
Jorge Freire ha vuelto de su baja paternal con el miedo a que el buen desempeño de sus múltiples sustitutos haya hecho peligrar su puesto de trabajo, de hecho, el dilema de esta semana tiene un parecido muy sospechoso con la situación del filósofo ...
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Los vetes que nos escuchan más temprano, a las ocho y poco de la mañana, pues ya saben que hoy se ha reincorporado Jorge Freire de regreso de su baja. El Dr. Freire a esta hora de la mañana, porque a esta hora es cuando resuelve los dilemas morales de nuestros oyentes. Buenos días, doctor Freire, ¿Cómo está?
B
Muy buenos días, señora Alsina. Pues puedo hacer mía la frase de Morante antes de volver a la maestra Vuelvo porque hace falta. Vuelvo porque hace falta, porque se me requiere, simplemente, y yo tengo aquí una
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responsabilidad, Pero Morante vuelvo porque hago falta.
B
Dijo la está mal que yo lo diga, pero vuelvo porque hago falta.
A
Hago falta. Bueno, en realidad usted no es que. Bueno, tú, Jorge, no es que. A ver, no sé cómo decírtelo, tú haces falta, pero cuando faltas también hay quien lo hace en tu ausencia, igual ya lo sabes, pero han cubierto tu presencia y tu tarea personas muy generosas, porque la verdad es que lo han hecho desinteresadísimamente y yo creo que con un alto grado de brillantez, porque ahí estuvo Sergio del Molino, resolvió dilemas morales de nuestros oyentes, el profesor Rodríguez Brown, que también fue animado a hacerlo, Rosa Belmonte, Goyo, Irene. La semana pasada lo hizo Irene francamente bien, la semana anterior a la pasada, o sea que tú me entiendes, que estamos muy contentos de que hayas vuelto y de que retomes tus obligaciones.
B
Pero bueno, sí, pero tampoco. Bueno, vamos a ver, Carlos, yo he escuchado con mucha atención a estas personas que nombras y me duele reconocer.
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Personas de las que usted me habla,
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estas personas de las que usted me hablA, y me duele reconocer que lo han hecho muy bien, de hecho, en ocasiones creo que lo han hecho, y esto de verdad que me duele reconocerlo, bastante mejor de lo que lo hago yo. Ahora bien, yo creo que estabais algo solos, os faltaba algo aquí os faltaba. Estabais algo mustios. Había un clima, es verdad, había un clima. Ya conoces esta frase falsamente atribuida a Churchill, como tantas con las que los británicos satirizan con su flema, su chauvinismo y su egocentrismo, esto de el titular de Niebla en el canal, el continente aislado. Pues esto es igual. Estabais muy solitos sin mí. Estabais muy solitos, os faltaba algo. Las citas, nos faltaban las citas, las referencias a los griegos. Bueno, por cierto, que aquí yo agradezco que os habéis acordado mucho de mí y me habéis arropado y habéis sido muy cariñosos, pero también se me ha vituperado, sobre todo el jefe, se me ha escarnecido, ha cargado las cintas diciendo que yo hago muchas citas antañonas, muchas citas antiguas.
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Yo.
B
Pero Carlos, lo clásico siempre está vivo,
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mi voz es muy común y te confundes con otro.
B
Y luego decías que lleva 14 semanas, 20 semanas, 25 semanas de permiso y en absoluto. Lo que pasa es que el tiempo
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es relativo, eso sí, porque yo he contado ahora a todos los colaboradores que han tenido que cubrir tu ausencia más que tu presencia y me salen muchos más colaboradores en estas tareas de suplencia, muchos más de las semanas a las que se tiene derecho por ley a la baja paternal.
B
Pero bueno. Bueno, pero es que tú metes entre el calendario, es muy plástico el calendario, aquí te meten semanas santas y estas cosas y en fin, que os voy a contar. En cualquier caso, Carlos, tranquilos, ya podéis dejar de fingir que todo iba bien sin mí, ya estoy aquí. Así que, en fin, apaciguad esos espíritus y no pasa nada, ya habéis mantenido el programa sin mí y tiene su mérito.
A
Estupendo. Muchísimas gracias por tu reconocimiento, Jorge. Bueno, vamos a lo nuestro, que es a lo tuyo en concreto, que es resolver el dilema moral de esta semana. Nos ha escrito un oyente, hemos puesto voz a su carta, su carta manuscrita enviada a la redacción de más de uno en Onda Cero y este es el problema que le aqueja. Vamos a escucharlo.
