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Como un fantasma y los ven normales. Y fíjate hermano, que a mí me llegó un correo de una forma bastante interesante porque viene una historia en este correo, pero al mismo tiempo viene una invitación y quiero que se queden con esto. Voy a contar la historia y ahorita voy a retomar el tema de la invitación. Esta historia corre en el año 2019, es una historia anónima y nos comparte una persona que es del estado de Morelos. Él nos dice que le tocó presenciar algo que al día de hoy pues todavía no le encuentra como sentido lógica de lo que él vio. Él dice que en aquel entonces él trabajaba como repartidor, justamente padre de familia, niño recién nacido. Y pues estamos hablando del año 2019, hermano, justamente cuando empezaba todo el tema que paralizó al mundo. Entonces él empieza a trabajar como repartidor, pues buscando pues la papa, buscando también llevar ese sustento a casa. Y es que la realidad, muchas personas pasaron muy malos momentos en estos años no tan difíciles. Esta persona entra a trabajar justamente como repartidor y la realidad es que pasa algo un poco distinto a lo de las otras historias. Él está trabajando directamente con un restaurante muy grande, muy grande de Morelos y dice que pues bueno, es ir, venir, ir a dejar rutas como tal no es estas aplicaciones de las que estamos hablando ahorita, es directamente con un establecimiento. Él dice que ya se estaba acostumbrando a esta nueva modalidad, a este nuevo estilo de vida. Y esto también llega y dice él que nunca se le va a olvidar un jueves a las 11 de la noche. ¿Por qué no se le va a olvidar? Porque ya estaban cerrando el establecimiento. Cuando llega este periodo, dice que de todos a él fue que lo enviaron porque él era el nuevo, entonces pues sabes, le aplicaban no abasto, tú eres aquí el nuevo, tú eres el novato, te toca ir a dejar el pedido. Cuando le dan la ruta, porque piden por ahí la ubicación por WhatsApp, el checa en el mapa y se da cuenta de que estaba a 25 minutos diciendo manches, me voy a hacer una hora prácticamente en ir, regresar. Dice que se estuvo pensando, incluso habló con su jefe de oiga, no entró, o sea, solamente porque el pedido entró unos minutitos antes del cierre tiene que ir. Y dice que el jefe era muy estricto. Entonces rápidamente en cocina mira como ya se iban preparando la comida y órale, vete a dejarla. Dice que cuando él llega se da cuenta de que es una colonia bastante alejada y es una casa que si bien no luce como casa abandonada, sí estaba muy. Pues ya con estragos de mucho tiempo de que no le daban mantenimiento, estaba deteriorada, si bien no era una casa abandonada, pues la pintura ya se estaba cayendo, las ventanas, o sea, como que sí se veía bastante vieja y dice que tenía un gran patio hacia el frente, adelante también tenía como un portón que no servía y dice pues ya llegué, se baja de la moto y pues está gritando, no, buena noche, ya le traigo la comida. Dice que nadie sale y manda mensaje ahí a las personas del restaurante y le dice no, tienes que pasar porque es una señora grande, grande de edad, entonces tienes que ir, pasa el portón, tocas y ya dice tengo que ir hasta allá, OK, órale, pues. Se baja y empieza a caminar, pero dice que cuando él empieza a caminar, ya cruzando el portón, ya estando en el patio delantero, como que se empezó a sentir una sensación rara, como un poco de escalofrío, como un poco de pesadez. Dice que llega hasta la puerta, que era una puerta de metal que se veía muy pesada y empezó a tocar. ¿Dice que en cuanto él empezó a tocar, escuchó como adentro como si hubieran perros con cadenas, escuchan las cadenas y se escucha como empiezan a azotarse contra la puerta y después escucha la voz de una mujer ya grande de edad, una anciana, como que regaña a sus perros, le dice Jay, cálmate, siéntate y así no? ¿Entonces dice que ya la señora tantito abre la puerta y le dice no, pues acá tengo su pedido, muchas gracias, que no sé qué y le da una buena propina porque le dice muchacho gracias, sé que ya iban a cerrar, una disculpa, pero pues tienen que comer mis animales, mira ten y le suelta 200 pesos y él pues dice pues qué buena onda, no? Todo normal. Entonces a él y él me lo dice. Cuando en un lugar te dan ese tipo de propinas no se te olvida y como que busca seguir yendo a dejar porque sabes que te puede ir bien. Y eso empezaba a ocurrir. Esta señora tenía la costumbre de pedir casi siempre a la hora del cierre y dices era lo único malo porque salía más tarde, pero bueno, se ganaba su dinerito. Él empezaba a ir y lo mismo dice, ya se la sabía, tocaba hasta la puerta y siempre sus perros azotaban ahí como que eran, él decía por la fuerza, por el golpe, yo creo que eran o unos Rottweilers o unos Doberman, nunca los escuchó ladrar, pero decía estaba, se azotaban en cuanto uno pasaba el terreno, nunca los vio y ya salía la doña, recibía la comida y daba el pago. Hubo algo que a él le llamó la atención, una de estas veces que él