
La sección gastronómica de Más de uno ha puesto el foco en 'La hija del carnicero', el libro de la periodista María José Fuenteálamo que mezcla memoria familiar y ensayo para retratar la vida en una carnicería tradicional. A través de su histor...
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A
Vamos a la quinta hora de Más E aquí en Onda Cero con Begoña Gómez de la Fuente que ya nos acompaña. Buenos días, Begoña, ¿Cómo estás?
B
Muy buenos días.
A
Con David Jorge. Buenos días, David Jorge.
B
Buenos días.
C
Buenos días. Buenos días. Bien, estupendamente. Oye, ¿Qué es ese ritmo qué está pasando aquí? ¿Este ritmo?
A
Que tenemos prisa. Que tenemos prisa.
C
Ah, vale, vale, vale.
A
¿Por qué? Pues porque hay un asunto que a mí me urge esta semana hay que resolverlo cuanto antes porque el jueves, hoy es día 17, por tanto mañana es 18, el jueves es 19. Hasta ahí vamos bien. El 19 de marzo es el día de San José, es el día de la crema.
C
Yo soy David José, no os olvidéis.
A
Eso da igual, eso no afecta en este momento.
C
Joder, para que me
A
La noche del jueves es la crema de las fallas en Valencia, por tanto ahí se queman todos los monumentos. Estamos en la mañana del martes, por tanto tenemos muy poco tiempo, muy poco tiempo para conseguir la misión. Que es imposible, No, es que ayer os escuché y resulta que No es imposible. ¿Cuál es el?
C
Que no te quemen.
A
Exactamente. Que no me quemen.
C
Si es mejor que te quemen. A mí me han quemado mogollón de
B
agobio que tiene ahora mismo porque vas
C
a la cama y sabes que te han quemado.
A
Y ayer a mí se me ha ocultado una información y ayer la escuché yo como oyente en este mismo programa cuando iba para mi casa, Claro, me habían dicho es que solo se indulta un ninot cada año y es el que tiene más votos de las personas que van a visitar en el museo los ninot por votación popular y es el único que se salva de las llamas y ya se queda allí en el museo para siempre. Ayer yo en este programa escuché que la fallera mayor de cada comisión fallera. Fui testigo, la fallera mayor de cada comisión fallera tiene la potestad de indultar ella a uno de los ninots de su monumento Y esto se ocultó.
C
Tenemos el teléfono Y tenemos el teléfono.
B
No solamente tenemos el teléfono, sino que
A
ayer alsina con ella y no me
B
lo dijo, dijo nada de verdad.
C
Que falsa, que falsa de verdad, tío, es que no me lo puedo creer así de ti.
A
Entonces Cristina Montesinos, fallera mayor, alcalde gurrea que es donde está Mininot ya ahí plantao.
B
Que digo que acos y derribo, ¿No?
D
¿Cómo es esto?
A
Cristina Montesinos Cristina. Yo sospecho que tú no quieres que yo me libre del fuego el jueves. Lo sospecho. Pero hay oyentes que están decididos a hacer presión así de verdad, cómo Enviando notas de voz a este programa al 609-831-034.
B
Dilo bien clarito el teléfono hoy, por favor, porque te conviene.
A
609-831-034. Para pedirle formalmente tiene que haber un clamor popular que le pida que no te flageles públicamente. A la fallera mayor. A la fallera mayor de la falla. Avenida Ecuador. Alcalde Gurrea de Valencia. Que me indulte ella.
C
Sabemos dónde vives, Cristina. Sabemos dónde vives.
A
Ya está. Esto es lo más importante que tenemos que hacer esta semana. Queda muy poco tiempo. 83. 10 34.
B
A todas horas.
A
Y agradezco de nuevo a Manolo Blanco, que es el artista fallero que haya hecho Mini Not y que además me va a enviar una versión mini de 30 cm. ¿En serio?
C
Pero para poner el jardín o para poner el garaje o. ¿Dónde vas a poner?
B
No, para el jardín, como si fuera un gnomo. Así la pone tipo gnomo en la piscina.
A
La vamos a poner aquí en la mesa del estudio para que recordéis todo el tiempo quién dirige este programa y quién manda.
C
Qué buena.
B
Jo.
A
Hasta aquí lo que yo tenía que contar esta mañana.
C
Ya no me estás.
