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Ahora en más de uno. La beta cultureta de Carlos Zoomer. He visto dos documentales. Estas el de Seymour Hirsch y el de Morgan Neville, sobre el cine estadounidense del año 75. El primero es notable y el segundo no tanto. Pero creo que ambos cumplen con lo que podríamos llamar los 10 mandamientos del buen documental. Primero, no usará dramatizaciones. No, nunca. Jamás. Un documental sigue siendo cine, no el Canal Historia. Segundo, no abusarás de la entrevista, de las declaraciones. Los testimonios no son los ladrillos de un documental. Son larga masa. Tercero, la historia necesita personajes y los personajes necesitan historias. Las dos cosas son igual de importantes. No hay Wild Wild Country sin la inquietante Sheila, como no hay Searching for Sugar Men sin la trama de olvido, investigación y descubrimiento. Cuarto, harás tu documental con imágenes. Si ya las tienes, ya lo tienes. Fíjate en Apolo 11 de 2019. Y si no las tienes, ruedas o recurres a buscar en los archivos. En eso, el documental sobre Seymour Hersh es archivo, archivo y archivo. Quinto, si el montaje es tu pastor, nada te va a faltar. El sentido y la narración vienen de la justaposición del montaje. Fíjate en cómo los fragmentos de películas se suceden y riman entre ellos en el documental sobre el cine de 1975. Sexto, borra tus huellas. Salvo que quieras jugar a contar tu propia investigación o tu historia, da un paso atrás para que tu trabajo hable por ti. Y si vas a usar una voz en off que sea más discreta que la de 20 días en Mariupol. Séptimo, un documental no es activismo. Un documental es cine. Y luego ya viene el posible beneficio colateral de difundir una causa o un problema. Pero tus fobias políticas no nos interesa Michael Moore. Y, por cierto, ningún documental es necesario. No engrandecerás a tu protagonista. Hacerlo es antipático y pelota. Y además, ya lo sabemos. Ya sabemos que Messi es Jesucristo con balón. Cuéntame algo que no sepa. Búscale las cosquillas a los mitos. No añadas mármol al pedestal. Noveno, harás preguntas. No darás respuestas. Si has descubierto cosas, claro que vas a incluirlo. Pero en general, hemos venido a avivar los misterios y las contradicciones, no a solventarlas. El puzz le trasciende su solución. Y décimo, renunciarás a las conclusiones. Si hay epílogo que añada una última capa o un adorno, uno que resuene en todo lo que ya has contado. Ocurre así en Volar en círculos de Errol Morris sobre John Le Carré, un documental extraordinario, lleno de dramatizaciones. Ya te he dicho que aquí hemos venido a alimentar con tradiciones.
