Loading summary
A
A las 11 y 28 minutos, una hora menos en Canarias. Estamos aquí acompañándoles, echando la mañana en la radio, en Onda Cero, aquí en más de uno. Y recibimos al Dr. Freire, a Jorge Freire, que viene con su sección Nudos Georgianos para dar respuesta. Respuesta cordial, espero. Respuesta amable deseo. Respuesta, iba a decir casi casi mimosa. A los oyentes que comparten con nosotros sus dilemas morales y que a veces me comentan después que el trato que reciben igual es un poco severo por parte del Dr. Fraire. ¿Qué tal, Jorge? Buenos días.
B
Buenos días, Carlos. Lo siento mucho, pero no. Yo no soy eso que ahora llaman bizcochable, con que los oyentes que esperen. No, no, en absoluto. Los que esperen un tono meloso, una aproximación, en fin, almibarada, pues que no cuenten conmigo. Lo siento mucho, Carlos, no es almibarada,
A
pero es tener un poco de consideración hacia personas que no están pasando por su mejor momento. Claro, de telepatía, como dice Begoña. No, empatía, no he dicho telepatía, teleempatía, porque claro, como tú les sientes pero no les ves, entonces es una empatía a distancia.
B
Es telempático. Ese lapsus, Ese lapsus siempre, como todos los lapsus, encierra mucha verdad. Y prefiero la telepatía a la empatía. La empatía es uno de esos mitos de nuestro tiempo. Hay que tener compasión, no empatía, porque la empatía se muestra mientras que la compasión se alberga. La empatía es una cosa que nos colgamos al hombro y decimos qué empáticos somos, ay, cómo queremos. Desdichados. Entonces tú te cuelgas eso como si fuera un blasón y te exime de actuar mejor ser compasivo.
A
Bueno, pues que se nos. Que eres un poco compasivo con penurias.
B
Esa es la cosa, Carlos. Si lo eres, no se nota. Lo haces, pero no se nota. Es decir, yo creo que al final los oyentes, aunque se quejen, en el fondo agradecen. Agradecen esa reconvención, esa dureza que antes se decía lo que duele, cura. Eso es muy feo. Pero en cualquier caso, algunos exigen precisamente esa mano dura. Verbigracia, la oyente que nos ha mandado hoy afligida su dilema y que, en fin, yo no quiero ser regañón, pero que ella misma se ha metido. Lo siento, es que no puedo evitar decir lo que estás regañando Pues así es ella misma.
A
A ver, pon por favor el mensaje que nos ha hecho llegar la oyente.
C
Querido Jorge, el verano pasado conocí a un chico en Zara de los Atunes. Fue breve pero intenso. 48 horas de salitre, mojito requetón y un una química explosiva. Él volvió a Vigo y yo Albacete y desde entonces no nos hemos vuelto a ver en persona. Toda la relación, si es que a este aquelarre tan bonito se le puede llamar relación, ha transcurrido desde entonces por WhatsApp y videollamada. Y aquí entra el elemento ChatGPT. Al principio lo usaba solo para sonar un poco más culta, nada más, pero poco a poco me fui viniendo arriba y ahora chatgpt lo hace prácticamente todo. Mis bromas, mis reflexiones sentimentales, mis comentar sobre cine húngaro de posguerra que por supuesto no he visto, hasta mis observaciones pseudomísticas sobre la erosión del alma contemporánea me las escribe la IA. Él está fascinado, dice que nunca había conocido a una mujer tan sensible y tan inteligente a la vez. Hace poco me escribió me obsesiona cómo piensas. ¿Cómo pienso yo? Si mi familia me sigue felicitando cuando consigo poner una lavadora sin inundar la cocina. Ya ni siquiera nuestras videollamadas son naturales porque las hago siempre con el portátil abierto, como si estuviera coordinando un ataque de drones. Él me cuenta, da un problema familiar y yo mientras voy tecleando respuesta empática pero femenina, sin parecer una coach de Instagram. La situación se ha vuelto insostenible porque acaba de decirme que este verano quiere pasar una semana conmigo. Siete días cara a cara, sin teclado, sin algoritmo, sin tiempo para escribir al chat. Respóndele con vulnerabilidad magnética y un punto de picardía. Tengo auténtico pánico a que descubra que la mujer de la que se ha enamorado no existe y que solo tengo algún valor si me ayuda una inteligencia artificial californiana. ¿Qué hago, Jorge? Confieso antes de vernos, arriesgándome a que me repudie, o disimulo y lo juego todo a que la pasión del encuentro eclipse mis carencias intelectuales. Enamoradísima, Rocío.
B
Pues así estamos.
C
Pero te ríes de ella, pobrecita.
