
El director de Más de uno ha destacado en su monólogo el 155 que le ha aplicado la dirección de Génova a María Guardióla para asegurase un pacto con Vox en Extremadura.
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A
¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Es martes 24 de febrero de 2026. Esto es más de Uno, es Onda Cero, esto es La Radio. Déjenme que les cuente una historia que es muy corta, ya verán. Ocurrió un 24 de febrero, como hoy. Era 2022, muy de mañana. Habían sonado las sirenas en Kiev alertando a la población del riesgo de un ataque aéreo. Stefan Trabalka, 29 años, piloto de la Fuerza Aérea ucraniana, subió a la cabina de su viejo MiG-29, un avión de patente rusa, se puso la máscara de oxígeno, activó el motor y despegó al encuentro con el enemigo. En las siguientes 20 horas, incansable, tomando tierra solo para repostar, el mayor Trabalka sorteó los misiles rusos, localizó los aviones bombarderos y derribó certero al menos 10 de ellos. ¿Qué digo 10? Puede que fueran 20 aviones rusos o más. Quizá derribó hasta 40 aviones rusos. Pronto su historia se extendió entre los habitantes amenazados de Kiev. Primero, como un rumor, alguien conocía a alguien que le había contado de la portentosa hazaña. Después, como una noticia viralizada, el heroico aviador que había puesto en su sitio a los rusos. Se repetía multiplicada la hazaña en cada versión. Él solo había repelido a toda la Fuerza Aérea rusa. Pero nadie conocía su nombre. Era el héroe anónimo, o mejor, un fantasma. El fantasma de Kiev. ORGULLO Y MORAL DE LOS UCRANIANOS Pasaron varios días antes de que alguien publicara una foto de Stepan con su novia. Y luego se publicó un vídeo de su mig 29 en acción surcando el aire de Ucrania. Y pasaron algunas semanas antes de que el ejército ucraniano informara de la caída en combate del Mayor Trabalka, medalla de Honor a título póstumo, e informara también de que él no era el famoso fantasma de Kiev. Porque el fantasma en cuestión, en efecto, siempre fue eso, una sombra, una figura irreal, una suerte de leyenda construida sobre historias de aviadores heroicos de otras guerras y de decenas de militares ucranianos que, sin llegar a derribar 40 aviones rusos en un solo día, si habían sido capaces de arruinarle a Putin su sueño de conquistar Ucrania en una mañana. El fantasma de Kiev, del que luego se admitió que nunca existió, fue la inyección de moral que la ciudad de kiev abrazó aquel 24 de febrero en que parecía cuestión de horas que sus calles fueran tomadas, sus instituciones secuestradas y su presidente Zelensky asesinado, que todo eso estaba en el plan de aquel día del caudillo de Rusia. El paseo militar que Putin había diseñado con su Estado Mayor. Al cabo de meses de amontonar tropas en la frontera, contando con la complicidad del bielorruso Lukashenko y justificando la invasión de Ucrania en la necesidad de socorrer a la población rusa del Donbás y en la necesidad de liberar a los hermanos ucranianos de un régimen nazi, el paseo militar se convirtió en una anexión fallida y una guerra de desgaste que dura ya 4 años. Este último año, con Donald Trump en la Casa Blanca, de nuevo pinchando en hueso con su cofrade Putin, presionando a Zelensky para que acepte la renuncia de una parte de su territorio y desairando a los gobiernos de la Unión Europea por la alianza económica y militar que desde el primer día han forjado con el gobierno de Ucrania, en la idea de que si Ucrania cae del lado ruso, las siguientes piezas en ser apetecidas por el imperio Putin van a ser piezas bálticas. Dos semanas Después de aquel 24 de febrero, pusieron pie en nuestro país las primeras mujeres ucranianas que, protegiendo a sus hijos y huyendo de la guerra, se llegaron hasta aquí con las pocas pertenencias que caben en un coche o en dos maletas. Emitimos este programa entonces desde el centro de acogida de Pozuelo.
