Paco Arias (37:51)
Fíjate que hemos escuchado mucho de la lectura con. Con café, la lectura con los chamalongos, la lectura este. Pues con muchas cosas, ¿No? La lectura de manos, pero wow. No conocía, al menos yo, la lectura con huesos, los huesitos. Animal. Tenga mucho cuidado, sobre todo tenga mucho cuidado. Mira, yo te quiero contar esta historia que nos las comparte un chico de nombre Juan Carlos. Gracias Juan Carlos por compartirnos tu historia. Nos comenta que esta historia ocurre en el año 2005. Esta historia nosotros la hemos titulado La violencia que nunca muere. Él nos dice que en aquel año, imagínate que lejano 2005, Juan Carlos estaba a punto de entrar a la universidad y él por ahí pues había hecho algunos exámenes en algunas universidades muy prestigiosas de Ciudad de México, pero él estaba como un poquito nervioso porque no sabía si iba a quedar o no. Su papá era taxista y dice que su papá le daba el chance de agarrar el taxi en las noches. Su papá pues tenía la concesión, su papá dejaba de trabajar el taxi como eso de las 4 de la tarde. Y si, pues yo lo agarraba para ganarme unos centavos. Mi papá no me pedía la cuota, me pedía que le echara gasolina. Entonces él agarraba el taxi de su papá y lo que cayera era bueno. Dice que él siempre, siempre como tenía este lugarcito donde a veces se estacionaba porque de repente llegaban ahí algunos pasajes, ¿No? Algunos viajes afuera de centros comerciales, afuera de terminales de autobuses. Y dice que en aquel entonces él se encontraba en una zona conocida como Calzada México Tacuba, cerca del viejo cine Cosmos. Ahí es donde ocurre todo esto. Ese era como el lugar donde él, pues a veces paraba para ver si salían más clientes. Dice que antes de todo esto le salió un viaje de una pasajera que iba a Tlaxpana y pues la calle estaba completamente vacía. Pasó a dejar a la chica, la dejó ahí en su casa y él se regresó a esta zona, a Calzada México Tacuba. Ahí estuvo y dice que hay un momento donde sientes tu espíritu, te dice, algo va a pasar. Él sentía inquietud, pero dice, a ver, Paco tenía 20 años, tenía problemas. Sí, tenía adicciones también. Había hecho mi examen para la universidad, tenía como que mucho estrés, cansancio, ya era tarde, dice como que yo lo achacaba mucho a todas estas cosas que yo estaba pasando y viviendo, dice prendí la radio para escuchar pues ahí algunos programas de radio, noticias muy sutiles, fútbol, de pronto dice, la radio del taxi empezó a tener interferencias, de estas veces que como que se pierde la señal, pero en estas interferencias como que entra otra señal y él escucha esta frase, ya vienen, no los dejen pasar, cierren, o sea como palabras un poco extrañas, él llegó a pensar, bueno, que es normal que algunas señales de radio se crucen y lleguen literalmente otras, otros canales, entonces él dijo pues a lo mejor algo va a pasar, pero en ese momento él sintió como la temperatura desciende, dice empezó a hacer mucho frío, en eso a lo lejos ve una escena bastante fea, dice voy manejando el taxi y veo a una persona en el piso como en estado fetal, así, y ve a otra persona que tenía un palo, una vara y si, lo estaba golpeando horriblemente, Paco dice la verdad yo soy de agarrarme a trancazos, él dice, yo soy un vato de que si tengo que rifarme la. ¿Me tiro el trompo como decimos aquí, dice voy manejando y veo que esta persona lo veo de espalda y le estaba dando unos palazos al chico que estaba en el piso y si, no manches Paco, me dio mucho coraje y se baje mi vidrio, le dije ya déjalo, ya no le pegues, se estaciona y dice que cuando se acerca la persona que estaba golpeando como que voltea hacia verlo, dice Paco, le veo la cara al tipo, no manches, tenía cara como una persona, la palabra que él ocupa es como una persona sin alma, una persona vacía incluso con su mirada totalmente ida y seguía golpeando y yo veía como el chico que estaba ahí en el piso se cubría los golpes, en eso dice, yo me abalanzo contra él para tomar su mano y detenerlo, dispuesto a forcejear y si el tipo quiere pues también nos agarramos a golpes ahí no? Cuando él hace este movimiento para arrebatarle el brazo, no chocó contra su brazo ni contra nada, dice Paco, es como si hubiera atravesado aire, dice como me abalancé contra él, me estoy yendo de boca y pensé que iba a pisar al chico que estaba en el piso, también Paco, también lo atravesé cuando pasó