
Todos los lunes, Rubén Santos (@rsantosn), habla de las cosas que le cabrean. Esta semana ha pensado mucho sobre lo que supone hacerse mayor.¿Quién necesita dormir ocho horas cuando puedes ver dorar tus croquetas a través de una ventanita? Rubén ha...
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A
Bueno, tengo aquí a mi lado, compañeros, a una persona guapísima.
B
Léelo, léelo todo.
A
Sí, posiblemente la persona más atractiva del planeta.
B
Uy, Begoña, gracias. Qué barbaridad.
A
Con una voz angelical, un profesional con la copa de un.
B
Pero yo llevo un rato aquí ya, de hecho.
A
Qué narices, qué narices tengo que decir, qué narices. La persona más profesional del planeta.
B
Ay de coña.
A
Posiblemente sea la mejor persona del mundo. Y os quiero comunicar en primicia que a partir de septiembre él va a ser el director de más de uno. Anda, bobo. Encima No lo sabía. ¿Por qué me haces decir esto?
B
Tenía que intentarlo, era la única forma de que intentase colar esto en la radio.
A
¿Y por qué? Es decir, quiero aclarar que esto lo ha escrito él, no tengo nada que ver con esas declaraciones. Tú a lo tuyo, ¿Qué te cabrea
B
hoy te lo leo yo?
A
Sí, venga, venga.
B
Ahí estamos. Pues mira, esta mañana estaba yo contigo hablando, Begoña y con Javi el Borrascas, y nos ha contado Javi que le resulta difícil hacerse un largo, lo que
A
se dice abajo, es como Las Vegas,
B
es una historia inventada, no te preocupes. Le costaba hacer largos, entonces dice que ahora hacía anchos en la piscina, que esto me ha parecido fantástico. Ya no puede hacer esto. Y yo me he quedado mirando un rato, disociado, vivo mirando la nada. Se me han empezado a pasar diapositivas en blanco y negro por delante y he ¿Cuántos años tengo? Sigo siendo joven, ¿No? ¿Por qué? Lo que más ilusión me hace en la vida es que me regalen una freidora de aire con un cristal para ver lo que se hace dentro. ¿En qué momento ha pasado esto? Os voy a poner en situación. Yo tengo 36 años, obviamente. Obviamente, obviamente, obviamente. Comparado con vosotros podríamos decir que estoy en la flor de la vida, Un niño, Un niño en mi prime, como diríamos los jóvenes, que es un concepto que ya aprendí el otro día. Pero si echo la vista atrás.
A
Y tú eres Boomer, tío, qué voy
B
a ser Boomer si echo la vista atrás. No os imagináis la de cosas que yo ya no puedo hacer, o sea, a los 20 años yo tenía. No era un cuerpo, era una armadura de titanio, me podía meter entre pecho y espalda a las 12 de la noche una fabada y una pizza de cuatro quesos y dormía tan a gusto, increíblemente bien, sin preocupaciones. Ocho horas del tirón, sin almohada. Es que daba igual. Me despertaba con la piel como un bebé. Increíble, precioso. No tenías estómago. Es que yo tenía. Hacía una fusión nuclear dentro de mi tripa y me podía comer una piedra, Daba igual. Bueno, Pues a los 36 me planteo muy seriamente si comerme un tomate a las 8 de la tarde por si me despierto en mitad de la noche con acidez y escupo fuego como un dragón. No sé, o sea, no sé qué ha pasado. Tengo que dormir con tres cojines inclinados exactamente a 35 grados. Ni una arriba, ni un abajo, boca arriba, hidratado, con la mente en calma.
A
Yo también, ¿Verdad?
