
Este miércoles Javier Traité ha querido desmontar uno de los mitos más grandes de la historia de la ciencia: que existe una inclinación natural por parte de las mujeres para huir de ella. El primer factor que desmiente ese bulo es la existencia del...
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Javier Traité por línea interna, es verdad que hoy es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Lo que no sé si me quería reprochar que no lo hemos mencionado en el programa. Bueno, lo hemos dicho a las siete y media. Sí, ahora que me acuerdo, o ayer lo dijimos. Puede ser, o igual es que él quiere hablar de eso en su espacio de desmontar tontas históricas. Traité, buenos días.
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Hola. Hola los dos. Pues sí, más bien lo segundo. Más bien lo segundo, porque tontada sobre este tema desde luego no faltan y nos podríamos tirar horas hablando de eso. Como lo que tenemos en minutillos, vamos a ir al gran hoy con una de las tontadas más bobas que se suelen leer en días como hoy. Nunca falta el listo que dice cosas como Las mujeres y las niñas tienen menos inclinación natural por la ciencia y la técnica, y por eso la historia ha habido menos, como si fuera algo biológico relacionado con el cerebro femenino. Esto es un argumento que se desmonta súper fácil atendiendo a la historia, usando solamente dos factores que explican perfectamente la disparidad que efectivamente ha existido y sigue existiendo hoy en la elección profesional de chicos y chicas. ¿Y cuál sería el primero de esos factores? Pues el primero es el factor patriarcado, que ya sé que ya está tan manido sobre utilizado el término, que la verdad es que ya suena casi a cachondeo, a comodín, que sacas en todo momento a tópico vacío, pero es que la historia es evidente y esencial para explicar nuestra sociedad. Grandes rasgos. ¿Qué pasa? El patriarcado es una estructura social que se va formando sobre todo a partir del neolítico y la sedentarización. ¿Por qué? Porque mientras todos somos cazadores recolectores, la verdad que no hay mucho que legar. Te da igual. Tus dependientes van a depender de la suerte de la tribu tanto como el resto de la comunidad. Pero claro, cuando te sedentarizas y te vuelves agrícola, tienes tierras fijas, y aunque hubo experiencias comunales, lo más habitual fue crear la propiedad privada. ¿Qué pasa? Este trozo de tierra es mío. ¿Como? Es mío y el sustento depende de ese campo. Está tengo que dejarlo en herencia a mis hijos. Y claro, las mujeres sí que saben seguro que sus hijos son suyos, pero los hombres no tenían manera de saberlo. ¿Cómo lo hacen? Controlando el cuerpo femenino. Está ahí.
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Y los ecos de esto luego ya resuenan por los siglos de los siglos de los siglos.
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Claro, aquí vas arrancando, no se acaba nunca. Arrancas un camino larguísimo en el que mediante la religión, la cultura, la economía, la política, el argumento que fuera, la tendencia en general ha sido mantener a la mujer más controlada que el hombre. Esto no significa la mujer metida en casa. Las mujeres han hecho de todo siempre o casi siempre. Esto del ángel del hogar es una vaina del siglo XIX. Ha habido épocas mejores y peores. Roma fue horrenda en la Edad Media ganaron un pelín más de autonomía, luego la volvieron a perder en la modernidad. En este contexto, entonces, en los repartos de roles, aquello a lo que uno se dedica a lo largo de su vida ya viene sesgado. Y luego encima tienes la mortalidad. Los hombres mueren en la guerra, pero no todos van a la guerra. La mayoría de los hombres se quedaban en casa, en el campo. En cambio las mujeres sí iban todas al parto y una enorme cantidad moría en el proceso. Entonces, solamente estos dos factores ya te dificultan por completo que a lo largo de la historia las mujeres podrían dedicarse a la ciencia y la tecnología full focus en el trabajo, en la misma proporción que lo hacían los hombres. Con lo cual no es ninguna inclinación natural femenina, es pura y dura cultura. Pues es un factor básico. ¿Y el segundo cuál sería? El segundo sería el factor borrado. Y es que no es solo que hubiera una menor proporción de mujeres dedicándose a estas cosas a lo largo de los siglos, es que encima, aún así, había muchas, pero se las ha ido borrando de la memoria y de los libros, fruto de este pensamiento patriarcal. Por ejemplo, se suele citar siempre el caso de científicas famosas cuya fama se llevaron los maridos o los compañeros. La bióloga Nettie Stevens en 1905 descubrió que los cromosomas van en parejas y que determinan el sexo. Pero la fama se la llevó un compañero que publicó aquel año un mismo artículo citando. Pero bueno, fue así la cosa. El Nobel de química del 44 se lo dieron a Otto Hahn por descubrir la fisión nuclear. La había descubierto junto con la física Lisa Meitner, que se quedó sin el reconocimiento. Y ya cuando vamos al caso de las esposas, es la leche. Por ejemplo, el Nobel de química del 85 se lo dieron a dos químicos, el esposo y el colaborador de la química Isabella Jennylsky, que vino a ser la que desarrolló la técnica por las que les dieron el Nobel. Pero ya no le dieron nada.
