Transcript
A (0:00)
Ahora en más de uno. LA BETA CULTURETA DE CARLOS ZOOMER Imaginemos
B (0:08)
una biografía lo más novelesca posible a demanda. La biografía de un marino, por ejemplo, típicamente británico y decimonónico, y huérfano por lo menos de madre, que eso siempre queda muy bien. Nuestro marino, de nombre Charles, será también a lo largo de su vida vaquero, ganadero, buscador de oro, posadero, criador de pollos y hasta especulador inmobiliario, todo ello en lugares tan lejanos de su Lancashire natal como Australia o el Yukon canadiense. En lo que se refiere solo a su principal ocupación, Charles perfeccionó el arte de la navegación en mercantes, vapores comerciales y barcos de guerra. Sobrevivió a cuatro naufragios distintos. Y a la malaria y un gran incendio a bordo. Y a la caída de un rayo sobre el mástil de proa y al ataque de un Zeppelin alemán en la Primera Guerra Mundial. Fue después multicondecorado y jubilado con honores. Pero aún le esperaba una de las grandes aventuras de su vida. Cruzando el Canal de la Mancha con su propio barquito civil de 18 metros de eslora para rescatar soldados británicos de las playas francesas de Dunkerque. Bajo el rugido de los estucas alemanes de la Segunda Guerra Mundial, en un barco con capacidad para solo 21 personas, nuestro marino, ya con 66 años, trajo de vuelta hasta Dover a 127 soldados. Si la historia de Charles Lightoller acabara aquí, ya daría para un par de películas. Pero te dije antes que había sobrevivido hasta cuatro naufragios, sin especificar que uno de ellos fue el del Titanic. Como segundo oficial al mando, el hombre que llenaba los botes salvavidas.
A (2:00)
¿Por qué están arreando los botes medio llenos? Bueno, no estábamos seguros del peso, Sr. Andrews. Estos botes podrían volcar. Tonterías. Fueron probados en Delfas con el peso de 70 hombres. Vamos, llene los botes, Sr. Light. Toller, por el amor de Dios.
B (2:16)
Decir que Charles lo contó de mi quizá sea quedarse corto. Lo hizo subido encima del famoso bote plegable volcado después de esquivar por centímetros la caída de una de las chimeneas del Titanic y de que el estallido submarino de alguna parte del barco le escupiera la superficie cuando ya se hundía, succionado por una turbina. Lo contó él mismo a la BBC. Hombre afortunado, Charles Lightoller, cuyo libro de memoria fue denunciado por Guillermo Marconi. Por supuestamente, culpar a los radiofonistas del Titanic que eran empleados del italiano fue la mejor publicidad posible para un libro cuya peripecia no la necesitaba.
