A (227:12)
Vendiendo, que tenemos faena. Pasen dentro y disfruten. Radioficción. Es mentira, pero está pasando. Con todos ustedes, el anfitrión de este espectáculo, Carlos Alsina. Muchísimas gracias. Gracias, querido público, por llenar una semana más las butacas de este teatro imaginario Luis del Olmo. Sean todos bienvenidos. Espero que estéis muy cómodos y listos ya para disfrutar de una nueva sesión de ficción sonora. Muy bien. Entusiasmo del público, como nos gusta. Es una buena señal. Muchas gracias. La función de hoy, les adelanto que va a ser un poco especial. El teatro se sostiene sobre los hombros de muchísimos trabajadores de muchísimos departamentos distintos. Y hoy dos de esos indispensables trabajadores se jubilan. Es una pena. Han sido dos pilares de este teatro durante todos estos últimos años. Dos grandes responsables del departamento de iluminación del teatro Luis del Olmo, que llevan trabajando de manera incansable ahí entre bambalinas desde hace 30 o 35 años. Estos dos grandísimos técnicos se llaman Ángel Gómez Malo y Dani Golfín. Y para despedirlos como se merecen, voy a pedir que suban al escenario una última vez para poder despedirse también ellos de todos ustedes. Así que un fuerte aplauso, por favor, para nuestros dos compañeros del teatro. Luis El Olmo. Ponte por aquí. Dani, aquí. Me pongo aquí a mi Vera. ¿Pero has subido solo tú? ¿Dónde está Ángel Gómez Malo? No, no quiere subirse. Ah, no quiere subirse. No. Dice que no le gusta acaparar atenciones. Siempre ha sido muy discreto, Ángel. Es verdad, Está negando. Mira, está entre bambalinas. Niega con la cabeza. ¿Seguro que no te animas, Ángel? No. Venga, anímate, Ángel, que es tu último día. Hombre, que dice que no. Sí, hombre. Que no quiere. Di algo por el micrófono de la cabina. Aunque sea así, te oye el público del teatro. Eso sí sería bonito. Venga, vamos todos a animarle. Que hable, que hable, que hable, que hable, que hable. Que no habla, Ángel. Que no tienes elección. Eso. Algo tienes que decirnos. Que si no vas a quedar fatal en tu dale al botoncito ese y que se te escuche decir algo. Vaya, que listillo. Bueno, y ya nos contentamos con poco, ¿Ves? Bueno, compañeros, que sepáis que os vamos a echar mucho de menos a los dos. Y que nos estamos preguntando qué va a ser de nosotros. Qué va a ser de la iluminación de este teatro. Tranquilo, que la cantera de iluminadores que se queda está perfectamente cubierta. Sí, que son buenos. Extraordinaria, como diría Nacho García. Jovencísimos. Muy buenos porque les habéis enseñado bien. Y para que disfrutéis de la función como os merecéis, os hemos habilitado el palco. El palco especial, que casi nunca lo abrimos especialmente para vosotros dos. Vais a estar ahí como rey. Mira cómo sonríe Ángel. Esto le ha gustado. Esto sí le apetece. Oye, mira qué maravilla. Carlos, ¿Puedo salir un segundito a fumar antes de subir? Hombre, claro. Faltaría más. Sí, por ahí. Tú te lo sabes. Bueno, un aplauso para Ángel Gómez Malo y para Dani Golfín mientras suben al palco en su último día de trabajo aquí en la radio. Hoy lo voy a decir antes de dar el elenco completo. Ha interpretado a Daniel Golfín, Daniel Solís. Y en el papel de Ángel Gómez Malo hemos escuchado, aunque haya sido poquito. Ángel Gómez. Bueno, Se jubilan. Pues oye, pues enhorabuena. Bueno, ahora vamos ya con radioficción de hoy. Sergio del Molino. ¿Dónde está Sergio del Molino? Aquí, aquí, aquí. Aquí está. Sergio del Molino. Dime. Carlos Alsina. Bueno, buenos días, por cierto. Buenos días. Bueno, a ver cómo lo explico. La gerencia del Gran Teatro Luis del Olmo se reunió a finales del año pasado y tomó algunas decisiones. Sergio. Vaya, ya vienen los recortes. No, No lo llamar recortes, llámalo sensatez. Bueno, por lo que sea, pero dímelo rápido, que los disgustos así mejor, como las tiritas. A ver, Consideran los gestores del teatro que utilizas demasiados recursos. Ya lo sabía yo. El maldito parné, como siempre. Maldito parné. No es sólo