
La periodista de Más de uno ha afirmado que los húngaros han votado "el final de una era" en los comicios en los que se ha impuesto el candidato de derecha Peter Magyar, un antiguo miembro del partido de Orbán distanciado de él.
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El primer comentario de la mañana lleva la firma de Marta García ayer. Marta, buenos días.
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Buenos días, Alsina. Víctor Orbán ha perdido las elecciones y lo ha reconocido, que viendo cómo están las cosas también es algo reseñable. Los húngaros han votado el fin de una era y han mandado un mensaje a toda Europa y a Trump y a Putin. Adiós a este populista autocrático y liberal y antieuropeo que convirtió Hungría en un símbolo ultraconservador contra los derechos LGTBI, la independencia judicial y contra Ucrania y contra la Unión Europea. Ha ganado Peter Maguyar, un antiguo admirador de Orban de 45 años que le tenía cogida la medida. Maguiar montó un partido contra Orban reapropiándose de sus símbolos patriotas y el lema Dios, Patria y Familia. Es conservador pero es proeuropeo y no es pro Putin. Y pese a que Maguiar es conservador, lo más curioso es lo transversal que han sido sus votantes. El 43 se declara liberal y un tercio de izquierda o verdes. Sólo el 11 de los que le han votado se considera conservador. Maguiar ha unido a todos los descontentos. Le ha votado mucha gente que no comparte su hijo pero sí las ganas de deshacerse de Orban. Un mensaje interesante para los que siguen creyendo que la única manera de derrotar el auge de la extrema derecha es la pureza ideológica antagónica. La derrota de Orbán es además un antes y un después en la presunción de inevitabilidad de la que últimamente gozaba la extrema derecha europea y de cómo los que van de antisistema tarde o temprano se convierten en él. Y lo transgresor pues envejece de repente. Los húngaros han debido de llegar a la conclusión de que a lo mejor toda la culpa de sus males no la tenían los gays, los inmigrantes y Bruselas. Que alguna responsabilidad en lo mal que va su economía y en tanta corrupción tenía el hombre que lleva mandando allí 16 años y echándole la culpa de todo a conspiraciones y amenazas externas. De poco ha servido a Orban el apoyo de Trump, Putin, Le Pen, Netanyahu y Abascal. Algo cambia con esta derrota. Cambia una percepción si Orban puede perder sus admiradores europeos y estadounidenses también.
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Moraleja.
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Marta. Víctor Orban no era inevitable. La extrema derecha No es imparable.
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Son las 7 y 20 minutos, 6 y 20 en Canarias. Esto es Onda Cerca.
Segment: La opinión de Marta García Aller:
Tema: La derrota electoral de Viktor Orbán y su significado para Europa
Fecha: 13 de abril de 2026
Duración del comentario: 00:02–01:59
En este episodio, Marta García Aller analiza el impacto de la derrota de Viktor Orbán en las elecciones húngaras. Su reflexión no solo aborda el cambio político en Hungría, sino que también explora la relevancia de este desenlace para los movimientos populistas y de extrema derecha en toda Europa y para sus aliados internacionales. El comentario de Marta es condensado, incisivo y ofrece perspectivas sobre la transversalidad de los votantes, la inevitabilidad de ciertos liderazgos, y las lecciones para el futuro europeo.
Sobre el valor simbólico de la derrota:
“Los húngaros han votado el fin de una era y han mandado un mensaje a toda Europa y a Trump y a Putin.”
(Marta García Aller, 00:08)
Sobre la transversalidad del electorado:
“Maguiar ha unido a todos los descontentos. Le ha votado mucha gente que no comparte su hijo pero sí las ganas de deshacerse de Orban.”
(Marta García Aller, 00:42)
Sobre el cambio de percepción política:
“Cambia una percepción: si Orban puede perder sus admiradores europeos y estadounidenses también.”
(Marta García Aller, 01:49)
Conclusión contundente:
“Víctor Orban no era inevitable. La extrema derecha No es imparable.” (Marta García Aller, 01:55)
Resumen útil:
Marta García Aller analiza cómo la derrota de Orbán en Hungría simboliza cambios más amplios en Europa, rompiendo la percepción de que la extrema derecha es imparable e ilustrando que las alianzas transversales pueden quebrar liderazgos aparentemente sólidos. La reflexión invita a repensar estrategias políticas frente al populismo y a entender que ningún fenómeno político es inevitable.