Transcript
A (0:02)
Más de uno en Onda Cero, la mañana de la radio.
B (0:08)
Estoy seguro de que los Reyes Magos le habrán traído magníficos regalos a Javier. Traité a nuestro historiador porque habló muy bien de los Reyes Magos, que lo escuché yo la semana pasada.
C (0:18)
Es verdad que le dejó bien en.
B (0:19)
El programa, o a lo mejor. Pues a lo mejor no, a lo mejor le han dejado magnífico carbón por haber estado pinchando ilusiones aquí en el programa. Todo podría ser. Buenos días, Javier, ¿Cómo estás?
A (0:29)
Buenas. Pues todo podría ser. Hola los dos. Me libre, me libera el carbón, eso sí, cosa que agradezco, porque la verdad es que yo tengo un trauma con esto desde niño. En una cabalgata se me ocurrió una vez de crío robar un trozo de carbón de la carroza de carbón. Lo cojo, le pegué un bocado pensando que era azúcar y era de quemar, o sea, qué asco. La boca negra, la cara de tonto, mi madre diciendo pero niño, tampo te.
B (0:48)
Pasa por robar, te diría tú Claro.
A (0:50)
Hombre, ¿A quién se le ocurre? Bueno, en fin, con lo cual, dejemos atrás ya todas estas memorias traumáticas, dejemos el periodo vacacional, que ya lo hemos sobado bastante. Regresemos al año ordinario.
B (0:59)
Lo has vuelto a hacer, no lo.
A (1:00)
Dejar el diente a un trozo de carbón.
C (1:03)
¿A qué sabes?
A (1:03)
Exact. Una sensación como absolutamente asquerosa. Fíjate que yo he sido fumador muchos años, pero incluso eso era más asqueroso que todos los años de ceniza en la boca. Bueno, en fin, qué asco. Nada, dejemos ya todos estos temas, que eso, que el año ordinario tiene cosas suficientemente curiosas de las que hablar. ¿Por ejemplo, Pues hoy que? ¿Siete de enero? Pues yo no sé si sabéis que hoy es el Día Mundial del Sello Postal.
C (1:25)
¿No, Pero queda algo en el mundo sin tener su día Mundial?
A (1:29)
Es que hay de todo. Hay un Día Mundial para absolutamente cualquier cosa. A veces es un poco casi que cachondeo, parece que pierde sentido, pero claro, por otro lado, a mí estos días la verdad es que me gustan porque nos hacen a veces pensar, reflexionar sobre cosas en las que normalmente no le damos ni idea pensada además, porque claro, ¿A quién le importan hoy los sellos postales? La verdad es que salvo a los coleccionistas, a casi nadie, muy poca gente compra sellos para enviar cartas. Personalmente, cuando envía los paquetes o lo que sea, ya te lo hacen en la oficina de correos te ponen los sellos que hagan falta. No pensamos en los sellos, algo que está ahí, que aún se usa, pero que ya es prácticamente un fósil de otra época en la que la gente enviaba cartas manuscritas. Un mundo que murió con el email, con el smartphone, con la mensajería instantánea. Sin embargo, en el momento de su aparición, la verdad es que esto fue una auténtica revolución que cambió por completo la forma de comunicarse de la gente corriente.
