
El director de Más de uno ha recuperado unas declaraciones en el Congreso del exministro de Transportes, en el que realizó un emotivo discurso a favor de la limpieza pública, ocho años después se sentará en el banquillo de los acusados.
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Narrador/Locutor
¿Qué tal, ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos en el 7 de abril del 26. Esto es más de uno, esto es la radio sonda cero. Y les cuento una historia que es muy corta. Años después de que Fernando Colomo filmara para La vida alegre la famosa escena del zapato.
Actor/Personaje de la escena
Mi zapato. Que he perdido un zapato. Pero qué cosa más rara, ¿No? Es que me hacen daño, ¿Sabes? Y entonces me los quito en los coches, pero ahora no encuen y muy
Narrador/Locutor
lejos no ha podido ir. Esta es la escena en la que Antonio Resine se deshace del zapato, va en el coche creyendo que el zapato se lo ha olvidado allí su amante, cuando en realidad el zapato es de la jefa de Verónica Forque, que va en el asiento atrás y que se quita los zapatos cuando va en coche. Luego no hay manera de. Años después de filmar la escena, contó Colomo que en realidad emulaba un episodio real que le había contado Ana García Obregón, famosa o famosísima por vivir todo tipo de aventuras, algunas de ellas incluso reales, y que igual ésta le había pasado a ella misma. Estaba basada en hechos reales. Treinta años después de La vida alegre y ocho años antes de que Pedro Almodóvar promocionara su última película, Amarga Navidad, proclamando a los cuatro vientos que la historia es su propia historia, que Sbaraglia es el mismo, que la crisis del cineasta atascado, reiterativo, sin gracia, es su propia crisis. Antes de todo eso, un autor de historias increíbles, menos reputado que Ana García Obregón y que Pedro Almodóvar, pero a estas alturas igual de conocido, declamó ante el público atento del Palacio de las Cortes un poema dramático sobre las tentaciones humanas, sobre los pecados, los vicios y sobre la sanción que la indecencia merece. Fue un discurso muy aplaudido por sus seguidores, que sólo mucho después se supo que en realidad era un discurso inspirado en su propia naturaleza y en sus propios instintos, como ocurre con las películas que apetece volver a ver cuando ya se conoce el desenlace, para poder detectar la cantidad de pistas que te habían pasado inadvertidas y que estaban ahí. Pues con el relato oral este que hizo en el año 2018 este contador de historias de nombre Jose, ocurre que sólo al escucharlo de nuevo uno cae en la cuenta de que apretándole ya el zapato, en realidad estaba desvelándonos el futuro estaba adelantándonos los hechos. Estaba hablando todo el tiempo de sí mismo.
Político/Orador
Crearon con su particular uso del poder un verdadero círculo perfecto de corrupción, encubriéndola con tretas y artimañas. Para ello no han dudado en acusar de prevaricación a los jueces, incluso estos días. Si comprendieran la gravedad de la situación, yo no estaría aquí.
Narrador/Locutor
El uso del poder para generar corrupción, para encubrirla con tretas, para denigrar las investigaciones judiciales, el emotivo discurso sobre la limpieza pública como gran coartada o como gran impostura para camuflar el anhelo de hacerse un patrimonio abusando del poder que el jefe te ha atribuido.
Político/Orador
No podemos normalizar la corrupción. La corrupción no puede ser algo nunca se podrá evitar, pero no justificable. La decencia debe ser algo esencial, no accesorio.
Narrador/Locutor
No accesorio. Así como Pedro Sánchez de antes de llegar al poder es quien mejor refuta al Pedro Sánchez que luego gobernó, el José Luis Ábalos que subió en 2018 a la tribuna del Congreso a predicar contra la corrupción es quien mejor retrata al José Luis Ábalos que ocho años después se sienta por primera vez en el banquillo acusado de corrupción o de corrupciones. Porque esto que hoy se inicia es un rosario de juicios sobre corrupciones en todas sus modalidades. Del trapicheo de los contratos, de las mascarillas durante los peores días de la pandemia a las mordidas por adjudicaciones de obra pública antes, durante y después de la pandemia, pasando por la utilización de empresas públicas como abrevadero salarial de amigas y conocidas, o el uso del dinero en efectivo sin control real para justificar sobres con billetes en el partido que él también dirigía. Todo ello presuntamente partido que dirigía, el Partido Socialista, del que fue capataz por expreso deseo de su compañero, líder y amigo Pedro Sánchez durante cuatro años. Todo lo que Ábalos exigió a Rajoy aquel día de autobiografía visionaria en el Congreso, todo lo que Ábalos exigió Rajoy, es lo que Ábalos se ha negado a hacer Desde que en 2024 fue detenido Coldo García, su Coldo, su hombre para todos, su asesorísimo, y el mundo a su alrededor empezó a resquebrajarse.
