Transcript
A (0:01)
No nos hagamos daño con Jorge Freire. Buenos días, Jorge. Buenos días, don Carlos. ¿Cuál es tu consejo para hoy?
B (0:05)
Aquí va. Actuemos con urbanidad. Se sabe desde Babilonia que la urbe es odiosa. No en vano Caín fundó la primera de todas ellas. Y desde entonces la cosa no ha mejorado o Henry decía que Nueva York carecía de un solo alma. Dickens describió Londres como si fuera una porqueriza y Osip Mandelstam definió Moscú como una ensalada de madera y vidrio. También hay tuiteros muy ingeniosos que llaman Carcelona a Barcelona y Pudrid a Madrid. Por supuesto, hay quien fantasea con volver al pueblo donde se guarecen las esencias de lo auténtico. La fiscalización, la autenticidad, la endogamia, la falta de trabajo. Y también quien echa en falta las ciudades de antaño, cuando los aguadores vendían agua embotellada, el agua de las fuentes, y los vecinos gritaban sus alegres agua ba al arrojar por la ventana el contenido de los orinales. Quizá el Madrid de Galdós no era tan brioso como parecía. Y acaso los figones cochambrosos que frecuentaba el ciego Almudena los habría cerrado Sanidad. Bien pensado. Por el cuchitril de Fortunata en la cava de San Miguel. Hoy le pedirían un ojo de la cara. Por eso es de celebrar que la ministra Isabel Rodríguez, que ayer estuvo en esta santa casa, haya emprendido una guerra. La expresión bélica es suya contra los pisos turísticos ilegales. Quizá viendo que Carlos Hernández Quero, de Vox, le come la tostada en el extraradio y en los barrios populares. Hasta Trump ha dicho algo parecido. Curiosos tiempos en que la derecha te adelanta por la izquierda.
A (1:29)
Conclusión, Jorge.
B (1:30)
Decía el castizo que la felicidad va por barrios. Quizá en vez de enredarnos en sesudo debate sobre urbanismo, convendría recuperar la vieja urbanidad y no nos hagamos daño.
A (1:39)
Son las 8.21 hora menos en Canarias. Esto es Onda Cero.
