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Pero coño, si esta sección es la mía. Pues sí que lo es. Claro que lo es. Claro que lo es. Y eso ya no hay quien lo cambie, Raúl. Viva el vino será para siempre tuya. Un poco nuestra también, si nos dejas un poco de quienes cada viernes te esperábamos a ver por dónde sale hoy. Y cada viernes nos quedábamos con ganas de seguir escuchándote cuando colgabas ese teléfono. Fijo que hacíamos la broma de que había que reponerte de vez en cuando porque los destrozabas con el ímpetu de tu despedida festiva. Ha dicho la Casa del Rey. No te lo vas a creer. Esto ha dicho la Casa del Rey. Que fuiste el mejor relator del ruido de la calle y quien mejor colgaba el teléfono. Nos lo colgaste por última vez en vísperas de Navidades y ninguno sabíamos que íbamos a saber que sería la última. Si hasta te tocamos las narices aquel día anunciando que estabas a punto de cumplir 89 años. Que tengas buen fin de semana, Raúl del Pozo, Y que te vayas preparando para la fiesta de cumpleaños. Ya está a punto de llegar. ¿Vale? Un abrazo. Vale. Hemos dicho ya no quiero saber más. Iba a colgar y colgó. Y por si no se ha entendido lo que me dijo Raúl del Pozo, qué cabrón eres. Porque no le gustaba que se hablara de su edad. Decía que a los viejos los íbamos quitando de los programas y de las tertulias. No le gustaba que se hablara de salud, o de mala salud, o de las averías que le fueron debilitando hasta privarnos, ya iniciado este año, de Viva el vino. Hasta el final quisimos pensar que volvería. Nunca dimos por terminada su sección. La sección en diciembre quedó ahí en el aire, suspendida. Y así se va a quedar, ya para siempre. Suspendida en la memoria de quienes tuvimos ocasión de disfrutarla, quienes tuvimos la suerte de poder disfrutar a Raúl. No hay que presumir de nada, porque la vanidad es una cosa estúpida. Pero tengo un poco de vanidad por viva el vino. ¿Sabes que no hay día que no salga a la calle y me digan tres o cuatro veces Viva el vino? No cabe engañarse. Raúl del Pozo era muy coqueto. Salía de casa como un pincel. Gustaba de ser reconocido por las señoras, los señores menos cuando se sentaba a comer en el restaurante con los amigos. Bueno, a comer no, lo de comer daba un poco igual. Él se sentaba a conversar, a pasar revista la situación, a bromear sobre la profesión, a contar sucedidos pasados que riman con sucedidos presentes, a conspirar contra la seriedad impostada, contra la petulancia, contra la solemnidad. Porque con Raúl se trataba sobre todo de reír, de celebrar el ingenio, el talento, la literatura, la gente y el oficio. Con Raúl se trataba de pasarlo bien. Habrían sido una pareja radiofónica imbatible si se hubieran dejado Raúl y su vecino Manolo, dicen columnistas veteranos, los dos chicos que llegaron de provincias a Madrid, los dos, y que se aventuraron en la trepidante vida de los periódicos. Y en aquel tiempo en que España cambiaba la atadura por la libertad y el puritanismo por el amor libre, en aquellos años 60 todo confluía en el Café Gijón. El que quería ser alguien en la vida, pues era el Café Gijón. En aquel momento estaba de moda el miserabilismo. Uno presumía de haber llegado desde Cádiz en un camión lleno de pollos, otros en un autobús polvoriento de las provincias de no sé qué. Allí estaba Raú Raúl era un joven garduño que venía de Cuenca. Y allí confluimos todos el umbral, el Raúl, hasta convertir el Gijón en una gabarra de náufragos. Y otros han llegado a escribir páginas que pueden tal vez perdurar en la historia de la literatura. Ha escrito Antonio Lucas, que es lo más parecido a un hijo que tuvo Raúl, que cada 1 de enero Manolo Vicente llamaba a su vecino para de este año no pasa uno de los dos palmas y acerca el momento del gran disgusto. Bromear con la muerte no es otra cosa que bromear. Y la relación de estos dos lectores, escritores y comentaristas y vecinos fue tejida durante décadas a base de bromas mucho más que de disgustos. Hemos vivido en la época democracia más grande de España, hemos vivido el amor libre, los maquis, la dictadura, una democracia maravillosa, el LSD, Internet y todas estas cosas, o sea que no nos podemos quejar. Me recordó ayer José María García, hermano de Raúl del Pozo, aun con madres y padres distintos, me recordó la mañana radiofónica en la que juntamos aquí a Del Pozo y a Bizén para que ambos hicieran lo que más disfrutaban después de escribir que era conversar de García, al que Raúl llamaba por cualquiera de sus tres nombres, o sea, García, Jose o Butano. Nunca se cansó de decir que era el periodista de más impacto que había existido nunca, el que más narices le echó a todo, el más listo y el que más dinero ganó, valga la redundancia. Y también decía Raúl de García que ha sido el periodista que más ha regalado sin dejar que se supiera. Pues he aquí Raúl del Pozo, reportero, cronista, columnista, 3 en 1. Hombre de radio que escribió pasajes memorables para ser interpretados por Jesús Quintero. Hombre de radio al que le costó pasar de escritor para otros a escritor para sí mismo porque decía ya ves tú que con el micrófono delante él no leía bien. Hubo un tiempo en que Felipe y Guerra eran hermanos. La historia está llena de amigos que se matan mientras duermen por ser reyes. La lucha, como en los tiempos de Enrique de Trastámara y Pedro el Cruel, puede llevar a la división del partido. Hombre de radio que puso en apuros unos cuantos a Luis del Olmo. Una noche estaba yo de juerga por ahí toda la noche y llegué ciego a la radio y entonces empezó a oye, Raúl, en plan cachondeo, en plan a ver si yo era bastante moderno. ¿Y qué piensas de los gays? Bueno, Luis, ¿Quién con cuatro copas no se tira un amigo? He dicho que fueron unos cuantos los apuros, porque esto de tirarse a los amigos no fue lo único que descolocó a Luis. Sin darme cuenta que estaba la cosa roja encendida, me raúl, acaba de fallecer el emperador del Japón, Que le den por culo. Hubo un verdadero escándalo. Yo me fui a mi casa y me llamó Luis diciéndome tienes que venir a pedir disculpas porque ha llamado la embajada. Yo volví, dije bueno, pido disculpas. Pero realmente acerté en cierta manera, porque el emperador del Japón había sido un fascista. Aquí Raúl del Pozo, el único hombre que se atrevió a hablar mal de Ava Gardner porque la vio orinar una noche de farra al lado de un seto de Madrid y estaba al lado de un árbol. Solo te digo que eso, que estaba al lado de un árbol, un arbolito pequeño de esos que hay en Madrid que ponen con un redondel de tierra. No me atrevo a decirlo. Bueno, yo también me amaba, pero el enviado especial a Cabo Cañaveral, casi, casi. El enviado especial a la luna sin saber una palabra de inglés. El periodista de investigación que accedió, garganta de seda mediante, a los secretos de Luis Bárcenas. El visitador asiduo, que lo era, del Museo del Prado, a donde iba de hover a usar el baño y ya casi se quedó a vivir allí. El lector de autores clásicos, capaz de colocarte a Cicerón y a Quevedo en el mismo párrafo. Y el demócrata. El demócrata de raigambre roja que frecuentó políticos de todos los colores. A su sección la llamamos Viva el vino porque daba igual como se llamara y porque cuando aún no tenía nombre la sección, o sea el primer día que la hizo, la remató así él mismo, así Alsina. Que se vayan al infierno los pensadores de sillones que miserablemente nos dividen. Vivan las reinas de la vendimia. Viva España y viva el vino. Así nació Viva el vino, La palabra escrita para la radio. La radio que teniendo aún Raúl del Pozo no envejecía. 89 años, habría cumplido 90 el día de Navidad de este año. Una carrera inabarcable, en efecto, una vida entera con Natalia, pero un niño. Es que nunca dejó de ser un niño que se alimentaba de cariño, como dice Carmen Rigal. Carmen Rigal, Puerto Refugio, como Antonio Casado, como Pilar Cernuda. Para Raúl era el niño gamberro que hace estallar un petardo y te revienta de risa. Una tertulia con tertulios desconcertados al escucharle evocar que un artista de cine navegaba lo mismo a vela que a motor o George Wells invitó una copa una noche y él temió que intentará meterle mano. He visto a desahogados líderes políticos agradecerle a Raúl creyendo haber recibido un elogio. La más letal de las estocadas en directo en una de las primeras tertulias aquí en la radio conmigo, le soltó un rejonazo feroz a no recuerdo qué ministro. Yo fingí escándalo para reforzar un poco el efecto dramático. Dije hombre, Raúl, ten un poco de piedad. Y al terminar vino a preguntarme muy preocupado, ¿No me habré pasado? Porque era frecuente que inquiriera si se pasó o se quedó corto, como si en el fragor de la conversación perdiera el sentido de la medida y agitara la mesa demasiado o demasiado poco. Una declaración política que los demás diseccionábamos con celo de entomólogo él la despachaba diciendo vaya gilipollez. Para lamentarse luego por si pudo haber parecido que nos había llamado gilipollas. El niño petardero que detestaba por encima de cualquier otra cosa el aburrimiento y también la reiteración y también el servilismo y sobre todo que le dijeran viejo o maestro. Fue el más joven de los opinadores que se asomó a este micrófono. Un reportero con 20 siglos de lecturas a sus espaldas que seguía armando cada día un folio nuevo y aún era capaz de sorprendernos, o sea, no era un columnista, era un milagro, el milagro de la fiesta. Con Raúl en Pozo, que en paz descanse, llegaba cada semana a la radio la alegría, el disfrute de ver en acción a un hombre libre, curtido en la calle, en el barro, en la alcoba y curado de espanto, de pedantes y de bobadas. Y ahora sí, cuando quieras y como quieras, Raúl, puedes colgar. Viva el vino que alegra los corazones. Aquí está el gallo, la torre. Como cada mañana, a esta misma hora. Buenos días. Buenos días, Carlos Alsina. Te desarmaba aquella risa de gamberro. Parecía imposible que ese tipo de apariencia atraviesa sin el más mínimo rasgo de envanecimiento. Llevara firmando en el espacio más noble del periódico tanto tiempo que había conseguido que aquel dejara de ser el lugar donde estaba la columna de Umbral. Raúl del Pozo escribía como si lo fueran a despedir al día siguiente. Y esa quizás sea la única forma en que un escritor puede procurarse un puesto vitalicio en un periódico. De vez en cuando levantaba el teléfono, llamaba a algún compañero y sin siquiera saludar le espetaba un ¿Cómo ves nuestro periódico? ¿Tú crees que podemos seguir viviendo de esto? Era una pregunta que llenaba de asombro, pues si algo sabía su interlocutor es que si Raúl no seguía viviendo de esto sería porque o esto o Raúl había muerto. Para los que hoy escriben su obituario se presenta una dificultad insalvable. Es verdad que pueden echar mano de un millón de anécdotas, como aquella de cuando salió con su amigo Paco Rabal una noche en Madrid y terminaron en Roma en hotel, donde ocurrían prodigios. El problema es que quien de verdad las contaba bien era él. Las de verdad y las ventrobatas, que me decían ayer en La Brújula sus directores Pedro J. Y Joaquín Manso nunca lo despidieron, claro. Y a los 89 años, Raúl del Pozo seguía siendo el reportero, el cronista, el columnista. Hoy no te diré a la buen programa. Hoy te diré Viva el vino. Te escuchamos a las 7, como siempre, en La Brújula. Gracias por madrugar con nosotros, Rafa. Es mi trabajo. En el mundo hay muchos valientes que aún no saben que lo son, Marisol. Los que empiezan de cero en un nuevo hogar, por ejemplo. Valientes como el que decide tener un segundo hijo o el que decide mudarse a vivir donde siempre ha querido. Con esos valientes está Allianz Hogar y su seguro que le acompaña en todas sus decisiones, con gestión de reparaciones urgentes en menos de tres horas, coberturas de daños por agua o de accesos dañados por robo. Conózcalo. En Allianz es más de uno, en Onda Cero, En tertulia, a partir de ese momento aquí en la radio, en más de uno. Pues algunos amigos que han venido, porque hoy no se lo voy a ocultar a los entes. Hoy estamos aquí reunidos para recordar a Raúl del Pozo. Ya está. Luego si nos da tiempo contamos algo de la guerra en Irán y eso. Pero vamos, que la prioridad es la prioridad. Buenos días, Antonio Casado. ¿Qué hay? Buenos días. ¿Cómo estás? Muy bien. Bueno, sobrellevando el segundo golpe en una semana, que ayer que el Consejo de Ministros concede la medalla del de la Orden al Mérito Civil a Fernando Ónega, ayer recibimos la noticia del fallecimiento de Raúl del Pozo, que pertenecía, aunque tenían diferencia de edad, pero no suficiente como para pertenecer a generaciones distintas, que es la misma generación de Antonio Casado. Buenos días. Joaquín manso, ¿Cómo estás? ¿Qué tal? ¿Cómo estás, Carlos? Bueno, yo encantado de verte. Razonablemente seremos, porque es verdad que desde el 6 de enero que ingresó la clínica habíamos ido viendo cómo su vida se apagaba, pero al mismo tiempo es difícil no sentirse emocionado, porque cada minuto con él era apasionadamente intenso. Yo es verdad que lo fui a ver la semana pasada y ya no pude hablar con él, me despedí dándole la mano. Pero la anterior vez, ¿Verdad, Antonio? Que estuvimos allí juntos, todavía pudimos disfrutar de una de esas mañanas luminosas de Raúl del Pozo en las que es imposible aburrirse con él, que es un sinfín de anécdotas. Como decía Rafa, él es especialista en este tipo de historias que Senone Vera, Eventrobata, que tú sabes que en esa cantidad de prodigios algo de verdad habrá, pero mucho de aportación creativa, sin duda también. Pero claro, lo cuenta con tanta gracia, con tanto detalle, con tanta pasión que te gustaría que cada una de las cosas fuesen verdad y sobre todo que no terminase de contarlas nunca. Pues así fue la última mañana en la que pudimos disfrutar de Raúl del Poz allí en la Clínica Centro. Lo que no cuentas es que después de haber estado intentando que se moviera, que tuviera un poco de movilidad, levántate, por favor, tienes que moverte, tal. Después de eso apareció Joaquín Manso por la puerta y se levantó como un tiro y solo le faltó saludar, solo le faltó ponerse el director un amago, evidentemente, Raúl. Y ahora de repente, ¿Qué ha pasado? Era bueno su amor a la jerarquía. Bueno porque él vivía cada momento de su vida como si fuera un gran reportaje. Claro, quien podía publicar el reportaje en portada o la columna, pues era el director y él tenía ese apasion reverencial por la figura del director. Y se ve que por algún tipo de reflejo se incorporó y bien que lo aprovechamos, ¿Verdad? Y conste que cada día me preguntaba oye, ¿Ha preguntado por mí al Sina? Sí. Que sí, Raúl, que ya te he dicho que sí, que te echamos mucho de menos. ¿Ha preguntado? Sí, ha preguntado sí, porque él temía que su sección se la diéramos a otro y eso nunca pasó porque nunca acabó. Ahí se ha quedado. Ahí se ha quedado. Viva el vino. Estación que todos los oyentes celebraban y que él celebraba más que nadie porque se había empeñado en contarle a todo el mundo