
El director de Más de uno ha destacado cómo en aquella ocasión el foco del virus no era un barco de ciento cincuenta pasajeros, sino una ciudad de trece millones de habitantes.
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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. 7 de mayo del año 2026. Es jueves. Esto es La radio es más de uno, esto es Onda Cero. Ocurrió. Les cuento una historia que es muy corta, ocurrió hace seis años y cuatro meses. Hace seis años y 4 meses, en aquellos días en que José Luis Ábalos aún era el ministro más cercano a Pedro Sánchez y el más atento con Delsi Rodríguez, lo que hizo fue poner todo lo que estaba en su parte para evitar una crisis diplomática. Cuando España se preguntaba qué había pasado en Barajas, cuando Pablo Iglesias estaba debutando aún como vicepresidente del gobierno de coalición, encomendándose a Rodríguez Zapatero, que elogios hizo del expresidente cuando el ejecutivo se preparaba para borrar el delito de sedición del Código Penal y levantarle el cordón sanitario que hasta ese momento le tenía puesto a Joaquín Torra, que era quien presidía la señorita de Cataluña en aquel momento. Última semana del mes de enero del año 2020. Los medios de comunicación aprendíamos a pronunciar el nombre de una provincia china en la que estaba contagiándose la gente con un virus desconocido, iban ya dos mil y pico contagiados, y en la que había 21 españoles que eran los que aquí de verdad nos interesaban. Primero escucharon y escuchamos lo que esos españoles nos contaban desde allí.
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Todo lo que nos encontramos en la calle, nada de nada. Vacío, todo vacío, un paisaje gigantesco.
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Y luego, cuando la situación se puso aún más fea allí en China, contamos que querían volver, que el gobierno chino prohibía volar y que el Gobierno de España preparaba su evacuación para traerlos en aislamiento preventivo a un hospital de Madrid dependiente del Ministerio de Defensa, cuyo personal había sido adiestrado, guantes y mascarilla mediante, para protegerse de un posible contagio.
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Lo primero que quiero decir es que estamos hablando de personas sanas. Al no ser casos, la probabilidad de contagio es muy, muy pequeña. Por lo tanto, van a poder recibir a sus familiares, van a poder recibir visitas, pero siempre utilizando medidas de protección, porque si no estaríamos rompiendo la cuarentena.
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Los 21 españoles del Hospital Gómez Ulla fueron la historia más seguida de aquel final de enero del año 2020, cuando todo lo que les sucedía a ellos, o sea, el confinamiento, el no poder tocar a sus familiares en las visitas, el tener que estar atentos por si desarrollaban síntomas. Todo aquello nos parecía propio de una película.
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Empezamos el tercer día de cuarentena y la verdad que con muchos ánimos desde que empezamos a recibir esas visitas de nuestros familiares que nos han dado un chute de energía para afrontar todo lo que nos queda por delante. Hay una mesa entre dos zonas de sillas y estamos enfrente y hay una mesa que nos separa.
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Visitas sí, pero contacto no. Contacto no. El virus era una cosa que venía del sitio, estaba allí en China. Lo importante era que en caso de haberlo traído consigo estos españoles permaneciera el contagio encapsulado en el Hospital Gómez Ulla. Fernando Simón recordará aquella comparecencia de finales de enero del año 20 porque fue en la que explicó cómo iba a ser la vida en aislamiento de estos españoles singulares y porque también fue en esa rueda de prensa donde pronosticó que España no tendría en el peor de los escenarios, más que uno o dos casos de infección y donde respondió categórico cuando se le preguntó si estábamos cayendo en la exageración y en la psicosis colectiva.
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Sí, creo que no tengo que decir mucho más.
