corría como un aire muy frío. ¿Ellos se sientan, la señora les invita un poco de café negro de olla y ellos empiezan a platicar con la señora, de pronto se escuchan como unos golpes de un cuarto de esta casa, ellos como que se espantan y la señora les dice no teman, es mi hijo y que tiene su hijo? Esta señora se sincera y se pone a llorar, le dice es la cruz que yo llevo cargando por muchos años, mi esposo me dejó y tengo un hijo enfermo. Ningún médico, doctor, especialista sabe qué es lo que tiene. Él tiene ataques muy fuertes. Hay momentos donde actúa como animal. Hay otras ocasiones donde necesito amarrarlo con una pita, con una cuerda, porque él se escapa y. Y empieza a atacar a las personas. Tiene que ser amarrado a su cama y tengo que darle medicamentos que son muy costosos para que esté tranquilo. Pero ningún doctor sabe qué es lo que tiene. Esos jóvenes entusiastas, con mucha fe, se quedan mirando uno a otro y deciden orar por este joven. Le dice, ¿Nos permitiría orar por él? Y la señora no muy convencida le dice, ¿Están seguros? Ellos le dicen, sí, queremos orar por él. La señora camina, abre la puerta de ese cuarto y rápidamente lo que ven es un joven de unos veinticinco, veintiocho años, solamente con un short, no tenía camisa, no tenía más ropa. Su cuerpo era extremadamente delgado, estaba en los huesitos, pero su cuerpo estaba lleno como de heridas, como de llagas. Pero les llamó la atención que este joven, aparte de que tenía un olor bastante fuerte, como entre a humedad, sudor, hierbas. Este joven caminaba erguido y había momentos donde ocupaba las cuatro extremidades para poder caminar como si fuera un animal. Los jóvenes se impresionan al ver esto y empiezan su oración. De pronto este joven empezó como a olfatearlos y la señora con un palo lo golpeaba y le decía, quédate quieto. Y este sujeto se quedaba calmado, pero hacía como perro también, como que olfateaba. Y de pronto, mientras la oración se empezaba a intensificar, este joven brincó encima de una señorita que estaba presente e intentó morderla. Todos los misioneros, los jóvenes lo sujetan, pero este hombre presentaba una fuerza extraordinariamente inhumana. Y es cuando las cosas se ponen. Pues se empiezan a poner muy pesadas. Los jóvenes empiezan a orar al mismo tiempo, tratando de sujetarla y la señora con el palo golpeando a su hijo. De pronto, Nicolás, la persona que nos manda la historia, nos dice que saca uno de sus crucifijos que tenía en el pecho. Ese crucifijo se lo había dado uno de sus padrinos de bautizo y lo había cargado durante toda su vida. Estaba bendecido por el sacerdote local. Y él puso la cruz en la frente de este joven y reprendió en el nombre de Jesús y usando también el nombre de la Virgen María. Todos mencionan que cuando hacen eso, este hombre que estaba enfermo, que tenía estos ataques de agresividad, se quedó como petrificado, inmóvil y de pronto gritó fuertemente, dio un grito muy fuerte. En eso este hombre como que empieza a recobrar un poco de conciencia y se pone a llorar, toma a uno de ellos de las manos y le dice por favor, se lo suplico, libérenme de esa mujer, señalando a la anciana. Ellos en ese momento no entienden qué está pasando y aquella mujer le da un golpe en el rostro con el palo y le dice que se calle y en ese momento voltea a ver a los jóvenes y los saca casi empujones. Esos jóvenes dicen pero no podemos irnos, estamos lárguense de mi casa, no los quiero aquí. Y esta mujer los termina corriendo de su casa. Los jóvenes están totalmente confundidos, no saben qué está pasando. Regresan a donde estaba su campamento, ya era muy tarde, hablan con las hermanas, hablan con el sacerdote, le cuentan toda la situación. El sacerdote, que era un hombre relativamente joven, le dice que se calmen, que al día siguiente en la mañana, terminando las labores, iban a ir a visitar a esta señora, pero que ellos no entraran, solamente iba a ir él, ellos se iban a quedar afuera. Bueno, pasó, amaneció, hicieron sus cosas, sus oraciones, hicieron por ahí todas las cosas que tenían que hacer y dando más o menos las 10 de la mañana emprenden camino a la casa de esta señora. Al llegar dice que la señora estaba como si supiera que ellos iban a llegar, estaba parada en la ventana, ellos la vieron y dicen que se dan la vuelta y como que suelta unos perros que tenía en la parte de atrás, tres perros que iban dispuestos a atacar a los jóvenes y al sacerdote. Estos chicos y también Nicolás, menciona que el sacerdote se saca de su pecho una cruz, la pone enfrente y empieza a recitar En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, deténganse, nosotros venimos en nombre de Dios. Y dice que los tres perros que iban dispuestos a atacar se frenaron, se dieron la vuelta y salieron corriendo. El sacerdote voltea y le dice a los quédense aquí, voy a ir yo. En eso la mujer sale molesta, pero muy molesta y empieza a insultar al sacerdote diciéndole que no tiene nada que hacer en su casa, que es su propiedad, pero el sacerdote le dice no temas, nosotros venimos a ayudarte, ayudar a tu hijo, venimos en nombre de Dios, pero esta mujer escupe en el piso, dice yo no necesito la ayuda de tu Dios, déjame en paz, lárguense de aquí. El sacerdote se da la vuelta y le dice a todos tenemos que irnos. ¿Los jóvenes así como de pero padre, por qué? El padre le dice no podemos hacer nada nosotros Y les da una pequeña reflexión de cuando Jesús le hablaba a sus discípulos y que no quisiera escuchar la palabra, se sacudiera el polvo y se diera la vuelta. Ese sacerdote le menciona que aquella mujer pues no necesitaba nada y no quería nada. Platicando ya con más personas en el pueblo, estos chicos estaban impactados, una de ver el joven que estaba como poseído y que de pronto pidió ayuda y que aquella pobre mujer realmente era otra cosa. ¿Platicando con algunos pobladores de este lugar de Santiago Tuxtla, le mencionan a dónde fueron? No, pues hay una casa en la colina en dirección allá, tal, tal, dice que la gente le dijo no, no debieron irse a meter allá. Esa mujer no es cualquier mujer y les voy a decir algo, ese hijo que dice que tiene, no es su hijo, esa mujer ni siquiera tiene hijos, esa mujer lleva viviendo ahí años, años, décadas y cada cierto tiempo cambia a la persona con la que vive, casi siempre es un joven de unos 20 a máximo 30 años, lo tiene por un tiempo y de pronto esa persona desaparece. La gente del pueblo de plano ni se acerca a su casa, porque la poca gente que transcurre ese tramo dice que escucha en las noches los gritos de un varón, gritos como si lo estuvieran torturando. Los jóvenes obviamente confundidos, asustados, no saben qué es lo que ocurre. El sacerdote simplemente les hijos, olvídenlo, hay gente que no quiere de Dios. Y finaliza Nicolás, yo no sé si aquel muchacho al día de hoy siga o no con vida, pero desde entonces entendí algo, no todas las almas que piden ayuda lo hacen desde este mundo. Y termina su historia. ¿Qué opina?
Mariana Lóbanos
Guau, intenso. Claro, el mal se disfraza de maneras inexplicables. Así es, con dulzura también.
Paco Arias
Es que yo cuando estaba leyendo el relato, yo me imaginé a una señora obviamente en situación de pobreza extrema, a lo mejor cansada, con muchas cosas malas en su vida y de pronto frágil.
Mariana Lóbanos
Voz tenue, delicada, sutil. Y si, eso parece al principio del relato. Qué transformación tan extraordinaria.
Paco Arias
Hoy por hoy, después de leer esta historia y llegar también como a esta conclusión, yo considero obviamente lo que todo mundo ya pensó. Es una bruja. Es una bruja. Y obviamente este chico estaba así a causa de ella.
Mariana Lóbanos
Totalmente y definitivamente. Utiliza. Se alimentaba de la juventud. Si. Estaba cambiando constantemente de jóvenes.