B
No me río por no llorar, me río compasivamente.
A
Vamos a ver, doctor, atienda a nuestra oyente. Como ella seguramente nos espera, o sea, con amabilidad.
B
Pues mira, Carlos, voy a responder sin hacer ningún tipo de befa y no por falta de ganas. El psicólogo Herbert Simon hablaba del problema de la maximización. Y esto estriba en que a veces, cuando nos exponemos a una tecnología que no conocemos, tendemos a caer en ese error de que lo mejor es lo enemigo de lo bueno, es como se dice la expresión. Al final tendemos a un perfeccionismo que por definición nos lleva al desencanto. Entonces, bueno, pues mira, este chico que conocí en Zahara se enamoró de una chica espontánea, pero yo encima quiero ser la más brillante, quiero tener la frase más redonda y más aforística, quiero saber absolutamente de toda la filmografía de no sé qué director húngaro. Y eso no puede ser. Al final eres una persona de la que se enamoró precisamente por su espontaneidad y por algo que no requería de andaderas y de tutelas cibernéticas. Con lo cual no hace falta caer en ese error maximalista. Vale, esta respuesta no he hecho ningún tipo de escarnio ni he dado caña a esta oyente. Creo que ha sido bastante neutro.
A
A mí me ha parecido duro.
B
Entonces no puedo decir lo que de verdad pienso.
A
Dilo, dilo ya que está bueno.
B
Vosotros os acordáis de una serie que había, yo lo recuerdo porque la veía cuando iba al cole cuando era pequeño, que es la serie Doraemon, una serie, un anime muy divertido.
A
No la he visto en la vida.
B
Bueno, pues había un niño novita, que era un niño lloro, un niño pusilánime que se quejaba de todo. Se quejaba de todo, entre otras cosas porque era un niño presa de la molicia, un niño vago que no hacía nada, no hacía los deberes y luego cateaba las matemáticas, no se atrevía a hablar con las chicas y entonces la chica que le gustaba, Shizuka, no le hacía ni caso, lo mangoneaban. Y sobre todo, como era tan sumamente vago, al final tenía que requerir de la asistencia en el último momento de un gato cósmico que era su mascota. Que era Doraemon, una especie de robot que se sacaba, no de la manga, pero sí del bolsillo mágico, una serie de adminículos y de cachivaches y de trastos que le salvaban la papeleta al niño en el último minuto y le daban un instrumento para resolver los exámenes o lo que fuera. Eso es lo que nosotros, Por cierto, hace 30 años pensamos que era una parodia, que era algo hecho para regocijo de los niños, para que nos riéramos, que era una ficción muy divertida, que era una relación de dependencia que no podía existir en la realidad. Eso no era una broma, era una profecía. Hoy estamos generando generaciones de novitas que no consiguen ni hablar con sus parejas, sin requerir de ese Doraemon electrónico, que no es Doraemon, pero que es un chat que les hace las soluciones. Estoy llamando novita no solo a Rocío, sino a mí mismo y a todos aquellos. Mira, te diré más, yo podría poner nombres de unos cuantos amigos. Ahora ya hay mucha gente, Carlos, y esto es terrible, que no se atreve a mandar un mail a un amigo sin pasar por la ayuda del chat. Oye, reformula, pero estás mandando un mail para decirle si queréis mañana merendar a las 5, no puede ser. Y luego, pues claro, al final pasa lo que pasa, que todo se sabe, ¿No?
A
No lo sientes. Eso es lo que más me duele a mí, que no lo sientes, que eres así de.
B
Soy así de duro y de insensible. Pero en cualquier caso, creo que estaréis conmigo en que al final somos una humanidad completamente subsidiada por el cachivache. Es decir, requerimos constantemente de la ayuda de estas nuevas tecnologías. En lugar de Bergerac debería ser al revés, deberían ser unas tecnologías que nos ayudasen, que nos allanasen el camino, que nos facilitasen la tarea, no que nos hicieran dependientes. De manera que, ¿A quién le beneficia este vasallaje, por así decirlo? ¿A quién le interesa que nosotros seamos cada vez más dependientes? ¿A quién le interesa que nos creamos incapaces de caminar sin andaderas y que nos hayamos persuadido de que necesitamos que nos cojan de la manita para cruzar la calle? ¿A quién le interesa? Pues estas nuevas tecnologías que de alguna forma nos fidelizan haciéndonos. Son cuatro tecnológicas muy. Le estoy viendo, no quería decirlo, pero le digo, estos tecnooligarcas con todas las letras, efectivamente, que se benefician de nuestra inutilidad, pero no de nuestra inutilidad real, porque yo por ahora no sé los demás, yo sé escribir todavía a mano, pero me convencen de que no. La Rochefoucauld, que es un autor que a mí me gustó mucho, del siglo XVII, decía la confianza en nuestras fuerzas las acrecentas. Si tú tienes confianza en ti mismo, conseguirás más cosas. Es curioso esto y si dejas de confiar en tus fuerzas, parece que menguan, pero esto en realidad no sucede. Bueno, pues hay unos tecnoligarcas, Carlos, que de alguna forma nos persuaden de que no somos capaces de hacer lo que todos hemos dado capaces. Al final vamos a acabar pidiendo ayuda al ChatGPT para que nos haga un resumen ejecutivo de cómo leer las instrucciones del puré preparado o de cómo atarnos los cordones.