el dinero. Entonces ¿Qué va a ser si no es sólo el dinero? Que te tomas demasiadas molestias. Que al final esto solo es una conversación con un personaje ilustre. Y tú le das demasiada importancia a los decorados, a la ambientación. Carlos, Es que no viven en nuestra época. Bueno, pues oye, yo si queréis. Si queréis os traigo políticos y ya está. Tampoco te pongas así, no te lo tomes. A ver por la tremenda. Que solo quieren que la cosa sea más íntima, con menos pirotecnia, que vayas más al grano, digamos. Pues la hemos hecho buena, Carlos. ¿Por qué dices? Pues porque hoy, como era la primera entrevista del año, yo he tirado de chequera. No me digas eso, hombre. Una ópera entera había montado. No, no, que no, que no. Eso es justo lo que no quieren los gerentes. La Ópera Nacional de Dinamarca. De Dinamarca. Incluso antes de esta advertencia, traer una ópera ya me habría parecido demasiado. Es que te ha subido a la parra. A ver, pero si es que me dais un presupuesto imaginario. Pues yo tiro de euros imaginarios. Que tampoco es culpa mía que el saldo de la visa sea imaginario también y no tenga límites. Venga, te lo vamos a consentir por esta última vez. ¿Última vez? No, no. Vamos a empezar bien. Yo soy un trabajador disciplinado y me ajusto a lo que se pide de mí. Así que dejadme un momentito que despacho a la compañía. Chicos, chicos, que no hay función. Todo es para casa. Arreando. Alex Kalhelm. Alex Kalhelm. Alex Kalhem es arreando. Arreando. Bueno, nada. Sí se habían disgustado. Ni peros ni peras. No, que ya habéis oído al Sinala a Copenhague. Venga. Farbel, Farbel. Farbel. Nada, qué poco cariñoso está siendo al despedirle. Y en autobús. Y en autobús también. Que no tengo el presupuesto. Que ya me han quitado el presupuesto por el avión. ¿Alguien ha dicho algo? Buen entendido. Nada. Dicen que ha sido un placer y que hasta la próxima. Ah, pues lo mismo, lo mismo. Muy contentos. No se les ve nada los daneses. Es choque cultural. Que los daneses se expresan así. Su jue. Y tu padre también. Pero hombre, Sergio, pobre, que están acostumbrados a la. Farbel. Farbel. Venga, hasta la vista. Farbel. Qué es que le. Ay, Farbel. Venga. Ala. Oye, Carlos, ya nos hemos librado de los músicos. ¿Pero la orquesta del teatro la puedo usar? Sí, para eso está la orquesta del teatro. Pero con mesura, ¿Vale? Para aprovechar aunque sea la obertura de la ópera. Sí, pero deprisa, porque es que se nos echa el tiempo encima. No hemos empezado. Maestra Encarnación Carrasco, por favor, cuando quiera. Qué maravilla. Qué belleza. Gracias. Gracias de corazón. ¿Me perdona? ¿Usted quién es? Perdona que no se me saltan las lágrimas. Pero no es por la emoción, no crean. Es el rapé que me irrita los ojos. ¿Quieren una puntita? No, no, gracias, Sr. Andersen. Me estoy quitando del rapé. ¿Andersen? Sí. Aquí tenemos al mismísimo Hans Christian Andersen. Alsina, el de los cuentos. Bueno, no sólo el de los cuentos, que uno escribió más cosas. Pero qué le vamos a hacer si a todos nos encasillan. Usted debe ser Alsina, el de las entrevistas. Sí, bueno, y otras cosas que también hago, ¿Entiende? Pero que no quería yo ofenderle. No me ofende, pero si jugamos a reducir las cosas, jugamos todos. Yo fui poeta, viajero, novelista, dramaturgo y un largo etcétera, pero nada. Si tengo que ser Andersen el de los cuentos, pues el de los cuentos seré. Y es un gusto tenerle con nosotros, Sr. Andersen. Anda, y usted es del molino, el de la España vacía. Vacía. Bueno, venga. Menos mal que no se nos ha enfadado, Sr. Andersen. No me enfado, no me enfado. Solo lo digo por incordiar. Bueno, con la música bonita que le hemos puesto, que no es la orquesta nacional de Dinamarca, pero es muy agradecido que estoy. Casi siempre me reciben con la basura esa de Disney. La sirenita. Sí. Qué canciones más horteras. Esto es mucho mejor. Me parece muy bonita la banda sonora de La sirenita. Bueno, esto para que lo sepa el público, es la obertura de la ópera La pequeña cerillera, basada