Paco Arias
Así es.
Mariana Lóbanos
Se estaba alimentando de su juventud. Por eso es que tantos años que hablaban los pobladores que vivía ahí, ¿No?
Paco Arias
Así es. Qué fuerte.
Mariana Lóbanos
Fuertísimo.
Paco Arias
Mucho cuidado con las apariencias. Ahí dice el dicho, ¿No? Las apariencias engañan siempre. Entonces, caras vemos, corazones no sabemos.
Mariana Lóbanos
Pues bueno, yo te tengo otra historia bastante interesante, la vamos a titular El Sendero Es narrada por una enfermera misionera que va a una misión a la Amazonia colombiana.
Paco Arias
OK.
Mariana Lóbanos
Está cerca de la frontera de Brasil y en sí la labor de este grupo era llevar medicamento, atención médica, apoyo humanitario a una comunidad que estaba presentando problemática en los niños, tenían una fiebre inexplicable, entonces por eso el apoyo de ellos en esta comunidad. Llegan y los recibe el cacique de la comunidad con mucho respeto, con mucho agrado de que estén ahí y con una sola les pidió al grupo de misioneros que evitaran salir al anochecer y sobre todo tomar el sendero del este, porque ese camino ya no es nuestro. Es una frase que utilizó el cacique y que los misioneros les causó, a la enfermera específicamente le causó interés. Sin embargo, todo transcurrió normal. El primer día los instalan, vaya, pensó que era peligroso por animales silvestres o fauna de la comunidad. Entonces sigue todo con normalidad, se instalan en una choza el primer día, en donde distribuyen, acomodan todos sus instrumentos, medicamento y empiezan a identificar sintomatología de los habitantes. Y compartían esta choza con habitantes de la comunidad, entre ellos niños. Y dijeron algo curioso los niños, que todo coincidía en que todos soñaban lo mismo. Soñaban estos niños con una mujer sin pies que flotaba por el río, a la cual los niños la llamaban la madre del agua triste.
Paco Arias
OK.
Mariana Lóbanos
Le llamó la atención. Sin embargo, pues todo siguió, todo transcurrió y siguieron en su labor de atención médica, siguieron revisando a los niños y la noche del segundo día, mientras revisaban los suministros, escucharon un sonido muy extraño. Este sonido venía de la orilla del río como unos 100 metros de donde se encontraban, escucharon el llanto melancólico de una mujer como si estuviera arrullando un niño, pero identificaron los misioneros, los enfermeros que no era en español, pensaron, es en su lengua, pero sí se oía un arrullo de un niño. El sacerdote, el padre Pedro que los acompañó en esta misión, salió con una linterna para ver qué estaba pasando y la enfermera salió detrás de él, caminaron unos 100 metros hasta la orilla del río, donde a lo lejos pudieron visualizar una silueta femenina que parecía que estaba parada a la orilla del río, pero a la vez flotaba, estaba de espalda, el cabello largo se veía mojada y un cabello que parecían lianas. El padre al ver esa imagen susurró una oración y al susurrar la oración esta imagen se voltea intempestivamente, se voltea y lograron identificar que no tenía ojos, pero en ese momento la linterna se apagó, todo se oscureció, ya no se pudo ver nada y cuando por fin lograron encender la linterna nuevamente la imagen ya había desaparecido. Entonces el padre Pedro y la enfermera volvieron muy espantados, sin embargo no le platicaron nada a sus compañeros para evitar que todos entraran en pánico y siguieron. Esa misma noche otro voluntario del grupo llamado Diego, salió a buscar su linterna que había olvidado al parecer en otra choza, sin embargo esa misma noche Diego desapareció, no se supo más de él, no regresó. Entonces un grupo de misioneros se se dio a la tarea de salir con otros miembros de la población a buscarlo por el camino y se dieron cuenta que el rastro llegaba justo donde empezaba el sendero del este, el sendero que el cacique les había advertido que por favor no se acercaran. Entonces el cacique esa noche, esa madrugada reunió a todos los misioneros y les dijo que la imagen que habían visto se lleva a quienes la ven directamente a los ojos, que hasta ahora iban 15 habitantes y ahora ya era uno de ellos. Diego, el que había desaparecido, nos dijo que en aquel sendero había sido usado por sus antepasados y por ese lugar fue donde expulsaron a una mujer que asesinó a sus hijos, se decía que algunos decían que había utilizado a sus hijos como parte de un ritual, porque la mujer se dedicaba a la brujería, entonces desde entonces nadie pasaba por ese sendero, porque ya no les pertenecía. Era. Era de ella. El padre insistió en hacer una oración por el campamento, a lo cual pues la enfermera no estaba muy de acuerdo, porque honestamente, ella lo que quería era huir de ahí. Claro, ya no quería estar ahí. Pero lamentablemente no pudieron escapar. En ese momento no pudieron huir del campamento porque la radio satelital no tenía señal, el bote no encendía, no tenían los medios para huir en ese momento, por lo que no les quedó otra voz de. Y todavía se empezó a formar una tormenta inexplicable de la nada. Una tormenta, lo cual impidió que en ese momento pudieran salir. Entonces, la última noche que tuvieron que pasar ahí, por esta situación, mientras todos dormían, la enfermera escuchó una voz, un susurro, justo en su oído. Un susurro que le tú no me miraste a los ojos, por eso vives. Ella saltó de la hamaca, pero como resorte y empapada en sudor, vio que todos dormían y que nadie se había dado cuenta de nada, que solo había sido ella la que la había escuchado. Entonces, o sea, empezó a percibir el olor de agua estancada, de flores podridas, y veía que nadie reaccionaba a eso, que la única que lo había visto y la que percibía esos olores, era ella. Entonces siguió con su miedo, pero no le quedó otra más que callar. A la mañana siguiente, el bote funcionó como si nada hubiera pasado. Había radio satelital y todos emprendieron la marcha sin mirar atrás. No hubo objeción de nadie. Sin embargo, mientras iban todos en el bote, ya de regreso, vieron a lo lejos un cuerpo, el cuerpo de Diego. Al acercarse y voltear el cuerpo, vieron que no tenía ojos. El cuerpo de Diego estaba flotando en el mar, en el río, perdón, sin ojos. Y como si algo lo hubiera chupado, como si le hubieran sacado toda la sangre, como si lo hubieran exprimido.
Paco Arias
OK.
Mariana Lóbanos
La especulación fue que algo lo atacó. Claro, después en esa localidad se supo que los niños seguían muriendo y todo era porque ellos se habían visto a los ojos a la madre del agua.
Paco Arias
Triste. Wow. Yo siempre he pensado algo, que cada pueblo, cada localidad tiene sus propias creencias. Y hay una razón por lo cual ellos creen en este tipo de cosas. Y si tú vas a un lugar que no conoces y te dicen, ¿Sabes qué? Mira, acá no te metas acá, no vayas a tal hora, no hagas esto, obedece porque estas personas por algo te lo están diciendo. Así es, y solamente ellos saben por qué aplica eso.
Mariana Lóbanos
No tentamos al destino. Así es, y basta con una advertencia de prohibición para que estemos buscando más el porqué.
