
El filósofo de Más de uno ha tenido que resolver no ya un dilema ya no es solo moral ni sentimental, sino casi notarial. Y es que una oyente se enfrenta a la última voluntad de su padre, que era revelar que tenía una segunda vida, otra familia, alg...
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A
Más de uno en Onda Cero, donde Alsina.
B
Pues aquí está Jorge Freire dispuesto a resolver los nudos georgianos, o sea, los dilemas morales de la audiencia de este programa. Buenos días, Jorge.
C
Bueno, Carlos, celebro que valores mi disposición, pero te confieso que el dilema que tenemos hoy es un dilema que preferiría no responder, prefería no resolver. Pues mira, estamos en un clima muy cargado, muy enrarecido, muy polarizado.
B
Pero es tu trabajo.
C
Ya, pero no sé si lo hace bien a España, te lo voy a decir así. Sí, porque es un dilema con muchas aristas, muchas aristas políticas. Y yo no quiero enfrentar a las dos Españas. No quiero ser yo.
B
Por cierto, quiero aclarar a los oyentes que en este programa, sólo en esta parte del programa, que es la de Jorge Freire, no se admiten sobornos. Sólo en esta parte.
C
¿Y por qué?
B
Pues porque hemos pensado que no sería ético, si se nos da excepción sobre dilemas morales, que te corrompieras.
C
Siempre hay que ver hasta qué punto se corrompe.
B
Lo digo porque he recibido ofertas económicas.
A
Sería su dilema.
B
Hay tantísimos dilemas morales que resolver que he recibido unas ofertas económicas muy sustanciosas para que adelantase en la lista de espera algunos dilemas concretos y tuvieran salida cuanto antes. Me he negado en absoluto. Bueno, me he negado. He contado a quien me lo ha ofrecido que en el resto de programas sí se admite lo que es el incentivo económico. Bueno, entonces vamos a resolver el dilema de hoy, que tú crees que.
C
Bueno, si no hay más remedio, pues habrá que resolverlo. Carlos. Yo ya te digo que no estoy muy por la labor, pero bueno, entiendo que es mi obligación. Para eso estamos.
B
Bueno, entonces hemos puesto voz a este dilema que nos ha enviado Marisol, una oyente. Vamos con ella.
A
Querido Jorge, he descubierto algo de mi padre fallecido. Y lo he hecho de la manera más poco literaria posible. No fue una confesión en el hecho de muerte, ni una carta escondida, sino algo bastante más su teléfono móvil. Al revisarlo, encontré mensajes que me revelaron algo del todo inesperado. Mi padre tenía otra otra mujer, tres hijos, rutinas, bromas privadas, discusiones domésticas, hasta un perro muy feo, un carlino con expresión de jubilado. Pues bien, he conocido a esa familia. La mujer es cordial, me ha enseñado fotos que yo no conocía. Mi padre en chanclas, mi padre cocinando, mi padre sonriendo. Los hijos, mis hermanos. Se le parecen de forma inquietante. Pero el verdadero problema es que su otra mujer me ha confesado algo que lo complica todo sobremanera. Dice que la última voluntad de mi padre era que esta situación se hiciera pública, que no quería que nadie siguiera viviendo en una mentira. Una última voluntad de la que yo, que firmó esta carta, no sabía absolutamente nada, pero que según ella, él dejó clara y no quieren contravenir la última voluntad de un muerto. Claro, según su versión, callar sería desobedecerle. Y de pronto ya no es sólo un secreto feo, sino una especie de mandato póstumo que flota sobre nosotros. Mi madre es una mujer conservadora, religiosa, de valores firmes, de biografía ordenada. Una persona que cree en la familia como institución. Siempre pensó haber estado casada con un hombre ideológicamente afí, de centroderecha formal, decente. Y aquí es donde el destino muestra su sentido del humor. Porque la otra familia, la otra, es comunista, de las de puño en alto. En la foto del WhatsApp, para completar el cuadro, la otra. La otra mujer ha insinuado que le gustaría conocer a mi madre. Por cerrar heridas, ha dicho. Así que el dilema ya no es solo moral ni sentimental, sino casi notarial. ¿Tengo derecho a proteger a mi madre del golpe o estoy obligada a cumplir esta supuesta última voluntad? Con estupor, Susana.
C
Peliagudo.
B
No me extraña que no lo quieras resolver.
C
Fíjate que desde el más allá este hombre sigue desde la huesa está ordenando la vida de los hijos.
A
La madre religiosa conoce entonces de esta segunda familia no conoce nada.
C
No lo sé. Yo pediría a los oyentes que nos dieran más datos. Porque claro, si sus nuevos hermanos se llaman poco menos que Lenín, Che Guevara y Changai Che, pues que me digan los nombres de sus hermanos de ahora, porque a lo mejor se llaman José Antonio, Ramiro, Onésimo, Landelino, Blas. Blas, efectivamente. En la fiesta de Blas Piñar. Bueno, en cualquier caso yo no quiero hacer colisionar las dos Españas. Como os digo, yo creo que no está el horno para bollos. Además, con las polémicas que ha habido últimamente en el mundo literario. Yo propongo contención. Contención preventiva e incluso, por qué no, aplazar el encuentro porque van a saltar chispas.
B
Aplazarlo, pero sin evilla ineludible, porque aquí.
A
Hay casas y propiedades y el notario va a decir que se junten todos para ver que se queda con quién.
