
A petición de un oyente, el programa reconstruye uno de los episodios más duros de la lucha contra ETA: el asesinato en 2007 de los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en la localidad francesa de Capbreton.Los periodistas Manu Marlasca ...
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Territorio negro en más de uno con Marlaska y Rendueles.
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Buenos días, Marlaska.
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¿Qué tal? Buenos días, Alsina.
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Y buenos días, Rendueles.
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Buenos días.
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Estoy muy contento porque, como si esto fuera un programa de radio, los de antes me han dicho que vais a responder a la petición de un oyente.
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Esto, nosotros siempre unos clásicos, siempre a disposición de la audiencia, ya lo sabemos.
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Además, vamos a animar a los oyentes que si alguno quiere hacer su petición personal, amarrar, también pueden escribirnos un correo electrónico.
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Se abre aquí un mundo ignoto.
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Si os prestáis, pues os prestáis. Más de uno es madre mía.
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¿Y el de hoy qué os pedía eso?
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Pues este oyente, que se llama Jaime, tenía muchas dudas sobre lo que ocurrió en Capretón, en Francia, en las Landas, el 1 de diciembre del año 2007. Voy a leeros la petición tal y como la escribió en su mail. ¿Qué hacían dos guardias civiles de misión en Francia? ¿Lo sabía el estado francés? ¿Quién ordenó aquello? ¿Qué hacíAn allí esos dos chavales de veintipocos años sin apenas experiencia? ¿Quién y cómo los ejecutó? ¿Pagó por ello?
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Se refiere el oyente, por poner un poco de contexto, al asesinato por parte de dos jóvenes guardias civiles en el sur de Francia. Esto ocurrió cuatro años antes de que la banda anunciara el cese definitivo, lo llamaron así ellos, el cese definitivo de la actividad armada.
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Eso es. Mataron aquel día dos guardias civiles. Se llamaban Raúl Centeno, 24 años, y Fernando Trapero, tenía 23. Según la Guardia Civil, la gendarmería francesa y la justicia francesa, el asesino de estos dos chavales fue Miquel Carrera Sarove. Todo el mundo le conocía como Ata. Con Ata estaban aquel día dos jóvenes aspirantes a ser cachorros de ETA que se llaman Asier Bengoa y Saoya Sánchez, alias Gincha. Gincha sería algo así como Rocío en castellano. Esos tres dejaron ADN en el escenario en los crímenes. Ata, que luego llegaría a ser jefe en lo más alto de la cúpula de ETA, fue condenado a cadena perpetua en Francia por el asesinato de estos dos guardias civiles y también por el gendarme francés Janser Snerín, que fue el último crimen de ETA en 2010. Sayoa, la mujer, fue condenada a 28 años y Bengoa a 15.
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Pues son unas cuantas preguntas las del oyente. ¿Qué hacían allí esos dos guardias civiles? Se veía la primera.
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Raúl y Fernando estaban destinados en una de las unidades más exigentes, seguramente de la Guardia Civil, el GAO, el Grupo de Apoyo Operativo. Nos ha definido el GAO, uno de sus integrantes, que trabajaba mano a mano con los dos agentes asesinados y dice nuestra mayor defensa era la adaptación al medio, la imposibilidad de que los terroristas nos pudieran reconocer como guardias y nuestra capacidad de ataque se basaba, como la del camaleón, en el camuflaje. Raúl llevaba dos años en el GAO trabajando y Fernando era un poquito más novato, por supuesto, como todos sus compañeros, hablaban el francés con absolut soltura para
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pasar inadvertidos antes de ser lanzados a ese campo de batalla tan complejo. Los guardias del GAO pasaban, pasan, porque siguen en otras unidades, pruebas muy exigentes, cursos en los que se les lleva situaciones límites donde se simulan los peores escenarios posibles, se ponen a prueba todas sus capacidades para trabajar en un entorno tan hostil como era el sur de Francia en aquellos años.
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Y ahora cuando pones algunos ejemplos, Bueno,
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tienen ejercicios, sí, los que nos han dejado contar tienen ejercicios sencillos que llaman ellos, como conseguir una foto firmada con una persona, otros van siendo más complicados, como llegar desde Málaga a San Sebastián sin dinero, ni documentación, ni decir por supuesto que eres guardia Civil. Y los hay aún más complejos, como seguir a alguien sin que se dé cuenta, entrar a robar en una tienda, escapar de un intento de secuestro.
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Oye, pero este grupo, el GAO, entre las funciones que tenía asignadas en aquel momento no estaba la detención de Tarras.
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No, el GAO, los agentes del GAO son instrumentos, ojos y oídos sobre el terreno. Son los compañeros de información, los que marcan las misiones, como vigilar un coche, seguir a una persona. Ellos simplemente no observaban, a veces balizaban un coche, colocaban un micro y luego todos esos datos, ese trabajo de campo llegaba a los agentes de información que decidían qué hacer con ese trabajo. Trapero y Centeno eran muy buenos en su trabajo, así que estaban allí en el terreno, Eso, como camaleones.
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Es muy importante señalar que hasta que fueron asesinados Raúl y Fernando, esos agentes operativos, esos camaleones que te dice Manu, siempre tenían que ir desarmados, no podían llevar armas en su trabajo. Era una exigencia del gobierno francés que España no fue capaz de vencer, de cambiar. Y hoy nos dejan contar que a veces sí, que al menos el jefe de equipo de los GAO lleva un arma, sobre todo si había misiones extremadamente delicadas y nos puso un ejemplo, como una vez que hubo que enterrarse en el monte francés, muy cerca de un zulo de ETA a la espera de que llegaban los terroristas, o sea que
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pensemos en ese escenario, Guardias civiles en el corazón del avíspero de ETA y actuando a pelo, sin armas. ¿Y qué hacían exactamente Raúl y Fernando cuando fueron asesinados?
