
El presentador de Mas de uno ha destacado la desorientacion del exsecretario de Organizacion del Partido Socialista, el cual aseguro en su defensa que toda la trama es un complot urdido contra su figura.
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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos a jueves, es 18 de diciembre. Esto es Más de uno. Esto es la radio Sonda cero, la radio que influye, la radio que entretiene, la radio que gusta. Déjenme que les cuente una historia que es muy corta, ya verán está. La esc Escribió Giovanni Papini Hace más de 100 años vagué por la ciudad tratando de saber quién era y todos me miraban mal. Fui a casa de quienes habían estado conmigo en la hora de la fiesta y uno no estaba. Otro no me dejó entrar, el tercero me echó, el cuarto quería llamar a la policía. Todas fueron visitas inútiles porque nadie admitía conocerme. Desprovisto del disfraz y la máscara, yo era un perfecto desconocido. El cuento se titula El hombre que se perdió a sí mismo y narra 50 años antes de su nacimiento. La historia de Santo Cerdán. No, narra la historia de un hombre que asiste a una fiesta en la que todo el mundo lleva máscara. Es un poco Kubrick, pero sin sexo. Y en un momento dado, y sin darse cuenta, al hombre se le cae la máscara. Y cuando se mira al espejo desenmascarado, ya no sabe quién es esa persona a la que está viendo. No se reconoce. Acude a sus compañeros de juerga para que le asistan, pero ninguno quiere saber nada de él. Y sólo al final del cuento, perdón por el spoiler, cuando va a objetos perdidos y recupera allí su máscara, se la pone, se mira al espejo y entonces sí sabe a ciencia cierta quién era, qué hizo y dónde encaja. Santos Cerdán León es un hombre español de 56 años que no sabe quién es. Ha intentado ayudarle la fiscalía, el juez del Supremo, ha intentado ayudarle la UCO, pero no hay manera. Por más detalles que le dan de su vida y milagros de milagro en Navarra, Bruselas y a Suiza, pasando por el ático de Chamberí que le pagaba a Servinábar. Este hombre es incapaz de identificarse a sí mismo. Ayer se personó en el Senado, supongo que sin alcanzar a entender por qué había sido convocado, preguntándose ¿Quién era ese exsecretario de organización presuntamente corrupto al que querían preguntar cosas? ¿Quién es ese exsecretario de organización recientemente excarcelado, del que le hablaban todo el tiempo? ¿Y por qué le hacían a él tantas preguntas que sólo podría contestar el otro? Más que una sesión parlamentaria, lo de ayer fue una sesión clínica. Los senadores, como el juez, como el fiscal, como la UCO, se esforzaban en ayudar a este hombre, en intentar que reconociera quién era. Mire este contrato, que es su firma. Mire esta foto en Marruecos, que es su cara. Mire a esta señora, que es su fontanera. Pero él seguía perdido. No se reconocen las grabaciones. No se reconocen los indicios. No se reconocen los titulares de prensa. No se reconocen el traje que le hizo su padre político, el Doctor Sánchez. CRÓNICA DE UN HOMBRE PERDIDO en el SENADO Qué pena no tener a Oliver Sacks a mano. Oliver Sacks, el neurólogo y escritor. Escritor antes que neurólogo. Ahora que se ha conocido como buen escritor, Oliver Sacks cayó en la dulce tentación de adornar sus historias clínicas para hacerlas un poco menos clínicas y aún mejores historias. Qué pena no tener a Oliver Sacks a mano. Porque él escribió aquella obra, aquel relato, más que obra, aquel relato titulado El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Y ayer podría haber escrito El secretario de organización que se confundió a sí mismo con un perchero del que ir colgando todas las teorías conspirativas que Cerdán utiliza para cubrirse más que el torso del trasero. Ahora que han sido desnudos por la UCO sus gastos y algunos de sus ingresos.
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Presuntamente toda esta colección de especulaciones policiales extremadamente imaginativas nace de unos oscuros audios que fueron supuestamente encontrados hará casi dos años. Unos audios que se va demostrando poco a poco que son falsos. Si ustedes estuvieron realmente interesados en los hechos que me atañen, empezaré a investigar los déficits, manipulaciones y ediciones de estos audios. Y seguirían por pedir información a estos resortes del estado profundo que siguen preparando pruebas sospechosas. El golpe judicial contra el Estado de derecho.
