Paco Arias (39:10)
Yo había escuchado de un fenómeno, pero no de esta forma tan peculiar de llamarla. OK, mira, esta historia no las comparte julio Romero, que te mando un fuerte abrazo, gracias por compartirnos tu historia. Y esto ocurre en un, precisamente en un pueblo de aquí de México, con una familia de campesinos. Él nos da un contexto, él nos dice que desde que fue niño siempre tuvo la fascinación por el campo, por la naturaleza, los animales, precisamente porque él se crió también con su abuelo, con sus abuelos, entonces él quería dedicarse a todo esto. Entonces él decidió estudiar una ingeniería agrónoma para aprender todo lo relacionado al campo, la tierra, los animales y pues especializarse en este ámbito, en esta área. Él nos dice que desde que él era adolescente siempre fue una persona escéptica, tirándole al ateísmo, a no creer en nada, pero que aún así él siempre cargó una medalla que le regaló su abuelo y él no los deja en claro, la cargo no por devoción, sino porque esa medalla mi abuelo siempre la usó, siempre, siempre lo usó. Entonces en el momento de su fallecimiento, en sus últimos momentos de vida, en agonía, se quita el collar y me lo da a mí. Entonces dice, para mí es un símbolo de él, no de algo divino, no de Dios, es de él este símbolo y lo porto porque me siento bien y lo siento a él. Entonces él desarrolló este tipo de creencia. Dice que cuando ya se encontraba estudiando pues esta ingeniería, pues bueno, iba a una materia que la dicen aquí en México, la lleva panzazos porque pues no va bien, va reprobando. Entonces dice que él y un grupo de estudiantes, de compañeros, ya casi en el último semestre de la carrera le iban mal y un maestro les dijo, OK, hay una forma de salvar la materia y que no la tengan que repetir. Necesito que hagan una práctica, van a ir a un lugar, a un pueblo donde pongan a prueba todo lo que ya aprendieron, sabes, El tema de fertilizantes, el tema de los animales, un montón de cosas, ¿OK? Entonces ellos decidieron hacerlo en un día, se pusieron de acuerdo y fueron a visitar un rancho que era precisamente parte de la familia de uno de estos jóvenes. Llegaron a un rancho que está entre Puebla y el Estado de México, un poquito escondido por así decirlo, bastante lejos, pero llegaron para hacer sus prácticas, llegaron desde muy temprano porque ellos tenían la intención de regresarse. Dice que llegaron todo normal, las personas del pueblo muy amables, el dueño de la finca igual, los jornaleros, los campesinos trabajando, ellos sacaron sus cosas, sus anotaciones, llevaron herramientas, ellos estaban trabajando. Dice que ya cuando estaban a punto de terminar, ya se estaba yendo la luz del día, iba a caer la noche y este señor, el dueño, les invita a pasar la noche porque les dice, mira hijos, ya es, ya es noche, es peligroso. Entonces pues empezó como a platicarles y él dice que justamente la persona que nos manda la historia, este julio, dice, la verdad yo no, yo no me quería quedar porque no estoy acostumbrado a dormir donde, pues donde no es mi casa, pero pues todos estaban pues y vamos a quedarnos, ¿Que puede pasar? ¿Que puede pasar? Dice que esa noche tomaron café de olla mientras escuchaban el ruido del campo, ¿No? Los grillos, se juntaron algunos trabajadores ahí de la familia y empezaron a tomar café con pan, a comer pan y que ya sabes, llega el momento donde empiezan a contar historias y empezaron a contar los campesinos, las personas del campo, sus historias. Dice julio, la verdad a mí se me hizo una tontería, yo no creo en nada de eso, o bueno, no creía en nada de eso y estaban contando que la bruja, que los duendes, que el nahual, que bla, bla, bla. Y dice que el hijo del dueño se le queda mirando y le dice, tú no crees en nada de esto, ¿Verdad? Pues no, la verdad no creo en nada de esto. ¿Y te gustaría creer? Y le dice él no, porque no existe, no puedo creer en algo que no existe. Y este joven le vuelve a decir, quiero llevarte un lugar hoy. ¿Pero qué hora? Si ya son como las nueve, diez de la noche. ¿Quieres, quieres conocer? Yo te puedo llevar. ¿Has escuchado de la luz mala? No, ni siquiera sé que es eso. Yo sí, yo la he visto dos veces, así le dijo, le he visto dos veces y hay que tener mucho cuidado, cuando te encuentras con ella, tienes que irte. Nosotros la hemos visto dos veces, una con mi papá y una yo solo. Dice, pero yo sé dónde se aparece y si quieres esta noche yo te llevo. Dice que sus compañeros escucharon todo eso y ya sabes, dile que sí, dile que sí hay que ir a que, para ver qué onda, ¿No? Sí. Y pues era, sonaba más como a una aventura que a un tema de misterio paranormal. Dice, pues va a querer, nos vamos. Dice que este joven le dice, mira, esta luz aparece entre 2 y 4 de la mañana arriba del cerro. Vengo en dos horas para que estén listos. Dice que ellos se fueron a sus dormitorios. El padre, el dueño, les dijo, todos váyanse a dormir, no salgan por favor, es peligroso, hay animales y hay un montón de cosas afuera. Pero dando más o menos entre la una de la mañana, una dieciséis, llegó el hijo del dueño, ya está todo listo, vámonos. Dice que emprendieron su camino, no era la gran cosa, iban a caminar como unos 40 minutos hacia arriba del cerro. Iban ahí la bolita, iban cinco personas, el hijo del dueño, julio y sus tres compañeros. Iban