Paco Arias
Yo le quiero contar otra historia que nos comparte un misionero que estuvo yendo de lugar en lugar, de estado en estado, de pueblo en pueblo, llevando también pues digamos la palabra de Dios, ayudando al prójimo, haciendo caridad. Esto no los comparte Víctor. Víctor nos dice que hace muchos años él también fue parte de este grupo de jóvenes misioneros de su iglesia y en este grupo había varias personas, jóvenes de entre dieciocho, veinte, veintidós años que se reunían para pues una para predicar, para jalar a más jóvenes, armar estos grupos juveniles, hacer estos retiros, que la verdad son experiencias bastante intensas cuando llegas a estos lugares que no te lo puedo escribir, tienes que vivirlo porque así es como te lo dicen. Dice que pues la verdad eran chavos, técnicamente eran buenos hijos, hasta que conoce a dos que serían dos de sus grandes amigos de nombre Iván y Javier. A él los conoce en un retiro de jóvenes y quiero darles un contexto porque en qué momento se hicieron amigos. Ellos dos, Iván y Javier, eran los líderes de los jóvenes nuevos. Y dice Víctor que una madrugada, después de que todos estaban durmiendo, él se levantó al baño y se dio cuenta de que había unos chicos que estaban como echando relajo, se acerca y resulta que eran ellos dos, estaban nada más y nada menos tomando vino consagrado y estaban echándose un cigarro. Entonces dice que cuando los cacha como de oh, o sea, ya nos cachó, dice, me tuve que pues unir a ellos, dice, porque pues la verdad estaba yo aburrido. Y ahí se formó esa gran amistad y desde entonces cada vez que ellos se reunían en la iglesia a escondidas, sacaban una botella de vino, se lo tomaban y el otro compañero sacaba pues por ahí una cajetilla de cigarros y dice que esto se volvió parte de su rutina, cuando ellos viajaban a diferentes pueblos, uno llevaba el vino y el otro llevaba los cigarros y después de que todos, hasta el mismo padre estaba dormido, se salían y ahí estaban como cotorreando, pasándola bien. Dice que en una ocasión les tocó ir a un lugar llamado Comitán de Domínguez en Chiapas, en este lugar, ellos fueron acompañados del sacerdote local de nombre Fernando, que era el sacerdote encargado también del grupo de jóvenes, un hombre también joven, 35 años, muy jovencito y pues llevaba este grupo también de jóvenes y ahí van estos tres amigos que pues a ojo de todos buenos católicos, pero ya en la noche ya se echaban ahí su vinito, este, su cigarrito, pero pues ellos ya estaban acostumbrados y aparte no hacían nada malo, simplemente convivían. Dice que en este lugar pues hacían muchas actividades también, entrega de comida, entrega de medicamentos, ellos iban a guarderías, ellos iban orfanatos, asilos, ancianos y pasaban tiempo de caridad con los adultos, con los niños, a los niños les enseñaban a rezar el santo rosario y cosas así y siempre al regresar pues ellos oraban, comían y descansaban. Dice que cuando va el segundo día el sacerdote Fernando se les acerca y les dice algo extraño, algo que no era como que normal que él les dijera. Este sacerdote les hijos tengan mucho cuidado, en este sitio hay personas que practican y se dedican a cosas que no tienen nada que ver con nuestra fe, entonces tengan mucho cuidado nada más pues con quién hablan, qué es lo que comen y eso le hizo que les llamara mucho la atención. Dice que al día siguiente era domingo, entonces en la iglesia de este lugar de Chiapas iba a haber como digamos una fiesta por la llegada de los misioneros y pues había banda, había música, había comida, incluso había hasta pulque y dice que estaban todos y pasó algo, de pronto llega una señora igual como la otra historia, una señora que cruza como el arco de la iglesia y dice que la música se paró, la gente se quedó callada y todos se quedaron viendo a esta mujer. Esta mujer llegó y se sentó en una de las mesas, pidió comida y pidió que le dieran pulque, pero como que toda la gente del pueblo de Comitán como que les dio como incomodidad, como que no se querían acercar a ella y esta mujer comió, bebió, se levantó y se fue. A los pocos minutos regresa con dos mujeres más, en total eran tres. Dice que otra vez cuando iban llegando, la gente del pueblo como que otra vez se quedó callada, como que como que se alejaban y una de estas mujeres dijo Hey qué pasa, prendan la música, estamos en una fiesta, pues órale, eso es fiesta. Y dice que la gente como que los miraba extraños a ellas, o sea como que como que no los querían dice que transcurrió pero que a Víctor, la persona que nos manda la historia, le pasó algo raro, él hubo un momento donde hizo como un contacto directo con una de estas mujeres y se le quedó mirando tanto que sus amigos, los digamos los rebeldes, le echan una broma, le dicen ¿Que te gustó la doñita o qué? Dice no, como que estaban bromeando y no pues mira, fueron a tener dos más, uno para cada uno, como que estaban bromeando, pero Víctor nos menciona pues que algo si le llamó la atención de la, de la anciana, que es que ella se le quedaba mirando fijamente y estaba constantemente mirándolo, dice que no le dio mucha importancia. ¿Al día siguiente los jóvenes ayudaban, algunos pobladores en cosas de siembra, ayudaban acá, ayudaban allá y Víctor fue a ayudar a un señor de nombre Abelardo que tenía pues digamos un plantío ahí, un sembradío de diferentes cosas y él se ofreció a ayudarlo, dice que quedó de verse con este hombre a tal hora trabajaron y él se quedó un rato ahí tranquilo, cuando de pronto dice, entre el camino que te lleva por todos los sembradíos, veo que se acerca una persona, dice era una mujer, una chica de entre 16, máximo 19 años, 20, una chica bellísima, tenía una falda negra, tenía una blusa blanca con bordados, cabello negro largo, largo, largo hasta las rodillas y cuando la vi dice, se me hizo bellísima, ella se me queda mirando y me llamó la atención algo en ella, tenía sus ojos como grises, dice la verdad la chica me chivió y la chica me saluda y me dice hola, quién eres? No te había visto por acá. ¿Víctor se presenta, vengo por parte de la iglesia, de la parroquia, soy misionero, vengo de tal lugar y tú quién eres? La chica se presenta, le dice que se llama Yadzil, ese es mi nombre y empezaron a platicar, pero Víctor dice no te lo voy a negar, era hermosa, sus ojos te hipnotizaban, su voz era tan dulce, tan calmada, dice yo quedé flechado desde ese momento, dice. De pronto esta chica como que algo la alerta y se va, le dice me tengo que ir, pero nos volveremos a ver, se va. A los pocos minutos regresa don Abelardo para darle unas indicaciones que se le había olvidado y le dice este Víctor al señor, oiga me topé a una chica de por acá, yo no sabía que aquí había, pues vaya o sea mujeres tan guapas, o sea el tipo todavía. Sí, don Abelardo se quedó serio, dice ¿Cómo era? Y ya la describió, no pues así bajita, cabello largo y la peculiaridad, los ojos grises, así que don Abelardo en ningún momento sonrió ni nada, sino todo lo contrario, puso una cara muy seria. ¿Te dijo cómo se llama? Si, se llama Yatsil, dice don Abelardo, le dice hijo, solamente te voy a decir algo, no creas todo lo que ves y no aceptes todo lo que te den, ten cuidado, vete con el padre, ya mañana