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Bueno, eso del golpe judicial contra el estado de derecho lo dijo el señor Zardán citando a Martín Pallín. Cita un artículo de opinión del magistrado emérito en el que Martín Payín, por cierto, no dice ni media palabra, ni el caso Coldo, ni del caso Ábalos, ni del caso Cerdán. Es un artículo que habla de otras cosas y de otros casos del fiscal general del Estado, pero no de esto suyo, de Cerdán. Pero bueno, todo le vale para envolverse en banderas ajenas. Todo le vale al señor Cerdán, que esa es otra forma de distraer la desnudez propia. Entonces, según el árbol caído, que es Santo Sardán, León, todo lo que hay contra él son los audios de Coldo, de la tarjeta de Servinábar, de su interés por ir empotrado en un viaje del Ministerio de Fomento a Marruecos donde había que cerrar una obra. De eso no fue capaz o no quiso aportar nada. Desde luego no fue capaz de aportar nada. En su descargo, todo lo que hay son los audios que él, de manera, digamos, neutral y absolutamente desinteresada, dice que son falsos. Y todo lo que hay, en opinión de Cerdán, es una conjura del Estado profundo. Yo creo que evita decir las cloacas, porque si dice las cloacas se va a confundir con Leire. Y tampoco la munición, Villareja y todo eso, tampoco eso lo que pretende, no el Estado profundo que le ha elegido a él como víctima propiciatoria por haber provisto él a España de un gobierno de coalición progresista, tócate tú las narices. Porque en los ratos en los que este compareciente alcanzaba fugazmente a reconocerse, reflejado quizá en la pantalla esa del portátil que llevó consigo, en el que llevaba escrito su pequeño mitin portátil que estuvo todo el tiempo ahí abierto como si fuera un atril o un parapeto, un parapeto o burladero del verbo burlarse, en los ratos, digo, en que Zordana alcanzaba a ponerse cara a sí mismo, demostraba que en efecto la tiene de hormigón armado. El hombre se ve a sí mismo como el artífice verdadero de la legislatura, el arquitecto, como le dijo al juez, el socorrista providencial que salvó al gobierno de coalición de ahogarse a base de agarrarle al cuello un flotador de madera de la marca Puigdemont. Y es por eso, hay que entenderlo, lo tiene que entender usted que me escucha y yo mismo, es por eso por lo que Cerdán está siendo demolido a base de audios guionizados, de contratos que nunca existieron y de ingresos que nunca tuvo. Es por lo de Puigdemont. Ayer le faltó negar tres veces a Anchón, su compadre, o negar que haya pisado nunca una calle de Madrid llamada Hilarion Eslava, donde estaba el ático. Este hombre perdido es víctima de una represalia. El Estado profundo lo castiga por haber logrado que Puigdemont le firmara un pacto. ¿Dónde está la policía antibulos cuando se la necesita?
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Varias fuerzas políticas me avisaron. Ten cuidado. Hay un día, un antes y un después después de esa foto. Hubiera cuidado con lo que me podría pasar desde las otras. De la foto que estoy sentado con.
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El señor Desde la Soto del Real. Hay que entender el lapsus, porque viene de estar en prisión preventiva. Desde la foto. Desde la foto. Hay un antes y un después. Es que el operario, que es Santo Azará, que era el jefe de la fontanería oficial, se cree artífice del pacto de investidura del que el solo fue testaferro. El acuerdo lo negociaron otros, lo cerraron otros por arriba. Y a él le tocó la misión que nadie quería, que era agarrar la mochila y plantarse en Bruselas a dejarse fotografiar subyugado bajo la imagen de una urna gigante. Es decir, bajo el tributo a una sedición abortada. Y tan agustito, que diría Ortega Cano, tan agustito lo hizo Cerdán no era arquitecto, sino soldado. Cerdán siempre fue un mandao. Justo. Por eso le embaraza tanto a Sánchez hacer creer que el presidente, que es él, nunca se enteró de nada. Porque el mandao, y eso hay que reconocérselo a Cerdán, hombre, tenía ya experiencia en el tráfico de favores. Pero ¿Qué otra cosa fue el pacto de investidura sino un intercambio de favores entre su patrón, el presidente reversible, y el fugado pendiente de juicio que es Puigdemont? Impunidad por investidura. Yo licito una amnistía y te la adjudico sin concurso. Tú me pagas siete votos. ¿Como siete soles? Y de paso, Cerdán puede seguir pagándose los gastos con la tarjeta de Servinaba. Quizá no, que esto el presidente no sabía. El presidente de Anchón nunca supo nada porque el presidente Sánchez vivía en la Bavia, Alta Comarca Mágica, como sabemos. Al senador socialista Alfonso Gil le correspondió ayer la tarea de hacer preguntas a su antiguo capataz, el secretario de organización del partido. Y el Sr. Gil eligió no hacer ninguna pregunta. ¿No va a pensar Cerdán que además de repudiarle, defenestrarle y tratarle como un corrupto de libro, está interesado el PSOE en ponerle en algún aprieto en una comparecencia parlamentaria? Es que hay que entender que Santos Cerdán, a poco que haya conservado los whatsapps que intercambió con compañeros suyos de partido, altos compañeros algunos de ellos, ¿Verdad? Durante años y años y años, hay que entender que se ha visto ahora en el PSOE como un hombre bomba. Y hay que entender que el senador Gil se pusiera más que guantes de seda el equipo de protección que usan los Tedax cuando tienen que tratar con material explosivo. El capataz repudiado ya había dicho al comienzo de su comparecencia sobre el abandono en el que le han dejado a sus compañeros que él prefiere estar solo que mal acompañado.
