
Pasa, por la escondida calle Carmen, la historia del chocolate precolombino. Y por el Guadalquivir. Y por las casas de los Luca de Tena, los Lhardy o los Borbones.
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Ahora en más de uno. La beta cultureta de Carlos Zoomer Esta historia no la he encontrado yo. Me la manda un oyente llamado Moisés que me cita en Sevilla, en la calle Carmen, en una chocolatería llamada Okumare, nombre de localidad venezolana y chocolatera por antonomasia desde antes de los tiempos del casi azteca Hernán Cortés. Y precisamente desde el mexicano puerto de Veracruz es como traíamos en barco el chocolate a Europa hasta el siglo XIX, solo bebido, y hasta el siglo XVIII más bien en España y en Italia, y que causó considerable adicción en plebeyos y en reyes, como Carlos III. El autor intelectual de la chocolatería Okumare se llama José Ramón Utrera, hijo de empresario culinario y amago de guarda forestal. José Ramón se prendó más bien de otra del chocolate. Habla de él con abnegación franciscana y erudición jesuita y sirve espumas y chocolates fríos, no caliente, rescatando métodos y esencias precolombinas. Esta pureza no es una pose. Okumare solo abre los sábados y los domingos 5 horas por las tardes y ya está. Y cierra desde mayo hasta octubre. Si la historia terminara aquí, esto sería una cuña publicitaria. Pero la relación de Sevilla con el chocolate va bastante más lejos, me cuenta este oyente. Llega, por ejemplo, hasta el barrio de Torreblanca, en el camino Alcalá de Guadaíra, donde se fundó la llamada chocolatería Virgen de los Reyes, o menos en mitad del siglo XIX. Una fábrica pionera en la época de pleno desarrollo temprano de la pastelería y la bombonería. Lo impulsan dos hermanos, Nicolás y Fortunato Luca de Tena, antepasados inmediatos del Torcuato, fundador del diario ABC, e industriales andaluces de éxito, responsables del llamado chocolate de los Reverendos Padres Benedictinos, marca referencia nacional del dulce hace un siglo, cuyo éxito movió envió la fábrica a un lugar mucho más noble, a la calle Luis Montoto, donde trabajó como maestro chocolatero el propietario anterior del piso lerrionense de los tíos de mi oyente. Ahí queda la pirueta. Los más viejos del lugar recordarán seguro el chocolate marca los Reverendos Padres Benedictinos. Pero quizá también les suene a los clientes veteranos de Lardi, el restaurante de Madrid. Porque Lardi tenía la exclusiva de distribución capitalina del chocolate de los reverendos Padr. Y el fundador de Lardi, Emilio Lardi, fue a su vez muy amigo de Prosper Menime, el autor de Carmen, y se supone que ideólogo o al menos inductor de la propia fundación de Lardi. Así que ya ves que todo rima y el círculo se cierra. Si, te recuerdo también el nombre de la calle sevillana donde está la chocolatería Okumare, la calle Carmen. El oyente Moisés ofrece incluso una guinda a esta historia. El nombre de su hija mayor, ya te lo imaginas, Carmen.
Host: Onda Cero (Carlos Alsina)
Date: March 27, 2026
En este episodio de la sección "La veta cultureta", Carlos Alsina presenta una historia singular sobre la relación especial que tiene Sevilla con el chocolate. El relato comienza con una recomendación de un oyente, Moisés, y utiliza el humor y la erudición habituales del programa para explorar desde una chocolatería artesanal actual hasta las históricas conexiones de la ciudad con el cacao, pasando por célebres marcas, ilustres familias y anécdotas que dibujan un sabroso retrato cultural.
“Esta pureza no es una pose. Okumare solo abre los sábados y los domingos 5 horas por las tardes y ya está. Y cierra desde mayo hasta octubre.”
Carlos Alsina, 01:30
"Industrial andaluces de éxito, responsables del llamado chocolate de los Reverendos Padres Benedictinos, marca referencia nacional del dulce hace un siglo…"
Carlos Alsina, 03:15
"El fundador de Lardi, Emilio Lardi, fue a su vez muy amigo de Prosper Menime, el autor de Carmen, y se supone que ideólogo o al menos inductor de la propia fundación de Lardi."
Carlos Alsina, 04:00
“El oyente Moisés ofrece incluso una guinda a esta historia. El nombre de su hija mayor, ya te lo imaginas, Carmen.”
Carlos Alsina, 05:05
Sobre la obsesión y el método en Okumare:
“Habla de él con abnegación franciscana y erudición jesuita y sirve espumas y chocolates fríos, no caliente, rescatando métodos y esencias precolombinas.” (01:10)
Sobre la perdurabilidad del chocolate sevillano en la memoria:
“Los más viejos del lugar recordarán seguro el chocolate marca los Reverendos Padres Benedictinos.” (03:45)
Cierre circular e ingenioso:
“Así que ya ves que todo rima y el círculo se cierra.” (04:50)
Este episodio construye, con el característico humor e ironía de Carlos Alsina, una intrincada y entretenida genealogía del chocolate sevillano, mezclando anécdotas personales, historia industrial, alta gastronomía y guiños literarios. Desde las raíces precolombinas hasta las tertulias de Madrid, Sevilla demuestra tener, efectivamente, un “chocolate especial”.