
El filosofo de Mas de uno ha recibido una nueva consulta de uno de los oyentes del programa que se encuentra algo escandalizado por el lenguaje soez que esta imperando en la sociedad.
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A
Más de uno. La mañana de onda cero con alsina.
B
Buenos días de nuevo, Jorge Freire, bienvenido, bien hallado.
A
Muchas gracias, don Carlos.
B
Siempre pregunto entre las ocho que terminas tu primera intervención y estas horas que son las. En estas tres horas y pico ¿Qué haces? ¿Escribes varios libros?
A
Escrito un capítulo, un capítulo de libro. Sí, sí, sí, es el penúltimo. Estoy ya termin.
B
Ya la semana que viene lo tienes hecho.
A
Sí, sí, sí, esa es mi idea.
B
Qué gusto.
A
Yo soy de esas personas que disfrutan escribiendo. Tengo algunos amigos que lo toman como una penitencia, sufren escribiendo. Todo lo contrario. Para mí es una actividad jovial y felicísima.
B
Aprovechas cualquier momento que tienes ahí libre para cualquier momento. Tú eres como Rosa Belmonte con las columnas.
Tú eres con los libros.
A
Hay dos tipos de escritores, los que escriben sentados y además suelen dar lugar a unas prosas rollizas, adiposas, y los que escribimos andando, porque los mejores pensamientos, Nietzsche dixit, son los pensamientos paseados o.
C
En las barras de los bares, las.
A
Barras de los bares o en la sala de espera del dentista. Yo siempre estoy escribiendo.
B
¿Cómo escribes andando, o sea que llevas como una bandejita colgada del cuello con.
A
Ipad o escribo en el móvil? Hace tres o cuatro años que escribo todas las columnas en el móvil a costa de mis dioptrías, que cada vez son mayores.
B
Sé que la semana pasada te pidieron que empezaras a dar salida a los idiomas navideños que van llegando, pero hay una norma editorial en el programa. Perdón, Hay una norma editorial en el programa que dice que Navidad empieza el día 22 de diciembre. Por tanto, antes del día 22 no hay Navidad en el programa, o sea, no hay villancico, no hay música navideña, no hay temas navideños, no hay bromas sobre Papá Noel, no hay señores Cruz.
A
No hay nada si no es susceptible de alargarse hasta el extremo. Begoña, reconozcamos lo que las cosas tienen su tiempo. Lo dice el Eclesiasté cada cosa tiene su lugar y su tiempo no puede ser una Navidad de mes y medio, porque al final acabamos hasta las narices, sobre todo los que tenemos niños en casa, que acabamos del burrito sabanero y de su santa madre. Y bueno, en fin, no quiero decir más.
B
Pues yo lo único que espero es que el dilema que vamos a resolver hoy, que vas a resolver tú hoy, el dilema moral no tenga la más mínima conexión con la Navidad.
A
Bueno, no lo sé. En fin, aquí el pueblo habla y nosotros escuchamos pacientemente. De hecho, te voy a decir, Alsina, quizá no te guste, pero tiene un campanillazo. Tiene una crítica. Nos va a obligar a entonar el mea culpa. Tiene una crítica, Cerva. Ah, pues si vas a entonar el mea culpa tú, adelante con los faroles.
B
La consulta, por favor.
D
Querido Jorge, mi nombre es Aureliano y me atrevo a exponerle un conflicto que me tiene en un estado de zozobra, estremecimiento y ligera taquicardia. Soy, digámoslo así, un caballero delicado, formado en ciertos refinamientos que hoy parecen extinguirse.
A
Ya somos dos.
D
Últimamente siento que me rodea la vulgaridad y la chance bacanería, como si viviera en un after.
El primer foco de contaminación y me tiemblan los perendengues solo de recordarlo. Es mi propio hijo adolescente. El otro día, mientras yo degustaba mi infusión, soltó papá, este móvil es una M pinchada en un palo. No puedo repetir la palabra exacta. Al intentarlo, noto cómo se me arrugan los alvéolos. Le sugerí alternativas nobles como excremento o deposición, pero el muy burro me miró con hostilidad. En mi puesto de trabajo es todavía peor.