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Y no te vas a olvidar de la esposa de Einstein.
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No es el caso quizá más célebre. No, no está probado. Pero sí, en efecto, hay indicios de que Mileva Marik, la primera esposa de Einstein y también física, colaboró con él en los trabajos que le valieron en el Nobel, y de hecho, cuando se divorciaron, plantearon que si él ganaba el Nobel por aquellas investigaciones, el dinero se lo iba a quedar ella, con lo cual algo había ahí. Pero no son solo grandes científicas, también ingenieras, las inventoras de lo cotidiano y de lo industrial. Poca gente sabe, por ejemplo, que las bengalas de emergencia que se usan en el ejército, en salvamento marítimo, en Jurassic Park, para llevar al dinosaurio, las inventó una mujer, Martha Coston, a mediados del siglo XIX. Ni siquiera es que estemos hablando de antes de ayer, ya viene tiempo. Por ejemplo, la sierra circular que usamos en la industria, en carpintería, por ejemplo, que da tanto juego en las peli gordas de terror, la inventó en 1813 una mujer shaker de estas comunidades protestantes estadounidenses que se dedicaban al curro manual, duro y hombre, cerrar tablones a mano es un coñazo. Vamos a idear algo. Ideó esta sierra que hoy utiliza el planeta entero. Estamos saltando un montón de mentoras, deben ser miles, miles. Mira, os voy a dejar un dato desnudo. La primera ley de patentes de Estados Unidos permitía a las mujeres registrar sus inventos siempre que lo hicieran bajo el nombre de un varón que fuera familiar, su marido, su padre, su hermano. Entonces, cuando la periodista científica Charlotte Otlum, que creó un periódico que tuvo un montón de éxito hablando de cosas de ciencia, consiguió fondos en 1878 para estudiar cuántos de aquellos inventos eran realmente femeninos, encontró que solamente entre 1790 y 1886, cuando acabó el trabajo, encontró 2.297 patentes femeninas. Montón de inventos que habían hecho mujeres y que habían quedado perdidos bajo los nombres de los hombres de su familia. Y luego hay muchas más que ni siquiera pudo confirmar, o sea que ya sabéis, cuando venga alguien a decir atontada de que hombre, días como hoy ya no hacen falta, o las mujeres no tienen inclinación por la ciencia, que claro, su cerebro, ellas quieren cuidar las letras, no sé qué. Bueno, ya sabéis que la culpa es del borrado y del patriarcado que llevan ahí colgado.
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Que tengas un día estupendo y hasta la semana que viene.
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Igualmente, hasta la semana que viene.
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Mañana a las seis en punto de la mañana cinco en Canarias empezará este programa de nuevo pero ya en la edición del 12 de febrero, o sea, es como el mismo programa de hoy con el mismo equipo pero con las noticias del día de mañana, lo que vaya sucediendo en las próximas horas y ya nos vamos porque empieza la programación local y regional en cada una de las emisoras de la cadena Ondo Cero. Gracias por su confianza, feliz día y hasta mañana. Adiós.
Date: 11 February 2026
Host: Carlos Alsina (A)
Guest: Javier Traité (B)
Main Theme:
Este episodio, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, desmonta mitos sobre la supuesta falta de inclinación femenina hacia la ciencia y analiza los factores históricos y culturales que han limitado y borrado la contribución de las mujeres a la historia científica.
El episodio ofrece un repaso histórico claro y riguroso sobre cómo el patriarcado y el borrado sistemático de las mujeres han limitado su visibilidad y participación en la ciencia. Con humor y ejemplos impactantes, Javier Traité invita a combatir mitos y valorar las contribuciones ocultas de las mujeres a la ciencia, subrayando la utilidad de días como el 11 de febrero para poner el foco sobre esta lucha aún vigente.