que era lo que más notoriedad había tenido de todo lo que había hecho en su carrera profesional. Bueno, era el tertulliano con más audiencia del programa. Ahora habrá que me conoces por Viva el vino por el segundo puesto. Buenos días, Carmen Morodo. Muy buenos días. ¿Qué tal? Aquí estamos. Bueno, hoy sería imperdonable, eso si os lo aviso, que aburriésemos a la audiencia. Es lo único que nos perdonaría que hablando Raúl aburriésemos al personal. Buenos días, Chema Crespo. Yo os aviso para que sepáis lo que hay. Gran seductor, además. Un gran seductor de la palabra y de la vida. La verdad es que. Buenos días. Hoy cuando venía me veía en el espejo del taxi y yo solo ¿Tú de qué te sonríes? Y es verdad que me venía acordando de mis andanzas con Raúl del Pozo, con el que coincidí aquí en Espejo Público durante algunos años y en los cuales tuvimos de todo. Me acordaba mucho de un telefonillo que tenía Chiquinín y cuando ya estábamos aquí dice a ver, yo iba con mi smartphone y tal, mira a ver, mira a ver. Digo, ¿Y qué quieres que mire? ¿Qué están diciendo las redes? ¿Qué están DICIENDO las redes? Ya puestos a contar cosas, preparó un alboroto aquí un día cuando llego por la mañana ahí a la sala de maquillaje y nada más aparecer yo por allí, hombre, enanomasón. Pero vamos a ver, Raúl. Sí, Sí, sí, sí. ¿Viste la bronca, masón? ¿Por qué me llamas Masón? Bueno, Habíamos tenido la semana anterior, bueno, la había tenido yo una enganchada con otro con Tertulio, que no viene al caso. Y él en la televisión estaba allí él como reposando siempre y de vez en cuando estiraba el pescuezo y le soltó una tremenda. Bueno, que se preparó una bronca y entonces parece que en las redes menuda pareja hacen la momia de Lenin y el enano Masón. Y él se quedó con ello hasta que se le acabó de olvidar del todo. En fin, yo le he conocido tarde, pero nunca era tarde para conocerle a Raúl. Y yo me he divertido muchísimo con él y todas las cosas que luego he leído, las crónicas magníficas, lo de Antonio Lucas, fantástico obituario, Las mil vidas de Raúl del Pozo. Es que era eso. Yo recibir alguna llamada un sábado por la tarde, un domingo allá en mi casa en Palencia, Coño, Raúl y tal, ¿Qué haces, ¿Qué haces, ¿Qué haces? ¿Cómo estás? Bien, ¿Y tú? Pero le te duraban cinco minutos, ¿Qué segundos le duraban? Ya me lo habías enseñado tú. Eso me lo habías enseñado tú. Dices, no te mosquees porque te va a dejar con la palabra bueno, vale, adiós, punto. Bueno, entonces vale, vale, venga, adiós. Pero bueno, Raúl, vamos a hablar. Que adiós. Marta García Ayer, buenos días. Buenos días, Carlos. Es verdad que leyendo todo lo que habéis escrito de Raúl estos días son los obituarios más divertidos que he leído nunca. Normalmente suelen ser lacrimógenos, ¿Verdad? Pero no están siendo. Y eso que el 90 de las anécdotas no se puede contar estudios con García echando la tarde en el despacho. Ya no se puede contar la mitad de lo que contamos. No se puede puede contar en la radio. En otros tiempos se podía, ahora ya menos. Bueno, buenos días. Rubén Amón solo iba a decir una cosa y es que de Raúl de Pozo desconcertaba su inseguridad y creo que esa inseguridad lo mantenía en alerta para estar siempre vigente. Nada podía más desconcertar a Raúl que un comentario dudoso sobre algo que hubiera escrito dicho. Entraba en estado de pánico y desde esa salvaguarda. En la era de Twitter eso era. Pero fíjate que esa salvaguardia en realidad se convertía en un método para estar siempre despierto, incluso colocarse delante del micrófono. Yo recuerdo uno de los. Yo creo que fue el último bolo que coincidí con él que vino él presencialmente. Fue aquí en Madrid, en un acto nuestro en la radio. Se encontraba como un becario antes, antes de hacer el Viva el vino, como un becario antes de ponerse por primera vez. La más pequeña de las ironías sobre algún pasaje de un artículo lo podía destruir y eso lo mantenía atento, porque yo creo que el mérito de Raúl ha sido su vigencia. Podemos evocar con la misma gloria y entusiasmo los momentos de su efervescencia más juvenil. ¿Como podemos celebrar la vigencia de sus artículos contemporáneos? Eso es muy difícil. Yo creo que mantuvo la efervescencia juvenil, voy a decir hasta el 5 de enero, hasta el día antes de ingresar en la clínica. Yo creo que hay una coincidencia en todas las personas que han glosado su figura entre ayer y hoy en que nadie supo mejor vivir como un reportero y escribir como un gran narrador. Pero cuando decimos vivir como un reportero queremos decir vivir como un reportero como si cada uno de sus días fuese un gran reportaje, salir a gastar suela, escuchar el ruido de la calle, pero principalmente confundirse con los personajes, con la atmósfera, con los lugares, con el clima humano. Ayer decía que estuvieron García y Reverte en el despacho y trajo la MET una portada del periódico Pueblo de finales de los años 60, que salía Raúl del Pozo con el fotógrafo Raúl Cancio en la portada de Pueblo, que los había mandado Emilio Romero a la Isla de White a cubrir un festival hippie y salían los dos vestidos de hippies perfectamente confundidos con la comuna que habían ido a cubrir. Bien, pues este fue el estilo que aplicó después a toda su vida y a toda su trayectoria profesional. Quiero decir, tú puedes seguir cada uno de los pasos del proceso democrático de este país en sus crónicas en tres dimensiones, porque el autor está dentro, está confundido con cada uno de los protagonistas, de los lugares, de la atmósfera. Este es el estilo que aplicó, ya digo, a su vida y a su profesión, de tal manera que no distinguías una de la otra. Bueno, que tengo amigos de Raúl del Pozo al teléfono que también querrán decir cosas sobre Raúl, con la máxima que hoy nos vamos a aplicar todos de no aburrir, de no reiterarnos y de tener entretenido al personal, que es de lo que se trata. Y de pasarlo bien, además. Bueno, Arturo Pérez Reverte, buenos días. Buenos días, Buenos días. Y Félix Arnoldán. Buenos días. Buenos días. Félix Arnoldán fue director del CNI, como saben los oyentes, pero mucho antes de eso ya era amigo de Raúl del Pozo y fue alumno. Raúl empezó de maestro. Es verdad, fíjate, creo que lo cuento en el al principio yo le daba pase diciendo cuando tú quieras, maestro. Y lo llevaba fatal. Me ¿Pero ¿Por qué dices eso? Pues porque eres un maestro de periodista, tu maestro es mayor. Claro, eso me envejece. Y le bueno, pero en realidad yo te llamo maestro, porque así recordamos que tú empezaste siendo profesor de escuela. Estás contando Deja de llamarme maestro. Ni maestro ni viejo. Y a partir de ese momento se acabó la presentación y fue cuando tú quieras, cuando tú quieras reunir. Bueno, hoy podemos hacer, Arturo, Félix y el resto de los amigos que van a ir pasando por este programa, hoy podemos elegir entre pensar y decir qué le habría gustado a Raúl del Pozo que dijésemos de él hoy, y también qué no nos habría perdonado que dijésemos de él esta mañana, porque hoy ya lo podemos decir, porque ya no va a podernos decir nada. Que no habría perdonado Raúl del Pozo que se dijese o que se contase de Raúl del Pozo en el día de su. De su desaparición, de su fallecimiento. Bueno, Arturo Pérez Reverte, ¿Qué dice esta mañana sobre Raúl, con el que tantos años y tantas cosas has compartido? Fíjate, más de 40 años. Pero bueno, ¿No le hubiera gustado que habláramos de su coquetería? Mantenía una cierta coquetería, una manera elegante y agradable de estar ante el mundo, los amigos, las mujeres y todo, y eso era una de sus señales distintivas. Pero su satisfacción mayor, su felicidad fue que en los últimos años de su vida se vio arropado por el amor, por el cariño de compañeros periodistas jóvenes. Él le emocionaba muchísimo tanto filmar Primera Página, que seguía siendo su pasión, como cuando estaba en el diario Pueblo, como el sentirse querido por gente como Antonio Lucas, como Juan Malamet, como David Gistau que ya murió también y eso a él la hacía muy feliz. Recuerdo que un día estando en casa hace mucho tiempo estaban allí perdón, es que tengo una bronquitis y estoy un poco fastidiado de voz, pero bueno, se me oye, espero y entonces me dijo Art, ¿Te das cuenta? Son jóvenes, son brillantes y me respetan, Estaba fascinado. Una cosa además de Raúl que era maravillosa, que era tan buena persona, cuando alguien racional siempre se quedaba pensando hasta que lo digería, tardaba mucho en digerir una inconveniencia. Hay una anécdota famosa, muy divertida, él estaba en la radio con Luis del Olmo y uno de los tertulianos dijo un inconveniencia y él no dijo nada sobre él, se quedó callado, terminó la tertulia, llega la publicidad y a los 5 o 10 minutos que entra otra vez dice por cierto fulano me cago en tu madre, o sea tardó media hora casi en recuperar, en reaccionar, Eso nos pasó aquí, nos pasó aquí con Casimiro, ¿Se acordará Casimiro? Bueno yo no quería citar, era Casimiro, era Casimiro, estamos haciendo un programa en el Congreso de los Diputados, recuerdo, y Casimiro no sé qué había dicho Raúl y entonces Casimiro le dijo pues tú eso mismo lo habría podido decir Beria, estás hablando como Veria y Raúl no se dio, yo creo que no se enteró de lo que no nos hice enterado, pero es que tardaba mucho, tardaba mucho en reaccionar, tardó 15 minutos en reaccionar y efectivamente sus palabras fueron las que tú has dicho, me cago en tu puta madre Y a Carrillo le dijo aquella famosa frase en una discusión, dijo Carrillo es que Raúl siempre está al sol que más calienta y él solamente dice y tú siempre tienes cara del nueve largo. Pero hay una cosa, fue como dicen los italianos, un matator, era un seductor en todos los sentidos y voy a contar una cosa que se puede contar perfectamente, no hace mucho tiempo, hace un par de años estaba con una doctora que lo estaba la doctora reconociendo una doctora muy guapa, guapísima. Entonces él la miró, ella lo miró, él le pasó un brazo por la cintura y perdió consentimiento, la besó en los labios y ya quedó enamoradísima de él. Tanto que sigue estando enamorada de él. Bueno, feliz año. Y tiene 89 años. Ese rol del Pozo seducía a los amigos, a las mujeres, al mundo, al periodismo. Era brillante, era un amigo entrañable y sobre todo mantuvo siempre, como saben los amigos, esa ternura, esa emoción ante el cariño, sentía muy arropado, esas comidas que hacíamos con estos chicos que he mencionado antes, con los amigos, le daban vida, le inyectaban felicidad, se sentía un hombre querido y sentía que todavía era capaz de firmar en primera página. Eso fue su gran Ha muerto feliz, ha sido una vida admirable y ha tenido una muerte rápida, no ha sido demasiado lenta, por suerte para él. Una vida maravillosa, una vida envidiable. Es de esos hombres que muchos hombres hervidos. Queridos Arturo Pérez Reverte, gracias por haber hablado con nosotros esta mañana. Gracias a vosotros. Un abrazo. Un abrazo, Arturo. Bueno, Félix, Arnoldán, hoy recuerdan muchos de los auditorios que se publican. Luego hablamos con Antonio Lucas, que yo creo que lo de Antonio de hoy no es un obituario. Lo de Antonio de hoy es una pieza magistral, sensacional, pero yo creo que es una biografía en pequeñito, va mucho más allá del obituario, pero luego que nos lo cuente de Félix Rodán, Efectivamente, hoy se recuerda en muchos de los textos que fue alumno de Raúl del Pozo cuando era maestro, escribió. Y claro, es una vida entera compartida y una amistad muy estrecha entre Félix San Roldán y Raúl Pozo. Incluso, claro, cuando Raúl seguía siendo periodista deseando conocer noticias y Félix San Roldán dirigía el CNI, o sea que fíjate si ahí no habría noticias que poder contar. Bueno, Félix, ¿Cómo se resume una relación de toda una vida con un chavalito de Mariana en Cuenca llamado Raúl del Pueblo? Pues como decía alguno de los que hoy lo glosan, que no tuvo una vida sino que tuvo mil. Y esto es verdad. Raúl era un periodista cuando se sentaba en su, imagino, Mesa de Pueblo, era un vividor cuando después de cerrar el periódico se iba a Citanillos con sus amigos y siempre, y aprovecho para enlazar con lo que decía Arturo, un seductor un seductor hasta el último momento. No recibía bien el elogio. No le gustaba el elogio. Tú lo has dicho un poco. Carlos era un hombre humilde y quería que los que estaban con él también lo fueran. Por eso de ahí viene lo de maestro. Quizá no sea lo que más le complacía. De hecho, a veces, para huir de esa humildad, pero casi como reflexión interna, a mí me decía hay que joderse, Félix, que somos de Cuenca y donde hemos llegado. Pero nunca, esa forma de hablar nunca la hacía pública, en el sentido de que si tenía algo de presunción era desde luego interna. Fue un hombre. Yo en esto parafraseo Amado Nervo, como sólo plantó rosas, pues siempre cosechó rosas. Me emociona un poco hablar de él, pero era una gran persona. Félix, gracias por haber hablado con nosotros esta mañana. Un abrazo. Muchas gracias. Gracias. Es que vino de Cuenca, ¿Verdad? Lo contaba él. Bueno, pasó por Barcelona, uno de los programas más bonitos. Hemos hecho mil cosas aquí en la radio con Raúl, no solo Viva el vino y no solo las tertulias, porque él también era muy generoso a la hora de participar en las ficciones sonoras, por ejemplo, nos reprochaba cuando había ficción sonora y no le habíamos dado un papelito. Luego se quejaba de que le dábamos solo una palabra o dos palabras y él entendía que seguramente habría sido capaz de hacer más. Y una vez le liamos para un programa especial que hicimos sobre el Museo del Prado, en el que nos encontramos casualmente con Raúl del Pozo en la sala donde están las Beninas, creo recordar. Y entonces él ahí nos contó cómo él descubre el Museo del Prado cuando acaba de llegar a Madrid y no tiene un duro. Y entonces el Museo del Prado tenía aseos y entonces iba al Museo del Prado una edad a utilizar el baño, pero ya que estaba allí, se daba una vuelta y claro, ya a partir de ese momento quedó fascinado por lo que allí se veía y por la capacidad que le encontraba en la ciudad de Madrid para poder crecer en sabiduría o en intereses culturales. Tenía todas las opciones posibles para el que lo quiera poder crecer. Poder crecer incluso espiritualmente, si quieres. Y ese era Raúl. Bueno, tengo al teléfono Antonio Lucas, al que todos aquí conocéis. Yo he dicho a las 8 de la mañana que Antonio Luque es lo más parecido a un hijo que ha tenido Raúl del Pozo. Antonio, ¿Cómo estás? Buenos días. ¿Qué tal, Carlos? Buenos días. ¿Cómo estáis todos? Pues aquí celebrando la vida plena que llevó Raúl. Plena en aventuras, plena en anécdotas, plena en afectos, plenamente todo tipo de cosas. Estaba preguntando a mis contraturios esta mañana, y te lo pregunto a ti, qué no habría perdonado Raúl que dijésemos de él esta mañana. Bueno, parte de la edad, la edad que no la decía, tampoco mentía en ella, no mentía en la edad, sencillamente que no le gustaba que se la recordase. Pero yo creo que no estaría quejoso por nada de lo que se está diciendo, porque él, que