
La palmera que más abunda en Cantabria es la llamada palmera canaria. Presente por toda la geografía montañesa por culpa de los indianos. Hasta que llegó… el picudo rojo.
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Ahora en más de uno. La beta cultureta de Carlos Zúmer. En la casa casi centenaria de Rosa y de Pepe hay dos palmeras. Dos palmeras de 10 metros cada una en una casa de campo en algún lugar de Cantabria. Y no será por árboles donde Rosa y Pepe Allí nos faltan los frutales, las encinas y los robles, ni las gallinas y los perros, ni el prao, hasta donde alcanza la vista. Pero quienes custodian la entrada de la casa son las dos palmeras. Bajo ella se charla, se confiesa y se descansa. Su sombra, guarda del sol y de la lluvia, y sus palmas han visto crecer a los nietos de la casa y pasar a los novios de las niñas. Conocen todas las estampas del invierno y del verano, la pelota y el chubasquero, la bicicleta y el charco, y los cumpleaños al fresco en mesas largas de convite por ser familia numerosa. Estas casas son las palmeras, me atrevo a decir, y las palmeras son esta casa. Una relación en realidad recurrente en Cantabr por obra de los indianos, de aquellos cántabros que hicieron las Américas buscando la vida o la fortuna, algunos de los cuales se hicieron ricos en Cuba y en Estados Unidos con el azúcar y los esclavos a finales del XIX, como el famoso marqués de Valdecilla. Cuando volvieron a casa prósperos perdidos, invirtieron sus fortunas en colegios u hospitales, pero también levantando sus propias villas y fincas indianas, cuyo símbolo del éxito era la palmera. La palmera como emblema del triunfo exótico y transatlántico La que más abunda en Cantabria es la llamada Phoenix canariensis, o sea la palmera canaria, presente por toda la geografía montañesa y nada disgustada con sus 150 días de lluvia al año. Hasta que llegó el picudo rojo, un escarabajo cuyas larvas se comen la única yema de la palmera y la matan. Una plaga silenciosa desde el año 2022, muy difícil de detectar y de combatir. Cuando la palmera muestra los primeros síntomas y empieza a secarse, ya es demasiado tar. El esfuerzo público y privado no ha podido, de momento, revertir la tendencia. Una plaga descontrolada, titulaba El Diario Montañés la caída silenciosa de un testigo verde de la historia del Cantábrico. Cuenta el fotógrafo Miguel Soler que la palmera es un perfecto medidor del paso del tiempo por ser la única planta arborescente que durante la salida de la luna produce una sola rama, de modo que cada 12 ramas transcurre un año exacto. No consigo recordar la edad de las palmeras de Rosa y de Pepe. Ya no puedo contar sus ramas ni sus lunas. Ninguna de las dos ha sobrevivido este año al picudo rojo. Esta casa tan humilde, que ha visto la guerra civil y la llegada de la fibra óptica, sobrevivirá también a la tala de sus palmeras, pero su desaparición es como un domingo de Ramos, nostalgia de palmas interminable.
Podcast: Más de uno
Sección: La veta cultureta
Host: Carlos Alsina (colaboración de Carlos Zúmer)
Episodio: Las palmeras montañesas de Rosa y de Pepe
Fecha: 26 de junio de 2026
El episodio explora la historia y el valor simbólico de las palmeras en las casas montañesas de Cantabria, ilustrado a través de la casa de Rosa y Pepe. Se profundiza en cómo estos árboles, más allá de su presencia física, son testigos de la memoria familiar y social, hasta convertirse en símbolos de prosperidad, nostalgia y pérdida ante la plaga del picudo rojo.
“Su sombra, guarda del sol y de la lluvia, y sus palmas han visto crecer a los nietos de la casa y pasar a los novios de las niñas.” [00:28]
"La palmera como emblema del triunfo exótico y transatlántico." [01:19]
“Cuando la palmera muestra los primeros síntomas y empieza a secarse, ya es demasiado tar.” [02:01]
“Una plaga descontrolada, titulaba El Diario Montañés, la caída silenciosa de un testigo verde de la historia del Cantábrico.” [02:17]
“La palmera es un perfecto medidor del paso del tiempo por ser la única planta arborescente que durante la salida de la luna produce una sola rama, de modo que cada 12 ramas transcurre un año exacto.” [02:34]
“Su desaparición es como un domingo de Ramos, nostalgia de palmas interminable.” [03:08]
"Estas casas son las palmeras, me atrevo a decir, y las palmeras son esta casa." [00:52]
"El esfuerzo público y privado no ha podido, de momento, revertir la tendencia." [02:10]
"Esta casa tan humilde, que ha visto la guerra civil y la llegada de la fibra óptica, sobrevivirá también a la tala de sus palmeras, pero su desaparición es como un domingo de Ramos, nostalgia de palmas interminable." [03:08]
La narración mezcla la evocación poética con el dato cultural y un tono melancólico, transmitiendo tanto el sentido práctico y simbólico de las palmeras en la historia de Cantabria como la nostalgia ante su pérdida.