
Por mucho que hoy John Field suene a Chopin, toda la vida tuvo que escuchar el maestro polaco que sus nocturnos sonaban al compositor irlandés.
Loading summary
A
Ahora en más de uno. La beta cultureta de Carlos Zoomer. Para esta beta necesito a un pianista o a una pianista. Gracias por venir, María Luisa. María Luisa está interpretando aquí una pieza del siglo XIX, un nocturno. Y si te pidiera que intentaras adivinar a qué compositor pertenece, quizá dirías el nombre de cierto polaco archifamoso, Frédéric Schop. Porque Chopin es el epítome del nocturno y hasta del piano en general. María Luisa, sin embargo, está negando con la ya lo sé, María Luisa, ya lo sé. Esto parece Chopin, pero no lo es, porque el nocturno lo inventó en realidad un predecesor suyo llamado John Field. Irlandés de familia de músicos, enseñado por los grandes maestros italianos del piano. Este niño virtuoso de las teclas blancas y negras empezó ganando la vida con el aburrido oficio de probador de piano y luego ya como concertista muy bien pagado, especialmente en Rusia. Desarrolló el uso de los pedales del piano y fue famoso también por algunos escándalos sentimentales y alcohólicos. En el epicentro a principios del XIX, de la eclosión de un instrumento que no siempre estuvo allí. Porque al principio fue el clavecín y el clavicordio, instrumentos de cámara y cuerda pulsada, sin matices dinámicos ni gran expresividad por su propio mecanismo interno. Hasta que derrumpe un tal Bartolomeo Cristofori que a sueldo de los Medici, inventa el llamado clavichembalo, que fae piano e forte, o sea, un clave capaz de lo bajito y de lo fuerte. Y eso es básicamente un piano, un instrumento de cuerda percutida que abarca lo delicado y lo estruendoso. La cuestión es que hasta finales del XVIII el piano no destrona al clave y que el contexto histórico importa. Importa el auge de la burguesía y la expansión de la música desde el palacio, la sala de conciertos, pero también a los propios hogares, a las casas. Las lecciones particulares de música crean una industria de profesores, partituras e instrumentos, lo cual abarata los pianos. Triunfan los ingleses marca Broadwood, cada uno por unos 6.000 euros de hoy. Y ya en la novela Jane Austen, hay piano en casa de los Burgh, pero también en casa de los Bingley. He llamado a María Luisa porque el piano se entendía todavía como un instrumento más bien femenino. Hasta que llega nuestro amigo irlandés John Field, que compone aclamados conciertos y A partir de 1812, los primeros nocturnos influencia confesa de los que llegarán después para superarle. Liszt y sobre todo Chopin, nocturnista por antonomasia, se supone que coincidieron una sola vez en un concierto de El Polaco. El alumno adoraba al maestro ya crepuscular, pero el maestro dijo del alumno, posiblemente con envidia, tiene talento de sala de hospital. Ya, ya lo sé. María Luisa, un comentario de muy mal gusto porque Chopin tuvo muy mala salud toda la vida y siempre tuvo que escuchar que su música sonaba a John Field. Bueno, ningún problema. Hoy John Field suena claramente a Chop.
Podcast: Más de uno
Host: OndaCero (Carlos Alsina)
Fecha: 03 de marzo, 2026
En este episodio de la sección "La beta cultureta", Carlos Alsina (junto a la pianista invitada María Luisa) viaja en el tiempo para explorar la historia y evolución del piano antes de la era de Frédéric Chopin. Mezclando información histórica, anécdotas y su característico humor, Alsina centra la conversación en el papel de John Field como precursor del nocturno y repasa el contexto social y cultural que permitió el auge del piano.
[03:03] Alsina cuenta que Field fue influencia directa para Liszt y, sobre todo, Chopin.
Anécdota del único encuentro entre Field y Chopin:
Concluye la sección cerrando el círculo: “Hoy ya nadie tiene duda de que cada nocturno de Field suena sospechosamente a Chopin.”
El episodio mantiene un tono ameno, divulgativo y con toques de ironía. Carlos Alsina intercala datos históricos con anécdotas y referencias literarias, y no pierde oportunidad de añadir su característico sentido del humor, sobre todo al comentar las rivalidades y envidias entre compositores.
Carlos Alsina, apoyándose en la música de María Luisa, desmonta la percepción de que Chopin lo inventó todo al piano y reivindica la figura fundacional de John Field. Aprovecha para repasar el contexto social, el desarrollo técnico y la carga simbólica femenina del piano en la historia—y de paso, dejar claro que hasta los grandes maestros podían tener celos y hacer comentarios mordaces. Un segmento tan informativo como entretenido, ideal para amantes de la música clásica y curiosos históricos.