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Seis años y cuatro meses después, cuando José Luis Ábalos está siendo juzgado en el Supremo por ganar dinero ilícito a costa de las mascarillas de entonces, cuando en Cataluña ya nadie se acuerda de Joaquín Torra y cuando gobierna la Generalitat quien entonces era ministro de Sanidad, o sea, salvador illa, 14 españoles van camino de Canarias o vienen camino de Canarias para ser subidos en Canarias a un avión y trasladarlos en aislamiento hasta el Hospital Gómez Ulla de Madrid. Los 14 procedentes del crucero Ondius pasarán por la misma experiencia que aquellos otros españoles que venían de China. A día de hoy, hasta ahí llegan las semejanzas entre esta historia de ahora, la del crucero y aquella devastadora historia de entonces que devino en una pandemia. Ni por el número de personas que podrían estar afectadas, ni por el virus de que se trata, ni por la experiencia que ahora sí tienen las autoridades y que entonces aún no tenían. Esta situación de hoy es en absoluto equiparable a lo que pasó en enero de 2020. Entonces no era un barco de 150 viajeros, entonces era una ciudad china de 13 millones de habitantes la que tenía un brote epidémico. Entonces no era posible aislarlos a todos porque miles de ellos ya habían volado a otros destinos sin haber desarrollado los síntomas. Entonces se desaconsejaba el uso de mascarillas porque, a decir de nuestro gobierno, inexperto gobierno, como medida preventiva, las mascarillas no servían para nada. Luego ya cambió de opinión o de criterio y hacían tanta falta las mascarillas que la urgencia justificaba comprárselas a Víctor de Aldama. Soluciones de gestión, digo. No hay comparación posible hoy, al menos hoy, entre el crucero y la pandemia. No la hay. Lo que sí hay es ese algo que se nos remueve a todos porque somos hijos de lo que hemos vivido y sufrido. Algo que se nos remueve a todos cuando escuchamos palabras como infectados, muertos, aislamiento, al ver a ministros exponiendo lo que nos solicita la Organización Mundial de la Salud, al saber que se está intentando dar con los veintitantos viajeros que bajaron del barco en escalas anteriores a la detección del primer caso, al escuchar la voz ¿Que le vamos a hacer? De Fernando Simón haciendo pronósticos. Ese algo que se nos remueve no es ni siquiera racionales, es un acto reflejo, es Pavlov. Pero es precisamente eso lo que convierte un barco en crisis sanitaria que llega a Canarias y un gobierno autonómico, el de Canarias, que se resiste a recibirlo en material político inflamable y en una prueba de previsión y de templanza para quien hoy está al frente del Ministerio de Sanidad, que no es Salvador Illa, el filósofo, sino Mónica García, la médica.
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Todo este proceso contará con todas las garantías de seguridad necesarias. Tanto la atención médica como los traslados se realizarán en espacios y transportes habilitados especiales ad hoc, evitando todo contacto con la población local y velando en todo momento por la seguridad del personal de asistencia.
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El presidente de Canarias reclamó en este programa que el médico del barco que está enfermo fuera evacuado directamente a Holanda y no al Hospital de la Candelaria de Tenerife, que era el plan inicial que tenía el Gobierno central. Pero acabó sucediendo esto primero que pedía Clavijo. Fue una suerte que mejorara repentinamente el médico justo a tiempo para que el Gobierno pudiera cambiar su criterio y mandarlo a su país en lugar de hospitalizarlo en Canarias. Evitó, digamos, esta otra parte del choque con la administración autónoma canaria una vez que ya se había producido el choque. Bueno, ahora los pasajeros están camino de Canarias y estarán solo de paso por Canarias una vez que lleguen el fin de semana, porque bajarán del barco todos ellos y serán enviados los extranjeros cada uno a su país y los españoles a Madrid, al hospital Gómez Ulla. Bueno, serán enviados, según la ministra de Defensa, que no es de Sanidad, sino de Defensa, tendrán que ir a algo sólo aquellos que quieran hacerlo, porque ha dicho Margarita Robles que todo es voluntario. Si quieren, sí. Si no quieren una cuarentena un poco
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extraña una vez que lleguen aquí a España y siempre que voluntariamente quieran, porque las personas, las medidas que se toman son medidas que quieren ser voluntariamente, irán al hospital Conezuya, al Hospital Militar de la Defensa. Está ya todo preparado en habitaciones individualizadas.
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Es extraña la cuarentena porque si todo es voluntario, el viajero que desembarque en Canarias esté o no esté infectado, porque no se sabe si lo está hasta que no desarrolla los síntomas, el viajero que desembarca en Canarias puede irse a donde quiera. Entonces yo algo me fui ya no voy. Yo me quedo mejor paseando por Tenerife. Quiero estrechar mi mano sudorosa a unas cuantas personas con las que me vaya encontrando, o me voy para Zaragoza, que tengo familia, hace tiempo que no la veo. Tenemos que tenerle controlado a usted por si lleva consigo el virus, dice. No, no es voluntario, que lo ha dicho la responsable de los ejércitos. Quizá el Gobierno o el resto del Gobierno pueda aclarar esta mañana si o no es voluntario y qué cobertura legal se le da a la obligatoriedad. Claro que alguna cobertura legal tendrá que encontrarle el Gobierno. Por cierto, ninguna comunidad autónoma se ha quejado, perdón por la ironía, por este ejercicio de centralismo que es llevarse a los pasajeros por si acaso están infectados a un hospital de Madrid. Hay otros hospitales de referencia para enfermedades infecciosas en España hay otros, pero se ha elegido Madrid y a todos los gobiernos autonómicos, incluido el de Madrid, pues les ha parecido bien. Ahora toca confiar en que los 14 del crucero corran la misma suerte que los 21 de Wuhan, o sea, que guarden su cuarentena, se confirme que están libres de virus y puedan regresar a su vida normal en tierra o en otro crucero. Y que los pasajeros que bajaron en las escalas previas y a los que se busca para monitorizarlos. Hay que confiar en que estén limpios también y que la historia del crucero y del antivirus se quede en eso, a diferencia de aquella otra historia del año 2020 que dejó una indeleble huella emocional. Seis años después de adjudicar la provisión de mascarillas a una empresa llamada Soluciones de Gestión, el exministro José Luis Ábalos aprovechó su último turno de palabra ayer en el juicio del Supremo para declararse víctima de un juicio paralelo, cuestionar al juez instructor y achacar al fiscal anticorrupción sintonía con el PP.