no era un hombre de ninguna vanidad, pero al fin y al cabo le gustaba sentirse querido. Y eso lo ha contado muy bien Arturo antes, ese cariño que él recibía era su refugio y era su cobijo y era su bálsamo contra la soledad, sobre todo después de que muriese Natalia, que para él fue un palo terrible la muerte de Natalia. Y ahí fue cuando él, yo creo que reclamó, sin hacer ningún aspaviento, reclamó un poco más de presencia de los cercanos. Bueno, les he contado a los oyentes que tú eres, yo creo que una especie de. Bueno, una especie, algo parecido a un hijo de Raúl del Pozo, pero quiero que tú les cuentes a los oyentes por qué digo yo esto. ¿Cuál es tu experiencia de aquel chavalito, no sé si llevabas pantalones cortos, pero era muy bajito porque tenía muy poquitos años, que estaba allí en el Café Gijón, zandileando y escuchando hablar a los mayores? Claro, es que yo conozco a Raúl desde que tenía ocho, siete, ocho años, porque es verdad que yo andaba siempre en el Café Gijón, Mi padre estaba en una de las tertulias, la tertulia de los poetas y él estaba en la tertulia de los cómicos. Y claro, un niño en el café no dejaban entrar ni a perros ni a niños, con lo cual la infancia de un niño solo en el Café Gijón, esa boina de humo, porque entonces se fumaba mucho, todos los poetas, todos los cómicos, pues claro, yo hacía allí los deberes y cuando me aburría, pues iba enredando de mesa en mesa y siempre recalaba en la mesa de Raúl. En este cabotaje que yo hacía de meta, echando de todas por impertinente y pesado, pues yo recalaba en la de Raúl. Y Raúl siempre me decía, niño, tú no tienes nada mejor que hacer que estar yendo a gente mayor. Es que no puedo salir porque mi padre no me deja salir a la calle. Y me decía, pues vete con tu papá, que es el que te ha traído aquí. Y eso eran los primeros recuerdos que tenía de rave. Y decía, no, mira, mira, te vas con el cerillero, que era Alfonso, maravilloso Alfonso, que iba siempre con ese batín azul de ferroviario. Y entonces Alfonso, el hombre me regalaba mecheros. Yo no sé la de mecheros que acumulé cuando era niño. Y era. Bueno, pues mi infancia era ver a Raúl, ver a Manolo Vicent, ver a Jesús Chamorro, a Clemente Augusto, toda esa gente, Manol, Alexandre. Y con Raúl desde aquella edad. Desde aquella edad se convirtió realmente en un segundo padre para mí. Eso es verdad. Y hemos pasado muchas cosas juntos. Me he reído mucho, Le he visto escribir, porque escribía como colgaba el teléfono contigo. Es decir, escribía pegándole a las teclas unos golpes que era bárbaro. Con dos dedos nada más. Con dos dedos empezaba a pegarle aquellos golpes. Lo he visto en todas las posturas. Y la verdad es que sí, es un tipo que ha dejado un surco y una huella, ya no sólo en el periodismo, en la narrativa, en la literatura, en la forma de entender el periódico, en la forma de entender una redacción. Para él una redacción era el único lugar realmente habitable del mundo. Todo lo demás le aburría. La redacción y el caféjón eran los dos espacios, las dos biosferas en las que le galopaba el corazón. Y ha sido un periodista hasta el final. No hay cosa que más le podía humillar que no poder hacer un día una columna porque tenía que ir al médico, porque tenía en los últimos años que retirarse a lo mejor una semana a tomar un poco de aire. Bueno, aquí vamos a seguir hablando de Raúl del Pozo. Voy a recordar lo siguiente. Es que la capilla ardiente de Raúl se abre a las 9 y media de la mañana y en la plaza de la Villa, y que todo el que quiera pasarse por allí a presentar sus respetos y a recordar la figura de Raúl, quiere decir que están prohibidas las flores amarillas. Porque Raúl era tremendamente ni hospitales ni funerales. Exactamente. Y supersticioso. Conta García también, que batió, ¿Verdad, Antonio? Que batió el récord de tomarse la tensión en un solo día para ver qué tal estaba 80 veces en un día y decía el García, que había veces que en una cena era capaz de salir del restaurante, coger un taxi, ir a su casa, tomarse la tensión y volver al restaurante. Ese era Raúl. Además tenía una cosa muy bonita en Madrid, muchos taxistas lo van a recordar por esto, porque Raúl siempre paraba los taxis igual. Siempre para los taxis dando un derechazo. Él se ponía en medio de la calle, siempre al borde del atropello. Claro, porque era un imprudente. Y entonces cuando pasaba a las 2 de la mañana, que salíamos ya de algún sitio y paraba un taxi, lo que hacía era ponerse enfrente como si fuera una liebre deslumbrada por los focos, extender la mano como un torero y pegar un derechazo hasta que el taxista ya, pues no sé si por piedad o por prudencia, paraba y Raúl se montaba. Pero es el hombre que paraba los taxis con un derechazo. Era impresionante. Ha mencionado Antonio Lucas una serie de amistades que tenía en aquel momento, como Clemente Aullet, Chamorro, Vicén, Álvaro de Luna, José Luis Col, que estaban muy relacionados con el póker. No estoy hablando, pero tenía una vida paralela, desde luego bastante más excitante, donde es inevitable mencionar a Diego Bardón, a Cuco Cerecedo y a este señor que les habla. Desde luego, bastantes más excitantes las actividades a las que nos dedicamos, porque es lo que yo recuerdo mucho, las travesuras con Raúl en aquel circuito que hacíamos, que empezaba en el Café Gijón, seguía en el Oliver, eso es, Café Gijón, luego el Oliver de Jorge Fiestas, luego íbamos a Carrusel y luego acabábamos en una discoteca que no me acuerdo cómo se llamaba. ¿Carrusel creo que se llamaba por donde? La Telefónica. Esa era nuestra vida. Pero a esa misma hora te llamaban del periódico para ir a Bélmez, porque habían aparecido unas caras y te ibas a las 4 de la mañana y te daba igual la hora que fuera. Es decir, que estábamos también a las duras. Oye, hoy cuenta Carmen Rigal, que regresa a las páginas del mundo, una bonita anécdota de Raúl contigo, que ya. Cuéntala tú. Bañándoos ahí con el culo al aire, ¿Verdad? ¿Cómo fue santo? Yo creo que eran Mikonos entonces había nudismo y nos daba envidia esos cuerpos serranos que estaban bronceados de arriba abajo, pero nosotros teníamos ahí una franja impresentable blanca, en la parte donde se sitúa el carnet de identidad el documento de la ciudad de identidad y eso estaba muy blanco y queríamos unificarnos. Y entonces uno se despelotaba en la playa y el otro vigilaba por si venía alguien. Y luego nos turnábamos. ¿Y os fiabais? Y todo lo cuenta Carmen. ¿Os fiabais del que tenía que avisar? No me acuerdo si hicimos alguna broma, pero el desenlace fue terrible, porque yo pasé una noche horrible. Claro, sensible. Esto es lo que no cuenta Carmen. No lo había visto el sol antes. Pues no. A ver, Antonio, dale, Antonio. El otro día. Sí es la última. Es que el otro día fui a que se despidiese de Raúl Manuel Vicente, que fijaos qué casualidad, que ayer era el cumpleaños de Vicente, el día que muere uno de sus mejores amigos, que además eran vecinos de enfrente. Bueno, pues que estaba Raúl en casa todavía hace 15 días, estaba ya muy averiado. Y recojo a Manolo en su casa, que ya digo, es la casa de enfrente. A eso hay que cruzar una callecita. Y llevaba Manolo unos croissanes de Mallorca, porque a Raúl le gustaban mucho los corazones de Mallorca. Entonces, bueno, pues llegamos a la casa, subimos hasta la estancia donde estaba Raúl descansando. Al vernos sonrió, ya no podía hablar mucho. Manolo le saca la bandeja de croasanes, Vicente la abre y él, que ya no podía casi articular palabras, se comió medio croissant, que por cierto, no invitó, que yo tenía un hambre bárbaro y no se le ocurrió decir moje uno. Pero bueno. Y cuando nos vamos de allí, me dijo Vicent Antoñito, acuérdate de esta escena, lo último que ha mordido este hombre en esta vida es un croissant de Mallorca. Y es verdad, probablemente sea lo último que ingirió. Y a Raúl, ese croissant de Mallorca que le llevó manuel Vicent hace 15 días, una vez le llamó para qué Manolo, ¿Cómo vas? Yo ya no me compro trajes. En relación con la edad, yo ya no me compro trajes. Estuve ayer tentado de levantar esta tertulia, os lo voy a confesar ahora que estáis todos aquí, y volver a emitir dos programas que hicimos en los que juntamos a Manolo Vicen con Raúl del Pozo. Uno fue en La Cultureta, yo creo que porque estaría presentando Manolo Vicen alguno de los libros, Pues igual el de Abagarner, no recuerdo bien. Y en otra ocasión les habíamos juntado, yo creo que era en la pandemia, era el 21 por el premio Raúl del Pozo a Manolo Vicen. Sí, puede ser. El caso es que les juntamos en dos ocasiones y uno son 40 minutos y el otro programa creo que fue una hora y pico. Sólo hablan ellos dos. Claro, porque los demás estamos simplemente pasándonoslo bien y celebrando todas las anécdotas que cuentan. Es una delicia escucharles, sobre todo pensando que esas mismas conversaciones las habrán tenido a lo largo de los años 20.000 veces. Se habrán contado las anécdotas del Café Gijón 100.000 veces el uno al otro, mejorándola cada vez que se cuenta. Absolutamente. Hay que hacer aportaciones, crea Dios. Entonces ayer me llamó García y me lo que tienes que hacer mañana es olvídate del programa y de nada, vuelve a emitir lo de Manolo Bizaín con Raúl del Pozo. Y estuve a Esto lo digo de hacerlo esta mañana. Has puesto un trozo, ¿No? Sí, sí, pero ponelo entero, levanta el programa y vuelve a emitir eso. Y me pareció una idea muy brillante, como las de José María. Lo que pasa es que luego pensé en vosotros y dije hombre, si vienen, pues por lo menos que podemos. Habíamos entrado a escuchar, están en la página web, se puede recuperar enteras y es un pasarlo bien sin límite. Tip es una genialidad absoluta. Bueno, porque ellos dos son genial, o Raúl Yaera genial y Manolo Vicente también lo llamas. Había tanta complicidad entre ellos dos, de las mismas bromas que se han gastado a lo largo de los años, que es una delicia. Y anécdotas que seguramente Antonio conoce del Café Gijón, como aquella del día en el que aparece una cucaracha en la paella, en la paella de Perico Beltrán y le pega un grito. Le llamaban Luis el Mono al dueño, un hombre muy áspero, muy desagradable, la verdad. Y entonces, con el café lleno, Perico, que había estado aguantando humillaciones 20 años del mono, un día dice esta es la mía. Coge la cucaracha por una pata y grita en medio del café lleno Luis, Luis, o no, Pepe el Mono, Pepe, Pepe. A ver si me cambian la cucaracha por una cigala, hombre. Todo el mundo dejó de comer, todo el mundo tiró los platos. Eso son cosas del Gijón. Perico Beltrán, que pinchaba penicilina a los poetas sifilíticos dos días por semana, porque él había sido practicante en Cartagena, en el café, en el baño del Gijón, se ponían en en fila con el culo en pompa. Alguna de las grandes glorias de la poesía española que era sifilíticos. Bueno, deja de hablar de culos ya en el programa. Antonio Lucas, un abrazo muy fuerte de su amigo. Gracias, Carlos, un abrazo a todos. Para los idiomas, me estoy acordando de una cosa que nos contaba Natalia cuando estuvo de corresponsal en Londres, llamaron a la puerta y dijo Raúl, between, between. Eso no será una exageración, No, no, no. Lo contó Natalia exactamente. Con ese nivel de inglés lo mandaron a Cabo Cañaveral a ver cómo el hombre se iba a la luna. Contaba otro ventrobato que no lo pudo ver porque le pilló meando, meando la borrachera. Así que sí, sí. Bueno, ahora seguimos. Ahora seguimos aquí en tertulia esta mañana aquí en más de uno en Onda Cero, celebrando la vida de Raúl. Las 9 y 21 minutos, una hora menos en las Islas Canarias. Estamos aquí en la radio con Antonio Casado, con Joaquín Manso, con Carmen Morodo, Chema Crespo, además de Marta García ayer y de Rubén Amón. Y estamos recibiendo amigos de Raúl del Pozo. Cuando hablamos de Raúl del Pozo, al final estamos todo el tiempo contando anécdotas, pero lo más entretenido que hay, su vida es una gran anécdota. Bueno, Pilar Cernuda, buenos días. Hola, buenos días. Qué tertulia más buena. Qué bien lo estoy pasando escuchando, ¿Verdad? Pilar Cernuda, julio Valdeón. Buenos días, julio. Buenos días. Buenos días. Carlos, uno de los autores del libro que cuenta la vida de Raúl del Pozo, y Edu Galán, que es uno de los creadores, junto con el propio Raúl y con Arturo, del premio Raúl del Pozo, que algunos llevamos muy a gala haber recibido el premio de Opinión Raúl del Poza. Y ahora a mí me escribían los premiados para no dejes de decir que yo también he recibido el premio. Estuvo aquí el viernes Javier Cercas, que es el último premiado, y hoy estará Sergio del Molino, que es otro de los premiados. Hola, Edu, ¿Cómo estás? Buenos días. Hola. Sobre todo por la dotación, es lo que más apreciáis. Bueno, la dotación. En fin, hay otros premios más escasos, incluso vosotros invitáis a cenar, por ejemplo, y dais un certificado allí hecho a mano y sobre la marcha con la firma de los presentes. Bueno, a ver, entonces Pilar Cernuda, qué no perdonaría Raúl del Pozo que contásemos de él esta mañana. Pues mira, yo en contra de lo que decía el general hace un rato que hice, que no era nada, que no era nada presumido, yo os cuento. En los últimos años me hacía mucho de chófer porque ya no conducía y cada vez que iba a recoger les paraba en el coche, en la calle, se metía en el coche y antes de decir cualquier cosa decía muy bien, estoy guapo. Lo primero, lo primero. Y luego ya lo había dicho ahí, yo creo que soy Antonio Lucas, sobre todo, bueno, le encantaba llamarte para decir yo trendy topic. Yo siempre decía, pero Raúl, si tú no estás en las redes sociales. Y dice, me lo han contado, yo creo. ¿Cómo te lo han contado a las 10 de la mañana que eres trendy topic? Yo creo que se lo inventaba la mitad de las veces, pero era muy coqueto, en concreto en la forma de vestir. Y luego le encantaba que la ruina. Ari, de mi columna, ¿Qué te ha parecido? Bueno, como se te ocurría decir todavía no he leído Raul, es muy pronto, pero dentro de un par de horas la leo, estoy fuera. Era un personaje muy especial. Habéis contado montañas de anécdotas, pero se quedan cortas, se quedan cortas con. Echo de menos un personaje que ha sido fundamental en su vida, sobre todo en el anecdotario, que es Paco Rabal, la famosa historia que contaba Antonio Lucas. Me parece que fuiste Antonio Lucas de lo del hotel. De Roma, cuando se fueron al famoso hotel. Bueno, esto hay que escuchársela a Raúl. Bueno, es que lloras de risa. Y además yo recuerdo que delante de una persona muy pripuesta, muy combi, estaba escandalizado, pero luego me decía nunca me he reído tanto en todos los años de mi vida, porque es que. Que le han pasado cosas irrepetibles. Irrepetibles. Y luego como estamos solo de risas, me gustaría poner un punto nada más, porque luego ya no voy a poder hablar más porque estamos muchos, que es la ternura, la ternura inconmensurable de Raúl. Yo le conocí hace 50 años, pero cuando he tenido más relación con él ha sido estos diez últimos. Antes era otro mundo, vivíamos en dos mundos muy