Transcript
A (0:03)
¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos a jueves, es 9 de abril del año 26. Esto es más de Uno. Esto es la radio, es Onda Cero. Y les cuento una historia que es muy corta. Preguntó el profesor de lengua a la niña ¿Cuál es el antónimo de guerra? Y respondió la niña Paz. Y sonrió porque supo que había acertado. Preguntó el profesor ¿Que es lo contrario de alto bajo? Exclamó la niña y sonrió porque supo que había acertado. Dijo el profesor. ¿Y lo contrario de alto el fuego? Pensó un momento la niña y respondió seguir sufriendo bajo el fuego. Y se le ensombreció el rostro porque supo que estaba en lo cierto. Le preguntó el cowboy a su compañero de armas. ¿Tú eres de gatillo fácil o de gatillo rápido? Y respondió el otro Yo soy de gatillo todo el tiempo. No ha hecho falta ni un día. No hizo falta ni un día para constatar que tratándose de Oriente Medio, nunca es aconsejable lanzar las campanas al vuelo. Al alto el fuego entre Estados Unidos e Irán le salió un dinamitero cinco horas después de que fuera anunciado. Lo contamos ya ayer. En cuanto Pakistán, el gobierno mediador, informó de que el cese de hostilidades incluía el sur del Líbano, el primer ministro de Israel hizo saber que ni de broma que el Líbano es cosa suya, no de Donald Trump, y que no se daba por concernido. Para que no quedara rescoldo de duda sobre lo que le importa al primer ministro israelí. El alto el fuego se ocupó de ordenar más bombardeos que nunca. El día más violento desde que empezó la guerra. Más de 150 bombas en 10 minutos. Mataron a 250 personas. El mundo celebraba la esperanza de una paz mientras las familias libanesas se ponían a cubierto o se morían alcanzadas por una bomba. No consta que el gobierno de Israel haya deseado nunca la tregua. En Irán. Al anuncio de alto el fuego reaccionó con una frialdad. Bueno, con la frialdad de quien quiere que se sepa que no ha sido consultado. Dijo Israel al conocerse el alto el fuego ayer. Lo respetaremos en Irán en atención a nuestro aliado estadounidense. Que es una forma de decir que si de Benjamín Netaneo dependiera, no se habría suspendido la guerra. A última hora del día ya lo estaba haciendo. Y diciendo abiertamente el primer es un alto en el camino no es el final de esta guerra. Todavía tenemos objetivos por completar y los alcanzaremos, ya sea mediante un acuerdo o reanudando los combates, porque estamos preparados para volver a combatir en cualquier momento que sea necesario. Tenemos el dedo en el gatillo. Ardor guerrero Netanyahu siempre ha ganado por goleada a este aspirante a Premio Nobel de la Paz que sigue siendo Donald Trump. La investigación periodística que ha hecho el New York Times sobre cómo acabó Trump ordenando el ataque a irán el día 28, un ataque que en otros tiempos él mismo rehusaba, esta investigación periodística sostiene que el punto de no retorno fue una intervención a puerta cerrada de Netanyahu, más bien un mitin en la sala de crisis de la Casa Blanca, que allí predicó lo impepinable que era que con unas pocas semanas de bombardeos y unos cuantos asesinatos a la carta, el régimen iraní se desmoronara. Que Donald Trump podría colocar entonces un gobierno títere a la manera venezolana, que Irán tendría que tragar con permitir que su petróleo fuera gestionado por sus antiguos enemigos, y que el programa nuclear sería para siempre historia entre Netanyahu y su alma gemela, que es el Ministro de Defensa de los más bien el Ministro de la guerra de los Estados Unidos, el Sr. He, convencieron a Donald Trump de que sólo alguien como él, con su audacia, con su coraje, con su capacidad para ver una oportunidad donde otros solo ven un riesgo, estaba en condiciones de cambiar para siempre Oriente Medio. Este nuevo Oriente Medio sería un Oriente Medio con Irán, franquicia de la Casa Blanca, y con un Israel hegemónico y a lo grande, o sea, el gran Israel, que es la vieja aspiración del primer ministro Netanyahu, extender, con la coartada de la defensa, el territorio de su país, absorbiendo naturalmente el sur del Líbano. Hubo quien le advirtió a Netanyahu en la prensa israelí, en la prensa de izquierdas israelí a la que es alérgico, del riesgo de confundir el éxito de sus planes expansivos, confiar ese éxito a un aliado tan voluble como es Donald Trump, capaz de tomar decisiones que nadie más tomaría, es verdad, pero capaz también de emitir mensajes contradictorios, de cambiar de postura de un día para otro y de camuflar con el estilo macarra de sus tweets los discutibles resultados de sus campañas militares. La advertencia venía a ser cuídate de Trump. Netanyahu no acabe siendo tú quien se quede colgado de la brocha. Ahora que el presidente de los Estados Unidos, urgido por el encarecimiento de la gasolina, por la caída de apoyo popular, por la deserción de una parte de quienes antes lo celebraban en la cosa esta del Maga, ahora que ha interrumpido su plan apocalíptico para sentarse a negociar con los khameneis, un plan, por cierto, este que es objeto de negociación, que por lo que se conoce se parece bastante poco a los objetivos históricos que según Trump ya se habían conseguido. Netanyahu se rearma. Se rearma para sobrevivir él a la estrategia cambiante, confusa y debilitada de su socio americano. No vaya a ser que el primer damnificado por la paz sea el propio Netanyahu. No vaya a ser que a ojos del resto del mundo quede probado que quien encuentra en la guerra el escenario más fértil para sus intereses políticos es el jefe del gobierno israelí. Netanyahu en la estacada. Esta que viene ahora es la historia de un ministro entregado al Fomento de la Cultura. Y no es hurtaso. Este ministro ejercía la prosaica cartera de Fomento, o sea, venga presupuesto público para hacer carreteras y líneas férreas. Pero en su corazón anido siempre una sensibilidad extrema por la cultura y por las mujeres que deseaban culturizarse. El ministro conoció en un mitin a Claudia Montes, que había sido mis Asturias y tal como declaró ella misma ayer en el juicio, le ayudó a culturizarse en la política.
