Transcript
A (0:00)
El comentario de Edu García, director de Radio Estadio, que está con la radio puesta y también con la tele para seguir el partido del Open de Australia, supongo. Buenos días.
B (0:09)
Buenos días, Carlos. Estamos en el Tybrek. Digo que, como la canción veraniega, trillada y olvidada, volvió José Mourinho a nuestras vidas. Esa galopada eufórica final tras acogotar al Real Madrid de Lisboa nos rememoró a una época en la que el portugués nos marcaba la agenda y nos dictaba el contenido de las tertulias. Evidencia estar en la recta final ya tras muchas curvas y muchos derrapes. Digámoslo. Hace ya algún lustro que por sus manos no pasa un equipo ganador que le permita volver a ser carne de vitrina. Pero el guionista vital le reserva alguno de esos golpes sorprendentes como el de la pasada noche, motivando a un vestuario normalito e impulsando una de esas victorias estrambóticas y merecidas que le permiten acaparar más de una portada. Maestro y discípulo se arrejuntaron. Abrazo sentido al inicio y trampa gestada final para demostrar quién es quién y dónde está cada uno hoy en día. Moe convenció a los suyos de cómo proceder listando las deficiencias rivales con precisión de cirujano. Y Arbeloa lo vio. Lo vio y asumió en segundos que tocaba cruzar los dedos al combinarse en Da Luz el plan pergeñado por los locales y una actitud pusilánime en los blancos que acabó reconociendo el mismísimo Kylian Mbappé tras la colleja recibida. El entrenador luso se ha pasado varias pantallas, varios juegos, desgastando proyectos y llenando sus arcas. Un poquito Richelieu, un muchito Rasputín y algo de carácter artero napoleónico, ese pequeño que ante el espejo se creía expedito y con pelazo. Todo sea por la victoria aplastante. Y si el derrotado encima no se resigna y se resuelve y se revuelve, pues mejor. Más saborcillo que se queda. Tras el choque del miércoles, alguno, no en voz alta, se lo imaginó de nuevo en el vestuario del Bernabéu, dominando el cotarro, metiendo en cintura a los jugadores. Qué escalofrío paralizante sintieron otros tantos. Es verdad que si se diera, todos tendríamos más tensión que el biógrafo de Ábalos.
A (2:08)
Que tengas un buen día, Eduard. Vamos, Carlitos, vamos Carlitos, no tú, el otro. Estamos sufriendo, estamos sufriendo. Seis, cuatro, siete, seis, seis, siete y dos, tres en el cuarto set. Y en este momento son las 8 y 20 minutos, una hora menos en Canarias.
