Colaboradores y periodistas de Más de Uno (incluyendo Antonio Casado, Carmen Morodo, Emilio Domene, Irene Ramírez, Marta García, Rubén Amón, Antonio Caño, y otros) (283:15)
Si sabéis que hoy es el Día Mundial del Sello Postal. ¿No? ¿Pero queda algo en el mundo sin tener su día mundial? Es que hay de todo. Hay un día mundial para absolutamente cualquier cosa. Es un poco casi que cachondeo, parece que pierde sentido. Pero por otro lado, a mí estos días me gustan porque nos hacen pensar, reflexionar sobre cosas en las que normalmente no le damos ni media pensada de más. Porque ¿A quién le importan hoy los sellos postales? La verdad es que salvo a los coleccionistas, a casi nadie, muy poca gente compra sellos para enviar cartas. Personalmente, cuando envía los paquetes o lo que sea, ya te lo hacen en la oficina de correos, te ponen los sellos que hagan falta. No pensamos en los sellos, son algo que está ahí, que aún se usa, pero que ya es prácticamente un fósil de otra época en la que la gente enviaba cartas manuscritas. Un mundo que murió con el email, con el smartphone, con la mensajería instantánea. Sin embargo, en el momento de su aparición, la verdad es que esto fue una auténtica revolución que cambió por completo la forma de comunicarse de la gente corriente. Pero ¿Por qué? ¿Por qué tuvo tanto impacto? ¿Qué tenía de especial ese papelito pegado ahí que se chupaba y se pegó, claro? Aparte de la diversión, claro. Pues la forma de pago y las tareas de las comunicaciones. Porque a ver, pensemos una lo que son mensajes y cartas, esto se está enviando desde siempre, desde que se inventó la escritura. Pero claro, los formatos y la manera de llevarlo o gestionarlo no siempre había sido lo óptimo. En Mesopotamia se estaba escribiendo en tablillas de barro, o sea, ojo, cuidado que escribas una carta larga, se te cae en el pie y te quedas ahí. El saber ocupa muchísimo lugar. Entonces, claro, el soporte. Pero claro, el soporte es una cuestión que una vez ya desarrollas el papel o el pergamino, pues ya no tiene importancia, porque eso es ligero y aceptablemente fiable. OK. De hecho es más fiable el papel y el pergamino que lo digital. Un problema que nos preocupa a los historiadores es que dentro de 200 años de todo nuestro mundo digital va a quedar cero para poder estudiarlo. Mientras que el papel del pergamino nos está resistiendo milenios. Ahí tenemos un problema gordo en el que hay que pensar. Sí, sí, esto es un problema muy gordo que nos preocupa porque va a ser muy complicado estudiar nuestro presente desde el futuro, porque será imposible. Va a ser muy complicado. En fin, con el papel esto no tienes problema. Pero tienes un segundo problema con el correo, que es el transporte. ¿Cómo lo llevas de lado a lado esto? Pues bueno, desde mensajeros a caballo hasta gente a pata con el tiempo. Transporte motorizado, tren, otros vehículos que aceleran la recepción. OK. Pero el tercer problema es cómo lo pagas. El mantenimiento. Sistema. Si quieres tener un correo, alguien tiene que pagar al mensajero. No lo vas a tener esclavizado, si no se te escapa medio camino. Cuando el rey o el noble quieren enviar un mensaje, ellos tienen un lacayo a sueldo, tienen un mensajero para hacerlo. Pero ¿Qué pasa cuando la tía Juani le quiere escribir a su hermano Ramón Chu, que vive en la otra punta del país, a ver cómo le va la vida, cómo están los hijos? Eso no lo paga el rey. No, eso ya. El riñón de cada uno. Claro, eso es el riñón de cada uno. ¿Pero en base a qué? El método más habitual solía ser que lo pagara el destinatario una vez lo recibía y según los kilómetros que hubiera recorrido. Es como el cobro revertido, ¿No? Claro. ¿Cuál era el problema? Pues dependías de las tarifas, del mensajero, de la distancia y sobre todo de cómo te pillara el bolsillo cuando llegara el mensaje, que era un cacao. Todos sabemos la alegría que nos hace que nos llegue una multa o alguna cosa de estas, que a veces siempre molesta. Pero hay veces que dices, ostras, este mes me pilla fatal. Pues justo este mes te escribe tu madre una carta desde hace 500 kilómetros y dice, madre, mía, mamá, ya, escríbeme. Claro. ¿Qué pasó entonces? En 1835 hubo un profesor y reformador inglés, Rowland Hill, que se empezó a interesar por la cuestión y a darle el coco. Hay un mito muy extendido, una de estas tontadas que tanto nos gustan, que dice que la inspiración, siempre que hay una historia tan bonita, normalmente siempre falsa, dice que estaba en una posada este hombre y llegó un cartero y le dio la carta a la posadera. Y ella pues leyó el remitente y le dijo el cartero muchas gracias, pero es que soy muy pobre, no tengo dinero para pagarte, o sea que toma la carta. Y el cartero pues bueno, ya no lo cogió, se iba ir. Entonces Gil le supo mal y señora, ya se la pago yo le pagó la carta. El cartero gracias. Le dejó la carta y se fue. Y la mujer entonces le si, es que no hacía falta, porque es el sistema que tengo montado con mi familia para comunicarnos sin pagar ni un duro. Nos enviamos cartas de una casa a la otra y cada miembro de la familia escribe una parte de la dirección en el exterior. Entonces el destinatario, cuando la ve, con leer la dirección por fuera sabe que todo el mundo está vivo y está bien. Devuelven