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Es curioso y fíjate para dar inicio a este podcast te quiero contar una historia que nos comparte el señor Felipe Gutiérrez. Don Felipe con cariño para don Felipe. Don Felipe nos cuenta que él trabajó como guardia de seguridad en diferentes instituciones por prácticamente toda su vida, hoy es una persona de 68 años y nos dice que esto mal lo que empezó a suceder fue desde inicio de la pandemia debido a que como él era grupo vulnerable por su edad lo mandaron a su casa, entonces él ya no pudo regresar a trabajar, la empresa buscó la forma de despedirlo y él estaba muy preocupado porque don Felipe nos dice que él tenía su cargo a sus nietos que desafortunadamente su hijo había perdido la vida y él se quedó a cargo de sus nietecitos de 8 y 11 años, entonces él tenía que sacar adelante esos niños y don Felipe pues preocupado porque dice yo tengo, yo Tenía más de 60 años, es complicado que le den trabajo una persona de mi edad, sobre todo porque también estábamos todavía en esta situación pues de la nueva enfermedad, ves que se demoraron tantos años en que las cosas regresarán a la normalidad y dice pues mis nietos tenían que comer, tenían que estudiar y pues yo tenía que comprarles una computadora para que tomaran sus clases en línea. Entonces un Felipe se las vio muy muy duras pues con su situación y nos dice que buscando vacantes ahí en el periódico a la antigüita se dio cuenta de que estaban solicitando personal donde antes fue una fábrica textil, dice que en esta bodega que ya es una gran bodega en los años 80 que era una fábrica, pasó un accidente, se incendió y pues prácticamente dicen que habían quedado trabajadores pues atrapados, quienes perdieron la vida. Entonces Don Felipe ve el anuncio, ve la dirección número marca, lo cita en entrevista, va a esta bodega que antes fue una fábrica y era enorme. Dice la verdad Paco lo que a lo que se dedicaba antes pues es a producir pues ropa, pero ahora era ocupada como para unas personas que recibían pues estas prendas que las personas donaban para la caridad y ahí dice que se almacenaba todo eso y al día siguiente llegaban las personas, armaban por ahí algunos paquetes y empezaban a donarlo a una fundación. Mi trabajo era sencillo, en la entrada de la bodega tenía mi casetita y pues prácticamente dar rondines todo el tiempo por toda la bodega que era muy grande, imagínate, antes era una fábrica textil, era enorme. Dice cuando me dicen el horario, dice sentí muy feo dejar a mis nietos porque su horario de Entrada era las 9 de la noche, turno de noche. Dice yo me las arreglé con una vecina que les echaron ojo a mis nietos y la gente de pensar. ¿Cuánto tiempo crees que Don Felipe se demoró en toparse con algo sobrenatural? Aquí fue desde la primera noche. Don Felipe nos dice que es uno de los lugares donde de verdad él conoció el terror, el miedo. Dice que cuando él se va en su bicicleta, entra a trabajar y si de noche este lugar daba miedo, nada que ver cómo se ve de día, todavía había algunas cosas ahí de los años 80, por ejemplo máquinas de coser viejas, de la nada se escuchaban golpes, o sea los típicos ruidos que se van escuchando. La encomienda era sencilla, de repente la gente como sabe que es una bodega y que hay cosas como ropa, zapatos, juguetes, la gente de pronto levantaba la lámina, se metían y robaban. Entonces yo tenía que estar muy atento a las cámaras de seguridad, muy atento a todo. Dice que dio la primera vuelta cerca de las diez de la noche. Dice no te voy a mentir, conforme te vas metiendo a donde está oscuro, sientes la piel chinita. Iba con una linterna, su macana. ¿La macana que es? Es como un artefacto que es para golpear y dice que le dan un arma de fuego, pero que es como de mentiras, que solamente la ocupa para espantar a la persona. Entonces va con su arma, va su macana y va a su linterna. Dice que le empezaba a dar estos rondines y que lo que él hacía para poderse sentir en paz, iba silbando, iba silbando con la linterna, todo normal, muy tranquilo. Le dio toda la vuelta a la bodega. Regresó como a los veinte, veinticinco minutos. Y dice que tenía una televisión que le dio mucha curiosidad, porque ya no tiene mucho tiempo, que no veía de esas