nos vemos y agarra y se va. Pero pues se le hizo extraño el comentario que le dio ese señor. ¿Como por qué? Pues vaya porque va a tener problema en hablar con una chica del pueblo. Bueno, Víctor llegó, llegó con su amigo, con sus amigos mejor dicho, que estaban ya esperándolo, Javier e Iván y empezaron pues digamos a cotorrear, ya los hermanos, los misioneros y el sacerdote estaban dormidos y ellos salieron pues a echarse un cigarrito y a tomar, porque como cada misión llevaban su botellita de vino. Dice que ellos estaban afuera de donde ellos dormían, de unas cabañas, incluso por ahí pasaba un río y estaban ellos ahí los tres recargados en un árbol, fumando, tomando y del otro lado del río se escucha como un sonido de estos que produce como un tipo de ave, dice los tres nos quedamos totalmente petrificados. ¿Qué es eso? Dice el tonto de Javier, dijo seguramente es una bruja, güey. Dice no, no, en serio que es Iván. Dice no, no, tonto, no te alertes, eso es un búho, una lechuza, mi primo tiene uno y hacen estos ruidos como, como si fuera como un sonido como, no sé cómo describirlo, vaya, pero es un sonido que es como un grito, algo así. Todos ellos siguieron en lo suyo, siguieron tomando, de pronto se dan cuenta que el sacerdote se acerca y los cacha que estaban ellos ahí pues tomando y fumando, los empieza a regañar y de pronto algo llama la atención de los cuatro, miran otra vez hacia el río y ven que hay como una neblina muy espesa, algo extraño para este lugar, lo que me dice Víctor, dice que en ese momento se ve la silueta de tres mujeres que venían caminando, parecía incluso que caminaban hasta sobre el agua, se acercan y dice el sacerdote sintió que esto era algo maligno, se pone delante de nosotros, se saca una medalla que tenía colgada y él muy tranquilo, saluda, buenas noches, les ofrece algo y dice que estas tres mujeres llegaron hasta donde estaban ellos y se le quedaron mirando y solamente le sonreían, pero dice Víctor solamente me miraban a mí. Y otra vez el sacerdote les dice buenas noches, se los ofrece algo y dice que las tres señalaron a la misma persona. A Víctor si lo queremos a él, dice el sacerdote ahora sí que se cuadra y les dice no lo van a tener porque nosotros venimos en nombre de Dios, a nosotros Dios nos protege. Dice Víctor que las tres mujeres se tiraron a la carcajada o no, aquí tu Dios no tiene poder y lo queremos a él y lo vamos a tomar. Dice Víctor que el sacerdote se saca el collar, cae de rodillas y se pone a rezar delante de ellas. Se puso a rezar fuerte, fuerte, fuerte, fuerte y voltea y les dice a Ínquense y recen conmigo. Los tres muchachos, uno tiró el cigarro, el otro tiró la botella de vino y se pusieron a rezar con el sacerdote. Dice que las tres brujas se enojaron muchísimo, se enojaron, ahora sí que hasta blasfemaron contra Dios en ese momento. Pero esta mujer que cuando Víctor la ve de cerca se da cuenta de que esa primera bruja que había visto tenía una peculiaridad, tenía los ojos grises, como aquella señorita que había visto pues en ese campo de cultivo. Dice que la bruja le hoy no te voy a tener, pero mañana sí, cuídate. Las tres mujeres se dan la vuelta y se van. Dice en cuanto se fueron, el sacerdote nos toma y nos mete a la cabaña, encierra y empieza a poner seguros a las puertas, a las ventanas. Dice colocó muchas cruces en cada puerta, colocó cruzos en la ventana. Voltea y les dice hay chamacos, en qué problema se fueron a meter. Dice nos tenemos que ir del pueblo ya hoy, esta noche nadie duerme. Dice que les dijo nadie va a dormir, tenemos que estar despiertos. ¿Y dice que? Voltea y les dice tráete la botella de vino y dame un cigarro. El sacerdote y les dice ya nos va a tocar una buena penitencia llegando allá en la ciudad, pero ahorita hay que mantenernos despiertos. Dice y nos pusimos nosotros a fumar con el sacerdote y tomar vino, dice porque nos quedamos despiertos toda la noche. El sacerdote les dice estoy seguro que no van a regresar estas mujeres, pero hay que estar preparados para lo que sea, no hay que dormirnos. Dice que en cuanto los primeros rayos de luz del sol empezaban a llegar, ellos ya habían empacado, ya habían guardado las cosas en la camioneta, la gente del pueblo, todos iban a llegar para orar. Dice que el sacerdote de plano dijo a todos nos vemos, tenemos que retirarnos porque tenemos que irnos. Dice ese día subimos todos a la camioneta, dice los demás jóvenes que no sabían nada, estaban confundidos porque nos quedaban dos, tres días más para hacer más cosas y de pronto nos subimos y nos vamos. Dice Víctor que el sacerdote iba muy nervioso, muy nervioso porque pues ese encuentro para él con estas tres mujeres había sido muy impactante. Dice Víctor que ya ellos iban saliendo de este lugar, ya iban en carretera y le llama la atención que después de un buen tramo de que el carro o la camioneta iba avanzando, ve a una persona caminando orilla de la carretera y cuando pasa cerca se da cuenta de que era aquella joven de nombre Jacksil de ojos grises. Dice que la chica se quedó parada y lo ve y únicamente le sonríe y le dice adiós. Víctor no sabe realmente qué fue lo que pasó, pero le queda claro algo, el mismo sacerdote tuvo miedo, tuvo mucho temor, tuvieron que huir de ese pueblo, él, sus amigos y el sacerdote esa noche no durmieron, pero él aún después de todo esto piensa que en ciertos lugares de México y del mundo existen este tipo de personas que tienen extraños poderes, incluso hasta de cambiar su apariencia y y que pueden tener hasta control y dominio de una persona.
Mariana Lóbanos
Así es.
Paco Arias
¿Qué opinas?
Mariana Lóbanos
FUERZAS DESCONOCIDAS Y volvemos a lo mismo, las apariencias engañan y no todas las fuerzas del mal las pueden controlar los sacerdotes. Así es, por eso es que su preparación es muy distinta. Hay padres que se dedican realmente al exorcismo, hay padres que se dedican a identificar estas fuerzas que lamentablemente son muchas y diferentes.
Paco Arias
Hay sacerdotes justamente como mencionas que llevan diferentes materias de monología, un estudio profundo, no solamente el estudio bíblico, no solamente los temas que ya todos conocemos, o sea, teología y todo esto, realmente es un estudio más profundo incluso del demonio para poder contrarrestarlo. Y este sacerdote joven, pues digo, hizo lo que yo creo cualquiera hubiera hecho, orar, rezar, pedir con fe que los demás lo hagan, pero tuvo la suerte de que estas mujeres se fueron con.
Mariana Lóbanos
La energía, su fue su fe, la convicción, lo logró, esa fue su fuerza. Porque como dices, si hay quienes se dedican al estudio del demonio, que es un ángel caído, y que tienen que conocer todas sus características, toda su esencia y le tienen que dedicar muchos años a ese estudio.
Paco Arias
Así es.
Mariana Lóbanos
Pero este sacerdote joven tuvo la fuerza, energía y agallas para salvar tres almas.
Paco Arias
Exacto. Qué fuerte historia. Me encantó mucho esa historia.
Mariana Lóbanos
Sí, está muy intensa. Bueno, te voy a contar ahora yo otra que también se desarrolla en la Amazonia.
Paco Arias
OK.
Mariana Lóbanos
Pero esta vez peruana. Esta vez le vamos a dar voz a una anécdota de Julián, que data de este siglo, del 2006.
Paco Arias
OK.