distintos, pero he aprendido a quererle mucho en los últimos años, la ternura era de no creer. Y la lealtad. Hay otras mujeres que yo creo que tienen que salir hoy. Una es Natalia. Natalia, yo creo que con ella ha sido el peor marido del mundo. Antonio Casado, tú lo sabes muy bien, pero cuando Natalia enfermó, no hubo mejor marido. Más atento, más cariñoso, más generoso, más dedicado. Yo recuerdo cuando Natalia estaba allá, se moría. Estaba muy solo Raúl, porque era el mes de agosto y apenas estábamos frente en Madrid para poder acompañarle. Y en el hospital se le caían unos lagrimones y no hacía más que decir mírala, es como una princesa. ¿Te acuerdas, Pilar, de que tú y yo nos íbamos de viaje aquel mismo día? Bueno, fue terrible. Y efectivamente sabíamos que era. Se moría. Al día siguiente se fue. Otra persona ha sido, que lo ha contado Arturo. Arturo, su médico, Belén, que ha sido la médico muy recientemente. Era una persona extraordinaria. Es una persona extraordinaria. Ha estado con él. Pues bueno, él se murió. Al lado estaba Belén. Era una mujer a la que él decía que la adoraba. Y yo creo que la verdad, la adoraba. Se adoraba mutuamente, se quería muchísimo y ha cuidado no solo como médico, sino como amiga. No sé, era una relación. Es una relación maravillosa. Y él murió con Belén, con su hermana Angelines, que era su gran hermana. Angelines era. Se hablaban todos los días. Raúl hablaba constantemente de Angelines y Chon. Chon es un personaje importantísimo para Raúl y para todos nosotros. Reunía un grupo de amigos permanentemente. Seguir a reunión Pongo en su casa, donde comíamos todos. Raúl era uno de ellos, era fijo. Y Chon también estaba allí. Chon es mayor que Raúl, se quita muchísimo y la queremos todos muchísimo. Son tres mujeres que yo creo que en este retrato que está saliendo Carlos, excepcional, del Raúl más auténtico, había como de las tres, de Natalia, por lo que fue, de Belén, por lo que está siendo, y de Chon, que lleva ella muchos años. Y del trending topic, que es verdad que es con el telefonillo. Las dos frases eran si no estás conectado soy trending topic o eres trending topic. Lo decía con mucho orgullo también. Alguna vez también lo decías aquí, decía trending topic y decía ¿Qué hemos hecho? ¿Pues que te están dando de usted? Y esto que decís de la obsesión con la edad. Nos veíamos a las ocho y media de la mañana para entrar al programa decía José Marijo ya ha cumplido 80 años, pero como se lo digas a alguien te meto una hostia. Luego me hacíamos recordado a las 8 de la mañana. La última vez que sonó Raúl en el programa fue el Viva el vino. Yo creo que es del 19 o 20 de diciembre pasado, cuando ya nos íbamos de vacaciones de Navidad. Luego ya desgraciadamente no pudimos retomar la sección, pero la despedida estábamos en vísperas de Navidad y por tanto yo le dije ya estarás preparando la fiesta cumpleaños, porque cumpleaños el día de Navidad, 25 de diciembre. Y entonces a él se le oye reírse y decir bajito, decir qué cabrón eres por recordar que es su cumpleaños. Él con la cosa de la edad, yo creo que la televisión no le gustó nunca. Pero quería estar. Pero quería estar. Y él tenía una cierta obsesión, o por lo menos dice, estos me quieren echar por viejo, me han quitado por viejo, quitando a lo mejor estos últimos meses. Nunca aparentó la edad que tuvo, porque siempre fue, además siempre tuvo una conciencia de su propia dignidad. Siempre iba hecho un pincel. Quiero decir que nunca aparentó la edad, quitando estos últimos meses que claro. Bueno, julio, pagaban metálico siempre, como los tratantes, sacaba un fajo de billetes para pagar un café. Eso era muy típico del tratamiento Pepionet igual tenía la misma manía. En vez de pagar con una tarjeta me pagaron. Pero no eran muy dados. No eran muy dados a pagar los primeros, ¿No? Bueno, a mí Raúl me ha invitado a comer más de una vez. Raúl Sí, Raúl sí, era genial. Citaba a Pepe Oneto, que en paz. Es que también yo me acuerdo una vez que a mis hijos, para quitárselos de en medio, porque con los niños él tenía una relación un poco especial, les soltó un billete de 100 euros con la condición de que saliera. Porque yo sostengo que él en los niños veía competencia, porque él en el fondo era un niño enredante que disfrutaba de la gamberrada más que de ninguna otra cosa. Los niños eran competencia para sus propias gamberradas. Bueno, julio Valdeón, edugalán, que no quiero que se quede nadie sin decir algo que a Raúl no le habría gustado que dijésemos de él esta mañana. Julio se sabe su vida porque para eso escribió con Úbeda un libro con la vida, las vidas de Raúl del Pozo. Aquí hemos hablado mucho de las anécdotas y de su condición de reportero y de su condición de columnista, pero también fue novelista y también fue cronista social, corresponsal y enviado especial, entrevistador. Bueno, julio, lo que tú quieras. A ver sí las muchas vidas de Raúl del Pozo que vais tocando y tratando y que fueron tantas y tan variadas que cuestan, cuesta resumirlas. Y me gusta que destaques también su faceta de novelista, porque es verdad que en la obra y en la vida de Raúl todo era como entrar en una especie de discoteca en la que, por supuesto, el periodismo se lleva la mayor importancia, porque es lo más visible. Pero Raúl fue un escritor secreto que de muy jovencito publica una novela que pasa desapercibida y que lo retoma muchos años, muchas décadas después, aquella vocación cuando publica De tahúres. Y yo creo que él llegó a afinar un estilo entre la novela negra y lo castizo, entre Dasil, Hamed y Juncal, ahora que citabais a su gran amigo Paco Rabal, conseguidísimo hace un poco por la novela negra española y madrileña, lo que hizo en parte, o ese estilo de un Sabina en la canción de autor. Y bueno, es una faceta interesante. Y luego en Raúl siempre vida y obra se confundían, ¿Verdad? Quiero decir que tú podías estar comiendo con él en Lucio, yo lo cuento creo que hoy en el periódico, en El Mundo. Entonces él miraba el reloj y un poco así, con cara de aburrimiento, te dice oye, tenemos tiempo, vamos a un sitio. Y entonces él tenía cita en el dentista a las 7 de la tarde, pero echó el cálculo y vio que nos daba tiempo a ir al Casino de Torlodones. Total, que acabamos allí jugando. Bueno, yo empecé a apostar con él y decidió que era gafe. Y entonces me mandó a la barra inmediatamente para que no nos arruinásemos. Y allí me presentó a Cabezón de Elche, que era un jugador de póker mítico que había protagonizado su primera novela, Noche de tahúres. Y entonces ese momento, otra vez, ¿Verdad? En la que estando con Raúl no sabía si estabas viviendo una novela o viviendo la vida, que en su caso se fundían. Y luego en Raúl destacaría mucho la generosidad, la generosidad infinita. No era sólo un tipo dotado de un duende y un ángel arrebatadores y por supuesto un escritor de primerísimo nivel. Era un hombre de una ternura exquisita, y era un tipo que no competía con los jóvenes, a diferencia, por ejemplo, de otro genio como Umbral, que siempre tuvo ese frío interior y que te miraba con un poco de sospecha. Raúl, al contrario. Raúl llegabas, te ofrecía su mesa, te invitaba, porque él siempre invitaba a los chavales, nos sacó del hambre a todos, y te paseaba por Madrid y en fin, compartía todo lo suyo y nunca sintió que fueras competencia, al contrario, se alegraba de tus éxitos. Raúl fue un tipo excepcional, la verdad. Le vamos a echar muchísimo de menos. Sobre esto de la necesidad de aprobación que hemos comentado de Raúl, y de la inseguridad que decía antes Amón, que aquí hemos sido testigos de la inseguridad. Cuando Raúl todavía venía a hacer Viva el vino, aquí de cuerpo en el programa, antes de que entrara ya desde casa, después de la pandemia y todo aquello, cuando venía, todos veíamos. Primero, él era consciente de que leer mal era una de sus señas de identidad, pero él intentaba que no lo fuera, porque García, Félix Roldán también, pero sobre todo García, le daban mucho la lata con el tema de la vocalización. Dejaba su teléfono ahí encima de la mesa. El teléfono tenía como sonido de llamada, unos perros ladrones. Cuando terminaba el Viva el vino, todavía subíamos la sintonía y sonaba su teléfono móvil. Sonaban los perros ladrones, íbamos a publicidad y siempre la misma conversación. Raúl atendía el teléfono, decía ¿Qué tal lo he hecho? ¿Qué tal lo he hecho? Entonces García le podía pues mal. Y tenía dos géneros. Uno era muy brillante lo que has dicho, pero en no sé qué frase has vocalizado mal. Y entonces ya Raúl destrozado, diciendo otra vez y al revés. Había veces que lo hacía tan bien que le decía José María demasiado bien, Raúl, demasiado bien. No puedes desatender tu seña de identidad, que es leer un poco mal. Y entonces no había manera de que Raúl estuviera contento con su manera de leer, que es verdad que en esta última etapa, y los oyentes lo saben, y ahora ya se puede contar, en esta última etapa, a la vuelta del verano, ya todos nos dábamos cuenta de que a Raúl le costaba ya leer. ¿Por qué? Porque la vista, por lo que fuera, era muy frecuente que se saltara una palabra, una línea. Yo creo que eso engrandecía aún más al personaje, porque era el periodista cerca de los 89 años, que aún sabiendo que nunca había leído del todo bien en la radio y que debido a su situación y a su edad cada vez era más difícil, se empeñaba en aparecer todos los viernes y nosotros lo celebrábamos. Pero es verdad que hubo un momento en el que nos planteamos hasta qué punto no le no le estábamos haciendo la puñeta a Raúl del Pozo al no sugerirle que tal vez había llegado el momento de dejar de leer en la radio. Y nos buscamos ahí algunas artimañas para que le llegara a través de amigos comunes, la idea de que igual lo podíamos hacer sin leer dialogado. Y él decía que no, que él lo que tenía que hacer era prepararse lo mejor y leerlo varias veces antes. Pero vamos a ver, hasta el último momento ahí se empeñó en seguir. Él llevaba el folio, a mí me lo enseñaba muchos, con la letra cada vez más grande, bueno, con la letra cada vez más grande, pero que lo sacaba aquí del groso interior de la chaqueta, bien retorcido, con alguna acotación y tal. Y claro, solo estirarlo, poder leerlo con comodidad, ya suponía un trabajo. Él vive como un alivio no tener que escribir en la contra del periódico todos los días. Es decir, al principio se resistía porque de alguna manera era reconocer que el paso de los años le iba debilitando, pero también hay que reconocer que los límites del ser humano están ahí para algo. Pero fíjate que al final él se empeñó en seguir, porque cada uno es cada uno. Él se empeñó en seguir porque él además tenía declarado en mil sitios que él iba a estar hasta el último, mientras él pudiera, iba a seguir al pie del cañón con las botas puestas y que se iba a morir con las botas puestas. Y efectivamente así ha sido, porque estamos hablando de que su última colaboración en este programa es de finales de diciembre y estamos contando su fallecimiento a mediados del mes de marzo. La última columna es el 1 de enero de 2026. Exactamente. Bueno, que tengo a Edu Galán también ahí esperando. Básicamente quería hablar de ese empeño en seguir, que eso es muy importante, pero también aplaudir tanto a vuestro equipo, a más de uno, y a Onda Cero y al mundo, que en un mundo planeta tan edadista y que aparta a las personas mayores y a los ancianos, pues haberlo mantenido ahí hasta el último momento. Y luego otro empeño que tenía Raúl, que no sé si se ha comentado, es en una época en la que vivimos que se prestigia tanto las felicidad, pues el tío estaba empeñado en estar alegre, que para mí me parece una cosa más trabajosa estar alegre que ser feliz, que depende más del contexto. En cambio el tío se levantaba todos los días y tú le veías aparecer por la puerta del bar del Varela de la Posada de la Villa y siempre estaba contento. De hecho lo contaba Jabois en su columna del País de hoy, que una de las últimas veces vino vino con esa alegría y sin un diente. Entonces él que tenía tanta preocupación por estar guapo se tapaba la boca para reír. Y con respecto a los libros, no se nos puede olvidar el ataúd de terciopelo, Un ataúd de terciopelo dedicado al Cordobés y la historia maravillosa de Raúl y el Cordobés, El Cordobés pilotando una avioneta en Porrao, que esto lo contaba muchísimo y con muchísima gracia haberse subido en una avioneta. Y por último, yo creo que el momento más para mí más que más me honró fue cuando en una de las primeras cenas Raúl del Pozo me ofreció dos hostias. Esto yo a mí me honró muchísimo porque me las merecía, porque le dije algo que le molestaba más que viejo y maestro. Estábamos tomando y tal y cual y nos estábamos tirando chanzas unos a los otros y vi que aquello de llamarle viejo tampoco le molestaba mucho y no sé por qué se me ocurrió decir que alguna de sus columnas tenía un lenguaje demasiado barroco. ¿No te la dio, solo te amenazó? No, me dijo la siguiente frase. Él le pasaba que tenía el cabreo como en delay, entonces el tío se quedaba cabreado pero no te lo decía instantáneamente Y me enteré por los amigos que estaba muy cabreado. Y al día siguiente nos vimos de nuevo y me quité las gafas y él me dijo Y le dije ¿Me puedes dar? Y me dijo muy muy serio, me dijo por menos de eso hace 30 años en Madrid te daban un navajazo Y eso me lo lleva merecidamente dos hostias Raúl del Pozo. Bueno, que celebro mucho escucharos a julio, a Edu, a Pilar Cernuda. Gracias por haber participado en este programa y por habernos ayudado a recordar. Gracias a los tres, ha sido un lujo. Beso Pilar. Voy a hacer una pausa. Ahora continuamos con el programa. Tengo que hacer una pausa y nos vamos a marchar algunos para la capilla Diente de Raúl, que se se ha abierto hace apenas unos minutos. Yo fui ayer y allí estaremos. No había llegado el féretro. El miércoles de la semana pasada, lo recordaba Antonio, estábamos en la Casa de Galicia, en la capilla ardiente de Fernando Ónega. Y hoy estaremos en la capilla, creo que es donde tenemos que estar. La Plaza de la Villa. Allí nos veremos. La Plaza de la Villa. Pero antes de todo eso, os quedáis con Miguel Ondarreta unos minutos. Podréis hablar de la guerra de Si queréis, pero en Yo me voy también 30 segundos, guerra de Irán y Pedro Sánchez y estas cosas. Cosas menores. Descanse en paz Raúl del Pozo. Yo encontraba raro que los viernes no hiciesen el Viva el vino. Y lo echaba de menos. Y lo echaré de menos. Si os estuviera escuchando, no sé cómo expresar lo que se pueda decir en la radio más suave que diría que estos mira cómo me están poniendo lío, porque me causa lo que me sé de ellos. Pasaros lo bien, que la vida es corta. Buenos días, eterno Raúl del Pozo. Gracias por esa impronta que nos has dejado. Descanse en paz y Viva el vino. Yo recuerdo seguir las tertulias políticas que hacía María Teresa Campos hace un montón de años porque estaba Raúl del Pozo, me gustaba mucho cómo hablaba y además yo que era muy jovencita, tendría