
El director de Más de uno ha señalado como los periódicos de la época ya criticaron el secreto de la información sobre el intento de golpe de Tejero, a la par que realizaban un trabajo de investigación encomiable.
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¿Qué tal, cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. 26 de febrero del 2026. Esto es más de uno, esto es la radio. Os voy a contar una historia que es muy corta, ya verán. Sí, a eso voy, a eso voy. Una frase para la historia. Chusca la frase y chusca la historia. Un guardia civil bigotudo que pistola en mano ordena que se estén quietos 350 diputados, que en realidad no se había movido ninguno. Quieto todo el mundo. Más quietos que estaban intentando saber qué pasaba allí. Bueno, este hombre fracasado, relegado por la historia a parodia de sí mismo, que se murió ayer, 45 años después de haber asaltado las Cortes, o sea, Tejero, haciendo creer, como hizo creer entonces, que actuaba en nombre del rey, su único rey, en realidad, el único rey que tuvo Antonio Tejero siempre fue Milás del Bosch, para él era el rey Milán del Bosque. Tejero decidido a salvar España, la España eterna del vacío de poder que él y sus cofrades esgrimían como coartada para aquel golpe. Bueno, que ayer se murió Antonio Tejero, decía antes onda reta, Ahora sí, ahora sí, porque hace unas semanas se llegó a dar la noticia de la muerte de Tejero. En realidad no se había producido. Ahora sí, ayer se murió Tejero, descrito por su esposa aquella tarde del golpe como un pobre desgraciado, tonto y ni siquiera útil, al que habían dejado tirado como una colilla, decía la mujer en conversaciones intervenidas por la policía en aquella tarde. Por supuesto, ni Tejero era tonto ni se dejó embarcar, ingenuo de él, en la embestida contra la democracia, pensando que era al rey al que estaba sirviendo el cuentito aquel de que todo respondía a un plan del rey, o sea del Capitán General de las Fuerzas Armadas para reconducir el régimen democrático, confiando el timón al sabio Alfonso Armada, en comunión con los partidos políticos, encabezando un gobierno de concentración. El cuentito aquel empezaron a difundirlo recién fracasado el golpe, los propios golpistas, en una burda maniobra para intoxicar a la opinión pública y procurarse alivio cara al juicio por rebelión al que sabían que naufragada su embestida, iban a ser sometidos todos ellos. Pero no era esta la historia que les iba a contar, es la historia de una avería sospechosa por supuesto, como todo lo que tiene que ver con el F Sospechosísima. Seis horas antes de que Antonio Tejero irrumpiera en el Congreso se estropeó el circuito cerrado de televisión de que disponía para su seguridad el edificio de las Cortes. Se estropeó el circuito de televisión. Se requirió la presencia de unos técnicos para que resolvieran aquella avería. Pero los técnicos, después de pasarse allí unas horas examinando el problema, se declararon incapaces de arreglarlo de inmediato. Abandonaron el Palacio de las Cortes a las seis y diez minutos de la tarde. Diez minutos después el teniente coronel tomó el control del hemiciclo. En los periódicos de los días siguientes se mencionó este episodio de la avería como uno de los puntos oscuros de aquel día. Se preguntaban los diarios cómo pudo ser ocupado el Congreso tan fácilmente. ¿Y si aquella avería en realidad fue un sabotaje? ¿Y si aquellos técnicos en realidad eran falsos técnicos, agentes encubiertos dedicados a abrir camino a los golpistas? ¿Y si en Dallas, cuando mataron a Kennedy, había un señor que llevaba abierto un paraguas y que era un mensaje en clave para los tropecientos conspiradores que intentaron graban un complot multitudinario? En fin, ya conocemos en aquel tiempo los circuitos de televisión se abriaban bastante y nunca llegó a establecerse en realidad que el sistema hubiera sido saboteado. Pero bastó la coincidencia para alimentar, por supuesto la teoría de que alguien había facilitado el asalto desde dentro del Congreso. La conspiranoia se basa siempre en lo en refutar la versión oficial por el hecho de ser oficial y en convertir en sospechosa cualquier circunstancia. Habrá, por ejemplo, quien sostenga que no puede ser casualidad que Tejero se haya muerto justo el día que se desclasificaron los papeles sobre su acción criminal. Claro, el mismo día, para ser toda una cortina de humo del Gobierno, como sostiene el PP, Tejero ha debido de echarle una mano final a Pedro Sánchez, redondeando así el levantamiento del velo con su postración definitiva, o sea, su fallecimiento. Ahora que se ha revelado que en los papeles no había revelación que mereciera tal nombre, habrá que quitarse el sombrero ante el trabajo de la prensa en aquel año 81, ante el trabajo de nuestros antecesores periodísticos. Todo lo sustancial, todo