A
Ahora ya vamos a hablar de carnicerías.
C
Sí. Oye, por cierto. Oye, por cierto, me ha encantado el libro de esta muchacha, que lo he leído.
A
Esta muchacha se llamaba María José Fuentáramo y estaba a mi lado. Buenos días, María José.
D
Buenos días. Un placer estar aquí.
A
Bienvenida.
C
José. María José. ¿Qué pasa, tronca?
D
A ver si me libro yo también de la quema esa.
A
Es periodista. Es escritora. Tiene una columna en el diario BC.
B
Madre de una hija. Oyente, por cierto.
A
Es que ella también es oyente.
C
Ha escrito un libro precioso. Ha escrito un libro precioso.
A
¿Puedo leer un trozo?
C
Yo también quiero leer. Yo también quiero leer.
B
Luego, primero el jefe.
C
A ver si vamos a coincidir en el mismo texto. Así te imaginas que leías lo mismo que quería leer.
E
Ya.
C
Venga.
A
Capítulo 5. Comienzo del capítulo 5. Título Las mejores inyecciones son chorizos y jamones.
C
Así es buena. Vaya eslogan.
A
En casa había una sartén pequeña, mínima, de las que se venden para freír un solo huevo. Solo se usaba los jueves. Jamás. Otro día a media tarde. Mi madre entraba a la cocina por la puerta de atrás de la casa. Venía de la de enfrente, donde se había pasado horas y horas con las máquinas amasadoras y embuchadoras. No teníamos una fábrica de embutido como tal, o sí, solo que no la llamábamos fábrica, Nos referíamos a ella como donde el embutido. Era un obrador con media docena de máquinas que estaba en la casa de enfrente, un edificio de nueva construcción que mi padre había ido adquiriendo por partes. A finales de los 80, mi padre encargó construir allí una sala para hacer el embutido, un saladero de jamones, una cámara frigorífica y un garaje. Todo sigue igual. Cada jueves de mi infancia, mi madre traía a la cocina familiar un pequeño bol con varias mezclas. Lo depositaba en la encimera de la cocina, encendía el gas y cuando la sartén estaba caliente, echaba aquella masa que conforme se dejaba mimar por el calor, se iba separando en grumitos. Podían estar combinados con sangre, con piñones, con cebolla, con unas u otras especias, llevar más o menos tocino, pero siempre, en un determinado momento, empezaban a oler bien, muy bien. Y con muy bien me refiero a apetitoso, agradable. Era un olor con voz, te llamaba de forma instintiva, decía cómeme, cómeme, cómeme. Es algo que sobre todo grita muy fuerte el chorizo. No me mata comerlo, pero su aroma resulta mágico más que atrayente y tiene una explicación científica, química y neurológica. Es una mezcla de reacciones y de sabores contra los que es tan difícil luchar como fácil dejarse tentar. No comer determinados bocados de carne requiere de un verdadero ejercicio de fortaleza. Supone una lucha interna del ser humano con lo que llevamos dentro. Por eso, imagino, dice María José, tanta gente todavía me ve y se acuerda de mis padres, de sus chorizos y de sus morcillas, como si yo llevara puesto siempre un perfume que los transportara a aquellos embutidos. Me ven y me relacionan con sus recuerdos olfativos y gustativos. Qué bendición.
C
Muy chulo, oye, muy chulo.
B
Es que ya me huele esa chorizo.
C
Es que de verdad, qué olor más rico el chorizo. Qué olor más rico el chorizo.
A
Y poder decir vamos donde el embutido, vamos donde el embutido. Eso es una maravilla Bueno, esta es la historia de tu vida, María José Fuente Gala.
D
Esta es la historia de mi vida, así es. Porque además yo intentaba no ser la hija del carnicero, pero a mí mis profesores, para no ser la hija del carnicero, quería estudiar y sacar buenas notas. Pero a mí mis profesores a día de hoy me siguen recordando también por las morcillas de mi madre.
A
¿Lo llevarás a gala ahora?
D
No. He escrito un libro. Lo lleva mucha gala.
B
¿Pero hasta cuándo no lo has llevado a gala?
D
Bueno, bueno, claro, he tenido mis épocas, pero ahora. Orgullo carnicero total.
A
Pero en casa te decían eso de estudia, estudia, estudia, estudia, estudia, porque si no estudias vas a tener que acabar aquí, en la carnicero.