C
Hola, mi nombre es Jor. Digo Nemesio. Nemesio. Les cuento. Las últimas seis semanas he estado de baja por permiso de paternidad. Ha sido un mes y medio de pañales, de siestas y de paseos cortos. Pero bueno, ya toca reincorporarse a la oficina. Y en este tiempo he notado que quienes me han sustituido no se han limitado a custodiar mi silla, sino que me lo han movido aunque sea unos centímetros. Lo más mortificante, lo confieso, es que creo han hecho el trabajo mejor que yo. He recibido algunos comentarios con un poquito de mala baba, cosas. El equipo ha respondido fenomenal o hemos aprovechado para reorganizar. Bueno, no sólo es que la maquinaria no se haya resentido mi ausencia, es que parece haber funcionado con una alegría sospechosa. Uno confía en que el mundo coge cuando se retira, y descubrir que trota con brío es, como mínimo, ofensivo. Así que no me apetece volver, no por pereza, sino porque intuyo que al regresar voy a ocupar una versión rebajada de mi antiguo puesto. Tampoco ayuda que no soporte a mis compañeros. Los trato con amabilidad y simpatía, pero es impostura, no los trago. Y a mi jefe. A mi jefe he llegado a fantasear con atropellarlo a la salida del parque. Y mi mujer, que al principio celebraba mi presencia, ahora empieza a mirarme con cierta fatiga, pero vuelve ya me estás un poco pesadito, pues ha empezado a tratarme como un niño que necesita un parque. El problema es que si regreso a la oficina será para estar con gente a la que no soporto. Y encima ahora la empresa funciona mejor sin mí. Pero si alargo mi baja, siento que ya molesto en casa. Así que. Bueno, pues este es mi ¿Estorbo en el trabajo o estorbo en casa? Venga, un saludo de Nemesio.
A
Agradezco de todo corazón a nuestro oyente Nemesio que haya compartido con nosotros esta situación y este dilema al que él se enfrenta, el dilema moral que no sabe cómo resolver. Y ahora el Dr. Freire, por alusiones.
B
¿Por qué alusiones? No veo las alusiones. Este señor está muy atribulado. Bueno, pues él se parecía a la tuya, quiero decir. En absoluto. Nada que ver. Nada que ver. Yo llego aquí, me encuentro con gente a la que aprecio, a la que me encanta ver, y además yo no siento que mi puesto se tambalee en absoluto. Hay un concepto, como me decís que hablo de cosas tan antañonas, hay un concepto que se ha puesto de moda en la economía ahora, que es shirking, que es la práctica de escaquearse. Pero eso es algo tan viejo como el mundo. Adam Smith, ya en el siglo XVIII, nada menos que el padre de la economía moderna, habló de un concepto muy interesante precisamente para personas como Nemesio, que tienen que luchar por recuperar su puesto en un momento en el que notan que les mueven la silla. Y es una teoría que explica que, bueno, por así decirlo, hay zonas de penumbra, de penumbra moral y de penumbra práctica, en que es muy fácil escurrir el bulto y al mismo tiempo parecer diligente y parecer productivo, entre otras cosas porque el jefe suele querer algo, suele querer un rendimiento, etc. Y el empleado en cambio quiere otras cosas, quiere conservar su puesto y que no le toque mucho las narices. Y entonces, precisamente en esa zona de penumbra, esta teoría de Adam Smith lo que explicaba es que puedes simular, por así decirlo, por una serie de apariencias, de indicios, de huellas, como queramos llamarlo, que tú eres un trabajador más productivo de lo que eres, que engaña a la empresa, vamos, engañar a la empresa, pero al final de lo que te está hablando es de la opacidad del trabajo, que la opacidad, la esencia del trabajo es la opacidad, y eso termina favoreciendo una moral del escaqueo, o sea que al final es inevitable. Con lo cual muchas veces, ¿Cuáles son aquellos trabajadores que reciben más reconocimiento? ¿Aquellos que hacen mejor los resultados o aquellos que simulan mejor su productividad? Yo por ejemplo, cuando estudiaba, no es que fuera vago, pero me gustaba mucho hablar en clase, entonces lo que hacía era que yo era el primero en sacar el estuche, yo sacaba los bolis, yo ponía mirada como de estar muy atento, incluso así, mirada como de estar muy concentrado, pero era mentira, pero a mí los profesores nunca me dijeron nada, yo siempre tuve carta blanca. Entonces yo creo que eso es muy importante, el escaqueo y el disimulo.
A
Esto es lo que estamos aconsejando a nuestro oyente. La solución a un dilema moral es recomendar el escaqueo y engañar a la empresa. En serio.
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Bueno Carlos, pues entonces yo ahora mismo me voy, que vuelva el profesor Rodríguez Brown, Rosa Belmonte, que lo hace mucho
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mejor, y yo me voy Smith, o sea que.