A
Del puré preparado no, pero de algún electrodoméstico sí. Sería bueno que ChatGPT dice.
B
Era como un resumen bueno, oye, a lo mejor de esta sección. Luego algún oyente sube el audio y le pide al ChatGPT un resumen ejecutivo en cinco puntos y con emoticonos. Oye, simplifícame lo que ha dicho este hombre en tres frases y con dibujitos. Pues podría pasar.
A
Estará satisfecho este oyente que nos envió. No la oyente que ha enviado la consulta, que supongo que bueno, sino un oyente que nos envió un mensaje que se quejaba de que eras poco contundente en tus apreciaciones. Decía ¿Que dice el mensaje? Lo voy a leer porque el Doctor Freire es prolijo en citas y tiene gran elocuencia, pero desde hace un tiempo evita mojarse. Se está contagiando de la equidistancia de su jefe, el presentador. Me gustaría que fuera más categórico en sus juicios y más tajante. Doctor, necesitamos certezas, decía este oyente que hoy estará muy satisfecho.
B
Digo, la gente quiere certezas, quieren agarrarse al clavo ardiendo de las certezas. ¿Pero sabes qué? La vida real nos prodigan certezas, querido oyente. En la vida real es ir tanteando entre sombras y yo no puedo darte verdades absolutas. Yo no soy un profeta, lo siento mucho. Yo soy un moderadito. Te ha quedado moderadito y tibio encima. Soy medio gallego, para qué te voy a contar más. No te contesto preguntando de milagro.
A
Adiós, Jorge Freire, que tengas un día estupendo.
B
Igualmente, Carlos.
A
Al cuídate mucho. Minuto recibimos a Alberto Aparici aquí en Lili.
Podcast: Más de uno - Onda Cero
Fecha: 14 de mayo de 2026
Host: Carlos Alsina
Invitado: Dr. Jorge Freire (Sección: Nudos Georgianos)
En este episodio de “Más de uno”, Carlos Alsina y el Dr. Jorge Freire abordan, con su habitual mezcla de humor y reflexión filosófica, uno de los dilemas contemporáneos más singulares: el uso de inteligencia artificial en la vida afectiva y, más concretamente, en la conquista amorosa. A partir de una consulta real de una oyente, el debate se extiende sobre la autenticidad en las relaciones actuales, la dependencia tecnológica y el riesgo de perder la espontaneidad por la búsqueda de la perfección digital.
“La empatía es uno de esos mitos de nuestro tiempo. Hay que tener compasión, no empatía, porque la empatía se muestra mientras que la compasión se alberga.” – Freire (01:27)
“Hace poco me escribió: me obsesiona cómo piensas. ¿Cómo pienso yo? Si mi familia me sigue felicitando cuando consigo poner una lavadora sin inundar la cocina.” – Rocío (03:30)
“Lo mejor es lo enemigo de lo bueno… Al final tendemos a un perfeccionismo que por definición nos lleva al desencanto.” – Freire (04:53)
“Hoy estamos generando generaciones de novitas que no consiguen ni hablar con sus parejas, sin requerir de ese Doraemon electrónico…” – Freire (06:20)
“La confianza en nuestras fuerzas las acrecienta… Si dejas de confiar en tus fuerzas, parece que menguan.” – Freire (08:32)
“La vida real nos prodiga certezas, querido oyente. En la vida real es ir tanteando entre sombras y yo no puedo darte verdades absolutas. Yo no soy un profeta, lo siento mucho. Yo soy un moderadito.” – Freire (10:15)
El episodio pone sobre la mesa, con humor y rigor filosófico, cómo la inteligencia artificial está redefiniendo la comunicación y las relaciones emocionales, generando preguntas sobre autenticidad, dependencia y la (im)posibilidad de mostrarnos vulnerables. La intervención de Jorge Freire invita a recuperar confianza en “lo bueno” y lo humano, con una lección final sobre la necesidad de convivir con la incertidumbre, lejos de los atajos digitales y las respuestas absolutas.