Transcript
A (0:03)
¿Qué tal, ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Es miércoles, Estamos en el 28 de enero del año 2026, que ya es el último miércoles de este mes. Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, como siempre. El joven guionista, que estaba empezando buscaba una idea que ofrecerles a los productores ahí en Los Ángeles. A él le iban las novelas de vampiros, no porque anden mordiendo gente los vampiros, tal como julio Iglesias besa mujeres, o sea, sin preguntar antes, sino porque no se mueren nunca los vampiros. La inmortalidad. Cómo sobrevivir a la inmortalidad era la idea que tenía ahí en la cabeza el guionista. Le imaginaba una película cuyo protagonista iba viendo pasar los grandes acontecimientos de la historia, no como Forrest Gump, sino a lo largo de los siglos, o sea, del Imperio Romano a la llegada del hombre a la Luna o al nombramiento de Ábalos como ministro de Transportes, o sea, los hitos trascendentales de la humanidad, digamos. Pero él le comentó la idea a un amigo suyo, a un colega, y le dijo. El amigo le a ver, ¿Por qué no piensas en algo más barato? Claro, recrear tantos escenarios de tantas épocas distintas iba a costar un riñón cinematográfico. De modo que el joven guionista, que se llamaba Danny Rubin, le dio la vuelta a su propia idea y le salió esta sinopsis. ¿Y si un hombre despierta cada mañana y comprueba que está en el mismo sitio que ayer e iniciando el mismo día que ayer? ¿Y si siempre vive el mismo día, atrapado en un bucle temporal, pero dándose cuenta de que lo está, de que lo está viviendo, dándose cuenta de lo que le está pasando, siempre el mismo día y siempre intentando cambiarlo para poder seguir adelante con su vida? La inmortalidad, pero en versión low cost. ¿Qué te parece la idea? Le preguntó a su colega, y éste le pues un hallazgo, porque rodarla va a ser tan barato que no necesitamos hacer ni presupuesto. Nos vale con prorrogar el presupuesto, que ya. Ah, no, esta es otra película, pero tiene el mismo argumento. En lugar de Dos leones, ayer en la puerta del Congreso de los Diputados tuvieron que poner. Debieron haber puesto dos marmotas, porque la película de aquel joven guionista, en efecto, fue Atrapado en el tiempo, más conocida como El día de la marmota. Él aspiraba a que tuviera un punto espiritual, filosófico. Decía ¿Qué es el tiempo qué somos nosotros? ¿Para qué le sirven a un gobierno los decretos? En fin, estas cosas. Pero el director quería una comedia. Comedia. Le vamos a echarle humor a esta historia. En total, la vida son dos días y uno de ellos repetido. Y el protagonista, Bill Murray, que tenía sus propias ideas, estaba harto de hacer comedia. Bill Murray lo que quería era un papelón dramático. Quería una historia que se vea llena de escenas oscuras. Bueno, al final salió lo que salió. Un hito de la taquilla del año 93. El día de la marmota es del año 93, créaselo. Y de la película salió una expresión que ha quedado ahí y que sirve para dolerse de tener que volver a vivir aquello que ya vivimos. El día de la marmota. Bueno, ¿Cómo sería lo de ayer en el Congreso? ¿Cómo sería lo de ayer? Que he estado tentado, créaselo, de volver a leerles el monólogo que ya les casqué el 23 de enero del año pasado. Y que empezaba así decí si el gobierno hubiera ganado la votación de su decreto ómnibus y convalida el decreto, se habría hecho la ola a sí mismo por el triunfo trascendental de seguir gobernando. Pero como perdió la votación y el decreto ha decaído, se niega a pronunciar la palabra naufragio y pretende que el problema aquí lo tiene la oposición. Y luego seguía. Hace un año, al Gobierno le venían advirtiendo sus socios de que este vicio suyo de aprobar las cosas por decreto y meterlo todo en el mismo saco no es la mejor forma de conducirse cuando sólo tienes 147 escaños asegurados. Y por último, exhumo está otra parte, y perdón por la autocita. Decía hace un añ el truco de reprocharle a quien vote en contra que castiga a los pensionistas no ha funcionado porque las tretas, como el amor, se gastan de tanto usarlas. La historia se repitió ayer. Es que es calcada la de hace un año. Al equipo de guionistas del Gobierno se les han acabado las ideas o algo. Cuando te versionas a ti mismo, un remake culpable, digamos, es que ya tienes exprimida la chistera por recordarlo una vez más. La subida de las pensiones tradicionalmente era una medida que se incluía en los Presupuestos Generales del Estado. En la ausencia de presupuestos nuevos en la que está el Gobierno un año tras otro año tras otro año, o sea, un año tras otro año, incumpliendo el mandato constitucional, poca broma, y recurriendo, como hace cada mes de diciembre, al decreto ley para aprobar la subida de las pensiones. El decreto ley se aprueba en diciembre, luego tiene que convalidarse en el mes de enero. Esto es lo que pasó el año pasado, esto es lo que ha