B
Hemos dejado nuestra casa, nuestras mascotas, los niños echan de menos a sus perros, sus gatos, toda la vida. Y nos duele mucho por las personas que se han quedado ahí. Es muy difícil decir ahora cómo me siento, porque antes vivimos bien, teníamos nuestra casa y lo hemos perdido todo. Ahora estamos cinco personas en la misma habitación. Es que me resulta muy difícil hablar de esto.
A
Mujeres con niños que apenas entendían nuestro idioma y que confiaban en poder regresar pronto a sus casas. Esos niños hoy tienen cuatro años más que entonces. Y esas mujeres han ido haciendo su vida aquí en España, mientras sus maridos y sus hermanos y sus padres combatían al invasor allí, o morían en el frente, o alcanzados por un dron que siempre pilota escondido un ser humano, o sufrían la carencia de gasóleo y la falta de electricidad y los 18 grados bajo cero que han sufrido quienes siguen en Ucrania. Las familias rusas es verdad que también lloran a sus muertos y a sus heridos. Y lo hacen sin que el reclutamiento obligado tenga fecha de caducidad y sin que aquella tímida reacción que provocó la primera movilización decretada por Putin llegara a fraguar en movimiento social que pudiera poner en apuros al Caudillo. Durante 40 años el artículo 155 de nuestra Constitución apenas fue conocido por la opinión pública. Se sabía que había ahí un instrumento que los políticos más versados llamaban el botón nuclear porque servía para sofocar por las bravas cualquier intento de rebeldía o de insurrección de una comunidad autónoma. Se citaba como una suerte de último recurso a la desesperada que nadie creía que llegara alguna vez a aplicarse porque sus consecuencias serían inciertas, quién sabe si hasta provocar el desmoronamiento del Estado autonómico cuyo diseño exhumado de la Segunda República fue piedra angular de la restauración democrática de España. La España autonómica. El botón nuclear Luego pasó lo que pasó, que es que se aplicó el 155 para sofocar la insurrección de los Puigdemont, los Junqueras, las Forcadell, las Rovira, los Rufián. Se aplicó el 155, las instituciones catalanas se salvaron, el Estado democrático siguió su camino y el 155 se convirtió desde entonces en un lugar común para describir intervenciones del poder central en el poder autonómico. No hace ni dos semanas dijo la ministra de Vivienda aquella de buena gana le aplicaría el 155 días Ayuso. En realidad ya sólo aplicó Salvadorilla cuando la pandemia era ministro de Sanidad el 155. Aplicarle el 155 hoy a alguien es sinónimo de apearle de sus competencias o apartarle para asumirlas tú desde el poder central. Y visto así, pues nada tiene de extraño que desde ayer se hable de cómo Feijóo, líder nacional del PP, ha aplicado desde Madrid el 155 a María Guardiola y también a Jorge Azcón. Pero lo de Azcón es un poco menos porque en realidad lo de Azcón es un poco coartada para diluir que el desembarco de la armada genovesa donde se produce de verdad es en Extremadura. Feijóo interviene la negociación de Guardiola con Vox y de Vox con Guardiola. Y lo hace en vista de que la pareja de hecho no acaba de consumar y el gobierno de coalición no termina de llegar. Ahora es Génova quien aprieta para que el encamamiento se produzca cuanto antes Y para toda la legislatura, qué menos que cuatro años de fraternal convivencia después de haber predicado que en soledad se gobierna mucho mejor que acompañado. Es sabido que el nuevo estribillo del PP es este que dice que los electores nos han dado un mandato. El mandato de repartirnos los gobiernos con Santiago Abascal. Por eso Génova ha alumbrado un documento al que le ha puesto un título bien documento marco para ordenar acuerdos. No sé si se entiende, María Guardiola. Para ordenar acuerdos, o sea que es una orden. Es una orden. Ahí se recogen los temas que más interesan a Vox. Política climática, política agraria, inmigración vinculada naturalmente a la inseguridad ciudadana, okupas. Y lo más interesante que recoge ese documento y que ya avanzó Feijóo, por cierto, hace unos días, es lo de la proporcionalidad en el reparto de sillones. Si el PP tiene el doble de escaños de Vox tiene que tener el doble de consejerías o llegado el caso, de ministerios. ¿No va a reclamarle Feijóo a sus varones territoriales lo que no se reclama a sí mismo? Proporcionalidad. Con las encuestas de hoy, un gobierno de coalición Feijóo Abascal que tendría mayoría absoluta los dos juntos Con las encuestas de hoy la proporcionalidad significaría que habría dos ministros del PP por cada ministro de Vox, Vicepresidencias incluidas. Anoche estuvo Feijóo en La Brújula y se felicitó de haber hablado este domingo con Santiago Ascal una hora y haber puesto orden en sus acuerdos que por lo que dijo Feijóo anoche ya están muy maduros.
