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Sheridan Voysey Isaías 14:12-15 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo […]; derribado eres hasta el Seol… (vv. 13, 15). El techo del Banqueting House en Londres es magnífico. Fue pintado por Sir Peter Paul Rubens entre 1629 y 1634 por encargo del rey Carlos I para glorificar el reinado de su familia. En una de las pinturas, la diosa Minerva celebra los logros del padre de Carlos, el rey Jacobo I. En otra, Jacobo es llevado al cielo sobre las alas de un águila. Al mirar el techo, los invitados a los banquetes recibían un mensaje claro: reyes como Carlos y su padre eran virtualmente divinos. En la época del profeta Isaías, el rey de Babilonia se consideraba de forma similar: deseaba subir «al cielo» y sentarse «en el monte del testimonio», donde se creía que reinaban los dioses (Isaías 14:13). Pero Isaías profetizó que este rey caería (vv. 3-4), «a lo más profundo del sepulcro» (v. 15 rvc), sin siquiera ser recordado (vv. 18-19). Carlos I tuvo un destino similar. En un giro irónico, fue llevado bajo ese mismo techo, que representaba su supuesta divinidad, antes de ser ejecutado frente al Banqueting House en 1649. Esta triste realidad se ha repetido a lo largo del tiempo: las personas poderosas que se atribuyen gloria divina descubrirán un día cuán humanas son. Solo hay Uno digno de reinar desde el cielo; y todo el poder, la gloria y el honor le pertenecen a Él (1 Crónicas 29:11). ¿Por qué crees que gobernantes históricos se declararon divinidades? ¿Cómo se diferencia la actitud de Jesús a la de ellos? Padre celestial, ¡solo tú eres Dios! 2 Crónicas 32–33Juan 18:19-40 https://nuestropandiario.org/92K

Holtz Adam Gálatas 5:13-25 … Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne (v. 16). En su libro Piense y hágase rico, el autor Napoleon Hill dijo: «Todo aquello que la mente pueda concebir y creer, se puede lograr». Esta cita resume el sueño americano: si trabajas duro, puedes cumplir tus sueños más ambiciosos. El trabajo arduo puede traer beneficios terrenales; muchos pasajes de las Escrituras —especialmente Proverbios— los vinculan. Pero con los años, veo un verdadero peligro en seguir las ideas de Hill: mis intentos por alcanzar mis sueños pueden ser un esfuerzo centrado en mí mismo para vivir independientemente de Dios. En Gálatas 5, Pablo contrasta dos formas de vida: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (v. 16). Eugene Peterson lo parafrasea así: «Vivan con libertad, animados y motivados por el Espíritu de Dios. Así no alimentarán las exigencias del egoísmo» (trad. lit.). Luego, Pablo describe cómo es una vida floreciente en Cristo: «el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (vv. 22-23). Muchas voces en este mundo nos instan a aferrarnos a nuestros deseos con ambas manos. Pero la vida que anhelamos no es algo que ganamos, sino algo que recibimos al rendirnos al Espíritu Santo en lugar de esforzarnos desesperadamente por alcanzar la bendición en nuestros propios términos. ¿Cómo has intentado cumplir tus sueños? ¿Qué hábitos te ayudan a estar en condición de recibir las bendiciones de Dios? Padre, guíame por tu Espíritu. Ester 1–2Hechos 5:1-21 https://nuestropandiario.org/92W