echando ahí relajo con las linternas. Uno iba haciendo como la llorona, queriendo espantar. Dice que hasta los perritos del rancho iban con ellos. Dos perros se fueron siguiendo, iban subiendo, subiendo el cerro. Ya iba más o menos treinta, treinta y cinco minutos de camino cuando la neblina empezó a hacer más espesa, empezaba a ser un poquito más de frío y se empezaba a poner el ambiente un poquito pesado, pero era más por el tema de la neblina. Decía julio, es que es la neblina, eso ya te cambia la perspectiva, te sugestionas, etcétera, etcétera. Dice que el hijo del dueño se detiene frente a un árbol grande, se queda mirando hacia abajo a la tierra y dice, es aquí, aquí es. Dice que en eso como que todos se quedaron en silencio, así como mirando alrededor y que de pronto uno de ellos se tira una carcajada intentando espantar. Entonces así como tonto nos espanta. En eso se escucha algo a lo lejos, los perros, los dos perros que habían acompañado a esos jóvenes empezaron como a inquietarse, aullaron y se fueron, se fueron cerro abajo, se fueron de regreso. En eso como que todos se seguían riendo, pero ya era una risa más nerviosa, más incómoda, ya no era tanto relajo. Y en eso el hijo del dueño se queda mirando hacia arriba y les empieza a señalar, ahí está, miren. Y delante de los cinco logran ver una esfera, una esfera que era un fuego ardiendo que venía bajando del cerro, de otro cerro más grande, iba bajando, iba bajando, iba bajando. Y todos se quedaban así mirando eso y no sabían qué hacer. Y el hijo del dueño les vuelve a decir, no se muevan, quédense aquí, aquí es seguro, solo véanlo y nos vamos. Dice que todos, todos estaban callados. Pero julio, la persona que nos manda esta historia, no se quiso quedar con las ganas. Empezó a caminar y solamente, dice, yo solamente escuchaba que hey, regresa, ¿Hasta dónde vas? Ven julio, es peligroso, ven. ¿Y todos le decían, dice, yo, yo, la verdad, yo no me quería quedar con las ganas, eso tenía que tener una explicación lógica, científica, que es? Y yo lo iba a descubrir. Dice, de pronto sentí que me empezaron a meter piedritas, eran ellos, julio, regrésate. Y dice, fue cuando entonces quedó abajo de la flama. Y esta cosa, dice, iba bajando, iba bajando y cuando la tuvo a unos 10 metros lo pudo ver clarísimo y literalmente es como una flama que no dejaba de arder y que se movía en direcciones muy extrañas. Esto bajó hasta la tierra y estaba ardiendo delante de él. Dice, en ese momento empecé, empezó él a sentir como había como algo en el ambiente que lo hacía más pesado, la neblina empezó a hacerse más espesa. Y él dice, hace cuenta que mis sentidos empezaron a ir, escuchaba, pero ya muy lejano y escuché los gritos de ellos, como me gritaban, pero como ellos ya se iban y me estaban dejando, me estaban abandonando. Pero mis piernas, dice, no me reaccionaban, no se movían, mi corazón latía y yo no podía ni siquiera voltear, solamente estaba mirando aquella lumbre que ardía y ardía y no dejaba de arder. De pronto, dice, esa lumbre que estaba ardiendo se empezó a mover como si fuera una masa, y esta masa que no dejaba de arder empezaba a tomar forma. Cabeza, hombros, brazos, y la masa se seguía moviendo como estaba, literalmente se estaba como materializando algo, era una figura femenina, dice, se le veía clarísimo el cabello largo y las carcajadas que se escuchaban del mismo fuego. En este punto dice yo sentí cómo se venía acercando y él dice sentí el calor que emanaba, era un calor que ya estaba quemando mi cuerpo, que se venía acercando y escucho a lo lejos los gritos, los gritos de todos que iban corriendo, se fueron corriendo, dice yo sentí que me iba a desmayar, empezó a perder todos los sentidos, la vista, el oído, todo se empezó a ir, dice yo sentí que me iba a morir, de pronto una luz azul salió de mi pecho, una luz que iluminó fuerte el lugar y aquella cosa que tenía como risa y forma de mujer se detuvo, ya no pudo acercarse más a mí y fue entonces cuando se apagaron las luces, se desvaneció. Horas después julio nos cuenta que él recupera pues la noción de todo, ya estaba en el pueblo, en el rancho, estaba con el dueño, el hijo, sus amigos, estaban todos preocupados. ¿Qué pasó? Dice que este señor, aparte de que les dio una regañiza a todos porque les dijo no salgan de sus dormitorios, ¿Que fueron a hacer a su hijo, casi literalmente lo cacheteó y no, pues es que el muchacho les quería mostrar a aquellos jóvenes de que sí existían estas cosas y este señor le dijo hijo tuviste suerte, tú no la contabas, tú no le ibas a contar algo, te salvó, eres un milagro? Dice que esa noche no pudieron dormir, medio descansaron, a la mañana siguiente tomaron sus cosas, se largaron de ahí. Al finalizar esta historia, julio nos deja un texto que lo quiero leer porque dice Muchos me preguntaron sobre la misteriosa luz azul de mi pecho, lo que nadie sabe es que esa luz venía de una medalla, fue un obsequio de mi abuelo el día de su fallecimiento, era una vieja medalla que usaba como collar, que era en devoción a San Benito. Yo no era devoto, sino era más por amor a mi abuelo, ya que al traer la apuesta siempre lo recordaba a él, pero hoy sé que si no hubiera tenido aquella medalla puesta, probablemente estuviera muerto. Esto lo vivió julio hace ya algunos años aquí en México.