C
Sí, una conversación de una hora aproximadamente. Pusimos un poco de orden en este ruido permanente que parece que está instalado en la política española y que también está afectando al partido POP. Yo me niego a que el ruido afecte a la alternativa. Sería una irresponsabilidad de ambos partidos que no se acreditase una alternativa viable en nuestro país.
A
El PP pasa así del exquisito respeto a la autonomía de sus varones a la tutela absoluta de sus varones. No ya de sus decisiones sino de incluso sus coqueteos con Vox. En Vox no necesitan pasar de una postura a otra porque en Vox siempre han sido muy enemigos de las autonomías en general y de la autonomía de sus varones en particular. Hasta el punto de que en Vox no hay varones. En todas partes el varón tiene el mismo nombre. Santiago Abascal. Santiago Obiscal según Donald Trump. Santiago Abescal, el líder del Box Party, que en boca de Trump suena parecido a Bad Bunny. Bugs Bunny, no, el Bugs Party es lo que dice Santiago Abescal, bajo cuya bota no crecen ni la hierba ni los Espinosa de Los Monteros, las Macarena Solonas o los Ortega Smith es el último depurado en el partido. En el partido camarilla el último depurador es nada menos que quien fue su secretario general, portavoz adjunto del partido en el Congreso y hoy relegado a la condición de paria concejal.
C
Yo creo que el siguiente paso será echarme del partido como afiliado a lo mejor del Congreso de los Diputados. Y lo último a lo mejor, es que me cesan del padrón municipal de Madrid para que tampoco sea madrileño.
A
¿Se duele Ortega Smith de que su antiguo camarada, líder entre los líderes, adorado Obescal, cuya firmeza y determinación clarividente él mismo celebraba, le haya dejado ahora sin papel en Box o sin papeles y quiera quitarle incluso su condición de madrileño? Bueno, al menos ahora sabe Ortega Smith cómo se siente un sin papeles cuando se le señala como obstáculo para la convivencia por no integrarse o cuando se le quiere negar la residencia. Siempre puede Ortega Smith, con esta nueva experiencia que ha adquirido, apuntarse a una asociación en defensa de los inmigrantes.
Podcast: Más de uno
Host: Carlos Alsina (Onda Cero)
Date: 24 February 2026
Episode Theme:
Carlos Alsina mezcla humor, análisis político y reflexión social para narrar la evolución de las alianzas políticas en España, centrándose en cómo el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, interviene directamente para asegurar el gobierno conjunto con Vox. Alsina usa el aniversario de la invasión rusa de Ucrania como punto de partida para comparar historias de heroísmo, simbología y poder con la situación política española.
[00:08]
Alsina inicia el programa evocando el 24 de febrero de 2022, fecha de la invasión rusa a Ucrania, y la leyenda del piloto ucraniano apodado como el “Fantasma de Kiev”, una figura creada para elevar la moral bajo amenaza.
“El fantasma de Kiev, del que luego se admitió que nunca existió, fue la inyección de moral que la ciudad de Kiev abrazó aquel 24 de febrero en que parecía cuestión de horas que sus calles fueran tomadas…” – Carlos Alsina, [02:39]
Relata cómo la leyenda sirvió para unir y envalentonar a los ucranianos en los peores momentos del ataque de Putin, reflejando el poder de los mitos en tiempos de crisis.
[04:21]
Al hilo de la guerra, Alsina recuerda la llegada de refugiados ucranianos a España, especialmente mujeres y niños, tras el estallido del conflicto.