menos de 20 años, me parecía un señor muy atractivo y desde entonces lo he seguido siempre. De hecho, antes de pandemia fui a vuestro estudio a ver el programa expresamente el día que sabía que participaba él y la verdad es que fue encantador, un caballero y guardo una foto con él muy bonita. Así que muy grande realmente. Raúl del Pozo, descanse en paz y Viva el vino. Estoy bastante apenado. Hace unos días nos dejó Fernando Negat y ahora Raúl del Pozo. Jolín. Mucho ánimo al equipo, a ti sobre todo, Carlos, mucho ánimo porque sé de sobra que has perdido a dos amigos, aparte de dos calados, y a la familia también muchos años. Que viva Raúl del Pozo. Que viva el vino. Mi más sentido pésame por la pérdida del compañero Raúl. Un abrazo grande y ahora cuelgo yo. Pues estos son algunos de los mensajes que estamos recibiendo de los oyentes. Si quieren dejar constancia de su cariño por Raúl del pozo al 609-831-034. Pueden seguir mandándonos todos los mensajes. Hola, Jorge, vamos. Buenos días. Hola, ¿Cómo estás? ¿Begoña? Irene Ramírez, muy buenos días, ¿Cómo estás? Y tenemos también por ahí a Emilio Domè. Buenos días, Emilio, ¿Qué tal? Muy buenos días, ¿Cómo estáis? ¿Dónde te pillamos hoy? Suena lejos, Emilio. Tampoco tan lejos. Me he ido a Huesca, Estoy aquí con el ojo que me lo he preparado. XXVII Congreso de Periodismo de Huesca. ¿Qué te parece? No es Egipto, no es México, es mejor, No es Nueva York. Ha habido que coger a. Seguramente Huesca es un buen lugar para estar, mucho mejor que Egipto. Seguimos adquiriendo esos mensajes de todos los oyentes que nos están llegando al 6 83 10 34 mientras esperamos que Carlos Alsina también haga acto de presencia en el programa. Pues me gustaría saber, Emilio, quién te ha invitó a ti a estar allí y con qué intenciones. A lo mejor se ha invitado él solo, por eso te digo, o a lo mejor no va, quiere comprobar si no se ha acoplado. No va de ponente, sino que va de espectador, de espía sobre todo. Mira, pues ahí has dado en la clave. Vengo sobre todo de espía porque yo también quiero ver qué están haciendo mis compañeros periodistas. Ahora que estamos en un mundo de transformación constante y que los periodistas estamos un poco a verlas venir a la siguiente transformación y a ver si nos quedamos sin empleo o no, pues está bien saber cómo lo ve el resto de gente del sector. Así que esa es la razón principal por la que estoy aquí. Y los demás, porque no vas tú solo de What if. Luego también viene mi compañera Marina que estará dando una de las ponencias este jueves y luego aparte muchísimos otros medios que también van a hablar, yo creo. Sobre todo hay que poner el foco en la innovación, que muchas veces es lo importante para llegar a las generaciones jóvenes, que a veces está un poco complicado llegar a ellas, o sea que empieza hoy. Lo que pasa es que hoy hay una reunión de en medio de comunicación previa, pero el congreso como tal empieza mañana. ¿Hoy has ido al cóctel? Di la verdad, soy Emilio de Waltis, no sé qué. A darte conocer. Claro, a ver qué pasa por ahí. Pues te has llevado todos los semáforos, me imagino al congreso, ¿No? Por supuesto. Yo llevo siempre conmigo en la mochila la luz y el micro. Pero tengo un tema hoy que no sé si es tierno, si es polémico o qué es y por eso lo traigo, para que lo debatamos en. Pues dispara ya. Venga. Supongo que las últimas semanas os habéis cruzado en algún momento en las redes sociales o en la tele con las imágenes de uno de los seres más populares de lo que llevamos de 2026, que es punch. Ay, Punch es mejor. ¿A quién no le va a gustar Punch? Es que Punch. A quién no le va a gustar Punch es al mono. Sí, vale, vale, vale. Con su gorila peluche, que por si queda alguna persona sin saber quién es, Puche de un monito del zoo de Ichikawa en Japón. Es una cría de macaco que al nacer fue rechazado por su madre. Este pequeñajo luchó muchísimo para intentar conectar con los demás animales de su entorno, pero al principio no lo consiguió. Y los cuidadores del zoológico le ofrecieron un orangután de peluche para que pudiera sentirse acompañado. Y esas son las imágenes que hemos visto en todos lados. Sí. Un peluche que era un muñeco de una conocida gran superficie de muebles y de decoración del norte de Europa. La obsesión general por esta historia fue tremenda. Aquí un culpable que se compró el peluche en IKEA. Efectivamente, allí que fui a recogerlo, que la señora que me lo dio dice hay otros 15 peluches esperando. Se han agotado ya. Es que he leído que se han agotado en toda España, o sea. Sí, sí, ya no lo puedes comprar online. No existe ese mono en ninguna de las muchas tiendas que tiene IKEA en España. Y lo mismo lo venden hasta las plataformas de segunda mano. Gualapo está lleno seguro de mono. Vamos a hacer perdición en directo. Espérate. Dale, pídeme tres si encuentra uno. Que encima Punch tiene un nombre muy modernito y Punch eso lo digamos mucho nosotros. Oye, Hay unos cuantos. ¿Cómo te salió el peluche, Emilio? Pues a mí costó 17.18€ aproximadamente. Pues mira, aquí lo ofrecen a 40. Otro anuncio 39.90. ¿Esta noticia si la llega o este pone Monopunch? Ya lo presentan como mono punch Ikea nuevo, 33 euros. Bueno, este más económico. Pero aquí la gente está especulando. Te digo yo que si esta noticia la. Oye, era Raúl del Pozo. ¿Y qué es lo que hubiera dicho? Hubiera hecho una columna magnífica sí pero hubiera dicho de repente, de sopetón. No sé si Carlos Alsina tiene la palabra clara de lo que hubiera dicho. ¿A que sí? Tengo muy claro lo que habría dicho. Porque Raúl era muy mal hablado en la radio, cosa que agradecían muchísimo los oyentes. Entonces Valiente habría hecho, por decirlo bien, y pronto. Es que se habría descojonado de todos nosotros por estar hablando de estas cosas. Bueno, dejadme, que hemos llegado ya a la Plaza de la Villa. En la Plaza de la Villa se ha abierto a las nueve y media la capilla ardiente de Raúl del Pozo. Y vamos a estar aquí porque para que los amigos y amigas y conocidos y admiradores y vecinos y quien sea que lo desee. Acaba de llegar José María García. Ahora le acerco el micrófono. Lo que si se lo acerco se lo va a quedar, que le conozco. Estoy aquí con amigos de Raúl. Con Juan Balamet. Hola, Juanma, ¿Qué tal? Muy buenos días. Con Melquíades, del Café Varela. Buenos días, Melquíades. Buenos días. Buenos días. Con Belén, de la que hemos hablado esta mañana en la tertulia, ha sido. Hola, Belén, ¿Cómo estás? Hola, buenos días. Y con García, que acaba de llegar. Hola, José. Hola, ¿Qué tal? ¿Cómo está? Bueno, que estamos aquí. Fijaos. Espérate, que me quito yo para que podáis hablar entre vosotros. Fíjate lo que nos ha pasado esta mañana. Hemos hecho una tertulia en el programa recordando a Raúl del Pozo con Manso, con Pilar, con Antonio Casado. Fijaos lo que nos ha pasado. No paro de recibir mensajes de oyentes diciéndonos qué tertulia más divertida os ha quedado, incluso siendo una tertulia que estamos llorando la muerte de Raúl. Hasta qué punto la personalidad de Raúl marca el recuerdo que tenemos todos de él, que no paramos de contar anécdotas toda la mañana y de reírnos toda la mañana. Porque seguramente eso es lo que más. Lo que más feliz le hubiera hecho a él, que incluso recién muerto hubiera provocado una hora de radio tan divertida como la que. Bueno, quiero que habléis vosotros. A ver, José Raúl era esta mañana he dicho que erais hermanos, aunque tuvierais madres y padres distintos, que eso no importa por edad. Era el mayor él, pero porque no llegaba. Aunque se quitaba algún añito, no llegaba a empatarme, pero muy triste tenía que llegar. Llevábamos 10 días mal, mal. Antonio Gómez, Pedro Guillén, allá donde esté, nos recuerde con el cariño que nosotros le vamos a recordar y le recordamos a él. Era diferente, era un genio en casi todo. Vivió cuatro vidas, o sea que se ha ido muy, muy, muy vivido. Era un genio. La frase aquella yo soy el único español que ha pasado del pueblo a la cama redonda. Muchas, muchas, muchas cosas. Lo conocí un día, yo estaba en el Café Gijón hace 50 años, y parece que fue ayer tomando un café por la tarde y hacíamos allí una tertulia del diario Pueblo. Y se me acercó y me yo soy un maestro de Cuenca que quiero ser como tú. Muy bien, ¿Y qué quieres hacer de coño, escribir? Pues empieza a escribir y buscar un periódico. ¿Y qué escribo? Digo, eso ya es un problema tuyo. Y escribió un reportaje que eran las ratas bajo la ciudad, Madrid. El diario Pueblo tenía una página, tú recordarás la tercera, donde escribía Emilio Romero y pocos, las excepciones. Contadísimas, contadísimas. Y es el primer tío que la primera colaboración que escribe es en la tercera página. Era un genio, un ser libre, un ser grande, un ser independiente que supo encontrar una compañera que fue la que le ayudó. Y yo creo que incluso le diría, salvó de aquellas tardes donde se aburría y tal, Natalia lo que pasa es que se fue muy pronto y a él le dejó. Es la única vez que le vi sufrir como un perro, el pobre, la desaparición de. De Natalia. Eso pone una vez más de relieve lo grandes, lo importantes y lo imprescindible que son las mujeres en nuestra vida. Te dejo que entres a la capilla ardiente. José María García, gracias por hablar con nosotros esta mañana. Muchas gracias y un fuerte habla fuerte abrazo. Bueno, Belén ha tratado también a Raúl del Pozo en estas últimas semanas complicadas, pero también en todas las anteriores. Tu primer descubrimiento de Raúl, ¿Cómo fue lo primero que pensaste al tratarle directamente? Supongo que habías oído hablar de Raúl del Pozo mucho tiempo, como todos nosotros, pero luego descubres al persona cómo era Raúl. Efectivamente, todo lo que ha dicho Josemaría es muy bonito, pero yo he conocido a Raúl más que como un periodista. Profesionalmente le conocía, pero no mucho. Pero personalmente ha sido un hombre para mí, como él decía que le encantaba la palabra maravilloso, pues ha sido un hombre maravilloso. Ha sido un hombre bueno, generoso, era muy amigo de sus amigos, os quería a todos muchísimo y le encantaba sentirse querido por todos vosotros. Ha sido generoso. Yo he tenido la suerte de compartir con él sus últimos años. Me he divertido, me he peleado, hemos llorado juntos, nos hemos reído juntos. Y tengo un recuerdo estupendo de él, sobre todo sabiendo que me va a acompañar toda la vida. Por supuesto. Estábamos hablando esta mañana también de la tertulia. Tengo aquí a la meta a mi lado. Ha sido. Tiene un récord la doctora, pero récord absoluto. Ha sido, con mucha, mucha, mucha diferencia, el enfermo más pesado que ha tenido él. Tiene un récord histórico. Un buen día yo se lo cont. 87 veces. Se tomó la tensión 87 veces en un día. Era absolutamente hipocondriaco. Genial, pero loco. Por eso tenía su encanto, José María. Claro, por eso tenía. Hasta que ya le decía a uno ya, Raúl, se acabó la tensión, vámonos. Pero por eso llevaba tan mal que se supiera que estaba malo, por ejemplo, que no dejaba que se contase. Muchas veces me aburrí por la tarde. Es que se ponía enfermo. Llevarme al médico ¿Para qué? Para que me cuiden. Para que me cuiden un ratito. ¿Pero a qué coño quieres ir a la Clínica Centro? Si hemos ido ayer por la mañana, ayer por la tarde, Coño. A que me cuiden. Que estábamos hablando en la tertulia, Juanma, de lo generoso que era Raúl con los jóvenes, de la extraordinaria relación que tenía con personas mucho más jóvenes que él, de una generación diferente a las que siempre prestó su aliento y su apoyo. Primero su reconocimiento, porque te trataba de tú a tú, aunque tú tuvieras mucha menos experiencia, muchísimo menos talento, Hablo por mí, por ejemplo. Y sin embargo, él te trataba como si fueras uno más. Y luego, en todo lo que estaba en su mano, ayudaba que quienes estaban empezando en el oficio pudieran abrirse puertas, pudieran tener oportunidades y pudieran ir descubriéndose a sí mismos en el trabajo, que eso no es tan frecuente entre personas consagradas en el oficio nuestro. Personas consagradas que sean capaces de ser tan generosas con quienes todavía están demostrando todo. Sí, era de una generosidad inmensa, a carta cabal. Y a él le ha rejuvenecido mucho. Esta a nuestro alrededor. A mí me doblaba en edad, pero hablábamos todos los días y teníamos una relación muy íntima. Ahora mismo está llegando Alberto Núñez Feijó, el presidente del PP. Si quieres paramos y seguimos. El señor Feijao. Buenos días. ¿Qué tal don Carlos? Buenos días. Buenos días. Estamos aquí hablando de Raúl del Pozo toda la mañana, como ya se imagina usted. La verdad es que es curioso como se despide a Raúl del Pozo. Toda la gente lo despide con alegría, debe ser lo de Viva el vino. Pero lo cierto es que cuando evocas la figura de Raúl del Pozo te pones buen humor. No es fácil en España actual encontrar una persona, su semblanza, lo que ha hecho, cómo lo decía, cómo escribía, cómo convirtió una columna, pero periodística en literatura, en fin, un personaje que es una pena perderlo, pero bueno, sigue ahí. Lo único que nos soportaba era el aburrimiento. Es así. Lo peor que te podía decir Raúl del Pozo es hoy has estado aburrido. Esteban te había hundido. Y era una fuente inagotable de anécdotas. Y él que hizo comentario político hasta el final en sus columnas, él también habla de política, él también daba pesco a los dirigentes políticos y sin embargo creo que es la persona más tolerante y más profundamente demócrata con la que he tratado. Él era capaz de llevarse bien con todo el mundo, de posiciones políticas absolutamente distintas. A usted seguramente Raúl del Pozo en alguna columna le habrá soltado algún pescozón, como pasó con todos, y sin embargo era capaz de tener una estupenda relación con todo el mundo, que eso yo creo que esta mañana también deberíamos subrayarlo. Sí, bueno, yo recuerdo cuando no me pegaba pescozones, sino al contrario, cuando me animaba los pescozones. Debe ser que hay que tener memoria selectiva últimamente. Pero queda un personaje. Yo estuve viendo ahora un poco de dónde venía, porque al final uno es fruto de sus orígenes y el hecho de que hubiese nacido en un pueblo, se haya quedado huérfano, que haya ido a clase andando allá por un pro de Cuenca, yo creo que eso imprime carácter. Y no sé, era un personaje vitalista. Es verdad que yo no le conocí como lo han conocido ustedes que han trabajado con él, pero lo cierto es que un par de veces coincidí en tertulias con él y de forma distendida. Era un personaje, la verdad. Pero yo creo que lo más importante es que hoy en España en necesitamos personas que nos unan y Raúl del Pozo unía, como bien dices, a todos. En fin, se ha ido ónega se ha ido Raúl del Pozo. La verdad es que son dos grandes, muy grandes. Gracias, presidente del Partido Popular. Muchas gracias a ustedes. Gracias, Lamed, como es periodista, tiene preferencia informativa el. Fíjate que hace una semana estábamos en la Casa de Galicia despidiendo a Fernando Ónega. Hoy estamos despidiendo a Raúl del Pozo. Dos personalidades tan