B
Hemos hablado de esto. Y con el estómago no muy lleno, pero tampoco vacío, porque entonces tampoco duermo. Tengo que hacer ecuaciones diferenciales, que no sé lo que es, para irme a dormir, básicamente. Y lo peor son los que yo llamo las lesiones fantasmas. Yo cuando era joven me lesionaba con cosas normales. Pues me tiro en patines a 120 kilómetros por hora, me caigo, que esto ha pasado. Me di un golpecito, miro que están todas las articulaciones bien, me echo betadine y palante. Pues ahora sí, me despisto un momento y me duermo en un ángulo que es distinto al que debe ser. Al día siguiente me despierto con las articulaciones en otro sitio, la rodilla en el codo, la oreja en el pie, no entiendo nada, me duele el cuello, tengo ojeras, me siento perdido, desorientado. Necesito como cinco horas para que mi cerebro se centre y que no me hable nadie. ¿Nos pasa esto?
A
Pues sí, porque tenemos la misma edad que tú. Claro, a esta edad se empieza. Luego dicen que se pasa, pero esta edad se empieza con esas cosas.
B
Pero si empezasteis vosotros también. No, yo ve que ahí en la ducha me fracturé los dos hombros hace 5 o 6 meses, o sea. También te puedo decir que puede pasar eso. Te aseguro que puede pasar. ¿No habéis puesto el agarrador este que se anunciaba en la teletienda, que tiene ventosas? Lo he puesto ahora. Ah, es muy útil, ¿Verdad? Ya no se cae nada.
A
Pero que le puede pasar a un joven también. Que se caiga y se rompa, por supuesto.
B
A mí no me ha pasado.
A
Seréis inmortales. ¿A que sí, Ruiz? A que tus hijos se creen inmortales, que no les va a pasar nada en la vida.
B
Qué osados, qué osados. Qué osados son los 20 años. Ha sido un estornudo con tos a la vez. Digo que a los 20 años te crees que te comes el mundo, que no hay nada. A ver, por favor, un médico. En la sala hay un médico.
A
No, es que se me ha juntado la tos con el estornudo y es lo peor que hay. Porque la tos no te gusta y el estornudo sí, pero la tos no deja que salga el estornudo. Y me causa mucha frustración.
B
Oye, ¿No os pasa que también cuando estornudáis, hablando de estornudos, cuando estornudáis tenéis que poner los dos pies en el suelo al mismo ángulo que los hombros? Te tienes que agarrar algo cercano, porque si no te rompes una costilla. Antes tú estornudabas y daba igual cuándo. Mientras hacías pis. Y ahora tienes que agarrarte para que el mundo no se mueva. Hay una cosa que es imposible hacer durante un estornudo. Los ojos abiertos. Yo lo he hecho. Correcto. Ah, no, es mentira, no lo he hecho. Es imposible. Pero es imposible cuando estornudáis mientras conducís, porque esto os tapáis la boca, lo echáis para adelante. Bueno, y si vais sin moto y lleváis casco, ¿Qué hacéis con esto? Porque yo estornudo y que sea lo que Dios quiera y ya está.
A
¿Me confías en que sea solamente uno
B
y que solamente sea saliva? Bueno, pues el otro día, en este alarde de juventud, llamaron al telefonillo, yo estaba en el sofá, en mi casa. Llamaron al telefonillo, yo estaba en el sofá, me levanté como una bala y al momento, obviamente me arrepentí y pensé me voy a marear, me voy a marear, me voy a marear, me voy a marear. Y me mareé, efectivamente. Me agaché al lado del telefonillo como un cervatillo abandonado, con miedo. Creía que era mi fin. ¿Y será posible que lo último que vaya a hacer en la vida sea abrir la puerta del de Amazon? Después de un par de minutos de este chisporroteo dentro de la cabeza. ¿Sabéis cuando os mareáis que te quedas agachado y que se te mueve absolutamente todo el mundo? Después de estos dos minutos, con mucho miedo, la vida me dio una segunda oportunidad. Ese día renací. Me levanté muy despacio, como si estuviera siendo grabado por la cámara en cámara lenta del hormiguero, esto de la repetición. Muy despacio. Me agarré a la pared tan fuerte que posiblemente podría haber tirado el tabique, pero yo no me iba a caer. Me puse sobre mis dos extremidades inferiores, que creo que todos tenemos, y os juro que sonó una canción preciosa de superación personal, porque fue un hito. Lo había logrado. Yo me había mareado y me levanté, abrí al de Amazon, cogí el paquete, seguí con mi vida, pero bueno, abierto la puerta al repartidor. Fue una historia de superación personal. Esto pasa a partir de los treinta y tantos, pero es que ya no solamente al dormir y todo esto, la decadencia física es que me persigue todo el santo día. Además hablo mucho, ¿No os dais cuenta?