lo llamativo, todo lo interesante del F Lo averiguaron y lo publicaron los periodistas en los días posteriores al golpe de Estado trabajaron sus fuentes, contrastaron sus datos, publicaron lo que entonces sí fueron revelaciones. Algunos, como Pepe Oneto, hasta escribieron libros a la carrera que hoy siguen siendo el mejor testimonio de aquel momento de nuestra historia. Sólo habían pasado tres semanas, tres semanas del golpe de Estado cuando el ministro de Defensa Alberto Liar presentó en el Congreso el informe del Gobierno a las Cortes. Porque aquel era un tiempo extraño en el que el Gobierno sí se sentía obligado a rendir cuentas ante la sociedad representada en el Congreso. Aquel fue uno de los plenos parlamentarios más extraños que se han celebrado en los últimos 45 años. Porque fue un pleno que se declaró secreto, el pleno entero, secreto, a puerta cerrada. Se obligó a los diputados a guardar sigilo total, pleno sigilo sobre lo que allí iba a contar el ministro. Se evacuó a los periodistas para que no pudieran saber qué había averiguado el Gobierno, no se les permitió cubrir aquel pleno parlamentario a la prensa y fue Allí dentro, dice, 350 diputados para guardar secretos. ¿Qué me estás contando? Pues fue allí dentro donde el ministro Olliard informó de cómo el golpe, el golpe real, el golpe gordo, iba a haber sido en primavera. Cómo la coartada era el vacío de poder, o sea la ineptitud de Suárez ante el terrorismo. Cómo la dimisión de Suárez arruina esa coartada y precipita la chapuza que desencadena Milán del Bosch con Tejero como asaltante y con Alfonso Armadá haciéndose querer todo el tiempo como solución a lo que allí está pasando en el Ministerio y ante la Corona. Cómo el F empieza en realidad por la mañana, la mañana del F en Valencia, o sea, con Milán selvo cómo se hace público por la tarde con el asalto del Congreso Y cómo fracasan los tres Milán, Tejero y Armada. Porque el Rey no se deja arrastrar, porque el Rey neutraliza la rebelión haciéndose valer ante cada una de las capitanías generales, porque mantiene el sometimiento de las Fuerzas Armadas al poder civil. Porque sigue habiendo un gobierno todo el tiempo aunque el Congreso esté secuestrado, el Gobierno que integraron los secretarios de Estado con la INAH al frente. Y porque el Rey embrida a Milán, desbarata el plan de Armada y convierte a Tejero en reo de carnavaladas o en palabras de golpistas fracasados que comentaron la jugada a posteriori y cuya sesuda reflexión fue ayer desclasificada, Que el error fue dejar libre al Borbón creyendo que imitaría a su abuelo cuando estando en San Sebastián, Alfonso XIII le intervino el país. Primo de Ribera, padre, el Borbón de ahora va a hacer lo que el Borbón de entonces, o sea, tragar con el golpe de Estado y bendecirlo. Pues fue que no. Quienes hasta ayer mismo sostenían que el gobierno desclasificaba papeles para terminar de hundir la imagen de Juan Carlos I habrán de admitir hoy su error de juicio o su prejuicio. Hoy la opinión general es que el Borbón sale de esta luz y taquígrafos de 45 años después, muy bien parado. Pero vuelvo a aquel 17 de marzo del año 81 con el Congreso reunido en pleno secreto y escuchando a un ministro contar todo lo que en realidad ya había publicado la prensa las tres semanas anteriores. Es que más de 140 personas habían sido investigadas para entonces. Es que se había tomado declaración a 300 guardias civiles. Más de 20 oficiales del Ejército habían sido detenidos. Armada llevaba arrestado desde el jueves siguiente al golpe, que había sido un lunes. Ya se habían escuchado las grabaciones telefónicas, los agentes de policía lo habían hecho de las líneas, que fueron líneas fijas, claro, de teléfono, que habían sido intervenidas aquella misma tarde. Las líneas telefónicas del Congreso y las líneas telefónicas o la línea del domicilio de Tejero, que ahí es donde sale su mujer. Ay, mi pobre desgraciado, que me lo han dejado tirado como una colilla. Ya se había procesado a García Carrés, el civil que jaleaba golpistas, y se estaba investigando la avería del circuito de televisión del Congreso de los Diputados. La expresión elefante blanco aún no se había popularizado como el gran interrogante sin despejar ¿Quién era el elefante blanco? La autoridad competente militar, por supuesto, a la que Tejero esperaba en el Congreso. La autoridad que hay competente militar, por supuesto, será la que determine qué es lo que va a militar, por supuesto, como les dijo el capitán Jesús Muñecas, aún no se había popularizado lo del elefante blanco para el ministro Alberto Liar, y tuvo ocasión de contarlo él mismo en unas cuantas entrevistas en los 40 años siguientes el elefante siempre tuvo un la única autoridad que Tejero reconocía o sea, Milás del Bosch. Aquel pleno parlamentario fue en efecto, tan secreto, tan