Mariana Lóbanos
Donde él se va a una expedición a una comunidad donde no tienen mucho acceso con el exterior. Es una comunidad muy alejada. El objetivo, como todo misionero, su objetivo era de conocer, comprender y en lo posible evangelizar a esta comunidad, más no a la fuerza, no por imposición, era por. Porque vienen con el ejemplo, con acciones, solo vivir con ellos, aprender de ellos, coexistir y sembrar la semilla de la fe y esperar que germinara. Insisto, que todo fuera con el ejemplo, que vieran sus acciones, vieran la buena intención, a eso iban a esta comunidad tan alejada. Evidentemente la lengua era distinta, por lo que se apoyaron de un traductor, Luis, que era quien era el vínculo para poder comprender las necesidades de esta comunidad. La comunidad se llamaba Jeriqueta, y el viaje para llegar ahí les tomó mucho tiempo, porque fue a través del río. Al llegar los habitantes, pues evidentemente los miraron con cierto recelo, especulación, a que vienen, pero nunca irrespetuosos, o sea, siempre fueron amables. Entonces, gracias a Luis, que fue este enlace de comunicación, pudieron tener más acercamiento. Pasaron los días y todo comenzaba muy bien. Comenzaron a compartir con ellos, ayudaban en labores de la misma comunidad, la recolección, la pesca, la siembra, todos los que participaban en esta expedición. Platicaban con los niños, con los ancianos de la comunidad y a señas, como podían y en lo que podía participar. Luis los ayudaba con sus traducciones, les enseñaron algunos hábitos de higiene personal y también algunos de primeros auxilios para que tuvieran más acercamiento. En agradecimiento a esto, ellos les enseñaban su lengua, sus costumbres, canciones y cómo veían el mundo. Insisto, todo esto era a través de Louis. Claro, se veía bastante comprometido, ¿Verdad? Julián siempre llevaba una Biblia con él, sin embargo la leía de manera íntima cuando estaba solo, no la había sacado a que la vieran el resto de la comunidad. Y un día Louis le preguntó que si podía traducirle algunas de las historias que leía, a lo cual a Julián se le hizo muy interesante, dijo OK, comenzaremos con parábolas, la parábola del buen samaritano, el hijo pródigo, la semilla en la tierra. Entonces empezó a leerlas y Luis a hacer la traducción simultánea, sin embargo, había palabras complicadas que no le podía explicar claramente a la comunidad, palabras como no podía ser la traducción de la palabra misericordia, pecado y reino. En fin, siguió él con las historias porque se veían interesados todos los habitantes. Pero cierta noche un anciano se acercó con Luis y le pidió que le tradujera algo a Julián, le dice Luis que el anciano le tu libro habla bien, pero en una lengua que en esta tierra no se entiende. OK, le respondió Julián, algo pues muy cierto, la palabra de Dios es para todos los pueblos. A lo que el anciano volvió a negar con la cabeza y le no es que no quiera, es que en esta tierra no deja que estas palabras vivan. Sí, pues sí. Julián se quedó perturbado con este tema, sin embargo trató de no darle tanta importancia, se lo atribuyó a la barrera cultural y OK, no nos estamos entendiendo, no se mortificó mucho. Días después intentó enseñarles el Padrenuestro con el apoyo de Luis todo el tiempo, pero llegamos al momento donde tampoco pudo traducir Líbranos del mal. A Julián se le hizo también muy extraño que no tuviera una traducción exacta de Líbranos del mal, pero como les dijo, como ya le había mencionado Luis, hay palabras que no se pueden traducir, como el infierno, es como si no existieran en esta lengua. Tenemos palabras que pueden ser desequilibrio, falta de armonía que puede suplir a las que nos estás diciendo en la oración, pero otras que desconocemos o que no usamos. Entonces ocurrió algo extraño en ese día, una niña enfermó, tenía mucha fiebre y no encontraban la manera de controlársela, le daban las pociones o los medicamentos que hacían con hierbas y estas infusiones no estaban funcionando, a lo cual Julián se acercó a la madre de la niña y le pidió le preguntó que si podía orar por ella, a lo que la mamá extrañada asintió, dijo que sí. Julián comenzó a rezar en voz baja haciendo la señal de la cruz sobre la frente de la niña. Esa misma noche, la fiebre se dio, la niña se mejoró, pero pues como toda incredulidad de la comunidad, pensaron que había sido una hierba que no se acordaban que habían puesto. Se lo atribuyeron a la hierba olvidada. Juliano discutió, estaba tranquilo, la niña sanaba, todo continuó igual, siguió rezando por la niña. Y en esos rezos constantes que tenía todavía por la niña, empezó a darse cuenta que su lengua pesaba. Una pesadez en la lengua. Y también se dio cuenta que cada vez que rezaba notaba el canto de unas aves a lo lejos. Pero eran muy insistentes, cada vez se escuchaban lejos, se iban acercando y eran como si estuvieran en contra de un rezo, como si estuvieran enojadas. Para entonces Louis le confesó que en tiempos ancestrales en esa comunidad no se podía pronunciar el nombre de Dios. Que cada vez que alguien intentaba hacer una plegaria, un rezo, o hablar de la presencia o existencia de Dios, empezaban a suceder cosas extrañas en la comunidad. La gente enfermaba, los niños morían, había tragedias en la tierra, las cosechas se echaban a perder. Entonces por eso se dejó de hablar de Dios. La gente tenía mucho temor, pero Julián pensó que eso era una simple leyenda. No le dio mayor importancia. De acuerdo. Pero una noche, mientras oraba en la soledad cerca del río, esa pesadez en la lengua volvió, se sintió más fuerte, sintió como una presencia sobre los hombros. Empezó a debilitarse de tal forma que cayó arrodillado a la orilla del río. Pero no era porque estuviera haciendo una oración, era como si una fuerza lo hubiera obligado a arrodillarse. Entonces si entró en pánico, Se sintió tan asustado porque al incorporarse un poco logró ver algo. ¿Algo o alguien? La silueta de algo a su lado. Y con todo el temor que esto le causó, todo el terror que tenía, volteó y aquella figura llevó sus manos a su rostro y le hizo Shh. Aquí no es así. Él no tiene lugar en esta tierra. Váyanse antes de que la muerte abrace a los inocentes.
Paco Arias
Tremenda amenaza.
Mariana Lóbanos
Y la figura desapareció. Desapareció. Y Julián, aterrado, no pudo más. Que no daba crédito a lo que había vivido. Claro, a la mañana siguiente, la niña que había sanado volvió a enfermarse. Fue cuando se dio cuenta Julián que el resto de los misioneros estaban orando por ella. Y fue cuando escuchó nuevamente esa voz de la noche anterior. Esa voz, pero esta vez le déjenla o morirá. Juliam vio a sus compañeros misioneros y les pidió que por favor pararan las oraciones, que dejaran de estar rezando por ella. A lo cual pues evidentemente lo voltearon a ver con cara de extrañeza. Si, ellos iban, esa era su labor, evangelizar, compartir la palabra de Dios, sanar a través de la palabra de Dios. Y ellos, ellos insistían y Julián realmente fue un grito desesperado que dijo detengan todo, basta. Cuando él grita de esta forma, y sus compañeros no comprendían nada, se acerca el anciano aquel, a Luis, el traductor, y le llegó el momento de que se vayan. A lo cual Julián asintió y dijo sí, llegó el momento. A pesar de que algunos compañeros misioneros no estaban de acuerdo con su decisión, lo secundaron. Todos se fueron de esa comunidad. Algunos pensaron que era falta de fe de Julián, pero fue una fuerza más grande la que lo obligó a dejar esa comunidad.
Paco Arias
Hay cosas que la gente no comprende y lugares que son custodiados, resguardados por una fuerza mayor que no podemos comprender de repente, y esto lo digo yo con mucho respeto, yo tengo mi creencia, usted tiene su creencia, la persona que está viendo esto tiene su creencia, pero hay una persona que tiene una creencia diferente a la nuestra y tal vez no creen el mismo Dios o en el mismo, no sé, Dios, deidad, y creen otras cosas, pero no porque yo no crea en eso, quiere decir que no exista.
Mariana Lóbanos
Así es.
Paco Arias
Entonces, evidentemente aquí hubo un choque fuerte de creencias, donde unas personas querían llevar y predicar o hasta evangelizar, pero pues este lugar tenía su propio, vamos a llamarle su propio Dios.
Mariana Lóbanos
Y Julián lo entendió.
Paco Arias
Exacto.
Mariana Lóbanos
No pudo explicarle a sus compañeros de la expedición, pero Julián lo entendió y supo que a lo mejor y a final de cuenta actuó por el resto de la comunidad. Claro, para que no hubiera más muertes, para que no hubiera desgracias, tragedias. Pero qué difícil es cuando te tienes la convicción, te la llevas tú solo.
Paco Arias
Así es.
Mariana Lóbanos
Y no puedes compartirlo con nadie más.
