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Un caballo de Troya en Europa, el vasallo de Putin o el más ferviente aliado de Trump y el movimiento maga a este lado del Atlántico. Así se traza el perfil de quien Durante los últimos 16 años ha ostentado el poder en Hungría. La intención del ultranacionalista Viktor Orban, que ha hecho bandera de sus políticas anti inmigración, que ha silenciado el movimiento LGTBI, que ha impulsado polémicas reformas judiciales y que ha gobernado con un férreo control de las instituciones, es seguir haciéndolo. Después de la cita con las urnas de este domingo, la oposición, liderada por el conservador Peter Maguiar, lidera las encuestas con una campaña centrada sobre todo en denunciar la inacción ante el elevado coste de la vida, las prácticas corruptas y en las que ha situado claramente a Rusia como el agresor en la guerra de Ucrania, a diferencia de lo que ha hecho el actual Primer ministro. Hoy, en la versión extendida, analizamos las claves de estas elecciones que son trascendentales dentro pero también fuera de Hungría, con el enviado especial a Budapest, Xavier Colas.
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En Hungría, Viktor Orban llega a estas elecciones tras 16 años en el poder. Convertido en el gran superviviente de la política europea, ha vuelto a centrar la campaña en enemigos Bruselas Ucrania. Cualquiera que sirva para alimentar el miedo y evitar la pregunta incómoda, la de por qué el país ya no funciona como antes. Porque Orbán puede soportar muchas cosas menos perder. Hablamos con alguien que lo sabe bien porque lo conoce desde joven. El sociólogo Tibor de Senfi estudió derecho con Orban. Incluso jugó al fútbol con él. ¿Lo sigue viendo igual de competitivo a muerte? Bueno, él tiene esa determinación absoluta por ganar. Si le vieses jugar al fútbol ahora o antes, estaba muy claro que era muy inteligente, muy decidido. Era muy joven y ha cambiado bastante desde entonces. Pero sus habilidades y su absoluta disposición a ganar a cualquier precio, incluso haciendo trampas, bueno, creo que eso lo sigue teniendo. Y esta vez ganar va a estar complicado. No sólo por el desgaste tantos años mandando, sino porque la economía se le ha puesto en contra. Hungría arrastra estancamiento, pérdida de poder adquisitivo y un deterioro visible de los servicios públicos como la sanidad o la educación. Orbán ya no puede vender prosperidad, solo protección. Pero lo que pesa en muchos hogares es el bolsillo. Lo explica el politólogo András cree que Orbán tiene ahora la realidad en su contra. Esta es la primera vez que Orbán tiene que hacer campaña electoral cuando no hay desarrollo económico. No ha habido crecimiento económico en el país en los últimos cuatro años, y la confianza en Víktor Orbán de que aún pueda ofrecer algo al pueblo húngaro se ha roto en los últimos tiempos. En el otro lado del ring electoral de este domingo, Peter Maguiar, un opositor que viene del propio urbanismo conservador, incómodo para una parte de la izquierda, pero capaz de reunir algo que Hungría no tenía desde hace añ esperanza. La paradoja es que incluso si Maguyar gana en votos, podría no gobernar de verdad si no logra suficientes escaños o si choca contra el aparato institucional. Kiorban ha blindado durante más de una década. Aún así, Magyar ya ha cambiado algo esencial. Ha convencido incluso a muchos húngaros, los que no comparten su ideología, de que derrotar a Orban ya no es una fantasía.