secreto, tan secreto, que los periódicos publicaron al día siguiente pelos y señales del informe del Gobierno, porque algunos diputados se llevaron una grabadora y grabaron la intervención completa de olear. Igual hay quien todavía conserva esa grabación en algún sitio. El ABC se preguntaba hace 45 años qué sentido tenía declarar secreta una comparecencia en la que todo lo que se dijo ya había sido publicado antes por los periódicos. Y El País publicó una editorial. Se tituló Responsabilidad y secreto y creo que sigue vigente hoy. Decía la como no se pueden poner puertas al campo, era evidente que la opinión pública acabaría enterada de todo. ¿A qué mente autoritaria o ingenua se le ocurrió que los representantes de los ciudadanos iban a guardar secretos sobre el asunto de mayor interés para los ciudadanos? ¿Cómo iban a aceptar los periódicos presiones para no publicar lo que supieran? ¿Qué hace el departamento de prensa del Ministerio de Defensa instando a los periodistas a no difundir lo que tienen grabado? Al poder, decía esa editorial, al poder hay que recordarle que periodistas responsables son los que publican noticias, no los que se las callan. El silencio ante un acto criminal como fue el golpe sólo nos hace a todos más inermes e inseguros. Y este párrafo que es mi favorito, Dios bendiga quien lo escribió hace 45 años. El peligro de declarar secreto lo que no debe serlo es que incremente la cosecha de intoxicaciones, rumores, bulos y fantasías, en medio de la cual crece la cizaña que siembran quienes se proponen llenar de zozobra, inquietud y derrotismo la moral de los ciudadanos libres en un régimen democrático.
Host: Carlos Alsina (Onda Cero)
Date: 26 February 2026
Carlos Alsina dedica esta emisión matutina de "Más de Uno" a desmontar los mitos y conspiraciones alrededor del golpe de Estado del 23-F tras la muerte de su protagonista, Antonio Tejero, ocurrida justo después de la desclasificación de documentos oficiales sobre aquellos hechos. Con su estilo característico de ironía, rigor y reflexión histórica, Alsina repasa los sucesos, cuestiona el secretismo oficial, y elogia el papel de la prensa en arrojar luz sobre una de las jornadas más críticas de la democracia española.
"Un guardia civil bigotudo que pistola en mano ordena que se estén quietos 350 diputados, que en realidad no se había movido ninguno. Quieto todo el mundo."
"Descrito por su esposa aquella tarde del golpe como un pobre desgraciado, tonto y ni siquiera útil, al que habían dejado tirado como una colilla..."
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"¿Y si aquella avería en realidad fue un sabotaje? ¿Y si aquellos técnicos en realidad eran falsos técnicos, agentes encubiertos dedicados a abrir camino a los golpistas?"
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"Habrá, por ejemplo, quien sostenga que no puede ser casualidad que Tejero se haya muerto justo el día que se desclasificaron los papeles sobre su acción criminal..."
— [06:55]
"Algunos, como Pepe Oneto, hasta escribieron libros a la carrera que hoy siguen siendo el mejor testimonio de aquel momento de nuestra historia."
— [08:50]
"... tan secreto, tan secreto, tan secreto, que los periódicos publicaron al día siguiente pelos y señales del informe del Gobierno, porque algunos diputados se llevaron una grabadora y grabaron la intervención completa..."
— [13:10]
"Al poder, decía esa editorial, al poder hay que recordarle que periodistas responsables son los que publican noticias, no los que se las callan. El silencio ante un acto criminal como fue el golpe sólo nos hace a todos más inermes e inseguros."
— [15:30]
"El peligro de declarar secreto lo que no debe serlo es que incremente la cosecha de intoxicaciones, rumores, bulos y fantasías, en medio de la cual crece la cizaña que siembran quienes se proponen llenar de zozobra, inquietud y derrotismo la moral de los ciudadanos libres en un régimen democrático."
— [17:00]
"... los periódicos publicaron al día siguiente pelos y señales del informe del Gobierno..."
— [13:15]
"La conspiranoia se basa siempre en refutar la versión oficial por el hecho de ser oficial y en convertir en sospechosa cualquier circunstancia."
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"El silencio ante un acto criminal como fue el golpe sólo nos hace a todos más inermes e inseguros."
— [15:35]
El monólogo de Alsina es un ejercicio de memoria histórica y crítica periodística, que denuncia las trampas del secretismo y de la conspiranoia. Refuerza la importancia de una prensa libre y la transparencia democrática frente a los intentos de manipular o ocultar la verdad. El episodio, salpicado de ironía y lucidez, invita a cuestionar las versiones oficiales y a confiar en el periodismo responsable como garante de una sociedad informada y democrática.