Político/Orador
Reconocer los hechos, pedir perdón, sobre todo colaborar con la justicia y asumir las
Narrador/Locutor
responsabilidades políticas ni él asumió responsabilidad política alguna. A él se la hicieron asumir desterrándole del grupo parlamentario por haber dado galones a quien no debía ni asumió responsabilidad política alguna. Quien le dio galones a él, a día de hoy no la ha asumido ni tiene intención alguna de asumirla. En los dos años que han pasado desde que la UCO empezó a tirar del hilo de las mascarillas del corruptor Aldama y sus colegas de Soluciones de Gestión, el presidente del Gobierno ha alumbrado una novedosa doctrina sobre la forma de asumir responsabilidades por haber escogido a dos escuderos que le salieron rana, primero Ábalos y luego Santos Cerdán. La doctrina dice que uno asume responsabilidades políticas sólo por el hecho de decir que las ha asumido aunque nada cambie ni en su situación, la de él, ni en sus competencias, las suyas, ni en el poder que sigue ejerciendo, que en el caso del Presidente es todo el poder en el Gobierno y en el Partido Socialista. Todo aquello que el Sánchez opositor le reclamó a Esperanza Aguirre por sus dos batracios encarcelados, todo lo que le arrojó a la cara a Mariano Rajoy, y con razón, a cuenta de la Gürtel, Dimita. Dimita aunque no fuera usted el corrupto, dimita aunque diga que no sabía nada, Dimita porque su obligación era impedir que floreciera a su alrededor la corrupción. Todo aquello es lo que hoy ha borrado de su memoria el presidente que todo lo justifica, lo de Ábalos, lo de Cerdán, lo de Leire, lo de Coldo, lo de Paco Salazar, en que él siempre estuvo en Babia y asumió su responsabilidad política con decir que la asumía para impugnar la presunta coherencia y los presuntos principios en la gestión de los escándalos. Sánchez se basta y se sobra con él mismo porque todo lo tiene dicho ya, porque todas las posibles posturas las tiene enunciadas ya y porque en cada momento esté en la oposición le afecte a otro, esté en el Gobierno le afecte a él, en cada momento asume la que más airosa le resulte. Incluso aquello de afirmar que en lo relativo a su vida privada José Luis Jose era un extraño para él, desde el punto de vista personal era un gran desconocido para mí. Gran desconocido para mí. Lo que hoy se empieza a juzgar en el Tribunal Supremo no es la vida privada de José Luis Ábalos, es la gestión pública del ministro José Luis Ábalos. El mismo que compartió decenas de consejos de ministros, cientos de reuniones mañaneras en Moncloa, cientos de ejecutivas, comités federales, cientos de viajes, de mensajes, de conversaciones con su amigo el presidente que estaba en Bavia. Uno no se corrompe porque tenga la oportunidad de hacerlo. Uno se corrompe porque decide corromperse. Lo elige, lo desea, lo lleva dentro. Los ladrones somos gente honrada, que diría Jardiel. Cuando Ábalo subió a la tribuna del Congreso de los Diputados en el año 2018, ya llevaba un corrupto en potencia, presunto corrupto, dentro. Sólo así se explica que apenas tardaron unas semanas en abrirle las puertas del Ministerio de Fomento al tal Aldama acunado por Coldo. Cuando Cerdán llegó a Madrid a compartir piso con Servinábar Alonso y a disfrutar de despachito en Farraz, ya llevaba un presunto corrupto dentro. Sus negocios con Anchón eran anteriores, muy anteriores, al regreso de Pedro Sánchez a la secretaría general y a los avales que les vigiló insomne el cortador de troncos, su tronco. No detectar que los presuntos corruptos se te pegan, que el Peugeot se te llena de frescos, con ganas de vivir la vida, la vida, padre. No reparar en qué clase de oficiales has nombrado para que se hagan cargo de tu ejército y dejarles hacer y seguir dejándoles hacer. Aún habiendo escuchado ya algunas cosas sobre el tal Coldo, sobre la larga mano en el ministerio, sobre la relación exageradamente estrecha, viajes o teres que mantiene con Jose, el ministro. No haber sido capaz de enterarte de nada, versión más generosa, y no haber movido un dedo hasta que la UCO vino a revelarte el mundo real que habitabas hace años, exige algo más que una contrición tan afectada como carentes de consecuencias. A contrición la del presidente Ayuna de rendición de cuentas y de asunción real de responsabilidades políticas. Esta teoría es recurrente y ventajista. De la manzana podrida Hay una manzana podrida, o dos, o tres. La oveja negra que avergüenza a la familia, la bendita inocencia de los jefes, los tutores, los mentores, que nunca se enteraban de nada, dejó escrito Benjamín Franklin en su Almanaque del pobre Ricardo, que la manzana podrida echa a perder a su vecina y que la verdad a medias casi siempre es una gran mentira. No es Sánchez quien empieza a ser juzgado hoy en el Tribunal Supremo, eso es un hecho. Son los hermanos Dalton, a los que él confió el rancho de Ferraz. Los hermanos Dalton, por cierto, también decían ser garantes de la ley hasta que se pasaron al lado oscuro y mutaron en banda de forajidos inmortalizada en la memoria de los boomers por los dibujos animados de Lucky Luke. Los hermanos Alton eran todos clavados, salvo en su estatura y en su agudeza. Iban del más alto al más chaparro y del más avispado al más tonto. Pero forajidos eran todos. El problema que representa la oveja negra es que no hay manera de blanquearla, como saben los ganaderos, y que en medio del blanquísimo rebaño, la oveja negra resalta tanto que cuesta creer al pastor que pastorea cuando se duele de no haber sabido ver el carácter oscuro de uno de sus borregos. Bueno, de uno, al menos de tres.