B
Bueno, es verdad, él tradujo Adam Smith, además, La riqueza de las naciones allá por 1776, el profesor no, fue la edición de los años 90 en Alianza, si no recuerdo mal. Es verdad, es verdad. Bueno, por cierto, que Adam Smith, si me permitís la anécdota, es uno de mis santos patrones, me cae muy bien. Sabéis que fue una persona que como no tuvo ningún tipo de anécdota a lo largo de su vida, porque solo se dedicó a estudiar, a estudiar, a postular esto de la mano invisible y tal, cuando se murió, las necrológicas solo pudieron hablar de una anécdota que le sucedió cuando era un niño muy pequeño, y es que hubo unos salteadores de caminos que en el río Leven, en las tierras altas de Escocia, lo intentaron raptar, estuvieron a punto de secuestrarlo y en todas las necrológicas de la prensa británica sólo hablaban de eso. Porque de qué vamos a hablar si este tío vivió 80 años y no hizo más que estudiarse. Pero fíjate, entró a la universidad con 12 años. Su madre además, que esto es muy curioso, la madre había quedado viuda cuando el niño tenía meses y por la legislación de entonces sólo podía acceder a una pequeñísima parte de la herencia de su marido, de tal forma que pasó a depender económicamente de un bebé. Bueno, pues luego, andando el tiempo, él postuló esta teoría de que no es la benevolencia del carnicero, del cervecero, del panadero, por lo que tenemos el alimento en nuestra mesa, sino que se preocupan por su propio interés. Bueno, pues habría que preguntarle a este hombre con esa visión tan economicista, si acaso su madre cuando le cambiaba los pañales, lo alimentaba, lo acompañaba a la universidad cuando se matriculó con 12 años, si también lo hacía por su interés. Yo creo que eso es un flanco de su teoría, pues en realidad hay cosas que se hacen por mero altruista, mercantilista, no todo se hace por el propio interés.
A
Padres de bebés que hacen todo eso que tú has dicho de cambiar los pañales y darle de comer y atender, pero por interés, claro, por el interés de justificar una baja paternal y no acudir a su puesto de trabajo. Los dilemas de los oyentes.
B
Yo no te respondo con las palabras de un célebre presentador, cuyo nombre lógicamente omitiré, que hubo una polémica hace tres o cuatro años, la recordaréis, cuando dijo yo no cambio pañales porque eso no tiene valor añadido. ¿A mí me hizo mucha gracia, precisamente como decía Jorge, el mercantilismo este oiga, es que yo no cambio pañales porque no escala, porque no monetiza, porque los medidores de rendimiento y los KPI me dicen que me está usted contando? La vida no es una diapositiva de rendimiento. Yo es que no pongo la lavadora, yo no despierto a los niños por la mañana porque no me renta, como dirían los chavales. Hay una frase, si me permitís, no es de un filósofo, pero es una frase que a mí me entusiasma de Ana Mato, ex ministra de Sanidad, con Rajoy. Es una frase lapidaria que dice el mejor momento del día es cuando veo cómo visten a mis hijos. Eso me encanta. ¿Dice tanto? Sí, sí, cuando veo cómo los visten. Poderío. En cualquier caso, lo que te decía, Carlos, los medidores de rendimiento son muy importantes, pero hay cosas que tienen valor por sí mismas, que tienen valor y no es un valor pecuniario. Y esta es una de ellas. He dicho.
A
Bienvenido de regreso Jorge Freire a este programa y hasta la semana que viene, que seguirá el doctor resolviendo dilemas morales de nuestros oyentes que pueden dirigirse por escrito siempre a él, por escrito y en una carta convencional tradicional a la dirección que ya conocen. ¿Y si no, pues que se le va a hacer? De la redacción de Onda Cero y de más de uno.
B
Aquí estaré, Carlos, salvo que me pille otro permiso.
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¿Pero qué me estás contando?
B
Hombre, Pues alguien tendrá que subir un poco la natalidad de este país. Que periclita. Que la pirámide poblacional es una pirámide
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invertida, pero ahí habrá como un periodo de cadercia.
B
Es verdad. La cuarentena.
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¿Claro, cómo se dice? La pesca.
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Siempre que sea la misma madre. Siempre que sea la misma madre, Sí, por supuesto. Ah, bueno.
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Adiós, Jorge.
B
Aquí estaré.
A
La madre. Igual se acaba de enterar por la radio de los planes del padre.
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Más de uno.
Host: Carlos Alsina (A)
Guest: Dr. Jorge Freire (B)
Date: April 9, 2026
Podcast: OndaCero
This episode centers around the challenges that can arise when returning to work after an extended absence, particularly a parental leave. Moral philosopher Jorge Freire returns from his own break to help a listener—Nemesio—navigate the unsettling feeling of being potentially expendable at work and the discomforts of returning both to an office that seemingly thrived without him and to a home where his presence has begun to outstay its welcome. The discussion is both insightful and laced with the characteristic humor and references that define the show.
The episode blends erudition with light-hearted banter, mixing classical references and practical philosophy with relatable workplace humor. Freire’s conversational, slightly self-deprecating tone, and Alsina’s warm but incisive hosting make the discussion accessible, thoughtful, and funny.
For listeners wondering whether their value at work is less apparent after an absence—or if their home has outgrown their constant presence—this episode offers comfort, wry wisdom, and a reminder that not all value is measurable or visible.