diferentes, pero a la vez con tantas historias que poder contar y que poder compartir y de las que poder aprender. Bueno, Melquiades, ¿Cómo era Raúl del Pozo? Tú le has tratado también media vida, ya habéis dicho todos cómo era, pero siempre quedaban por descubrirle. Yo creo que hoy habrá un problema en el cielo, porque Raúl solo puede ir al cielo, es imposible que vaya al infierno. Y él decía que salir de Madrid siempre era una mala decisión y no quería salir de Madrid. Pues imagínate hoy qué pasará, porque él tendrán que hacer un paraíso aquí en Madrid para él. Pero Raúl era una persona maravillosa, maravillosa. Sabía escuchar, siempre decía la última palabra y de eso sabéis vosotros que acertaba. Siempre la clavaba, o sea, que tenía su equipo aquí, que venía, que les admiraba, chicos jóvenes, Lamed, Tetugalán, Antonio Lucas, otros no tan jóvenes como José María García, y disfrutaba con ellos, les adoraba, les rejuvenecía, era muy frugal en la comida. ¿Y qué voy a decir de él? Un ser encantador. Bueno, Galamet, como lo interrumpí yo antes para hablar con Feijóo, igual te quedaste con ganas de decir algo más. Interrumpí yo porque entiendo que formativamente era más importante. Precisamente al hilo de lo que decía Melquiade, él revivió el fervor de las tertulias en el Café Varela, que fue su segunda casa en Madrid, donde hay una placa de él, porque era el personaje central. Todas las semanas yo le llevaba un político y nos sentábamos los que ha citado Melquiades, Antonio Lucas, Reverte, García, Jabois, Edu Galán, por supuesto, pero al final el personaje central de la comida siempre era Raúl. Raúl decía que a las tertulias iba a estar, no a comer, no a charlar, a estar, a estar y a que surgieran las conversaciones. Y era un gran contador de anécdotas. Era una persona, a raíz de lo que tú decías, de rodearse mucho de jóvenes, que se seguía sintiendo joven en el oficio. Él todos los días llamaba a las fuentes, intentaba impregnar de información su columna. Por eso decimos todos que era el mejor de nosotros, porque hizo la mejor literatura y también noticia, también información en la columna que se estila mucho menos. Yo le bromeaba todos los días días le decía que él era nuestro reportero más joven en el mundo, pero de espíritu realmente lo era y era generosísimo con nosotros. La gente no conoce la cara B de Raúl, que era muy muy cariñoso con sus amigos. A mí me llamaba todos los días y siempre te decía que sepas que te quiero. Y sólo me queda decirle que yo lo quiero mucho también y que allá donde esté lo vamos a echar mucho de menos. Bueno, os agradezco mucho que hayáis hablado con nosotros esta mañana en esta que fue también la radio de Raúl del Pozo y en este programa en el que vamos a como os pasa a vosotros, lo vamos a añorar ya para siempre. Solo tengo una última curiosidad, Belén, porque estábamos discutiendo en la tertulia. Si Raúl era bastante más coqueto de lo que él quería reconocer. Muy coqueto, muy coqueto, muy coqueto. Pero le costaba admitirlo. No, no, no. Pero le importaba muchísimo su figura externa, o sea, yo le he llevado a las mejores tiendas de Madrid y tal y como estoy, estoy guapo. Estás fantástico, Raúl, por favor. Es que un hombre muy guapo. Hay una anécdota de la última época de Raúl sobre esto que yo creo que lo define perfectamente. Sería allá por noviembre del año pasado. Me llama Raúl a las 7 de la tarde. Lamed, que no voy, que no voy a la cena. ¿Por qué? No, por un tema. ¿Por un tema? Pero ¿Por qué? Hombre, porque se me ha caído un diente. Entonces le faltaba un diente en la dentadura y era tan coqueto que con sus amigos íntimos le daba vergüenza que lo viéramos así. Lo acabamos convenciendo y se pasó el inicio de la comida hablando así entre labios, cerrando el labio para que nadie lo viera. Al final de la comida ya se reía con esa carcajada relampagueante suya y enseñándonos a todo el diente. Pero al día siguiente por la mañana estaba en el dentista, eso seguro. Más coqueto no lo había. Bueno, Belén, muchas gracias y lo sentimos mucho. Melquiades, lo mismo te digo. Y Lamed, gracias por haber hablado también con nosotros. Un gusto escucharos aunque sea en estas circunstancias y en todo caso, celebrando la vida plena que tuvo Raúl del Pozo. Gracias, Belén. Gracias, Belén. Bueno, si os parece, Begoña, Jorge, Irene y Emilio, hacemos una pausa cortita. Los oyentes saben que pueden participar también en este programa especial, especial en recuerdo de Raúl del pozo, en el 609 83 10 34, enviándonos sus reflexiones, sus recuerdos. Seguro que recuerdan también alguna anécdota, alguna intervención radiofónica descacharrante de las muchas que tuvo Raúl del Pozo o cualquier otra circunstancia o recuerdo que quieran compartir con nosotros. 609-831-034. Este son de cero, este es más de uno. Ahora continuamos. Estamos en Más de Uno, estamos en Onda Cero desde la Plaza de la Villa despidiendo a Raúl, como están haciendo un montón de personas que se han acercado hasta aquí, también personas no conocidas, o sea, vecinos, oyentes, lectores de Raúl del Pozo, que quieren sumarse también a la despedida, esta despedida, que es una despedida, aunque ustedes no se lo crean, es una despedida bastante festiva, porque no hay otra manera de recordar a Raúl del Pozo que celebrando la vida que tú, la vida plena que tuvo y lo mucho que nos entretuvo a todos, incluido el día de hoy, que estamos haciendo un programa de duelo por la desaparición de Raúl. Y gracias a Raúl estamos de lo más entretenidos desde primera hora. Bueno, Pepe Bárcena, buenos días. Hola, buenos días. Cuéntame, ¿Tú cuándo conociste a Raúl del Pozo por primera vez y cuántos años habéis tenido de vida juntos? Pues fíjate, yo hace estuve. Bueno, espera, 46. 51 años hace que le conozco. Hoy se nos ha ido, pero bueno, está con nosotros, aunque se ha ido. Decías que era de afectos. Él fue un Quijote de afectos. Que es lo que intentaba con las amistades, que es lo que intentaba con sus columnas, que es lo que intentaba en su modo de estar en este lugar que acaba de dejar que se le. ¿Dónde le conociste? En el Café G, por supuesto. Sí, yo llegué allí de camarero en el 74 y ahí andaba en la tertulia con sus amigos, con Vicen, con todos aquellos encantadores, locos, maravillosos del pensamiento, de la meditación, de la amistad, de la palabra. Tertulia de periodistas, de escritores, algún juez había por ahí también, creo recordar aquí, fíjate, se le llamaba la tertulia, la tertulia de los cómicos, porque los que la empezaron fueron cómicos, con Manuel Alessandre, con Paco Rabal, etcétera, etcétera. Y en su día empezaron escritores también. El mundo artístico se junta. Y bueno, pues entonces entre ellos Raúl. Raúl con Manuel Vicén, su colega, con Pac Umbral también su colega, que se llevaron siempre. Bueno, eran. Vamos a ver, Raúl del Pozo era un ludópata, era un ludópata del juego, el juego que más le gustaba hacer era el de la literatura. Entonces luego también el juego de una mesa, el juego de. En fin. Y andaba siempre con envites, haciendo órdagos, órdago a la columna para que saliera lo más bruñida posible, pero con afecto. Hablaba según estabas presentándome, del afecto. Es una de las cosas características que ha tenido Raúl. Tenía eso, y eso que era un Quijote, por cierto, yo he sido su Sancho Panza, es decir, he sido su escudero en lo que he podido, tengo mi vena literaria, me presentó el primer libro que me editaron, etcétera. Pero bueno, vamos a hablar de Raúl. Y Raúl en la tertulia hacía los envites, le pasaba mil de anécdotas con sus encantadores amigos. Cuando sacó Francis Cumbral la columna Giocondo, en el que escribió poniéndose en una noche mágica, en una situación un poco escandalosa a sus amigos, cambiándoles el nombre, pero muy poquito por el apellido, si era Tonio Quirós, Antonio Quironcio, pues bueno, todo el mundo sabía quién era y entonces no le entendieron muy bien a Paco Umbral, y el que sí le entendió fue Raúl, que en su momento le echaron de la tertulia a Umbral, le volvió a llamar y mira, Paco, eres un tocapelotas, pero eres un genio de la literatura, eres un genio con tu columna, así que vuelve con nosotros y adelante. Y eso era Raúl. Raúl era conciliador, al mismo tiempo que ponía lo que estaba le parecía mal. Pues que te nunca se cayó nada. Es verdad, siempre dijo lo que le dio la gana y además, afortunadamente para todos nosotros, hasta el último día dijo lo que le dio la gana y nunca preguntó a nadie lo que tenía que decir. Pepe, te agradezco mucho que hayas hablado con nosotros, aunque sea así, que hemos perdido a una gran persona, hemos perdido un artista, hemos perdido a un buen amigo, pero sigue con nosotros porque está en sus escritos, en los pocos libros que escribió, pero en las muchas columnas que nos dejó como un legado fantástico. Gracias por todo. Gracias, Pepe. Gracias. Le saluda la Paloma Segreyes, que conoció a Raúl del Pozo. Cuando hemos contado esta mañana, bueno, hemos contado, hemos salpicado un poco la vida de Raúl del Pozo, de aquel maestro de escuela de Mariana en Cuenca, que un buen día aparece en Madrid porque quiere dedicarse al periodismo. Era una época. Hola, Paloma, buenos días. Hola, buenos días. Buenos días. Digo que era una época tan diferente a la de hoy que a quienes no la hemos vivido nos cuesta mucho trabajo ponernos en la piel de quienes estabais ahí en un momento en el que todavía Franco vivía, en el que la libertad en España todavía estaba perseguida y estabais unos cuantos haciendo lo posible para que España cambiara. Y en ese contexto es en el que tú conoces por primera vez a Raúl del Pozo. Sí, sí, yo conocí a Raúl recién llegado, como otros muchos, que llegó como Paco Umbral, que llegó como Carlos Álvarez, Cándido, como Balbín, José Luis Balbí, etc. Entonces encontraban un poco perdidos en la ciudad, todos eran, pues uno era asturiano, otro era de Cuenca, entonces otro de Valladolid, entonces se encontraban un poco perdidos en una ciudad complicada, todavía Franco viviendo, pero con unas ideas totalmente diferentes. Y entonces, bueno, pues yo venía a mi casa y hacíamos tertulias porque no se podía hablar de nada porque te desalojaban. Pero en mi casa ahí estábamos todos un poco comentando la situación actual en la que lleva con Franco y la que podía ser, las inquietudes de cada uno y las ilusiones que tenían todos, que luego con los años todos triunfaron, todos. Triunfó José Luis Balbín, triunfó Cándido, triunfaron todos los que estaban ahí, Vicen, todos los que Raúl y todos han sido primeras figuras realmente. Y bueno, pues fueron unos años muy entrañables y bueno, aprendes mucho, a mí me enseñaron mucho todos, estoy agradecida. Y bueno, y la suerte de ser amigo de Raúl en profundidad. Cincuenta tantos años y es difícil conocer a Raúl. Si yo tuviera que denominar a Raúl cómo es, pues sí, de acuerdo al Raúl que se habla de gran escritor, es así, el que era de Madrid, en las calles, de las mujeres, todo lo que se comenta. Pero hay una cosa mucho más importante de todo eso, es que Raúl era un hombre bueno, era un hombre bueno con un gran corazón eso tan importante que hay tan poco. La bondad de Raúl. La bondad y el corazón. Voy a saludar a la hermana Paloma, muchas gracias por haber hablado con nosotros. Gracias también a la hija de Paloma por habernos atendido. Bueno, hola Angelines, ¿Cómo estás? Es un gusto saludarte. Lo mismo te digo. Estamos recordando tu hermano esta mañana y fíjate lo que nos está pasando, que todo lo que nos salen son anécdotas que él nos contó en alguna ocasión, historias protagonizadas por él, que como las contaba con tanta gracia al final hoy incluso que estamos llorando su muerte, nos lo está haciendo pasar bien. Fíjate el mérito que tiene eso. Sí, claro que sí, ya lo sé yo que soy una fiel seguidora tuya y te digo desde que llegas a las seis y media de la mañana y a las siete cuando felicitas, no solo los viernes es cuando es Viva el vino. Que por supuesto todos. ¿Bueno, qué te voy a decir? Soy una seguidora y sé sobre todo lo que él te quería y lo que tú lo querías a él. Sí, es verdad. Sí, porque además a mí me costó mucho convencerle para que hiciera Viva el vino. Primero me costó mucho convencerle para que estuviera en la tertulia porque yo antes hacía un programa por la noche y la primera vez que yo vi mi nombre en una columna de Raúl del Pozo fue como la consagración profesional para mí. Dije Raúl ha escrito mi apellido en su columna Y entonces hice por hablar con él y ¿Sabes lo que me contó? Me si, en realidad quien escucha tu programa por la noche es Natalia. Y Natalia le había contado no sé qué habíamos dicho en el programa y me voy a meter en la columna Y entonces yo le dije ¿Por qué no te vienes al programa y colaboras con él? Me dijo yo por la noche no estoy yo para colaborar. Luego cuando pasaron a mí a la mañana le dije ya no tienes excusa porque ahora estamos los dos por la mañana. Y gracias a eso conseguí que se incorporara al programa para darle alegría al programa porque tu hermano tenía una capacidad para transmitir alegría a los demás increíble. Y tú sabes lo que es ir con él por la calle, por Madrid, por Madrid y le decían Viva el vino. Es una cosa como estás diciendo todo recordándolo a él hoy y además ayer al final todo fue muy tranquilo, muy bien y tenemos que seguir celebrando hemos sido felices con él y disfrutando con él. Y sobre todo quería en todo caso verte también, porque sé lo que suponías para él. Muchas gracias, Angelines, por hablar con nosotros esta mañana y en nombre de todos los que hemos disfrutado a tu hermano en la radio, pues nuestras condolencias, nuestro pésame, pero a la vez nuestro agradecimiento por la cantidad de buenos ratos que nos ha hecho pasar. Y cuánto te reías con él y con teléfono, con las bromas, porque él era imprevisible, todos los demás somos muy previsibles porque todos los días decimos las mismas cosas y él no había manera de saber por dónde iba a salir, ni colgando el teléfono, ni saludando, y eso era una bendición. Cuando le decías que escribes muy bien, pero lees mal, eso lo decía él también. Tengo que aprender a leer, fíjate, con 80 tantos años, pues ya está bien así. Si al final leer un poco mal te da muchísima personalidad en la radio, pero escribía tan bien. Pero yo es que también tengo que decirte que era un escuchador, me gustaba muchísimo la radio y aún antes de participar. Y luego ya no digamos, o sea. ¿Y una admiradora tuya para qué? Es que él escribió muchísimo para la radio, mucho más de lo que la gente, la gente ahora le conoce de oírle él, pero él antes de hablar sus propios textos, él escribía muchísimo para otros, por ejemplo para Jesús Quintero, para el Loco de la colina. Fíjate el talento que había ahí reunido. ¿Es que como lo seguía, como desde que escribía en Cuenca con 14 años, qué quieres que con 15 años, qué te voy a decir? ¿Era una seguidora suya absoluta, porque él de jovencito tenía máquina de escribir o escribía a mano? ¿Como era? Escribía a mano, pero él tenía. Es que era su vida desde muy pequeño le gustaba mucho y algunas veces era muy gracioso, tenía que gustarme lo que había escrito y si no me decía es que no lo has entendido, porque si lo criticaba me decía es que no lo has entendido. Esta mañana hablábamos de cómo él buscaba todo el tiempo la aprobación con los. Con los años que llevaba, habiendo estado consagrado ya profesionalmente, todos le admirábamos una barbaridad. Y sin embargo, a la vez tenía esa inseguridad de preguntar, porque era muy humilde y mucho más tímido de lo que casi todo el mundo sabe. Era un tímido muy sociable. Claro que sí. Bueno, pues ya hoy faltaría más. Me han dicho que está y bueno, para lo que haga falta. Muchas gracias por hablar con nosotros y un beso en nombre de todos. Gracias. Gracias a la familia, a los amigos y a los admiradores de Raúl. Muchas gracias. Angelines. Bueno, Begoña Gómez de la Fuente, Jorge Abad. A ver por dónde seguimos. Creo que tenemos que ir a publicidad. Sí, a pausa de publicidad y luego a las noticias de las 11 de la mañana. Vamos a hacer una cosa. Dime. Estoy saludando aquí. Amigos, vamos a hacer una cosa. Si a vosotros os parece bien. La idea nos la dio José María García y es palabra de Dios. Y la idea era, ¿Por qué no reemitimos esta mañana la conversación de Manolo Vicen y de Raúl del Pozo en este programa para entretenimiento, diversión y aprendizaje de todos nuestros oyentes? Entonces vamos a aplazar esta semana también la función de radioficción. Si os parece bien, vamos a mantener cerrado hoy el Teatro Luis del Olmo. Dejamos la función para la semana que viene y ofrecemos a los oyentes las dos voces de Manolo y de Raúl hablando de sus cosas. Será un regalazo que son una anécdota detrás de otra. Y así lo pasamos también. Bueno, hacemos la pausa. Gracias a Irene y a Emilio. Hasta la semana que viene. A los dos. Las cosas son como son. Hacemos una pausa, contamos las noticias y a la vuelta escuchamos a Raúl y a Manolo Vicen aquí en más de 1 en ONGO 0. Ahora volvemos. 