la carta porque dentro no había absolutamente nada. Un sistema muy ingenuo. Qué familia más brillante. Es que está muy bien, claro, el hambre aguza el ingenio, siempre se dice. Claro, está muy bien. La historia es 100 % apócrifa. Hay versiones alternativas, pues que es un hombre que estaba en la guerra que le escribe a su prometida que está en casa. Y de hecho el propio Gil, en sus memorias, él no explica nada por el estilo. Pero bueno, es una cosa que no me extrañaría que hubiera ocurrido realmente en muchas partes, porque esto era un problema real que podía ocurrir a mucha gente y es un sistema ingenioso que seguro que alguien lo hizo. El es que bueno, Gil lo que propuso fue hacerlo al revés. Dijo, a ver, que el pago lo asuma quien envía la carta, hagámoslo en función del peso y no de la distancia. Así pues, lo tenemos ya también marcado y bajemos los precios. Hagamos que sea mucho más barato. ¿Cómo? Pues hacemos unos papelitos adhesivos que tengan un valor X, lo pegamos a la carta, esto ya indica el valor y así se puede financiar el sistema. Mucha más gente enviará cartas, las comunicaciones mejorarán y con ello el sistema post, haciendo cosas más baratas, conseguirá mayor beneficio y será más fácil para todos. Y bueno, pues la verdad es que al principio el gobierno británico Madre mía, qué disparate. La oficina postal, ¿A quién se lo ocurre? Madre mía, qué ideas innovadoras, que todos son un desastre. En fin, todo el mundo, el resto, empresarios, la gente dijo pero esto es una idea buenísima. Se fue implantando el sistema hasta que en 1840 ya se fabricó el primer sello postal del mundo, el famoso Penny Black, con la efigie de la reina Victoria. Y bueno, pues para que vean, veáis cómo funcionaba. Aquel mismo año, el número de cartas enviadas en Reino Unido se duplicó y al cabo de una década se había vuelto a doblar todo esto a caballo de la mayor alfabetización social. Entonces, claro, estábamos hablando de un mundo que empezaba a comunicarse a una velocidad brutal. En vista del éxito, muchos otros países ya lo fueron asumiendo y para 1860 ya estaba en más de 90 de ellos. ¿Y el nuestro cuándo se emite el primer sello en España? En España. Pues mira, aquí en España llegaron rapidísimo. Los primeros emitieron una década después de haberse hecho en Reino Unido, en 1850. Aquí obviamente no sale la reina Victoria, aquí estaba la Reina Isabel II. Claro, aquí cada uno tiene que tirar de su Yo tiro con mi rey o mi reina, lo que tenga en ese momento un presidente, lo que te toque. En fin, en este caso, la Reina Isabel II. Eran cinco sellos con cinco valores distintos y en cinco colorinchis para que los tuviera todo el mundo, claro, el más Bueno, el de 10 reales de color verde, el color del billetito, 6 reales en azul, el de 5 reales en rojo, 12 cuartos en lila y los 6 cuartos en negro. El baratillo para la cartita esa, Pues eso, la que le escribí a la tía Juan y al primo Ramón Chu de ¿Cómo están los niños? Bien, plin, plum, plum, lo pego y en baratito te lo envío hoy. Los sellos postales son más cosa de coleccionista que otra cosa, pero hay que transformar realmente nuestra forma de comunicarnos. Fue como la llegada del email a nuestras vidas. Nos permitieron dispersarnos por el mundo sin perder tanto de vista a nuestros seres queridos, o sea que yo creo que se merecen su día mundial porque siguen existiendo y se siguen utilizando. Casi nadie ya escribe cartas. Es verdad. Es una pena porque es bonito. Sí, sí que lo es. Y quien las escribe. Sí, utilízalos ellos. Y sigue teniendo que chupar el. No, ya son adhesivos. Ahora ya son adhesivos. Sí, claro. Otro día. Tienes perdido el encanto de pecar. Todavía tienes que contarnos cuándo cayó alguien en la cuenta de que igual habiendo adhesivos no era necesario. Era muy higiénico eso, ¿Verdad? Chupar las cartas. Yo he chupado muchas cartas. Ahora ya van con el papelito, pero yo. Yo las he chupado. Y aquellos fritensos de Navidad. Y la verdad es que aquello sabe a infierno. Sabe mejor que carbón. Lo peor era cuando al chupar el sobre te cortabas un poco con el papel. Ojo, que tiene un peligro que no veas. Te pegas un tajo con un folio. Lo peor era que se te quedaba el sabor este del pegamento todo el día. Es verdad que luego para los investigadores policiales era maravilloso porque dejabas ahí todo tu ADN. Claro, ahora sí es que es todo tan. Tan esteril que es imposible pillar a nadie. Bueno, traite que tengas un día estupendo. Un día del señor Mundial. Y hasta la semana que viene. Cuídate mucho. Hasta la semana que viene. Un abrazo. Hasta la próxima semana. Aquí hay que irse. Claro, es verdad. Pues en 30 segundos comienza la programación local y regional en cada una de las emisoras de Onda Cero. Mañana a las seis en punto. Seis en punto, cinco en Canarias. Yo sé que es temprano, pero es la hora a la que empieza cada día este programa. Recuperado ya nuestro horario habitual. Y así ya vamos a continuar durante todo el año. Seis de la mañana, cinco en Canarias. Comenzará este programa de nuevo con el mismo equipo de. Pero ya con las noticias de mañana. Si a usted le parece bien, ahí estará el ingeniero Montes para levantar la persiana con María Gómez Prieto. Porque Ondarreta sigue de vacaciones como Begoña Gómez de.