Tim Gustafson Job 11:7-20 Con Dios está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia (Job 12:13). «¡Te conozco mejor que tú mismo!». Cuando era joven, esto me aseguró una amiga. Sus intenciones eran buenas, pero mi vida complicada como hijo adoptivo de misioneros había sido moldeada en cuatro continentes y culturas. En realidad, ella no me conocía. Zofar, un amigo de Job, sonó sabio al evaluar las dificultades de Job. «¿Descubrirás tú los secretos de Dios?», le preguntó (Job 11:7). «Están por encima de los cielos» (v. 8 rvc). ¿Quién podría discutir eso? Pero luego, Zofar se atrevió a hablar de algo que no podía conocer: el corazón de Job. Sin evidencia, proclamó: «si en tu mano hay iniquidad y la alejas de ti […], estarás firme y no temerás» (vv. 14-15 lbla). Job respondió con sarcasmo: «con vosotros morirá la sabiduría. También tengo yo entendimiento […]; no soy yo menos que vosotros; ¿y quién habrá que no pueda decir otro tanto?» (12:2-3). La realidad de Job era tan compleja que ni él sabía lo que sucedía (ver Job 1–2). Dijo correctamente: «Con Dios están la sabiduría y el poder» (12:13). No provenían de Zofar, quien presumía tener autoridad y discernimiento que no le correspondían. Nuestros amigos quizá necesiten nuestro consejo amoroso de vez en cuando. Pero, por lo general, los que están en crisis precisan que llevemos sus nombres en oración ante Aquel que los conoce de verdad. ¿Cuándo alguien te ha sido realmente de ayuda en una crisis? ¿Cómo puedes ayudar a otro en una situación difícil hoy? Padre, gracias por conocerme. Nehemías 7–9Hechos 3 https://nuestropandiario.org/92T

Bill Crowder 2 Corintios 11:23-29 … Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad… (2 Corintios 12:9). El tungsteno es una especie de paradoja. Tiene la mayor resistencia a la tracción de cualquier elemento puro, lo que lo hace extremadamente difícil de romper. Pero el sitio web Mead Metal señala: «En términos de resistencia al impacto, el tungsteno es débil; es un metal frágil conocido por romperse al recibir un golpe». Es fascinante que el metal natural más fuerte sea también tan débil y quebradizo. Los seres humanos muestran una característica similar. Aunque poseemos gran fortaleza física y mental, podemos ser fácilmente aplastados por el peso de este mundo caído y roto. Pablo lo experimentó personalmente. En 2 Corintios 11, describió experiencias que lo abrumaron (vv. 23-29). Pero Dios lo animó: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Por eso, Pablo decidió: «con mayor gusto me gloriaré en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo» (2 Corintios 12:9). Antes, en 2 Corintios 4:8, había escrito: «Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan» (ntv). Aunque el hijo más fuerte de Dios sabe muy bien que este mundo es simplemente demasiado para nosotros, hay esperanza. Dependemos de la fuerza de su gracia para poder resistir. Como Pablo, aceptemos nuestras debilidades para que el poder de Dios nos sostenga. ¿Cuándo sentiste que una circunstancia de tu vida te aplastaría? ¿Cómo descansarás en la fuerza de Dios la próxima vez que estés en crisis? Padre, ayúdame a depender de tu fuerza. Esdras 6–8Juan 21 https://nuestropandiario.org/92P

Leslie Koh Filipenses 2:12-13; 3:12-16 … Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad (2:13). En Singapur, el gobierno alienta a la gente a apoyar buenas causas mediante la igualación de donaciones. «Complementa» las donaciones a organizaciones benéficas contribuyendo con una cantidad igual o mayor. Al multiplicar las contribuciones, espera incentivar a las personas a participar más en dádivas de caridad. Este enfoque combinado me recuerda cómo los creyentes en Jesús son llamados a imitar los estándares de santidad de Dios como discípulos. En su carta a los filipenses, Pablo los exhorta a ocuparse en su salvación (2:12) y a «[proseguir] a la meta» (3:12, 14). Y al mismo tiempo, enfatiza: «Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (2:13). Los creyentes en Jesús no son justificados ante Dios por las buenas obras, pero sí existe una idea de complementación en nuestro crecimiento espiritual. Tras habernos salvado por gracia, Dios nos llama a ser santos —apartados para Él—, y nosotros respondemos con sinceridad y gratitud. Obedecerle y agradarle requiere corazón y esfuerzo de nuestra parte, pero no lo hacemos con la fuerza humana, sino que Él nos ayuda. Nos muestra cuando nos equivocamos (Filipenses 3:15), nos da fuerza para resistir la tentación (1 Corintios 10:13) y nos capacita para hacer lo correcto ante sus ojos (Efesios 2:10). ¿Qué te dificulta más ser fiel a Dios y agradarle? ¿Cómo puedes depender más de la fortaleza del Espíritu Santo? Dios, ayúdame a ser santo y fiel. 2 Crónicas 17–18Juan 13:1-20 https://nuestropandiario.org/92C