14 minutos pasan de las 11 de la mañana. Estamos en una edición especial de Más de Uno. Una edición que habríamos deseado no tener que hacer porque habríamos deseado que Raúl del Pozo nos ha nos muriera nunca. Pero como ha ocurrido lo que ha ocurrido, pues estamos celebrando la vida de Raúl del Pozo y las alegrías que nos dio a todos los que le leímos y a todos los que aquí en la radio le escuchamos y algunos pues le vimos en acción y todo eso es que no se olvida porque nos ha hecho pasar muy buenos momentos. Estoy con el alcalde de Madrid. Hemos contado que la capilla ardiente está abierta en la Plaza de la Villa, donde tuvo su sede el Ayuntamiento de Madrid durante muchísimos años. Alcalde, buenos días. Muy buenos días, creo que la expresión es esa, Tenemos que celebrar a Raúl del Pozo, tenemos que llevarle siempre en la memoria, quedarnos con todas las vidas que él supo vivir en una única vida. Y porque es absolutamente irrepetible. Parece que es una forma ritual de decir las cosas. No, no tiene nada de ritual decir que Raúl del Pozo es absolutamente irrepetible y que además él, que no nació en Madrid, pero sí creció en Madrid, vivió en Madrid muchísimos años, él seguramente de los columnistas quien mejor ha reflejado el sentir de Madrid ha sido él. Bueno, el sentir de Madrid él lo resumía en una frase que decía que siempre es un error salir de Madrid, así que de forma más difícil, en menos palabras, es difícil describir el amor que él sentía por la ciudad de Madrid y la veneración que teníamos los madrileños y que tenemos los madrileños por él en general. De verdad que a mí me produjo mucha emoción cuando nos contactó la familia y nos dijo oye, ¿Podría ser posible en la Casa de la Villa que hablaríamos? Sí, por supuesto, pero por eso, por la emoción de decir. Un madrileño, sí, de Cuenca, pero que ha hecho del amor a Madrid una seña de identidad de su vida. Alcalde, esta mañana estamos recordando todos cuando supimos por primera vez de Raúl del Pozo. Si fue como lectores, si fue como oyentes, si fue. Yo que sé, porque nos lo presentó. En mi caso es como lector, desde luego de las columnas de prensa, luego la ambición profesional y si alguna vez pudiera colaborar en mi programa, ya cuando conseguí aquello fue como ganar con mayoría absoluta unas elecciones, No me puede pasar. En el caso del alcalde, ¿Tiene memoria de cuándo supo de Raúl del Pozo por vez primera o cuando le leyó por primera vez o le escuchó por primera vez? Le conocí como lector, porque yo era un lector bastante, digamos, de periódicos, en eso era bastante friki y entonces muy joven yo le conocí como lector, pero luego tuve la inmens suerte. Mira, como alcalde te voy a llevar muchos recuerdos, sobre todo políticos personales, no tantos, pero si hay un recuerdo de verdad que yo me voy a llevar es el de haber conocido a Raúl del Pozo. Yo no había hablado prácticamente con él nunca, hasta que le llamé para decirle que le habíamos concedido la medalla de Honor. No te exagero. De todas las que yo he llamado a decirle medallas, a ninguno he sentido tanta ilusión como me transmitió Raúl del Pozo y a partir de ahí le pude conocer, pude comer con él varias veces ahí en la comida esta del Café Varela. Llegué a jugar al golf con él porque llegué a jugar al golf con él, que es una experiencia inolvidable, por cierto, jugar al golf con Raúl del Pozo y para mí desde el punto de vista personal es uno de esos dos, tres recuerdos que de mi paso por alcaldía me llevaré y me marcarán para toda la vida a mí de Raúl jugando al golf. A él que no le gustaba mucho que se contara, que contásemos que jugaba al golf, porque él tenía la idea de que estaba mal visto, que jugar al golf te convertía en alguien elitista, pero me han contado dos cosas, una que se lo tomaba con mucha tranquilidad y que era capaz tener a todos parados toda la mañana, pero sin ningún problema, además él tenía otros tiempos en el golf. Y luego que al golf también iba como un pincel, o sea, iba perfectamente equipado pero perfectamente elegante para jugar al golf. Yo es la primera vez que he jugado con alguien al golf con tirantes, eso no lo había visto nunca. Mira que es un deporte que la etiqueta se respeta, pero. Pero jamás había jugado con alguien en tirantes al golf, iba elegantísimo, como un dandy. A mí una vez me regaló unas zapatillas, se dice, de jugar al golf y yo le dije, pero si yo no juego al golf. Raúl me dijo, da igual, es que son muy bonitas y quiero que son zapatos, que es cierto que en el día a día parecen de poca utilidad, pero estéticamente hay pocos zapatos más bonitos que los de jugar al gol, son muy bonitos, pero yo no, da igual, yo se los quiero regalar. Pero es que fue una elegancia, a mí me dejó en shock. Claro, a partir de allá fue difícil no disfrutar de esa partida. Al final es imposible recordar a Raúl del Pozo y no reírse, es una cosa maravillosa, la fuente de felicidad. Incluso muerto, recién difunto Raúl, ese es el mejor recuerdo que le pueden dejar a uno, es decir, el recuerdo de pensar en una persona y sonreír pensando en esa persona y no solo sonreír, sino echar una carcajada. Y ese es Raúl del Pozo, Alcalde Gracias. Nada, gracias a vosotros por hablar con nosotros y por abrir aquí en la Plaza de la Vía de Madrid, la sede del Ayuntamiento, la Casa Consistorial que sigue siéndolo, aunque ahora la sede central del Ayuntamiento esté en la Plaza de Cibeles. Bueno, que teníamos un compromiso, no me olvido, con la audiencia de este programa, que es reescuchar, volver a emitir y por tanto volver a disfrutar de una conversación entre dos amigos, dos amigos de toda la vida, con muchos puntos en común en sus vidas, eso que han escrito en periódicos que han competido entre sí y siempre Manolo Vicen, que sigue escribiendo en el diario El País para celebración de sus lectores, que somos muchos, y Raúl del Pozo, que en esta última etapa, pues escribió en esa última larga etapa en el diario El Mundo. Eran vecinos, creo que ya lo sabe todavía la audiencia de este programa, vivían puerta con puerta, se trataban constantemente, se saludaban el primer día de cada año para anunciar Manolo Vicente a Raúl del Pozo que de este año no pasaba, pero esto lo llevaba diciendo décadas, de este año no pasa uno de los dos seguro que palma, porque hacían bromas sobre la muerte, sobre la vida, por supuesto, hacían bromas sobre cualquier cosa y habían compartido tantas experiencias juntos que eran capaces no sólo de bromear constantemente sobre esas experiencias comunes, sino de adornárselas mutuamente hasta convertir las anécdotas en prodigios de literatura corta. Y como de eso hemos disfrutado en este programa, Queremos compartir con ustedes esta mañana esa conversación que allá por el año 2020, creo recordar, compartimos, bueno, escuchamos la conversación entre Raúl y Manolo Vicen en este programa. Y fue así, yo recuerdo una vez, yo iba en ese momento al Koch, y sí, en Alcoq muchas veces llegabas allí y decía ayer estuvo Bagarner, se acaba de ir Ava Garner, probablemente va a venir a Aba Garner esta noche también solía ir yo también al Whisky Jazz, que estaba en la calle Villamagna, antes de pasar después Bourbon en Diego de León, y lo mismo, ayer estuvo Ava Garner, acaba de llegar a Bagarner, se ha ido a Garenza, etc. Si ibas a Manolo Manzanilla, de Las Ventas, de ahí de Barajas, lo mismo. Con lo cual, pues era una sombra fugaz, como una ráfaga fugaz. Y claro, pues eso, literariamente es muy atractivo, por supuesto. Oye, ¿Y es en esa época en la que conociste a este chaval de Cuenca que se llama Raúl del Pozo? Bueno, yo lo conocí como todos, es decir, En aquellos años 60, todo confluía en el Café Gijón. El que quería ser alguien en la vida, pues era el Café Gijón. En el Café Gijón en aquel momento estaba de moda el miserabilismo y allí la gente, los que estábamos allí, uno presumía de que haber llegado desde Cádiz en un camión lleno de pollos, otros que en un autobús polvoriento de las provincias de no sé, otro a pie cada uno. Y como entonces, no ahora, pero entonces se lleva mucho la butad, pues yo ante aquello panorama tan miserable, pues se me ocurrió, pues yo en aquel momento era más guapo que Marlon Brando y llegué a Madrid en avión. La verdad es que llegué en avión. Lo demás, por supuesto, absolutamente detestable. Pero allí estaba Raúl. Raúl era un joven garduño que venía de Cuenca, había estado tal vez en Barcelona primero, y allí confluimos todos, el umbral, el Raúl y muchísimos más, todos los que después estábamos allí hasta convertir convertir el Gijón en una gavarra de náufragos en los que unos quedaron totalmente sumidos por la historia y otros han llegado a escribir páginas que pueden tal vez perdurar en la historia de la literatura. Nuestra tertulia, la tertulia del Gijón, la nuestra, confluían ahí periodistas, escritores, pero más bien periodistas cómicos y jueces de justicia democrática. La tertulia no se hablaba de literatura, no se hablaba tampoco de política y por supuesto no se hablaba de sentimientos, ni de familias, ni de enfermedades. ¿De qué se hablaba? Se hablaba de chismes, pero de chismes, chismes de altura, de chismes significativos, de anécdotas cada uno. Por ejemplo, los cómicos traían, y los de la televisión y los del cine traían noticias de primera mano de lo que sucedía en las trastiendas de los teatros y de los rodajes. Los periodistas, pues cada uno de una redacción. Y sobre todo, como el momento de más esplendor de aquella tertulia fue alrededor de la muerte de Franco, cinco años antes y cinco años después de la muerte, y la justicia, los magistrados, etc. Estaba absolutamente viva. Era una tertulia creativa que después se fue diluyendo hasta desaparecer. Déjame que salude a un buen amigo tuyo, Manuel, que se llama Raúl del Pozo y que forma parte de la familia también de este programa. Hola, Raúl, buenos días. Buenos días. Primero quiero decir que estoy encantado de hablar contigo, que te quiero mucho y te echo mucho de menos. Y segundo, decir que la novela de Manuel Vitén es envidiable. Como dice que es un adjetivo español, dice Borges, los españoles dicen envidiable, es decir, que da envidia por lo bien escrita que está. Tercero, quería decir que Manolo Vicente me dijo, porque es vecino mío, me dijo el otro día una cosa que maravillosa. Me nosotros, Raúl, nacimos en un bombardeo y vamos a morir en una plaga, pero hemos vivido maravillosas hemos vivido en la época de democracia más grande de España, hemos vivido el amor libre, los maquis, la dictadura, una democracia maravillosa, el LSD. El LSD, que otra cosa, Internet y todas estas cosas, o sea que no nos podemos quejar. Respecto a Bagarner, yo tengo una primero, ha tenido un acierto de poner la puerta a Wagner porque es el animal más bello del mundo del que dijo Hemingway, entró en el yate y parecía una criatura del mar. Bueno, es maravilloso que la haya puesto en portada, pero yo tengo un recuerdo patético que no puedo decir porque lo dije una vez y por poco me echan de España. Hay tres cosas que no se pueden decir. Cuéntamelo solo a mí. Meterte con los curas que juegas al golf y hablar mal de alaganes. Yo no pienso hablar mal de. Lo único que te digo es que la vi una noche a las 5 de la mañana, que yo estaba ciego también. Salí de Bourbon en Diego de León y estaba al lado de un árbol. Solo te digo que eso, que estaba al lado de un árbol, un arbolito pequeño de esos que hay en Madrid que ponen con un redondel de tierra y no te digo más, no me atrevo a decirlo. Lo que pasó entonces es verdad, no me puedes dejar así porque te estoy viendo ahora mismo en el arbolito. Bueno, yo también meaba, pero quiere decir. Pues eso, me refiero. ¿Y qué pasó? ¿Fue durante? ¿Mientras meabas o después? No recuerdo si antes o después, pero luego sí. Luego a través de. Había noches que llegaba, estaba con Jorge Fiesta, la vimos muchas veces en Oliver. A mí siempre me impresionaba, la verdad, porque seguía siendo un animal muy hermoso, pero es que en Oliver estaba lo peor y lo mejor de cada casa. Estaba Gil de Viedma, estaba todo el mundo, todo el mundo que pintaba algo y nosotros íbamos allí, pues eso, a ver si podíamos capillar algo, pero total. Volviendo a la novela de Manolo Vicente, creo que es extraordinaria que está escrita con un talento y un aire. Qué gran vecino. Qué gran vecino. Claro que a ti te han preguntado por mí. Han hablado de ti. Hay que ser más humilde, hijo mío. Te pregunto a ti. Le voy a preguntar a Raúl por Manolo Vicen, y así tiene oportunidad de hablar de Raúl del Pozo. Raúl, ¿Cómo era Manolo Vicen con veintipocos años? Bueno, no tenía nada que ver con las fotos. Hacen unas fotos criminales ahora. Era muy atractivo, tenía unos ojos muy bonitos y no creo que le pareciera más Lombrando, pero era muy seductor y tenía mucho sentido del humor. Y lo sigue teniendo. Por ahí estábamos. Somos los únicos de ochenta y tantos años que trabajamos. Yo tengo tres hermanos y hacen veinte años que no trabajan. Le llamáis