D
Absolutamente.
A
¿Y a ti no te apetecía acabar en la carnicero? No, no, no.
D
¿A los niños se les pregunta qué quieres ser de mayor? Y los niños te contestan. Pero yo lo que contestaba era lo que no quería ser. Yo no quiero ser carnicera. Y entonces me decí bueno, pues estudia. Y yo sentía la losa de los exámenes encima, porque si no, claro, tendría que dedicarme a la carnicería, porque era una carnicería familiar. El bisabuelo, el abuelo, mi padre, me correspondía.
B
Porque tú eres hija única.
D
Porque yo soy hija única. Claro. Si hubiese habido un hermano, quizá le hubiera tocado a él, pero yo sentía ese peso porque yo era la hija única del carnicero. Y uno tiene esa sensación de que tiene que heredar la empresa.
C
Claro.
B
¿Y no tienes de mala conciencia de haber acabado con la tradición familiar?
D
Me la he quitado un poco con el libro, porque de algún modo sigo en el negocio. Decía Ruano que escribir columnas es como hacer morcillas, porque tienes que cerrar bien por dentro, luego ya lo que metas y cerrar después. Entonces, de alguna manera, yo me sigo considerando carnicera.
A
Oye, ¿Y tú qué pasaje ibas a leer, David, de Jorge?
C
Pues iba a leer una cosa que ha escrito de su padre, preciosa, que no está ambientada como lo tuyo, que ha quedado ideal.
B
Pero te podemos poner música bonita si quieres.
C
No, no hace falta. Mira, hay un pasaje que me encanta, que es un homenaje a su padre, Antón, que es maravilloso, que el 24 de diciembre de 1942, a medianoche, en un pequeño pueblo de la España rural, llegó al mundo un bebé cualquiera. Yo es que no sé leer como Sinete Robinfoot, ni demasiado fuerte, ni demasiado débil, ni demasiado sonrosado, ni demasiado llorón. Un liezo en blanco ante la vida. En absoluto. Su destino venía determinado por la ley sálica. No había opciones de cambiarlo, como ya le había sucedido a Jesucristo casi dos mil años antes. Me encanta esto. Pero a diferencia del Mesías, el sino del pequeño Antón, o sea, del padre de María José, no era morir por los demás, sino lo contrario, matar por ellos, que me parece una cosa maravillosa. Y la verdad que has escrito un libro que me siento totalmente identificado contigo.
A
Yo estoy seguro de que cuando María José estaba escribiendo, escribiendo esto en su cabeza no sonaba tan vehemente.
C
Bueno, espera. Y luego hay un pasaje precioso que nunca he conocido a nadie que quiera y cuide con tanto cariño a los animales. Aunque claro, me dirá no eres objetiva. Sí, créanme, lo soy. Puedo serlo porque lo he visto. Los adora, los venera, los respeta a todas horas. Su padre, qué fenómeno, también a la hora de la muerte, aunque haya sacrificado a saber cuántos durante toda su vida, lo ha hecho siempre con profesionalidad, con responsabilidad y con amor, que es lo que son los carniceros. Son gente que nos quiere. ¿A través de qué? Pues de las morcillas, de los chorizos, de los filetes de cadera, de la espaldilla, de las cosas que llevamos a casa para cocinar y para guisar. Y estoy totalmente en línea con esta mujer porque estoy totalmente en la liga de la carne y de los carniceros.
A
Habrá personas que ahora van a comprar carne, no sé si al supermercado, donde sea, y que ni siquiera se plantean de dónde viene eso.
C
Ya.
A
Ya les cueste hacerse la idea de que había un animal completo antes y que se fue troceando y de ahí salió, por ejemplo, el filete, o salió el chorizo, la morcilla o lo que sea. Que cuesta establecer ese vínculo. Piensan que ha llegado así al supermercado, pues ya envasado, con su plástico y tal, y ya está.