A
Sí, claro que hablan mucho.
B
En el que se puede hablar, pero yo antes no hablaba tanto. Ahora me das un tema, tiro correa y me puedo tirar aquí un año hablando de mí. Sobre todo, que eso también. Yo creo que cuando hace mayor, con 20 años, era más callao. ¿A que sí? Sí, sí, sí, de verdad que sí. Yo era mucho más callao. Ahora me dan correa y te digo que te hablo de. Y no paras. Sí, pero siempre sobre mí, mi dolor. Ese es mi.
A
Ese es tu tema.
B
Solamente hablo de eso. Sí, o quejarme. Bueno, ayer. Hoy he llegado y he dicho hoy no he dormido nada y me duele esto y me duele lo otro. Todo el día.
A
Muy. Ya.
B
Yo creo que es todo por la edad. Bueno, pues hace un par de semanas, por ejemplo, fui a hacerme un café. Aquí en la radio tenemos un armario con varios cafés, varias cajas de café. Yo quería uno en específico porque me gusta uno más que el otro. Como fijáis, hablo mucho y no tiene sentido. Bueno, lo que quiero decir es que no veía nada. ¿Por qué? Bueno, que no veía nada. Le tuve que pedir a María Jesús que se llevase a la de producción que se llevase las cajas de café al inicio de la radio. Al final elegí el Indonesia porque el Colombia me sienta un poco mal. Ya está. Esto es lo que yo tenía que contar.
A
¿Pero qué queja tienes ahí?
B
Porque no veo que se lo tuve que llevar a Cuenca, el café, y tuve que decir ese, que es el que me gusta. Bueno, yo he venido solamente a esto. A mí lo único que me hace feliz y que me mantiene en vida. ¿Sabéis lo que es la freidora de aire? Creo que no somos conscientes del invento que es. Le metes cuatro piedras de jardín, un chorro de vino blanco y básicamente sal y te sale una lasaña. Tú no sabías esto, te lo prometo. Ahora la soy con ventanita para que veas lo que hay dentro. ¿Te queda mirando fijamente disociado la vida y al final te tiras ahí 15 minutos mirando que metes brócoli que tienes al final de la nevera?
A
¿Cómo están? Te tengo con mirar la lavadora, perdona que te diga.
B
Meto queso parmesano que ha pasado por tres mudanzas y leche en polvo y te transforma en un plato riquísimo que perfectamente puedo comer a las 12 de la noche sin tener miedo. Sois personas muy raras. Uno mirando las freidoras de aire, el otro mirando la lavadora. Con las cosas que hay que mirar en la vida. Yo no miro la lavadora. ¿Cómo voy a mirar la lavadora? Me mareo. Yo la miro cuando me dejo los serpos dentro.
A
Escuchemos este último.
Podcast: Más de uno
Host: OndaCero (Carlos Alsina)
Episode Date: July 27, 2026
Este episodio, parte de la sección "Cosas que me cabrean", se sumerge en las frustraciones cotidianas y situaciones cómicas que acompañan a hacerse mayor. Con humor autocrítico y anécdotas personales, los presentadores exploran los pequeños signos de la edad, los cambios en el cuerpo y las manías que surgen al dejar atrás la juventud.
El episodio ofrece una divertida, reconocible y nostálgica exploración de la vida adulta a través de anécdotas, autocrítica y observación social. Los presentadores logran convertir las frustraciones cotidianas y pequeñas decadencias físicas en humor cómplice y celebración de los pequeños placeres —como una freidora de aire o la elección del café perfecto— que vienen con la madurez.