todo esto. ¿Voltea rápido hacia atrás, no hay absolutamente nada, que demonios? Él incluso voltea hacia la calle para ver si a lo mejor se fue corriendo, se fueron corriendo. Nada, dice Paco, es como si hubiera sido un holograma, como si hubiera sido un proyector que lo apagan y desaparece la imagen. Ojo, no era un fantasma traslúcido, no era una persona como tú y como yo, una persona real, entre comillas, de carne y hueso, no era el fantasma, la persona gris, no era una persona normal. Dice que él se quedó parado y seguía escuchando como su radio seguía emitiendo sonidos de interferencia que se venían colando y seguían diciendo ya vienen, no dejen, no los dejen pasar. Cierran el paso, o sea, como que escuchaba estas voces y dice que empezó como a temblar, dice no sé por qué, si fue como un nervio o fue la forma en como su cuerpo reacciona, empezó a temblar, se da la vuelta, empezó a caminar a su taxi. Él en ese momento dijo, estoy seguro que este resultado del cansancio, ya eran las 2 y 40 de la mañana, el cansancio, el estrés, todo. Cuando él iba llegando a su taxi, un golpe en la espalda, lo tira al piso, dice me quedé en el piso, fue un varazo que le dieron en la espalda. Dice Paco, toda la espalda me dolió muchísimo, caí al piso y me quedé un buen rato tirado esperando pues que llegaran los más, los demás golpes. Yo dije, a lo mejor esta persona regresó a golpearme y se me quedé así esperando el otro golpe, me dolió muchísimo, nunca llegó el otro golpe, se voltean rápido, no había absolutamente nada. Él dice que agarra su taxi, entra y acelera como loco, derechito a su casa. Dice ya era tarde, él iba súper mal, imagínate, nervioso, todo lo que había vivido, ¿Qué harían ustedes si les tocara vivir todo esto, no? Llega a su casa rápido, estaciona el taxi, entra, dice para mi buena suerte, mi papá estaba desvelándose, viendo partidos de fútbol, repeticiones de partidos de fútbol, me ve entrar y me ve mal, me ve mal, rápido se levantó y dijo ¿Que tienes? ¿Qué te pasó? ¿Dice, yo no sabía ni siquiera cómo explicarle, mi papá llegó a pensar que me habían quitado el carro o que me habían asaltado o algo por el estilo, no? Que me habían golpeado, bueno, si me golpearon, dice que me senté en el comedor, dice mi papá rápido fue por una franela, la mojó, dice, me empezó a limpiar como por ahí me veía como polvo en la cara. ¿Qué te pasó hijo? Dice, no me lo vas a creer papá. Y le contó todo, ¿No? Desde las siluetas, la persona que estaba golpeando al otro y el golpazo, dice, mi papá me levanta la camiseta, no manches Paco tenía así en toda la espalda, bien marcado pues el golpe, el palo literalmente con el que le dieron la vara. ¿Dice, yo le conté todo a mi papá, eso sí, mi papá en ningún momento buscó desestimarme, buscó decirme estás loco? Él escuchó todo con calma, un señor ya grande, con mucha experiencia, un taxista con mucha experiencia, se quedó callado y es donde él le cuenta algo que quedó súper sorprendido porque le dice, lo que parece que tú viviste fue algo que marcó la historia en Ciudad de México en el año 1971, conocido como el halconazo. ¿En qué consiste? En aquel entonces jóvenes estudiantes, pues estaba manifestando de forma pacífica, el gobierno mandó infiltrados vestidos pues como militares, pero vestidos como de civil, halcones, por eso se llamó El Halconazo, quienes empezaron pues una masacre en el lugar a estudiantes que iban completamente de forma pacífica a manifestarse, los golpeaba, los golpeaban con varas, ellos, los estudiantes estaban desarmados, no tenían armas, ellos iban haciendo algo bien y estas personas los golpeaban hasta matarlos. Y es donde le dijo su papá, hijo, es que hay sitios donde la violencia nunca termina. Este chico que me comparte su historia, Juan Carlos, me dice, Paco, yo al principio, dice, ni siquiera creía en Dios, cabrón, o sea, menos en fantasmas, pero cuando vives una experiencia de este nivel y el golpazo en la espalda y digo a los días, pues lo vas superando, ya vas perdiendo el miedo. Pero me pongo a pensar, ¿Cómo es posible que existe este residuo, este eco de algo que pasó que se sigue repitiendo? Dice, de verdad, yo seguí manejando el taxi, pero evitando ciertas zonas, obviamente en horas de la madrugada. Pero sobre todo, ¿Cómo es que estos hechos tan violentamente extremos se siguen manifestando en algunos lugares? ¿Tú te enteraste de eso que pasó?