D
Y que el filete es un ente en sí mismo que no procede de un animal. Efectivamente. Ahora habréis visto, me hace mucha gracia, en los blisters de jamón York te pone el porcentaje de carne también. Ya no estamos hablando ni, o sea, la relación se ha cortado con el animal. Ya no les contamos a los niños de dónde viene la carne de ese animal que había sido de niños en el pueblo nos hacía como mucha gracia los niños, los forasteros que venían, que los niños de ciudad iban a las granjas escuelas porque igual nunca habían visto un pollo vivo. Es que ahora creo que comen pollo sin saber que viene de. Se come la pechuga sin saber que viene del pollo. Los niños comen hamburguesa y no les hemos explicado de dónde viene esa carne y que ha habido un carnicero que ha sacrificado ese animal y ahí que parece que nos lo quieren vender como más bonito. Lo que se pierde es el respeto, que era lo que yo he visto en mi casa, ese gran respeto por los animales que tienen los carniceros. A nadie. Lo decías, David, muy bien, pero es verdad, yo no miento. Yo no he visto a nadie querer más a los animales que a mi padre y a todos sus colegas carniceros y a los ganaderos que criaban animales para luego ser sacrificados. De hecho, yo de pequeña estaba convencida de que si no querías a los animales no podías ser carnicero.
C
Hay un pasaje precioso en el que cuentas que cuando sacrificaron una ternera en un pabellón, que se dieron cuenta que estaba preñada la ternera. Y un pasaje muy bonito en el que cuentas las caras de desolación de los compañeros de tu padre al ver que el animal estaba preñado y todas estas cosas. Y bueno, es cierto, es cierto que. Yo que sé, lo que tú contabas también, que en tu carnicería, cuando tú eras niña, cuentas que lo único procesado que había en la vitrina era jamón de Yor. Y fíjate ahora qué panorama. Hay muchas carnicerías en las que quizás lo raro es encontrar la carne en bruto y las vitrinas se han convertido en un escaparate de. De alimentos que no sabéis cuál es su procedencia. En fin, un desastre. Esto es un desastre. Antes había en nuestras localidades carnicerías y a cascoporro cada una tenía sus manías y sus peculiaridades. ¿Y qué pasa? Pues que nuestra forma de vida y que la cosa anda tiesa, pues las está condenando a la desaparición. Así que, ¿Qué te voy a contar? Pues que vivan los Antones y las Águedas que han atendido y que siguen atendiendo todavía a la venta al detalle, que es una palabra que me encanta, María.
B
Y además te enseñaban a saber elegir la carne según la comida que quisieras hacer, que es algo que ya no se hace.
D
Y además se enfadaban si el cliente no sabía comprar. Yo cuando venía la clienta quisquillosa así, yo pensaba, ay, mi pobre madre tiene que estar aquí como aguantando esta señora. No, que quiero el corte de ahí. No, que no, no, eso no me lo pongas. ¿Que tal? Y yo luego le preguntaba a mi madre y me decía, no, no, no, yo quiero esto. Yo agradezco que al otro lado haya alguien que sabe comprar, porque la comunicación es más fluida. Lo he pensado después, que es como las peluquerías. Cuando vas a la peluquería y no sabes qué quieres.
A
Eso es.
D
El peluquero prefiere a alguien que diga,
A
nunca le digas al peluquero o a la peluquera lo que tú veas.
B
No, no, porque va a haber siempre un corte de peluca.
A
Entonces estás perdido ya, ¿No? Has perdido el control completamente. Peluqueros y jardineros nunca les que tú veas.
B
No, no, lo que tú veas, no.
A
Saludo a todos los peluqueros y peluqueras
B
y jardineros y jardineras.
A
Jardines y jardineras también. Voy a hacer una pausa ahora muy cortita, ya veréis. Y a la vuelta seguimos hablando con María José Fuenteálamo de este libro que ha escrito, que es bien bonito, que se llama La hija del carn, en el que cuenta lo que ella nos está relatando ahora, su vida como hija. Y es una reivindicación de tu familia. Y está muy bien.
B
¿Que hace el círculo de tiza? Está
C
muy feliz, muy luminoso. Me encanta.
A
Y hay sabores que te transportan.
E
Hola, buenos días, Alsina. Yo no estoy de acuerdo. El mayor honor que tiene un inot
B
es que esa noche, la gran noche
E
de las fallas, la noche de la crema, se queme. Así que debes.
B
Lo que tienes que hacer es que
D
te quemen, porque en la gloria mayor de un nino.
C
Hola, me llamo César, este es un mensaje.
A
Mayday, mayday.