Arthur Jackson Salmo 119:97-104 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca (v. 103). Si quieres hacer sonreír a Jaime, pregúntale por sus abejas. Es apicultor. Aunque nuestras reuniones en su casa no son sobre abejas, no es raro que las lecciones de «apicultura» sean una parte estimulante de nuestras conversaciones. Pero aún mejor que hablar de abejas es el sabor fresco y dulce de la miel dorada que producen sus abejas. ¡Mmm, mmm, deliciosa! En el Salmo 119:103, el salmista exclama: «¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca». Un examen más detallado de los versículos 97 a 104 revela que la comparación con la dulzura de la miel es solo una de varias frases que el escritor utiliza para resaltar el valor supremo de las Escrituras: «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos» (vv. 98-100). En resumen, abrazar de todo corazón lo que Dios ha revelado a través de su Palabra nos posiciona para vivir bien en este mundo. De manera similar, los seguidores de Jesús, el Verbo viviente (ver Juan 1:1-14), reciben poder del Espíritu Santo para vivir honrando a Dios y cumpliendo sus propósitos. ¿Cómo puedes saborear mejor las palabras escritas de la Biblia? ¿Qué experiencia ha sido particularmente dulce en tu andar con Jesús? Jesús, he visto y saboreado que tú y las Escrituras son buenos. Quiero amarte más y más. Job 11–13Hechos 9:1-21 https://nuestropandiario.org/936

Tom Felten Oseas 14:1-7, 9 … en ti el huérfano alcanzará misericordia (v. 3). El corazón compasivo de Mary Slessor la llevó a abrir sus brazos a los necesitados. La misionera escocesa, nacida en 1848, sirvió entre el pueblo de Okoyong en una tierra lejana. La superstición allí hacía creer que, cuando nacían gemelos, uno era bueno y el otro era hijo de un demonio. Esto solía llevar a que ambos fueran abandonados para morir de hambre u otros peligros. Reflejando el corazón amoroso de Dios, Mary ayudó a salvar a cientos de niños, ¡y adoptó a nueve como propios! En sus palabras inspiradas a la rebelde nación de Israel, el profeta Oseas ofrece un atisbo del corazón compasivo de Dios hacia los niños. Dijo: «en ti el huérfano alcanzará misericordia» (14:3). Declaró que Dios cuida a los suyos y los «[amaría] de pura gracia» (v. 4). Pero ellos debían dejar su rebeldía y abrazar los caminos del Señor. Se les instruyó abandonar los dioses paganos y volverse al Dios verdadero, quien se ocupa de los más indefensos: los huérfanos. Y si regresaban a Él, hallarían perdón de parte de Aquel que los «[aceptaría] con benevolencia» (vv. 1-2). Al abrir nuestros brazos a quienes nos rodean, incluidos los niños en riesgo, reflejamos el amor de Dios. Abracemos su corazón compasivo y, con su ayuda, extendamos su cuidado a los necesitados. ¿Cómo el ejemplo del Dios de amor te ha llevado a ocuparte de los necesitados? ¿Cómo te alienta saber que, en Él, «el huérfano alcanzará misericordia»? Dios, abre mi corazón y mis brazos a los necesitados. Job 3–4Hechos 7:44-60 https://nuestropandiario.org/933