Podcast: Más de uno (Onda Cero)
Fecha: 7 de abril de 2026
Host: Carlos Alsina
En este monólogo, Carlos Alsina analiza con información y humor el caso de José Luis Ábalos, enfocándose en la ironía autobiográfica de sus discursos pasados contra la corrupción y su situación actual en el banquillo de los acusados. A través de referencias cinematográficas, política reciente y mordaces paralelismos, Alsina pone en cuestión la coherencia de los grandes relatos políticos sobre la corrupción, el ejercicio del poder y la asunción (o no) de responsabilidades.
[00:05 – 01:45]
[01:45 – 02:34]
"Fue un discurso muy aplaudido por sus seguidores, que sólo mucho después se supo que en realidad era un discurso inspirado en su propia naturaleza y en sus propios instintos."
(Alsina, 01:58)
[02:34 – 03:16]
Se escuchan fragmentos del discurso de Ábalos en el Congreso condenando la corrupción:
"Crearon con su particular uso del poder un verdadero círculo perfecto de corrupción, encubriéndola con tretas y artimañas. Para ello no han dudado en acusar de prevaricación a los jueces."
(Ábalos, 02:34)
"La decencia debe ser algo esencial, no accesorio."
(Ábalos, 03:16)
Alsina enfatiza la ironía de que todo lo que Ábalos exigió a otros es precisamente lo que él evitaría hacer años después bajo acusación.
[03:27 – 04:58]
Recorrido por los distintos escándalos de corrupción asociados a Ábalos: contratos de mascarillas en pandemia, adjudicaciones públicas, uso de empresas públicas para favores personales y manejo opaco de efectivo.
Señala cómo Ábalos, tras la detención de su mano derecha Coldo García en 2024, rehusó asumir cualquier responsabilidad política:
"Ni él asumió responsabilidad política alguna. A él se la hicieron asumir desterrándole del grupo parlamentario..."
(Alsina, 04:58)
Crítica al doble rasero del presidente Pedro Sánchez y el Partido Socialista para "asumir" responsabilidades: basta con decirlo, aunque nada cambie.
[04:58 – 06:10]
Paralelismos entre los discursos de Sánchez en la oposición contra Rajoy y Aguirre, exigiendo dimisiones inmediatas por la corrupción ajena, y su actitud laxa como presidente respecto a sus escuderos implicados (Ábalos, Cerdán, otros).
"Todo aquello que el Sánchez opositor le reclamó a Esperanza Aguirre, todo lo que le arrojó a la cara a Mariano Rajoy, y con razón, a cuenta de la Gürtel... es lo que hoy ha borrado de su memoria el presidente que todo lo justifica."
(Alsina, 05:30)
Añade la famosa estrategia política de desligar a los jefes de la supuesta “oveja negra” en el entorno.
[06:11 – 08:00]
Reflexión sobre la corrupción como una decisión personal, no meramente fruto de la oportunidad:
"Uno no se corrompe porque tenga la oportunidad. Uno se corrompe porque decide corromperse. Lo elige, lo desea, lo lleva dentro.”
(Alsina, 06:45)
Análisis del entorno: cómo los líderes (en este caso, Pedro Sánchez) eligen y mantienen a colaboradores que acaban traicionando la ética pública.
Referencia a la teoría recurrente de la “manzana podrida”:
"La manzana podrida echa a perder a su vecina y que la verdad a medias casi siempre es una gran mentira.”
(Alsina citando a Benjamín Franklin, 07:30)
[08:00 – 09:10]
"La oveja negra resalta tanto que cuesta creer al pastor que pastorea cuando se duele de no haber sabido ver el carácter oscuro de uno de sus borregos. Bueno, de uno, al menos de tres."
(Alsina, 09:05)
Alsina cierra el monólogo exponiendo la paradoja central: cómo los relatos políticos y las cruzadas morales suelen volverse autobiográficas para quienes los pronuncian, y cómo la corrupción acaba siendo una cuestión de elección personal —y de liderazgo— más que de simples circunstancias o “manzanas podridas”. Entre ironía, sarcasmo y referencias culturales, el episodio deja clara la compleja relación entre la retórica política, la responsabilidad individual y colectiva y el eterno retorno de los mismos errores en la vida pública española.
Este resumen recoge los elementos esenciales y el espíritu del monólogo, conservando los giros, la ironía y la aguda mirada crítica de Carlos Alsina.