C
Salva el nino de la sin, que luego le tenemos ahí con el rete. Quien come toda la dormir, todo nervioso, para arriba, para abajo, se ha puesto la camiseta, el pijama al revés. Sálvalo. Si es por no escucharlo. Luego es un pesado, Luego está todo el día. ¿Están calados así, Netti? ¿Están calados? Un poquito, por favor.
F
Buenos días. Tengo que decirte que en el museo eras la estrella, todo el mundo buscaba tu figura. Lo que pasa es que no sé si no la has visto y es un poquito demasiado grande para que esa pobre fallera mayor se lo lleve a su casa. Si fuera la réplica esa que estás diciendo que te van a hacer en pequeñito aún no entiendo, Pero la fallera mayor que puede indultar a un ninot ese tuyo será maravilloso, pero es que muy grande para meterse en su casa, pobre. Cristina, por favor, haz algo para que no quemen a Sina, que está precioso el ninot es súper bonito y además le han clavado hasta las gafas y si no, Mari Carmen de Málaga ha amenazado con ir ahí con extintores, o sea que esta sale en el telediario de Antena 3.
E
Besitos.
A
El problema es la casa de Cristina, porque es verdad que la norma tiene que la fallera mayor puede indultar un ninot pero se lo tiene que llevar ella a su casa y conservarlo en su casa ya para siempre. No pasa nada. Los oyentes de Onda Cero en Valencia sufragan una vivienda más grande para la zona.
C
Un pabellón, un pabellón
A
se ocupa la emisora de local. Cristina, ese no es el problema, el problema es tu voluntad, ese sí es el problema.
C
Cristina, qué asco nos das, de verdad. No sé si estará escuchando Cristina Montesinos,
B
pero está en un acto
C
también te digo una cosa, es un poco también responsabilidad del que ha hecho el ninot porque podía haber hecho más pequeño, ¿Me entiendes, Begoña? Con lo que ha dicho más pequeño,
A
si lo haces pequeño no se aprecia casi. Luego pon otro mensaje, pon otro mensaje.
G
Como mi carnicero Ray de la carnicería Andalucía en el mercado de Welling de Málaga, con la facilidad, con la destreza que te trocea las piezas, él te aliña los pinchitos delante tuya, la hamburguesa, la pica, la carne la hace delante tuya, hace unos flamenquines que delante tuya los reboza en huevo y le echas el pan rallado y ves tú que están haciéndolo en el momento. Un saludo grande para los carniceros grandes, tíos.
A
Este no era en defensa de Mininot, pero también se acepta, ¿Vale?
C
¿Qué te pasa? Joder, de verdad, estás desconocido, ¿Qué te pasa?
A
Es una batalla que hay que librar cuanto antes.
B
Le provoca ansiedad a la quema.
A
Van pasando los minutos y se va acercando la crema y no hemos conseguido resolver esto.
B
Es que tiene pesadillas por la noche.
E
Ya.
C
Pobrecito.
A
Bueno, voy a saludar a una carnicera. Pero carnicera, carnicera, no a una escritora, periodista que ha escrito un libro como Hija de carnicero y carnicera, sino a una carnicera de verdad, que se llama Águeda. Se llama como tu madre.
C
Qué bueno. A ver si va a ser ella.
A
Habrá muchas carniceras que se llamen Águeda.
D
No sé yo si va a haber tantas. No es un nombre que.
A
A ver. Águeda. Buenos días.
E
Buenos días.
A
¿Qué tal? ¿Cómo está?
E
Estoy muy bien.
A
¿Tiene usted una hija? ¿Tiene usted unA hija?
E
Sí.
A
Se llama María José.
E
Sí.
C
Ahí va la monda.
A
Prefirió ser periodista antes que carnicera.
B
Y todavía se lo echan en cara.
E
Todavía no podía ir a llamarla por las mañanas porque muchos días no me dejaba. Olía carnicería.
A
Bueno. ¿Ha leído usted el libro de María José?
E
Sí, claro. Pues me gusta mucho.
A
¿Qué le ha parecido? ¿Qué parte le gusta más?
E
Es que no puedo elegir porque me gustan todas.
B
Está muy bien el libro.
A
¿Qué parte le gusta menos entonces?
E
No, no, es que me gusta todo. Me parece brillante.
A
Antes nos estaba contando, María José, que esta idea que tenemos algunos clientes de que al carnicero o la carnicera le puede molestar que el cliente sepa demasiado de la carne, del corte de las piezas, que vaya ahí como tiquismiquis a pedir cosas muy concretas, que al revés, que al carnicero o a la carnicera le parece muy bien, gusta que el cliente sepa, que entienda.