teles que eran chiquititas de blanco y negro, que solamente te daban o sintonizaban dos canales, no estaba ahí. Dice, al pasar las horas, empezó a dar sueño. Dice, me empecé a cabecear, como le decimos por acá. Los ojos se me empezaban a ir, la cabeza también. Ya me empezaba yo a. Y mi mente luego, luego, levántate, porque si vienen los jefes y en tu primer día de trabajo te ven dormido, pues me van a despedir, no me va a correr. Y él dice, no, mis nietos, todo el tiempo sus nietos. Era como ese motor de decir, tienes que levantarte. De pronto dice, me levanto, voy a una zona donde hay como un comedor, me preparo un café, un cafecito negro para despertar. Mientras él estaba ahí, empezó a escuchar un silbido que venía de la bodega. ¿Sabes qué es lo curioso de esto? Que era como si él se escuchara a sí mismo. Dice Paco, era mi propio silbido. El mismo dice, alguien entró rápidamente, jala la linterna, se deja ahí el café, ya no, ya no se lo tomó. Y dice que sale y empieza a caminar a oscuras con su linterna y sigue escuchando el silbido. Él no ve nada en ningún momento. Dice que es como si viniera una persona frente a él, porque el silbido ya estaba muy cerca de él, pero él no veía nada. Y siente como una corriente de aire lo golpea, como que el silbido lo atraviesa a él, como si alguien hubiera pasado a través de su cuerpo. Y todo se calla. Dice, yo sentí demasiado miedo, corrí a mi caseta, corrí lo más rápido que pude y empecé a ver las cámaras, que todo estuviera en orden. Cuando en eso, la cámara que está hasta el final de la bodega, que alumbra o capta un pasillo, veo a un niño, no más de siete años. Estaba ahí. Lo curioso es que estaba paradito ahí, pero mirando a la cámara. Él sabía que yo lo estaba viendo y sonreía a la cámara tenía este efecto en los ojos, como que le brillan. Y él siguió caminando, chiflando. Dice, yo vi que él era, que estaba pues silbando, porque lo seguía haciendo en la cámara. Dice, yo me armé de valor, quise pensar que habían mandado un niño a entrar, no sé, buscando siempre el lado lógico. Dice, me armé de valor, di toda la vuelta, no vio nada. Dice que las cosas estaban poniendo bastante fuertes. Regresó otra vez a hacerse su café y escucha nuevamente el silbido en el pasillo. Dice, yo cargo un escapulario, lo saco, ya sabes, no te aferras a algo espiritual. Y dice que empezó a caminar, empezó a caminar, llegó hasta la pared, no había nada hasta donde finalizaba el pasillo, pero a su lado derecho había una bodega, una bodeguita con una puerta de estas de vidrio, que son estas puertas como de cocina que tiene como una ventana redonda. Dice, mi jefe me había dicho que ahí almacenaban las cosas que estaban en mal estado, las que no se podían donar. Y cometió, no sé si llamarle error, pero pegó su mirada al vidrio para ver si algo se veía, hermano. Dice que de pronto, de la oscuridad, ve como venía una mujer caminando y se va acercando. Dice, pero yo en ese momento me quedé paralizado. Y esta mujer no la escuchaba porque estaba del otro lado, pero se veía como abría la boca, como que estaba peleando, como que estaba discutiendo, pero en sus brazos tenía como un trapo que se veía viejo, así como chamuscado, como quemado. Y esta mujer me estaba gritando. Dice, yo saqué el arma, o sea, con la mano así, temblando, y dije en voz alta que se fueran de ahí, que era propiedad privada. Y ante mis ojos esta mujer desapareció otra vez. Dice corrí de regreso a la casetita. Dice, ahí me quedé tratando de asimilar lo que estaba lloviendo. Es que era algo irreal, nunca. Dice, yo nunca había visto algo así, no sabía que era, si era una persona real, si era un fantasma, no sabía. Pero dice, yo ese día me quise ir a mi casa, renunciar, pero cuando lo pensé, pensé en mis nietos otra vez. Dije, no, no, no, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo dejar mi trabajo. Mis nietos necesitan, pues, el recurso, necesito yo estar aquí. Y es lo que él pensaba todo el tiempo. Dice, empecé a pensar que debía yo hacer. Y él nos cuenta algo muy breve. Dice que cuando él era niño, su abuelito le decía que era fácil atrapar a un duende, que incluso era un poco hasta chistoso. Dice que antes con su abuelito hacían bolitas de queso y las rellenaban de sal y que