vuelto a pasar este año. En los nuevos usos que este Gobierno ha aportado a nuestra vida pública, haciendo de la anomalía un hábito, de cada anomalía un hábito normalizado, está no sólo el abuso de la figura esta del decreto, del instrumento del decreto del que ha abusado el decreto ley antes, durante y después de perder su mayoría parlamentaria, sino el formato este de decreto de goma, decreto elástico, ómnibus, dicen los finos, batiburrillo, revoltijo, botillo, lo llaman en la brújula, que permite ofrecer al Congreso de los Diputados un potaje de medidas que nada tienen que ver unas con otras y que está prohibido deconstruir, que diría un cocinero. No puedes decir sí a la sopa del potaje y no a los garbanzos, o te lo tragas todo o se te acusa de repudiar al pobre cocinero. Lo que tiene que hacer el Gobierno es traer a la Cámara un decreto limpio que se limita a revalorizar las pensiones y puntos. Y punto. Dice el señor Núñez Feijóo. El punto de partida de todo, y perdón por la insistencia, es que aquel proyecto de presupuestos que el Gobierno tenía obligación de presentar en septiembre y no presentó, que dijo que presentaría en octubre y no presentó, que luego dijo que presentaría antes de fin de año, sí, sí, vamos a presentarlos, los vamos a presentar antes de que finalice el año, y no presentó. Y que ahora dice que en algún momento de la historia presentará. En algún momento de la historia, porque Sánchez aspira a la inmortalidad. Ni existe proyecto ni consta que alguna vez vaya a existir. Y enero ya se nos está acabando. Naturalmente, como ya sucedió y como ya contamos hace un año, no es verdad que las pensiones estén en riesgo, no lo estaban entonces, aunque los portavoces gubernativos se lanzaran a anunciar el apocalipsis, incluida la delegada del Gobierno en las cortes, la Sra. Armengold. Ni lo estaban entonces ni lo están ahora. Aunque el presidente Sánchez, corto de repertorio, ya se parodiara ayer a sí mismo. Otra vez el Partido Popular toma como rehenes a los jubilados y jubiladas de nuestro país votando en contra de sus intereses de más de 10 millones de pensionistas. Son tan rehenes los pensionistas son tan rehenes que el gobierno con sus superpoderes los puede liberar mañana mismo si quiere. ¿Dice ¿Cómo? Pues perdón por el spoiler, pero como lo hizo el año pasado aprobando otro decreto que incluya solo las pensiones para que el Congreso, cuanto antes, porque va a empezar febrero, se lo convalide y hasta el año que viene. Bill Murray. Entretanto, Podemos nos irá explicando cómo la cesión de competencias migratorias a Cataluña ya no desprende el tufo racista que antes le resultaba inasumible. Si Sánchez cambia de opiniones, ¿Por qué Jone Belarra no va a cambiar de olores Junts? Seguirá siendo camelada para que regrese a la casa común de la investidura, o sea, al Bloque batiburrillo o Bloque revoltijo o Bloque de Frankenstein. Puigdemont seguirá doliéndose porque no terminan de arreglarle lo suyo, que no puede volver todavía a España, perdón, a Cataluña. Y el Gobierno nos seguirá contando la fábula del país que iba también tan bien, también tan requetebién, que ni necesitaba presupuestos ni nada de nada. En inglés sí es posible, presidente. El presidente que vela por los pensionistas no presenta presupuestos. El presidente que vela por los pensionistas pudo haber aprendido la lección hace un año y aprobar un decreto solo sobre pensiones, pero escogió dejarlo para el siguiente, para febrero, tal como hizo hace un año. El presidente que vela por los inmigrantes, salvo por los sudaneses, aquellos que saltaron o intentaron saltar la valla de Melilla, a los que condenó como invasores. Si es cueco recordarlo, es verdad. Ya no lo recordaré nunca más salvo por eso. El presidente que vela por los inmigrantes pudo haber regularizado a los sin papeles, visto a lo visto en cualquier momento de los últimos siete años y medio. Pero por algún motivo que se nos escapa, escogió no hacerlo hasta ayer. El presidente que vive en el cálculo escoge qué es urgente y qué puede esperar según le conviene. Cero sorpresa, porque es la misma vara de medir que utiliza para escoger qué es en cada momento de izquierdas y qué ha dejado de serlo. Harold Ramis, el director Atrapado en el tiempo El día de la marmota, contaba con gracia que lo suyo solo era una comedia, pero que recibió infinidad de mensajes de líderes religiosos que interpretaban la película como una metáfora del camino que recorre el alma hasta alcanzar la perfección y que en realidad la conversación más filosófica que llegó a tener él con el guionista con Danny Rubin versó sobre Superman. El debate que tenían entre ellos era si acaso no era inmoral que un superhéroe dotado de superpoderes y capaz de salvar el mundo cada día, perdiera tantas horas de su valioso tiempo coqueteando con Lois Lane. Escuchas al Sina en Onda Cero, Dirección de sonido Fran Montes.