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Ellos formaban parte de un grupo de ocho agentes del GAO que llevaban siete días desplegados en Francia. Las misiones duraban dos semanas, quince días, estaban a mitad de misión. El primero de diciembre del año 2007, el día del crimen, el trabajo de Raúl, Fernando y sus compañeros era desplegarse cerca de Capretón, una localidad de Las Landas, para detectar allí la presencia de un terrorista y para buscar un coche que había sido vinculado a un miembro de ETA. La hora habitual del inicio del dispositivo eran las 9 de la mañana, pero ese día llovía mucho y el jefe del grupo retrasó media hora el despliegue porque había muy poca gente en la calle y temía que los guardias pudiesen ser mordidos.
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Detectados esos ocho agentes del GAO fueron a desayunar a cuatro lugares diferentes, por binomio, por parejas como dicen, y a lugares cercanos al operativo. Raúl y Fernando entraron en uno de los pocos establecimientos que estaban abiertos a saor, una cafetería que se llama Las Ardillas, muy cerca de un supermercado y lo que nos han contado es que los dos guardias entraron, desayunaron y salieron de la cafetería sin darse cuenta de que allí, en una mesa, estaban sentados ya Ata, Saioa y Asier, los tres etarras. De haberse dado cuenta casi con seguridad se habrían dado la vuelta o al menos hubiesen comunicado sus compañeros el encuentro.
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Cuando acabaron de desayunar fueron hacia su coche, un coche camuflado con matrícula francesa, y detrás de ellos salieron los etarras, en una reacción insólita desde luego hasta ese momento. Los etarra los interceptaron, los interrogaron, algunos testigos contaron que oyeron algunos gritos y los encañonaron. Cuando los dos agentes estaban ya metidos en el coche, uno de los terroristas miró el maletero del coche y allí encontró cámaras, equipos de transmisiones y los carnés de los dos agentes que asesinaron. Murieron asesinados de disparo Has dicho que
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fue una reacción insólita por parte de estos.
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Sí, porque hasta ese momento esos encontronazos, algunos eran reales y otros eran paranoias de los etarras. Acababan con los etarras yéndose más o menos de forma precipitada. No se enfrentaban cuando sospechaban que se habían topado con guardias civiles de paisano. Se iba. La convicción que tienen, que tuvieron desde el principio algunos jefes y compañeros de Trapero y Centeno, es que aquel día el jefe Tarra Miquelata estaba en aquella cafetería dando órdenes, dando una especie de máster criminal a dos jóvenes aspirantes asesinos y que entonces decidió hacerse un poco el líder, el macho alfa.
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Tras el crimen, los tres etarras comenzaron una fuga en la que robaron varios coches, secuestraron a una mujer, dejaron abandonado un kilo de explosivo y un temporizador y a Ser y Sayoa, los dos cachorros, fueron detenidos cuatro días después del crimen. Para la detención de Ata hubo que esperar tres años más. Y antes, las caídas de Thierry y de Cherokee, los dos jefes de ETA, los dos penúltimos jefes de ETA, lo convirtieron a Ata en el jefe del aparato militar. De hecho, Ata fue el último gran jefe de la banda antes de su rendición.
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Rendueles y Marlaska. Marlaska y Rendueles. Territorio negro, aquí en base 1, en onda 0. Hasta la próxima semana. Hasta el lunes que viene. Que tengáis.
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Aceptamos peticiones.
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Más de uno. Peticiones del oyente para Territorio Negro.
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Esto.
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Así que no lo vimos venir. No lo vimos venir. Ahora mismo continuamos.
Podcast: Más de uno
Host: OndaCero
Section: Territorio negro con Manu Marlaska y Luis Rendueles
Air Date: 9 de marzo de 2026
En este episodio especial de la sección "Territorio negro", Carlos Alsina recibe a Luis Rendueles y Manu Marlaska para responder a la petición de un oyente sobre el llamado "crimen de Capbreton", uno de los asesinatos más impactantes de la recta final de la lucha contra ETA. A través de la reconstrucción de los hechos, el equipo explica qué hacían los guardias civiles en territorio francés, cómo sucedieron los asesinatos, quiénes fueron los responsables y qué consecuencias tuvo este ataque para la estructura de ETA.
Sobre la vulnerabilidad y el profesionalismo:
“Guardias civiles en el corazón del avispero de ETA y actuando a pelo, sin armas.” (04:47, Alsina)
Sobre la reacción de los etarras:
“Fue una reacción insólita desde luego hasta ese momento.” (06:06, Marlaska)
“La convicción (…) es que aquel día el jefe etarra Miquelata (…) decidió hacerse el macho alfa.” (06:35, Rendueles)
Sobre la importancia del entorno y el camuflaje:
“Nuestra mayor defensa era la adaptación al medio, la imposibilidad de que los terroristas nos pudieran reconocer…” (02:26, vía testimonio anónimo)
El equipo de "Territorio negro" logra responder de forma concisa y rigurosa las preguntas del oyente, desgranando con detalle el trabajo de los agentes, la mecánica del crimen de Capbreton y su impacto en el final de ETA. El tono es serio, profesional, con momentos de reflexión humanos sobre la dureza y el riesgo de aquellos años, reivindicando el compromiso y la valentía de quienes arriesgaban (y arriesgan) sus vidas en la lucha antiterrorista.