en un cuento suyo del señor Andersen y compuesta por su compatriota August Enna en 1897. ¿Esta es la ópera que ibas a montar? Esta es. Pero os habéis quedado sin ella. Perdón. Les he dicho que era el rapé, pero este cuento me pone siempre muy sentimental. Me cuesta guardar la compostura. Y yo lo entiendo. Lo entiendo, Sr. Anderson. Lo entiende. ¿Y por qué? Porque lo entiendes. Pues porque me he perdido yo. A ver que lo cuente mejor nuestro invitado. Pero se dice que La pequeña cerillera es un cuento sobre su madre. Así es, así es. No lo puedo disimular. Pues yo pensaba que era un historia tradicional, como los demás cuentos. Por favor. ¿Pero qué insinúa, Carlos? A ver. No, los cuentos de Anderson son originales, son suyos. ¿No me estará confundiendo con los sucios hermanos Grimm? No faltaría más. Los Grimm cogían historias tradicionales y las reescribían. Maldito sean. Yo me inventé todo mi mundo, pero lo hice también con tanto cuidado que la gente se creyó que eran cuentos tradicionales. Y eso es lo más bonito que le pueden pasar a un escritor. No, o sea, que el pueblo se apropie de su obra. Siempre que se me abonen los derechos de autor, claro. Lo cortés no quita lo económico. Pero bueno, entonces nos confirma que es verdad que La pequeña cerillera habla de su madre. Toda la literatura habla un poco de su autor. Y quien diga lo contrario miente o es un plagiario como los hermanos Grimm. Pero este en concreto habla de su familia. Quizá usted sepa que yo nací muy pobre. Fui hijo de un zapatero. Apenas pude ir a la escuela y mi madre, pues lo pasó mal. Pobrecita mía. Sí hay muchas historias de mi infancia y de mi juventud que están en mis cuentos. No sólo esta de La cerillera. También tiene ahí El soldadito de plomo o El traje nuevo del emperador. Son cosas que me preocupaban. Recuerdos, tristuras infantiles. Uno escribe de lo que sabe y lo que siente. Yo he leído. He leído por ahí que su autobiografía más sincera está contada en el patito feo. Eso, querido amigo, es un poco cabroncete con ánimo de molestar. Ya, ya. Pero cuando se da donde duele. Discúlpeme y sobre todo Discúlpele a Sergio, Sr. Andersen. Es que él no es sensible. No se me aloben porque no se me aloben. Es que a mí me parece un cuento perfecto. No lo decía por fastidiar, pero no por la moraleja. El rollo de la fábula, lo que nos enseñan, a mí no me interesa. La enseñanza esta que se supone de que tiene para los niños que son diferentes y de aceptar al otro y todo eso, a mí me gusta porque define muy bien qué es un escritor y qué es la vocación literaria. Pues no lo había visto así, pero un poco de razón sí tiene. No lo entiendo. ¿Qué tiene que ver esta historia con? Yo se lo cuento. Yo se lo cuento. Aunque no pensaba en eso cuando lo escribí. Sí pensaba en lo mal que lo pasé en la escuela, en lo duro que fue ser un chaval pobre que intentaba ser poeta en Copenhague, que es una ciudad muy fría, y no por el clima. Pero hoy sé que sólo los patitos feos somos escritores. Los cisnes que nacen donde deben y no se ven distintos, nunca escriben nada. Por eso iba. Yo creo. Yo creo. Comparto con usted que sólo se escribe desde la incomodidad y desde la soledad. Y si no te sientes un bicho raro o un patito feo, yo creo que nunca te metes en la literatura. Es cierto. Si yo hubiera nacido en una casa rica, si mi padre no hubiera sido zapatero y mi madre no hubiera sido alcohólica, para rato me hubiera ido yo con lo puesto a la capital a probar suerte en las revistas. Lo que me estáis diciendo es que no hay escritor felices. No, lo que le estoy diciendo es que los escritores felices son un. Tampoco será eso. Cómo se nota que usted fue un niño querido con una infancia felicísima. Si usted lo dice. No seré yo quien hasta cantó con Torre Bruno. Torre Bruno. No, eso no es verdad. Y por ahí no vamos a ir. No, torre. ¿Qué? Quita esto el guión. Se nos acaba el tiempo para la entrevista. Qué pena, porque podemos escuchar otra vez esa música maravillosa. Eso