Transcript
Howie Mandel (0:00)
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Radio Host (Spanish) (0:36)
¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos a viernes, es 20 de marzo del 26. Esto es más de uno. Es la radio sonda cero. Y les cuento una historia que es muy corta. Siendo joven, se resistió a atender la llamada de Dios. Dios llamaba, pero él fingía no enterarse. En eso era, pues, como los jóvenes de ahora, cuando ven en el móvil una llamada, se incomodan porque lo ven como un acto invasivo. Dios era invasivo, en efecto, porque si no, no sería Dios. Y porque en aquel tiempo no había teléfonos móviles. Que iba a haber teléfonos móviles. Y es el año 600 antes de Cristo. El joven Jeremías, que aquel era su nombre, hijo de Ilcías el joven no se veía capaz de aceptar la misión que Dios le tenía pensada, escogida. Pero dado que Dios era tan insistente, tan insistente como Gabriel, Rufián, y que en casa le habían enseñado a no rehuir el plan divino, pues el joven acabó entregándose a la voluntad superior. Y como consecuencia de ello, el resto de su vida tuvo estas dos características. Nunca conoció mujer para evitar distracciones. Y nunca dejó de reprocharle a sus conciudadanos la ceguera en la que vivían al no advertir la crisis tremebunda que se les venía encima por haberse rendido a la idolatría y haber ninguneado a Dios. Abrid los ojos, les decía. Abrid los ojos y abridle los oídos al rey, al rey de Judá, que era Sedecías. Que escuche el rey el rumor de los carros y los caballos que avanzan hacia Jerusalén, el crujir de las murallas que se agrietan, el fuego que destruirá los tejados y la marea de bronce que sembrará nuestras calles de muertos. Que esta era su manera de decir que los babilonios le iban a dar pal pelo al reino de Judá y que el templo de Jerusalén iba a ser destruido. Hay de vosotros que no lo queréis ver. Por visiones como esta y porque siempre se ponía en lo peor, Jeremías se ganó fama de cenizo, de profeta, sí, pero cenizo. Y con el tiempo pasó a llamarse así Jeremías a todo aquel que fuera agorero, a todo aquel que. Que se empeñara en anunciar cada día la apertura de las puertas del infierno. Hacerse un Jeremías o ponerse en plan Jeremías. Y eso que Ezequiel, ahora ya estamos con esto, Ezequiel, que es el profeta que vino después, era peor que él peor que Jeremías. Ezequiel decía, querréis tener paz, pero no tendréis paz. Solo tendréis malas noticias. Solo angustia. Temblad de miedo, porque está próximo el día en que vuestras ciudades serán desiertos y vuestras naciones que habrán quedado todas destruidas. Ezequiel era será la alegría de la huerta también como el profeta Jeremías. Bueno, en el recuerdo a Jeremías, vengámonos ya al presente y escuchemos la voz de los jóvenes profetas de ahora.
