Paco Arias (6:44)
Gracias Daf. Y pues para toda la gente ya saben que van los anuncios parroquiales número uno. Si es la primera vez que estás en este canal escuchando estas historias, te quiero extender una invitación bastante especial porque mucha gente ve los episodios y pocos apoyan y de verdad que hay un gran trabajo detrás de todo lo que están viendo en este momento en pantallas y todo se lo debemos a ustedes y les queremos pedir pues este gran apoyo, uno de suscribirse, de activar las notificaciones para que YouTube les avise cuando actualicemos con nuevos episodios. 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Enrique nos dice que desde que él era muy niño, él siempre apoyó a su papá en un puesto de tacos, entonces dice la verdad toda mi familia ha trabajado el taco y somos personas que ya sabemos o nos hemos vuelto expertos en esto, Dice la gente probablemente no lo sepa, pero preparar la carne, calentar las tortillas, incluso cómo armar el taco o incluso por ahí hay vídeos en redes sociales de cómo avientan el pedazo de piña y que hay por acá, dice todo eso es práctica y él desde que era muy joven pues ha sabido hacerlo perfectamente. Y esta persona nos dice que esto ocurre durante un tiempo que él tuvo su carrito de tacos fuera de una estación del metro en Ciudad de México. Él nos dice que mucha gente subestima la venta de tacos, pero que, y él me lo deja súper en claro a pesar de que ya hay mucha competencia, la verdad este negocio deja y va a seguir dejando si sabes cómo hacer las cosas bien, sabes, tener este sazón, este amor por la comida, por preparar comida, yo creo que te hace distinto al resto, ¿No? Tiene esta parte nuestra esencia mágica, esta intención. Él nos dice que por mucho tiempo a Enrique le fue muy bien, Dice, la verdad es que mi puesto de tacos llegaba a tener unas filas muy, muy largas, mucha gente pues comprando, comiendo, pedidos para llevar, etcétera. El detalle, dice que de un tiempo, más o menos unos meses a la fecha que nos comparte esto, estaba atravesando una situación bastante mala. Nos dice que las ventas bajaron, que los clientes que eran habituales, pues dejaron de ir y a él se le empezó a juntar pues muchas cosas, dice, los gastos de la casa, gastos personales, la escuela de los niños. Y dice, lo que él todavía intentaba hacer era abrir más, o sea, extender más su servicio y cerrar más tarde, dice, porque a veces en la mañana no vendía bien, en la noche medio me recuperaba con algunas personas que trasnochadas o que ya sabes, la hora del taco, feliz 3 de la mañana, vamos por unos taquitos. Entonces dice, medio me recuperaba en la noche y aún así haciendo cuentas, seguía yo perdiendo, o sea, no me daban las cuentas y yo tenía que pagar pues todavía todo lo que conlleva pues todo esto. Dice que un día, esto ocurre de día, dice, estaba él pues preparando ahí la comida, la carne, apenas iba a empezar a vender, ya estaba por terminar y hay unos niños, dice, que normalmente se ponen cerca de un semáforo a pedir dinero. Dice, esa vez vi que venían caminando para mi carrito de tacos y dice, seguramente me van a pedir comida, llega la niña, la más grande, y le dice, señor, ¿No me podrá regalar un taquito? ¿Y esta persona me dice, la verdad Paco, yo estaba en pérdidas, tenía que juntar o tratar de vender más para poder más o menos sacar, pero el ver el rostro de esos niños, pues tampoco, sabes? No sé, en ese momento le dije, si, hijos, siéntense, les ofrecí donde sentarse y les preparé tres órdenes para ellos. Y dice, el ver como ellos saciaban su hambre, cómo estaban comiendo, dice, me hizo olvidarme de todo y me sentí bien, ¿Sabes? Me sentí bien conmigo mismo y dije, pues ni modo que sea la voluntad de Dios, yo voy a ayudar, entonces dice, los niños comieron, les ofreció su bebida, su refresquito y dice que los niños terminan, le agradecen y le dicen le vamos a decir a mi mamá, le vamos a decir que tú nos ayudaste, muchas gracias y ya dice, se fueron, dice pues ni modos, ellos seguían, fueron pasando los días, los niños de repente pasaban pues por esta avenida porque ellos regularmente pedían dinero en las esquinas y dice que otro día igual, más o menos como 12, una de la tarde, dice que se acercan y dice seguramente vienen a pedir otra vez comida, dice yo ya les iba a preparar sus tacos y esta vez me dicen, no, queremos decirte un mensaje de nuestra madre, ella dice que está muy agradecida con usted y que pues ella cualquier cosa que usted necesite, ella está a la orden, dice OK. Y se le hizo raro, dice, porque pues estos niños todo el tiempo están solos, o sea, todo el tiempo están solitos, llegan y se van, siempre se van solitos, no hay ningún adulto, dice