fue a dejar la comida, dice que al lado de su moto siempre había una persona o un niño o una niña o un adulto y como que estaban mirándolo y él se le hacía raro porque pues porque me están mirando. Y dice que la mayoría de esas personas le decían no le da miedo y para allá no, porque. Y dice que de todo esto una niña le llegó a decir esa señora es muy mala, es mala, no deberías ir gente y sus supersticiones, o sea gente loca, así lo pensó él, pero había algo dentro del que le causaba un poquito de intriga porque dices bueno, si pasa que cuando paso el portón como que se siente algo raro, como que no sé y se quedó con esa espinita. Una señora como que empezó a sacar como ideas, ya grande de edad, vive con perros, no se ven autos, no se ven más cosas, personas, no se ve nada y como que se le quedó esa idea negativa hacia la señora. Dice que un domingo que estaba en casa de unos amigos, empezaron a tomar cervezas, a con beber como decimos nosotros aquí, convivir, estaban ahí y este joven se acuerda de esta señora y dice, ah, pues de hecho no vive tan lejos acá. Cuando sale de este convivio se le viene esta idea de pasar por ahí a ver qué veía, era ya noche evidentemente y era tarde. Y dice que se le hizo curioso que la luz de la sala estaba encendida todavía. Él estacionó la moto unos metros antes de llegar y empezó a caminar y se mete al terreno sin hacer ruido hermano y dice la ventana estaba abierta, la cortina era estas cortinas blancas que son como traslúcidas, que puedes como ver un poquito y dice sin hacer ruido me asomo hacia adentro y es cuando ve algo que jamás va a olvidar qué es lo que ve. Ve a la señora sentada en un sofá como cualquier persona, viendo la televisión, incluso estaba hasta como haciendo, no sé, una manualidad, estaba tejiendo. A su lado izquierdo había un hombre de unos cuarenta, cuarenta y cinco años, desnudo, en posición como si estuviera sobre sus cuatro extremidades, con un collar como metálico y una cadena. Otro hombre como de cuarenta y tantos años en el piso, acostado igual desnudo, con una cadena en el cuello y otro más a lo lejos que se lograba ver. Cuando este chavo ve todo esto, dice Paco, yo sentí como si hubieran dejado caer agua fría desde la cabeza y te recorre la espalda, dice, pero así súper normal la escena, la señora viendo televisión, tejiendo tres hombres como si fueran perros, dice, se da la vuelta y vámonos, arranca y dice, yo le cuento esto a mis compañeros, a mis jefes, evidentemente se empiezan a burlar de mí, me dijeron que qué tan borracho había salido de ese convivio y ya sabes, no sea este montón de cosas, alucinaciones por supuesto, dice, seguramente te metiste algo, Dice. A los 23 días de que él ve esto, misma hora, casi 11 de la noche llega el pedido. El de plano dice yo no voy, yo no voy, yo no voy, háganle como quieran, yo no voy a, yo no voy a ese lugar, yo no regreso a ese lugar, y recordó lo que le había dicho la niña, el niño, los vecinos, pues dice, pues bueno, pues voy yo. Dice, de todas maneras me peleé con mi esposa, no quiero llegar ahorita, quiero una excusa para llegar tarde. Y es que se va otro compañero. Dice, nosotros, yo guardé mis cosas, guardé la unidad y me fui al día siguiente que se que llega al trabajo, dice que se topa el compañero que fue a dejar pues la comida y súper feliz. Oye cabrón, ¿Ves por qué no fuiste? Me dieron 200 pesos de propina. Qué tonto eres. Dice, si la señora es rara, si es rara por lo que veo, dice, le compra a sus perros comida de acá para alimentarlos. Dice, pero qué tonto eres, mira, me gané 200 pesos. Dice que cuando él escuchó todo eso, mira, callado, no dijo nada. Qué buena suerte tienes. Desde entonces esta persona dice yo ya no, ya no me desgastó hablando o contando esto que yo viví, nadie me lo va a creer. ¿Qué pasó y dónde viene la invitación? Dice, cuando llega toda esta oleada de esta enfermedad, el Covid, dice, cuando ya se une, cuando llega lo fuerte, ya cuando llega un montón de decesos, dice, yo ya pasaba por esa casa y hubo un momento donde me di cuenta que la puerta y las ventanas estaban abiertas, por curioso me acerco, la casa estaba vacía, por eso es que estaban las puertas y las ventanas abiertas adentro ya estaba hasta grafiteado de que ya llegaban a esta casa hasta indigentes y todo esto vandalizado. Y por eso viene la invitación a mí, por eso me llega esa historia a mí, porque me dicen, Paco, yo sé que tú haces exploración urbana, haces investigación, te recomiendo esta casa que está en Morelos aquí. Y ahí viene la historia, dice, porque cuando yo entré solo de día se sienten cosas pesadísimas, sobre todo en el cuarto principal donde yo creo dormía esta señora. Dice, hay cosas que se dibujaron con una tinta roja o algo así, con simbolismos que dice que yo ni conozco y muy poca gente entra a esta casa, sobre todo solamente personas en situación de calle y es donde viene la invitación para que yo voy a este sitio y evidentemente voy ahí y vamos a ver qué encontramos, ¿Me imaginas hermano.