la botaban, le iban y las votaban y que llegaban los duendes y la comían, pero que cuando llegaban a la sal, como ellos como que repudian la sal, que como eso los atontaba. Y dice que su abuelito atrapaba duendes, es lo que nos cuenta. Dice, pero esto no sé qué era, no sé, no sé realmente a qué me estaba enfrentando, si eran duendes o si era otra cosa, sobre todo la mujer. Dice que él hizo con su lunch, él llevó comida, hizo unas bolitas, pero no hay queso de carne y la relleno de sal. Dice, yo las fui con mucho miedo, fui, las coloque en ciertas zonas y dice que cuando ve otra vez en las pantallas de los monitores, ve como el niño aparece y toma una de estas bolitas de carne y se le empieza a comer. Y dice que cuando llegó a la sala, el niño empezó a hacer así las caras, así como que se empezó a limpiar y vio como desapareció, desapareció. Pero él dice, pero me queda ahora la otra, la mujer, no sé, yo tenía mucho miedo porque yo estaba seguro. Dice que esa mujer no era ningún duende, era algo más. Y él dice que se arma de valor e intentó hablar con esta mujer nuevamente, jaló su linterna y se adentró a lo más profundo de la bodega. Dice que cuando llegó hasta donde estaba esa puerta, donde la vio no había nadie, pero de pronto empezó a escuchar aquí en el oído como le decían lárgate de aquí, estas son cinco cosas, no la toques. Y al voltear ve a la mujer, ya no lejos, ya la ve cerquita y es donde le ve la piel, le ve todos los detalles. Dice, hermano, yo me quedé paralizado hasta la linterna, la tiró y después de un rato corrió otra vez a su caseta. Su caseta era como su lugar de refugio, ¿Sabes? Era como, ¿Pasa algo? Me voy para mi caseta porque ahí hay luz, porque ahí tengo pues todo, ¿No? Teléfono, todo. ¿Y dices que no sé qué hacer y no puedo renunciar, mi jefe no puede, pues no puede despedirme, no? No puedo yo decirle que me voy tampoco mis nietos necesitan de mí, de mi trabajo. Y otra vez se arma de valor, hermano, pero esta vez iba a ser algo diferente. Dice que le llamó la atención algo, en las dos ocasiones esta mujer tenía como un trapo que se veía chamuscado, negro, quemado. Regresó, dice que él iba hablando con palabras muy calmadas, o sea, desde que empezó a adentrarse a la bodega, él decía yo estoy haciendo mi trabajo, yo no vengo a robarme nada, a mí me contrataron para cuidar este lugar, o sea, él iba como hablando al aire y no escuchaba nada, llegó hasta donde estaba la mujer y vio ese trapo en el piso, dice que cuando él se agacha, lo extiende, se da cuenta de que era un vestido, era un vestido blanco como de novia, pero en efecto estaba quemado, estaba chamuscado y se veía muy viejo. Ya él entendió que probablemente esta mujer, no sé si falleció ahí, no sé, no sabemos si era una clienta que se iba a casar, no sabemos nada, pero él dice que yo con toda la delicadeza del mundo, y él lo dice, doblé ese vestido, lo guardé en una caja y lo puse en alto y yo hablé a los cuatro vientos y dije no me hagas nada, yo vengo a cuidar este lugar y para que veas, acabo de guardar tu vestido, lo acabo de dejar donde nadie lo va agarrar y si me lo permites, déjame cuidarlo, pero déjame hacer mi trabajo, mi familia necesita de mí. Él nos dice que desde que hizo eso, las demás noches fueron muy tranquilas, que sí sigue escuchando sus silbidos, si sigue viendo sombras, pero dice ahora no lo siento tan peligroso como la primera vez, las cosas siguen ocurriendo, yo ya me acostumbré, pero ya no me siento en peligro, siento que esa entidad o ese espíritu se siente ya a gusto conmigo, como que lo acepto. Y lo curioso de todo es lo que le dijo su jefe, dice que le dice Felipe, te quiero agradecer porque no te lo quería decir, pero ya como llevas meses trabajando conmigo, nosotros nunca habíamos podido tener trabajador nocturno, eres el primero que ha durado en quedarse, todos no pasan de la primera noche, gracias. Y dice que le aumentaron el salario, le dejaron cambiar su tele por una tele de normal, una pequeña Smart TV ahí en su casetita, o sea, le dieron muchísimas comodidades, el señor pues le subieron al salario, le está yendo relativamente bien, puede sacar adelante a sus nietos y pues prácticamente lo que lo que tuvo que aguantar desde la primera vez valió la pena.