Leslie Koh 2 Corintios 9:6-15 … poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que […] abundéis para toda buena obra (v. 8). La generosidad de Esteban siempre me sorprendió. A menudo, compraba comidas y regalos para los miembros ancianos de la iglesia, los que limpiaban en su vecindario o cualquier persona que necesitara ánimo. Igualmente sorprendente era que, aunque no era rico ni experto en inversiones, su pequeña inversión rendía de manera impresionante, lo que le permitía seguir dando. Siempre que alguien le agradecía, él señalaba hacia arriba y sonreía, como diciendo: «Vino de Dios, no de mí». Dios lo ayudaba a ayudar a los demás. Pablo se refería a esto en 2 Corintios 9. Orgulloso de la disposición de los corintios para ayudar a otros creyentes (v. 2), esperaba recoger una ofrenda que habían comenzado a reunir (v. 3). Al instarlos a dar generosamente y con alegría, señaló que Dios no solo recompensaría a quienes daban (vv. 6-7), sino que también los bendeciría para que pudieran dar aún más (v. 8). Dios no espera que demos lo que no podemos dar (2 Corintios 8:12). Más bien, nos confía dinero, tiempo o talentos para que «[abundemos] para toda buena obra» (9:8), y provee lo necesario para estar «enriquecidos […] para toda generosidad» (v. 11 rvc). Por eso, podemos dar con fe y un corazón alegre (v. 7), sabiendo que damos de lo que hemos recibido. Mientras tanto, glorificamos a Dios (v. 13). ¿Qué te ha dado Dios? ¿Con quiénes puedes compartir hoy lo que has recibido? Dios, abre mi corazón para dar generosamente. Nehemías 1–3Hechos 2:1-21 https://nuestropandiario.org/92R

John Blase Hebreos 10:1-10 … somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (v. 10). A medida que la Guerra Civil Estadounidense se prolongaba, ambos bandos recurrieron al reclutamiento obligatorio. Según la ley confederada, un reclutado podía evitar el servicio contratando a otro hombre para que lo reemplazara; en su mayoría, alguien menor o mayor que la edad requerida. Generalmente, el «principal» (como se llamaba al que evadía el reclutamiento) pagaba una tarifa al gobierno y una suma grande a su sustituto. Solo los ricos podían costear un reemplazo. El apóstol Pablo escribe sobre una guerra espiritual cósmica, donde «todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23) y «la paga del pecado es muerte» (6:23). No había cláusula ni escapatoria que permitiera que los que tenían «recursos» evitaran el juicio. Pero ¿y si hubiera un sustituto para todos nosotros? El autor de Hebreos alaba a Dios quien, en su infinita misericordia, envió a Jesús para ser nuestro sustituto: cargar con el castigo que merecía nuestro pecado y pagar nuestra deuda «mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre», de modo que fuéramos «santificados» (Hebreos 10:10). Esta es la buena noticia. Cristo murió por ti y por mí; el sustituto tomó nuestro lugar. Ahora somos más que simples sobrevivientes de la guerra: nos convertimos en hijos de Dios. ¿Cómo te hace sentir comprender que Jesús murió en tu lugar? ¿Cómo podrías explicarle esta buena noticia a algún amigo? Jesús, te alabo por ser mi sustituto. Job 14–16Hechos 9:22-43 https://nuestropandiario.org/938

Kirsten Holmberg Filipenses 4:10-19 … estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis… (v. 18). Cuando Malena comenzó con dolores de cabeza frecuentes, se descubrió que tenía un tumor benigno en la glándula pituitaria. Era del tamaño de una ciruela y lo extirparon quirúrgicamente en 2003, y de nuevo en 2006, cuando reapareció. Luego, en 2017, cuando volvió por tercera vez, Malena se sometió a un tratamiento de radiación que le provocó la pérdida del cabello. Su hijo Mateo, de veintisiete años, decidió dejarse crecer el pelo para hacerle una peluca. Su acto generoso y de amor ilustra cómo las habilidades y recursos de una persona pueden suplir las necesidades de otros. En su carta a los filipenses, Pablo destaca la belleza de esta generosidad recíproca. Los creyentes allí compartieron en su «tribulación» y proveyeron «una y otra vez para [sus] necesidades» (Filipenses 4:14, 16). Al recibir sus ofrendas, Pablo reconoció que Dios le había provisto en abundancia. Nuestra disposición a compartir con otros suele ser el canal por el cual Dios provee en nuestras vidas. A veces, podemos dar nuestro tiempo, talento o recursos; otras veces, somos nosotros quienes necesitamos depender del apoyo de los demás. A través de la obra de su Espíritu en nosotros, nuestra ofrenda es «agradable a Dios» y una manifestación de la vida que compartimos como cuerpo de Cristo (v. 18). ¿Cuándo ha suplido Dios tus necesidades a través de otra persona? ¿Cómo podría Él proveer a otros mediante tu generosidad hoy? Dios, gracias por tu provisión. 2 Crónicas 30–31Juan 18:1-18 https://nuestropandiario.org/92J