sí, un poquito, solo un poquito. Para. Muchas gracias. Para despedirnos. Bueno, ha sido un honor conocerle y conversar con usted esta mañana, Sr. Andersen. El placer ha sido mío. Me vuelvo a mi época. Farbel al examen. Eso, muy bien. Sea lo que sea que signifique eso que ha dicho. Lo mismo significa. Dios. Adiós. Hasta luego. Hasta la vista. Que está despidiendo. Y yo también me despido también, que quería charlar un poquito más de literatura aquí con el bueno de Hans. Le acompaño a la salida. Mi puerta siempre está abierta para todo amante del verbo. Pues venga, me voy a dar una vueltecita. Vámonos, vámonos. Muy bien. Pues vamos al intermedio entonces y así Sergio se lo piensa un poco si se marcha o se queda con nosotros. Y a la vuelta del intermedio. Continúa. Continúa. Radioficción. Estás planteando solicitar tu préstamo Cofidis sin cambiar de banco, con atención personalizada y a tu medida. Pues que vivan los cambios. Más info en Cofidis es. Cofidis, 35 años a tu lado. ¿Quieres renovar tu armario con las últimas tendencias? En Cortefier celebramos nuestro aniversario con rebajas nunca vistas. Descuentos de hasta el 70. Proteger mejor. Que vivan los cambios. Entra ahora en Cofidis ES y solicita tu préstamo sin cambiar de banco, con atención personalizada y a tu medida. Cofidis, 35 años a tu lado. Les estamos ofreciendo radioficción. Es mentira, pero está pasando. Pues aquí seguimos en el escenario del teatro Luis del Olmo y veo que en el patio de butacas está el público muy entretenido y muy atento. Y vamos a recuperar un formato que quizá ustedes recuerdan. Se trata de una especie de subsección que nos sirve de excusa para asomarnos al pasado y viajar en el tiempo. Es un formato que hemos titulado ¿Cómo nació ese personaje del que usted me habla? ¿Cómo naciÓ ese personaje del que USTED me habla? En efecto, es un espacio que nos permite descubrir el detrás de las escenas de los mayores iconos de la cultura popular, o sea, cómo crearon los escritores, guionistas, compositores del pasado las obras y personajes que tanto nos cautivan a día de hoy. De modo que vamos a viajar en el tiempo, ahora y en el espacio para descubrir la historia real que inspiró uno de los libros más populares de la literatura universal. Un libro de cuentos. Desde que el ser humano ha tenido capacidad para volcar sus pensamientos e inquietudes en textos escritos, nos han fascinado las historias. Y en particular, ignoro el motivo las historias que plasman el vínculo intangible que une a los niños con los animales. Recordarán, por ejemplo, la leyenda de Rómulo y Remo, los fundadores de la poderosa ciudad de Roma. Se cuenta que siendo sólo unos bebés, fueron rescatados y amamantados por una loba salvaje que los llevó hasta su refugio. Este relato se ha preservado durante cientos de años, pero solo es eso, un relato, una historia de ficción. Esta mañana yo voy a narrarles una historia totalmente distinta. El punto de partida es parecido. En mi historia también hay un niño criado por lobos. Pero al contrario que en la leyenda romana, el niño lobo de mi historia existió. Seguidme de cerca. Con cuidado, nada de ruido. Y no os disperséis. Gran parte de la India está cubierta por espesas junglas, prácticamente impenetrables, donde se refugian bestias salvajes, reptiles e insectos, dispuestos a batallar contra el hombre en cuanto tienen la más mínima ocasión. El gobierno indio, de cuando en cuando, para apaciguar el temor a estas bestias, ofrece una recompensa de entre 5 y 50 rupias por la cabeza de cada depredador salvaje. Por eso, y siguiendo la costumbre de caza local en grupo, en el año 1867, una banda de cazadores nativos, o shikaris, se internaron en la jungla de Bulansahar. Las huellas del oso se pierden aquí. ¿Por dónde seguimos? Yo acamparía. Akela, está anocheciendo. No, el animal está cerca. No podemos rendir. La fortuna no acompañaba esta partida de caza. Alguna presa había caído en su saco, pero no las suficientes como para.