Mis compañeros, gente estupenda, pero ya sabe, de otra extracción, destilan cada lunes, enardecidos por el fútbol, un reguero de exabruptos que me hacen sudar bajo el chaleco. El último día uno gritó Ese árbitro es un pedazo de inútil. Yo, muy comedido, caballero de criterio discutible, desde entonces creo que se ríen de mí. Ya no sé qué pensar, Jorge, porque hasta mi santa esposa empieza a deslizarse por la pendiente de la procacidad. El otro día, mientras buscaba infructuosamente un tupper, exclamó Leches. Tuve que sentarme ipso facto porque me temblaron las rodillas. Y luego están los medios de comunicación. Ustedes señoritos, que también tienen su porción de culpa. El otro día, en plena emisión matutina en horario infantil, Jorge, infantil, un periodista pronunció prostituta. Así, en crudo, sin un pudoroso señorita de compañía o el más delicado persona dedicada a servicios de índole crepuscular. Estuve a punto de apagar el aparato y mudarme a un monasterio cartujo.
C
Pues váyase.
D
Quedó a la espera de su orientación, no sin antes implorar disculpas si alguna de las palabras reproducidas ha herido la sensibilidad de los oyentes.
Un saludo escrupuloso, Aureliano.
C
Va pieza.
D
Estos son luego los peores, lo sabes.
A
Ah, que encima os lo tomáis a chacota.
B
No, no, es que yo no he dicho nada. No, no he dicho nada.
A
Te veo la faz, pero te veo el rictus.
B
El horario infantil por la mañana. Yo no sé si existe.
C
Las dos obras.
B
¿Cuál es el horario? Infantes. Y por la mañana los niños están en el colegio. ¿Bueno, cuando van al colegio? Las ocho, por ejemplo.
A
Los que hagan pellas, los que hagan novillos. Pero prostituta no es una palabra que no se sepa. Este es un hombre de oído delicado y estas palabras de sonoridad áspera pues al final le han ofendido, le han rechinado. Bueno, fuera de bromas, Aureliano, creo que efectivamente olvida que la mayor elegancia es la que no se ve. Y una cosa es ser elegante y otra cosa es ser un poquito puritano, atildado y sobre todo vivir cómodamente.
Hay que darle un poco. Hay que darle un poco tú. Yo creo que hay que empezar entrándole a culpa y luego reconocer que a lo mejor no conviene vivir dentro de una burbuja, porque el signo de toda burbuja es que la realidad con sus aristas termine pinchándolas. Al final, hablar bien implica reconocer ciertas palabras malsonantes. Hay palabras procaces que a veces son.
Pertinentes y que vienen a cuento. Yo nunca he entendido esta gente que tiene tanta manía. Las palabras feas. Las palabras feas cumplen una función. Es decir, Quevedo tiene una gran prosa y sin embargo a veces incurría jerga patibularia, tabernaria, etc, o sea que no se puede ir por la vida hablando como un notario. Depende, si te vas a la notaría a lo mejor no conviene que hables con jerga patibularia, pero si estás en el carnaval o estás tomándote unos vinos no conviene que hables como un catedrático.
C
Claro, que empiece a probarlo, que empiece y diga un día una palabrota en un momento adecuado tiene miedo. Pero que se suelte. Se empieza a soltar.
A
Pero es medroso este hombre no quiere contaminarse, es ñoño.
B
¿Seguro que es verdad este caso? Porque a ver, que su hijo adolescente en 2025 diga este móvil es una M pinchada de un palo. Es una expresión muy boomer.
A
Con un padre así ya una M.
B
Pinchada de un palo es una expresión muy de tener por lo menos 40.
A
Ese muchacho vive en una represión. Es lo que Freud llamaba la psicopatología de la vida cotidiana. Tiene un pudibundo en casa, un hombre que yo me imagino además los calcetines de rombos que llevará con esa urdimbre, con jerseys de pelotillas. ¿Te lo imaginas? Hay una anécdota que me gusta mucho y que es muy ilustrativa, que es una anécdota apócrifa, por lo visto nunca fue del todo cierta, una especie de fake news de su época. 1815, Waterloo, derrota apoteósica del ejército napoleónica. Y el general Cambrón. Cambrón, he dicho que no parezca que estoy incurriendo en palabras malas. Cambrón con M entre la A y la B.
B
Pedazo de.
A
Se llamaba, Era un pedazo de Cambrón. Este hombre era el jefe de la vieja guardia, que eran los soldados más duros de la guardia napoleónica. Entonces, cuando cayeron frente a los ingleses, un general británico les que la guardia se rinda. Y entonces él la guardia muere, pero no se rinde. Y remató la frase Meg mierda. Bueno, yo muchas veces lo pienso, digo esa frase que ha pasado a la historia y que no fue cierta, que él terminó denunciando a un periodista porque se utilizó con fines patrioteros, pero él nunca la dijo, esa frase redonda, porque pone fin al reinado napoleónica por todo lo alto. Tú imagínate que el hombre hubiera dicho la guardia muere, pero no se rinde. Corcholis.
