A (4:06)
La nueva mayoría del Parlamento en Hungría este era Borbana anoche admitiendo su derrota. La nueva mayoría del Parlamento la tiene, Creo que se llama Partido de Respeto y Libertad, es la traducción, que es el partido que lidera Peter Magyar, o Magyar, como decidamos llamarle aquí entre todos. Peter Mag, probable nuevo primer ministro de Hungría. Bueno, probable es que tiene dos tercios de los escaños en el Parlamento, que es quien tiene que investirle. Ha demostrado primero que Orban no era imbatible y segundo, que para ganar a Orban antes había que haber sido muy de Orban, porque este es el caso. Son cuña de la misma madera. Bueno, Magyar o Magyar es cuña de la misma madera que Orban. Es una escisión de su propio partido, digamos, un poco en sentido contrario a como Vox surgió en España con ex dirigentes del Partido Popular. En Hungría es el PP el que surgió como escisión de Vox y quién le ha acabado ganando la partida. Si Abascal es tan fan de Orban como de Trump, este Peter Mayer que ha ganado tiene ubicado su partido en el Partido Popular Europeo, en el grupo parlamentario del Grupo Popular Europeo, en el Parlamento comunitario, o sea, está ubicado en la derecha tradicional, en la derecha proeuropea y en la derecha nada putinista. Compatriotas, Hungría volverá a ser un fuerte aliado de la Unión Europea y de la OTAN. El nuevo gobierno húngaro seguirá por tanto siendo de derechas para satisfacción de sus colegas europeos, que lo son en abrumadora mayoría. Los gobernantes europeos en este momento son casi todos ellos de derechas, pero dejará de ser de Viktor Orban y dejará de ser del populismo de extrema derecha alineado con Putin y con Donald Trump, los dos a un tiempo. Y en este sentido, la voluntad de los húngaros en las urnas ha sido recibida con alivio por la mayoría. Bueno, puede que por todos los gobiernos europeos. Por alivio y casi casi con euforia. Diría grano en húngaro se dice gabona y culo, con perdón, se dice tzamar. Pero no consta que grano y culo formen en húngaro una expresión tan escueta y tan precisa como lo hacen en español. Y eso ha sido Orban para sus colegas estos últimos años. El escollo permanente, el disidente, el generador de problemas, invocando siempre su derecho a veto. Don Beto ha sido otro de sus apodos. El topo. Podría serlo, ¿No? El topo ruso. Perder las elecciones como lo ha hecho, habiendo reformado la ley electoral a medida de lo que pensaba que eran sus intereses, habiendo mangoneado el poder judicial todo lo que ha podido, habiendo ejercido la presión sobre los medios de comunicación hasta lograr que la gran mayoría de ellos lo celebrara o le consintiera sus atropellos, perder las elecciones así es un demérito de los que hacen historia. Y ayer la hizo Viktor Orban. Desde luego, teniendo como agentes electorales al emperador del pelo naranja y al maniobrero que acaudilla Rusia, morder el polvo debe de ser francamente indigesto. Bueno, y teniendo como agente electoral en pequeñito, porque cada uno representa lo que representa a la franquicia de los Patriots y de los Magas en España, Santiago Obiscal. Es Santiago, en efecto, el líder supremo de Vox, al que sus antiguos oficiales, hoy defenestraos, están señalando ahora como encargado de un cortijo más económico que político en el que la discusión y la discrepancia no tiene sitio. Visto desde España, el gran concernido por la derrota de Viktor Orban es Vox. Y el gran concernido por la victoria de Peter Maillard es el Partido Popular. Siempre podrá añadir Feijóo a su lista de elecciones. Ganadas las generales, las europeas, casi todas las autonómicas, las municipales, siempre podrá añadir las elecciones húngaras. Fue, por cierto, el PP quien puso en circulación esta idea un poco forzada, ¿Verdad? De que Sánchez es el Orban del sur de Europa y de izquierdas, Claro, o sea, el otro gran grano que sufren los gobernantes en el Consejo Europeo por su empeño en diferenciarse más de la cuenta de los demás. Bien, sigue un poco forzada o bastante forzada en lo que respecta a la guerra de Ucrania, a Vladimir Putin, a la opinión que en general se tiene sobre Donald Trump entre los gobiernos europeos, a los aranceles de Trump, a las guerras que inicia Trump. No consta que Sánchez esté en disonancia grave con sus colegas europeos. Es verdad que le gusta marcar posición, sobre todo en las fotos de familia de la OTAN. Es verdad que le gusta presumir aquí en casa de que él abre camino porque él ve más y más lejos que los demás y luego los demás se van sumando. Es verdad que le gusta que China aparezca ya su segunda residencia y en general le gusta parecer como verso suelto. Pero en lo sustancial Sánchez está en política exterior más cerca de Merck y de Donald Tus y de Úrsula, o sea, del PP europeo. Bastante más cerca de lo que él quiere que se note o que se vea o que se sepa. Y de Macron, por cierto, que fue el primero ayer en celebrar que los húngaros hayan apostado por la Unión Europea, o sea, que hayan extirpado al grano. Viktor Orban ya gobernaba Hungría cuando Pedro Sánchez era un desconocido diputado debutante en Cortes que antes había sido concejal sin pena ni gloria en el Ayuntamiento de Madrid. Año 2010 La izquierda española y europea podrá celebrar hoy que Hungría pasa de la extrema derecha a la derecha tradicional y sólo eso podrá celebrar porque el nuevo parlamento se lo reparten 53% para esta derecha proeuropea, 38% para Viktor Orban y un 6% para otro partido político que es más extremista todavía que el de Orban. Este es el nuevo parlamento de Hungría, dice. Si la izquierda. La izquierda no está, ni está ni se la espera. Lo más parecido es un partido que se llama el partido del perro de las dos colas que es progresista pero de broma porque es un partido político satírico cuyo programa electoral es la semana laboral de un día, dos puestas de sol cada jornada, cerveza gratis para todos y convertir la gran llanura húngara en una montaña. Otra notable diferencia entre Hungría y España. Con permiso, Torrente. No la geografía, sino la supervivencia de la izquierda, porque aquí la derecha va muy por delante en las encuestas, también en la de la vanguardia del día de ayer, por cierto, pero el gobierno desde hace casi ocho años es de Pedro Sánchez, ocho años gobernando España, esta especie europea en extinción llamada la izquierda.