Paco Arias
No. Y que te digan hombre de poca fe, si supieras todo lo que pasó. Yo quiero finalizar contando esta historia que me impactó demasiado. Está bien, bien densa y al menos el mismo fenómeno se vuelve a repetir en estos lugares las brujas. Esta historia se llama La Iglesia del Silencio y nos comparte su historia Mateo. Mateo nos dice que a finales de los 80, cuando él tenía más o menos unos 22 años, él formaba igual parte de un grupo de jóvenes misioneros de la iglesia local. Nos dice que al igual que todos los que hemos hablado, se reunían para ir a hacer labores de caridad, para predicar, para regalar ropa, medicinas, incluso para ayudar en labores pues bastante, vamos a llamarle domésticas o comunes, restaurar escuelas y cosas así. Dice una ocasión recibimos un llamado por parte de nuestro sacerdote local, él nos mandó a una iglesia que estaba en un pueblo escondido entre las montañas, el pueblo se llama San Isidro del Silencio, por eso la iglesia se llama La Iglesia del Silencio. En este pueblo dice, había una iglesia que estaba abandonada, la misión nos la da el padre Rafael y me manda a mí junto a Román, la hermana Lucía y otras personas del grupo de jóvenes, diciendo esa tarea era súper sencilla, ayudar en la restauración de esa vieja capilla que ya llevaba más de 50 años en abandono y que por alguna extraña razón el pueblo como que no estaba interesado en restaurar esta iglesia. Dice que desde que llegaron el pueblo los recibió con frialdad cuando se enteraron lo que iban a hacer, como que había una indiferencia, como que el pueblo no estaba contento de que llegaran ellos a restaurar esa capilla, esa iglesia, había algo que al pueblo no le gustaba y ellos lo notaban porque decías que sentíamos esa frialdad, esa desigualdad de hay lugares donde ellos iban y lo recibían de forma cálida, con comida, con así, o sea, en este lugar el pueblo se molestaba de verlos. Entonces dice que llega una persona y les dice ¿Ustedes son misioneros? Ellos responden sí, nos trae el sacerdote Rafael y ya como que el sacerdote se presenta, buenas noches, yo soy el padre Rafael y ya también el señor se presenta Rosendo, ese señor llegó solamente a dar una indicación, les dijo a ver, tengan mucho cuidado con lo que van a hacer, solamente les voy a decir algo, sean amables y por nada del mundo toquen la campana, porque esa campana no llama a Dios, llama al otro. Dice que el sacerdote como que se sonrió, como con esta sonrisa un poco sarcástica y les dice ah gracias y dice que el hombre pues se va. ¿Dice que le dio un poco de risa al sacerdote y como que bromeó con los misioneros, así de cómo ven a ese señor? Dice que la campana llama a otra cosa, pero bueno, dice que ellos siguieron en lo suyo, pero que la hermana Lucía, una de las personas, de las mujeres que estaba ahí, no le dio risa, al contrario, le dio como mucha duda y dice que esta hermana preguntaba con los misioneros, ¿A qué se habrá referido este señor Rosendo con lo de que esta campana llama al otro? Dice que los misioneros le dijeron la persona no le hagas caso, a lo mejor está loca y ellos siguieron en sus labores, estaban ayudando a restaurar una parte de una pared, dice que la iglesia tenía un hoyo también en el techo que hacía que cada vez que llovía pues pasaba una tragedia y ellos iban a estar bastantes días hasta que esa iglesia quedara completamente reconstruida. Dice que cuando ellos tenían tiempo de estar ya en su cabaña platicando, la hermana Lucía lucía bastante incómoda y como que constantemente se la pasaba mirando hacia la iglesia, hacia el campanario y ya le decían, hermana cálmese, o sea, no haga caso a lo que están diciendo las personas del pueblo, ya ve que aquí son muy callados, no hablan, no crean eso, pero dice que la hermana Lucía como que sabía o como que sentía algo. ¿Las noches que pasaban eran extrañas porque dice que ellos dormían a más o menos 200, 300 metros de la iglesia que estaba como también como una colina, pero por las noches siempre escuchaban como risas y las risas venían de la iglesia, pero pues era noche y la iglesia estaba en abandono, quien estaba ahí? Y la hermana siempre se asomaba ahí en la ventana y siempre estaba mirando esa iglesia, como que había algo que a ella le incomodaba y sobre todo porque todo mundo escuchaba los gritos, escuchaban las risas de mujeres que venían de esta iglesia. Dice había ocasiones donde a esta persona, Mateo, le tocó asomarse en la ventana y dice yo veía unas bolas como el tamaño como de una cabeza humana, prendidas en fuego, en lumbre y que hacían movimientos extraños, se movían, subían, bajaban y de pronto como que se metían a la iglesia y ahí estaban. Dice, esto no se lo dije yo a nadie, a nadie menos a la hermana Lucía, que se notaba que le afectó lo que nos dijo aquel señor. Dice que iban pasando los días, seguían reconstruyendo la iglesia, pero que la hermana como que había enfermado, como que se la pasaba como desmayada, como que no quería ir, se la pasaba en el centro de salud y no se quería acercar a la iglesia, como que algo la estaba afectando del lado físico y hasta energético, espiritualmente. Dice, una madrugada, nos dice Mateo, era una madrugada tranquila, eran como las tres, cuatro de la mañana. Y de pronto se escucha una campana, una campana como de la iglesia, una campanada como le dicen por acá. Dice, lo escucho como en el sueño, no le hago caso. Y se vuelve a escuchar otra vez la campana de la iglesia. Después con el sueño como que reacciona, se despierta, voltea a ver a los otros misioneros y dice, están tocando la campana. Y revisan la hora, tres y tanto de la mañana, tres, veinte, si alguien está tocando la campana. Y de pronto, cuando se asoman por la ventana, ven que va la hermana Lucía caminando como en una bata, así como ella se acostaba a dormir y llevaba una vela. Y va caminando rumbo a la iglesia. Dice que ellos dicen, la hermana Lucía se va. ¿Como a donde? No se va caminando. Gritale. Y todos hermana, hermana. Nada. Es como si la hermana fuera caminando como sonámbula. Dice, lo impresionante es que estaba corriendo Nagre y la flama de su vela no se apagaba. Y esta mujer iba caminando como sonámbula rumbo a la iglesia. Dice, todos salen, se ponen rápido, sandalias, zapatos, botas, se ponen un abrigo y salen corriendo. La hermana ya llevaba un buen tramo avanzado y dice de pronto, delante de los jóvenes que estábamos ahí, el sacerdote también iba con nosotros, vemos estas bolas de fuego súper cerca. Dice, iban flotando arriba de la hermana. Dice, nosotros corrimos. La hermana llega, abre la iglesia y la cierra, y la hermana camina. Dice, nosotros íbamos corriendo detrás de ella como locos. El sacerdote iba en pijama también, dice, corriendo, gritándole a la hermana, pero esta señora no volteaba. Y si, llegamos a la iglesia. Cuando llegamos, la puerta estaba como atascada, no podíamos abrirla. Y dice, y solamente veíamos, porque había un pedazo de techo que le faltaba, solamente veíamos con la luz de la luna que la hermana llegó y se quedó parada enfrente del altar, que obviamente estaba en total destrucción y abandono. Se quedó con su vela en esta posición, dice y ve como de la nada, de la misma oscuridad, dice, salen como, parecían como tres mujeres, tenían como una túnica negra a las tres y no se le veía el rostro, dice empezamos a escuchar como si las tres estuvieran regañando a la hermana Lucía, pero hablaban, no hablaban español evidentemente hablaban en un tipo de lengua diferente, pero como que regañaban y al mismo tiempo como que invocaban algo y el sacerdote, los misioneros azotando la reja de la entrada, no podían entrar y el sacerdote dice ya estoy harto, dice que saca de su pantalón, saca como un librito pequeño de estos que son como de bolsillo y empezó como a ojear ahí en la oscuridad y empezó a recitar una oración que no era español, era latín y dice que cuando el sacerdote empezó a hacer esto tocando la puerta de la iglesia, estas mujeres que estaban adentro con la hermana Lucía como que ahora le estaban gritando a él como, o sea, ellos no entendían lo que estaba hablando, pero por el tono y todo, dice, era como si nos decían lárguense o váyanse, pero el sacerdote estaba leyendo el libro y estaba con la mano en la reja y si de pronto la reja se abre, entramos corriendo y dice, y es en el momento donde vemos como las 3, como que algo rojo las envuelve, se prenden en lumbre y se van, como que desaparecen, como que vuelan, dice la hermana cae al piso de rodillas, entramos todos, dice el sacerdote da la orden a algunos jóvenes traigan la camioneta, hay que llevar a esta mujer, dice que la sacan cargando entre 6 personas, una mujer de 150 más o menos de estatura, delgada, que era cargada por seis hombres y lo que describen es esta mujer entre más avanzamos, entre más caminamos, más pesaba, dice empezamos cargando la 2 y terminamos cargando las 6 y dice, y era súper pesada esta señora, la hermana Lucía, tenía una respiración muy débil, muy, muy débil y dice cuando la sacamos y la acostamos en el piso, en el pasto de enfrente, la vemos llena de moretones en el cuello, aquí en el pecho, en las piernas, en los brazos, dice el sacerdote estaba que no, no entendía nadie lo que estaba ocurriendo, dice llega la camioneta, le vamos a llevar al hospital y de pronto llega el señor Rosendo, aquel hombre que nos había