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El problema es que los juicios paralelos constituyen toda una perversión. Intoxican, Surgen para eso, para intoxicar, para viciar los procesos judiciales y alterar la verdad, conformar una verdad alternativa.
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Me juego la poca vida que me
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queda, que tampoco es demasiada.
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Seis años después de las mascarillas, el asistente al que el ministro elevó a la condición de Abalos bis, o sea Coldo, empleó su último turno de palabra para describirse a sí mismo como una persona un poco fantasma para negar que tenga dinero ilícito escondido y para culpar a Aldama de todas sus penurias por aprovecharse de Ábalos y de él contando mentiras.
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¿Cuál es la cuestión? Yo estoy en la cárcel, lo he perdido absolutamente todo y he dicho que no voy a mentir.
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Seis años después de las mascarillas, Víctor de Aldama se retrató a sí mismo, a través de su abogado Choclán, como el hombre que asume que violó la ley, que asume que corrompió, pero que ahora ayuda a que se haga justicia en la confianza de que esa ayuda le alivie la pena a él, por
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supuesto, ha puesto fin a su contribución delictiva y ha iniciado titánicamente un comportamiento activo de colaboración con la justicia, ofreciéndose a colaborar en muchas causas e incriminándose de hechos que hasta ese momento no se le estaba incriminando.
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Para el abogado al que paga, Víctor de Aldama, claro, es su cliente. Para el abogado, este Aldama es un titán colaborando titánicamente. Para la fiscalía no. Para la fiscalía es el cabecilla de una trama corrupta que, cazado por la UCO, se sale de la organización criminal y aporta material probatorio para que los corruptos paguen por lo que hicieron, tuvo ayer que explicar el fiscal Luzón en vista de que tanta gente se resiste a entenderlo, que un delincuente como Aldama puede decir verdades y mentiras mezcladas y que por eso la Fiscalía discrimina entre aquello que ha dicho y que ha podido probarse o corroborarse y aquello otro que por más que lo diga no tiene sustento alguno probatorio y por tanto efectos judiciales. No cuenta, por ejemplo, que Pedro Sánchez fuera el número uno de esta trama criminal.
Podcast: Más de uno
Host: Onda Cero | Carlos Alsina
Episodio: Monólogo de Alsina: "Los catorce del Gómez Ulla"
Fecha: 7 de mayo de 2026
Carlos Alsina recorre y analiza, con su habitual mezcla de información y humor, las resonancias entre los recuerdos de la primera cuarentena de españoles evacuados de Wuhan en enero de 2020 y la situación actual: la inminente llegada al hospital Gómez Ulla, en Madrid, de 14 españoles evacuados del crucero Ondius por riesgo sanitario. El monólogo narra cómo, seis años después, las cicatrices emocionales de la pandemia siguen presentes en la sociedad mientras aborda los paralelismos y, sobre todo, las diferencias con la crisis de 2020. Además, Alsina conecta la actualidad sanitaria con el juicio por corrupción de las mascarillas adquiridas durante la pandemia y el papel de los principales protagonistas de aquel entonces.
Carlos Alsina utiliza la noticia sanitaria del día como excusa para pulsar las huellas emocionales y políticas de la pandemia en la sociedad española y repasar la actualidad judicial derivada de las decisiones tomadas entonces. El episodio mezcla análisis racional, contexto histórico, ironía sobre la gestión política y un reconocimiento del poso emocional que dejó la pandemia en los ciudadanos. Al final, apuesta por la experiencia y la prudencia de las autoridades frente a los reflejos adquiridos por el país ante nuevas amenazas sanitarias.