Transcript
Host (0:02)
Ser podcast. Hoy por hoy magazine. Ser podcast. La sangre es uno de los elementos más habituales en el arte. La de Cristo, por ejemplo, es el símbolo por excelencia del arte europeo. Los pintores tiñen sus cuadros de rojo sangre para hablar de violencia o dolor. Y hoy el artesano viene a hablarnos de una artista que hizo de la sangre el principal ingrediente de su obra. Pero no utilizaba pintura para representarla como los demás. Ella usaba sangre real para sus obras. Pablo Ortiz de Zárate, muy buenos días.
Pablo Ortiz de Zárate (1:02)
Hola, ¿Qué tal?
Host (1:02)
Buenos días. A ver, ¿De quién?
Pablo Ortiz de Zárate (1:04)
Ana Mendieta. Hoy es fácil recordar el nombre porque suena muy español, porque ella era cubana, trabaja en Estados Unidos, a pesar de que su origen es cubano, durante los años setenta, ochenta, una época muy radical del arte. Y ella era muy radical por dos elementos. Tú has dicho El primero usaba sangre real, sangre real, muchas veces suya, otras veces de animales, como elemento fundamental de muchas de sus obras. Y la otra es que usaba uno de los géneros más radicales e incomprendidos que es la performance. Luego hablaremos un poco de lo que es la performance, que es esta especie de teatro muy agresivo, un poco radical, que ella utilizaba precisamente para lanzar un mensaje contra la violencia machista y las violencias contra las mujeres en aquella época de los 70, esa ola feminista. Ella la cogió, hizo bandera de ella y vamos a ver algunas obras de las que habla de.
Host (2:00)
Yo las he ojeado así por encima y es verdad que la sangre está muy presente en muchas de ellas, que es lo que más llama la atención. Y la primera, la que mostramos ahora mismo y que no está siguiendo en streaming lo puede ver, es fotografías como tamaño photocarnet de una mujer joven con la cara ensangrentada. Ella es Ana Mendieta.
Pablo Ortiz de Zárate (2:16)
Exacto. La obra se llama Autorretrato cubierta de sangre. Una obra muy impactante. En realidad la obra es un vídeo en el que ella se graba a sí misma con la cara llena de sangre, chorreándole chorros de sangre por todas partes. Y claro, es una obra impactante pero ambigua al mismo tiempo. Hay que hablar de la sangre como símbolo. Cuando vemos esta obra inmediatamente pensamos es una mujer a la que le han.
Host (2:42)
Dado una paliza, a la que le han pegado.
Pablo Ortiz de Zárate (2:44)
Es la primera reacción que tenemos. Pero también en el mundo del arte la sangre tiene ambigüedad, porque no solo es violencia, no sólo es dolor, es también purificación y renacer. En el arte cristiano, especialmente católico, la sangre de Cristo. Es la sangre de la salvación. Todos bebemos la sangre de Cristo en misa. Es el símbolo. Tú cuando ves a Cristo con las heridas, piensas que esa sangre es la que nos va a salvar, según la Iglesia Católica, a todos los humanos de nuestros pecados. Por lo tanto, en el arte, la sangre siempre se ha usado un poco como purificación. Ella es cubana, tiene ese toque católico en su educación, pero también esta cultura chamánica de brujería que se lleva tanto en Cuba, en la que también se usa la sangre como liberación. Por lo tanto, mezclamos. Ella lo que hace aquí es mezclar las dos cosas. Exacto. Es la salvación, la purificación, el renacer religioso. Y también es la violencia. Y cuando está hablando de una mujer maltratada, está dando un mensaje complejo. Nos está. Esa paliza que esta mujer ha recibido ahí es lo que está representando. Es también su renacer. Porque cuando te ves a ti misma chorreando sangre, es cuando te das cuenta de qué bajo estás.