OK. Pasaron los días, él no le dio ahora sí que mayor relevancia y las ventas medios iban, sabes, más o menos, a veces se vendía, a veces no, a veces se vendía bien en la mañana, otra vez en la noche, o sea era un cuento prácticamente de buscarle, de tratar de vender. Y Enrique nos dice que había momentos donde pues obviamente la depresión, la falta de ánimos, el ver que por más que lo intentas pues no estás teniendo ventas. Entonces pasó una situación bien fuerte, él dice que pues él empezaba a cerrar ya hasta las 4 de la mañana buscando pues vender un poco, para esto ya había habido ocasiones donde la carne se le echaba a perder y dice, y me dolía, dice, porque yo no me la quería comer con la esperanza de venderla, no se vendía y dice, tenía que botarla porque una vez, dice, cometió el error, como era tanta de él comérsela y dice, le salió más caro porque se enfermó. Entonces una serie de cosas, dice que una noche que las vendas andaban ahí, más o menos eran como las dos de la mañana, dice que el puesto de tacos estaba solo y llegan unos hombres en unas motocicletas 2 y dice que no los conocía, que nunca los había visto por esa zona y dice, buenas noches, ¿Que tiene? No pues tengo de esto y ya como que hicieron su pedido, dice, yo me puse feliz porque pues iba a vender, me puse a prepararles bien, bien los tacos bien serviditos y le llevo su pedido a su mesa, dice estas personas que eran dos hombres, comieron, se saciaron, volvieron a pedir más doble bebida y así dice, se quedaron platicando, uno de ellos sacó un cigarro, se pusieron a platicar, dice, ese día yo estaba ya muy cansado y me acerco para decirles ¿Se les ofrece algo más o ya les puedo traer la cuenta? ¿Dice que cuando se acerca uno de ellos se le queda mirando y le dice, perdón, si se les ofrece algo más o ya les puedo traer la cuenta? Dice, mira amigo, vete de aquí, déjanos en paz, ¿Qué te parece si tu pago es que te dejemos vivir? Dice que el rápido pues reaccionó así como de mira, yo no quiero problemas, yo no quiero problemas, está bien, no pasa nada, pero todo bien, o sea, ya él estaba pues alertado, pero dice que el otro, o sea, pues digamos que el otro era un tipo loco, atrabancado, quién sabe si estaba drogado, empezó, se levantó de la mesa y dice ¿Que no te gustó? Y ellos se dieron cuenta que pues uno de ellos cargaba un arma de fuego y dice amigo, por favor, por favor amigo, yo no quiero problemas, no pasa nada, no pagues nada, este, pero por favor no lo hagas, tengo familia, y dice que el otro que no tenía el arma le decía ¿Que esperas? Ya dale y vámonos y dice, hay un momento, dice, donde pues el que tenía el arma apunta, dice Enrique, yo en ese momento cerré los ojos, cerré los ojos, dije pues ya aquí llegué, hasta aquí llegué, cierra los ojos, esperando pues el momento y se escucha una detonación, se escuchó pero no pasaba nada, abre los ojos y ve que uno de estos hombres cae al piso, de pronto se escucha otra detonación y ahora la persona que tenía el arma se había quitado la vida, primero le disparó a su amigo y después él mismo, pues este hombre que estaba ahí prácticamente ya con dos hombres muertos ahí en la banqueta, toda la gente que circulaba, porque luego circula gente madrugada, vecinos se asomaron, o sea, todo, todo, todo. Él nos dice, afortunadamente las cámaras que están afuera de la estación del metro e incluso hay unas que están en la avenida, demostraron mi inocencia, llegaron los peritos, llegaron las autoridades, las ambulancias, checaron las cámaras, se vio el momento en el que este hombre me estaba apuntando a mí, de pronto cambia y le dispara a su amigo y después acaba con su propia vida. ¿Pero qué pasó? Pasó, pasaron los días y esa situación pues todo el tiempo le seguía dando vueltas en la cabeza ¿No? ¿Qué sucedió? De hecho ya él empezaba a cerrar más temprano porque ya no quería toparse con este tipo de incidentes. Dice que igual una mañanita estaban estos mismos niños que están pidiendo dinero y ahí se le acercan y esta niña que es la mayor va corriendo y le dice Señor, nuestra mamá ya nos dijo que le ayudó con esos hombres, les dio su merecido y pues este hombre se quedó así como ¿De quién es tu mamá? Dice que la niña se saca un collar, ¿No? Y les muestra un dije de la Santa Muerte. Este taquero desnombre Enrique, que siguió por muchos años más fuera de esta estación y que ahora está en otro lugar, nos dice sentí un frío recorrerme la espalda, no supe qué decir, solo me quedé ahí mudo, no contesté nada, eso lo viví yo hace unos años. Mi nombre es Enrique y sigo vendiendo tacos con la bendición de mi nivel. Qué historia tan impresionante. Un saludo Enrique. Gracias. Gracias por enviarnos tu historia.