C
Ah, bueno, ya, ya, claro, claro. Sí. Lo que pasa es que esto puede tirar la viga maestra de la convivencia y esto puede ser muy difícil. Por otro lado también, dejadme deciros, trayendo a colación a un filósofo que yo creo que es el último gran filósofo, murió además hace unos meses, que es McIntyre. McIntyre decía que las personas somos animales narrativos y que de alguna forma todos nos construimos relatos que no son invenciones, sino que son horizontes de sentido en los que hay una serie de valores, una visión del mundo y una serie de historias que suelen contarse intramuros de las casas familiares. Es decir, hay mitos inaugurales, la típica historia que siempre se cuenta y siempre se repite, y eso al final va cohesionando los grupos humanos. Entonces, claro, ahora de repente vamos a tirar abajo, por un lado el relato de una familia que pensaba que este hombre era un señor de centroderecha monógamo, y luego quizá también tiremos el relato que se había formado la otra familia que lo había convertido en poco menos que un julio Anguita o un miembro del Comité Central. Entonces, de alguna forma vamos a romper con esos dos relatos, pero a lo.
B
Mejor puede salir de ahí un relato unificado, como el Partido Comunista, un relato unificado que incluya como momento fundacional de ese relato unificado precisamente esta circunstancia en la que ahora están.
C
Está bien traído, las familias de ahora.
B
En adelante se vean constantemente, sean una misma familia cuyo pasaje fundacional es aquel día en el que descubrimos que el padre era el mismo que tenéis vosotros.
C
Te digo una cosa, a mí me.
B
Parece que es una salida.
C
Te ha quedado muy bien y Además lo suscribo. ¿Sabes por qué? ¿Sabes por quÉ? Porque creo que estos relatos están muy bien, sobre todo cuando el protagonista no puede quejarse. Ah, claro, claro. Porque a posteriori es muy fácil. Si está vivito y coleando, a lo mejor te dice algo que rompe un poco con esa construcción.
B
Poner a parir al padre difunto, Eso yo creo que es un punto de partida para la unión familiar.
C
Muy aparte, haría falta una propuesta, el eurocomunismo, estas cosas que hubo en su momento, estos mestizajes ideológicos, una cosa así, una tercera vía, quizá de entrada, con la tolerancia basta. Basta con la tolerancia, con no pretender.
B
Imponer a la otra parte de la familia, posiciones que no tiene. Y luego ya con la convivencia, digamos que se van aclimatando unos a otros.
C
Van a entrar por fin los aires de la transición en esa familia, sin duda. Se van a abrir las ventanas y.
B
El desenlace después de este momento fundacional de poner a parir al padre difunto, el desenlace es que todos son ciudadanos.
C
De centro, todos en el centro de extraño, incluso el carlino con cara de jubilado, que es una imagen que a mí se me ha quedado. Yo tengo mucha sensibilidad hacia los carlinos, sé que esto es irme un poco por la tangente, pero esos perros son callejones sin salida genéticos. Son perros que sufren mucho, que respiran muy mal y que luego además son feos. Bueno, son feos, perdóname, la estética es completamente relativa. A mí me parecen bellísimas.
A
No todos son feos.
C
Bueno, son diferentes. Es una belleza. Es una belleza no normativa, es una belleza que no se rige por el canon excluyente occidental, qué es la cara de jubilado. Entiendo que cara de jubilar con postura de viejete.
A
De viejete.
C
Todos lo vemos, esto que pones las manos en la espalda. En su caso es difícil con esas patas tan cortas, pero yo creo que todos lo hemos visto. Oye, qué bien hemos resuelto este dilema.
A
No habéis resuelto nada.
C
Con concordia, no consenso sobre todo, sino concordia, que es la unión de los corazones, que es muy importante, ¿Verdad? Porque al final hemos ahermanado a estas dos familias que en principio podían acabar de uñas, ¿No? Oye, y sobre todo, qué bien he aguantado yo sin el.
B
Sin mojar de nada.
C
No, no, sobre todo sin acabar en otro paroxismo tuxígeno.
B
Sin toser.
C
Sin toser.
B
Bueno, pues es por la responsabilidad que tienes en esta hora de la mañana.
C
Pero que también es encomiable. Quiero decir, he puesto en orden mi región intratorácica, pero eso deja que lo digamos los demás. Bueno, es verdad, es verdad.
B
Decir de uno mismo que es encomiable, igual, no sé. Este es un dilema moral. Si quieres, para otro día.
C
Mira, Carlos Terency Moix decía la humildad es una horterada. Terence Mois dixit.
B
Que te vaya muy bien, Jorge Freire. Hasta la semana que viene. Mañana te escuchamos en Cantizano y que.
C
Lo pases muy bien. Muchas gracias. Un abrazo.
Podcast: Más de uno
Host: Onda Cero (Carlos Alsina)
Guest: Jorge Freire
Episode Date: January 29, 2026
Episode Focus: Moral Dilemma: ¿Tengo derecho a proteger a mi madre o estoy obligada a cumplir la última voluntad de mi padre de revelar que tenía otra familia?
In this episode, Jorge Freire is confronted with a thorny moral dilemma sent in by a listener, Susana. After her father's death, Susana discovers he had a second, secret family. The dilemma: Should she protect her mother from the painful truth, or honor her late father's supposed last wish to make his double life public? The discussion navigates complex territory—family, morality, loyalty, and even political identities—infused with humor and philosophical reflection.
The conversation ultimately suggests that, in cases where total truth could cause unnecessary pain and upend comforting narratives, a form of compassionate discretion—tolerance and concord rather than rigid honesty—may be the best course. The hosts deliver serious moral insights in an engaging, humorous tone, making the complexity of real-life dilemmas both relatable and thought-provoking.