E
Es como mejor se despacha de decirte dónde quiere, como quiere y lo que quiere.
A
Y entonces el cliente que no sabe una palabra es molesto.
E
Pues no es lo mismo, porque, no sé, te gusta más despachar a alguien que entiende, sabe un poquito.
B
Pero hombre, antes entendía mucho Águeda, pero ahora no se entiende nada de carnes.
E
No, claro. Ahora ya. Vamos, coge lo que tú quieres.
A
Claro, María José. Sí.
B
Bueno, ¿Tú sabes de qué Rusia a lo mejor no sabe?
D
Fijaos. Claro. Yo tengo un hándicap. Es que hasta cuándo cerramos la carnicería madre en 2016, pues hasta entonces yo no tuve que verme comprando fuera. Entonces me lo daban hecho. Yo tengo un pequeño complejo cuando estoy en una carnicería. Mi madre me ha intentado enseñar esto lo tienes que pedir así o no. Pero claro, yo llevaba un desentreno increíble, porque a mí ya me lo traían, me lo servían directamente.
B
Claro. Qué faena.
D
Pues es una faena.
B
Decía, acostumbrada a lo bueno, perdona que
D
te diga, estoy acostumbrada a lo bueno, pero no me he tenido que enfrentar a ir a comprar porque ya me lo daban hecho.
A
Esto es lo de en casa de
B
Herrera, cuchillo de palo.
A
¿Cuántos cuchillos teníais? De eso sí sabrás.
E
Pues teníamos lo menos.
D
¿Cuántos hay, madre?
E
Doce.
D
¿Pero qué dices?
A
Pocos me parecen a mí.
D
Doce en algún cajón.
C
Y estarán guardados, no, a gueda, estarán guardados a buen recaudo los cuchillos.
E
Luego, finalmente ya teníamos una máquina de partir, que había quien no la quería. La carne de chuleta en la máquina de cortar la teníamos que hacer a mano, que a mí siempre me ha
A
gustado lo que más cortar a mano. Le ha gustado más cortar a mano.
E
Chuleta gordita y a mano.
C
La máquina quema la carne. Quema la carne. Una especie como de barrillo raro, así como chungo.
D
Eso se ve luego además, al abrir la máquina para limpiarla, otro de esos olores que recuerdo, se quedaba ahí como el serrín de la madera. Pues el serrín de la carne, ahí rosita.
A
¿Cada cuánto tiempo se afilan los cuchillos? ¿Cada cuándo tiempo hay que afilar los cuchillos en una carnicería?
E
Sí, muy a menudo. Para eso también era el carnicero muy mañoso, Antonio.
A
Ah, sí.
B
Que todos los días y varias veces al día, me imagino. Depende, claro, de lo de la solicitud, que se afilarían todos los días, incluso varias veces al día, dependiendo del cuchillo.
D
Mira, afilar sí que le pedí yo a mi padre que me enseñara. No sé qué recuerdo, o sea, no sabría si lo sé hacer bien ahora. Pero sí me gustaba porque afilaba con la piedra, no teníamos un acero grande, que lo seguimos teniendo, ¿A que sí, madre? Como una espada.
E
Pero aparte teníamos una afiladora de esas de agua antigua, que aquello era muy bueno y cada semana o cada 15 días le daba un poquito de brillo
D
con aquello, como una piedra, como una rueca, una rueda.
E
Y le van dando, con una manivela le iban dando y el agua iba enfriando. El agua lo dejaba como pulido Muy bien.
A
¿Cuántas veces de media se corta un carnicero o una carnicera por equivocación, por despiste?
E
Pues normalmente yo así despiste, no he tenido. Una vez con la máquina de cortar sí que me corté la yema del
D
dedo esa vez, que yo la recuerdo
A
con la máquina, pero con el cuchillo.
E
No, con la máquina, pero con los cuchillos.
D
Pues sí, alguna vez que otra, pero muy pocas.
E
Cuando estaba muy bien afilado, pues tenías que tener mucho cuidado si hacías filetes, porque a veces te haces un corte.