Cáspita o jopetachis, mecachis. Tú imagínate. Hay momentos en que la palabra malsonante viene a cuento. Entonces, si tú tienes que mentarle la madre al árbitro, como los compañeros de trabajo de este hombre, pues tienes que decir unas cuatro palabras bien dichas. No puedes decir que es un hombre de difícil empleabilidad, Pues no puede ser, Don Aureliano, no puede ser.
B
Si dices persona dedicada a servicios de índole crepuscular, nadie entiende de qué estás hablando. Y es una prostituta o un prostituto.
A
Claro, efectivamente, una prestiputa, como decían en un viejo vídeo de Internet, que ahora en cualquier caso, no viene a cuento. Estamos hablando mucho de Dickens y sé que no quieres que hables de la.
B
No, no, Dickens es Navidad. No empecemos con la broma.
A
Pero Dickens es más que Navidad.
B
Dickens es mi escritorio, claro que es más que Navidad. Pero tú quieres hablar de Dickens porque llega la Navidad.
A
Pero no voy a hablar del cuento de Navidad, voy a hablar de Historia de dos ciudades. Hay un personaje divertidísimo que cuenta Dickens que es el verdugo, un verdugo de cuando todavía está la guillotina. ¿Y él lo describe como un hombre muy, muy atildado, que iba siempre con los cabellos empolvados, como con los magistrados, que iba siempre con las medias finas y decía, pero cómo es posible este tío que tiene que cortar cabezas y va vestido como si fuera de fiesta? Pues es lo que le pasa a nuestro querido Aureliano con el docto docto, con el santo santo. Decía Gracián, si tú te vas al bar, pues habla como si estuvieras en el bar y si te vas al templo, pues habla como estuvieras en el templo, Aureliano. Y creo que con esto está todo dicho.
C
Suéltate, Aureliano, suéltate.
B
Muy bien, pues hoy estoy de acuerdo contigo.
A
Oye, pues mira, me alegro, no voy a objetarte nada. Pues ya está.
B
Así que te deseo que tengas un día muy bonito.
A
Lo mismo. Por cierto, felicidades por el EGM, que no te he dicho nada.
B
Pues muchísimas gracias. Ya has tardado.
A
Felicidades a todos, a todos los que formamos parte. También me las doy a mí mismo.
B
Bueno, tampoco te pases. También hay grados, entiéndeme, de mérito y responsabilidad, conseguir audiencia.
C
¿Esto es por minuto?
A
Supongo que sí, por minuto de charla.
B
Bueno, pues ya mañana te escuchamos en el programa de Cantizano.
A
Aquí estaré.
B
Venga, adiós. Enseguida recibimos a Alberto Aparici en este programa. Bueno, nos recibe él a nosotros más bien.
Podcast: Más de uno
Host: Carlos Alsina (Onda Cero)
Invitado principal: Jorge Freire
Tema principal: ¿Cómo lidiar con el lenguaje vulgar de los hijos adolescentes?
Fecha: 11 de diciembre de 2025
El episodio gira en torno a una consulta de un oyente, Aureliano, que vive angustiado por la creciente vulgaridad en el lenguaje de su entorno, especialmente el de su hijo adolescente. Jorge Freire, con su sello de humor y profundidad, aborda el dilema moral que se le plantea sobre cómo enfrentarse —o resignarse— ante el uso cotidiano de palabras malsonantes o vulgares.
Sobre las palabras feas:
“Las palabras feas cumplen una función. Quevedo tiene una gran prosa y sin embargo a veces incurría jerga patibularia, tabernaria. [...] No se puede ir por la vida hablando como un notario.” (06:15–06:30) — Jorge Freire
Ironía sobre la represión lingüística:
“Tú imagínate que el hombre hubiera dicho ‘la guardia muere, pero no se rinde. Corcholis.’” (08:26) — Jorge Freire
Sobre eufemismos excesivos:
“Si dices persona dedicada a servicios de índole crepuscular, nadie entiende de qué estás hablando.” (08:43) — Carlos Alsina
Consejo principal:
“Si tú te vas al bar, pues habla como si estuvieras en el bar y si te vas al templo, pues habla como estuvieras en el templo, Aureliano.” (09:33) — Jorge Freire
Un episodio cargado de ingenio, en el que se aboga por el sentido común y por la riqueza del lenguaje en toda su gama, sin caer en el puritanismo ni en el desmadre.
Freire defiende la adaptabilidad y la función social de lo vulgar, con la ironía característica del programa. Tanto él como Alsina renuncian a los extremos y recomiendan a Aureliano (y a la audiencia): soltarse y aprender a vivir —y hablar— con naturalidad y contexto.