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Usted va a entender mejor que nadie que hoy estoy haciendo una de las intervenciones más difíciles de mi vida. Y por eso yo no le voy a hacer un reproche penal, que se lo tiene que hacer un tribunal de justicia, pero sí me va a permitir que le haga un reproche ético.
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Haga sus una pregunta si usted está en condiciones de hacerme a mí un reproche como el que me ha hecho.
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Que le voy a hacer un reproche ético si a usted no le molesta. Te pregunte si usted si está en condiciones de reprocharme algo a mí. Qué buen ambiente entre ex colegas. Oye. Visto el daño que Santos Sardán le ha hecho al Partido Socialista, según el Partido Socialista, visto el daño que le ha hecho, el daño reputacional, la crisis en la que lo ha metido y así además cobró dinero de gastos de representación que no eran ciertos, pues imagínate, habría robado a su propio partido. Visto todo eso, oiga, senador Gil, el reproche más que ético debería haber sido épico. Pero se arrugó el senador ante el fontanero jefe conspiranoico, ante este hombre que se perdió a sí mismo. Santos Sardán, desprovisto del disfraz y de la máscara. Nadie quiere haberle conocido y él desenmascarado, ya sólo aspira a ser temido.
Podcast: Más de uno
Host: Carlos Alsina (Onda Cero)
Fecha: 18 de diciembre de 2025
En este mordaz y literario monólogo, Carlos Alsina utiliza la figura de Santos Cerdán –exsecretario de organización del PSOE y protagonista de las tramas judiciales actuales en España– para reflexionar con ironía sobre la pérdida de identidad política y personal. Mediante una narración que mezcla referencias literarias y crónica parlamentaria, Alsina explora la comparecencia de Cerdán en el Senado, su negación y su aislamiento en el seno del partido socialista, apuntando, no sin humor, a los mecanismos de defensa usados por políticos acorralados.
Referencias a Giovanni Papini y Oliver Sacks
Alsina abre el monólogo usando el cuento “El hombre que se perdió a sí mismo” de Papini y “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” de Oliver Sacks, para subrayar la confusión de identidad y la desorientación de Cerdán.
“Es un poco Kubrick, pero sin sexo.” (02:01)
La máscara caída
"Cuando se mira al espejo desenmascarado, ya no sabe quién es esa persona a la que está viendo." (02:14)
Así retrata Alsina el momento en que Cerdán, frente a sus responsabilidades y sin el respaldo de su partido, ya no logra reconocerse ni ser reconocido.
Un interrogatorio clínico-judicial
"Más que una sesión parlamentaria, lo de ayer fue una sesión clínica." (03:05)
Alsina compara el intento parlamentario de hacer que Cerdán asuma su identidad y actos con una terapia, en la que los senadores “le ayudan” a reconocerse frente a evidencias (contratos, fotos, grabaciones) que él niega sistemáticamente.
Negación continua
Intervención de Cerdán
“Presuntamente toda esta colección de especulaciones policiales extremadamente imaginativas nace de unos oscuros audios...” (04:09, Santos Cerdán)
Respuesta irónica de Alsina
“Todo le vale al señor Cerdán, que esa es otra forma de distraer la desnudez propia.” (04:36)
Autoimagen de Cerdán
“El hombre se ve a sí mismo como el artífice verdadero de la legislatura, el arquitecto... el socorrista providencial que salvó al gobierno de coalición.” (05:29)
La realidad según Alsina
“Cerdán no era arquitecto, sino soldado. Cerdán siempre fue un mandao. Justo. Por eso le embaraza tanto a Sánchez hacer creer que el presidente, que es él, nunca se enteró de nada.” (08:03)
Alsina observa que el PSOE ha rechazado a Cerdán, temiendo los secretos y posibles represalias.
"Se ha visto ahora en el PSOE como un hombre bomba." (09:19)
El senador socialista Alfonso Gil se abstiene incluso de cuestionarle en la comisión:
“Al senador socialista Alfonso Gil le correspondió ayer la tarea de hacer preguntas a su antiguo capataz [...] Y el Sr. Gil eligió no hacer ninguna pregunta.” (08:25)
El reproche ético:
"Usted va a entender mejor que nadie que hoy estoy haciendo una de las intervenciones más difíciles de mi vida. Y por eso yo no le voy a hacer un reproche penal, que se lo tiene que hacer un tribunal de justicia, pero sí me va a permitir que le haga un reproche ético."
—Senador Gil (10:04)
“Haga usted una pregunta si está en condiciones de hacerme a mí un reproche como el que me ha hecho.”
—Santos Cerdán (10:17)
Carlos Alsina plasma en el monólogo una ácida radiografía de la soledad, la negación y el espectáculo político al que se enfrenta Santos Cerdán. Con fino humor, referencias literarias y una crítica implacable, aborda los mecanismos de defensa del poder y la dificultad de asumir culpas en la política española más reciente. Un episodio que combina literatura, análisis político y sátira para retratar a “el hombre que no sabía quién era”.