dicho que no tocáramos la campana, que no era buena idea que estuviéramos ahí, y este señor con una frialdad solamente le dicen esa señora se va a morir, como recomendación, cuando muera como murió aquí, entiérrenla atrás de la iglesia. Dice que el sacerdote se molesta, le dice ¿Cómo te atreves a decir que ella va a morir? Solamente Dios tiene la última palabra y si es así, nosotros no vamos a enterrar a nadie aquí porque nosotros no participamos de sus creencias, nosotros venimos en nombre de Dios. Y este señor Rosendo con una calma le dice, ay padrecito, les estoy haciendo las cosas más fáciles desde que llegaron, si me hubieran escuchado esto no hubiera pasado, háganlo, si esta señora muere, entiérrenla aquí, porque los próximos en morir van a ser ustedes si no cumplen con eso, yo solamente vengo a ayudarles. El señor se da la vuelta y se va, obviamente estaba pues el sacerdote, los chicos de la misión, estaba el mismo Mateo presente. ¿Dice cómo es que este hombre sabe de esto? Y dice que suben a la señora a una camioneta, pero que de verdad era impresionante, tanto que llegó a pesar el cuerpo y en el camino rumbo al centro de salud más cercano, esa señora simplemente falleció. Dice, dice la persona Mateo que nos manda la historia y si yo iba en esa camioneta, el sacerdote iba ahí también, pero él iba como en shock, como que no le daba crédito, como que no creía lo que había sucedido. Dices que lo vimos todos, el sacerdote también lo vio, vimos a esas mujeres que hasta le gritaron. Dices que fue como una batalla que hubo en el momento que el padre estaba rezando y estas mujeres estaban como también hablando, o sea fue como una batalla espiritual. Dice pero evidentemente pasó algo muy fuerte en el hospital, esta señora fallece, la misión se cancela al amanecer, todos se tienen que regresar a su tierra, a su ciudad. Dice nosotros ya no volvimos a ver al sacerdote, a Rafael, al padre Rafael ya no lo volvimos a ver, simplemente lo cambiaron de nuestra parroquia, pero así de forma inmediata llegó el obispo y mencionó que iba a mandar a otro sacerdote por temas personales, ni siquiera supimos ni siquiera de dónde enterraron a la hermana Lucía y que había pasado con el sacerdote, porque pidió su cambio, no supieron nada. Lo interesante de esto es que cuando estos jóvenes se juntaban, obviamente lo primero que hablaban era lo que habían vivido, entonces fue un tema que estuvo en sus bocas por muchísimo tiempo. Dice que uno de estos jóvenes habló con uno de los pobladores, que digamos que le cayó bien, y esta persona le confesó algo y le dijo, hijo es que no deben estar aquí, dejen esa iglesia en paz, en esa iglesia no vive Dios. Y dice que el joven decía, pero por qué, por qué todo mundo quiere que no, que no se construya o se remodele, por qué dices que hace mucho tiempo un sacerdote pacto con algo ahí ese sacerdote se arrepintió de haberlo hecho y en la parte del campanario él se colgó, entonces nadie, nadie del pueblo se acerca, ese lugar está maldito, no sé para qué los mandan, por eso la advertencia del otro señor, no toquen la campana porque alguien, ahí hay una historia de por medio. Y bueno, al finalizar Mateo es lo que nos dice la hermana, si fallece el sacerdote, lo cambian, nadie sabe qué fue lo que pasó, nadie regresó al lugar, pero les quedó claro una cosa, hay que tener mucho cuidado con lo que la gente te cuenta. No hay más.
Mariana Lóbanos
Así es.
Paco Arias
¿Qué opinas?
Mariana Lóbanos
Parecen leyendas, parecen mitos urbanos, pero algunos llenos de verdad. Claro, ahora el pacto, ahorita lo vamos a recordar con la historia que yo te voy a contar, pero qué verdad viene también detrás de los pactos.
Paco Arias
Así es, hay que tener mucho cuidado también.
Mariana Lóbanos
Pues sí, como te digo, te voy a contar también y tiene algo que ver con el pacto y con otras historias que ya hemos comentado. En esta ocasión es Mateo, un joven de 21 años que pertenece a un pequeño grupo de misioneros que se dedican a evangelizar de casa en casa y en esta ocasión su recorrido lo hicieron por el sur de México. Aquí se dedicaban a evangelizar casa por casa e iban acompañados de un pastor de nombre Elías, un hombre sabio y que tenía muchos años en el ministerio. Se sentían acompañados haciendo una labor que les gustaba y aunque en algunas casas los recibían con cierto recelo, pues no todas eran con esa actitud, se sentían tranquilos y complacidos con la labor que estaban haciendo. Fue ya cerca de las cinco y media de la tarde, platica Mateo, que aproximadamente esa hora que vieron que ya se aproximaban a la última casa por visitar, tocaron a la puerta y los recibió una mujer como de aproximadamente 50 años. Los jóvenes ven a las mujeres de 50 años como ya grandes, pero la señora humilde y muy amable, los invitó a pasar a su casa. Al entrar a la casa, comenta Mateo que sintió pues que había pocos muebles, unas cortinas muy delgaditas, ya medio roídas, pero que sin embargo sintió algo raro, a pesar de la amabilidad de la mujer, a pesar de tener una paz aparente, se sentía algo extraño en el ambiente. Esta señora les ofrece un vaso con agua y empieza a platicar sobre su vida, cómo le ha ido en el pueblo, y ellos empezaron a platicar del evangelio, a compartir la palabra de Dios, a lo cual ella estuvo bastante empática, hasta que llegó el momento que les bueno, les voy a pedir un favor, quiero por favor que recen por mi hijo Josué, él tiene 17 años y siento que ha cambiado mucho, se ha vuelto callado, ensimismado y me da mucho miedo que ande en malos pasos, entonces me encantaría que platicaran con él, orarán con él y me ayudaran. A lo cual evidentemente el grupo de misioneros accede muy buena gana, porque esa era la labor que estaban haciendo. Esta mujer los guía hacia la habitación de Josué. Al abrir la puerta ven a un joven delgado que está sentado a la orilla de la cama, con la cabeza hacia abajo, muy cabizbajo, no volteó cuando entraron los misioneros, no hizo ningún movimiento. El pastor se acerca con calma a Josué y entonces le Josué, venimos a orar contigo. El muchacho levantó la cabeza y entonces comenta sentí que algo no estaba bien. Al ver la expresión y la forma como se enderezó, sintió algo distinto en el ambiente. Los ojos de Josué se sentían muy vacíos, pero no tristeza, se sentía que algo estaba, algo estaba detrás de esos ojos, como una presencia distinta, como alguien que habitaba distinto en esos ojos, es como lo externa. Mateo así lo sintió. Comenzaron a orar, al principio la oración comenzó en voz baja, fue entonces cuando Josué comenzó a reír, comenzó con una risa leve, muy discreta, pero fue subiendo de tono, fue subiendo el volumen, hasta que terminó con unas carcajadas y una risa antinatural. Se sentía el ambiente tan denso, tan pesado con esa risa, porque era antinatural, comenta Mateo. De pronto Josué se tira al suelo y empezó a sacudirse como si estuviera convulsionando, como si estuviera enfermo, se contorsionaba, eran movimientos bruscos, sin explicación. Ante esto el pastor ya asombrado gritó Hay opresión demoníaca. Al ver esta acción el pastor y los demás misioneros comenzaron a orar, el esta vez en voz alta. Todos comenzaban a orar en voz alta, nombrando a Jesús con autoridad. Con cada palabra que pronunciaban el cuerpo de este joven se estremecía más, se convulsionaba más, se volvía más violento, era como si estuvieran, como si la oración estuviera quemando su cuerpo, como si algo lo estuviera, como si ardiera por dentro. OK, entonces Mateo se acerca Josué y pone sus brazos sobre él y empieza a orar de manera más fuerte. Al sentir Josué los brazos de Mateo sobre él, lo toma de tal forma que hace que del dolor Mateo se doble y se contorsione. Era una fuerza tal la de este muchacho que Mateo pedía gritos que lo ayudaran porque no podía zafarse de él. Entre los demás compañeros misioneros y el pastor Elías, comenzó la lucha para quitar de los brazos a Mateo, pero era tan fuerte Josué que fue una lucha muy fuerte. Entonces fue cuando el pastor tomó la Biblia y la puso sobre el pecho de Josué y comenzó a orar con autoridad. Fue entonces cuando el joven gritó no tienen poder aquí, este lugar es mío. Fue ahí cuando la señora temblando confesó que su esposo había ofrendado a su hijo en un pacto para que lo protegieran, esto lo hizo antes de morir. Los misioneros siguieron orando, pasaron horas, cada que parecía que lograban un avance en la actitud de Josué, todo se venía atrás, él retomaba más fuerza, empezaba a hablar en diferentes idiomas, no entendían lo que decía, gritaba, escupía, maldecía y no lo hacían ceder. La señora llorando desesperada pedía y clamaba que por favor no la dejaran, que ayudaran a su hijo, claro que por favor lo salvaran. Pero llegó el momento que el pastor se dio cuenta que esto era muy complicado y fueron muchas horas, Llegaron a las 5 y media, pasaron las horas, dio la noche, casi la madrugada y no cedían en el intento, hasta que el pastor se da cuenta que no estaban lográndolo. Le no estamos preparados para esto, no tenemos autoridad ni ni el respaldo espiritual suficiente, debemos salir. Fue la decisión más difícil. Dejaron al joven en su cama, aún agitado, pero un poco más calmado. La señora con una mirada de desolación, de tristeza, de súplica, poco podían seguir haciendo. Ya habían hecho todo, todo lo espiritualmente posible.