“Hemos dejado nuestra casa, nuestras mascotas, los niños echan de menos a sus perros, sus gatos… Ahora estamos cinco personas en la misma habitación. Es que me resulta muy difícil hablar de esto.” – Refugiada ucraniana, [04:21]
Destaca el contraste entre la vida anterior y la situación de acogida, enfatizando la dificultad emocional para las familias desplazadas.
“Aplicarle el 155 hoy a alguien es sinónimo de apearle de sus competencias o apartarle para asumirlas tú desde el poder central.” – Carlos Alsina, [06:55]
[07:25] El foco vuelve al día presente: el PP y su nueva estrategia, ahora liderada por Feijóo, ordenando directamente las negociaciones de pactos autonómicos con Vox, especialmente en Extremadura.
“El PP pasa así del exquisito respeto a la autonomía de sus varones a la tutela absoluta de sus varones. No ya de sus decisiones sino de incluso sus coqueteos con Vox.” – Carlos Alsina, [10:23]
Relata que el documento marco “para ordenar acuerdos” entre PP y Vox fija ejes programáticos como política climática, agraria, inmigración y seguridad, además de la proporcionalidad en el reparto de cargos según la representación parlamentaria.
Critica la nueva narrativa de “mandato de los electores” para justificar la coalición.
“Es sabido que el nuevo estribillo del PP es este que dice que los electores nos han dado un mandato. El mandato de repartirnos los gobiernos con Santiago Abascal.” – Carlos Alsina, [08:52]
[09:57] Incluye declaración de Feijóo sobre su conversación con Abascal (líder de Vox), resaltando el esfuerzo por mostrar orden y viabilidad en la alternativa de gobierno.
“Pusimos un poco de orden en este ruido permanente que parece que está instalado en la política española... Sería una irresponsabilidad no acreditar una alternativa viable en nuestro país.” – Alberto Núñez Feijóo, [09:57]
Subraya el contraste entre PP y Vox respecto a la autonomía interna: mientras el PP interviene a sus figuras regionales, Vox nunca ha permitido baronías internas; todo depende de Abascal.
[11:31] Comentando los “expurgos” dentro de Vox, Alsina ironiza sobre el centralismo personalista del partido:
“En Vox... en todas partes el varón tiene el mismo nombre: Santiago Abascal. Santiago Obiscal según Donald Trump. Bugs Bunny, no, el Bugs Party es lo que dice Santiago Abascal, bajo cuya bota no crecen ni la hierba ni los Espinosa de Los Monteros…” – Carlos Alsina, [11:19]
Breve aparición de Ortega Smith (exsecretario general de Vox) que ironiza sobre cómo podría llegar a perder hasta la condición de madrileño:
“Yo creo que el siguiente paso será echarme del partido como afiliado... Y lo último a lo mejor, es que me cesan del padrón municipal de Madrid para que tampoco sea madrileño.” – Javier Ortega Smith, [11:31]
Alsina toma el comentario para subrayar el trato que reciben los disidentes internos y lanza una reflexión con ironía y empatía:
“Al menos ahora sabe Ortega Smith cómo se siente un sin papeles cuando se le señala como obstáculo para la convivencia...” – Carlos Alsina, [11:42]
0:08 – 04:21: Historia motivacional y análisis sobre “El Fantasma de Kiev".
04:21 – 04:55: Testimonio conmovedor de refugiada ucraniana.
04:55 – 09:57: Análisis del contexto político español; uso del 155.
09:57 – 11:19: Feijóo, Vox, y la orden de pactar: citas de Feijóo, crítica al centralismo.
11:19 – Fin: Ironías sobre la personalización y depuraciones internas en Vox.
Carlos Alsina ofrece un monólogo que despliega tanto análisis político como reflexión humorística, hilando la leyenda de la guerra en Ucrania con la actuación de los partidos españoles y las tensiones en torno al poder centralizado versus la autonomía. El episodio capta tanto la gravedad del contexto internacional como la agudeza y el ingenio de la política nacional, transicionando sin perder ritmo entre los dos mundos.