trabajar a cualquier cosa. Escribir en los periódicos, hablar por la radio. Tú ya sabes que. Que con Nova Garner había un mito que era. Si estaba en el Corral de la Morería o en Barajas, en las Ventas de Barajas, la gente la seguía hasta el pie del ascensor del Hilton, y allí se podía producir el sorteo de Babilonia, que ella te invitara a subir. Hubo un momento en que estaba ya. Si, no. Bueno, entonces a mí me lo contaba. Me contaba Fernando Fernán Gómez que él y Arrabal una noche la siguieron hasta el pie del ascensor del Hilton. Ella ni siquiera los miró. Y en ese momento bajó el Bear Boy, vamos, el ascensor. Y al verlos allí tan desolados, les les advierto que no es nada del otro mundo, que no es para tanto. Era para consolarlos. Oye, ¿Se puede? Allí. A mí el que más me subyugaba, que era el propio Hemingway. Yo a Hemingway lo admit. Vieron mucho, como yo lo vi en Cuenca salir del Hotel Iberia cuando iba con Antonio Ordóñez, bebiendo en una cantimplora con la barba de Whitman, y me quedé verdaderamente impresionado. Bueno, pues este hombre, que para mí es el que ha convertido el verbo en adjetivo, es decir, la acción, el tirar el párrafo hacia adelante con los caballos del verbo convertidos en adjetivos los propios verbos, es admirable literariamente. Pero el hecho de que viniera aquí durante la Guerra Civil, en el bando republicano, y se significara tanto como defensor de la República, etc. Y que después, en los años 50, estuviera aquí tan tranquilo, bebiendo, yendo a los toros, divirtiéndose bajo una dictadura, sin que le importara absolutamente nada. Eso también pasaba con todos los que vinieron aquí a rodar películas. Yo creo que ni siquiera miraban a los españoles. Este era un país lleno de sol barato, donde se permitía rodar, su libertad estaba protegida por la policía, a los periodistas no se les permitía acercarse a ellos, sobre todo para sacarles escándalos. Esa fantasmagoría de que nos alimentó a nosotros de la niñez y en la adolescencia, en la juventud, de las pantallas, de ver los héroes de las pantallas, que de pronto aquello que habías mamado en las pantallas como sueños imposibles, de pronto veías a Audrey Herb salir de mantequerías leonesas, ver a Rita Hayworth de compras por Serrano, ver a Gary Cooper, nada menos, cruzar un paso de cebra, a Gary Grant en bicicleta por el Retiro, a Tyrone Power, como tú decías, que murió abrazado a Gina Lobrigio, vestido de Salomón, del rey Salomón, y de hecho se les hicieron unos funerales en la iglesia de los Jerónimos, de cuerpo presente, vestido de Salomón. Oye, perdón, Alsina quería recordar, ya que ha recordado, a mí lo que más me impresiona del Café Gijón que ha citante Manolo, así que había una señora encantadora que estaba en los lavabos y tenía un delantal grandísimo, blanquísimo, impoluto, y entonces la pobrecita llamaba a todo el mundo, estaba la mesa donde se juntaba las dos Españas, la juventud creadora y la juventud del 27, o sea, la España del 27 entonces, la generación del 27. Y estaba Gerardo Diego, que es uno de los grandes poetas, esta. Estaba Güero Vallejo, que en paz descanse, en fin, estaba todo eso. Y entonces ella llamaba, la gente nos llamaba fulano de tal desde la puerta del lavabo, que había teléfono, y entonces dijo Tabarta ya, la pobre. Y dijo José García Nieto, se levantó García Nieto y dijo ¿Es a mí? Dice, sí, a ti, gilipollas. Bueno, se la llevaron a un psiquiatra. Eso es lo que más. El recuerdo más terrible que tengo del capigio. ¿Tú lo recuerdas eso, Manolo? Hombre, claro, cuando yo llegué en esa tertulia de la Juventud Creadora que tenían todos, ya eran muy mayores, había uno que se había exiliado de esa. Un cabreo y se había exiliado de esa tertulia y se había sentado en una. A una mesa de al lado, fumaba en pipa. Cuando yo llegué, hacía cinco años que no había hablado. Nadie sabía, vamos, nosotros los recién llegados, Nadie sabía nada de este hombre que no hablaba nunca. Sí sabía que estaba cabreado en otra mesa. Al cabo de cinco años más de no hablar, ya llevaban diez años de silencio. De pronto llega una chica maravillosamente guapa a la barra del Gijón. Aquel hombre se levanta de la silla, se acerca, cruza todo el local, se acerca a aquella mujer, aquella chica, se quita la pipa de la boca y le está usted cojonuda. Dio media vuelta, se puso la pipa, se volvió a sentar en la mesa y hasta ahora otra vez. Uno de los poetas. Uno de los poetas se llamaba Acacio, que es un nombre maravilloso para un poeta. Le dio un infarto mientras un. Un jueves que se daba paella, de pronto le da un infarto y cae el rostro sobre el plato. Y entonces ha muerto, ha muerto, Ha muerto Acacio, decía la gente. Y el dueño dice Ha apagado. El dueño que era mono, se ha apagado, ha apagado. No, no ha pagado. Bueno, levantaron la cabeza del plato, cogieron el plato y se lo pasaron a otra mesa. Oye, hablando de paella, hablando de paella, ¿Tú recuerdas el momento en que había una paella y estábamos comiendo todos, allí estaba Beltrán? Y entonces encontramos una. Una cucaracha. Una cucaracha en la paella. Y entró. Fue Beltrán al mono que José Luis Col decía, ¿Por qué le dicen a este mono Pepe? Era el dueño del café. Y entonces le oye, Pepe, ¿No te importa cambiar esta cucaracha para una gamba? ¿Tú recuerdas eso? Hombre, claro. Bueno, el momento más patético. Estamos contando batallitas. Bueno, bueno, pero que se fastidien, que un día estaba el. Como eres un fino pequeño burgués. Es el pastil. Era un sábado por la tarde, estaba lloviendo, era de otoño, estaba el café lleno, absolutamente lleno. Tanto es así que nuestra tertulia había sido ocupada por unas ancianitas que estaba. Nuestra mesa estaba ocupada por unas ancianitas. Entonces yo estaba mirando de cara a la pared, estaba allí con Clemente Auger, con Tito Fernández. Yo veía la puerta, ellos estaban de espaldas. Y entonces veo entrar a un tipo rapao, con la cabeza blanda, esa cabeza que puedes meter el dedo y dejas una señal de grasa en la cabeza. Llevaba eso de gasolina en la mano de pronto no ardimos todos. Porque aquel hombre tenía aspiraciones de poeta. Porque cogió la lata, empezó a quitar el tapón, echó la lata sobre las ancianitas de gasolina y antes de prender fuego, que ya se secaba el mechero, quiso pronunciar una frase histórica y ¿Quién quiere ser héroe? Vais a ser todos héroes. Y en ese momento yo me lancé a la calle seguido de todo el mundo. El mono grande le tiró una silla en la cabeza y bueno, y ahí acabó la cosa. Si no suelta esa frase y prende fuego ahora mismo, eso sería tan histórico. ¿Como irían a visitar la gente ese local? ¿Como va ahora a visitar cuando llega a Chicago el garaje de la noche de San Valentín? Estamos en Ontacero, aquí en La Cultureta de la mañana del viernes, escuchando Encantados de batallitas de Raúl del Pozo. Manolo, tengo que hacer una pausa. Ya veréis que se os va a hacer corta y ahora mismo continuamos. Más de uno en onda cero, donde alsina, Para atender a los deseos de una estrella cinematográfica muy aficionada al se organiza una fiesta taurina y campera con la colaboración de figuras conocidas. Abba Gardner espera impaciente el momento de entrar en acción. Hay que tener cuidado, La becerra es muy brava y puede dar un disgusto. La estrella aprende a torear a la limón con Luis Miguel. Para ser una primera lección, no está nada mal. La discípula aprovecha la clase y además no tiene miedo. Aba Gabner respira satisfecha. Las cámaras la están rodando. Una mirada, por favor. Estamos hablando esta mañana aquí en Onda Cero, en Más de uno, en La Cultureta de los viernes de Abba en la noche, que es la nueva novela de Manuel Vicén. Estamos en conversación con Raúl del Pozo. Algo estamos haciendo mal, Raúl del Pozo, porque todos los comentarios que me llegan son positivos. Fracaso absoluto. No hay nadie que nos ponga pal. Yo el día que no se meten conmigo en las redes me deprimo. A mí me gustaría. Creo que Manolo Vicen tiene dos cosas extraordinarias. Una, que escribe con originalidad del mar Mediterráneo, que ya eso sí que es difícil, desde Homero hasta Pla. Y segundo, que es un gran contador de historias. A mí me gustaría, para subir la audiencia, ya que hemos fracasado en la primera parte, que contara dos cosas maravillosas que a mí me hacen reír. Cuando estoy solo, me río solo. Uno sobre el culo de Fidel Castro. Y otro sobre lo que le dijo el Baldao a Pepe Díaz en la puerta del Gijón, si es posible y si quiere. Bueno, primero deja que te diga eso del mar. Es decir, el mar Mediterráneo sobre todo, está lleno de poetas naufragados. Mucho más que marineros, ni navegantes, ni gente de soldados, ni guerreros. No es un mar lleno de poetas ahogados. Porque un escritor se mide frente al mar la clave. De hecho, una vez Giuseppe PL. Este Goethe era un escritor detestable. Sí señor. Dice, la primera vez que vio mar, dijo qué espectáculo más impresionante. Con todo eso. Goethe. Sobre Goethe ya, ya naufragó. Bueno, eso uno, el culo de Fidel. Lo de Fidel Castro, eso no lo puedo yo contar, porque. Según parece, según parece, cuando a Fidel Castro le dio un derrame de sangre por cosa de estómago, de colon, etc. Lo tuvieron que operar. Y una vez, antes de la anestesia, A los médicos que estaban allí les aténganse ustedes a las consecuencias, si me despierto con un ano artificial. Con lo cual, pues podéis imaginar. Y tuvo que ir un gran cirujano español allí a remediar el asunto. Y después no, las anécdotas son múltiples. Mirad, mi teoría es que tú puedes escribir, yo que sé, G. Ulises, puedes escribir todo el tiempo perdido ese de ese señor. Hasta que no te conviertas en materia de an no vas a ser inmortal. Es decir, la inmortalidad de un escritor o de un artista consiste en que se convierta en materia de anécdotas. En que no me cuenta lo del Baldao, Manolo, lo del Baldao. Bueno, pero la riña entre Pepe Díaz y el Balde. Pero es que eso si no se actúa. Si no se actúa. No, déjalo. Mira, Raúl, te quiero decir una cosa. Yo te admiro muchísimo porque escribes siempre con medias verónicas maravillosas. Eres el que mejor insulta, el que mejor insulta, pero a la vez el que mejor pide perdón. Es decir, estamos en el tiempo del descuento, tú y yo estamos en el tiempo del descuento. El árbitro está ya mirando el reloj. Qué coño, No hay árbitro si está mirando el reloj o si estás en un avión oyes decir puertas y rampas, despegue inmediato. No empieces a hacer humor negro, por favor. Lo que te quiero decir que en el descuento hoy, tú ya sabes que hoy los partidos, el 80% de los partidos se deciden en el descuento, donde, como se dice, se rompe el equipo, se rompe el partido. Yo te digo una cosa, que se gana al final por el último córner, en el último minuto. Clares y nosotros estamos ahí, en ese córner. Hay que marcar un gol definitivo que podría ser morir en plena pandemia. Hombre, tiene la ventaja de que no hay nadie en tu entierro. Y se pueden confundir a la hora de llorar sobre las cenizas. Llorar sobre las cenizas de otro. Bueno, hasta aquí. Hasta aquí. Hasta aquí. Porque si no, Raúl se me va a poner malo. ¿No? Claro, es que cuando va al humor negro no quiere contar lo que le dijo el Baldao a Pepe Díaz, que es maravilloso. Pues cuéntamelo tú. No me atrevo porque no lo sé contar tan bien como él. Bueno, Manolo Vicén y Raúl del Pozo, un gusto escucharos esta mañana aquí en la radio ABBA en la noche es la novela de Manolo Vicén. Y a Raúl del Pozo, pues lo queremos mucho en el programa. Manolo también, Raúl, lo esperamos. Esperamos que se reincorpore cuanto antes. Desde aquí, desde su casa. Cuando tú quieras, Raúl, tú me dices. Muy bien, querido Faltaríamos. Cuídate. Un abrazo, Raúl Elbo. Ha habido bajada de audiencia por mi ausencia, ¿No? La verdad es que sí. Un abrazo, querido Carlos. He tenido que ponerme yo muy agresivo para recuperar los oyentes. No dejas un vivo. Adiós, Raúl. Adiós, Manolo. Fuerte abrazo. Gracias por habernos acompañado más de. Nos quedan cuatro minutos para despedir el programa de hoy. Desde el agradecimiento a todas las personas que nos han querido acompañar en el recuerdo a Raúl del Pozo y a todos los oyentes que se han animado u os habéis animado también a enviarnos vuestros mensajes de recuerdo, de añoranza y a la vez de afecto a Raúl. Y entre esos mensajes, estos son los que vienen ahora, los últimos que van a poder sonar esta mañana. Buenos días. Pues sí, Raúl, sí. Fíjate, si hace años que nos conocemos. Yo te sigo desde que estabas con el gran Luis del Olmo. Y desde entonces siempre me caíste bien. Te encontré una persona muy afable, amena, simpática, sobre todo educado y muy caballero. Y ahora te seguía hasta que lo ha dicho Alsina, hasta en diciembre esperaba cuando colgabas el teléfono, a veces con mucho ruido, a veces con suavidad, como aquel día te cogía, que continúas teniendo allí donde estés el sentido del humor que has mostrado siempre. Y soy de tu equipo. Viva el vino. Aquí una despedida desde La Mancha. ¿Cómo se puede despedir a alguien tan grande como tú, Raúl? Pues yo pienso que celebrando la vida, que es como te gustaría a ti celebrar la vida. Así que hoy por ti, abriré una botella de vino y haré un brindis. Viva el vino. Adiós. Hasta siempre, Raúl. En el recuerdo, Raúl del Pozo. Y mientras siguen acercándose hasta aquí, hasta la capilla ardiente en la plaza de la Villa de Madrid, pues un montón de colegas, de amigos entrando en este momento. Veo a Fermín Bocos llegando en este momento veo a Miguel Ángel Aguilar, nombres que forman parte de la historia de nuestro oficio y de la vida cotidiana de nuestros oyentes también y de todos los nosotros, como ocurrió con Raúl de Pozo durante tanto tiempo, desde el primer día en este programa, que es más de uno, por tanto, casi ya 11 años. Y antes de eso, pues en el programa de Carlos, en el programa de Luis del Olmo, donde tantas tertulias divertidas y otras no tanto, le brindó Raúl a Luis por su carácter absolutamente imprevisible. Raúl siempre dijo lo primero que se le pasó por la cabeza y además hizo bien en decir lo que le dio la gana sin pedir desde luego permiso a nadie. Y en las pocas ocasiones en las que tuvo que arrepentirse de algo que hubiera dicho, fue mucho después de decirlo, porque ya hemos contado esta mañana que tardaba en digerir las cosas que a él mismo le habían sucedido. Nos vamos. Empieza la programación local y regional de todas nuestras emisoras. Aquí continuará la capilla ardiente abierta hasta las 9 de la noche. Y sal. Seguro que van a ser muchas las personas que se van a seguir acercando hasta la plaza de la Villa de Madrid. Mañana a las 6 en punto estamos aquí de nuevo en más de uno, pero ya con las noticias del día de mañana y con todo el equipo de este programa que hoy, como ustedes comprueban, está a la vez, o estamos a la vez de luto, llorando la muerte de Raúl y a la vez pasando una mañana que creo que ha sido muy entretenida. Gracias, fíjate, incluso después de muerto. Gracias a Raúl del Pozo. Hasta mañana a las 6. Que tengan un Buen día, adiós.