Paco Arias
Claro.
Mariana Lóbanos
Ellos abandonan la casa, dejando ya a Josué un poco más apacible, abandonan el pueblo y se enteran un poco antes de abandonar el pueblo, que Josué asesina a su mamá y él se tira por un barranco, acabó también con su vida, como comenta Mateo, y se siente confundido. Hasta la fecha no saben si debieron haber entrado a esa casa o tienen la conciencia que jamás debieron haber entrado a esa casa y haber intentado luchar con esa fuerza maligna.
Paco Arias
Wow. Se parece mucho a la historia de la señora, de la anciana de la colina. De la colina, exactamente. Qué impresionante. Digo, yo no tenía conocimiento de las historias que nos iba a compartir y viceversa.
Mariana Lóbanos
Exacto.
Paco Arias
Pero es impresionante, digo, como estas personas con fe, estos hombres, mujeres, y no solamente católicos, cristianos, mormones o de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, como también se les conoce, ellos, pues una, digo, independientemente de la religión, qué noble labor de dejar su vida por un tiempo, por un año, estudios, pareja, familia, llevar pues lo que ellos consideran correcto, hacer un bien. Aparte de esto, estas personas ayudan al prójimo, caridad, regalan comida, ropa, medicamentos. Digo, se me hace una labor tan noble, tan humana, independientemente de la región, se me hace algo muy bonito porque una, yo también en su momento me tocó hacer esto, esto lo conté obviamente cuando, este, en aquel entonces, no sé, aquel lejano, 2015 más o menos, este, y hacíamos esto también. Y es muy bonito porque te queda la satisfacción, sabes, de que alguien, o por lo menos a una persona le cambiaste la vida.
Mariana Lóbanos
Si.
Paco Arias
Tal vez en ese día no tenía que comer, ese día iba a poder comer él, ella o sus hijos. Entonces yo creo que esto es el secreto, incluso Dios te lo dice en la Biblia, quien lo hace con el más pequeño de sus hijos lo hace con él, entonces seguir aplicando.
Mariana Lóbanos
Y evangelizan con acciones.
Paco Arias
Claro.
Mariana Lóbanos
No nada más llevan la palabra de Dios, no nada más es transmitir la palabra, el evangelio. Y lo comentaste ahorita, es muy interesante, independientemente de la religión, no conocíamos las historias que íbamos a contar.
Paco Arias
Justo.
Mariana Lóbanos
Y habla de pastores, habla de padres, no estamos hablando nada más de la religión católica, estamos hablando de otras religiones.
Paco Arias
Así es.
Mariana Lóbanos
Y esa labor de evangelización, insisto, están predicando con el ejemplo. Están renunciando a su tiempo.
Paco Arias
Así es.
Mariana Lóbanos
Están renunciando a su pareja. Están renunciando algo para ofrecerlo al prójimo. Al final de cuentas, pues en todas las religiones lo más importante es el amor al prójimo.
Paco Arias
Así es justo. Qué forma de terminar este episodio. ¿Cómo se la pasó? Muy padre, la verdad.
Mariana Lóbanos
Una experiencia distinta, una experiencia con mucha retroalimentación de aprendizaje y muy bien.
Paco Arias
Muchas gracias, de verdad, muchísimas gracias. Yo me la pasé increíble. Estoy seguro que la gente que escuch, que vio este podcast también se la pasó increíble. Algunos se asustaron. Y agradecerles a todos por haber estado aquí en este episodio. Nuevamente, muchísimas gracias por acompañarnos. Gracias a toda la familia del podcast. Les mandamos un fuerte abrazo y nos vemos en otro episodio más adelante. Y a continuación te dejo por ahí el adelanto del video que encontrarás en nuestro sitio web. Ve allá si te atreves. Hasta la próxima. Ciao.
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Episode: “DIOS No Está En Este Lugar | Relatos Macabros de MISIONEROS”
Host: Paco Arias
Guest: Mariana Lóbanos
Date: November 7, 2025
Language: Spanish
Distributed by: Genuina Media
In this chilling episode, Paco Arias and guest Mariana Lóbanos delve into the haunting and often terrifying experiences of missionaries confronting supernatural evil while spreading the faith in remote and forgotten corners of the world. Drawing from listener-submitted true stories, the episode intertwines horror, folklore, and stark encounters with the unexplained—emphasizing the limits of human faith and the peril that may await those who, with the purest of intentions, step into lands where darkness reigns.
| Timestamp | Segment Description | |-------------|--------------------------------------------------------------| | 00:01 | Introduction, context of missionary experiences | | 05:15–16:51 | The Poor Woman/Witch of Veracruz | | 17:37 | Discussion, reflection on witchcraft and evil | | 19:12–27:24 | The Path/Water Spirit in Amazonia-Colombia | | 28:28–44:52 | Three Witches in Chiapas, direct confrontation & aftermath | | 46:33–57:00 | Mission in Amazonia-Peru, forbidden prayers, shunned God | | 58:13–73:53 | La Iglesia del Silencio — haunted church and deadly pacts | | 74:15–82:46 | The Pact — exorcism and tragedy in southern Mexico | | 84:33–85:16 | Closing reflections on missionary work and self-sacrifice |
Both hosts underline the bravery and self-sacrifice of missionaries, regardless of denomination, and the limits of faith when faced with ancestral or supernatural evil. Many horror elements are clearly rooted in local folklore: witches, shapeshifters, pacts, and cursed places, posing existential risks not just to faith, but to life itself.
Closing Thoughts:
[85:16] Paco: “...en todas las religiones lo más importante es el amor al prójimo.”
[84:31] Mariana: “Y evangelizan con acciones.”
For newcomers to the podcast, this episode is a haunting journey into the most terrifying encounters shared by missionaries—where faith collides with unfathomable darkness and where sometimes, "Dios no está en este lugar."