D
Yo he visto muy pocos cortes. Recuerdo ese que dice cuando mi madre se cortó una yema, porque claro, esa sangre es muy escandalosa y es muy poquito, pero hay mucha sangre. Pero es verdad que se cortaba muy
B
poco, o sea que tienes un dedo más plano que los demás.
D
¿No? Se arregló, Se arregló, se arregló.
C
Luego crece, me cortó la yema alguna vez.
D
¿Ah, sí?
B
Crece ahora sabía.
A
Oye, y el cocinero, el carnicero o carnicera, ¿Se lleva lo mejor para casa para comérselo él en su familia o al revés?
E
A veces sí. A veces lo tienes que despachar.
B
A veces lo están quitando de las manos y tú diciendo no, por Dios, no, que no se lo lleve, que no se lo lleve.
A
Y te llevas para casa.
E
Siempre guardaba las chuletitas de cabrito, que eso era su especialidad. Eso no sé si lo cuenta
D
mi madre. Me guardaba lo. Bueno, me lo guardaban. Pero es verdad que claro, fijaos que ahí donde en las casas tenéis una nevera normal, un frigorífico, que puede ser muy grande, pero nunca va a ser más grande que nuestras cámaras frigoríficas. Entonces sí que teníamos el bocado exquisito que habían seleccionado mis padres. Pero bueno, pues luego también tenía lo que no se había vendido, que también había que darle salida.
A
Oye, que tengo que dar salida a la publicidad. Ya hemos acabado. Muchas gracias, María.
B
Hay que lees el libro y ya está.
A
Águeda, muchas gracias por hablar con nosotros.
C
Águeda, un beso fuerte.
B
Gracias a vosotros.
C
Vivan los carniceros. Viva la carne.
A
Cinco minutos llegan las noticias. Tú que eres periodista, pues lo tienes que muchas gracias.
D
Respeto total.
Date: 17 de marzo de 2026
Host: Carlos Alsina (Onda Cero)
Guest: María José Fuenteálamo (periodista, escritora)
Episode Theme: Conversación en tono ameno y costumbrista sobre el nuevo libro de María José Fuenteálamo, La hija del carnicero, la tradición familiar de las carnicerías y la transformación del mundo de la carne y los oficios tradicionales.
El episodio gira en torno a la presentación y análisis de La hija del carnicero, libro testimonial de María José Fuenteálamo, que recorre su experiencia como hija única de una familia de carniceros. El tono es humorístico, entrañable y a la vez nostálgico, reivindicando la figura y valores del carnicero/a tradicional frente a la transformación alimentaria y social de las últimas décadas. La charla incluye anécdotas, lecturas de fragmentos del libro, reflexiones sobre la cultura de la carne y la intervención telefónica de la madre de la autora.
Sobre la identidad y orgullo:
"He tenido mis épocas, pero ahora. Orgullo carnicero total." (Fuenteálamo, 07:40)
Sobre la relación con la carne:
"A nadie. Lo decías, David, muy bien, pero es verdad, yo no miento. Yo no he visto a nadie querer más a los animales que a mi padre y a todos sus colegas carniceros y a los ganaderos..." (Fuenteálamo, 12:02)
Sobre el saber tradicional:
"Te enseñaban a saber elegir la carne según la comida que quisieras hacer, que es algo que ya no se hace." (Begoña, 13:47)
Sobre la experiencia cliente-carnicero:
"Te gusta más despachar a alguien que entiende, sabe un poquito." (Águeda, 20:48)
Sobre el legado y el oficio:
"Decía Ruano que escribir columnas es como hacer morcillas, porque tienes que cerrar bien por dentro, luego ya lo que metas y cerrar después. Entonces, de alguna manera, yo me sigo considerando carnicera." (Fuenteálamo, 08:42)
El episodio destaca por su tono familiar, desenfadado y, al mismo tiempo, reivindicativo sobre la importancia del conocimiento y respeto asociados a los oficios tradicionales como la carnicería. Se entrelazan memorias sensoriales, valores de esfuerzo y comunidad, y el impacto de las transformaciones sociales. El libro de María José Fuenteálamo sirve como un homenaje a su familia y a los hombres y mujeres del oficio, promoviendo el orgullo y la conciencia del origen de lo que consumimos.
Recomendado para:
Quienes disfruten de los relatos costumbristas, la exploración de oficios tradicionales, la literatura gastronómica y la reflexión sobre la memoria social de los alimentos.